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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO
V
DEL AGUA QUE HIZO BROTAR DE UNA ROCA EN LA CIMA DE UN MONTE
Tres de los monasterios, que en aquel mismo sitio había construido, estaban situados sobre las rocas de la montaña, y era muy pesado para los monjes tener que bajar cada día al lago a por agua, sobre todo porque como el camino era peligroso y muy pendiente, cada vez que se bajaba por él se corría verdadero peligro.
Reuniéronse los monjes de estos tres monasterios y fueron a ver al
siervo de Dios Benito y le dijeron: "Mucho trabajo nos cuesta bajar
diariamente al lago a por agua. Mejor será trasladar los monasterios a otro
lugar". Benito les consoló con buenas palabras y los despidió. Aquella
misma noche, en compañía del niño Plácido -de quien anteriormente hice mención -
subió a la montaña y oró allí un buen rato. Acabada su oración, puso tres
piedras en aquel lugar como señal, y sin decir nada a nadie regresó al
monasterio. Al día siguiente, acudieron de nuevo aquellos monjes por causa del
agua. Benito les dijo: "Id y cavad un poco en la roca donde encontréis
tres piedras superpuestas. Porque poderoso es Dios para hacer brotar agua aun
de la cima de la montaña, y así ahorraros la fatiga de tan largo camino".
Fueron, pues, allí y encontraron ya goteando la roca que les había indicado
Benito. Hicieron un hoyo en ella y al punto se llenó de agua, y tan
copiosamente brotó, que aún hoy día sigue manando caudalosamente y baja desde
la cima hasta el pie de aquella montaña.