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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XI
DEL MONJE JOVEN APLASTADO POR UNA PARED Y SANADO
En otra ocasión, mientras los monjes estaban levantando una pared,
porque así convenía, el hombre de Dios se hallaba en el recinto de su celda
entregado a la oración. Apareciósele el antiguo enemigo insultándole y
diciéndole que se iba al lugar donde los monjes estaban trabajando. Comunicólo
rápidamente el hombre de Dios a los monjes, por medio de un enviado,
diciéndoles: "Hermanos, id con cuidado, porque ahora mismo va a vosotros
el espíritu del mal". Apenas había acabado de hablar el enviado, cuando el
maligno espíritu derrumbó la pared que levantaban, y atrapando entre las ruinas
a un monje joven, hijo de un curial, lo aplastó. Consternados todos y
profundamente afligidos, no por el daño ocasionado a la pared, sino por el
quebrantamiento del hermano, se apresuraron a anunciárselo al venerable Benito
con gran llanto. El abad mandó que le trajeran al muchacho destrozado, cosa que
no pudieron hacer sino envolviéndole en una manta, ya que las piedras de la
pared le habían triturado no sólo las carnes sino hasta los huesos. El hombre
de Dios ordenó enseguida que lo dejasen en su celda sobre el psiathium -es
decir, sobre la estera -, donde él solía orar; y despidiendo a los monjes,
cerró la puerta de la celda y se puso a orar con más intensidad que nunca.
¡Cosa admirable! Al punto se levantó curado aquel monje y tan sano como antes.
Y el santo envió de nuevo a acabar la pared a aquel monje con cuya muerte el
antiguo enemigo había creído insultar a Benito.