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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XV
PROFECÍA QUE HIZO AL REY TOTILA
Entonces el rey Totila en persona llegóse al hombre de Dios, y viéndole a lo lejos sentado no se atrevió a acercársele, sino que cayó de hinojos en tierra. El hombre de Dios le dijo dos o tres veces: "¡Levántate!". Pero como él no se atrevía a levantarse en su presencia, Benito, siervo de nuestro Señor Jesucristo, se dignó acercarse al rey -que permanecía postrado -, le levantó, le increpó por sus desmanes y en pocas palabras le vaticinó todo cuanto había de sucederle. Le dijo: "Has hecho y haces mucho daño; es ya hora de poner término a tu maldad. Ciertamente, entrarás en Roma, atravesarás el mar y reinarás nueve años, pero al décimo morirás". Oídas estas palabras, el rey quedó fuertemente impresionado, le pidió la bendición y se marchó. Y desde entonces fue menos cruel. Poco tiempo después entró en Roma, pasó luego a Sicilia y al décimo año de su reinado, por disposición de Dios todopoderoso, perdió el reino con la vida.
También el obispo de la iglesia de Canosa", a quien el hombre de Dios amaba entrañablemente por los méritos de su vida ejemplar, acostumbraba a visitar al siervo de Dios. Un día, conversando con él acerca de la entrada del rey Totila en Roma y de la devastación de la ciudad, díjole el obispo: "Este rey destruirá de tal manera la ciudad, que ya no podrá ser jamás habitada" '2. A lo que respondió el hombre de Dios: "Roma no será destruida por los hombres, sino que se consumirá en sí misma, abatida por tempestades, huracanes, tormentas y terremotos".
Los misterios de esta profecía nos son ya más patentes que la luz, puesto que vemos demolidas las murallas de la ciudad, arruinadas sus casas, destruidas sus iglesias por los huracanes y que se van desmoronando sus edificios, como cansados por una larga vejez.
Su discípulo Honorato, de quien es la relación de todo lo que voy
diciendo, confiesa que esto no lo oyó de su boca, pero afirma que los monjes le
aseguraron que así lo había dicho el santo.