Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Gregorio I
Vida de S. Benito

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

CAPITULO XVI
DE UN CLÉRIGO LIBRADO DEL DEMONIO

En este tiempo, cierto clérigo de la iglesia de Aquino, era atormentado por el demonio. Había sido enviado por el venerable varón Constancio, obispo de la misma iglesia, a visitar muchos sepulcros de mártires, a fin de obtener de ellos la curación. Pero los santos mártires no quisieron concederle la salud, para que con este motivo se manifestara la santidad de Benito.

Así pues, fue conducido a la presencia del siervo de Dios Benito, que oró a nuestro Señor Jesucristo y al momento expulsó al antiguo enemigo del hombre poseso. Después de haberle curado le ordenó: "Ve, y en lo sucesivo no comas carne ni te atrevas jamás a recibir orden sagrada alguna, porque el día que intentares temerariamente acceder a orden sacro alguno, al instante volverás a ser esclavo de Satanás".

Marchó, pues, el clérigo curado, y como la pena reciente suele atemorizar al espíritu, cumplió por el momento lo que el hombre de Dios le había ordenado.

Pero transcurridos muchos años, cuando vio que los que le habían precedido habían muerto y que otros más jóvenes que él recibían las órdenes sagradas, no acordándose de las palabras del hombre de Dios por el largo tiempo transcurrido, hizo caso omiso de ellas, acercándose a recibir otra orden sagrada. Inmediatamente tomó posesión de él aquel demonio que le había dejado y no cesó de atormentarle hasta que le quitó la vida.

PEDRO.- Por lo que veo, este hombre de Dios penetró hasta los secretos de la divinidad, puesto que sabía que este clérigo había sido entregado a Satanás, precisamente para que no osara recibir orden sagrada alguna.

GREGORIO.- ¿Cómo no iba a conocer los secretos de la divinidad, el que guardaba tan fielmente los preceptos del mismo Dios, estando como está escrito que: El que se adhiere al Señor, se hace un espíritu con él? (1 Co 6,17).

PEDRO.- Si el que se adhiere al Señor se hace un mismo espíritu con él, ¿por qué el mismo egregio predicador dice también: Quién conoció el pensamiento del Señor, o quién fue su consejero? (Rom 11,34). Pues parece ilógico que uno ignore el pensamiento de aquel con el cual ha sido hecho un solo espíritu.

GREGORIO.- Los hombres santos, en cuanto son una misma cosa con el Señor, no ignoran su pensamiento, pues también el mismo Apóstol dice: ¿Qué hombre conoce lo que en el hombre hay, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, nadie conoce las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios (1Co 2,lls). Y para mostrarnos que conocía las cosas de Dios, añadió: Nosotros no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el espíritu de Dios (1Co 2,12). Por eso dice también: Lo que ni el ojo vio ni el oído oyó, ni imaginó el corazón del hombre, eso es lo que Dios tiene preparado para los que le aman; pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu (1 Co 2,9).

PEDRO.- Si, pues, las cosas que son de Dios fueron reveladas al mismo Apóstol por el Espíritu de Dios, ¿cómo responde a lo que propuse antes, diciendo: ¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! (Rm 11,33). Además de esto, me viene ahora a la mente otra duda. Pues el profeta David, hablando con el Señor, dice: Con mis labios he pronunciado todos los juicios de tu boca (Sal 119,13). Y como conocer es menor que pronunciar, ¿por qué afirma san Pablo que los juicios de Dios son inescrutables, cuando David asegura, no sólo que los conoce, sino también que los ha pronunciado con sus labios?

GREGORIO.- A ambas cosas te respondí brevemente más arriba, cuando te dije que los hombres santos, en cuanto son una misma cosa con el Señor, no ignoran su pensamiento. En efecto, todos los que siguen devotamente al Señor están unidos a Dios por su devoción, pero mientras están abrumados por el peso de la carne corruptible, no están aún junto a Dios. Y así, en cuanto le están unidos, conocen los ocultos designios de Dios, y en cuanto están separados de él, los ignoran. Por eso, en tanto no penetran aún perfectamente sus secretos aseguran que sus juicios son incomprensibles, pero en cuanto se adhieren a él por el espíritu, y por esta unión, instruidos por las palabras de la Sagrada Escritura o por secretas revelaciones, reciben algún conocimiento, entonces saben estas cosas y las anuncian. Así, pues, ignoran lo que Dios calla y conocen lo que les habla. Por eso cuando el profeta David dijo: Con mis labios pronuncié todos tus decretos, añadió a continuación: salidos de tu boca (Sal 119,13); como si dijera abiertamente: "Pude conocer y proclamar estos decretos, porque tú los proferiste. Puesto que aquellas cosas que tú no dices, por lo mismo las ocultas a nuestra inteligencia". Concuerda, pues, la sentencia del Profeta y la del Apóstol, porque si es cierto que los juicios de Dios son inescrutables, también lo es que una vez han sido proferidos por su boca, pueden ser pronunciados por labios humanos, porque lo que Dios revela puede ser conocido, pero no lo que oculta.

 PEDRO.- Has resuelto esta pequeña objeción mía con razones bien claras. Pero, te ruego, que prosigas, si tienes algo que decir aún sobre los milagros de este varón
 




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

IntraText® (V89) Copyright 1996-2007 EuloTech SRL