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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XVIII
DE UN FRASCO ESCONDIDO Y DESCUBIERTO EN ESPÍRITU
En otra ocasión, nuestro Exhilarato, a quien conociste después de su
conversión, fue enviado por su amo al hombre de Dios para que llevara al
monasterio dos vasijas de madera -llamadas vulgarmente frascos -, llenas de
vino. Fue y presentó sólo una; la otra la escondió en el camino. Pero el hombre
de Dios, a quien no podía ocultársele lo que se hacía en su ausencia, recibióla
dándole las gracias, pero al ir a marcharse el criado le avisó diciendo:
"Mira, hijo, no bebas ya de aquel frasco que escondiste. Inclínalo con
cuidado y verás lo que hay en él". El criado salió muy confuso de la
presencia del hombre de Dios, pero a su regreso quiso comprobar lo que le había
dicho. Inclinó el frasco y al punto salió de él una serpiente. Entonces el
joven Exhilarato, viendo lo que había encontrado en el vino, se avergonzó de la
falta cometida.