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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XIX
DE LOS PAÑUELOS ACEPTADOS POR UN MONJE
No lejos del monasterio había una aldea, de la cual una gran mayoría de
sus habitantes había sido convertida del culto de los ídolos a la fe en Dios,
por la predicación de Benito. Había también allí unas mujeres consagradas a
Dios, a las cuales el siervo de Dios procuraba enviarles con frecuencia algunos
de sus monjes para atenderlas espiritualmente. Un día, según su costumbre,
envió a uno de ellos. Acabada la plática, el monje que había sido enviado aceptó,
instado por aquellas santas mujeres, unos pañuelos y los escondió en su pecho.
Luego que hubo regresado al monasterio empezó el hombre de Dios a reprenderle
con grandísima acrimonia diciéndole: "¿Cómo ha penetrado la iniquidad en
tu pecho?". Quedó aquél estupefacto, pues no acordándose de lo que había
hecho, tampoco atinaba a comprender por qué le reprendía. Entonces Benito le
dijo: "¿Acaso no estaba yo presente cuando recibiste de las siervas de
Dios los pañuelos y los guardaste en tu pecho?". Al oír esto, se echó a
sus pies, dio satisfacción por haber obrado tan neciamente y arrojó los
pañuelos que había escondido en su pecho.