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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XXI
DE DOSCIENTOS MODIOS DE HARINA HALLADOS DELANTE DEL MONASTERIO
EN TIEMPO DE CARESTÍA
En otra ocasión, sobrevino en la región de la Campania una gran hambre que afligía a todo el mundo por la falta de alimentos. Empezaba también ya a escasear el trigo en el monasterio de Benito y se habían consumido casi todos los panes, de tal manera que a la hora de la refección de los monjes sólo pudieron hallarse cinco. Viéndolos el venerable abad contristados, trató primero de corregir con suave reprensión su pusilanimidad y luego de animarlos con esta promesa, diciendo: "¿Por qué está triste vuestro corazón por la falta de pan? Hoy ciertamente hay poco, pero mañana lo tendréis en abundancia". Al día siguiente encontraron delante de la puerta del monasterio doscientos modios de harina metido en sacos, sin que hasta el día de hoy se haya podido saber, de quién se valió Dios todopoderoso para llevarlos allí. Viendo esto, los monjes alabaron a Dios y aprendieron a no dudar más de la abundancia, aun en tiempo de escasez.
PEDRO.- Dime, por favor, si este siervo de Dios tenía siempre espíritu de profecía o si este espíritu invadía su alma sólo de vez en cuando.
GREGORIO.- El espíritu de profecía, Pedro, no está continuamente inspirando la mente de los profetas, porque si el Espíritu Santo, según está escrito, inspira donde quiere (Jn 3,8), también has de saber que inspira cuando quiere. Por eso, preguntado el profeta Natán por el rey David, si podía construir el templo, primeramente le dijo que sí y luego que no (2Sam 7,17). Y por lo mismo, cuando el profeta Eliseo vio llorar a la mujer sunamita, sin conocer la causa de su llanto, dijo al criado que la impedía acercarse: Déjala, porque su alma está llena de amargura y el Señor me lo ha ocultado y no me lo ha revelado (2Re 4,27). Dios todopoderoso actúa así por disposición de su soberana bondad, porque unas veces da el espíritu de profecía y otras lo retira, eleva las almas de los profetas a las alturas y al mismo tiempo las mantiene en la humildad, para que vean lo que son por la gracia de Dios, cuando reciben este espíritu, y lo que son por sí mismos, cuando les falta.
PEDRO.- Que es así como dices, lo manifiesta tu mismo razonamiento. Pero
cuéntame por favor, todo lo que sepas del venerable abad Benito.