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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XXIX
LA TINAJA VACÍA QUE REBOSO DE ACEITE
Acabada la reprensión, púsose en oración juntamente con los demás
monjes. En el mismo lugar donde oraban había una tinaja vacía y cubierta. Como
el santo varón prolongara su oración, la tapadera de la tinaja empezó a
levantarse, empujada por el aceite que iba subiendo. Al fin cayó la tapadera, y
el aceite, desbordándose, comenzó a invadir el pavimento del lugar donde estaban
postrados en oración. Al darse cuenta de ello el siervo de Dios Benito, puso en
seguida fin a su oración y al punto el aceite dejó de derramarse por el suelo.
Entonces amonestó con más insistencia al monje desconfiado y desobediente, para
que aprendiese en adelante a tener más fe y humildad. El monje, saludablemente
corregido, quedó ruborizado de ver que el venerable abad había mostrado con
milagros el poder de Dios todopoderoso, del que antes le había hablado en la
primera amonestación. Y así, no había ya quien dudara de las promesas de aquel
que en un instante trocó un vaso de cristal casi vacío en una tinaja rebosante
de aceite.