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| Gregorio I Vida de S. Benito IntraText CT - Texto |
CAPÍTULO XXXII
DE UN MUERTO, RESUCITADO POR LA ORACIÓN DEL HOMBRE DE DIOS
Cierto día, mientras el hombre de Dios había salido con sus monjes a las labores del campo, llegó al monasterio un campesino llevando en brazos el cuerpo de su hijo muerto, y estando fuera de sí por el dolor de tamaña pérdida, preguntó por el abad Benito. Cuando se le contestó que el abad estaba en el campo con los monjes, dejó a la puerta del monasterio el cuerpo de su hijo difunto y trastornado por el dolor comenzó a correr en busca del venerable abad. Pero entonces regresaba ya el hombre de Dios del trabajo del campo con sus monjes. Apenas le divisó el campesino, comenzó a gritar: "¡Devuélveme a mi hijo! ¡Devuélveme a mi hijo!". A1 oír estas palabras detúvose el hombre de Dios y le dijo: "¿Es que te he quitado yo a tu hijo?". A lo que respondió aquél: "Ha muerto; ven y resucítale". Al oír esto el siervo de Dios, se entristeció sobremanera y dijo: "Retiraos, hermanos, retiraos, que estas cosas no son para nosotros; son propias de los santos Apóstoles. ¿Por qué queréis imponernos cargas que no podemos llevar?". Pero el campesino, abrumado por el dolor, persistía en su demanda, jurando que no se había de ir si no resucitaba a su hijo. Entonces el siervo de Dios preguntó:
"¿Dónde está?". Él le respondió: "Su cuerpo yace junto a la puerta del monasterio". Llegado que hubo allí el hombre de Dios con sus monjes, dobló las rodillas y se echó sobre el cuerpecito del niño, luego se levantó y alzando las manos al cielo dijo: "Señor, no mires mis pecados, sino la fe de este hombre que pide que se le resucite a su hijo, y devuelve a este cuerpecito el alma que le has quitado". Apenas había acabado de decir las palabras de esta oración, cuando volvió el alma al cuerpo del niño, estremeciéndose éste de tal modo, que quedó bien patente a los ojos de todos que aquel cuerpo se había agitado conmovido por una sacudida maravillosa. Tomó entonces al niño de la mano y vivo y sano lo entregó a su padre.
Aquí queda de manifiesto, Pedro, que no estuvo en su poder el hacer este milagro, ya que postrado en tierra pidió poder para realizarlo.
PEDRO.- Está claro que todo es como dices, porque has probado tus
palabras con hechos. Pero dime, por favor, si los santos pueden hacer todo lo
que quieren y si alcanzan todo lo que desean obtener.