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| Guy de Maupassant Ese cerdo de Morin IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Párrafo
501 II| míos. La oprimía contra mi pecho y ella no me rechazaba. 502 I| escotadas, piernas redondas, pechos abultados, creyendo que 503 III| Me olvidé, señorita, de pedir a usted un libro para entretener 504 II| lloraba, su mujer le había pegado; veía su comercio en ruina; 505 III| Rochela con mi amigo, quien me pellizcaba, murmurando:~ -Me habéis 506 III| la luz y se fue.~ ¿Qué pensar? ¿Qué hacer? Furioso, deliraba. 507 III| acosté muy agitado, ansioso, pensativo, triste. Luego llamaron 508 II| turbada, ni cohibida. Entonces pensé: "Buena pieza es la moza. 509 I| Oh, señorita!~ El tren perdía velocidad; un empleado se 510 I| decían sin duda: "Tonto; ha perdido usted el tiempo meditando. ¿ 511 II| ha favorecido la suerte. Perdóneme usted.~ Dudando, y queriendo 512 I| de la Rochela?~ -Sí; perfectamente.~ -Pues bien: sabes que 513 II| casa dos redactores de su periódico. Rivet me dijo aparte:~ - 514 II| promover un escándalo que puede perjudicarla?~ Y me contestó sonriendo:~ - 515 II| pero acepté. Morín juraba y perjuraba que ni había llegado a besar. 516 I| y desconsolado, bajo el peso de una denuncia oficial, 517 II| Sí; escúcheme por piedad. Yo no conozco a Morín. 518 II| árboles, junto a un banco de piedra que nos ofrecía dulce reposo. 519 I| días con la fortuna y se pierden ocasiones magníficas" Y 520 II| Entonces pensé: "Buena pieza es la moza. Comprendo que 521 I| contentarse, cuando el hambre de placer se hace insufrible, con 522 II| puerco? Ahí está.~ Y se plantó a los pies de la cama, provocativa 523 IV| obstinación al servicio de mi pobrecita mujer en el asunto.~ 524 | pocos 525 II| dijo aparte:~ -Creo que podemos dar por arreglado el asunto 526 I| que todo se ofrece y sin poder o sin atreverse a lograr 527 III| novelas, el más divino de los poemas.~ Cuando acabamos la 528 II| viejo hablaba de asuntos políticos. Yo miré fijamente a la 529 II| hombre prudente, decidido a poner todos los medios para librar 530 | Porque 531 I| gritó la joven, abriendo la portezuela.~ Y llena de miedo, aterrorizada, 532 II| y sus labios húmedos se posaron dulcemente sobre los míos. 533 II| Era deliciosa.~ Con mil precauciones comencé a tratar de su aventura. 534 I| le temblaron las manos. ¡Preciosa criatura! Y entró en el 535 I| ella, y tras ella metióse precipitado en un vagón vacío.~ Había 536 II| del puerco de Morín.~ Precisamente el señor Tonelet era suscriptor 537 III| palmatoria en la mano. Era preciso encontrarla; pero ¿dónde 538 I| cerró los ojos. Morín se preguntaba:~ "¿Qué hacer?" Y mil 539 III| Enriqueta entró.~ -No había preguntado a usted con qué se desayuna.~ 540 I| dormía tranquilamente, Morín preparaba una inevitable seducción.~ 541 II| feo.~ Antes que pudiera preparar su defensa, ya le había 542 I| declaración. Hubo luego que presentarse al juez, asistir al juicio 543 IV| ochocientos setenta y cinco presenté mi candidatura para diputado, 544 II| la desesperación.~ El presidente de la Audiencia nos ofreció 545 II| a Morín. Que le lleven a presidio, ¿qué me importa? Pero yo 546 II| siquiera pude sospechar lo que pretendía.~ Y clavó en mí sus ojos, 547 II| siempre que tomáramos el primer tren y volviésemos en el 548 III| Enriqueta nos acompañó primero al cuarto de Rivet, después 549 I| almacén de sedería en la calle principal de la Rochela?~ -Sí; 550 I| galante... Pero no dio con el principio, con el pretexto, con la 551 III| Yo.~ Me vestí de prisa y abrí. Enriqueta entró.~ - 552 II| empleados ni a los gendarmes, ni promover un escándalo que puede perjudicarla?~ 553 II| confesión con el deleite que proporciona lo agradable y nuevo. Yo 554 III| La satisfacción que le proporcionamos le animó un poco; pero su 555 II| entonces a la sobrina y nos propuso que saliéramos a dar un 556 I| nada en absoluto de cuanto provoca el deseo; teniendo que contentarse, 557 II| plantó a los pies de la cama, provocativa y amenazadora.~ Di cuenta 558 I| Y mil suposiciones, mil proyectos cruzaban por su atormentado 559 II| director, Rivet, hombre prudente, decidido a poner todos 560 I| con escándalo, en un sitio público.~ 561 II| ni tan feo.~ Antes que pudiera preparar su defensa, ya 562 I| víctima de su brutalidad pudo tranquilizarse, hizo su 563 II| promover un escándalo que puede perjudicarla?~ Y me contestó 564 II| aplomo:~ -Hago lo que puedo. Y el tío, ¿qué dice? Yo 565 III| alcoba? ¿Y si, abriendo puertas al azar, diese yo en la 566 III| completo. Ella se había puesto junto a mí, y nuestros pies, 567 III| cama, y, acercándome de puntillas, dije:~ -Me olvidé, señorita, 568 III| entre mis brazos estuve a punto de ahogarla con mis caricias.~ 569 II| Tonelet se mostró indeciso. No quería resolver nada sin consultarlo 570 II| Perdóneme usted.~ Dudando, y queriendo adivinar la verdad en mis 571 | quien 572 II| su esposa estaba en una quinta con otros amigos; no volvería 573 II| el juego.~ -Señorita, quisiera comparecer ante los tribunales 574 III| satisfactoriamente. Hasta quisieron organizar una expedición 575 II| cuando se tiene miedo no se razona. Después de gritar, comprendí 576 II| contra mi pecho y ella no me rechazaba. Un beso largo, muy largo 577 II| sonriente y bonita, salió a recibirnos. Al verla, dije a Rivet:~ - 578 I| sus piernas en una manta, reclinóse y cerró los ojos. Morín 579 III| del puerco de Morín?~ Recobrando su buen humor, Rivet dijo:~ - 580 III| y mi triunfo era seguro, recobró en un instante sus energías 581 III| con su asunto.~ En la redacción de La Cloche mucha gente 582 II| II~ Era yo entonces redactor en jefe de La Cloche Républicaine, 583 II| entusiasmado al ver en su casa dos redactores de su periódico. Rivet me 584 I| actrices muy escotadas, piernas redondas, pechos abultados, creyendo 585 II| siguiente de su aventura, me refirió su desgracia, y no pude 586 II| después, llamábamos a la reja de un hermoso jardín. Una 587 I| en los labios, el corazón removido y el alma enferma.~ Morín 588 I| llegando a su casa tarde, rendido y desconsolado, bajo el 589 III| extremada tenacidad, que hube de rendirme y regresar a la Rochela 590 II| en mis ojos, me miraba y repetía:~ -Embustero, embustero...~ - 591 II| usted muy atrevido; pero no repita el juego.~ -Señorita, 592 II| piedra que nos ofrecía dulce reposo. Enriqueta oía mi confesión 593 II| redactor en jefe de La Cloche Républicaine, y veía todas las tardes 594 II| suscriptor de La Cloche Républicaíne, muy ferviente defensor 595 III| pero su salud quedó muy resentida.~ La gente le llamaba 596 II| nos entendamos.~ Rivet resistía, pero el deseo de sacar 597 III| desvelos.~ Enriqueta resistió; pero bien pronto abrí el 598 I| advirtiese a la viajera de sus resoluciones, abalanzóse, oprimió con 599 II| mostró indeciso. No quería resolver nada sin consultarlo con 600 II| besar. Yo, maquinalmente, le respondía:~ -Es lo mismo; de todos 601 II| Y el tío, ¿qué dice? Yo respondo en absoluto de la sobrina.~ 602 I| saludándole con dulce sonrisa. Se restregó los ojos y los labios con 603 II| mi amigo era excusable. Resulta difícil contenerse hallándose 604 II| delicado asunto, siempre que se retirase la denuncia hecha por el 605 II| besado las mejillas.~ Retrocediendo murmuró:~ -Es usted muy 606 I| lanzarse a la vía.~ Morín la retuvo, agarrándose al vestido, 607 II| una mujer tan hermosa.~ Riendo francamente, me contestó:~ - ¡ 608 I| teatro todas las noches, roce con mujeres, una continua 609 III| divertirnos. Enriqueta me rogaba que aceptásemos; yo acepté, 610 II| sabía, y el desgraciado me rogó que fuese a ver al tío de 611 II| pareciéndome oportuno ir solo, rogué a Rivet que me acompañara, 612 I| diecinueve o veinte años, y era rubia, bien desarrollada y esbelta. 613 II| pegado; veía su comercio en ruina; su apellido en el arroyo, 614 I| se me ofrece una. ¡Quién sabe! La suerte llega de pronto, 615 I| perfectamente.~ -Pues bien: sabes que en mil ochocientos sesenta 616 II| Di cuenta de lo que sabía, y el desgraciado me rogó 617 II| resistía, pero el deseo de sacar adelante al puerco de Morín, 618 I| noche. Dando vueltas por la sala de la estación, entregado 619 III| hacer? Furioso, deliraba. Salí al corredor con la palmatoria 620 II| sobrina y nos propuso que saliéramos a dar un paseito por su 621 III| confundían sin cesar.~ Luego salimos al jardín. A la luz de la 622 II| joven, sonriente y bonita, salió a recibirnos. Al verla, 623 II| Es usted muy galante.~ Salté como un tigre, abrazándola, 624 III| le animó un poco; pero su salud quedó muy resentida.~ 625 I| y miró a su compañero, saludándole con dulce sonrisa. Se restregó 626 III| dispusiese a devorarle.~ La satisfacción que le proporcionamos le 627 III| convinimos y todo quedó acordado satisfactoriamente. Hasta quisieron organizar 628 III| amanecía y aún estábamos mal satisfechos.~ Luego volví a mi cuarto. 629 IV| dijo.~ -Señora. .., no sé. . .; no imagino.~ -Enriqueta 630 I| acuerdas de su gran almacén de sedería en la calle principal de 631 I| preparaba una inevitable seducción.~ Amaneció. Despertó 632 I| Tonto! ¡Tonto!"~ La joven seguía sonriendo. Morín, trastornado 633 II| la cabeza, contestó muy segura:~ -No es el mismo caso.~ -¿ 634 II| otros amigos; no volvería seguramente hasta la noche.~ -Pero 635 III| siguiente, en el tren de las seis veinticinco.~ Tonelet 636 | ser 637 IV| infatigable obstinación al servicio de mi pobrecita mujer en 638 I| situación caballeresca: servicios, atenciones, conversación 639 IV| Cuando en mil ochocientos setenta y cinco presenté mi candidatura 640 III| noticia.~ Embutido en un sillón, con sinapismos en las piernas 641 II| qué?~ -Usted no es tan simple como su amigo... ni tan 642 III| Embutido en un sillón, con sinapismos en las piernas y compresas 643 II| impresionado, que me creí sincero en aquel instante. Y ella 644 I| de provincia disgustado, sintiendo el cosquilleo de besos en 645 II| un asesino . Aterrada, ni siquiera pude sospechar lo que pretendía.~ 646 I| costumbres, con escándalo, en un sitio público.~ 647 I| el triunfo, imaginaba una situación caballeresca: servicios, 648 III| Pero haciendo un esfuerzo soberano, se desasió de mí, apagó 649 II| Cuando logró desprenderse, sofocada, temblorosa, me decía:~ - 650 I| ahogó su pensamiento entre sollozos.~ En la estación de Mauzé 651 II| adelantado mucho. Estábamos allí solos, entre los árboles, junto 652 I| compras. No ignoras lo que son para un comerciante de provincia 653 IV| mucho. Mirándome fijamente, sonreía.~ Cuando me dejó a solas 654 I| pañuelo, y volvió a mirar y a sonreir.~ El comerciante deliraba 655 II| hermoso jardín. Una joven, sonriente y bonita, salió a recibirnos. 656 II| padeciendo y amándola!~ Me oyó sorprendida. Le cogí una mano y continué:~ - 657 II| Aterrada, ni siquiera pude sospechar lo que pretendía.~ Y 658 III| su martirio. Después de sufrir mucho durante dos años, 659 II| No me desprecie. Si usted supiera ...~ Y buscaba yo una 660 I| agarrándose al vestido, suplicante, desconcertado.~ -¡Señorita! ¡ 661 I| Qué hacer?" Y mil suposiciones, mil proyectos cruzaban 662 II| Precisamente el señor Tonelet era suscriptor de La Cloche Républicaíne, 663 | suya 664 IV| galantería, su delicadeza, su tacto, su oportunidad, su infatigable 665 | tal 666 | también 667 | tanto 668 | tantos 669 II| Républicaine, y veía todas las tardes a Morín en el café del Comercio.~ 670 | Te 671 I| quince días en Paris. Al teatro todas las noches, roce con 672 III| de nosotros.~ Llegó un telegrama: la señora de Tonelet aplazaría 673 I| le bailaron los ojos y le temblaron las manos. ¡Preciosa criatura! 674 IV| Ah!~ Palidecí, temblé; pero ella no se turbaba 675 II| desprenderse, sofocada, temblorosa, me decía:~ -Es usted 676 II| Yo acabé por turbarme. Tembloroso, delirante, abracé su cintura, 677 II| y dormirán aquí; mañana temprano hablaremos con mi esposa 678 III| opuso con tan extremada tenacidad, que hube de rendirme y 679 III| dijo:~ -Ya es tarde y tendremos que madrugar. Enriqueta, 680 II| hasta la noche.~ -Pero tengo una excelente idea -dijo 681 I| cuanto provoca el deseo; teniendo que contentarse, cuando 682 III| las ocho hablamos con la tía. Pronto nos convinimos y 683 II| tuve miedo; y cuando se tiene miedo no se razona. Después 684 III| a estos caballeros dónde tienen sus habitaciones.~ Y 685 II| Audiencia nos ofreció echar tierra sobre tan delicado asunto, 686 II| galante.~ Salté como un tigre, abrazándola, cubriéndola 687 II| de regreso a casa de sus tíos, burgueses bien acomodados 688 II| madre, y después de tomar el título de maestra en París, cuando 689 II| y consintió, siempre que tomáramos el primer tren y volviésemos 690 I| hallaba en tal estado cuando tomó su billete de vuelta a la 691 IV| después de vacilar, bajó de tono, como si articulase una 692 I| mientras la joven dormía tranquilamente, Morín preparaba una inevitable 693 I| víctima de su brutalidad pudo tranquilizarse, hizo su declaración. Hubo 694 I| seguía sonriendo. Morín, trastornado completamente, sin buscar 695 I| sesenta y dos o sesenta y tres Morín fue a pasar quince 696 II| quisiera comparecer ante los tribunales por la misma causa que Morín.~ -¿ 697 I| estación, entregado a sus tristezas, le sorprendió el chasquido 698 II| una excelente idea -dijo triunfante y gozoso el buen Tonelet -; 699 II| del corruptor y le hallé tumbado, enfermo, triste. Su mujer, 700 II| clavó en mí sus ojos, ni turbada, ni cohibida. Entonces pensé: " 701 II| agradable y nuevo. Yo acabé por turbarme. Tembloroso, delirante, 702 IV| que visitar al notario de Turenne, señor Bellonele; una hermosa 703 I| una denuncia oficial, por ultrajes a las buenas costumbres, 704 | unas 705 III| para tratar de un asunto urgente. Abrí una puerta; la Fortuna 706 III| a mi puerta.~ -¿Quién va?~ -Yo.~ Me vestí de 707 IV| asunto.~ Y después de vacilar, bajó de tono, como si articulase 708 I| precipitado en un vagón vacío.~ Había pocos viajeros 709 I| metióse precipitado en un vagón vacío.~ Había pocos viajeros 710 II| que me oía con gusto.~ -Veamos -le dije -, ¿no hubiera 711 I| que tendría diecinueve o veinte años, y era rubia, bien 712 III| en el tren de las seis veinticinco.~ Tonelet dijo:~ - 713 I| señorita!~ El tren perdía velocidad; un empleado se acercaba 714 III| cuyo nombre me callo. Era, verdaderamente, la más maravillosa de las 715 II| vez, una sola vez, en esa verja, y desde aquel día la imagen 716 I| la noche no logró Morín verse libre y tomar el tren, llegando 717 III| Quién va?~ -Yo.~ Me vestí de prisa y abrí. Enriqueta 718 I| la retuvo, agarrándose al vestido, suplicante, desconcertado.~ -¡ 719 III| puerta; la Fortuna me ayudó. Vi a Enriqueta en la cama, 720 I| aterrorizada, intentó lanzarse a la vía.~ Morín la retuvo, agarrándose 721 I| vagón vacío.~ Había pocos viajeros para el expreso, que pronto 722 II| brazo de Rivet, el pobre viejo hablaba de asuntos políticos. 723 I| enloquecer y abrasarse, no viendo más que bailarinas casi 724 III| después guióme al mío. Viéndome solo con ella, la oprimí 725 II| atormentarle, me dijo:~ -¿Viene usted a ver a ese puerco? 726 IV| para diputado, tuve que visitar al notario de Turenne, señor 727 II| me importa? Pero yo había visto a usted una vez, una sola 728 I| atenciones, conversación viva y galante... Pero no dio 729 II| quinta con otros amigos; no volvería seguramente hasta la noche.~ - 730 II| tomáramos el primer tren y volviésemos en el de la noche.~ Dos 731 III| acabamos la primera página, volvimos la hoja y fuimos hojeando 732 II| hubiera sido eterno si una voz que me llamaba no hubiese 733 I| cuando tomó su billete de vuelta a la Rochela, para el expreso 734 I| cuarenta de la noche. Dando vueltas por la sala de la estación, 735 I| delicado. El que así padece, vuelve a su casa de provincia disgustado,