Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Guy de Maupassant
La herrumbre

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

III

    El barón estaba emocionado, como si fuera a disparar por primera vez su escopeta. Explicóle minuciosamente la dirección del viento, las diferentes muestras de los perros, la manera de apuntar a tales o cuales piezas. Luego se lanzaron al campo, y él iba siguiéndola, paso a paso, con la solicitud de una nodriza que ve andar al niño por primera vez.
    Medor, olfateando, halló un rastro, corrió, se detuvo, levantó la pata. El barón, detrás de su discípula, temblaba como una hoja en el árbol. Y balbucía:
    -Cuidado; prevenida; son per. . ., son per. . ., son perdices.
    No había terminado la frase, cuando un ruido monstruoso alzóse del suelo - Brrr, brrr, brrr - y una bandada se remontó en el aire batiendo las alas.
    La señora Vilers, asustada, cerró los ojos, disparó los dos tiros y retrocedió al sentir el culatazo de la escopeta; luego, cuando recobró su serenidad, vio que Gontrán saltaba como un chiquillo y que Medor volvía con dos perdices en la boca.
    Desde aquel momento, el barón mostróse enamorado de Berta.
    Decía, levantando los ojos: "Qué mujer!", y todas las tardes iba para verla y hablar de caza.
    Un día, mientras el señor de Courville, acompañándole hasta la puerta, le oyó hacer alabanzas de su amiga, le preguntó bruscamente:
    -¿Por qué no se casa usted con ella?
    El barón quedó sorprendido:
    -¿Yo? ¿Yo? ¿Casarme con ella? Pero.. ., después de todo.
    Y calló. Luego, apretando mucho la mano a su compañero, murmuró:
    -Hasta la vista -y desapareció precipitadamente en la oscuridad de la noche.
    En tres días no compareció. Al presentarse de nuevo estaba pálido, agotado por sus cavilaciones, más graves que de costumbre. Apartándose de todos con el señor Courville, le dijo:
    -Tuvo usted una idea feliz. Procuren convencer a Berta para que acepte. ¡Caramba! ¡Una mujer como ésa, ni que la hubieran hecho expresamente para mí! Cazaríamos juntos todo el año.
    El señor de Courville, seguro de que la viuda no rehusaba la proposición, respondió:
    -Haga usted en seguida sus ofrecimientos. ¿Quiere usted que yo me encargue de hablarle en su nombre?
    Pero el barón se turbé de pronto, balbuciendo:
    -No, no...; antes he de hacer un viaje..., un viaje..., a Paris. En cuanto vuelva lo arreglaremos todo.
    No fue posible conseguir que diera más concretas explicaciones, y a la mañana siguiente emprendió su viaje.




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License