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| Guy de Maupassant La herrumbre IntraText CT - Texto |
El barón estaba emocionado, como si fuera
a disparar por primera vez su escopeta. Explicóle minuciosamente la dirección
del viento, las diferentes muestras de los perros, la manera de apuntar a tales
o cuales piezas. Luego se lanzaron al campo, y él iba siguiéndola, paso a paso,
con la solicitud de una nodriza que ve andar al niño por primera vez.
Medor, olfateando, halló un rastro, corrió, se
detuvo, levantó la pata. El barón, detrás de su discípula, temblaba como una
hoja en el árbol. Y balbucía:
-Cuidado; prevenida; son per. . ., son per. . ., son
perdices.
No había terminado la frase, cuando un ruido monstruoso
alzóse del suelo - Brrr, brrr, brrr - y una bandada se remontó en el aire
batiendo las alas.
La señora Vilers, asustada, cerró los ojos, disparó los dos
tiros y retrocedió al sentir el culatazo de la escopeta; luego, cuando recobró
su serenidad, vio que Gontrán saltaba como un chiquillo y que Medor
volvía con dos perdices en la boca.
Desde aquel momento, el barón mostróse enamorado de Berta.
Decía, levantando los ojos: "Qué mujer!", y todas
las tardes iba para verla y hablar de caza.
Un día, mientras el señor de Courville, acompañándole hasta
la puerta, le oyó hacer alabanzas de su amiga, le preguntó bruscamente:
-¿Por qué no se casa usted con ella?
El barón quedó sorprendido:
-¿Yo? ¿Yo? ¿Casarme con ella? Pero.. ., después de todo.
Y calló. Luego, apretando mucho la mano a su compañero,
murmuró:
-Hasta la vista -y desapareció precipitadamente en la
oscuridad de la noche.
En tres días no compareció. Al presentarse de nuevo estaba
pálido, agotado por sus cavilaciones, más graves que de costumbre. Apartándose
de todos con el señor Courville, le dijo:
-Tuvo usted una idea feliz. Procuren convencer a Berta para
que acepte. ¡Caramba! ¡Una mujer como ésa, ni que la hubieran hecho
expresamente para mí! Cazaríamos juntos todo el año.
El señor de Courville, seguro de que la viuda no rehusaba la
proposición, respondió:
-Haga usted en seguida sus ofrecimientos. ¿Quiere usted que
yo me encargue de hablarle en su nombre?
Pero el barón se turbé de pronto, balbuciendo:
-No, no...; antes he de hacer un viaje..., un viaje..., a
Paris. En cuanto vuelva lo arreglaremos todo.
No fue posible conseguir que diera más concretas explicaciones,
y a la mañana siguiente emprendió su viaje.