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| Guy de Maupassant Historia corsa IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Párrafo
1 25| el grueso castaño, allá abajo. Jean tenía la boca muy 2 12| la lengua armoniosa del abandonado país. ~ 3 25| Jean tenía la boca muy abierta, pero no dijo ni una palabra. 4 42| Yo abrí los ojos desmesuradamente. 5 22| frecuentemente y repitiendo con cada acceso de tos: ~ 6 24| repente, se paró y, con su acento monótono, dijo: ~ 7 40| mucho tiempo, no queriendo aceptar. Al final, consintió. ~ 8 | además 9 18| habitación de piedra sin adornos, pero hermosa para este 10 2 | indeterminada de nuestras posesiones africanas! ~ 11 18| reír contínuo, se lanzó, me agarró la mano: ~ 12 37| Recorrí los barrancos con los ágiles montañeros que me contaban 13 11| hilo delgado y resuelto de agua clara y helada que sale 14 1 | corso de Corte a Ajaccio. Ahora bien, cada año, en esta 15 9 | enebros, madroños, lentiscos, aladiernas, brezo, durillos, mirtos 16 5 | camino, ya que los propios albergues son todavía desconocidos 17 25| Jean, gritó él, no vayas a Albertacce, no vayas allí, Jean, o 18 | algo 19 | algún 20 | alguna 21 | alguno 22 | algunos 23 1 | entre las rocas y la maleza, alimentados por la población, gracias 24 14| veces de cien metros de alto, como obeliscos, cubiertos 25 6 | cubiertas de altas hierbas amarillentas en esta ardiente estación. 26 37| de una raza. Y a menudo añadían, como mi anfitrión: “es 27 37| menudo añadían, como mi anfitrión: “es el país quien quiere 28 14| hombres prodigiosos, de animales, de monumentos, de fuentes, 29 12| trote de mi caballo, un animalito siempre tembloroso, de mirada 30 | antes 31 32| El apacible corso mostró un rasgo de 32 25| de Jean, cuando Mathieu apareció a diez pasos de nosotros: “ 33 6 | listos para matar a la menor apariencia de insulto. ~ 34 14| pájaros desmesurados, bestias apocalípticas, toda género de fieras fantásticas 35 1 | estos momentos, según la apreciación de los propios señores magistrados, 36 14| de pueblo sobrenatural aprisionado en la piedra por el deseo 37 9 | las tierras, a las que me aproximaba, de un enmarañado pelaje. ~ 38 25| de que yo hubiera podido apuntar con el mío, y disparó. Jean 39 | aquel 40 | aquellos 41 14| sinuosos como troncos de árboles, con aspecto de seres, de 42 6 | hierbas amarillentas en esta ardiente estación. A veces me encontraba 43 4 | atravesando el salvaje y árido valle del Niolo, que allí 44 46| prometí que le enviaría el arma y he cumplido mi promesa. 45 12| voz cantarina en la lengua armoniosa del abandonado país. ~ 46 7 | penetrante perfume de las plantas aromáticas de las que la isla está 47 22| puso a caminar a mi lado, arrastrando sus pasos y sus palabras, 48 20| sombrero, mi bolso de viaje, arregló todo con un solo brazo, 49 6 | casi secos. Una especie de arroyo circulaba todavía entre 50 25| mi primo Jean Rinaldi fue asesinado por Mathieu Lori. Mire, 51 1 | Dos gendarmes habían sido asesinados aquellos últimos días mientras 52 27| Y el asesino? ~ 53 23| que es fresco, que me ha atacado al pecho. ~ 54 44| Esta vez quedé atónito. Entonces ella desenrolló 55 14| del sueño humano que nos atormenta en nuestras pesadillas. ~ 56 39| el momento de dejarla la atraje hasta mi habitación, y haciendo 57 6 | hacia las montañas. A menudo atravesábamos torrentes casi secos. Una 58 44| carne regordeta y blanca atravesada de parte a parte por un 59 13| Después de haber atravesado Piana, penetré de súbito 60 4 | después por el interior, atravesando el salvaje y árido valle 61 12| extenso valle de Sagone y atravesé Cargèse, el pueblo griego 62 14| echados, monjes de pié en sus atuendos caídos, obispos, diablos 63 8 | allá, enganchado, como un auténtico nido de pájaro, casi invisible 64 2 | Ajaccio, bajo la mirada de la autoridad Córcega es un departamento 65 3 | sencilla, pero muy típica aventura, donde capté el espíritu 66 37| que me contaban sin parar aventuras de bandoleros, de gendarmes 67 15| curiosamente labrado por el azar. ~ 68 16| rosa reflejado en el mar azul. ~ 69 10| altas cimas, grises, rosas o azulados, parecen elevarse hasta 70 14| o grises con unos tonos azules. Se distinguían unos leones 71 42| desmesuradamente. Ella añadió bajito, confidencialmente, como 72 25| impida”. Entonces Mathieu bajó su fusil antes de que yo 73 30| Balbuceé: ~ 74 1 | en esta clásica tierra de bandolerismo, tenemos gendarmes destripados 75 2 | kroumirs, tribu errante y bárbara, en la frontera casi indeterminada 76 37| siguiente otra. Recorrí los barrancos con los ágiles montañeros 77 4 | tenía que ir de Ajaccio a Bastia, primero por la costa y 78 11| para llevar la fluyente bebida hasta su boca. ~ 79 2 | hablaré de los hermanos Bellacoscia cuya situación de bandoleros 80 14| espeluznantes, pájaros desmesurados, bestias apocalípticas, toda género 81 44| mostrándome la carne regordeta y blanca atravesada de parte a parte 82 9 | brezo, durillos, mirtos y boj que se entrecruzan entre 83 20| Sacó mi sombrero, mi bolso de viaje, arregló todo con 84 9 | A lo lejos, bosques de castaños enormes semejaban 85 9 | lentiscos, aladiernas, brezo, durillos, mirtos y boj 86 19| Buenas señor!, ¿todo bien? ~ 87 9 | ellos, enredándolos como cabellos, las clemátides entrelazantes, 88 20| ya que tenía el otro en cabestrillo y después nos hizo salir 89 14| monjes de pié en sus atuendos caídos, obispos, diablos espeluznantes, 90 15| más inverosímil que estas “Calanches” de Piana, nada más curiosamente 91 18| grandes ojos negros, una piel cálida de sol, una cintura estrecha, 92 45| enfermo, sabe usted, y eso le calma la sangre. Por otra parte, 93 22| señor Calabretti se puso a caminar a mi lado, arrastrando sus 94 38| pero encantadora, mitad campesina y mitad dama me trató como 95 12| respondieron con una voz cantarina en la lengua armoniosa del 96 3 | muy típica aventura, donde capté el espíritu propio de esta 97 12| valle de Sagone y atravesé Cargèse, el pueblo griego fundado 98 44| el brazo, mostrándome la carne regordeta y blanca atravesada 99 17| Calabretti, porque tenía una carta de un amigo. ~ 100 5 | Yo tenía cartas de recomendación para el 101 39| minuciosamente que en ningún caso quería hacerle regalo alguno, 102 25| manos y rodó hasta el grueso castaño, allá abajo. Jean tenía 103 33| celebridad; ha derribado a catorce gendarmes. Murió con Nicolas 104 17| siniestro valle de Ota, llegué, cayendo la noche, a Evisa, y llamé 105 25| la cuerda, sí, señor, y cayó de lleno sobre mi cuerpo, 106 33| Sí, Señor, era una celebridad; ha derribado a catorce 107 21| paseo al señor hasta la cena. ~ 108 14| obeliscos, cubiertos como champiñones o recortados como plantas, 109 25| él lo hará” ( Era por una chica que perseguían los dos, 110 44| parte por un estiletazo casi cicatrizado: ~ 111 10| parecen elevarse hasta el cielo. ~ 112 14| extraños peñascos, a veces de cien metros de alto, como obeliscos, 113 1 | señores magistrados, de ciento cincuenta a doscientos vagabundos 114 45| Es celoso por mi marido y ciertamente volverá a empezar. Entonces, 115 8 | piedras desplomadas de la cima. Era un pueblo, un pueblecito 116 1 | señores magistrados, de ciento cincuenta a doscientos vagabundos 117 18| piel cálida de sol, una cintura estrecha, dientes siempre 118 6 | secos. Una especie de arroyo circulaba todavía entre las piedras : 119 4 | Niolo, que allí denominan la ciudadela de la libertad, porque, 120 1 | bien, cada año, en esta clásica tierra de bandolerismo, 121 9 | enredándolos como cabellos, las clemátides entrelazantes, los helechos 122 7 | que la isla está cubierta, colmaba el aire, parecía hacerlo 123 12| griego fundado allí por una colonia de fugitivos expulsados 124 13| un bosque de picos, de columnas, de figuras sorprendentes, 125 11| algunas provisiones para comer, y me senté al lado de uno 126 | cómo 127 16| descubrí el golfo de Porto, completamente rodeado de una muralla sangrante 128 1 | aquellos últimos días mientras conducían un prisionero corso de Corte 129 18| taciturno de un tuberculoso. Me condujo a mi habitación, una triste 130 42| confidencialmente, como se confía un grato e íntimo secreto: ~ 131 42| desmesuradamente. Ella añadió bajito, confidencialmente, como se confía un grato 132 45| marido no es celoso, él me conoce, y además está enfermo, 133 3 | espíritu propio de esta raza consagrada intensamente a la venganza. ~ 134 40| queriendo aceptar. Al final, consintió. ~ 135 39| mi habitación, y haciendo constar muy minuciosamente que en 136 37| ágiles montañeros que me contaban sin parar aventuras de bandoleros, 137 2 | embargo cómo hemos tenido continuamente en mente las incursiones 138 28| tosió largo rato, y después continuó: ~ 139 18| siempre fuera en un reír contínuo, se lanzó, me agarró la 140 2 | la mirada de la autoridad Córcega es un departamento francés, 141 6 | piedras : se le escuchaba correr sin verlo. El país, inculto, 142 38| cuatro días, y la joven corsa, un poco pequeña de más 143 4 | inabordable donde los partisanos corsos se refugiaron siempre sin 144 1 | conducían un prisionero corso de Corte a Ajaccio. Ahora bien, cada 145 4 | a Bastia, primero por la costa y después por el interior, 146 45| yo, señor, pero mi cuñado cree todo lo que le dicen. Es 147 12| tembloroso, de mirada irascible, crines erizadas, rodeé el extenso 148 38| Me quedé cuatro días, y la joven corsa, 149 7 | de las que la isla está cubierta, colmaba el aire, parecía 150 6 | montes próximos estaban cubiertas de altas hierbas amarillentas 151 14| de alto, como obeliscos, cubiertos como champiñones o recortados 152 9 | los romeros, las lavandas, cubrían la superficie de las tierras, 153 25| como un niño que salta a la cuerda, sí, señor, y cayó de lleno 154 25| y cayó de lleno sobre mi cuerpo, de manera que mi fusil 155 46| He hecho gravar sobre la culata: “Para su venganza”~ 156 1 | este tipo que viven en las cumbres, entre las rocas y la maleza, 157 15| Calanches” de Piana, nada más curiosamente labrado por el azar. ~ 158 2 | los hermanos Bellacoscia cuya situación de bandoleros 159 38| mitad campesina y mitad dama me trató como un hermano, 160 35| esto.—con el mismo tono que decía hablando de su tuberculosis: “ 161 37| bandoleros, de gendarmes degollados, durante interminables vendettas 162 39| En el momento de dejarla la atraje hasta mi habitación, 163 11| países montañosos, hilo delgado y resuelto de agua clara 164 12| elegantes, manos largas, rostro delicado, singularmente graciosas, 165 5 | esta tierra, y hace falta demandar hospitalidad como en los 166 4 | valle del Niolo, que allí denominan la ciudadela de la libertad, 167 2 | autoridad Córcega es un departamento francés, esto ocurre pues 168 33| era una celebridad; ha derribado a catorce gendarmes. Murió 169 5 | propios albergues son todavía desconocidos en esta tierra, y hace falta 170 16| repente, saliendo de allá, descubrí el golfo de Porto, completamente 171 11| uno de estos manantiales desecados, frecuentes en los países 172 44| quedé atónito. Entonces ella desenrolló rápidamente las vendas que 173 14| aprisionado en la piedra por el deseo secular de algún genio, 174 42| Yo abrí los ojos desmesuradamente. Ella añadió bajito, confidencialmente, 175 14| diablos espeluznantes, pájaros desmesurados, bestias apocalípticas, 176 6 | El país, inculto, parecía desnudo. Las ondonadas de los montes 177 8 | como un montón de piedras desplomadas de la cima. Era un pueblo, 178 1 | bandolerismo, tenemos gendarmes destripados por los salvajes lugareños 179 12| cumplido que les vociferé sin detenerme, respondieron con una voz 180 14| atuendos caídos, obispos, diablos espeluznantes, pájaros desmesurados, 181 18| lenguaje, galimatías corso, dialectal gargajeante, puré de francés 182 45| cuñado cree todo lo que le dicen. Es celoso por mi marido 183 20| nos hizo salir rápidamente diciendo a su marido: ~ 184 18| sol, una cintura estrecha, dientes siempre fuera en un reír 185 25| cuando Mathieu apareció a diez pasos de nosotros: “Jean, 186 25| el mío, y disparó. Jean dio un gran salto con sus dos 187 6 | pronto se hundía en un valle, dirigiéndose hacia las montañas. A menudo 188 25| podido apuntar con el mío, y disparó. Jean dio un gran salto 189 14| con unos tonos azules. Se distinguían unos leones echados, monjes 190 4 | se les pudiera dar caza o dominar. ~ 191 12| Jóvenes muy hermosas, con dorsos elegantes, manos largas, 192 1 | magistrados, de ciento cincuenta a doscientos vagabundos de este tipo 193 38| poco pequeña de más sin duda, pero encantadora, mitad 194 37| de gendarmes degollados, durante interminables vendettas 195 9 | lentiscos, aladiernas, brezo, durillos, mirtos y boj que se entrecruzan 196 14| distinguían unos leones echados, monjes de pié en sus atuendos 197 18| para este país al que toda elegancia le resulta extraña, y me 198 12| muy hermosas, con dorsos elegantes, manos largas, rostro delicado, 199 7 | palpable; y el camino iba, elevándose lentamente, por el medio 200 10| rosas o azulados, parecen elevarse hasta el cielo. ~ 201 | ellos 202 2 | lanzada a la justicia. ¡Sin embargo cómo hemos tenido continuamente 203 45| y ciertamente volverá a empezar. Entonces, si tuviera un 204 8 | sobre las pendientes muy empinadas, percibía algo gris, como 205 38| pequeña de más sin duda, pero encantadora, mitad campesina y mitad 206 10| Y siempre, por encima de este verdor rampante, 207 9 | monte bajo, formado por encinas, enebros, madroños, lentiscos, 208 6 | ardiente estación. A veces me encontraba con un habitante, a pie, 209 18| de gran estatura, un poco encorvado, con el aspecto taciturno 210 9 | bajo, formado por encinas, enebros, madroños, lentiscos, aladiernas, 211 39| regalo alguno, insistí, enfadándome incluso, para enviarle de 212 45| me conoce, y además está enfermo, sabe usted, y eso le calma 213 8 | granito, suspendido allá, enganchado, como un auténtico nido 214 9 | que me aproximaba, de un enmarañado pelaje. ~ 215 9 | lejos, bosques de castaños enormes semejaban matorrales, hasta 216 9 | entrecruzan entre ellos, enredándolos como cabellos, las clemátides 217 9 | durillos, mirtos y boj que se entrecruzan entre ellos, enredándolos 218 9 | cabellos, las clemátides entrelazantes, los helechos monstruosos, 219 46| Yo le prometí que le enviaría el arma y he cumplido mi 220 39| enfadándome incluso, para enviarle de Paris, a mi regreso, 221 41| Y bien,—dijo—envíeme un pequeño revólver, uno 222 44| que ya no necesitaba y que envolvían el brazo, mostrándome la 223 12| mirada irascible, crines erizadas, rodeé el extenso valle 224 13| de figuras sorprendentes, erosionadas por el tiempo, por la lluvia, 225 2 | bandoleros kroumirs, tribu errante y bárbara, en la frontera 226 17| Después de haber escalado penosamente el siniestro 227 7 | grandes repliegues de monte escarpado. ~ 228 1 | El legendario matorral esconde en estos momentos, según 229 6 | entre las piedras : se le escuchaba correr sin verlo. El país, 230 | eso 231 6 | llevaban el fusil sobre su espalda, siempre listos para matar 232 6 | torrentes casi secos. Una especie de arroyo circulaba todavía 233 14| caídos, obispos, diablos espeluznantes, pájaros desmesurados, bestias 234 3 | aventura, donde capté el espíritu propio de esta raza consagrada 235 13| por los vientos, por la espuma salada del mar. ~ 236 6 | ondonadas de los montes próximos estaban cubiertas de altas hierbas 237 6 | amarillentas en esta ardiente estación. A veces me encontraba con 238 | estas 239 18| Era un hombre de gran estatura, un poco encorvado, con 240 44| de parte a parte por un estiletazo casi cicatrizado: ~ 241 45| tuviera un pequeño revólver, estoy segura de que lo mataría. ~ 242 18| cálida de sol, una cintura estrecha, dientes siempre fuera en 243 26| Yo miré estupefacto, al tranquilo testigo de 244 17| llegué, cayendo la noche, a Evisa, y llamé a la puerta del 245 15| Tal vez no exista en el mundo nada más inverosímil 246 12| una colonia de fugitivos expulsados de su patria. Jóvenes muy 247 12| crines erizadas, rodeé el extenso valle de Sagone y atravesé 248 37| interminables vendettas hasta la exterminación de una raza. Y a menudo 249 18| toda elegancia le resulta extraña, y me expresaba en su lenguaje, 250 14| Estos extraños peñascos, a veces de cien 251 11| la roca y fluye hasta el extremo de una hoja puesta allí 252 5 | desconocidos en esta tierra, y hace falta demandar hospitalidad como 253 29| hermano, Calabretti, el famoso bandolero?... ~ 254 14| apocalípticas, toda género de fieras fantásticas del sueño humano que nos 255 13| penetré de súbito en un fantástico bosque de granito rosa, 256 14| apocalípticas, toda género de fieras fantásticas del sueño humano 257 13| de picos, de columnas, de figuras sorprendentes, erosionadas 258 40| no queriendo aceptar. Al final, consintió. ~ 259 6 | pie, o montado sobre un flaco caballo; y todos llevaban 260 11| helada que sale de la roca y fluye hasta el extremo de una 261 11| transeúnte para llevar la fluyente bebida hasta su boca. ~ 262 9 | este país; y el monte bajo, formado por encinas, enebros, madroños, 263 14| un inmenso laberinto de formas inverosímiles, rojizas o 264 4 | Genoveses, los Moros o los Franceses, fue en este lugar inabordable 265 22| y sus palabras, tosiendo frecuentemente y repitiendo con cada acceso 266 11| estos manantiales desecados, frecuentes en los países montañosos, 267 2 | errante y bárbara, en la frontera casi indeterminada de nuestras 268 12| formaban un grupo cerca de una fuente. Al cumplido que les vociferé 269 14| animales, de monumentos, de fuentes, de maneras humanas petrificadas, 270 18| estrecha, dientes siempre fuera en un reír contínuo, se 271 33| con Nicolas Morali, cuando fueron sitiados en Niolo, después 272 45| Si no hubiera sido tan fuerte como él,—dijo— me habría 273 12| allí por una colonia de fugitivos expulsados de su patria. 274 12| Cargèse, el pueblo griego fundado allí por una colonia de 275 18| expresaba en su lenguaje, galimatías corso, dialectal gargajeante, 276 18| galimatías corso, dialectal gargajeante, puré de francés e italiano, 277 14| bestias apocalípticas, toda género de fieras fantásticas del 278 14| el deseo secular de algún genio, formaban un inmenso laberinto 279 4 | invasión de la isla por los Genoveses, los Moros o los Franceses, 280 9 | la tierra levantada son gigantes en este país; y el monte 281 1 | alimentados por la población, gracias al terror que infunden. ~ 282 12| delicado, singularmente graciosas, formaban un grupo cerca 283 10| este verdor rampante, los granitos de las altas cimas, grises, 284 42| confidencialmente, como se confía un grato e íntimo secreto: ~ 285 46| cumplido mi promesa. He hecho gravar sobre la culata: “Para su 286 12| atravesé Cargèse, el pueblo griego fundado allí por una colonia 287 8 | empinadas, percibía algo gris, como un montón de piedras 288 25| Sinacoupi). Pero Jean se puso a gritar: “ Iré Mathieu, no serás 289 25| pasos de nosotros: “Jean, gritó él, no vayas a Albertacce, 290 25| las manos y rodó hasta el grueso castaño, allá abajo. Jean 291 12| singularmente graciosas, formaban un grupo cerca de una fuente. Al 292 24| Me guió por un sendero perdido bajo 293 | había 294 6 | veces me encontraba con un habitante, a pie, o montado sobre 295 35| el mismo tono que decía hablando de su tuberculosis: “es 296 2 | No hablaré de los hermanos Bellacoscia 297 45| fuerte como él,—dijo— me habría matado. Mi marido no es 298 5 | desconocidos en esta tierra, y hace falta demandar hospitalidad 299 39| que en ningún caso quería hacerle regalo alguno, insistí, 300 7 | colmaba el aire, parecía hacerlo pesado, volverlo palpable; 301 | hacia 302 39| atraje hasta mi habitación, y haciendo constar muy minuciosamente 303 33| lucha e iban a perecer de hambre. ~ 304 25| vayas allí, Jean, él lo hará” ( Era por una chica que 305 46| cumplido mi promesa. He hecho gravar sobre la culata: “ 306 11| resuelto de agua clara y helada que sale de la roca y fluye 307 9 | clemátides entrelazantes, los helechos monstruosos, las madreselvas, 308 | hemos 309 2 | No hablaré de los hermanos Bellacoscia cuya situación 310 18| piedra sin adornos, pero hermosa para este país al que toda 311 12| de su patria. Jóvenes muy hermosas, con dorsos elegantes, manos 312 3 | Y hete aquí, que a propósito de 313 6 | estaban cubiertas de altas hierbas amarillentas en esta ardiente 314 11| en los países montañosos, hilo delgado y resuelto de agua 315 20| cabestrillo y después nos hizo salir rápidamente diciendo 316 11| hasta el extremo de una hoja puesta allí por un transeúnte 317 18| Era un hombre de gran estatura, un poco 318 14| con aspecto de seres, de hombres prodigiosos, de animales, 319 45| parte, yo soy una mujer honesta, yo, señor, pero mi cuñado 320 5 | tierra, y hace falta demandar hospitalidad como en los viejos tiempos. ~ 321 14| de fuentes, de maneras humanas petrificadas, de pueblo 322 14| fieras fantásticas del sueño humano que nos atormenta en nuestras 323 6 | lago, el camino pronto se hundía en un valle, dirigiéndose 324 7 | volverlo palpable; y el camino iba, elevándose lentamente, 325 33| de seis días de lucha e iban a perecer de hambre. ~ 326 25| no serás tú quien me lo impida”. Entonces Mathieu bajó 327 4 | Franceses, fue en este lugar inabordable donde los partisanos corsos 328 39| alguno, insistí, enfadándome incluso, para enviarle de Paris, 329 6 | correr sin verlo. El país, inculto, parecía desnudo. Las ondonadas 330 2 | continuamente en mente las incursiones de algunos bandoleros kroumirs, 331 2 | bárbara, en la frontera casi indeterminada de nuestras posesiones africanas! ~ 332 1 | población, gracias al terror que infunden. ~ 333 8 | casi invisible sobre la inmensa montaña. ~ 334 24| perdido bajo los castaños inmensos. De repente, se paró y, 335 2 | plena patria; y nadie se inquieta por esta provocación lanzada 336 39| quería hacerle regalo alguno, insistí, enfadándome incluso, para 337 6 | a la menor apariencia de insulto. ~ 338 3 | de esta raza consagrada intensamente a la venganza. ~ 339 4 | la costa y después por el interior, atravesando el salvaje 340 37| gendarmes degollados, durante interminables vendettas hasta la exterminación 341 18| cuando una voz clara lo interrumpió y una mujercita morena, 342 4 | libertad, porque, en cada invasión de la isla por los Genoveses, 343 15| exista en el mundo nada más inverosímil que estas “Calanches” de 344 14| inmenso laberinto de formas inverosímiles, rojizas o grises con unos 345 8 | auténtico nido de pájaro, casi invisible sobre la inmensa montaña. ~ 346 4 | Yo tenía que ir de Ajaccio a Bastia, primero 347 12| siempre tembloroso, de mirada irascible, crines erizadas, rodeé 348 25| Jean se puso a gritar: “ Iré Mathieu, no serás tú quien 349 18| gargajeante, puré de francés e italiano, me expresaba su placer 350 | jamás 351 38| quedé cuatro días, y la joven corsa, un poco pequeña de 352 12| expulsados de su patria. Jóvenes muy hermosas, con dorsos 353 2 | provocación lanzada a la justicia. ¡Sin embargo cómo hemos 354 2 | incursiones de algunos bandoleros kroumirs, tribu errante y bárbara, 355 14| genio, formaban un inmenso laberinto de formas inverosímiles, 356 15| Piana, nada más curiosamente labrado por el azar. ~ 357 6 | altas cimas que parece un lago, el camino pronto se hundía 358 2 | inquieta por esta provocación lanzada a la justicia. ¡Sin embargo 359 18| en un reír contínuo, se lanzó, me agarró la mano: ~ 360 12| dorsos elegantes, manos largas, rostro delicado, singularmente 361 28| Paoli Calabretti tosió largo rato, y después continuó: ~ 362 9 | madreselvas, los romeros, las lavandas, cubrían la superficie de 363 1 | después de alguna vendetta. El legendario matorral esconde en estos 364 9 | A lo lejos, bosques de castaños enormes 365 12| una voz cantarina en la lengua armoniosa del abandonado 366 18| extraña, y me expresaba en su lenguaje, galimatías corso, dialectal 367 7 | el camino iba, elevándose lentamente, por el medio de los grandes 368 9 | encinas, enebros, madroños, lentiscos, aladiernas, brezo, durillos, 369 14| azules. Se distinguían unos leones echados, monjes de pié en 370 9 | ondulaciones de la tierra levantada son gigantes en este país; 371 4 | denominan la ciudadela de la libertad, porque, en cada invasión 372 6 | sobre su espalda, siempre listos para matar a la menor apariencia 373 17| cayendo la noche, a Evisa, y llamé a la puerta del señor Paoli 374 17| siniestro valle de Ota, llegué, cayendo la noche, a Evisa, 375 25| cuerda, sí, señor, y cayó de lleno sobre mi cuerpo, de manera 376 21| Lleva a dar un paseo al señor 377 6 | un flaco caballo; y todos llevaban el fusil sobre su espalda, 378 11| allí por un transeúnte para llevar la fluyente bebida hasta 379 13| erosionadas por el tiempo, por la lluvia, por los vientos, por la 380 25| fue asesinado por Mathieu Lori. Mire, yo estaba allí, muy 381 33| después de seis días de lucha e iban a perecer de hambre. ~ 382 4 | los Franceses, fue en este lugar inabordable donde los partisanos 383 1 | destripados por los salvajes lugareños de esta isla, refugiados 384 9 | helechos monstruosos, las madreselvas, los romeros, las lavandas, 385 9 | formado por encinas, enebros, madroños, lentiscos, aladiernas, 386 1 | apreciación de los propios señores magistrados, de ciento cincuenta a doscientos 387 3 | recuerdo de un viaje a esta magnífica isla y de una sencilla, 388 1 | cumbres, entre las rocas y la maleza, alimentados por la población, 389 11| al lado de uno de estos manantiales desecados, frecuentes en 390 25| lleno sobre mi cuerpo, de manera que mi fusil se me fue de 391 14| monumentos, de fuentes, de maneras humanas petrificadas, de 392 18| se lanzó, me agarró la mano: ~ 393 45| como él,—dijo— me habría matado. Mi marido no es celoso, 394 45| estoy segura de que lo mataría. ~ 395 25| no vayas allí, Jean, o te mato, te lo prometo.” Yo tomé 396 29| Fue mi hermano quien lo mató, al año siguiente. ¿Sabe 397 1 | vendetta. El legendario matorral esconde en estos momentos, 398 9 | castaños enormes semejaban matorrales, hasta tal punto las ondulaciones 399 7 | elevándose lentamente, por el medio de los grandes repliegues 400 6 | siempre listos para matar a la menor apariencia de insulto. ~ 401 2 | tenido continuamente en mente las incursiones de algunos 402 14| peñascos, a veces de cien metros de alto, como obeliscos, 403 | mientras 404 39| y haciendo constar muy minuciosamente que en ningún caso quería 405 | mío 406 25| asesinado por Mathieu Lori. Mire, yo estaba allí, muy cerca 407 26| Yo miré estupefacto, al tranquilo 408 9 | aladiernas, brezo, durillos, mirtos y boj que se entrecruzan 409 | mismo 410 1 | matorral esconde en estos momentos, según la apreciación de 411 14| distinguían unos leones echados, monjes de pié en sus atuendos caídos, 412 24| se paró y, con su acento monótono, dijo: ~ 413 9 | entrelazantes, los helechos monstruosos, las madreselvas, los romeros, 414 6 | con un habitante, a pie, o montado sobre un flaco caballo; 415 37| barrancos con los ágiles montañeros que me contaban sin parar 416 11| frecuentes en los países montañosos, hilo delgado y resuelto 417 6 | desnudo. Las ondonadas de los montes próximos estaban cubiertas 418 8 | percibía algo gris, como un montón de piedras desplomadas de 419 14| prodigiosos, de animales, de monumentos, de fuentes, de maneras 420 33| gendarmes. Murió con Nicolas Morali, cuando fueron sitiados 421 18| interrumpió y una mujercita morena, con grandes ojos negros, 422 4 | isla por los Genoveses, los Moros o los Franceses, fue en 423 44| que envolvían el brazo, mostrándome la carne regordeta y blanca 424 32| El apacible corso mostró un rasgo de orgullo: ~ 425 | mucho 426 25| dijo ni una palabra. Estaba muerto. ~ 427 45| Por otra parte, yo soy una mujer honesta, yo, señor, pero 428 18| clara lo interrumpió y una mujercita morena, con grandes ojos 429 15| Tal vez no exista en el mundo nada más inverosímil que 430 16| completamente rodeado de una muralla sangrante de granito rosa 431 33| derribado a catorce gendarmes. Murió con Nicolas Morali, cuando 432 2 | pues en plena patria; y nadie se inquieta por esta provocación 433 44| rápidamente las vendas que ya no necesitaba y que envolvían el brazo, 434 18| morena, con grandes ojos negros, una piel cálida de sol, 435 | ni 436 33| catorce gendarmes. Murió con Nicolas Morali, cuando fueron sitiados 437 8 | enganchado, como un auténtico nido de pájaro, casi invisible 438 39| muy minuciosamente que en ningún caso quería hacerle regalo 439 25| con sus dos pies, como un niño que salta a la cuerda, sí, 440 17| Ota, llegué, cayendo la noche, a Evisa, y llamé a la puerta 441 | nosotros 442 14| cien metros de alto, como obeliscos, cubiertos como champiñones 443 14| en sus atuendos caídos, obispos, diablos espeluznantes, 444 2 | bandoleros es casi oficial y que ocupan el Monte de Oro, a las puertas 445 2 | departamento francés, esto ocurre pues en plena patria; y 446 2 | situación de bandoleros es casi oficial y que ocupan el Monte de 447 6 | inculto, parecía desnudo. Las ondonadas de los montes próximos estaban 448 9 | matorrales, hasta tal punto las ondulaciones de la tierra levantada son 449 37| para retenerme, habían organizado una partida de caza, y al 450 32| corso mostró un rasgo de orgullo: ~ 451 2 | y que ocupan el Monte de Oro, a las puertas de Ajaccio, 452 17| penosamente el siniestro valle de Ota, llegué, cayendo la noche, 453 | otro 454 11| desecados, frecuentes en los países montañosos, hilo delgado 455 8 | como un auténtico nido de pájaro, casi invisible sobre la 456 14| diablos espeluznantes, pájaros desmesurados, bestias apocalípticas, 457 25| abierta, pero no dijo ni una palabra. Estaba muerto. ~ 458 22| arrastrando sus pasos y sus palabras, tosiendo frecuentemente 459 7 | hacerlo pesado, volverlo palpable; y el camino iba, elevándose 460 37| montañeros que me contaban sin parar aventuras de bandoleros, 461 6 | rodeado de altas cimas que parece un lago, el camino pronto 462 10| grises, rosas o azulados, parecen elevarse hasta el cielo. ~ 463 39| incluso, para enviarle de Paris, a mi regreso, un recuerdo 464 24| inmensos. De repente, se paró y, con su acento monótono, 465 37| retenerme, habían organizado una partida de caza, y al día siguiente 466 4 | lugar inabordable donde los partisanos corsos se refugiaron siempre 467 21| Lleva a dar un paseo al señor hasta la cena. ~ 468 25| que perseguían los dos, Paulina Sinacoupi). Pero Jean se 469 23| fresco, que me ha atacado al pecho. ~ 470 9 | aproximaba, de un enmarañado pelaje. ~ 471 14| Estos extraños peñascos, a veces de cien metros 472 8 | Algunas veces, sobre las pendientes muy empinadas, percibía 473 7 | El penetrante perfume de las plantas aromáticas 474 13| haber atravesado Piana, penetré de súbito en un fantástico 475 17| Después de haber escalado penosamente el siniestro valle de Ota, 476 38| la joven corsa, un poco pequeña de más sin duda, pero encantadora, 477 8 | pendientes muy empinadas, percibía algo gris, como un montón 478 24| Me guió por un sendero perdido bajo los castaños inmensos. 479 33| seis días de lucha e iban a perecer de hambre. ~ 480 7 | El penetrante perfume de las plantas aromáticas 481 25| Era por una chica que perseguían los dos, Paulina Sinacoupi). 482 14| nos atormenta en nuestras pesadillas. ~ 483 7 | el aire, parecía hacerlo pesado, volverlo palpable; y el 484 14| fuentes, de maneras humanas petrificadas, de pueblo sobrenatural 485 13| granito rosa, un bosque de picos, de columnas, de figuras 486 6 | encontraba con un habitante, a pie, o montado sobre un flaco 487 14| leones echados, monjes de pié en sus atuendos caídos, 488 18| grandes ojos negros, una piel cálida de sol, una cintura 489 25| un gran salto con sus dos pies, como un niño que salta 490 18| italiano, me expresaba su placer por recibirme, cuando una 491 2 | francés, esto ocurre pues en plena patria; y nadie se inquieta 492 1 | maleza, alimentados por la población, gracias al terror que infunden. ~ 493 25| antes de que yo hubiera podido apuntar con el mío, y disparó. 494 16| allá, descubrí el golfo de Porto, completamente rodeado de 495 2 | indeterminada de nuestras posesiones africanas! ~ 496 26| testigo de aquel crimen. Y pregunté: ~ 497 6 | Después de haber subido en un primer momento el golfo de Ajaccio, 498 4 | ir de Ajaccio a Bastia, primero por la costa y después por 499 25| Es aquí donde mi primo Jean Rinaldi fue asesinado 500 1 | días mientras conducían un prisionero corso de Corte a Ajaccio.