1e1-direc | dirig-niebl | ningu-vele | ven-zarza
Párrafo
501 II| Pero no pasó. Cuando yo la dirigía la palabra, me respondía
502 III| terminase la comida, y entonces, dirigiéndome á la patrona, dije:~ -
503 I| y una extraña figura se dirigió hacia la casa. Era muy delgada,
504 I| tan singular, que no me disgustaba.~ La Señora Lecacheur,
505 III| pobre mujer, sorprendida y disgustada, exclamó:~ -¡Qué dice
506 II| hacer alguna cosa que la disgustara ó la hiriera.~ Al cabo
507 II| como antes? ¿Qué hice para disgustarla? Siento verla indiferente.~
508 I| aquello sin enfurecerse y sin disparatar, vomitando ultrajes. ¡Oh!
509 I| pregunté. Y me respondió con displicencia:~ -Tengo una señora,
510 I| antes que yo, y no parecía dispuesta a marcharse. No hablaba
511 II| con ojos estúpidos que no distinguían nada, que no sabían siquiera
512 I| por mujeres encantadoras y distinguidas.~ Pero lo que más agrada
513 I| arrodillada sobre un zarzal. Distinguiendo algo rojo entre las hojas,
514 III| quise verlo y me pareció distinguir una cosa blanca. ¿Qué sería?
515 I| lo que más agrada en esas divagaciones al azar, es el campo. El
516 Int| No es una historia divertida; voy a referir el más lamentable
517 II| de la Naturaleza, la obra divina. Mis estudios le parecían
518 I| normando rodeado por una doble fila de hayas.~ Abandonando
519 II| desconocida que no podía dominar; y acaso también otra cosa... ¡
520 | dónde
521 II| caía sobre la piedra y la doraba con su fuego. No había más;
522 III| aguardase noticias del pobre ser dormido para siempre.~ Entre
523 I| en el pueblo, llenaban de dudas las almas sencillas do los
524 III| derecho al corazón, que nunca dudo para comprenderlo.~ Todo
525 III| perro abandonado por su dueño? ¿Qué secreto sufrimiento,
526 I| detrás del establo donde duermen las vacas, y sobre los pajares
527 II| Era una tarde templada y dulce; una de esas tardes bienhechoras
528 II| acariciaba el alma con su dulzura penetrante. Caminábamos
529 Int| conquistas venturosas que al duque de Richelieu, cuéntenos
530 I| bastas que cubrían carnes duras, de inocentes y brutales
531 I| sidra clara, comiendo pan duro, pero excelente.~ De
532 I| una de esas bondadosas é insoportables solteronas
533 III| señora Lecacheur y Celestina, echando a correr, lanzaban gritos
534 I| porque había servido en el ejército de África, abrigaba otras
535 I| muy de prisa, con su paso elástico de inglesa, y me acercaba
536 II| más conmovido por aquel elogio que si me lo hiciese una
537 II| dichosos. El aire tibio y embalsamado, lleno de los olores de
538 II| de pinturas, en mis botas embetunadas ante mi puerta al levantarme,
539 III| Luego le quité las ropas empapadas en agua, descubriendo un
540 I| collado; parecía un mástil empavesado. Era ella. Viéndome, desapareció.~
541 I| cubierto junto a la puerta y empecé a destrozar con los dientes
542 III| Nadie la extraño y empezamos a comer en silencio.~
543 Int| caballos ganaban al paso la empinada pendiente sobre la cual
544 II| Cuando yo conseguía, con un emplasto de color puesto bruscamente
545 Int| tierra labrada, se detuvo, emprendió nuevamente su rápida marcha,
546 I| venga, el amor siempre nos encanta. Un corazón que palpita
547 I| estudiados, ofrecidos por mujeres encantadoras y distinguidas.~ Pero
548 I| sin más consejero que el encanto de los ojos. Nos detiene
549 I| luz, y el inmenso cielo encendido como una hoguera. A veces
550 III| acaso también los ojos encendidos de la criada clavados en
551 III| labios ansia de besos y encendiendo en mis venas el deseo de
552 I| caucho, como si de noche las encerraran en un estuche.~ Cuando
553 II| es verdad.~ Y corrió a encerrarse en su cuarto. A veces me
554 I| que brota al pie do una encina, entre hierbas delgadas,
555 I| de la solterona. Y había encontrado una expresión para calificarla,
556 II| indicando los tonos, las energías, el vigor, con los términos
557 III| criminal.~ Apenas dormí, enervado, abrumado por tristes pensamientos.
558 I| podía recordar aquello sin enfurecerse y sin disparatar, vomitando
559 III| patatas, un conejo salteado y ensalada. Luego puso en la mesa un
560 II| presentaba el lienzo para enseñárselo á la patrona. "La endemoniada"
561 II| entero. Recuerdo que la enseñé á una vaca, al borde del
562 I| la mesa de la cocina para entablar amistades con aquella figura
563 I| pronunciada tan bajo que no la entendí, quedó contestado.~ No
564 II| aquel instante el mundo entero. Recuerdo que la enseñé
565 III| instantes, pidiendo que la enterrasen en aquel villorrio donde
566 III| agujero por donde salen y entran las gallinas, la oprimí
567 III| difunta, pero no consentí que entraran en su cuarto; prefería estar
568 II| absorbíamos, con la boca entreabierta y el pecho dilatado, la
569 I| corazón." Y dicho esto, entregaba a la campesina, sorprendida,
570 Int| Cuente usted algo para entretenernos. O usted, Chenal, a quien
571 I| en largas y silenciosas entrevistas. Así, tumbado entre margaritas
572 III| llegó. La señora Lecacheur entró en su cuarto; la inglesa
573 I| Europa, deslucen Italia, envenenan Suiza, hacen imposibles
574 III| durante toda la vida, ridícula envoltura que alejó de la infeliz
575 I| Era muy delgada, muy alta, envolviéndose de tal modo en un chal escocés
576 II| emociones. Le faltaba el equilibrio como a todas las solteras
577 | Éramos
578 | eran
579 I| los ojos, algo singular, erguido sobre una cresta del collado;
580 II| galantería familiar que la escandalizaba siempre: "Hoy está usted
581 III| temí que la cuerda se me escapara de las manos, dejando caer
582 II| colocarlo de manera que no escapase a su vista. Miss Harriet
583 I| envolviéndose de tal modo en un chal escocés a cuadros rojos, que se
584 III| las piernas, corrieron á esconderse.~ Zapador, cogiéndola
585 III| bolsillos encontré una carta, escrita en los últimos instantes,
586 II| términos del oficio. Ella escuchaba muy atenta, comprendiendo,
587 II| intenciones celestes, que se esforzaba en revelarme; y yo encontraba
588 Int| cuatro días. Ella respondió, esforzándose para sonreír:~ -¡Qué
589 I| por no sé qué misterioso esfuerzo de su inteligencia. La llamaba
590 III| la mirada de alguien á mi espalda?~ Era miss Harriet que
591 I| como los pájaros que ven un espantajo en un sembrado.~ Aquella,
592 III| gravitase todo el peso de tan espantosa tristeza.~FIN~
593 III| arrancó a llorar. Lloraba con espasmos nerviosos, como quien ha
594 III| permanecía inmóvil, como ante un espectro. Luego se perdió entre las
595 III| Harriet aquella mañana. La esperamos, pero no llegó. La señora
596 III| todos los desheredados: la esperanza de que los amen alguna vez! ¿
597 III| infeliz creyera en Dios y esperara en un porvenir la compensación
598 III| advertía cambio alguno.~ Esperé a que terminase la comida,
599 III| el fondo de aquella bruma espesa y translúcida se veían aparecer,
600 II| largos cabellos retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban
601 I| marinero, aún cuando cobró espléndidamente, llenóla de improperios
602 II| fin acabó mostrándose muy esquiva; ya no me acompañaba ni
603 III| poco á poco. Los cuatro estábamos inclinados sobre la boca
604 II| cabellos retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban como si
605 I| de violetas, detrás del establo donde duermen las vacas,
606 I| la señora Lecacheur había estado verdaderamente inspirada
607 I| con melancolía junto a los estanques; exáltase cuando se sumerge
608 | estar
609 | Estas
610 I| de odio hacia las maneras estáticas de la solterona. Y había
611 I| En el pueblo no la estimaban. Habiéndola clasificado
612 II| y algo de malicia:~ -Estoy con usted lo mismo que siempre.
613 I| llevan a todas partes sus estrambóticas manías, -sue costumbres
614 III| para siempre en el pozo estrecho. Ya no sufría.~ Pasaban
615 III| esto, mezclado, revuelto, estremecía mi carne, provocando en
616 III| bruscamente? ¿Por qué me volví estremecido? ¿Cómo noté la mirada de
617 Int| nos desperezábamos aún, estremecidos, respirando el aire fresco
618 I| noche las encerraran en un estuche.~ Cuando tropezaba en
619 I| sinceras que los placeres estudiados, ofrecidos por mujeres encantadoras
620 II| Naturaleza, la obra divina. Mis estudios le parecían así como cuadros
621 II| detuvo en seco, sobrecogida, estupefacta. Era su roca, según creo,
622 II| contemplando mi obra con ojos estúpidos que no distinguían nada,
623 III| boceto. No dijo nada, pero estuvo largo tiempo inmóvil, contemplando;
624 III| aquel despojo humano la eterna injusticia de la implacable
625 I| y que se prolonga hasta Etrotat, descubrí, levantando los
626 I| fondas y posadas de toda Europa, deslucen Italia, envenenan
627 II| si El no hubiese podido evitarlos.~ Se mostraba excelentemente
628 II| hacían palpitar con emociones exageradas.~ ¡Pobres criaturas solitarias,
629 I| Era, en verdad, una exaltada por los principios, una
630 II| por los animales un afecto exaltado, como el fermento de un
631 I| melancolía junto a los estanques; exáltase cuando se sumerge el sol
632 I| comiendo pan duro, pero excelente.~ De pronto el portillo
633 II| evitarlos.~ Se mostraba excelentemente relacionada con el Creador
634 | excepto
635 II| dos y dos son cuatro, y exento de todas las reglas académicas.
636 II| señorita.~ Ella murmuró extasiada, cómica y tiernamente:~ -¡
637 II| parecido la caricatura del éxtasis.~ Volví la cabeza para
638 Int| uno y otro lado del camino extendíanse los rastrojos, mostrando
639 Int| Ahí va una liebre!~ Y extendió el brazo hacia la izquierda,
640 I| porque miss Harriet era extranjera, de otra raza, de otra lengua,
641 III| manzanos y paseándome de un extremo a otro del corral. Todas
642 II| saltos sus emociones. Le faltaba el equilibrio como a todas
643 II| decía con una galantería familiar que la escandalizaba siempre: "
644 III| se irguió ante mí como un fantasma; era miss Harriet. Viéndome,
645 III| salida.~ Al amanecer, la fatiga me rindió; dormí aletargado
646 II| Sentábase bruscamente, fatigada como si hubiese corrido
647 Int| orgulloso de su figura y muy favorecido por las mujeres, acariciándose
648 II| palpitante.~ Me ruboricé, a fe mía, más conmovido por aquel
649 I| Etretat. Había salido de Fécamp siguiendo la costa, la costa
650 I| delgadas, altas, relucientes, fecundas. Arrodillado, inclinándose,
651 I| verde del mar; pasé un día feliz, despreocupado y libre.~
652 II| afecto exaltado, como el fermento de un vino de muchos años,
653 I| la verde tierra que todos fertilizaremos con nuestro cuerpo algún
654 II| y violenta, y además una fiebre, un deseo exasperado, impaciente,
655 I| la hubiera descubierto, fijando en mí sus ojos asustados,
656 I| normando rodeado por una doble fila de hayas.~ Abandonando
657 II| su Dios; una especie de filósofo de aldea, sin grandes medios
658 I| la mañana sobre el césped fino y suave como una alfombra,
659 II| pájaro y volar hacia el firmamento!~ Y seguía de pie, rígida,
660 II| Poco a poco recobraba su fisonomía ordinaria y comenzaba la
661 I| con los dientes la carne flaca del pollo normando, bebiendo
662 III| despreciativamente:~ -¡Recontra, qué flacucha estaba!~ La llevamos
663 III| daría jugo á las plantas, florecería con el sol, sería pasto
664 III| arbusto.~ Salí á buscar flores, amapolas, margaritas, hojas
665 I| mes do mayo; los manzanos floridos cubrían el corral con sus
666 III| en ese vapor lechoso que flota en las cañadas al nacer
667 I| las rodillas y la mirada flotando a lo lejos.~ Porque yo
668 III| mañana encontré por suerte la flotante niebla que yo apetecía.~
669 I| de hollín.~ -¿Tenéis forasteros ahora?-pregunté. Y me respondió
670 III| huesos. Había reconocido la forma de un pie, de una pierna.~
671 III| también tuve que cumplir las formalidades acostumbradas.~ En uno
672 II| sin duda por el incendio formidable que el sol poniente reflejaba
673 II| un precio de quince mil francos. Era tan sencillo como dos
674 II| una antigua amiga, con una franqueza cordial; pero pronto noté
675 II| pronto se interrumpía en una frase que dejaba sin concluir,
676 I| insoportables solteronas que frecuentan las fondas y posadas de
677 III| inhábiles coloqué sobre su frente una cofia nueva y singular.
678 III| amapolas, margaritas, hojas frescas y perfumadas, con las cuales
679 Int| estremecidos, respirando el aire fresco de la mañana. Sobre todo,
680 I| sentidos, mejillas rosadas y frescos labios, cuyos besos resultan
681 I| arroyo que seduce con su frescura, o el olor de patatas fritas
682 III| con la expresión pálida y fría de los cadáveres, con esa
683 I| frescura, o el olor de patatas fritas en la puerta de una posada.
684 I| besos resultan sabrosos como fruta silvestre. Venga de donde
685 III| Luego puso en la mesa un frutero con cerezas, las primeras
686 I| ansia, como besando a la fuente labio a labio. A veces,
687 III| parientes ó amigos? ¿Qué fueron su infancia y su juventud? ¿
688 III| de allí el cadáver. Até fuertemente al criado por la cintura
689 | fuese
690 III| rosáceo, destacando las fugitivas sombras de los rústicos
691 III| costumbre, nada más.~ Fui a fumarme una pipa bajo los manzanos
692 III| las cuales cubrí su lecho funerario.~ Hallándome solo con
693 III| caballos, que no sentían la fusta, iban acortando el paso.
694 Int| exclamó:~ -No pecamos de galante por la mañana-. Y contemplando
695 II| cuando yo le decía con una galantería familiar que la escandalizaba
696 III| donde salen y entran las gallinas, la oprimí entre mis brazos,
697 III| Celestina que salía del gallinero. Corrí en su busca tan ligeramente
698 Int| al cochero; los caballos ganaban al paso la empinada pendiente
699 I| majestuoso y lento vuelo de una gaviota, cuyas alas blancas destacaban
700 I| la inglesa un desprecio general. El cura, consultado por
701 III| ocultaba, huyendo de las gentes? ¿Por qué adoraba con tierna
702 II| mí, observando todos mis gestos con atención reconcentrada.~
703 II| rastro en el cielo.~ El globo rojo descendía constante
704 I| mas delicioso que puede gozarse. Libre, sin trabas de ninguna
705 II| para mi era un motivo de gozo su timidez. Cuando yo salía
706 I| singular figura me hizo gracia; era seguramente mi vecina,
707 II| de molestarme, dijo:~ -Gracias-, y se fue.~ Pero en poco
708 I| Comunicaba con la cocina, grande, ahumada; donde los huéspedes,
709 III| costumbre. Miss Harriet comía gravemente, sin hablar a nadie y sin
710 III| desgraciados! Yo sentía gravitar sobre aquel despojo humano
711 III| avanzaba, como si en él gravitase todo el peso de tan espantosa
712 I| rodeado por bucles de cabello gris que oscilaban a cada paso,
713 III| destrozada y sus largos cabellos grises, destrenzados para siempre,
714 III| de la mañana, aquel amor grotesco y apasionado que motivaba
715 Int| que había sido buen mozo, guapetón, fuerte, orgulloso de su
716 III| qué íntima desesperación guardaba el cuerpo sin atractivos,
717 I| conservaban el calor del sol. Guardo recuerdos muy dulces do
718 I| parece mas agradable, sin más guía que la imaginación, sin
719 III| sed. Celestina servia un guisado de carnero con patatas,
720 Int| le haya sucedido, lo que guste.~Leon Chenal, un pintor
721 III| aquel estremecimiento por haberlo sentido; no lo confundiría
722 III| usted, señor? ¡Irse ya! ¡Nos habíamos acostumbrado á verle!~
723 I| pueblo no la estimaban. Habiéndola clasificado el maestro de
724 I| todo el día. Al siguiente, habiéndome acomodado para pintar en
725 II| Terminada la comida y habiéndonos levantado a un tiempo, anduvimos
726 II| de comer la veía y apenas hablábamos. Creyendo que sin mala intención
727 II| sonreír.~ Luego seguí hablándole de pintura, como hablaría
728 II| hablándole de pintura, como hablaría con un camarada, indicando
729 II| Por vez primera me habló, como si continuara en alta
730 III| exclamó:~ -Es un caballo. Habrá caído por la noche, saliéndose
731 I| señora Lecacheur:~ -¿Qué hace hoy nuestra endemoniada?~ -
732 I| Italia, envenenan Suiza, hacen imposibles las más hermosas
733 | haces
734 II| y el cuerpo desnudo, la hacían palpitar con emociones exageradas.~ ¡
735 II| británico tan acentuado y tan halagador, que me volví hacia ella
736 III| su lecho funerario.~ Hallándome solo con ella, también tuve
737 II| tarde la pregunté:~ -Miss Harrict, ¿por qué no está usted
738 | haya
739 I| rodeado por una doble fila de hayas.~ Abandonando la costa,
740 III| anunció el nuevo día; luego un haz de luz rojiza penetró hasta
741 I| los pies, como una caricia helada y deliciosa, el estremecimiento
742 I| venda come a una persona herida? ¡Qué profanación!~ Otra
743 II| siempre: "Hoy está usted hermosa como un astro, miss Harriet",
744 I| hacen imposibles las más hermosas ciudades del Mediterráneo,
745 II| aquel elogio que si me lo hiciese una reina. Me sedujo, me
746 II| tenderme la mano. Y nos hicimos amigos.~ Era una interesante
747 II| cosa que la disgustara ó la hiriera.~ Al cabo supuse que
748 I| Aquella singular figura me hizo gracia; era seguramente
749 I| estaba asando un pollo en el hogar donde colgaba la cadena
750 I| cielo encendido como una hoguera. A veces la descubría en
751 III| pesados en que no se mueve una hoja en los árboles. Habían sacado
752 I| colgaba la cadena cubierta de hollín.~ -¿Tenéis forasteros
753 I| veces la descubría en lo más hondo de una cañada, caminando
754 III| su castidad. La cabeza, horrible, negra y destrozada y sus
755 III| muerta lejos de su casa tan horrorosamente. ¿Dejaba en algún lugar
756 II| tristes, de las fondas y hosterias! iPobres criaturas ridículas
757 I| La Señora Lecacheur, hostil por instinto a todo lo que
758 I| Cuando tropezaba en un hotel con una de esas mujeres,
759 I| veces, cuando se descubre un hoyo en esos arroyuelos el cuerpo
760 III| que me penetró hasta los huesos. Había reconocido la forma
761 I| una de esas mujeres, yo huía como los pájaros que ven
762 III| Harriet. Viéndome, quiso huir; pero la detuve llamándola.~ -
763 III| gravitar sobre aquel despojo humano la eterna injusticia de
764 II| querido...~ Una lágrima humedeció sus párpados. Luego prosiguió:~ -¡...
765 III| derramaba sobre las paredes, hundiéndose poco á poco. Los cuatro
766 III| muy despacio, viéndole hundirse en el agujero. Llevaba el
767 III| vez! ¿Por qué se ocultaba, huyendo de las gentes? ¿Por qué
768 I| I~Tenia yo entonces veinticinco
769 III| que no sentían la fusta, iban acortando el paso. El break
770 II| palabras y penetrar en mis ideas. De vez en cuando murmuraba:~ -¡
771 I| satisfecho en aquel rincón ignorado, lejos de todo, cerca de
772 II| el fondo de su corazón mi ignorancia de las intenciones celestes,
773 II| II~Intimamos al fin de un modo
774 III| III~Fue una revelación extraña.~
775 I| sólo para ver su rostro iluminado, su rostro seco, indescriptible,
776 II| bruscamente, que me preocupaba, imaginando si pude hacer alguna cosa
777 II| irritación. Tenía brusquedades, impaciencias, nervios. Solamente a las
778 II| fiebre, un deseo exasperado, impaciente, impotente, de lo irrealizado
779 I| inclinación de cabeza, casi imperceptible, y una palabra inglesa pronunciada
780 I| echó de su casa? Por su impiedad, naturalmente.~ Era,
781 III| eterna injusticia de la implacable naturaleza. 1E1 mundo acabó
782 II| cambiado; al principio no le di importancia.~ Cuando yo trabajaba
783 I| envenenan Suiza, hacen imposibles las más hermosas ciudades
784 II| exasperado, impaciente, impotente, de lo irrealizado y de
785 III| sorprendido así por ella. Menos me impresionara si me hubiese visto cometiendo
786 I| espléndidamente, llenóla de improperios y de insultos, más exasperado
787 II| atraído sin duda por el incendio formidable que el sol poniente
788 I| sirviera. Con una suave inclinación de cabeza, casi imperceptible,
789 III| blanca y negra, extraña, incomprensible.~ Zapador exclamó:~ -
790 Int| observaba los peligros, indeciso acerca del camino que debía
791 I| iluminado, su rostro seco, indescriptible, bañado en un placer interior
792 I| petrificadas, sus tocados indescriptibles y un cierto olor a caucho,
793 II| hablaría con un camarada, indicando los tonos, las energías,
794 II| me respondía con afectada indiferencia ó con sorda irritación.
795 II| disgustarla? Siento verla indiferente.~Y me respondió con
796 I| la campesina me respondió indignadísima:~ - ¿Creerá usted que
797 III| ó amigos? ¿Qué fueron su infancia y su juventud? ¿De dónde
798 II| corazón algo muy joven, algo inflamable aún. Adoraba la Naturaleza
799 I| obstinada, come solo en Inglaterra se producen, una de esas
800 II| muy colorada, con ese rojo inglés que ningún otro pueblo posee.
801 I| las errantes solteronas inglesas.~~
802 III| cabellos y con mis manos inhábiles coloqué sobre su frente
803 III| despojo humano la eterna injusticia de la implacable naturaleza.
804 II| siempre desconsolado por las injusticias cometidas en su reino, como
805 I| dorado por la luz, y el inmenso cielo encendido como una
806 II| día; sintiendo un deseo inmoderado de abarcar el cielo, el
807 III| Harriet; su rostro no se había inmutado. Pero Celestina, la criada,
808 III| Harriet.~ Zapador no se inmutó. ¡Había visto en África
809 II| Parecía confitada en una inocencia agriada; pero había conservado
810 I| de clemátida o la mirada inocente do una moza, deciden nuestro
811 I| cubrían carnes duras, de inocentes y brutales caricias, más
812 Int| rumbo, paróse otra vez, inquieto; observaba los peligros,
813 I| contestó a mis cumplidos, insensible a mis atenciones. Le llené
814 Int| cabeceando y bostezando, insensibles a la emoción del amanecer.~
815 I| una de esas bondadosas é insoportables solteronas que frecuentan
816 II| ridículas y lamentables! ¡Me inspiráis amor desde que pude conocer
817 Int| no deseo a mis amigos que inspiren jamás otro semejante.~~
818 II| la contemplara en aquel instante el mundo entero. Recuerdo
819 I| Señora Lecacheur, hostil por instinto a todo lo que no era campesino,
820 I| llenóla de improperios y de insultos, más exasperado que si la
821 I| misterioso esfuerzo de su inteligencia. La llamaba la endemoniada.
822 II| corazón mi ignorancia de las intenciones celestes, que se esforzaba
823 II| hicimos amigos.~ Era una interesante criatura que tenía una especie
824 II| Oh, señor! Usted interpreta la Naturaleza de un modo
825 II| conversación.~ Pero de pronto se interrumpía en una frase que dejaba
826 III| secreto sufrimiento, qué íntima desesperación guardaba el
827 II| II~Intimamos al fin de un modo singular.
828 III| para que la claridad nos inundase, y acercándome al cadáver,
829 II| las fondas y hosterias! iPobres criaturas ridículas y lamentables! ¡
830 Int| Etretat muy temprano para ir a ver las minas de Tancarville,
831 III| yo apetecía.~ Algo se irguió ante mí como un fantasma;
832 III| Deduje que lo mejor sería irme y acepté por buena mi resolución.~
833 I| parecía irresistiblemente irónica. Yo tampoco la llamaba más
834 II| de lo irrealizado y de lo irrealizable. Y me parecía también adivinar
835 II| impaciente, impotente, de lo irrealizado y de lo irrealizable. Y
836 III| afecto brusco, un movimiento irreflexivo, realizado antes que meditado.~
837 I| sentimental, me parecía irresistiblemente irónica. Yo tampoco la llamaba
838 II| indiferencia ó con sorda irritación. Tenía brusquedades, impaciencias,
839 III| Qué dice usted, señor? ¡Irse ya! ¡Nos habíamos acostumbrado
840 I| de toda Europa, deslucen Italia, envenenan Suiza, hacen
841 III| inclinados sobre la abertura, izamos el cadáver.~La señora Lecacheur
842 III| la bodega para llenar el jarro de sidra; todos tentamos
843 II| Lecacheur vociferando:~ -jEh! patrona, patrona; salga
844 I| y que lo ha dejado en su jofaina, poniéndole una venda come
845 I| los había, comían con los jornaleros de la casa y con la patrona,
846 III| hora en que su cuerpo daría jugo á las plantas, florecería
847 | juntos
848 II| con la cuchilla, un efecto justo y deseado, ella lanzaba
849 III| sintiéndome ridículo y juzgándola infeliz hasta la demencia.~
850 I| muerte del pecador; y ye la juzgo persona de una moralidad
851 Int| luego atravesó una tierra labrada, se detuvo, emprendió nuevamente
852 II| retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban como si se les
853 II| hora tras hora sobre una ladera azotada por el viento, sus
854 II| he querido...~ Una lágrima humedeció sus párpados.
855 III| luchado mucho contra sus lágrimas, y que no pudiendo más,
856 Int| divertida; voy a referir el más lamentable amor de mi juventud. Y no
857 II| iPobres criaturas ridículas y lamentables! ¡Me inspiráis amor desde
858 I| el alma en las cumbres y languidece con melancolía junto a los
859 III| Celestina, echando a correr, lanzaban gritos penetrantes.~
860 Int| que debía tomar; al fin se lanzó a correr, desesperado, y
861 I| brazos, al no asomar una larga mano a la altura del muslo,
862 I| Naturaleza, sólo con ella, en largas y silenciosas entrevistas.
863 I| dos sillas, una mesa y un lavabo. Comunicaba con la cocina,
864 III| primeras del año.~ Queriendo lavarlas y refrescarlas, pedí a la
865 I| plácido y tranquilo por mil lazos amorosos que me unían a
866 Int| del animalito.~ René Lemanoir exclamó:~ -No pecamos
867 I| extranjera, de otra raza, de otra lengua, de otra religión. ¡Era
868 II| acariciaba nuestra piel: brisa lenta y salada, porque había recibido
869 I| contemplaba el majestuoso y lento vuelo de una gaviota, cuyas
870 Int| sucedido, lo que guste.~Leon Chenal, un pintor viejo,
871 III| recibido nunca un beso...~León Chenal acabó así. Las mujeres
872 III| abrazados; ella con la cabeza levantada hacia él, y él inclinándose
873 II| la comida y habiéndonos levantado a un tiempo, anduvimos a
874 I| hasta Etrotat, descubrí, levantando los ojos, algo singular,
875 III| sin hablar a nadie y sin levantar los ojos. En su rostro y
876 II| embetunadas ante mi puerta al levantarme, aquellos libritos de propaganda
877 III| derramarse, resiste aún. Me levanté de un salto, conmovido por
878 I| ramas, y miss Harriet se levantó avergonzada de que la hubiera
879 I| la mesa, comía de prisa y leyendo algún libro do propaganda
880 I| sombra de un manzano, con su librejo bíblico abierto sobre las
881 I| campesina, sorprendida, un librito de los destinados a convertir
882 I| de prisa y leyendo algún libro do propaganda protestante;
883 Int| gritó:~ -¡Ahí va una liebre!~ Y extendió el brazo
884 I| estremecimiento de la corriente viva y ligera.~ Se alegra el alma en
885 III| gallinero. Corrí en su busca tan ligeramente y tan silencioso que no
886 I| campesino, sentía en su alma limitada una especie de odio hacia
887 III| fuerte como un caballo; y limpia, cosa rara. Tropezándola
888 II| lejos, muy lejos, en la línea del horizonte, un barco
889 III| temblando tanto, que la linterna bailaba en mi mano.~ -
890 I| costa, la costa rocosa y lisa como una muralla, con salientes
891 I| El mozo de cuadra, al que llamaban Zapador porque había servido
892 III| quiso huir; pero la detuve llamándola.~ -Venga usted, señorita,
893 I| Asombrada al oírme llamarla por su nombrc come si la
894 II| Llegando a la casa, llamé a gritos a la señora Lecacheur
895 III| compensación de su miseria. Llegaba la hora en que su cuerpo
896 II| cuando les anuncian que ha llegado el último día de su vida.
897 III| comadres de la vecindad llegaron para ver á la difunta, pero
898 I| vagando por esta misma tierra, llegué una vez a Benoiville, un
899 I| se conocía en el pueblo, llenaban de dudas las almas sencillas
900 III| Zapador iba á la bodega para llenar el jarro de sidra; todos
901 I| insensible a mis atenciones. Le llené la copa de agua, ofreciéndole
902 II| aire tibio y embalsamado, lleno de los olores de las hierbas
903 I| cuando cobró espléndidamente, llenóla de improperios y de insultos,
904 I| pisado una pata, que lo ha llevado a su habitación y que lo
905 III| flacucha estaba!~ La llevamos a su cuarto, y como las
906 I| ciudades del Mediterráneo, llevan a todas partes sus estrambóticas
907 I| toda la Naturaleza y le llevo siempre en mi corazón."
908 III| bruscamente, arrancó a llorar. Lloraba con espasmos nerviosos,
909 III| Chenal acabó así. Las mujeres lloraban; en el pescante el conde
910 I| presentáis, unos ojos que lloran cuando os despedís, son
911 I| pétalos rosados en continua lluvia, cayendo sobre la hierba.~
912 Int| animaron viendo la carrera loca del animalito.~ René
913 III| colgaban, chorreando agua y lodo. Zapador exclamó despreciativamente:~ -¡
914 Int| baronesita de Serennes, que luchaba contra el sueño, le dijo
915 III| nerviosos, como quien ha luchado mucho contra sus lágrimas,
916 II| combate interior: su corazón luchando con una fuerza desconocida
917 Int| acariciándose la barba luenga y canosa, y sonriendo, reflexionó
918 III| horrorosamente. ¿Dejaba en algún lugar de la tierra parientes ó
919 I| De pronto el portillo de madera quo daba al camino abrióse
920 Int| poco acostumbradas a los madrugones de los cazadores, cerraban
921 I| Habiéndola clasificado el maestro de atea, pesaba sobre la
922 Int| segados, como una barba mal afeitada. La bruma, baja,
923 II| hablábamos. Creyendo que sin mala intención acaso pude ofenderla,
924 III| barranco profundo tapizado por malezas, y a cuya boca se asomaban
925 II| acento de cólera y algo de malicia:~ -Estoy con usted lo
926 I| opiniones. Decía con intención maliciosa:~ -Es una vieja que ha
927 II| presencia de una perra dando de mamar a sus cachorros, de una
928 Int| pecamos de galante por la mañana-. Y contemplando a su vecina
929 III| días trabajando todas las mañanas desde el amanecer en un
930 I| Se descansa junto a un manantial que brota al pie do una
931 I| partes sus estrambóticas manías, -sue costumbres do vestales
932 II| alma que la obligaban a manifestar a saltos sus emociones.
933 I| y no parecía dispuesta a marcharse. No hablaba nunca en la
934 Int| voz: -No se preocupe de su marido, baronesa. Tranqui1icese;
935 I| nuevamente al agua, y el marinero, aún cuando cobró espléndidamente,
936 I| crece oreado por Los aires marines. Y cantando alegremente,
937 II| el paladar con su sabor marítimo, acariciaba el alma con
938 III| farol se detuvo sobre una masa confusa, blanca y negra,
939 I| del collado; parecía un mástil empavesado. Era ella. Viéndome,
940 Int| cantaban ocultos entre los matorrales.~ Al fin el sol apareció
941 I| desconfianza.~ Corría el mes do mayo; los manzanos floridos cubrían
942 II| Volví la cabeza para que no mc viera sonreír.~ Luego
943 Int| contra el sueño, le dijo a media voz: -No se preocupe de
944 Int| rojo al principio, y a medida que ascendía, más claro
945 II| filósofo de aldea, sin grandes medios y sin gran poder, porque
946 III| irreflexivo, realizado antes que meditado.~ Abandonó durante algunos
947 I| más hermosas ciudades del Mediterráneo, llevan a todas partes sus
948 III| hacer.~ Deduje que lo mejor sería irme y acepté por
949 I| cumbres y languidece con melancolía junto a los estanques; exáltase
950 | Menos
951 II| sus pequeñas ondas á cien metros de profundidad; y absorbíamos,
952 III| de mi viaje: todo esto, mezclado, revuelto, estremecía mi
953 | mía
954 III| segundos sus manos entre las mías, y las sentí palpitar como
955 | mientras
956 III| sorprendido como ante un milagro, y desconsolado lado como
957 Int| temprano para ir a ver las minas de Tancarville, nos desperezábamos
958 I| podremos verlo.~ En cinco minutes nos convinimos y dejé mi
959 III| complacerme, y al cabo de cinco minutos volvió diciendo que el pozo
960 II| camino, diciéndole:~ -Mira esto; no verás con frecuencia
961 II| en su cuarto. A veces me miraba de un modo extraño. Luego
962 III| tocarla, un ojo se abrió, mirándome con la expresión pálida
963 II| condenados a muerte deben mirar así cuando les anuncian
964 III| acostumbrado á verle!~ Miré de reojo a miss Harriet;
965 III| cirios contemplaba yo a la miserable mujer desconocida, muerta
966 III| porvenir la compensación de su miseria. Llegaba la hora en que
967 | mismo
968 II| especie de locura; una locura misteriosa y violenta, y además una
969 I| provocada por no sé qué misterioso esfuerzo de su inteligencia.
970 II| aquella su manera de ser, algo modificada en mi honor, al principio
971 Int| es usted!-Y sacudiendo la modorra prosiguió: -Cuente usted
972 I| fresca y cristalina que moja el bigote y la nariz, se
973 II| pronto, acaso temerosa de molestarme, dijo:~ -Gracias-, y
974 II| pasando detrás de mi en el momento en que yo presentaba el
975 I| la juzgo persona de una moralidad perfecta.~ Estas palabras "
976 II| podido evitarlos.~ Se mostraba excelentemente relacionada
977 II| quince años.~ Al fin acabó mostrándose muy esquiva; ya no me acompañaba
978 III| grotesco y apasionado que motivaba yo, recuerdos despertados
979 I| acercaba entonces á ella, movido no sé por qué curiosidad,
980 II| de mi pincel en todos sus movimientos. Cuando yo conseguía, con
981 III| enamorados: un muchachote y una mozuela, unidos, abrazados; ella
982 | mucha
983 I| cuatro por conducto do un muchacho, al cual daba la inglesa
984 III| adivinaban, dos enamorados: un muchachote y una mozuela, unidos, abrazados;
985 II| horas y horas inmóvil y muda, siguiendo con la vista
986 III| miserable mujer desconocida, muerta lejos de su casa tan horrorosamente. ¿
987 III| abrasadores y pesados en que no se mueve una hoja en los árboles.
988 I| costa rocosa y lisa como una muralla, con salientes sobre el
989 II| ideas. De vez en cuando murmuraba:~ -¡Oh! Lo he comprendido,
990 III| pie, de una pierna.~ Y murmuré, temblando tanto, que la
991 III| los brazos tronchados, los músculos reblandecidos; temí que
992 I| larga mano a la altura del muslo, sosteniendo una sombrilla
993 III| flota en las cañadas al nacer el día. Y en el fondo de
994 I| que moja el bigote y la nariz, se bebe con ansia, como
995 I| su casa? Por su impiedad, naturalmente.~ Era, en verdad, una
996 III| gritos penetrantes.~ Era necesario sacar de allí el cadáver.
997 III| llorar. Lloraba con espasmos nerviosos, como quien ha luchado mucho
998 | ni
999 II| entre las piernas, de un nido de pájaros con las crías
1000 III| encontré por suerte la flotante niebla que yo apetecía.~ Algo
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