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Guy de Maupassant
Miss Harriet

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


1e1-direc | dirig-niebl | ningu-vele | ven-zarza

     Párrafo
501 II| Pero no pasó. Cuando yo la dirigía la palabra, me respondía 502 III| terminase la comida, y entonces, dirigiéndome á la patrona, dije:~    - 503 I| y una extraña figura se dirigió hacia la casa. Era muy delgada, 504 I| tan singular, que no me disgustaba.~    La Señora Lecacheur, 505 III| pobre mujer, sorprendida y disgustada, exclamó:~    -¡Qué dice 506 II| hacer alguna cosa que la disgustara ó la hiriera.~    Al cabo 507 II| como antes? ¿Qué hice para disgustarla? Siento verla indiferente.~ 508 I| aquello sin enfurecerse y sin disparatar, vomitando ultrajes. ¡Oh! 509 I| pregunté. Y me respondió con displicencia:~    -Tengo una señora, 510 I| antes que yo, y no parecía dispuesta a marcharse. No hablaba 511 II| con ojos estúpidos que no distinguían nada, que no sabían siquiera 512 I| por mujeres encantadoras y distinguidas.~    Pero lo que más agrada 513 I| arrodillada sobre un zarzal. Distinguiendo algo rojo entre las hojas, 514 III| quise verlo y me pareció distinguir una cosa blanca. ¿Qué sería? 515 I| lo que más agrada en esas divagaciones al azar, es el campo. El 516 Int| No es una historia divertida; voy a referir el más lamentable 517 II| de la Naturaleza, la obra divina. Mis estudios le parecían 518 I| normando rodeado por una doble fila de hayas.~    Abandonando 519 II| desconocida que no podía dominar; y acaso también otra cosa... ¡ 520 | dónde 521 II| caía sobre la piedra y la doraba con su fuego. No había más; 522 III| aguardase noticias del pobre ser dormido para siempre.~    Entre 523 I| en el pueblo, llenaban de dudas las almas sencillas do los 524 III| derecho al corazón, que nunca dudo para comprenderlo.~    Todo 525 III| perro abandonado por su dueño? ¿Qué secreto sufrimiento, 526 I| detrás del establo donde duermen las vacas, y sobre los pajares 527 II| Era una tarde templada y dulce; una de esas tardes bienhechoras 528 II| acariciaba el alma con su dulzura penetrante. Caminábamos 529 Int| conquistas venturosas que al duque de Richelieu, cuéntenos 530 I| bastas que cubrían carnes duras, de inocentes y brutales 531 I| sidra clara, comiendo pan duro, pero excelente.~    De 532 I| una de esas bondadosas é insoportables solteronas 533 III| señora Lecacheur y Celestina, echando a correr, lanzaban gritos 534 I| porque había servido en el ejército de África, abrigaba otras 535 I| muy de prisa, con su paso elástico de inglesa, y me acercaba 536 II| más conmovido por aquel elogio que si me lo hiciese una 537 II| dichosos. El aire tibio y embalsamado, lleno de los olores de 538 II| de pinturas, en mis botas embetunadas ante mi puerta al levantarme, 539 III| Luego le quité las ropas empapadas en agua, descubriendo un 540 I| collado; parecía un mástil empavesado. Era ella. Viéndome, desapareció.~    541 I| cubierto junto a la puerta y empecé a destrozar con los dientes 542 III| Nadie la extraño y empezamos a comer en silencio.~    543 Int| caballos ganaban al paso la empinada pendiente sobre la cual 544 II| Cuando yo conseguía, con un emplasto de color puesto bruscamente 545 Int| tierra labrada, se detuvo, emprendió nuevamente su rápida marcha, 546 I| venga, el amor siempre nos encanta. Un corazón que palpita 547 I| estudiados, ofrecidos por mujeres encantadoras y distinguidas.~    Pero 548 I| sin más consejero que el encanto de los ojos. Nos detiene 549 I| luz, y el inmenso cielo encendido como una hoguera. A veces 550 III| acaso también los ojos encendidos de la criada clavados en 551 III| labios ansia de besos y encendiendo en mis venas el deseo de 552 I| caucho, como si de noche las encerraran en un estuche.~    Cuando 553 II| es verdad.~    Y corrió a encerrarse en su cuarto. A veces me 554 I| que brota al pie do una encina, entre hierbas delgadas, 555 I| de la solterona. Y había encontrado una expresión para calificarla, 556 II| indicando los tonos, las energías, el vigor, con los términos 557 III| criminal.~    Apenas dormí, enervado, abrumado por tristes pensamientos. 558 I| podía recordar aquello sin enfurecerse y sin disparatar, vomitando 559 III| patatas, un conejo salteado y ensalada. Luego puso en la mesa un 560 II| presentaba el lienzo para enseñárselo á la patrona. "La endemoniada" 561 II| entero. Recuerdo que la enseñé á una vaca, al borde del 562 I| la mesa de la cocina para entablar amistades con aquella figura 563 I| pronunciada tan bajo que no la entendí, quedó contestado.~    No 564 II| aquel instante el mundo entero. Recuerdo que la enseñé 565 III| instantes, pidiendo que la enterrasen en aquel villorrio donde 566 III| agujero por donde salen y entran las gallinas, la oprimí 567 III| difunta, pero no consentí que entraran en su cuarto; prefería estar 568 II| absorbíamos, con la boca entreabierta y el pecho dilatado, la 569 I| corazón." Y dicho esto, entregaba a la campesina, sorprendida, 570 Int| Cuente usted algo para entretenernos. O usted, Chenal, a quien 571 I| en largas y silenciosas entrevistas. Así, tumbado entre margaritas 572 III| llegó. La señora Lecacheur entró en su cuarto; la inglesa 573 I| Europa, deslucen Italia, envenenan Suiza, hacen imposibles 574 III| durante toda la vida, ridícula envoltura que alejó de la infeliz 575 I| Era muy delgada, muy alta, envolviéndose de tal modo en un chal escocés 576 II| emociones. Le faltaba el equilibrio como a todas las solteras 577 | Éramos 578 | eran 579 I| los ojos, algo singular, erguido sobre una cresta del collado; 580 II| galantería familiar que la escandalizaba siempre: "Hoy está usted 581 III| temí que la cuerda se me escapara de las manos, dejando caer 582 II| colocarlo de manera que no escapase a su vista. Miss Harriet 583 I| envolviéndose de tal modo en un chal escocés a cuadros rojos, que se 584 III| las piernas, corrieron á esconderse.~    Zapador, cogiéndola 585 III| bolsillos encontré una carta, escrita en los últimos instantes, 586 II| términos del oficio. Ella escuchaba muy atenta, comprendiendo, 587 II| intenciones celestes, que se esforzaba en revelarme; y yo encontraba 588 Int| cuatro días. Ella respondió, esforzándose para sonreír:~    -¡Qué 589 I| por no qué misterioso esfuerzo de su inteligencia. La llamaba 590 III| la mirada de alguien á mi espalda?~    Era miss Harriet que 591 I| como los pájaros que ven un espantajo en un sembrado.~    Aquella, 592 III| gravitase todo el peso de tan espantosa tristeza.~FIN~ 593 III| arrancó a llorar. Lloraba con espasmos nerviosos, como quien ha 594 III| permanecía inmóvil, como ante un espectro. Luego se perdió entre las 595 III| Harriet aquella mañana. La esperamos, pero no llegó. La señora 596 III| todos los desheredados: la esperanza de que los amen alguna vez! ¿ 597 III| infeliz creyera en Dios y esperara en un porvenir la compensación 598 III| advertía cambio alguno.~    Esperé a que terminase la comida, 599 III| el fondo de aquella bruma espesa y translúcida se veían aparecer, 600 II| largos cabellos retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban 601 I| marinero, aún cuando cobró espléndidamente, llenóla de improperios 602 II| fin acabó mostrándose muy esquiva; ya no me acompañaba ni 603 III| poco á poco. Los cuatro estábamos inclinados sobre la boca 604 II| cabellos retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban como si 605 I| de violetas, detrás del establo donde duermen las vacas, 606 I| la señora Lecacheur había estado verdaderamente inspirada 607 I| con melancolía junto a los estanques; exáltase cuando se sumerge 608 | estar 609 | Estas 610 I| de odio hacia las maneras estáticas de la solterona. Y había 611 I| En el pueblo no la estimaban. Habiéndola clasificado 612 II| y algo de malicia:~    -Estoy con usted lo mismo que siempre. 613 I| llevan a todas partes sus estrambóticas manías, -sue costumbres 614 III| para siempre en el pozo estrecho. Ya no sufría.~    Pasaban 615 III| esto, mezclado, revuelto, estremecía mi carne, provocando en 616 III| bruscamente? ¿Por qué me volví estremecido? ¿Cómo noté la mirada de 617 Int| nos desperezábamos aún, estremecidos, respirando el aire fresco 618 I| noche las encerraran en un estuche.~    Cuando tropezaba en 619 I| sinceras que los placeres estudiados, ofrecidos por mujeres encantadoras 620 II| Naturaleza, la obra divina. Mis estudios le parecían así como cuadros 621 II| detuvo en seco, sobrecogida, estupefacta. Era su roca, según creo, 622 II| contemplando mi obra con ojos estúpidos que no distinguían nada, 623 III| boceto. No dijo nada, pero estuvo largo tiempo inmóvil, contemplando; 624 III| aquel despojo humano la eterna injusticia de la implacable 625 I| y que se prolonga hasta Etrotat, descubrí, levantando los 626 I| fondas y posadas de toda Europa, deslucen Italia, envenenan 627 II| si El no hubiese podido evitarlos.~    Se mostraba excelentemente 628 II| hacían palpitar con emociones exageradas.~    ¡Pobres criaturas solitarias, 629 I| Era, en verdad, una exaltada por los principios, una 630 II| por los animales un afecto exaltado, como el fermento de un 631 I| melancolía junto a los estanques; exáltase cuando se sumerge el sol 632 I| comiendo pan duro, pero excelente.~    De pronto el portillo 633 II| evitarlos.~    Se mostraba excelentemente relacionada con el Creador 634 | excepto 635 II| dos y dos son cuatro, y exento de todas las reglas académicas. 636 II| señorita.~    Ella murmuró extasiada, cómica y tiernamente:~    -¡ 637 II| parecido la caricatura del éxtasis.~    Volví la cabeza para 638 Int| uno y otro lado del camino extendíanse los rastrojos, mostrando 639 Int| Ahí va una liebre!~    Y extendió el brazo hacia la izquierda, 640 I| porque miss Harriet era extranjera, de otra raza, de otra lengua, 641 III| manzanos y paseándome de un extremo a otro del corral. Todas 642 II| saltos sus emociones. Le faltaba el equilibrio como a todas 643 II| decía con una galantería familiar que la escandalizaba siempre: " 644 III| se irguió ante mí como un fantasma; era miss Harriet. Viéndome, 645 III| salida.~    Al amanecer, la fatiga me rindió; dormí aletargado 646 II| Sentábase bruscamente, fatigada como si hubiese corrido 647 Int| orgulloso de su figura y muy favorecido por las mujeres, acariciándose 648 II| palpitante.~    Me ruboricé, a fe mía, más conmovido por aquel 649 I| Etretat. Había salido de Fécamp siguiendo la costa, la costa 650 I| delgadas, altas, relucientes, fecundas. Arrodillado, inclinándose, 651 I| verde del mar; pasé un día feliz, despreocupado y libre.~    652 II| afecto exaltado, como el fermento de un vino de muchos años, 653 I| la verde tierra que todos fertilizaremos con nuestro cuerpo algún 654 II| y violenta, y además una fiebre, un deseo exasperado, impaciente, 655 I| la hubiera descubierto, fijando en mí sus ojos asustados, 656 I| normando rodeado por una doble fila de hayas.~    Abandonando 657 II| su Dios; una especie de filósofo de aldea, sin grandes medios 658 I| la mañana sobre el césped fino y suave como una alfombra, 659 II| pájaro y volar hacia el firmamento!~    Y seguía de pie, rígida, 660 II| Poco a poco recobraba su fisonomía ordinaria y comenzaba la 661 I| con los dientes la carne flaca del pollo normando, bebiendo 662 III| despreciativamente:~    -¡Recontra, qué flacucha estaba!~    La llevamos 663 III| daría jugo á las plantas, florecería con el sol, sería pasto 664 III| arbusto.~    Salí á buscar flores, amapolas, margaritas, hojas 665 I| mes do mayo; los manzanos floridos cubrían el corral con sus 666 III| en ese vapor lechoso que flota en las cañadas al nacer 667 I| las rodillas y la mirada flotando a lo lejos.~    Porque yo 668 III| mañana encontré por suerte la flotante niebla que yo apetecía.~    669 I| de hollín.~    -¿Tenéis forasteros ahora?-pregunté. Y me respondió 670 III| huesos. Había reconocido la forma de un pie, de una pierna.~    671 III| también tuve que cumplir las formalidades acostumbradas.~    En uno 672 II| sin duda por el incendio formidable que el sol poniente reflejaba 673 II| un precio de quince mil francos. Era tan sencillo como dos 674 II| una antigua amiga, con una franqueza cordial; pero pronto noté 675 II| pronto se interrumpía en una frase que dejaba sin concluir, 676 I| insoportables solteronas que frecuentan las fondas y posadas de 677 III| inhábiles coloqué sobre su frente una cofia nueva y singular. 678 III| amapolas, margaritas, hojas frescas y perfumadas, con las cuales 679 Int| estremecidos, respirando el aire fresco de la mañana. Sobre todo, 680 I| sentidos, mejillas rosadas y frescos labios, cuyos besos resultan 681 I| arroyo que seduce con su frescura, o el olor de patatas fritas 682 III| con la expresión pálida y fría de los cadáveres, con esa 683 I| frescura, o el olor de patatas fritas en la puerta de una posada. 684 I| besos resultan sabrosos como fruta silvestre. Venga de donde 685 III| Luego puso en la mesa un frutero con cerezas, las primeras 686 I| ansia, como besando a la fuente labio a labio. A veces, 687 III| parientes ó amigos? ¿Qué fueron su infancia y su juventud? ¿ 688 III| de allí el cadáver. Até fuertemente al criado por la cintura 689 | fuese 690 III| rosáceo, destacando las fugitivas sombras de los rústicos 691 III| costumbre, nada más.~    Fui a fumarme una pipa bajo los manzanos 692 III| las cuales cubrí su lecho funerario.~    Hallándome solo con 693 III| caballos, que no sentían la fusta, iban acortando el paso. 694 Int| exclamó:~    -No pecamos de galante por la mañana-. Y contemplando 695 II| cuando yo le decía con una galantería familiar que la escandalizaba 696 III| donde salen y entran las gallinas, la oprimí entre mis brazos, 697 III| Celestina que salía del gallinero. Corrí en su busca tan ligeramente 698 Int| al cochero; los caballos ganaban al paso la empinada pendiente 699 I| majestuoso y lento vuelo de una gaviota, cuyas alas blancas destacaban 700 I| la inglesa un desprecio general. El cura, consultado por 701 III| ocultaba, huyendo de las gentes? ¿Por qué adoraba con tierna 702 II| mí, observando todos mis gestos con atención reconcentrada.~    703 II| rastro en el cielo.~    El globo rojo descendía constante 704 I| mas delicioso que puede gozarse. Libre, sin trabas de ninguna 705 II| para mi era un motivo de gozo su timidez. Cuando yo salía 706 I| singular figura me hizo gracia; era seguramente mi vecina, 707 II| de molestarme, dijo:~    -Gracias-, y se fue.~    Pero en poco 708 I| Comunicaba con la cocina, grande, ahumada; donde los huéspedes, 709 III| costumbre. Miss Harriet comía gravemente, sin hablar a nadie y sin 710 III| desgraciados! Yo sentía gravitar sobre aquel despojo humano 711 III| avanzaba, como si en él gravitase todo el peso de tan espantosa 712 I| rodeado por bucles de cabello gris que oscilaban a cada paso, 713 III| destrozada y sus largos cabellos grises, destrenzados para siempre, 714 III| de la mañana, aquel amor grotesco y apasionado que motivaba 715 Int| que había sido buen mozo, guapetón, fuerte, orgulloso de su 716 III| qué íntima desesperación guardaba el cuerpo sin atractivos, 717 I| conservaban el calor del sol. Guardo recuerdos muy dulces do 718 I| parece mas agradable, sin más guía que la imaginación, sin 719 III| sed. Celestina servia un guisado de carnero con patatas, 720 Int| le haya sucedido, lo que guste.~Leon Chenal, un pintor 721 III| aquel estremecimiento por haberlo sentido; no lo confundiría 722 III| usted, señor? ¡Irse ya! ¡Nos habíamos acostumbrado á verle!~    723 I| pueblo no la estimaban. Habiéndola clasificado el maestro de 724 I| todo el día. Al siguiente, habiéndome acomodado para pintar en 725 II| Terminada la comida y habiéndonos levantado a un tiempo, anduvimos 726 II| de comer la veía y apenas hablábamos. Creyendo que sin mala intención 727 II| sonreír.~    Luego seguí hablándole de pintura, como hablaría 728 II| hablándole de pintura, como hablaría con un camarada, indicando 729 II| Por vez primera me habló, como si continuara en alta 730 III| exclamó:~    -Es un caballo. Habrá caído por la noche, saliéndose 731 I| señora Lecacheur:~    -¿Qué hace hoy nuestra endemoniada?~    - 732 I| Italia, envenenan Suiza, hacen imposibles las más hermosas 733 | haces 734 II| y el cuerpo desnudo, la hacían palpitar con emociones exageradas.~    ¡ 735 II| británico tan acentuado y tan halagador, que me volví hacia ella 736 III| su lecho funerario.~    Hallándome solo con ella, también tuve 737 II| tarde la pregunté:~    -Miss Harrict, ¿por qué no está usted 738 | haya 739 I| rodeado por una doble fila de hayas.~    Abandonando la costa, 740 III| anunció el nuevo día; luego un haz de luz rojiza penetró hasta 741 I| los pies, como una caricia helada y deliciosa, el estremecimiento 742 I| venda come a una persona herida? ¡Qué profanación!~    Otra 743 II| siempre: "Hoy está usted hermosa como un astro, miss Harriet", 744 I| hacen imposibles las más hermosas ciudades del Mediterráneo, 745 II| aquel elogio que si me lo hiciese una reina. Me sedujo, me 746 II| tenderme la mano. Y nos hicimos amigos.~    Era una interesante 747 II| cosa que la disgustara ó la hiriera.~    Al cabo supuse que 748 I| Aquella singular figura me hizo gracia; era seguramente 749 I| estaba asando un pollo en el hogar donde colgaba la cadena 750 I| cielo encendido como una hoguera. A veces la descubría en 751 III| pesados en que no se mueve una hoja en los árboles. Habían sacado 752 I| colgaba la cadena cubierta de hollín.~    -¿Tenéis forasteros 753 I| veces la descubría en lo más hondo de una cañada, caminando 754 III| su castidad. La cabeza, horrible, negra y destrozada y sus 755 III| muerta lejos de su casa tan horrorosamente. ¿Dejaba en algún lugar 756 II| tristes, de las fondas y hosterias! iPobres criaturas ridículas 757 I| La Señora Lecacheur, hostil por instinto a todo lo que 758 I| Cuando tropezaba en un hotel con una de esas mujeres, 759 I| veces, cuando se descubre un hoyo en esos arroyuelos el cuerpo 760 III| que me penetró hasta los huesos. Había reconocido la forma 761 I| una de esas mujeres, yo huía como los pájaros que ven 762 III| Harriet. Viéndome, quiso huir; pero la detuve llamándola.~    - 763 III| gravitar sobre aquel despojo humano la eterna injusticia de 764 II| querido...~    Una lágrima humedeció sus párpados. Luego prosiguió:~    -¡... 765 III| derramaba sobre las paredes, hundiéndose poco á poco. Los cuatro 766 III| muy despacio, viéndole hundirse en el agujero. Llevaba el 767 III| vez! ¿Por qué se ocultaba, huyendo de las gentes? ¿Por qué 768 I| I~Tenia yo entonces veinticinco 769 III| que no sentían la fusta, iban acortando el paso. El break 770 II| palabras y penetrar en mis ideas. De vez en cuando murmuraba:~    -¡ 771 I| satisfecho en aquel rincón ignorado, lejos de todo, cerca de 772 II| el fondo de su corazón mi ignorancia de las intenciones celestes, 773 II| II~Intimamos al fin de un modo 774 III| III~Fue una revelación extraña.~    775 I| sólo para ver su rostro iluminado, su rostro seco, indescriptible, 776 II| bruscamente, que me preocupaba, imaginando si pude hacer alguna cosa 777 II| irritación. Tenía brusquedades, impaciencias, nervios. Solamente a las 778 II| fiebre, un deseo exasperado, impaciente, impotente, de lo irrealizado 779 I| inclinación de cabeza, casi imperceptible, y una palabra inglesa pronunciada 780 I| echó de su casa? Por su impiedad, naturalmente.~    Era, 781 III| eterna injusticia de la implacable naturaleza. 1E1 mundo acabó 782 II| cambiado; al principio no le di importancia.~    Cuando yo trabajaba 783 I| envenenan Suiza, hacen imposibles las más hermosas ciudades 784 II| exasperado, impaciente, impotente, de lo irrealizado y de 785 III| sorprendido así por ella. Menos me impresionara si me hubiese visto cometiendo 786 I| espléndidamente, llenóla de improperios y de insultos, más exasperado 787 II| atraído sin duda por el incendio formidable que el sol poniente 788 I| sirviera. Con una suave inclinación de cabeza, casi imperceptible, 789 III| blanca y negra, extraña, incomprensible.~    Zapador exclamó:~    - 790 Int| observaba los peligros, indeciso acerca del camino que debía 791 I| iluminado, su rostro seco, indescriptible, bañado en un placer interior 792 I| petrificadas, sus tocados indescriptibles y un cierto olor a caucho, 793 II| hablaría con un camarada, indicando los tonos, las energías, 794 II| me respondía con afectada indiferencia ó con sorda irritación. 795 II| disgustarla? Siento verla indiferente.~Y     me respondió con 796 I| la campesina me respondió indignadísima:~    - ¿Creerá usted que 797 III| ó amigos? ¿Qué fueron su infancia y su juventud? ¿De dónde 798 II| corazón algo muy joven, algo inflamable aún. Adoraba la Naturaleza 799 I| obstinada, come solo en Inglaterra se producen, una de esas 800 II| muy colorada, con ese rojo inglés que ningún otro pueblo posee. 801 I| las errantes solteronas inglesas.~~ 802 III| cabellos y con mis manos inhábiles coloqué sobre su frente 803 III| despojo humano la eterna injusticia de la implacable naturaleza. 804 II| siempre desconsolado por las injusticias cometidas en su reino, como 805 I| dorado por la luz, y el inmenso cielo encendido como una 806 II| día; sintiendo un deseo inmoderado de abarcar el cielo, el 807 III| Harriet; su rostro no se había inmutado. Pero Celestina, la criada, 808 III| Harriet.~    Zapador no se inmutó. ¡Había visto en África 809 II| Parecía confitada en una inocencia agriada; pero había conservado 810 I| de clemátida o la mirada inocente do una moza, deciden nuestro 811 I| cubrían carnes duras, de inocentes y brutales caricias, más 812 Int| rumbo, paróse otra vez, inquieto; observaba los peligros, 813 I| contestó a mis cumplidos, insensible a mis atenciones. Le llené 814 Int| cabeceando y bostezando, insensibles a la emoción del amanecer.~    815 I| una de esas bondadosas é insoportables solteronas que frecuentan 816 II| ridículas y lamentables! ¡Me inspiráis amor desde que pude conocer 817 Int| no deseo a mis amigos que inspiren jamás otro semejante.~~ 818 II| la contemplara en aquel instante el mundo entero. Recuerdo 819 I| Señora Lecacheur, hostil por instinto a todo lo que no era campesino, 820 I| llenóla de improperios y de insultos, más exasperado que si la 821 I| misterioso esfuerzo de su inteligencia. La llamaba la endemoniada. 822 II| corazón mi ignorancia de las intenciones celestes, que se esforzaba 823 II| hicimos amigos.~    Era una interesante criatura que tenía una especie 824 II| Oh, señor! Usted interpreta la Naturaleza de un modo 825 II| conversación.~    Pero de pronto se interrumpía en una frase que dejaba 826 III| secreto sufrimiento, qué íntima desesperación guardaba el 827 II| II~Intimamos al fin de un modo singular. 828 III| para que la claridad nos inundase, y acercándome al cadáver, 829 II| las fondas y hosterias! iPobres criaturas ridículas y lamentables! ¡ 830 Int| Etretat muy temprano para ir a ver las minas de Tancarville, 831 III| yo apetecía.~    Algo se irguió ante mí como un fantasma; 832 III| Deduje que lo mejor sería irme y acepté por buena mi resolución.~    833 I| parecía irresistiblemente irónica. Yo tampoco la llamaba más 834 II| de lo irrealizado y de lo irrealizable. Y me parecía también adivinar 835 II| impaciente, impotente, de lo irrealizado y de lo irrealizable. Y 836 III| afecto brusco, un movimiento irreflexivo, realizado antes que meditado.~    837 I| sentimental, me parecía irresistiblemente irónica. Yo tampoco la llamaba 838 II| indiferencia ó con sorda irritación. Tenía brusquedades, impaciencias, 839 III| Qué dice usted, señor? ¡Irse ya! ¡Nos habíamos acostumbrado 840 I| de toda Europa, deslucen Italia, envenenan Suiza, hacen 841 III| inclinados sobre la abertura, izamos el cadáver.~La señora Lecacheur 842 III| la bodega para llenar el jarro de sidra; todos tentamos 843 II| Lecacheur vociferando:~    -jEh! patrona, patrona; salga 844 I| y que lo ha dejado en su jofaina, poniéndole una venda come 845 I| los había, comían con los jornaleros de la casa y con la patrona, 846 III| hora en que su cuerpo daría jugo á las plantas, florecería 847 | juntos 848 II| con la cuchilla, un efecto justo y deseado, ella lanzaba 849 III| sintiéndome ridículo y juzgándola infeliz hasta la demencia.~    850 I| muerte del pecador; y ye la juzgo persona de una moralidad 851 Int| luego atravesó una tierra labrada, se detuvo, emprendió nuevamente 852 II| retorcidos en espiral, estaban lacios y colgaban como si se les 853 II| hora tras hora sobre una ladera azotada por el viento, sus 854 II| he querido...~    Una lágrima humedeció sus párpados. 855 III| luchado mucho contra sus lágrimas, y que no pudiendo más, 856 Int| divertida; voy a referir el más lamentable amor de mi juventud. Y no 857 II| iPobres criaturas ridículas y lamentables! ¡Me inspiráis amor desde 858 I| el alma en las cumbres y languidece con melancolía junto a los 859 III| Celestina, echando a correr, lanzaban gritos penetrantes.~    860 Int| que debía tomar; al fin se lanzó a correr, desesperado, y 861 I| brazos, al no asomar una larga mano a la altura del muslo, 862 I| Naturaleza, sólo con ella, en largas y silenciosas entrevistas. 863 I| dos sillas, una mesa y un lavabo. Comunicaba con la cocina, 864 III| primeras del año.~    Queriendo lavarlas y refrescarlas, pedí a la 865 I| plácido y tranquilo por mil lazos amorosos que me unían a 866 Int| del animalito.~    René Lemanoir exclamó:~    -No pecamos 867 I| extranjera, de otra raza, de otra lengua, de otra religión. ¡Era 868 II| acariciaba nuestra piel: brisa lenta y salada, porque había recibido 869 I| contemplaba el majestuoso y lento vuelo de una gaviota, cuyas 870 Int| sucedido, lo que guste.~Leon Chenal, un pintor viejo, 871 III| recibido nunca un beso...~León Chenal acabó así. Las mujeres 872 III| abrazados; ella con la cabeza levantada hacia él, y él inclinándose 873 II| la comida y habiéndonos levantado a un tiempo, anduvimos a 874 I| hasta Etrotat, descubrí, levantando los ojos, algo singular, 875 III| sin hablar a nadie y sin levantar los ojos. En su rostro y 876 II| embetunadas ante mi puerta al levantarme, aquellos libritos de propaganda 877 III| derramarse, resiste aún. Me levanté de un salto, conmovido por 878 I| ramas, y miss Harriet se levantó avergonzada de que la hubiera 879 I| la mesa, comía de prisa y leyendo algún libro do propaganda 880 I| sombra de un manzano, con su librejo bíblico abierto sobre las 881 I| campesina, sorprendida, un librito de los destinados a convertir 882 I| de prisa y leyendo algún libro do propaganda protestante; 883 Int| gritó:~    -¡Ahí va una liebre!~    Y extendió el brazo 884 I| estremecimiento de la corriente viva y ligera.~    Se alegra el alma en 885 III| gallinero. Corrí en su busca tan ligeramente y tan silencioso que no 886 I| campesino, sentía en su alma limitada una especie de odio hacia 887 III| fuerte como un caballo; y limpia, cosa rara. Tropezándola 888 II| lejos, muy lejos, en la línea del horizonte, un barco 889 III| temblando tanto, que la linterna bailaba en mi mano.~    - 890 I| costa, la costa rocosa y lisa como una muralla, con salientes 891 I| El mozo de cuadra, al que llamaban Zapador porque había servido 892 III| quiso huir; pero la detuve llamándola.~    -Venga usted, señorita, 893 I| Asombrada al oírme llamarla por su nombrc come si la 894 II| Llegando a la casa, llamé a gritos a la señora Lecacheur 895 III| compensación de su miseria. Llegaba la hora en que su cuerpo 896 II| cuando les anuncian que ha llegado el último día de su vida. 897 III| comadres de la vecindad llegaron para ver á la difunta, pero 898 I| vagando por esta misma tierra, llegué una vez a Benoiville, un 899 I| se conocía en el pueblo, llenaban de dudas las almas sencillas 900 III| Zapador iba á la bodega para llenar el jarro de sidra; todos 901 I| insensible a mis atenciones. Le llené la copa de agua, ofreciéndole 902 II| aire tibio y embalsamado, lleno de los olores de las hierbas 903 I| cuando cobró espléndidamente, llenóla de improperios y de insultos, 904 I| pisado una pata, que lo ha llevado a su habitación y que lo 905 III| flacucha estaba!~    La llevamos a su cuarto, y como las 906 I| ciudades del Mediterráneo, llevan a todas partes sus estrambóticas 907 I| toda la Naturaleza y le llevo siempre en mi corazón." 908 III| bruscamente, arrancó a llorar. Lloraba con espasmos nerviosos, 909 III| Chenal acabó así. Las mujeres lloraban; en el pescante el conde 910 I| presentáis, unos ojos que lloran cuando os despedís, son 911 I| pétalos rosados en continua lluvia, cayendo sobre la hierba.~ 912 Int| animaron viendo la carrera loca del animalito.~    René 913 III| colgaban, chorreando agua y lodo. Zapador exclamó despreciativamente:~    -¡ 914 Int| baronesita de Serennes, que luchaba contra el sueño, le dijo 915 III| nerviosos, como quien ha luchado mucho contra sus lágrimas, 916 II| combate interior: su corazón luchando con una fuerza desconocida 917 Int| acariciándose la barba luenga y canosa, y sonriendo, reflexionó 918 III| horrorosamente. ¿Dejaba en algún lugar de la tierra parientes ó 919 I| De pronto el portillo de madera quo daba al camino abrióse 920 Int| poco acostumbradas a los madrugones de los cazadores, cerraban 921 I| Habiéndola clasificado el maestro de atea, pesaba sobre la 922 Int| segados, como una barba mal afeitada. La bruma, baja, 923 II| hablábamos. Creyendo que sin mala intención acaso pude ofenderla, 924 III| barranco profundo tapizado por malezas, y a cuya boca se asomaban 925 II| acento de cólera y algo de malicia:~    -Estoy con usted lo 926 I| opiniones. Decía con intención maliciosa:~    -Es una vieja que ha 927 II| presencia de una perra dando de mamar a sus cachorros, de una 928 Int| pecamos de galante por la mañana-. Y contemplando a su vecina 929 III| días trabajando todas las mañanas desde el amanecer en un 930 I| Se descansa junto a un manantial que brota al pie do una 931 I| partes sus estrambóticas manías, -sue costumbres do vestales 932 II| alma que la obligaban a manifestar a saltos sus emociones. 933 I| y no parecía dispuesta a marcharse. No hablaba nunca en la 934 Int| voz: -No se preocupe de su marido, baronesa. Tranqui1icese; 935 I| nuevamente al agua, y el marinero, aún cuando cobró espléndidamente, 936 I| crece oreado por Los aires marines. Y cantando alegremente, 937 II| el paladar con su sabor marítimo, acariciaba el alma con 938 III| farol se detuvo sobre una masa confusa, blanca y negra, 939 I| del collado; parecía un mástil empavesado. Era ella. Viéndome, 940 Int| cantaban ocultos entre los matorrales.~    Al fin el sol apareció 941 I| desconfianza.~    Corría el mes do mayo; los manzanos floridos cubrían 942 II| Volví la cabeza para que no mc viera sonreír.~    Luego 943 Int| contra el sueño, le dijo a media voz: -No se preocupe de 944 Int| rojo al principio, y a medida que ascendía, más claro 945 II| filósofo de aldea, sin grandes medios y sin gran poder, porque 946 III| irreflexivo, realizado antes que meditado.~    Abandonó durante algunos 947 I| más hermosas ciudades del Mediterráneo, llevan a todas partes sus 948 III| hacer.~    Deduje que lo mejor sería irme y acepté por 949 I| cumbres y languidece con melancolía junto a los estanques; exáltase 950 | Menos 951 II| sus pequeñas ondas á cien metros de profundidad; y absorbíamos, 952 III| de mi viaje: todo esto, mezclado, revuelto, estremecía mi 953 | mía 954 III| segundos sus manos entre las mías, y las sentí palpitar como 955 | mientras 956 III| sorprendido como ante un milagro, y desconsolado lado como 957 Int| temprano para ir a ver las minas de Tancarville, nos desperezábamos 958 I| podremos verlo.~    En cinco minutes nos convinimos y dejé mi 959 III| complacerme, y al cabo de cinco minutos volvió diciendo que el pozo 960 II| camino, diciéndole:~    -Mira esto; no verás con frecuencia 961 II| en su cuarto. A veces me miraba de un modo extraño. Luego 962 III| tocarla, un ojo se abrió, mirándome con la expresión pálida 963 II| condenados a muerte deben mirar así cuando les anuncian 964 III| acostumbrado á verle!~    Miré de reojo a miss Harriet; 965 III| cirios contemplaba yo a la miserable mujer desconocida, muerta 966 III| porvenir la compensación de su miseria. Llegaba la hora en que 967 | mismo 968 II| especie de locura; una locura misteriosa y violenta, y además una 969 I| provocada por no qué misterioso esfuerzo de su inteligencia. 970 II| aquella su manera de ser, algo modificada en mi honor, al principio 971 Int| es usted!-Y sacudiendo la modorra prosiguió: -Cuente usted 972 I| fresca y cristalina que moja el bigote y la nariz, se 973 II| pronto, acaso temerosa de molestarme, dijo:~    -Gracias-, y 974 II| pasando detrás de mi en el momento en que yo presentaba el 975 I| la juzgo persona de una moralidad perfecta.~    Estas palabras " 976 II| podido evitarlos.~    Se mostraba excelentemente relacionada 977 II| quince años.~    Al fin acabó mostrándose muy esquiva; ya no me acompañaba 978 III| grotesco y apasionado que motivaba yo, recuerdos despertados 979 I| acercaba entonces á ella, movido no por qué curiosidad, 980 II| de mi pincel en todos sus movimientos. Cuando yo conseguía, con 981 III| enamorados: un muchachote y una mozuela, unidos, abrazados; ella 982 | mucha 983 I| cuatro por conducto do un muchacho, al cual daba la inglesa 984 III| adivinaban, dos enamorados: un muchachote y una mozuela, unidos, abrazados; 985 II| horas y horas inmóvil y muda, siguiendo con la vista 986 III| miserable mujer desconocida, muerta lejos de su casa tan horrorosamente. ¿ 987 III| abrasadores y pesados en que no se mueve una hoja en los árboles. 988 I| costa rocosa y lisa como una muralla, con salientes sobre el 989 II| ideas. De vez en cuando murmuraba:~    -¡Oh! Lo he comprendido, 990 III| pie, de una pierna.~    Y murmuré, temblando tanto, que la 991 III| los brazos tronchados, los músculos reblandecidos; temí que 992 I| larga mano a la altura del muslo, sosteniendo una sombrilla 993 III| flota en las cañadas al nacer el día. Y en el fondo de 994 I| que moja el bigote y la nariz, se bebe con ansia, como 995 I| su casa? Por su impiedad, naturalmente.~    Era, en verdad, una 996 III| gritos penetrantes.~    Era necesario sacar de allí el cadáver. 997 III| llorar. Lloraba con espasmos nerviosos, como quien ha luchado mucho 998 | ni 999 II| entre las piernas, de un nido de pájaros con las crías 1000 III| encontré por suerte la flotante niebla que yo apetecía.~    Algo


1e1-direc | dirig-niebl | ningu-vele | ven-zarza

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