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Guy de Maupassant
Pierrot

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


abajo-sorpr | sospe-zorro

    Párrafo
1 29| lamentables subían desde allí abajo.~ 2 41| Pierrot estaba dentro. Se abalanzaba sobre ella y le mordía la 3 43| gran cesta de granjero, abandonada, y esa cesta le producía 4 36| cabeza levantada hacia la abertura.~ 5 30| inclinaba encima, emanaba un abominable olor a podredumbre.~ 6 29| en la época en la que se abonan las tierras. El resto del 7 41| comer la sopa, pero, cuando abría la sopera, Pierrot estaba 8 44| Sin embargo se decidió a abrirla, y Pierrot, acurrucado en 9 24| recién llegado, y permanecía absolutamente mudo.~ 10 25| Pero no había pensado en absoluto en el impuesto, y cuando 11 59| pronto como el perro había acabado un trozo, ladraba para reclamar 12 48| escuchaba en silencio. Cuando acabó, el hombre dijo:~ 13 32| los ojos brillantes. Se acechaban, se seguían, vacilantes, 14 18| panadero, que conocía los acontecimientos, llevó una mañana, en su 15 33| sospecharía su destino, acordaron que ambas irían al anochecer.~ 16 32| ansiosos. Pero el hambre los acosaba; se atacaban, luchaban mucho 17 40| Pasaron la noche acosadas por horribles pesadillas.~ 18 25| Lefèvre sin embargo se estaba acostumbrando a este animal. Incluso comenzaba 19 22| Cuando se acostumbre bien a la casa, se le dejará 20 35| que lloraba, lo abrazó y acto seguido lo arrojó al agujero; 21 44| decidió a abrirla, y Pierrot, acurrucado en su interior, le mordió 22 69| perros que se arrojan ahí adentro. Hay que renunciar.~ 23 1 | que hablan con cursilería, adoptando en público aires de grandeza, 24 32| Cuando un animal agonizaba durante diez o doce días 25 21| de jabón y se le ofreció agua para beber. Bebió. Se le 26 36| sordo; luego el lamento agudo, desgarrador, de un animal 27 | ahí 28 1 | cursilería, adoptando en público aires de grandeza, y que ocultan 29 45| Al alba se levantó, casi loca, y 30 35| percibieron la marga y la alcanzaron; la Señora Lefèvre se inclinó 31 1 | viuda, una de esas medio aldeanas de cintas y sobreros de 32 58| Señora Lefèvre consintió, muy alegre; y ambas volvieron, con 33 34| y, como movía la cola de alegría, Rose lo recogió en su delantal.~ 34 30| agujero de lamentos; y, cuando alguien se inclinaba encima, emanaba 35 | algún 36 | algunas 37 32| o doce días en el fondo, alimentado por los despojos inmundos 38 14| grande!. Las arruinaría alimentándolo. Pero un perrito (en Normandía, 39 64| comenzaron a arrojar el alimento; pero cada vez distinguían 40 1 | grandeza, y que ocultan un alma de brutalidad pretenciosa 41 16| Rose, que amaba a los animales, aportaba 42 68| Lefèvre exclamó con tono amargo:~ 43 18| extraño animalito totalmente amarillento, casi sin patas, con cuerpo 44 28| En medio de una amplia planicie, se percibía una 45 57| es dinero, Señora - Luego añadió - ¿Y si le arrojásemos comida 46 16| Rose, que amaba a los animales, aportaba sus razones y 47 18| en su coche, un extraño animalito totalmente amarillento, 48 29| Se descendía una vez al año a esta cantera, en la época 49 33| acordaron que ambas irían al anochecer.~ 50 32| se seguían, vacilantes, ansiosos. Pero el hambre los acosaba; 51 | ante 52 32| despojos inmundos de sus antecesores, un nuevo animal, más gordo, 53 1 | brutalidad pretenciosa bajo unas apariencias cómicas y pomposas, como 54 16| que amaba a los animales, aportaba sus razones y las defendía 55 28| pequeña techumbre de paja, apoyada en el suelo. Era la entrada 56 44| las mandíbulas fuertemente apretadas.~ 57 38| corriendo. Y, como Rose iba más aprisa, la Señora Lefèvre gritaba:~ 58 | aquellas 59 33| un ejecutor. El peón que arreglaba la carretera pedía diez 60 9 | muro; han saltado en el arríate.~ 61 61| pozo. ¡Eran dos! ¡Se había arrojado otro perro, uno grande!~ 62 69| todos los perros que se arrojan ahí adentro. Hay que renunciar.~ 63 27| Piquer du mas", consistía en arrojarlo a la marga. Se hacía "piquer 64 57| Luego añadió - ¿Y si le arrojásemos comida a ese pobre quin, 65 35| abrazó y acto seguido lo arrojó al agujero; ambas se inclinaron, 66 14| con un perro grande!. Las arruinaría alimentándolo. Pero un perrito ( 67 16| razones y las defendía con astucia. Por fin se decidió que 68 10| Y se asustaban pensando en el futuro. ¡ 69 8 | Y las dos mujeres asustadas contemplaban las huellas 70 32| el hambre los acosaba; se atacaban, luchaban mucho tiempo, 71 35| se inclinaron, escuchando atentamente.~ 72 15| reflexionar, ponía mil objeciones, aterrorizada por la imagen de un cuenco 73 29| lado del orificio, unos aullidos quejumbrosos, unos ladridos 74 | aún 75 18| una cola en trompeta, un auténtico penacho, grande como todo 76 6 | cuenta del hurto, corrió a avisar a la Señora, que bajó en 77 71| el borde de su delantal azul.~ 78 53| poleas, y montar todo eso, bajar allí con mi muchacho y dejarme 79 6 | avisar a la Señora, que bajó en falda de lana.~ 80 21| se le ofreció agua para beber. Bebió. Se le presentó a 81 21| ofreció agua para beber. Bebió. Se le presentó a continuación 82 18| encontró muy bonito ese bicho inmundo, que no gustaba 83 61| momento de arrojar el primer bocado, oyeron de pronto un formidable 84 25| de vez en cuando, unos bocados de pan mojado en la salsa 85 15| siempre unos céntimos en su bolsillo para ofrecer limosna ostensiblemente 86 18| Señora Lefèvre encontró muy bonito ese bicho inmundo, que no 87 71| enjugándose los ojos con el borde de su delantal azul.~ 88 44| modo, en el extremo del brazo, el perro suspendido con 89 32| hambrientos, con los ojos brillantes. Se acechaban, se seguían, 90 1 | y que ocultan un alma de brutalidad pretenciosa bajo unas apariencias 91 34| misma tarde se le dio una buena sopa con un dedal de mantequilla. 92 18| de su figura. Un cliente buscaba deshacerse de él. La Señora 93 17| Se procedió a su búsqueda, pero no se encontraban 94 21| Fue instalado en una vieja caja de jabón y se le ofreció 95 70| se fue comiendo mientras caminaba.~ 96 35| Caminaban a grandes zancadas, como 97 15| ostensiblemente a los mendigos de los caminos, y dar en la colecta del 98 17| no se encontraban más que canes grandes, engullidores de 99 29| descendía una vez al año a esta cantera, en la época en la que se 100 46| y lo llamó de mil formas cariñosas. Él  respondió con todas 101 33| El peón que arreglaba la carretera pedía diez céntimos por 102 3 | Ambas mujeres vivían en una casita de postigos verdes, a lo 103 3 | corazón de la comarca de Caux.~ 104 30| Los perros de los cazadores y de los pastores huían 105 5 | les robaron una docena de cebollas.~ 106 29| resto del tiempo servía de cementerio para perros condenados; 107 28| percibía una especie de choza, o más bien una pequeña 108 | cierto 109 33| vecino se contentaba con cinco; aún así era demasiado; 110 1 | de esas medio aldeanas de cintas y sobreros de faralá, de 111 15| comida; pues era de esa clase parsimoniosa de dama campesina 112 18| el resto de su figura. Un cliente buscaba deshacerse de él. 113 18| llevó una mañana, en su coche, un extraño animalito totalmente 114 18| sin patas, con cuerpo de cocodrilo, una cabeza de zorro y una 115 15| los caminos, y dar en la colecta del domingo.~ 116 8 | contemplaban las huellas de pasos, comentando, suponiendo cosas:~ 117 25| acostumbrando a este animal. Incluso comenzaba a quererlo, y a darle de 118 64| ladraba, ladraba. Entonces comenzaron a arrojar el alimento; pero 119 1 | pretenciosa bajo unas apariencias cómicas y pomposas, como aquellas 120 70| quedaba del pan que se fue comiendo mientras caminaba.~ 121 21| continuación un trozo de pan. Comió. La Señora Lefèvre inquieta, 122 | Cómo 123 64| de Pierrot mordido por su compañero, que comía todo, siendo 124 17| un quin, pero que no lo compraría.~ 125 11| corrió. Llegaron los vecinos, comprobaron, discutieron a su vez; y 126 29| de cementerio para perros condenados; y a menudo, cuando se pasaba 127 28| metros bajo tierra, para conducir a una serie de extensas 128 11| sus observaciones y sus conjeturas.~ 129 18| Ahora bien, el panadero, que conocía los acontecimientos, llevó 130 12| granjero del lugar les dio este consejo:~ 131 58| La Señora Lefèvre consintió, muy alegre; y ambas volvieron, 132 27| Piquer du mas", consistía en arrojarlo a la marga. 133 8 | las dos mujeres asustadas contemplaban las huellas de pasos, comentando, 134 33| El zagal del vecino se contentaba con cinco; aún así era demasiado; 135 21| Bebió. Se le presentó a continuación un trozo de pan. Comió. 136 3 | camino, en Normandía, en el corazón de la comarca de Caux.~ 137 38| y ambas salieron de allí corriendo. Y, como Rose iba más aprisa, 138 59| Lo cortaron en pequeños trozos que lanzaban 139 8 | comentando, suponiendo cosas:~ 140 53| Cree usted que voy a llevar mis 141 17| para cubrir sus gastos de cría. La Señora Lefèvre declaró 142 2 | Tenía por criada a una inocentona campesina, 143 | Cualquiera 144 17| pagasen dos francos, para cubrir sus gastos de cría. La Señora 145 15| aterrorizada por la imagen de un cuenco lleno de comida; pues era 146 6 | Cuando Rose se dio cuenta del hurto, corrió a avisar 147 53| usted que voy a llevar mis cuerdas, mis poleas, y montar todo 148 18| amarillento, casi sin patas, con cuerpo de cocodrilo, una cabeza 149 4 | vivienda, un estrecho jardín, cultivaban algunas legumbres.~ 150 1 | personas que hablan con cursilería, adoptando en público aires 151 15| mendigos de los caminos, y dar en la colecta del domingo.~ 152 25| comenzaba a quererlo, y a darle de su mano, de vez en cuando, 153 53| tan solo por el gusto de dárselo? No lo hubiera tirado.~ 154 32| más fuerte comía al más débil, lo devoraba vivo.~ 155 17| cría. La Señora Lefèvre declaró que ella quería alimentar 156 34| dio una buena sopa con un dedal de mantequilla. Engulló 157 16| aportaba sus razones y las defendía con astucia. Por fin se 158 22| acostumbre bien a la casa, se le dejará libre. Encontrará que comer 159 53| bajar allí con mi muchacho y dejarme morder aun por su maldito 160 23| Se le dejo libre, en efecto, lo que 161 | demasiado 162 29| Se descendía una vez al año a esta cantera, 163 43| pronto, en medio de esa ruta, descubrió una cesta, una gran cesta 164 | desde 165 26| Decidió de inmediato desembarazarse de Pierrot. Nadie lo quería. 166 36| de dolor, unas llamadas desesperadas, súplicas de un perro que 167 29| unos ladridos furiosos o desesperados, unas llamadas lamentables 168 36| luego el lamento agudo, desgarrador, de un animal herido, después 169 18| figura. Un cliente buscaba deshacerse de él. La Señora Lefèvre 170 25| ladraba, a punto estuvo de desmayarse de la sorpresa.~ 171 7 | Fue una desolación y un terror. ¡Se había robado, 172 42| Se despertó y pareció oírle ladrar todavía. 173 32| fondo, alimentado por los despojos inmundos de sus antecesores, 174 27| de los que uno se quería desprender.~ 175 33| camino, ni sospecharía su destino, acordaron que ambas irían 176 50| sobresaltó; todo su dolor se desvaneció en un instante.~ 177 32| fuerte comía al más débil, lo devoraba vivo.~ 178 60| Regresaron por la tarde, luego al día siguiente, todos los días. 179 48| Cuando acabó, el hombre dijo:~ 180 57| Cuatro francos! Eso es dinero, Señora - Luego añadió - ¿ 181 14| No un perro grande, por Dios! ¡Que harían ellas con un 182 11| los vecinos, comprobaron, discutieron a su vez; y las dos mujeres 183 1 | pomposas, como aquellas que disimulan sus gruesas manos enrojecidas 184 64| alimento; pero cada vez distinguían perfectamente un tumulto 185 32| agonizaba durante diez o doce días en el fondo, alimentado 186 5 | una noche les robaron una docena de cebollas.~ 187 15| y dar en la colecta del domingo.~ 188 10| en el futuro. ¡Cómo poder dormir ahora tranquilas!~ 189 43| Volvió a dormirse de nuevo y se encontró en 190 31| Dramas horribles se producían allí 191 46| con todas las inflexiones dulces de su voz de perro.~ 192 | e 193 23| Se le dejo libre, en efecto, lo que no le impidió estar 194 33| Pierrot, se requirió un ejecutor. El peón que arreglaba la 195 30| alguien se inclinaba encima, emanaba un abominable olor a podredumbre.~ 196 48| Corrió a casa del pocero encargado de la extracción de la marga, 197 32| luchaban mucho tiempo, encarnizadamente; y el más fuerte comía al 198 30| cuando alguien se inclinaba encima, emanaba un abominable olor 199 17| su búsqueda, pero no se encontraban más que canes grandes, engullidores 200 22| casa, se le dejará libre. Encontrará que comer vagabundeando 201 17| encontraban más que canes grandes, engullidores de sopa hasta hacer estremecer. 202 34| un dedal de mantequilla. Engulló hasta la última gota; y, 203 71| Rose la siguió enjugándose los ojos con el borde de 204 1 | disimulan sus gruesas manos enrojecidas bajo unos guantes de seda 205 28| apoyada en el suelo. Era la entrada a la marga. Un gran pozo 206 24| Cualquiera podía entrar en el jardín. Pierrot iba 207 29| año a esta cantera, en la época en la que se abonan las 208 42| todavía. Escuchó; estaba equivocada.~ 209 | Eran 210 48| contó su caso. El hombre escuchaba en silencio. Cuando acabó, 211 35| agujero; ambas se inclinaron, escuchando atentamente.~ 212 35| Lefèvre se inclinó para escuchar si algún animal gemía. - 213 25| francos, Señora! - por ese escuchimizado quin que no ladraba, a punto 214 42| pareció oírle ladrar todavía. Escuchó; estaba equivocada.~ 215 | esos 216 28| planicie, se percibía una especie de choza, o más bien una 217 | esta 218 | estar 219 35| allí no había nada; Pierrot estaría solo. Entonces Rose, que 220 | Esto 221 4 | poseían, ante la vivienda, un estrecho jardín, cultivaban algunas 222 17| engullidores de sopa hasta hacer estremecer. El tendero de Rolleville 223 25| que no ladraba, a punto estuvo de desmayarse de la sorpresa.~ 224 67| Pierrot, evidentemente, no comía nada.~ 225 33| el trabajo. Esto pareció exagerado a la Señora Lefèvre. El 226 68| sorprendidas; y la Señora Lefèvre exclamó con tono amargo:~ 227 17| tenía uno, uno pequeño; pero exigía que se le pagasen dos francos, 228 70| esos perros vivos a sus expensas, se fue, llevando incluso 229 11| su vez; y las dos mujeres explicaban a cada recién llegado sus 230 28| conducir a una serie de extensas galerías de minas.~ 231 48| del pocero encargado de la extracción de la marga, y le contó 232 18| mañana, en su coche, un extraño animalito totalmente amarillento, 233 44| llevando de este modo, en el extremo del brazo, el perro suspendido 234 6 | a la Señora, que bajó en falda de lana.~ 235 1 | de cintas y sobreros de faralá, de esas personas que hablan 236 47| verlo, prometiéndose hacerlo feliz hasta su muerte.~ 237 24| el jardín. Pierrot iba a festejar la presencia de cada recién 238 18| como todo el resto de su figura. Un cliente buscaba deshacerse 239 32| durante diez o doce días en el fondo, alimentado por los despojos 240 46| sollozar y lo llamó de mil formas cariñosas. Él  respondió 241 61| bocado, oyeron de pronto un formidable ladrido dentro del pozo. ¡ 242 38| De pronto fueron presa de remordimientos, 243 44| suspendido con las mandíbulas fuertemente apretadas.~ 244 | fuese 245 29| quejumbrosos, unos ladridos furiosos o desesperados, unas llamadas 246 10| asustaban pensando en el futuro. ¡Cómo poder dormir ahora 247 28| a una serie de extensas galerías de minas.~ 248 17| francos, para cubrir sus gastos de cría. La Señora Lefèvre 249 35| escuchar si algún animal gemía. - No - allí no había nada; 250 32| antecesores, un nuevo animal, más gordo, más vigoroso, era precipitado 251 34| Engulló hasta la última gota; y, como movía la cola de 252 1 | adoptando en público aires de grandeza, y que ocultan un alma de 253 38| aprisa, la Señora Lefèvre gritaba:~ 254 65| Ellas gritaban:~ 255 62| Rose gritó:~ 256 1 | aquellas que disimulan sus gruesas manos enrojecidas bajo unos 257 1 | manos enrojecidas bajo unos guantes de seda natural.~ 258 25| mojado en la salsa de su guiso. Pero no había pensado en 259 18| ese bicho inmundo, que no gustaba a nadie. Rose lo abrazó, 260 53| maldito quin, tan solo por el gusto de dárselo? No lo hubiera 261 33| era demasiado; y, Rose, habiendo observado que mejor valía 262 1 | faralá, de esas personas que hablan con cursilería, adoptando 263 59| lanzaban uno tras otro, hablando por turno a Pierrot. Tan 264 | hacer 265 26| resolución, utilizar otro medio, hacerle "piquer du mas".~ 266 47| volver a verlo, prometiéndose hacerlo feliz hasta su muerte.~ 267 | hacia 268 27| arrojarlo a la marga. Se hacía "piquer du mas" a todos 269 60| todos los días. Pero no hacían más que un viaje.~ 270 32| vacilantes, ansiosos. Pero el hambre los acosaba; se atacaban, 271 23| que no le impidió estar hambriento. No ladraba más que para 272 32| Permanecían allí, solos, hambrientos, con los ojos brillantes. 273 14| perro grande, por Dios! ¡Que harían ellas con un perro grande!. 274 | Hay 275 36| desgarrador, de un animal herido, después una sucesión de 276 53| gusto de dárselo? No lo hubiera tirado.~ 277 15| Cuando todo el mundo hubo partido, la Señora Lefèvre 278 8 | asustadas contemplaban las huellas de pasos, comentando, suponiendo 279 30| cazadores y de los pastores huían con espanto de la proximidad 280 28| gran pozo en vertical se hundía hasta veinte metros bajo 281 6 | Cuando Rose se dio cuenta del hurto, corrió a avisar a la Señora, 282 15| objeciones, aterrorizada por la imagen de un cuenco lleno de comida; 283 23| en efecto, lo que no le impidió estar hambriento. No ladraba 284 36| súplicas de un perro que imploraba con la cabeza levantada 285 25| pensado en absoluto en el impuesto, y cuando se le reclamaron 286 30| lamentos; y, cuando alguien se inclinaba encima, emanaba un abominable 287 35| arrojó al agujero; ambas se inclinaron, escuchando atentamente.~ 288 35| alcanzaron; la Señora Lefèvre se inclinó para escuchar si algún animal 289 54| Ella se mostró indignada:~ 290 38| de un miedo irracional e inexplicable; y ambas salieron de allí 291 46| respondió con todas las inflexiones dulces de su voz de perro.~ 292 26| Decidió de inmediato desembarazarse de Pierrot. 293 18| encontró muy bonito ese bicho inmundo, que no gustaba a nadie. 294 32| alimentado por los despojos inmundos de sus antecesores, un nuevo 295 2 | Tenía por criada a una inocentona campesina, llamada Rose.~ 296 21| Comió. La Señora Lefèvre inquieta, tuvo una idea:~ 297 21| Fue instalado en una vieja caja de jabón 298 50| dolor se desvaneció en un instante.~ 299 44| Pierrot, acurrucado en su interior, le mordió la mano y no 300 33| destino, acordaron que ambas irían al anochecer.~ 301 38| de espanto, de un miedo irracional e inexplicable; y ambas 302 21| instalado en una vieja caja de jabón y se le ofreció agua para 303 29| menudo, cuando se pasaba al lado del orificio, unos aullidos 304 46| ladraba todavía, había ladrado toda la noche. Ella se puso 305 42| despertó y pareció oírle ladrar todavía. Escuchó; estaba 306 14| pequeño mequetrefe de quin que ladre.~ 307 61| de pronto un formidable ladrido dentro del pozo. ¡Eran dos! ¡ 308 29| aullidos quejumbrosos, unos ladridos furiosos o desesperados, 309 29| desesperados, unas llamadas lamentables subían desde allí abajo.~ 310 36| un ruido sordo; luego el lamento agudo, desgarrador, de un 311 30| proximidad de ese agujero de lamentos; y, cuando alguien se inclinaba 312 6 | Señora, que bajó en falda de lana.~ 313 59| cortaron en pequeños trozos que lanzaban uno tras otro, hablando 314 3 | de postigos verdes, a lo largo de un camino, en Normandía, 315 64| terrible, luego los gritos lastimeros de Pierrot mordido por su 316 26| lugareños lo rechazaron en diez leguas a la redonda. Entonces había 317 4 | jardín, cultivaban algunas legumbres.~ 318 36| imploraba con la cabeza levantada hacia la abertura.~ 319 45| Al alba se levantó, casi loca, y corrió a la 320 15| su bolsillo para ofrecer limosna ostensiblemente a los mendigos 321 18| luego preguntó como se llamaba.~ 322 2 | una inocentona campesina, llamada Rose.~ 323 35| merodeadoras, a través de la llanura. Pronto percibieron la marga 324 11| noticia del robo corrió. Llegaron los vecinos, comprobaron, 325 15| por la imagen de un cuenco lleno de comida; pues era de esa 326 15| parsimoniosa de dama campesina que lleva siempre unos céntimos en 327 53| Cree usted que voy a llevar mis cuerdas, mis poleas, 328 33| valía que ellas mismas lo llevasen, porque de este modo no 329 18| conocía los acontecimientos, llevó una mañana, en su coche, 330 35| solo. Entonces Rose, que lloraba, lo abrazó y acto seguido 331 45| Al alba se levantó, casi loca, y corrió a la marga.~ 332 32| los acosaba; se atacaban, luchaban mucho tiempo, encarnizadamente; 333 12| Un granjero del lugar les dio este consejo:~ 334 26| Nadie lo quería. Todos los lugareños lo rechazaron en diez leguas 335 53| dejarme morder aun por su maldito quin, tan solo por el gusto 336 33| porque de este modo no sería maltratado por el camino, ni sospecharía 337 44| perro suspendido con las mandíbulas fuertemente apretadas.~ 338 1 | que disimulan sus gruesas manos enrojecidas bajo unos guantes 339 51| Cuatro francos! ¡Usted quiere matarme! ¡cuatro francos!~ 340 33| habiendo observado que mejor valía que ellas mismas lo 341 15| limosna ostensiblemente a los mendigos de los caminos, y dar en 342 29| para perros condenados; y a menudo, cuando se pasaba al lado 343 14| pronuncia quin), un pequeño mequetrefe de quin que ladre.~ 344 35| grandes zancadas, como unas merodeadoras, a través de la llanura. 345 41| soñó que se sentaba en la mesa para comer la sopa, pero, 346 28| vertical se hundía hasta veinte metros bajo tierra, para conducir 347 | mi 348 38| remordimientos, de espanto, de un miedo irracional e inexplicable; 349 | mientras 350 28| de extensas galerías de minas.~ 351 9 | Mira, han pasado por allí. Han 352 68| Ambas mujeres se miraban sorprendidas; y la Señora 353 | misma 354 | mismas 355 25| cuando, unos bocados de pan mojado en la salsa de su guiso. 356 61| Pero una mañana, en el momento de arrojar el primer bocado, 357 53| mis cuerdas, mis poleas, y montar todo eso, bajar allí con 358 53| con mi muchacho y dejarme morder aun por su maldito quin, 359 41| abalanzaba sobre ella y le mordía la nariz.~ 360 64| gritos lastimeros de Pierrot mordido por su compañero, que comía 361 44| acurrucado en su interior, le mordió la mano y no se la soltaba; 362 54| Ella se mostró indignada:~ 363 34| la última gota; y, como movía la cola de alegría, Rose 364 53| todo eso, bajar allí con mi muchacho y dejarme morder aun por 365 24| permanecía absolutamente mudo.~ 366 57| pobre quin, para que no muera así?~ 367 47| prometiéndose hacerlo feliz hasta su muerte.~ 368 15| Cuando todo el mundo hubo partido, la Señora 369 9 | puesto sus pies sobre el muro; han saltado en el arríate.~ 370 41| sobre ella y le mordía la nariz.~ 371 1 | bajo unos guantes de seda natural.~ 372 | ni 373 11| La noticia del robo corrió. Llegaron 374 15| de reflexionar, ponía mil objeciones, aterrorizada por la imagen 375 11| cada recién llegado sus observaciones y sus conjeturas.~ 376 33| demasiado; y, Rose, habiendo observado que mejor valía que ellas 377 23| en ese caso, ladraba con obstinación.~ 378 1 | aires de grandeza, y que ocultan un alma de brutalidad pretenciosa 379 15| céntimos en su bolsillo para ofrecer limosna ostensiblemente 380 21| vieja caja de jabón y se le ofreció agua para beber. Bebió. 381 37| Ladraba!, oh, como ladraba!~ 382 42| Se despertó y pareció oírle ladrar todavía. Escuchó; 383 30| encima, emanaba un abominable olor a podredumbre.~ 384 29| cuando se pasaba al lado del orificio, unos aullidos quejumbrosos, 385 15| bolsillo para ofrecer limosna ostensiblemente a los mendigos de los caminos, 386 17| pequeño; pero exigía que se le pagasen dos francos, para cubrir 387 28| una pequeña techumbre de paja, apoyada en el suelo. Era 388 15| comida; pues era de esa clase parsimoniosa de dama campesina que lleva 389 15| Cuando todo el mundo hubo partido, la Señora Lefèvre pensó 390 29| condenados; y a menudo, cuando se pasaba al lado del orificio, unos 391 9 | Mira, han pasado por allí. Han puesto sus 392 40| Pasaron la noche acosadas por horribles 393 8 | contemplaban las huellas de pasos, comentando, suponiendo 394 30| de los cazadores y de los pastores huían con espanto de la 395 18| totalmente amarillento, casi sin patas, con cuerpo de cocodrilo, 396 58| ambas volvieron, con un gran pedazo de pan untado con mantequilla.~ 397 33| que arreglaba la carretera pedía diez céntimos por el trabajo. 398 18| en trompeta, un auténtico penacho, grande como todo el resto 399 25| su guiso. Pero no había pensado en absoluto en el impuesto, 400 10| Y se asustaban pensando en el futuro. ¡Cómo poder 401 15| partido, la Señora Lefèvre pensó durante mucho tiempo en 402 33| requirió un ejecutor. El peón que arreglaba la carretera 403 28| de choza, o más bien una pequeña techumbre de paja, apoyada 404 28| una amplia planicie, se percibía una especie de choza, o 405 35| través de la llanura. Pronto percibieron la marga y la alcanzaron; 406 44| la soltaba; ella se supo perdida, llevando de este modo, 407 64| pero cada vez distinguían perfectamente un tumulto terrible, luego 408 24| de cada recién llegado, y permanecía absolutamente mudo.~ 409 32| era precipitado al pozo. Permanecían allí, solos, hambrientos, 410 14| arruinaría alimentándolo. Pero un perrito (en Normandía, se pronuncia 411 1 | sobreros de faralá, de esas personas que hablan con cursilería, 412 40| noche acosadas por horribles pesadillas.~ 413 9 | por allí. Han puesto sus pies sobre el muro; han saltado 414 23| más que para reclamar su pitanza; pero, en ese caso, ladraba 415 28| En medio de una amplia planicie, se percibía una especie 416 57| arrojásemos comida a ese pobre quin, para que no muera 417 10| pensando en el futuro. ¡Cómo poder dormir ahora tranquilas!~ 418 24| Cualquiera podía entrar en el jardín. Pierrot 419 7 | se robaba en la comarca, podían reincidir.~ 420 30| emanaba un abominable olor a podredumbre.~ 421 53| llevar mis cuerdas, mis poleas, y montar todo eso, bajar 422 1 | unas apariencias cómicas y pomposas, como aquellas que disimulan 423 15| Después de reflexionar, ponía mil objeciones, aterrorizada 424 | porque 425 4 | Como poseían, ante la vivienda, un estrecho 426 3 | vivían en una casita de postigos verdes, a lo largo de un 427 32| gordo, más vigoroso, era precipitado al pozo. Permanecían allí, 428 18| nadie. Rose lo abrazó, luego preguntó como se llamaba.~ 429 38| De pronto fueron presa de remordimientos, de espanto, 430 24| Pierrot iba a festejar la presencia de cada recién llegado, 431 21| para beber. Bebió. Se le presentó a continuación un trozo 432 1 | ocultan un alma de brutalidad pretenciosa bajo unas apariencias cómicas 433 56| llamó a Rose y le contó las pretensiones del pocero. Rose, siempre 434 61| el momento de arrojar el primer bocado, oyeron de pronto 435 36| Oyeron al principio un ruido sordo; luego el 436 17| Se procedió a su búsqueda, pero no se 437 43| abandonada, y esa cesta le producía temor.~ 438 31| Dramas horribles se producían allí en la sombra.~ 439 47| Entonces quiso volver a verlo, prometiéndose hacerlo feliz hasta su muerte.~ 440 14| perrito (en Normandía, se pronuncia quin), un pequeño mequetrefe 441 30| huían con espanto de la proximidad de ese agujero de lamentos; 442 1 | cursilería, adoptando en público aires de grandeza, y que 443 1 | Lefèvre era una dama de pueblo, una viuda, una de esas 444 69| No puedo alimentar a todos los perros 445 | pues 446 9 | han pasado por allí. Han puesto sus pies sobre el muro; 447 25| escuchimizado quin que no ladraba, a punto estuvo de desmayarse de 448 46| ladrado toda la noche. Ella se puso a sollozar y lo llamó de 449 70| llevando incluso lo que quedaba del pan que se fue comiendo 450 29| orificio, unos aullidos quejumbrosos, unos ladridos furiosos 451 25| animal. Incluso comenzaba a quererlo, y a darle de su mano, de 452 47| Entonces quiso volver a verlo, prometiéndose 453 16| los animales, aportaba sus razones y las defendía con astucia. 454 26| Todos los lugareños lo rechazaron en diez leguas a la redonda. 455 25| impuesto, y cuando se le reclamaron ocho francos, -¡ocho francos, 456 34| cola de alegría, Rose lo recogió en su delantal.~ 457 26| rechazaron en diez leguas a la redonda. Entonces había que tomar 458 15| idea del perro. Después de reflexionar, ponía mil objeciones, aterrorizada 459 22| comer vagabundeando por la región.~ 460 60| Regresaron por la tarde, luego al día 461 56| Tan pronto regresó, llamó a Rose y le contó 462 7 | robaba en la comarca, podían reincidir.~ 463 38| De pronto fueron presa de remordimientos, de espanto, de un miedo 464 69| arrojan ahí adentro. Hay que renunciar.~ 465 56| Rose, siempre resignada, repetía:~ 466 33| arrojar al pozo a Pierrot, se requirió un ejecutor. El peón que 467 56| del pocero. Rose, siempre resignada, repetía:~ 468 26| Entonces había que tomar una resolución, utilizar otro medio, hacerle " 469 7 | Señora Lefèvre! Así que si se robaba en la comarca, podían reincidir.~ 470 5 | Ahora bien, una noche les robaron una docena de cebollas.~ 471 11| La noticia del robo corrió. Llegaron los vecinos, 472 17| estremecer. El tendero de Rolleville tenía uno, uno pequeño; 473 36| Oyeron al principio un ruido sordo; luego el lamento 474 43| pronto, en medio de esa ruta, descubrió una cesta, una 475 38| e inexplicable; y ambas salieron de allí corriendo. Y, como 476 25| bocados de pan mojado en la salsa de su guiso. Pero no había 477 9 | pies sobre el muro; han saltado en el arríate.~ 478 1 | enrojecidas bajo unos guantes de seda natural.~ 479 43| camino sin fin, que ella seguía; De pronto, en medio de 480 32| brillantes. Se acechaban, se seguían, vacilantes, ansiosos. Pero 481 35| lloraba, lo abrazó y acto seguido lo arrojó al agujero; ambas 482 41| Señora Lefèvre soñó que se sentaba en la mesa para comer la 483 | Serán 484 33| porque de este modo no sería maltratado por el camino, 485 28| tierra, para conducir a una serie de extensas galerías de 486 29| tierras. El resto del tiempo servía de cementerio para perros 487 64| compañero, que comía todo, siendo el más fuerte.~ 488 71| Rose la siguió enjugándose los ojos con 489 48| El hombre escuchaba en silencio. Cuando acabó, el hombre 490 1 | medio aldeanas de cintas y sobreros de faralá, de esas personas 491 50| Ella se sobresaltó; todo su dolor se desvaneció 492 70| Y, sofocada con la idea de todos esos 493 46| la noche. Ella se puso a sollozar y lo llamó de mil formas 494 32| pozo. Permanecían allí, solos, hambrientos, con los ojos 495 44| mordió la mano y no se la soltaba; ella se supo perdida, llevando 496 31| se producían allí en la sombra.~ 497 41| La Señora Lefèvre soñó que se sentaba en la mesa 498 41| sopa, pero, cuando abría la sopera, Pierrot estaba dentro. 499 36| Oyeron al principio un ruido sordo; luego el lamento agudo, 500 68| Ambas mujeres se miraban sorprendidas; y la Señora Lefèvre exclamó 501 25| estuvo de desmayarse de la sorpresa.~


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