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Guy de Maupassant
La señorita Perla

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


15-guy | haber-soled | solic-zona

     Párrafo
501 IV| perdones, Señor Chantal, por haberle causado esta pena... pero... 502 III| bien a mis padres, para haberlos  elegidos de ese modo.~Así 503 I| barrios nuevos, barrios habitados por una población singular, 504 IV| poco rojo, la voz sorda, hablaba consigo mismo, perdido en 505 I| Apenas se atreve uno a hablarles siendo ellas tan inmaculadas. 506 III| Mi madre por fin habló:~            — Es extraño 507 III| mundo la amaba tanto que la habrían mimado abominablemente si 508 III| fusil, lo habría matado para hacerle  callar.~            Volvimos 509 III| emocionaba a mi padre hasta hacerlo llorar.~            Mi madre 510 II| Era este un truco para hacerme decir cuál de ellas prefería? ¿ 511 III| ese día, del honor que le hacíamos.~            Así, la niña 512 IV| nunca los cerraba, como lo hacían los otros humanos. Su vestido 513 III| delante de nosotros nuestro hallazgo.~            Mi padre continuó, 514 III| pobre animal que llora de hambre. Ladra por ayuda, pobre 515 I| Así en guardia contra la hambruna, la Señora  Chantal pasa 516 I| terminarse, si las conservas se han agotado y que no queda gran 517 III| Es extraño que hayan esperado tanto para volver 518 III| región blanca, toda blanca, helada y que brillaba como si estuviera 519 | hemos 520 III| levantó. Era una especie de Hércules, muy orgulloso de su fuerza, 521 IV| una bala de plomo en una herida cerrada. ¿No serán ahora 522 III| madre, que estaba con su hermana y mis primas en el umbral 523 I| dieciséis años. Son dos hermosas muchachas, altas y saludables, 524 III| golpes pesados, largos, que hicieron vibrar hasta la punta de 525 III| del pueblo... o quizás... hicimos mil suposiciones y nunca 526 IV| la luna que cae sobre la hierba, a sus pies, a través de 527 III| Un niño, hijo del amor cuya pobre madre 528 III| Clara como a sus propios hijos, pero trataba, no obstante, 529 IV| pintarrajeados de tiza, sus ojos hinchados aún, llenos de lágrimas.~            530 IV| existía; y se contaron las historias de casos similares dónde 531 III| Luego poniendo su mano en el hombro de su hermano, murmuró:~            — ¿ 532 III| mí, iba agarrarme por los hombros y llevarme, sentía un fuerte 533 III| dio cuenta, ese día, del honor que le hacíamos.~            534 I| singular, ruidosa, poco honorable, que pasa los días en vicios 535 IV| crueles dramas de corazones honrados, de corazones sinceros, 536 II| otra, hasta el final del horizonte. Otras personas tienen también 537 II| intrascendente, me perturbaba horriblemente.~            Pero, de repente 538 III| murmuró:~            — ¿Sí hubieras disparado al perro, Francisco?~            539 III| abominablemente si mi madre no lo hubiese impedido.~            Mi 540 IV| como lo hacían los otros humanos. Su vestido era un poco 541 IV| principio a fin, de esta vida humilde, simple y sacrificada. Pero 542 III| blancos.~            Nos hundíamos hasta las rodillas en esa 543 I| I~            Que extraordinaria 544 III| y seis.~            Así, íbamos a celebrar Noche de Reyes, 545 IV| suficientemente presentable; pero ideé una estratagema. Como se 546 III| Por la gran…. ¡Se ha ido de nuevo! ¡Si yo viera su 547 III| profundo de una campana de iglesia que hace pensar en los muertos. 548 II| II~    ~             Así que, 549 III| III~  ~             En cuanto 550 III| Fallé algunas, pero como la imagen de la Señorita Perla rondaba 551 III| provisiones.~            — ¿Te imaginas bien los lugares, verdad? 552 II| tarde. — ¿Por qué siempre imaginé que las ideas de la señora 553 III| si mi madre no lo hubiese impedido.~            Mi madre era 554 IV| curiosidad precipitada me impelió de repente, y  pronuncié:~            — ¿ 555 II| por medios discretos e imperceptibles y también tranquilos  como 556 II| puntiagudas…En fin, eso importa poco. Nos sentábamos a la 557 III| él, en efecto, algo gris, imposible distinguir. Reanudamos la 558 II| ideas siempre me dan la impresión de ser cuadradas como baldosas, 559 I| bien educadas que pasan inadvertidas como dos bonitas muñecas. 560 IV| inexplorados, que la gente no sabe, incluso las propias silenciosas 561 IV| culpa, uno de esos dramas inconfesables, inexplorados, que la gente 562 III| sobre su frente, algo que indicó siempre una emoción en ella, 563 II| una suave, ligera presión indirecta de los padres hacia un posible 564 II| comparé con la Señora Chantal. Indudablemente la Señorita Perla era mejor, 565 IV| esos dramas inconfesables, inexplorados, que la gente no sabe, incluso 566 II| no , pero él encontraba infaliblemente el fríjol en su pedazo de 567 II| ingenuos, plenos de asombros infantiles, de sensaciones jóvenes 568 III| Ladra por ayuda, pobre infeliz; llama como un hombre en 569 IV| corto contacto les puede infundir en sus venas un poco de 570 II| ojos que permanecían tan ingenuos, plenos de asombros infantiles, 571 I| hablarles siendo ellas tan inmaculadas. Casi se teme ser mal educado 572 III| sentimos frío en el alma, esta inmensa región blanca, toda blanca, 573 I| vivir a su gusto en una inmovilidad paralizante. Lee mucho, 574 IV| pregunté si esta dulce cara inocente había llorado, cada noche, 575 IV| de esos pequeños sucesos insignificantes y deliciosos que forman 576 I| Señora  Chantal pasa la inspección a lo que queda, tomando 577 II| Pero, de repente tuve una inspiración, y le ofrecí a la Señorita 578 III| inteligencia singular y con un instinto sorprendente; y supo tomar 579 III| entendió la situación con una inteligencia singular y con un instinto 580 IV| qué decir, que hacer, que intentar.~            De repente 581 I| cuidado en el vecindario. Intercambian también dos o tres visitas 582 II| de repente: Vaya, es muy interesante este mueble; y entonces 583 III| ver sólo un velo espeso, interminable de nieve, en lo alto, en 584 II| señoritas Luisa y Paulina. Me interrogaron sobre miles de cosas, sobre 585 I| que era su camarada más íntimo me llevaba allá cuando  586 III| pero estábamos un poco intranquilos, sobre todo los jóvenes. 587 II| tranquilos  como este reinado intrascendente, me perturbaba horriblemente.~            588 II| atroz de comprometerme me invadió, y también una extrema timidez 589 I| El 15 de agosto, se invita a algunos amigos, pero en 590 III| la calle; cuando había un invitado a cenar, subían a la sala 591 II| los años anteriores, me invitaron a cenar a la casa de los 592 III| que se trataba y que él iría. Mis hermanos, de dieciocho 593 IV| los labios, una necesidad irresistible de preguntarle, de saber 594 IV| IV~    ~             El Señor  595 IV| atravesamos caminando los antiguos jardines de la familia, dónde fuimos 596 III| respeto a las distinciones jerárquicas. Consintió en tratar a la 597 IV| un minuto:~            ¡Jesús, Qué bonita era ella a los 598 IV| los niños que rompen una joya para ver lo que hay dentro:~            — 599 II| porcelana, no más grande que una judía. La sorpresa me hizo exclamar:~            — ¡ 600 III| niño.~            Empecé el juego; hice algunas carambolas. 601 I| placeres, las noches en juerga, y qué tira el dinero por 602 III| billar y fumaba mientras jugaba. Esa noche se había encendido 603 III| suyo?~            Dejó de jugar, muy sorprendido, y me miró.~            —¿ 604 III| una suerte de coche de juguete envuelto completamente en 605 I| señorita Perla hacen este viaje juntas, misteriosamente, y vuelven 606 III| al campo; mi tío empezó a jurar de nuevo:~            — 607 III| vez.~            Y sonó justo en el momento de cortar 608 III| animal que llora de hambre. Ladra por ayuda, pobre infeliz; 609 III| y lo acarició. El perro lamió sus manos. Estaba amarrado 610 III| tres o cuatro mantas de lana. Levantamos la ropa con 611 III| que mi madre y mi tía se lanzaron sobre él para evitarlo. 612 II| profundas, dos arrugas de larga tristeza, luego dos ojos 613 I| a continuación mantiene largas discusiones con la Señorita 614 IV| momento, le habría tenido lástima.~            Ella se estremeció:~            —  ¿ 615 I| ciruelas, café, mermeladas, latas de arvejitas, de porotos, 616 IV| oscuro. La miraba, y veía latir su corazón bajo su blusa 617 IV| cada seto puntiagudo, los laureles perfumados, los tejos, cuyas 618 IV| Entonces sumergió la cara en su lavatorio. Cuando se levantó, no me 619 IV| sobresaltos, por la fiebre del lecho ardiente. Le dije en voz 620 IV| se desplomó, suavemente, lentamente, como lo habría hecho una 621 III| mi madre levantaba sus lentes sobre su frente, algo que 622 III| alguna cosa buena, mi madre levantaba sus lentes sobre su frente, 623 III| o cuatro mantas de lana. Levantamos la ropa con cuidado y cuando 624 III| suave y fría; teníamos que levantar muy altas las piernas para 625 III| Reyes. Todos los hombres se levantaron al mismo tiempo. Mi tío 626 I| queda, tomando notas en una libreta. Luego que ha anotado muchos 627 II| prefería? ¿Era una suave, ligera presión indirecta de los 628 IV| Comenzó a limpiar cuidadosamente su cara con 629 III| cuatro primas; eran unas lindas niñitas; Me casé con la 630 III| por ayuda, pobre infeliz; llama como un hombre en peligro. 631 II| Perla", y Chantal sólo la llamaba "Señorita", quizás con un 632 IV| puntos sobre la pizarra y que llamábamos “el trapo de la tiza”. Un 633 III| biencontento de haber llamado la atención de la gente.~            634 IV| escúcheme; su mujer nos está llamando; serénese, domínese rápido. 635 III| criatura que ella comenzó llamándola: 'Mi hija.' A veces, cuando 636 IV| corazón agitado, mi conciencia llena de remordimientos y pesar. 637 III| continua y espesa de nieve que llenaba la noche y el aire, que 638 IV| sus ojos hinchados aún, llenos de lágrimas.~            639 I| su camarada más íntimo me llevaba allá cuando  yo era un niño. 640 III| del muro. Si yo hubiera llevado un fusil, lo habría matado 641 III| pero tuvimos éxito para llevarlo rodando hasta el vestíbulo.~             642 III| agarrarme por los hombros y llevarme, sentía un fuerte deseo 643 IV| comenzó a sollozar en él. Lloraba de una manera desconsolada 644 IV| dulce cara inocente había llorado, cada noche, en la profundidad 645 IV| sentía que había hecho algo loable y necesario.~            646 III| largo y la cabeza de un lobo, parado en sus cuatro patas, 647 IV| de esa embriaguez, de esa locura que da a los enamorados 648 III| que miraba las personas y luces a su alrededor con ojos 649 III| Te imaginas bien los lugares, verdad? Bien, ese año, 650 III| final del largo sendero luminoso de la linterna sobre la 651 IV| conmovidos por un rayo de la luna que cae sobre la hierba, 652 II| entonces descubre que la madera ha sido trabajada por un 653 II| Todo es mala semilla para mas tarde. — ¿ 654 III| volvió, por fin, furioso, maldiciendo:~            — Nada, nada 655 III| contenta y sorprendida estaba mamá, y mis cuatro primas pequeñas ( 656 IV| billar, los pies colgando, y manipulando una pelota con su mano izquierda, 657 III| completamente en tres o cuatro mantas de lana. Levantamos la ropa 658 III| visto nada. El perro se mantenía aullando sin cesar,  y su 659 I| cálculos y a continuación mantiene largas discusiones con la 660 III| nos separaba fuera bien marcada y la situación bien establecida. 661 II| sin haber sido usados o marchitados por las fatigas o las grandes 662 III| bautizada al principio: “María, Simona, Clara”. Clara más 663 IV| Entonces me precipité hacia su marido, y tomándolo por los codos:~            — 664 I| arvejitas, de porotos, de mariscos, de pescado ahumado o salado, 665 III| y mi cuñada que vive en Marsella. ¡Cristo!, Cómo desaparece 666 III| hasta las rodillas en esa masa suave y fría; teníamos que 667 III| con tanta fuerza, que lo masacraría, que mi madre y mi tía se 668 III| llevado un fusil, lo habría matado para hacerle  callar.~            669 II| repente, una cantidad de matices  que yo nunca había asociado 670 IV| hombres.  ~             Guy de Maupassant~  16 Enero de 1886~ 671 IV| sido necesario llamar a un médico.~            Me reuní junto 672 III| piernas para caminar. A medida que avanzábamos, el aullido 673 IV| la frente y la nariz, las mejillas y la barbilla pintarrajeados 674 III| verán—, dijo, que es algún mendigo o algún viajero perdido 675 I| su epidermis moral. La menor cosa le conmueve, le excita, 676 II| mis orejas, como sucede a menudo sin razón, en situaciones 677 III| cortinas grises de copos menudos y apresurados, los arbustos 678 I| arroz, ciruelas, café, mermeladas, latas de arvejitas, de 679 I| aprovisionarán para tres meses: azúcar, arroz, ciruelas, 680 II| Todo el rostro era fino y mesurado, uno de esos rostros que 681 III| condenado que aúlla  a cien metros del muro. Si yo hubiera 682 II| Paulina. Me interrogaron sobre miles de cosas, sobre los acontecimientos 683 III| amaba tanto que la habrían mimado abominablemente si mi madre 684 II| todo, ella no era en lo más mínimo ridícula, tanto que tenía 685 IV| Él continuó al cabo de un minuto:~            ¡Jesús, Qué 686 III| en la llanura hace diez minutos, debe ser una pobre bestia 687 | mío 688 II| Ah!~            Todos me miraban, y Chantal exclamaba aplaudiendo:~            — ¡ 689 III| violentamente. Sentados, mirándonos, con el tenedor en el aire, 690 IV| Como se angustiaba más mirándose en el espejo, le dije:~            691 I| hacen este viaje juntas, misteriosamente, y vuelven a la hora de 692 III| haberlos  elegidos de ese modo.~Así es como, la Señorita 693 III| en la comarca. De todos modos, la persona que tocó  tres 694 II| servilleta. Entonces, cuando mojaba sus labios en el vino transparente, 695 IV| Sí... sí... hay momentos difíciles... ~            696 I| contribuido poderosamente así, a momificar su familia por vivir a su 697 I| epidermis, su epidermis moral. La menor cosa le conmueve, 698 III| linterna sobre la nieve. No se movió; se calló; y nos miró.~            699 I| dieciséis años. Son dos hermosas muchachas, altas y saludables, muy 700 III| Te toca, mi muchacho!~            Me tuteaba, 701 | muchas 702 III| la más joven. De toda esa muchedumbre, sólo hay tres sobrevivientes: 703 | muchos 704 I| bolsas, como en un carro de mudanzas.~            Para los Chantal 705 II| es muy interesante este mueble; y entonces descubre que 706 III| iglesia que hace pensar en los muertos. Todo el mundo se estremeció. 707 III| enviarla al granero de los mundos antiguos. Puedo asegurarte 708 I| inadvertidas como dos bonitas muñecas. Jamás tendría la idea de 709 IV| a él, apoyado contra la muralla, mis manos descansando en 710 IV| su dormitorio, mientras murmuraba:~            — Le pido perdón, 711 III| el hombro de su hermano, murmuró:~            — ¿Sí hubieras 712 II| tenía una gracia simple, natural, una gracia velada, cuidadosamente 713 II| la opinión pública de los negocios de Tonkin,  y sobre nuestros 714 III| ver ese perro, un  perro negro grande, un perro pastor 715 III| gallinas alrededor de un nido. Finalmente sacamos al bebé 716 II| estado sentándose desde la niñez sin fijarse nunca en ellos. 717 III| primas; eran unas lindas niñitas; Me casé con la más joven. 718 IV| voz baja, como hacen los niños que rompen una joya para 719 I| en vicios y placeres, las noches en juerga, y qué tira el 720 II| artista  y que el tapiz es notable. Nunca  me había fijado 721 I| a lo que queda, tomando notas en una libreta. Luego que 722 III| como se encuentra en las novelas. Un camino pasaba delante 723 IV| Jamás!~            Se calló nuevamente. Yo pregunté:~            — ¿ 724 I| Luego que ha anotado muchos números, se entrega, en primer lugar 725 III| volaron. Era paciente, dulce y obediente. Todo el mundo la amaba 726 I| Teatro Francés, cuando la obra está recomendada en el periódico 727 II| Estaba estupefacto de mis observaciones. Sirvieron el champaña. 728 II| verdaderamente! ¿Cómo no la había observado mejor?. Se peinaba de una 729 II| mayor.~            Me puse a observarla. ¿Qué edad tenía? ¿Cuarenta 730 III| Nos detuvimos para observarlo, como se debe hacer enfrente 731 I| casa con jardín junto al observatorio. Viven allí como si estuvieran 732 II| menos que a un pariente. Observé de repente, una cantidad 733 II| timidez ante la actitud obstinadamente correcta y reservada de 734 IV| descansando en mi taco de billar ocioso.~            Él continuó 735 II| tuve una inspiración, y le ofrecí a la Señorita Perla la muñeca 736 IV| una mota de polvo en el ojo y puede llorar delante de 737 I| a las jóvenes hijas a la Opereta Cómica en el Teatro Francés, 738 II| sobre lo que piensa la opinión pública de los negocios 739 IV| de todo este sufrimiento opresivo y cruel; y quizás también, 740 III| abandonado, tu serás nuestro.—  Y ordenó a mi hermano Santiago que 741 II| ruboricé hasta la punta de mis orejas, como sucede a menudo sin 742 III| especie de Hércules, muy orgulloso de su fuerza, y no temía 743 IV| la soledad del dormitorio oscuro. La miraba, y veía latir 744 III| Mis hermanos, Santiago y Pablo, les seguían, y yo iba detrás 745 III| creció, los años volaron. Era paciente, dulce y obediente. Todo 746 IV| usted.~            Su cara pálida pareció alargarse un poco; 747 III| bajo el  pesado vestido pálido, parecían pirámides blancas, 748 III| arbustos más pequeños, todos pálidos en la sombra. La nieve caía 749 III| pirámides blancas, enormes panes de azúcar, apenas se percibían, 750 IV| frotándose los ojos con su pañuelo. Todos se preocuparon; todos 751 III| mil francos en oro, qué papá ahorró para su dote. Por 752 I| el techo está cubierto de paquetes y bolsas, como en un carro 753 III| y la cabeza de un lobo, parado en sus cuatro patas, al 754 I| gusto en una inmovilidad paralizante. Lee mucho, charla con agrado, 755 II| cualquier cosa, ruedan, sin parar, saliendo diez, veinte, 756 II| personas cuyas ideas siempre me parecen redondas y ruedan como unos 757 | parecer 758 IV| como yo nunca había visto parecidos…Jamás!~            Se calló 759 I| tres visitas por año con parientes que viven lejos.~            760 II| Tonkin,  y sobre nuestros parlamentarios. La Señora Chantal, una 761 III| la izquierda, por todas partes.~            Mi tío continuó:~            — 762 III| expedición.~            Partimos inmediatamente. Mi padre 763 III| en las novelas. Un camino pasaba delante de esta puerta que 764 IV| acontecimiento de nuestra vida pasada, uno de esos pequeños sucesos 765 I| demasiado bien educadas que pasan inadvertidas como dos bonitas 766 II| delgada que se esforzaba en pasar desapercibida, pero que 767 III| no había terminado, que pasaría alguna cosa, que la campana, 768 I| deberes como la Comunión Pascual para los Católicos.~            769 II| los acontecimientos en los paseos públicos, sobre la política, 770 III| perro negro grande, un perro pastor con pelo largo y la cabeza 771 III| lobo, parado en sus cuatro patas, al final del largo sendero 772 III| aventura.~            Hizo una pausa, y luego continuó:~            773 I| demás, llevan una existencia peculiar; viven en París como si 774 II| infaliblemente el fríjol en su pedazo de pastel, y él proclamaba 775 III| avanza ni retrocede. Mejor le pego un tiro de fusil.~            776 III| llama como un hombre en peligro. Vamos por él.~             777 III| grande, un perro pastor con pelo largo y la cabeza de un 778 IV| por haberle causado esta pena... pero... pero... yo no 779 II| sensaciones jóvenes y también de penas que habían entrado enterneciéndolos 780 III| ardiente, como un dolor penetrante y fugaz sobre la piel, a 781 III| conocer su historia y le hizo penetrar, dulcemente,  tiernamente, 782 III| Estábamos en completo silencio; pensábamos en la nieve que cubría toda 783 IV| sucesos que despertaron en su pensamiento, así cuando atravesamos 784 II| aterrorizado. En un segundo mil pensamientos y suposiciones cruzaron 785 III| Mi padre continuó, pensando en voz alta:~            — 786 III| panes de azúcar, apenas se percibían, a través de las cortinas 787 III| debe ser una pobre bestia perdida.~            No había terminado 788 IV| murmuraba:~            — Le pido perdón, le pido mil perdones, Señor 789 IV| pido perdón, le pido mil perdones, Señor Chantal, por haberle 790 IV| años... y graciosa... y perfecta... ¡Ah! ¡Hermosa... hermosa... 791 IV| puntiagudo, los laureles perfumados, los tejos, cuyas semillas 792 I| obra está recomendada en el periódico que lee el Señor Chantal.~            793 II| que son un poco tontas. Yo permanecí con los ojos bajos, sujetando 794 III| pequeña Clara y vino a ser y permaneció para nosotros como la Señorita 795 II| reinado intrascendente, me perturbaba horriblemente.~            796 III| estaban doblados bajo el  pesado vestido pálido, parecían 797 III| continuadas, tres golpes pesados, largos, que hicieron vibrar 798 I| porotos, de mariscos, de pescado ahumado o salado, etc.~            799 III| penetrante y fugaz sobre la piel, a cada toque de los pequeños 800 III| me hace temblar cuando pienso. Yo tenía entonces quince 801 III| desvalido (él cojeaba de una pierna desde que se había caído 802 III| que levantar muy altas las piernas para caminar. A medida que 803 III| serviría como nombre de pila.~            Puedo asegurarte 804 III| árboles estaban cargados. Los pinos estaban doblados bajo el  805 IV| las mejillas y la barbilla pintarrajeados de tiza, sus ojos hinchados 806 III| vestido pálido, parecían pirámides blancas, enormes panes de 807 I| un coche, un coche de dos pisos, a una gran tienda de comestibles 808 III| supimos algo...  ni una pista. El perro mismo, no fue 809 I| pasa los días en vicios y placeres, las noches en juerga, y 810 IV| árbol, cada sendero, cada planta, cada seto puntiagudo, los 811 II| permanecían tan ingenuos, plenos de asombros infantiles, 812 IV| como se guarda una bala de plomo en una herida cerrada. ¿ 813 I| barrios habitados por una población singular, ruidosa, poco 814 I| tranquilidad, y ha contribuido poderosamente así, a momificar su familia 815 II| dientes tan bellos! Pero se podía decir que no se atrevía 816 IV| es que tiene una mota de polvo en el ojo y puede llorar 817 I| Finalmente, sin embargo, se ponen de acuerdo y fijan la cantidad 818 III| encontrado~            Luego poniendo su mano en el hombro de 819 I| vivieran en Grasse, Evetot, o Pont-un-Mousson.~            Son dueños 820 I| latas de arvejitas, de porotos, de mariscos, de pescado 821 III| adelante con Bautista que portaba una linterna. Mis hermanos, 822 II| excepcional.~            Al postre se trae la Torta de Reyes. 823 III| domina una vasta región de praderas. Nosotros teníamos una casa 824 III| Reanudamos la marcha con precaución.~            Cuando nos 825 IV| víctimas. Una curiosidad precipitada me impelió de repente, y  826 IV| Entonces me precipité hacia su marido, y tomándolo 827 II| hacerme decir cuál de ellas prefería? ¿Era una suave, ligera 828 IV| necesario.~            Me preguntaba: — ¿Hice mal?¿Hice bien? . 829 IV| necesidad irresistible de preguntarle, de saber si ella también 830 III| cómo es de especial, que me preguntes hoy día, en Noche de Reyes.~            — ¿ 831 IV| con su pañuelo. Todos se preocuparon; todos querían buscar la 832 II| se peinaba, se vestía, se presentaba ridículamente, y a pesar 833 IV| pareció suficientemente presentable; pero ideé una estratagema. 834 II| Era una suave, ligera presión indirecta de los padres 835 IV| una tarde de la próxima primavera, conmovidos por un rayo 836 I| números, se entrega, en primer lugar a largos cálculos 837 II| su pedazo de pastel, y él proclamaba Reina a la Señora Chantal. 838 II| atravesada por dos arrugas profundas, dos arrugas de larga tristeza, 839 IV| llorado, cada noche, en la profundidad suave de la almohada, y 840 III| colina, o más bien, sobre un promontorio que domina una vasta región 841 IV| me impelió de repente, y  pronuncié:~            — ¿Es usted 842 | propia 843 IV| gente no sabe, incluso las propias silenciosas y resignadas 844 III| pequeña Clara como a sus propios hijos, pero trataba, no 845 III| repente:~            — ¿A propósito, Señor Chantal, la Señorita 846 II| o decir, cuando Chantal prosiguió:~            — Ahora, debe 847 I| allí como si estuvieran en provincia. De París, del verdadero 848 III| de esta puerta que estaba provista de una campana grande, para 849 IV| ser que una tarde de la próxima primavera, conmovidos por 850 III| nosotros. Pero la linterna proyectaba una gran claridad delante 851 II| lo que piensa la opinión pública de los negocios de Tonkin,  852 II| acontecimientos en los paseos públicos, sobre la política, sobre 853 III| consiguiente, en cuanto la niña pudo comprender, le hizo conocer 854 III| describirte la casa para que puedas entender bien. Rouy se construyó 855 IV| estremecimiento, que no pueden experimentar en toda su 856 II| personas tienen también ideas puntiagudas…En fin, eso importa poco. 857 IV| cada planta, cada seto puntiagudo, los laureles perfumados, 858 I| verifica si el azúcar está a punto de terminarse, si las conservas 859 IV| que servía para borrar los puntos sobre la pizarra y que llamábamos “ 860 III| brazo. Era la hora de su puro, una hora sagrada. Cuando 861 III| él.~             Así nos pusimos en marcha a través de la 862 II| bebe!~            Ella se puso roja y se atragantó. Nos 863 III| que dormía.~            Quedamos tan sorprendidos que no 864 II| Chantal. Por consiguiente, me quedé estupefacto cuando sentí 865 III| Este nombre se quedó para la pequeña Clara y 866 | quien 867 IV| sentía asustado, avergonzado; Quise correr lejos, y no supe 868 II| cumplido bien estudiado. Quiso, yo me di cuenta, esconder 869 IV| sus pies, a través de las ramas, se tomarán y apretarán 870 IV| resucitadas, en un segundo, la rápida y divina sensación de esa 871 II| como sucede a menudo sin razón, en situaciones que son 872 III| padre fue el primero en reaccionar, y como tenía un gran corazón 873 III| gris, imposible distinguir. Reanudamos la marcha con precaución.~            874 I| Francés, cuando la obra está recomendada en el periódico que lee 875 IV| demasiado tarde para que recomenzaran su tortura y bastante temprano 876 III| El perro mismo, no fue reconocido por nadie. Era un extraño 877 IV| temprano para que ellos  se recordaran con ternura.~            878 IV| consigo mismo, perdido en sus recuerdos, avanzando suavemente, a 879 IV| fijamente con ojos extraños, redondos, espantados, luego tartamudeó:~            — ¿ 880 II| roja y se atragantó. Nos reímos; Aprecié bien, cuanto la 881 II| también tranquilos  como este reinado intrascendente, me perturbaba 882 II| porcelana, esforzándome a reír sin saber qué hacer o decir, 883 III| signo de la cruz; era muy religioso a pesar de sus actitudes 884 IV| mi conciencia llena de remordimientos y pesar. Y a veces también 885 III| sentamos a la mesa y se repartió el pastel. Yo fui el rey, 886 III| siempre una emoción en ella, y repetía:~            — Pero si es 887 II| rey! Viva el rey! — Todos repetían en coro:— ¡Viva el rey!. — 888 I| pero que ama ante todo el reposo, la calma, la tranquilidad, 889 IV| cerraban para siempre. Se resbaló de su silla al suelo, y 890 II| obstinadamente correcta y reservada de las Señoritas Luisa y 891 IV| las propias silenciosas y resignadas víctimas. Una curiosidad 892 IV| voz de la Señora Chantal resonó en la escala.~            — ¿ 893 IV| nunca se casó?~            Respondió, no a mí, sino a la palabra 894 I| relaciones, pero relaciones restringidas, elegidas con cuidado en 895 IV| y dará a esas dos almas resucitadas, en un segundo, la rápida 896 II| esta cabellera de virgen retocada, se veía una gran frente 897 III| Es extraño, no avanza ni retrocede. Mejor le pego un tiro de 898 IV| un médico.~            Me reuní junto a la Señorita Perla 899 II| una manera grotesca  con ricitos de solterona, de lo más 900 II| se vestía, se presentaba ridículamente, y a pesar de todo, ella 901 IV| Su vestido era un poco ridículo, un verdadero vestido de 902 III| noche hacia los  cuatro rincones del cielo:~            — 903 I| comestibles al otro lado del río en los barrios nuevos.~            904 III| tuvimos éxito para llevarlo rodando hasta el vestíbulo.~             905 III| parecía a una casa de perro rodante, vimos en él, un bebé que 906 III| campesinos, evitando un rodeo, entregaran por allí las 907 III| Nos hundíamos hasta las rodillas en esa masa suave y fría; 908 II| Ella se puso roja y se atragantó. Nos reímos; 909 IV| los tejos, cuyas semillas rojas y grasosas triturábamos 910 IV| como hacen los niños que rompen una joya para ver lo que 911 II| tan duro, qué casi me hizo romper un diente. Saqué suavemente 912 III| imagen de la Señorita Perla rondaba en mi cabeza, yo le pregunté 913 II| Las ideas de matrimonio rondan sin cesar en las casas con 914 II| turbarlos.~            Todo el rostro era fino y mesurado, uno 915 II| y mesurado, uno de esos rostros que se extinguen sin haber 916 III| que puedas entender bien. Rouy se construyó en una colina, 917 III| Nosotros vivíamos entonces en Rouy-le-Tors, en las fortificaciones; 918 II| coro:— ¡Viva el rey!. — Me ruboricé hasta la punta de mis orejas, 919 III| manos. Estaba amarrado a la rueda de un cochecito, una suerte 920 III| iba detrás a pesar de los ruegos de mi madre, que estaba 921 IV| arrugas de su cara, con un ruido de garganta que hacía pensar 922 I| una población singular, ruidosa, poco honorable, que pasa 923 I| del verdadero París, no saben nada, no sospechan nada; ¡ 924 III| miró.~            —¿Qué no sabes? ¿No conoces la historia 925 IV| pero... pero... yo no sabía... usted... usted entiende.~            926 III| alrededor de un nido. Finalmente sacamos al bebé del coche, aún dormía. 927 IV| esta vida humilde, simple y sacrificada. Pero una necesidad me vino 928 IV| y sollozado, su cuerpo sacudido de sobresaltos, por la fiebre 929 III| hora de su puro, una hora sagrada. Cuando estaba solo, salía 930 III| invitado a cenar, subían a la sala de billar y fumaba mientras 931 I| mariscos, de pescado ahumado o salado, etc.~            Después 932 III| sagrada. Cuando estaba solo, salía a fumar a la calle; cuando 933 III| Había también una puerta de salida del jardín a la campiña, 934 II| cosa, ruedan, sin parar, saliendo diez, veinte, cincuenta 935 III| tío sólo tomó un bastón y salió inmediatamente con el sirviente.~            936 III| esperábamos la cena en el salón, cuando mi hermano mayor, 937 II| a la reina bebiendo a su salud con un cumplido bien estudiado. 938 I| hermosas muchachas, altas y saludables, muy bien educadas, demasiado 939 I| teme ser mal educado al saludarlas.~            En cuanto al 940 II| señorita Perla, e hice un gran saludo a las señoritas Luisa y 941 IV| mi sombrero y me puse a salvo. Me alejé a grandes  pasos, 942 II| me hizo romper un diente. Saqué suavemente esta cosa de 943 IV| el trapo de la tiza, se secaba los ojos, estornudaba; volvieron 944 III| al final de una escalera secreta que descendía por dentro 945 IV| este largo, sufrimiento secreto, profundo, que no se ve, 946 III| soltado al perro y nosotros lo seguíamos.~            ¡Ah! Pero lo 947 III| hermanos, Santiago y Pablo, les seguían, y yo iba detrás a pesar 948 | Según 949 III| estado nevando durante una semana. Uno podría decir que era 950 IV| perfumados, los tejos, cuyas semillas rojas y grasosas triturábamos 951 I| situada al otro lado del Sena está constituida por los 952 III| Bautista; uno de estos señores lo acompañará.~            953 II| asombros infantiles, de sensaciones jóvenes y también de penas 954 I| en el mundo ha hecho muy sensible y delicada su epidermis, 955 IV| vestido de solterona, que le sentaba mal sin parecer torpe.~            956 II| fin, eso importa poco. Nos sentábamos a la mesa y la cena terminaba 957 IV| Chantal  se detuvo. Estaba sentado en el borde de la mesa de 958 III| aliento, violentamente. Sentados, mirándonos, con el tenedor 959 II| en los cuales ha estado sentándose desde la niñez sin fijarse 960 II| quedé estupefacto cuando sentí en un bocado de pastel algo 961 III| todos estábamos angustiados; sentíamos muy bien que esto no había 962 III| para contemplar la llanura, sentimos frío en el alma, esta inmensa 963 III| llanura, o más bien, de sentirla delante de nosotros, porque 964 III| vio acercarnos el perro se sentó sobre sus cuartos traseros. 965 III| que la distancia que nos separaba fuera bien marcada y la 966 | Será 967 | serán 968 III| expósito abandonado, tu serás nuestro.—  Y ordenó a mi 969 II| se veía una gran frente serena, atravesada por dos arrugas 970 IV| mujer nos está llamando; serénese, domínese rápido. Debemos 971 II| solterona, había perdido toda su serenidad;  temblaba, tartamudeaba 972 II| aventurarme en un asunto donde yo sería conducido al matrimonio 973 IV| derecha arrugaba un trapo que servía para borrar los puntos sobre 974 II| esconder su cara detrás de la servilleta. Entonces, cuando mojaba 975 III| Clara más adelante le serviría como nombre de pila.~            976 IV| sendero, cada planta, cada seto puntiagudo, los laureles 977 I| se atreve uno a hablarles siendo ellas tan inmaculadas. Casi 978 IV| Socorro! La Señorita Perla se siente mal. La Señora Chantal y 979 III| hizo, en la sombra, un gran signo de la cruz; era muy religioso 980 III| ver. Estábamos en completo silencio; pensábamos en la nieve 981 IV| sabe, incluso las propias silenciosas y resignadas víctimas. Una 982 IV| siempre. Se resbaló de su silla al suelo, y se desplomó, 983 II| de sol que cae sobre el sillón, y uno piensa de repente: 984 II| así como uno ve los viejos sillones tapizados en los cuales 985 II| Señorita Perla la muñeca simbólica. Al principio todo el mundo 986 II| grande, con cuatro ángulos simétricos. Hay otras personas cuyas 987 IV| contaron las historias de casos similares dónde había sido necesario 988 III| bautizada al principio: “María, Simona, Clara”. Clara más adelante 989 IV| corazones honrados, de corazones sinceros, de corazones sin culpa, 990 III| cerdo!.~            Era siniestro ver la llanura, o más bien, 991 | sino 992 II| estupefacto de mis observaciones. Sirvieron el champaña. Dirigí mi vaso 993 II| sucede a menudo sin razón, en situaciones que son un poco tontas. 994 I| Chantal toda la zona de París situada al otro lado del Sena está 995 III| aire, todavía escuchando, y sobrecogidos por una especie de miedo 996 III| por una especie de miedo sobrenatural.~             Mi madre por 997 IV| sollozado, su cuerpo sacudido de sobresaltos, por la fiebre del lecho 998 III| muchedumbre, sólo hay tres sobrevivientes: mi mujer, yo y mi cuñada 999 II| qué, tal vez  un rayo de sol que cae sobre el sillón, 1000 IV| aparece en la noche, en la soledad del dormitorio oscuro. La


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