abajo-toda | todav-yendo
Párrafo
1 2| Malandain la miraba de arriba abajo, con ojo despierto y cara
2 | acá
3 1| repitió por la noche. Y acaba la cena, jugaron al dominó;
4 1| dócil y entontecida.~ Acabada la comida, hizo la madre
5 1| campesinos, enmarañados unos, acicalados otros. Las granjeras, que
6 1| sobre los cuales solía aconsejar a sus ovejas. Era un anciano
7 1| de sus partos.~ Quería acordarse de más cosas; repasaba trozos
8 1| dominó; después la envió a acostarse.~ -Vete a la cama; yo
9 1| Las granjeras, que habían acudido de muy lejos para oír misa,
10 1| llamaba:~ - ¡Adelaida!~ Acudió corriendo.~ - ¡ Aquí
11 1| de los dos por igual. ¿De acuerdo?~ -Sí, mi amo.~ -Entonces,
12 1| que llevaba cuarenta años administrando la parroquia y que se servía
13 1| pequeño pabellón de ladrillo, adosado a la casa de labor que ocupaban
14 1| palabra se puso a trabajar tan afanosamente como lo hacía en casa de
15 1| campos de colza con ojo de aficionado rico al que sigue gustándole
16 1| vociferó:~ -A mí no me agrada comer solo, ¡ carámbanos!
17 1| pensativo unos momentos y agregó -: No se me ocurre más,
18 | Ahí
19 1| el pórtico una oleada de aire impregnado de aromas silvestres,
20 1| casucha, la última de la aldea de La Sablière, junto a
21 | alguna
22 | algunos
23 1| así hasta los cirios del altar, haciendo estremecer sus
24 1| tierra fértil, examinando la altura del trigo o la floración
25 1| estremecer sus llamitas amarillentas.~ -Como Dios manda... ¡
26 2| el anciano sacerdote las amonestaciones del señor Onofre César Omont
27 1| vivir de sus rentas.~ Andaba por los cincuenta y cinco;
28 2| plática del domingo siguiente, anunciaba el anciano sacerdote las
29 1| hija Adelaida sacaba del aparador vasos y platos, y habló
30 1| tomó del brazo y, dándole apenas tiempo para poner sus estrechos
31 | aquel
32 | aquellas
33 | aquellos
34 1| oleada de aire impregnado de aromas silvestres, jugueteaba al
35 2| tratándola de cochina y arrastrada. -~ El marido la hizo
36 1| campesino viejo, bajito, seco y arrugado, se sentó a la mesa, mientras
37 2| sabía, no; no sabía que ásí... se hacían los niños.~
38 1| mi amo.~ Entró, tomó asiento, desdobló la servilleta,
39 1| aquellas instrucciones con atención reconcentrada y muda.~
40 1| De improviso, saltó, aterrada, de la cama.~ -¡Adelaida!~
41 1| tomaba el café. Se echó hacia atrás en la silla y les preguntó:~ -¿
42 1| con los ojos bajos, sin atreverse a pronunciar una sola palabra.~
43 1| El anciano cura lanzaba atropelladamente los últimos párrafos de
44 | aún
45 1| Marca siempre buen tiempo, aunque algunos días sólo a medias.~
46 1| cementerio. De lo contrarío, daré aviso al guardia rural. El señor
47 1| La muchacha llegó, toda azorada. El señor Omont le gritó,
48 1| vociferó él:~ -Ya estás bajando en seguida. ¡Dios de Dios!
49 1| solo, ¡carámbanos!; y si no bajas, ya estás de más aquí, recontra.~
50 1| padre, un campesino viejo, bajito, seco y arrugado, se sentó
51 1| del Espíritu Santo.~ Bajó del púlpito y siguió con
52 1| ella escuchaba con los ojos bajos, sin atreverse a pronunciar
53 1| saber ya lo que se decía, balbucía:~ ¡Ya estoy aquí, mi
54 1| trajo la chica su cubierto y balbució:~ -Aquí me tiene, mi
55 1| capaz de tirar un tabique, bebía sidra y aguardiente a vaso
56 1| Omont recobró su buen humor; bebió, golpeó la mesa con el puño,
57 2| se indignó, insultando a boca llena a su hija, que lloraba,
58 1| manzana, y le gritó: -¿Oyes, borricota? Irás a casa del señor Omont
59 1| últimos escalones, la tomó del brazo y, dándole apenas tiempo
60 1| tenía entre las hojas de su breviario. Halló al fin los dos que
61 1| cinco; era obeso, jovial y brusco, como buen ricachón. Se
62 1| hacerla pedazos:~ -Pero, buenos, ¡ Dios de Dios! ¿En dónde
63 1| Halló al fin los dos que buscaba, y prosiguió:~ -Hay que
64 1| con los cintajos de las cabezas y llegaba así hasta los
65 1| pusieron a comer los tres.~Al cabo de diez minutos reanudó
66 2| El marido la hizo callar. Al coger la gorra para
67 1| dijo el sacerdote, y se calló.~ Abrió, después un libro
68 1| sus grandes canastos; el calor pegajoso de un día de julio
69 1| los gorros blancos de las campesinas y de los cabellos de los
70 1| Fourville, el padre, un campesino viejo, bajito, seco y arrugado,
71 1| y de los cabellos de los campesinos, enmarañados unos, acicalados
72 1| trigo o la floración de los campos de colza con ojo de aficionado
73 1| en el suelo, sus grandes canastos; el calor pegajoso de un
74 1| gritaba con un vozarrón capaz de tirar un tabique, bebía
75 1| después un libro y empezó el capítulo de los pequeños asuntos
76 1| techo el vapor de la sopa, cargado de olor de coles.~ El
77 1| La Sablière, junto a la carretera de Fourville, el padre,
78 1| mofletuda y rubicunda como cáscara de manzana, y le gritó: -¿
79 1| estuvieron de regreso en su casucha, la última de la aldea de
80 2| señor Onofre César Omont con Celeste Adelaida Malandain.~FIN~
81 1| se cuelen de noche en el cementerio. De lo contrarío, daré aviso
82 1| por la noche. Y acaba la cena, jugaron al dominó; después
83 1| vacas tumbadas en un campo cercano.~ De cuando en cuando
84 1| Andaba por los cincuenta y cinco; era obeso, jovial y brusco,
85 1| rentas.~ Andaba por los cincuenta y cinco; era obeso, jovial
86 1| jugueteaba al paso con los cintajos de las cabezas y llegaba
87 1| y llegaba así hasta los cirios del altar, haciendo estremecer
88 1| pero como el amo tenía clavada en ella su mirada furibunda,
89 2| lloraba, y tratándola de cochina y arrastrada. -~ El marido
90 2| marido la hizo callar. Al coger la gorra para ir a tratar
91 1| delante del amo. Este montó en cólera otra vez y gruñó:~ -Pero ¿
92 1| sopa, cargado de olor de coles.~ El marido siguió diciendo:~ -
93 1| Tal vez conviniese la colocación ésta para servir en casa
94 1| comedorcito tapizado de papel de colores; cuando tuvo la sopa en
95 1| floración de los campos de colza con ojo de aficionado rico
96 1| la mesa del señor en su comedorcito tapizado de papel de colores;
97 1| importancia.~ La gente comentaba, hablando de él:~ -Marca
98 2| señor César Omont, hizo este comentario:~ -Es aún más estúpida
99 1| y minuciosas, una regla completa de conducta, previendo los
100 1| solamente mi criada. ¿Me comprendes? No vamos a juntar los zuecos.~ -
101 1| la plática dominical para comunicarse con llaneza con todos sus
102 1| pequeños asuntos íntimos de la comunidad, sobre los cuales solía
103 1| minuciosas, una regla completa de conducta, previendo los más pequeños
104 1| bien, para que no tengamos confusiones entre nosotros. Tú eres
105 1| detalles, disponiéndola para la conquista de un viudo ya maduro que
106 1| reír como una tonta, sin contestar nada. Y se pusieron a comer
107 1| golpeó la mesa con el puño, contó historias que ella escuchaba
108 1| en el cementerio. De lo contrarío, daré aviso al guardia rural.
109 1| minutos reanudó el padre la conversación:~ -Óyeme unas palabras,
110 1| habló así:~ -Tal vez conviniese la colocación ésta para
111 1| Cuántos años tiene esta cordera?~ -Veintiuno por San
112 1| Adelaida!~ Acudió corriendo.~ - ¡ Aquí estoy, señor!~
113 2| idiota, y contestó:~ -No creo; no, no debo de estarlo.~
114 1| nueve, mientras limpiaba los cristales de la cocina, oyó el vozarrón
115 1| por el campo con las manos cruzadas a la espalda, hundiendo
116 1| la comunidad, sobre los cuales solía aconsejar a sus ovejas.
117 | Cuántos
118 1| cabellos blancos, que llevaba cuarenta años administrando la parroquia
119 1| del amo, la metió en su cuarto, gruñendo:~ -¡Alígera,
120 1| los mozos y las mozas se cuelen de noche en el cementerio.
121 2| imaginaba. Ni siquiera se daba cuenta la tontaina de lo que se
122 1| furibunda, se lo echó todo al cuerpo. Y después del café tuvo
123 1| desprendía de todos aquellos cuerpos olor a establo, husmillo
124 2| imaginaba. Ni siquiera se daba cuenta la tontaina de lo
125 1| escalones, la tomó del brazo y, dándole apenas tiempo para poner
126 1| gustándole el campo, pero sin darle demasiada importancia.~
127 1| habitación, que era una guardilla debajo del tejado. Rezó sus oraciones,
128 2| contestó:~ -No creo; no, no debo de estarlo.~ El quiso
129 1| sin saber ya lo que se decía, balbucía:~ ¡Ya estoy
130 1| de la letra lo que voy a decirte...~ Y le trazó, en frases
131 1| inquieta, le espetó esta declaración terminante:~ -Óyeme bien,
132 1| familia.~ La madre había dejado de comer para escuchar,
133 2| donde la ves.~ La madre, dejándose llevar por él instinto de
134 | demasiada
135 1| las manos enrojecidas y desaseadas, la mirada inquieta, le
136 1| recontra.~ Ella entonces, desatinada,.mientras encendía la vela,
137 1| para prepararme la sopa del desayuno.~ Y las despidió.~
138 1| mesa, mientras su mujer descolgaba la olla y su hija Adelaida
139 1| Entró, tomó asiento, desdobló la servilleta, se quedó
140 1| rural. El señor César Omont desea una chica formal para criada. -
141 1| ésta es la gracia que os deseo, en el Nombre del Padre,
142 1| Recomiendo a vuestras oraciones a Desiderio Vallin, que está muy enfermo,
143 1| Rezó sus oraciones, se desnudó y se metió entre las sábanas.~
144 1| se necesitaría una mujer despabilada, y Adelaida es una tontaina.~
145 1| del desayuno.~ Y las despidió.~ Adelaida entró en funciones
146 2| de arriba abajo, con ojo despierto y cara satisfecha, y' le
147 1| pegajoso de un día de julio desprendía de todos aquellos cuerpos
148 1| mesa la olla renegrida, la destapó y se quedó pensativa, mientras
149 1| previendo los más pequeños detalles, disponiéndola para la conquista
150 2| El padre la miró con gran detenimiento, y luego le preguntó:~ -¿
151 1| buen tiempo, aunque algunos días sólo a medias.~ Recibió
152 1| lo que el señor cura ha dicho esta mañana en el púlpito.~
153 1| coles.~ El marido siguió diciendo:~ -Puede sacarse mucho,
154 1| comer los tres.~Al cabo de diez minutos reanudó el padre
155 2| todas.~ -Entonces, no me digas más... Estás hecha un tonel
156 1| un rato.~ La chica se dirigió a su habitación, que era
157 1| los más pequeños detalles, disponiéndola para la conquista de un
158 1| sin fijeza a todas partes, dócil y entontecida.~ Acabada
159 1| se servía de la plática dominical para comunicarse con llaneza
160 1| acaba la cena, jugaron al dominó; después la envió a acostarse.~ -
161 | donde
162 1| Dios de Dios! No me gusta dormir solo, ¡carámbanos!; y si
163 | e
164 | ellas
165 1| Abrió, después un libro y empezó el capítulo de los pequeños
166 1| enjuagar el segundo, para empujar al del enjuague, y el tercero,
167 1| entonces, desatinada,.mientras encendía la vela, gritó desde arriba:~ -
168 1| párrafos de su sermón por encima de los gorros blancos de
169 2| expLicó, sin señales de enfado en la voz:~ -Ahí la tienes,
170 1| Desiderio Vallin, que está muy enfermo, y también a la Paumelle,
171 1| vaso de aguardiente, para enjuagar el segundo, para empujar
172 1| segundo, para empujar al del enjuague, y el tercero, el del puntapié
173 1| cabellos de los campesinos, enmarañados unos, acicalados otros.
174 1| verla delante, con las manos enrojecidas y desaseadas, la mirada
175 2| de estarlo.~ El quiso enterarse bien y procedió a interrogarla:~ -
176 1| a todas partes, dócil y entontecida.~ Acabada la comida,
177 1| Llegaban por la gran puerta entreabierta el quiquiriquí de los gallos
178 2| Ella contestó, con frases entrecortadas~ -No sabía, no; no sabía
179 1| Quizá no haríamos mal en enviar a Adelaida.~ La mujer
180 1| jugaron al dominó; después la envió a acostarse.~ -Vete a
181 1| sus pequeños zuecos en las escaleras de pino; cuando llegó a
182 1| cuando llegó a los últimos escalones, la tomó del brazo y, dándole
183 1| una buena chica.~ La escena se repitió por la noche.
184 1| señor Omont miró con ojos escrutadores a la chica y preguntó sin
185 1| contó historias que ella escuchaba con los ojos bajos, sin
186 1| había dejado de comer para escuchar, y con el tenedor en la
187 1| las manos cruzadas a la espalda, hundiendo sus zuecos de
188 1| la mirada inquieta, le espetó esta declaración terminante:~ -
189 1| del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.~ Bajó del púlpito
190 1| de un viudo ya maduro que estaba indispuesto con su familia.~
191 1| aquellos cuerpos olor a establo, husmillo de ganado. Llegaban
192 | estar
193 2| No creo; no, no debo de estarlo.~ El quiso enterarse
194 | éste
195 1| apenas tiempo para poner sus estrechos zuecos de madera junto a
196 1| cirios del altar, haciendo estremecer sus llamitas amarillentas.~ -
197 2| comentario:~ -Es aún más estúpida de lo que me imaginaba.
198 1| Así que los de Malandain estuvieron de regreso en su casucha,
199 1| madera en la tierra fértil, examinando la altura del trigo o la
200 2| llegaba su-madre. El marido le expLicó, sin señales de enfado en
201 1| estaba indispuesto con su familia.~ La madre había dejado
202 1| con llaneza con todos sus feligreses.~ Dijo, entre otras cosas:~ -
203 1| zuecos de madera en la tierra fértil, examinando la altura del
204 1| permanecía inmóvil, mirando sin fijeza a todas partes, dócil y
205 1| la altura del trigo o la floración de los campos de colza con
206 1| lleno y se le tenía por fogoso, a pesar de sus años.~
207 1| César Omont desea una chica formal para criada. - Se quedó
208 1| junto a la carretera de Fourville, el padre, un campesino
209 1| Hecho! Le daré quince francos al mes y la comida.~
210 1| entonces:~ -Ahora te vas a fregar; eres una buena chica.~
211 1| Se sentó a la mesa frente a él.~ Entonces el señor
212 1| es lo que quieren?~ Fue la madre quien habló:~ -
213 1| despidió.~ Adelaida entró en funciones al siguiente día, y sin
214 1| clavada en ella su mirada furibunda, se lo echó todo al cuerpo.
215 1| entreabierta el quiquiriquí de los gallos y los mugidos de las vacas
216 1| olor a establo, husmillo de ganado. Llegaban por la gran puerta
217 1| demasiada importancia.~ La gente comentaba, hablando de él:~ -
218 1| recobró su buen humor; bebió, golpeó la mesa con el puño, contó
219 2| hizo callar. Al coger la gorra para ir a tratar de sus
220 1| que su hija se pusiese el gorro, y salieron las dos para
221 1| sermón por encima de los gorros blancos de las campesinas
222 1| ocurre más, y ésta es la gracia que os deseo, en el Nombre
223 1| ellas, en el suelo, sus grandes canastos; el calor pegajoso
224 1| unos, acicalados otros. Las granjeras, que habían acudido de muy
225 1| de labor que ocupaban sus granjeros. Se había retirado de la
226 1| buen ricachón. Se reía y gritaba con un vozarrón capaz de
227 1| Adelaida!~ Un grito tremebundo había hecho retemblar
228 1| la metió en su cuarto, gruñendo:~ -¡Alígera, Dios de
229 1| montó en cólera otra vez y gruñó:~ -Pero ¿y tú?~ -No
230 1| contrarío, daré aviso al guardia rural. El señor César Omont
231 1| habitación, que era una guardilla debajo del tejado. Rezó
232 1| pesar de sus años.~ Le gustaba pasear por el campo con
233 1| aficionado rico al que sigue gustándole el campo, pero sin darle
234 | ha
235 2| No será que alguna noche habéis juntado los zuecos?~ -¡
236 1| otros. Las granjeras, que habían acudido de muy lejos para
237 1| La chica se dirigió a su habitación, que era una guardilla debajo
238 1| La gente comentaba, hablando de él:~ -Marca siempre
239 1| al siguiente día, y sin hablar palabra se puso a trabajar
240 1| le gritó, como si fuera a hacerla pedazos:~ -Pero, buenos, ¡
241 1| hasta los cirios del altar, haciendo estremecer sus llamitas
242 1| las hojas de su breviario. Halló al fin los dos que buscaba,
243 1| sacarse mucho. Quizá no haríamos mal en enviar a Adelaida.~
244 | hasta
245 | Hay
246 2| no me digas más... Estás hecha un tonel relleno.~ Ella
247 1| el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.~
248 1| mesa con el puño, contó historias que ella escuchaba con los
249 1| papel que tenía entre las hojas de su breviario. Halló al
250 1| señor Omont recobró su buen humor; bebió, golpeó la mesa con
251 1| manos cruzadas a la espalda, hundiendo sus zuecos de madera en
252 1| cuerpos olor a establo, husmillo de ganado. Llegaban por
253 2| miró al vientre con cara de idiota, y contestó:~ -No creo;
254 1| todo es de los dos por igual. ¿De acuerdo?~ -Sí, mi
255 2| más estúpida de lo que me imaginaba. Ni siquiera se daba cuenta
256 1| prosiguió:~ -Hay que impedir que los mozos y las mozas
257 1| pero sin darle demasiada importancia.~ La gente comentaba,
258 1| pórtico una oleada de aire impregnado de aromas silvestres, jugueteaba
259 1| entre las sábanas.~ De improviso, saltó, aterrada, de la
260 1| la servilleta, se quedó indeciso un instante y de pronto
261 2| él instinto de mujer, se indignó, insultando a boca llena
262 1| viudo ya maduro que estaba indispuesto con su familia.~ La madre
263 1| Adelaida permanecía inmóvil, mirando sin fijeza a todas
264 1| y desaseadas, la mirada inquieta, le espetó esta declaración
265 2| dejándose llevar por él instinto de mujer, se indignó, insultando
266 1| su hija, seguía aquellas instrucciones con atención reconcentrada
267 2| instinto de mujer, se indignó, insultando a boca llena a su hija,
268 2| enterarse bien y procedió a interrogarla:~ -Ven acá... ¿No será
269 1| una tontaina.~ La mujer intervino entonces:~ -Podríamos
270 1| de los pequeños asuntos íntimos de la comunidad, sobre los
271 1| gritó: -¿Oyes, borricota? Irás a casa del señor Omont a
272 1| cincuenta y cinco; era obeso, jovial y brusco, como buen ricachón.
273 1| noche. Y acaba la cena, jugaron al dominó; después la envió
274 1| impregnado de aromas silvestres, jugueteaba al paso con los cintajos
275 1| calor pegajoso de un día de julio desprendía de todos aquellos
276 2| que alguna noche habéis juntado los zuecos?~ -¡Eso si!
277 2| zuecos?~ -¡Eso si! Los juntamos la primera noche, y. después,
278 1| Me comprendes? No vamos a juntar los zuecos.~ -Sí, mi
279 1| ladrillo, adosado a la casa de labor que ocupaban sus granjeros.
280 1| en un pequeño pabellón de ladrillo, adosado a la casa de labor
281 1| El anciano cura lanzaba atropelladamente los últimos
282 1| que habían acudido de muy lejos para oír misa, tenían junto
283 1| Y le trazó, en frases lentas y minuciosas, una regla
284 | les
285 1| procura seguir al pie de la letra lo que voy a decirte...~
286 1| De cuando en cuando se levantaba la chica para traer pan,
287 1| calló.~ Abrió, después un libro y empezó el capítulo de
288 1| eso de las nueve, mientras limpiaba los cristales de la cocina,
289 1| volvió a sentarse, probó el líquido oscuro e hizo una mueca;
290 1| del señor Omont, que la llamaba:~ - ¡Adelaida!~ Acudió
291 1| la sopa en la mesa, fué a llamar al señor Omont:~ -Está
292 1| haciendo estremecer sus llamitas amarillentas.~ -Como
293 1| dominical para comunicarse con llaneza con todos sus feligreses.~
294 1| establo, husmillo de ganado. Llegaban por la gran puerta entreabierta
295 2| indignó, insultando a boca llena a su hija, que lloraba,
296 1| sidra y aguardiente a vaso lleno y se le tenía por fogoso,
297 1| de cabellos blancos, que llevaba cuarenta años administrando
298 2| La madre, dejándose llevar por él instinto de mujer,
299 2| boca llena a su hija, que lloraba, y tratándola de cochina
300 2| con gran detenimiento, y luego le preguntó:~ -¿No estás
301 1| conquista de un viudo ya maduro que estaba indispuesto con
302 1| mucho. Quizá no haríamos mal en enviar a Adelaida.~
303 1| amarillentas.~ -Como Dios manda... ¡Y que así sea! -dijo
304 1| obedecerás en todo lo que te mande.~ La hija se echó a reír
305 1| Podríamos ver, de todas maneras .-Se volvió hacia su hija,
306 1| y con el tenedor en la mano, yendo y viniendo con la
307 1| rubicunda como cáscara de manzana, y le gritó: -¿Oyes, borricota?
308 1| comentaba, hablando de él:~ -Marca siempre buen tiempo, aunque
309 1| aunque algunos días sólo a medias.~ Recibió a las dos mujeres
310 1| reanudó sus tareas.~ Al mediodía preparó la mesa del señor
311 1| Le daré quince francos al mes y la comida.~ Que venga
312 2| A los seis meses fué la chica a ver a sus
313 1| De cuando en cuando se metía violentamente por el pórtico
314 1| Veintiuno por San Miguel, señor Omont.~ -¡ Hecho!
315 1| trazó, en frases lentas y minuciosas, una regla completa de conducta,
316 1| los tres.~Al cabo de diez minutos reanudó el padre la conversación:~ -
317 | mío
318 2| El tío Malandain la miraba de arriba abajo, con ojo
319 1| Adelaida permanecía inmóvil, mirando sin fijeza a todas partes,
320 1| cara de simplona, rubia, mofletuda y rubicunda como cáscara
321 1| quedó todavía pensativo unos momentos y agregó -: No se me ocurre
322 1| colocó delante del amo. Este montó en cólera otra vez y gruñó:~ -
323 1| Recibió a las dos mujeres sin moverse de la mesa, mientras tomaba
324 1| hacia su hija, una buena moza con cara de simplona, rubia,
325 1| impedir que los mozos y las mozas se cuelen de noche en el
326 1| Hay que impedir que los mozos y las mozas se cuelen de
327 1| atención reconcentrada y muda.~ Adelaida permanecía
328 1| líquido oscuro e hizo una mueca; pero como el amo tenía
329 1| quiquiriquí de los gallos y los mugidos de las vacas tumbadas en
330 1| medias.~ Recibió a las dos mujeres sin moverse de la mesa,
331 1| no lo quiere, no tiene a nadie y puede sacarse mucho. Quizá
332 1| te lo digo yo. Pero se necesitaría una mujer despabilada, y
333 | Ni
334 2| que ásí... se hacían los niños.~ En aquel instante llegaba
335 1| gracia que os deseo, en el Nombre del Padre, del Hijo y del
336 | nosotros
337 1| Omont, porque es viudo, su nuera no lo quiere, no tiene a
338 | nuestra
339 1| padres.~ A eso de las nueve, mientras limpiaba los cristales
340 1| El señor Omont estalló de nuevo:~ -Te digo, ¡ Dios de
341 | o
342 1| ofrecerte de criada, y le obedecerás en todo lo que te mande.~
343 1| los cincuenta y cinco; era obeso, jovial y brusco, como buen
344 1| adosado a la casa de labor que ocupaban sus granjeros. Se había
345 1| momentos y agregó -: No se me ocurre más, y ésta es la gracia
346 1| a casa del señor Omont a ofrecerte de criada, y le obedecerás
347 1| acudido de muy lejos para oír misa, tenían junto a ellas,
348 1| cama, señor amo.~ Al oírla, vociferó él:~ -Ya estás
349 1| violentamente por el pórtico una oleada de aire impregnado de aromas
350 2| amonestaciones del señor Onofre César Omont con Celeste
351 | os
352 1| sentarse, probó el líquido oscuro e hizo una mueca; pero como
353 | otra
354 | otras
355 | otros
356 1| cuales solía aconsejar a sus ovejas. Era un anciano de cabellos
357 1| de manzana, y le gritó: -¿Oyes, borricota? Irás a casa
358 1| Vivía éste en un pequeño pabellón de ladrillo, adosado a la
359 1| conversación:~ -Óyeme unas palabras, hija, y procura seguir
360 1| levantaba la chica para traer pan, sidra, platos.~ Cuando
361 1| atropelladamente los últimos párrafos de su sermón por encima
362 1| cuarenta años administrando la parroquia y que se servía de la plática
363 1| mirando sin fijeza a todas partes, dócil y entontecida.~
364 1| mucho en reponerse de sus partos.~ Quería acordarse de
365 1| sus años.~ Le gustaba pasear por el campo con las manos
366 1| silvestres, jugueteaba al paso con los cintajos de las
367 1| enfermo, y también a la Paumelle, que siempre tarda mucho
368 1| como si fuera a hacerla pedazos:~ -Pero, buenos, ¡ Dios
369 1| grandes canastos; el calor pegajoso de un día de julio desprendía
370 1| renegrida, la destapó y se quedó pensativa, mientras subía al techo
371 1| criada. - Se quedó todavía pensativo unos momentos y agregó -:
372 1| Omont. Vivía éste en un pequeño pabellón de ladrillo, adosado
373 1| reconcentrada y muda.~ Adelaida permanecía inmóvil, mirando sin fijeza
374 1| se le tenía por fogoso, a pesar de sus años.~ Le gustaba
375 1| hija, y procura seguir al pie de la letra lo que voy a
376 1| zuecos en las escaleras de pino; cuando llegó a los últimos
377 1| te estás largando. Tráete plato y vaso.~ Fuera de sí
378 1| intervino entonces:~ -Podríamos ver, de todas maneras .-
379 1| dándole apenas tiempo para poner sus estrechos zuecos de
380 | porque
381 1| metía violentamente por el pórtico una oleada de aire impregnado
382 1| mañana por la mañana, para prepararme la sopa del desayuno.~
383 1| tareas.~ Al mediodía preparó la mesa del señor en su
384 1| regla completa de conducta, previendo los más pequeños detalles,
385 1| del café tuvo que tomar el primer vaso de aguardiente, para
386 2| Eso si! Los juntamos la primera noche, y. después, todas.~ -
387 1| taza, volvió a sentarse, probó el líquido oscuro e hizo
388 2| El quiso enterarse bien y procedió a interrogarla:~ -Ven
389 1| Óyeme unas palabras, hija, y procura seguir al pie de la letra
390 1| Se había retirado de la profesión de subastador, para vivir
391 1| indeciso un instante y de pronto gritó con voz de trueno:~ - ¡
392 1| ojos bajos, sin atreverse a pronunciar una sola palabra.~ De
393 1| fin los dos que buscaba, y prosiguió:~ -Hay que impedir que
394 1| mismo no te sirves tú, ya te puedes ir largando... Vete por
395 1| bebió, golpeó la mesa con el puño, contó historias que ella
396 1| enjuague, y el tercero, el del puntapié y a casa.~ El señor Omont
397 1| sin contestar nada. Y se pusieron a comer los tres.~Al cabo
398 1| la madre que su hija se pusiese el gorro, y salieron las
399 1| y sin hablar palabra se puso a trabajar tan afanosamente
400 1| reponerse de sus partos.~ Quería acordarse de más cosas;
401 | quien
402 1| es viudo, su nuera no lo quiere, no tiene a nadie y puede
403 1| preguntó:~ -¿Qué es lo que quieren?~ Fue la madre quien
404 1| Omont.~ -¡ Hecho! Le daré quince francos al mes y la comida.~
405 1| gran puerta entreabierta el quiquiriquí de los gallos y los mugidos
406 1| nuestra hija Adelaida, y yo quisiera la tomase de criada por
407 2| debo de estarlo.~ El quiso enterarse bien y procedió
408 1| nadie y puede sacarse mucho. Quizá no haríamos mal en enviar
409 1| yo subiré de aquí a un rato.~ La chica se dirigió
410 1| días sólo a medias.~ Recibió a las dos mujeres sin moverse
411 1| Entonces el señor Omont recobró su buen humor; bebió, golpeó
412 1| entre otras cosas:~ -Recomiendo a vuestras oraciones a Desiderio
413 1| instrucciones con atención reconcentrada y muda.~ Adelaida permanecía
414 1| bajas, ya estás de más aquí, recontra.~ Ella entonces, desatinada,.
415 1| lentas y minuciosas, una regla completa de conducta, previendo
416 1| Malandain estuvieron de regreso en su casucha, la última
417 1| como buen ricachón. Se reía y gritaba con un vozarrón
418 1| mande.~ La hija se echó a reír como una tonta, sin contestar
419 2| Estás hecha un tonel relleno.~ Ella estalló en sollozos:~ -
420 1| colocó en la mesa la olla renegrida, la destapó y se quedó pensativa,
421 1| subastador, para vivir de sus rentas.~ Andaba por los cincuenta
422 1| acordarse de más cosas; repasaba trozos de papel que tenía
423 1| chica.~ La escena se repitió por la noche. Y acaba la
424 1| que siempre tarda mucho en reponerse de sus partos.~ Quería
425 1| grito tremebundo había hecho retemblar la casa. Ella abrió la puerta
426 1| sus granjeros. Se había retirado de la profesión de subastador,
427 1| guardilla debajo del tejado. Rezó sus oraciones, se desnudó
428 1| jovial y brusco, como buen ricachón. Se reía y gritaba con un
429 1| colza con ojo de aficionado rico al que sigue gustándole
430 1| chica y preguntó sin más rodeos:~ -¿Cuántos años tiene
431 1| moza con cara de simplona, rubia, mofletuda y rubicunda como
432 1| simplona, rubia, mofletuda y rubicunda como cáscara de manzana,
433 1| El señor Omont oyó el ruido que hacían sus pequeños
434 1| contrarío, daré aviso al guardia rural. El señor César Omont desea
435 1| desnudó y se metió entre las sábanas.~ De improviso, saltó,
436 1| de Dios!~ Ella, sin saber ya lo que se decía, balbucía:~ ¡
437 2| Qué es lo que tú no sabías?~ Ella contestó, con
438 1| última de la aldea de La Sablière, junto a la carretera de
439 1| olla y su hija Adelaida sacaba del aparador vasos y platos,
440 1| la cocina, para ti; la sala, para mí. Fuera de eso,
441 1| hija se pusiese el gorro, y salieron las dos para ir a ver al
442 1| sábanas.~ De improviso, saltó, aterrada, de la cama.~ -¡
443 1| cordera?~ -Veintiuno por San Miguel, señor Omont.~ -¡
444 1| del Hijo y del Espíritu Santo.~ Bajó del púlpito y
445 2| con ojo despierto y cara satisfecha, y' le preguntó:~ -¿Qué
446 | sea
447 1| campesino viejo, bajito, seco y arrugado, se sentó a la
448 1| de su marido a su hija, seguía aquellas instrucciones con
449 1| palabras, hija, y procura seguir al pie de la letra lo que
450 1| aguardiente, para enjuagar el segundo, para empujar al del enjuague,
451 2| A los seis meses fué la chica a ver
452 2| El marido le expLicó, sin señales de enfado en la voz:~ -
453 1| trajo una taza, volvió a sentarse, probó el líquido oscuro
454 | será
455 1| los últimos párrafos de su sermón por encima de los gorros
456 1| administrando la parroquia y que se servía de la plática dominical
457 1| señor Omont:~ -Está usted servido, mi amo.~ Entró, tomó
458 1| tomó asiento, desdobló la servilleta, se quedó indeciso un instante
459 1| la colocación ésta para servir en casa del señor Omont,
460 1| carámbanos! Ahora mismo te sientas a comer aquí, y si no te
461 1| de aficionado rico al que sigue gustándole el campo, pero
462 1| Se echó hacia atrás en la silla y les preguntó:~ -¿Qué
463 1| aire impregnado de aromas silvestres, jugueteaba al paso con
464 1| una buena moza con cara de simplona, rubia, mofletuda y rubicunda
465 2| lo que me imaginaba. Ni siquiera se daba cuenta la tontaina
466 1| café. Si ahora mismo no te sirves tú, ya te puedes ir largando...
467 1| sidra, platos.~ Cuando sirvió café, sólo trajo una taza
468 1| Sí, mi amo.~ -Tú en tu sitio y yo en el mío, muchacha;
469 | sobre
470 1| atreverse a pronunciar una sola palabra.~ De cuando en
471 1| Tú eres aquí mi criada y solamente mi criada. ¿Me comprendes?
472 1| comunidad, sobre los cuales solía aconsejar a sus ovejas.
473 2| relleno.~ Ella estalló en sollozos:~ -Yo' no sabía -nada.
474 1| puerta y gritó desde su sotabanco:~ -Estoy aquí, mi amo.~ -¿
475 2| En aquel instante llegaba su-madre. El marido le expLicó, sin
476 1| retirado de la profesión de subastador, para vivir de sus rentas.~
477 1| quedó pensativa, mientras subía al techo el vapor de la
478 1| Vete a la cama; yo subiré de aquí a un rato.~ La
479 1| tenían junto a ellas, en el suelo, sus grandes canastos; el
480 1| vaso.~ Fuera de sí del susto, trajo la chica su cubierto
481 1| vozarrón capaz de tirar un tabique, bebía sidra y aguardiente
482 | Tal
483 | también
484 | tan
485 1| señor en su comedorcito tapizado de papel de colores; cuando
486 1| la Paumelle, que siempre tarda mucho en reponerse de sus
487 1| La chica reanudó sus tareas.~ Al mediodía preparó
488 1| pensativa, mientras subía al techo el vapor de la sopa, cargado
489 1| una guardilla debajo del tejado. Rezó sus oraciones, se
490 1| para escuchar, y con el tenedor en la mano, yendo y viniendo
491 1| Óyeme bien, para que no tengamos confusiones entre nosotros.
492 1| muy lejos para oír misa, tenían junto a ellas, en el suelo,
493 1| empujar al del enjuague, y el tercero, el del puntapié y a casa.~
494 1| espetó esta declaración terminante:~ -Óyeme bien, para que
495 | ti
496 2| enfado en la voz:~ -Ahí la tienes, preñada, donde la ves.~
497 1| sus zuecos de madera en la tierra fértil, examinando la altura
498 2| Yo no sabía nada.~ El tío Malandain la miraba de arriba
499 1| con un vozarrón capaz de tirar un tabique, bebía sidra
500 | toda
|