ESCENA II
CRESTA DE GALLO (solo) ¡ Raphaële ! (cepillando el canapé).
Vaya por Dios, aún hay una mancha que no había visto (toma una palangana
sobre el canapé y frota la mancha.) ¡ Ah ! ¡ putas ! Podrían poner más
atención. Y aquí una no ha utilizado condón. Pero, ¿ a ver lo que tengo para
esta noche? (abre un cajón y extrae un puñado de condones). Las tres (cuenta
lentamente) uno, dos, tres (encuentra uno lleno de sangre.) ¡ Ah ! no podré
nunca limpiar este, seis...siete,...diez, ocho... Uno roto.
(lo examina y sopla dentro.)
¡ Ah mierda !... este ha servido a Blondinette, y está pinchado.
(Sopla en otro.)
¡ Ah ! este podrá volver a usarse. Creo que será la última vez. Venga, limpia,
lava, cepilla, frota, enjabona. Quién lo hubiese dicho hace cinco años, cuando
estaba en el seminario. ¡ Ah ! miserable criatura, qué has hecho de mi ¿ Por
qué el cielo ha querido que volviese a encontrar a esa maldita lavandera que
entonces repasaba mis remiendos, y, gracias a la que estoy condenado ahora a
revisar los condones. ¡ Sucio oficio ! ¡ Hay que ver hasta donde nos precipitan
las mujeres !... Jamás podré liberarme de esto. Es cierto que ella se encuentra
todavía más bajo que yo. ¡ Ah ! Raphaële, vive aquí, sin remordimientos y sin
añorar el pasado. Y yo sin embargo la amo...Hoy tengo ocupaciones. ¡Desgraciado
Cresta de Gallo! Ellas me han puesto Cresta de Gallo, las muy guarras. Llamarse
Cresta de Gallo, cuando hoy debería llamarme Abad Lecoq1 ! ¡ Ah, mujeres, mujeres !
|