ESCENA XVII
Miché - Señor Beauflanquet
SR. BEAUFLANQUET.- ¿ Ha visto usted a la Sra. Beauflanquet ?
MICHÉ.- Perdón, señor, ella estaba aquí hace un instante. Está en este
momento en las habitaciones privadas de esas damas que, con el beneplácito de
Su Excelencia el Señor Embajador de Turquía, yo le he concedido el permiso de
visitar.
SR. BEAUFLANQUET (advirtiendo la presencia
de las mujeres) ¡ Ah ! ¡ las
damas !
MICHÉ.- ¡ El harén de Su Excelencia !
SR. BEAUFLANQUT.- ¡ Ah !
MICHÉ.- La cuestión es que no estando aún preparados los apartamentos de
la embajada, Su Excelencia me ha encargado la custodia de su harén.
SR. BEAUFLANQUET.- Señoras, estoy verdaderamente confuso, no me esperaba
a esta hora tan avanzada tener el honor de vuestra Compañía. Perdonad, os lo
ruego, la irreverencia de mi vestimenta.
(está en pijama)
MICHÉ.- No hay de que, Su Excelencia no está nunca más cubierto que de
ese modo, y a menudo lo está menos.
SR. BEAUFLANQUET (poniéndose meloso) Para eso habría que tener
los privilegios de Su Excelencia. Es cierto que no pido otra cosa.
RAPHAËLE (riéndose) Pida, mi gatito.
SR. BEAUFLANQUET (estupefacto) ¿ Eh ?
MICHÉ.- No os asombréis, señor. Usted comprenderá que estas damas no
viendo nunca a otro hombre que no sea su Excelencia, estén acostumbradas a
ciertas libertades de intenciones y de comportamientos a los que, en este caso,
no hay inconveniente.
SR. BEAUFLANQUET.- Desde luego (con espanto) pero he oído decir
que se cortaba sin piedad la cabeza a todo individuo que entraba en un harén.
Créame, Señor que lo he hecho absolutamente por descuido. (quiere
retirarse)
MICHÉ.- Sí, señor, eso se hace en Turquía, pero en Francia se es menos
cruel. Además, como estas damas están confiadas exclusivamente a mi cuidado, es
a mí a quién concierne esa precaución. Es la primera vez además que este caso
se presenta y gracias a vuestra generosidad, seré menos severo.
SR. BEAUFLANQUET.- Pero, si usted hablase. ¿ Que pasaría ?
MICHÉ.- Sería abandonado a la venganza de las autoridades turcas.
SR. BEAUFLANQUET.- ¿ Y que harían las autoridades turcas ?
MICHÉ.- Os cortarían la cabeza, señor.
SR. BEAUFLANQUET (aparte) ¡Ah, diablos!
(Desliza dos luises a Miché que se inclina profundamente)
MICHÉ.- Si usted desea, Señor, conversar en privado con esas damas, yo
os dejaré un instante solo con ellas, estoy ciego y mudo.
FATMA.- ¿Qué dice usted que es?
SR. BEAUFLANQUET.- Alcalde de Conville, en Normandía, es lo que se
llamaría un pachá en vuestro país. Sí, soy eso, el pachá de Conville, el pachá.
RAPHAËLE.- ¿ Qué es lo que quieres hacer ? Si no te gusta el gato, hay
que talar una pluma.
(Raphaéle lo acaricia de un lado y Fatma del otro)
SR. BEAUFLANQUET (aparte, dando pequeños saltos) ¡Qué aventura!
me parece que les gusto. (en alto) ¡ Ah ! señoras, estoy...(aparte)
¡ están rabiosas estas turcas !
CRESTA DE GALLO (entrando con las consumiciones y a punto de dejar
caer todo) ¡ Otra vez Raphaële ! ¡ nunca me acostumbraré !
(dispone los vasos sobre la mesa y se escapa)
SR. BEAUFLANQUET (levantándose) ¡ Ah ! señoras, después de esto
bien se puede... ( agarra a Raphaële que se pone en pompa ). Cometo
adulterio, pero ¡ bah ! una turca.
CRESTA DE GALLO (en la puerta) ¡ Atención ! Llega alguien.
(El señor Beauflanquet se levanta de un salto y se escapa con los pantalones
bajados)
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