ESCENA XXVII
Las
mujeres - Señora Beauflanquet
SRA. BEAUFLANQUET.- ¿ Ha preguntado por mí el Sr. Beauflanquet ?
RAPHAËLE.- No, amiga mía, puede estar tranquila ( a las otras) No
es por tí por quién ha preguntado.
SRA. BEAUFLANQUET (aparte) ¡ Ah ! que miserable he sido ! ¡ Ah ! ¡ Léon ! Con tanto champaña se me ha ido la
cabeza. ¡ Por lo visto no encuentro a mi marido ! me parece que si me viese en
este momento, leería todo en mis ojos. ¡ Estoy muy nerviosa !
RAPHAËLE.- ¡ Ah ! querida amiga, ¡ me alegra volverla a ver ! Venga a
sentarse allí, a mi lado.
SRA. BEAUFLANQUET.- Es usted muy amable, Señora.
RAPHAËLE.- Tiene usted un talle encantador, y un pie adorable. ¿ Como es
lo demás ? ¿ No ha venido nunca a París ? ¿ Vive siempre en el campo ?
SRA. BEAUFLANQUET.- Sí, señora.
RAPHAËLE.- Pero debe aburrirse allí. ¿ Que hace durante todo el día ?
SRA. BEAUFLANQUET:- Me ocupo de mi casa.
RAPHAËLE.- (acariciándola suavemente) ¿ No os molesta lo que hago
?
SRA. BEAUFLANQUET.- ¡Ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah!
RAPHAËLE.- Espera, voy a hacerte gozar.
(Le mete mano. La Sra. Beauflanquet se extasía. Raphaële se retira.)
¿ Quieres hacérmelo a mí ?
SRA. BEAUFLANQUET.- ¡ Oh ! no me atrevo. Tal vez si las luces estuviesen
apagadas...
RAPHAËLE (a las mujeres) Queréis apagar las luces.
(las luces se apagan)
|