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Miguel de Cervantes Saavedra
La cueva de Salamanca

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Salen PANCRACIO, LEONARDA y CRISTINA

PANCRACIO

 

Enjugad, señora, esas lágrimas, y poned pausa a vuestros suspiros,

considerando que cuatro días de ausencia no son siglos. Yo volveré,

a lo más largo, a los cinco, si Dios no me quita la vida; aunque será

mejor, por no turbar la vuestra, romper mi palabra, y dejar esta

jornada; que sin mi presencia se podrá casar mi hermana.

 

LEONARDA

 

No quiero yo, mi Pancracio y mi señor, que por respeto mío vos

parezcáis descortés; id en hora buena, y cumplid con vuestras

obligaciones, pues las que os llevan son precisas; que yo me

apretaré con mi llaga y pasaré mi soledad lo menos mal que

pudiere. Sólo os encargo la vuelta, y que no paséis del

término que habéis puestoTenme, Cristina, que se me aprieta

el corazón.

 

Desmáyase LEONARDA

 

 

CRISTINA

 

¡Oh, que bien hayan las bodas y las fiestas! En verdad, señor,

que, si yo fuera que vuesa merced, que nunca allá fuera.

 

PANCRACIO

 

Entra, hija, por un vidro de agua para echársela en el rostro.  Mas

espera; diréle unas palabras que al oído, que tienen virtud

para hacer volver de los desmayos.

 

Dícele las palabras; vuelve LEONARDA

diciendo:

 

 

LEONARDA

 

Basta: ello ha de ser forzoso; no hay sino tener paciencia, bien mío;

cuanto más os detuviéredes, más dilatáis mi contento.  Vuestro compadre

Loniso os debe de aguardar ya en el coche. Andad con Dios; que Él os

vuelva tan presto y tan bueno como yo deseo.

 

PANCRACIO

 

Mi ángel, si gustas que me quede, no me moveré de aquí más que

una estatua.

 

LEONARDA

 

No, no, descanso mío; que mi gusto está en el vuestro; y, por agora,

más que os vais que no os quedéis, pues es vuestra honra la mía.

 

CRISTINA

 

¡Oh, espejo del matrimonio! A fe que si todas las casadas quisiesen

tanto a sus maridos como mi señora Leonarda quiere al suyo, que

otro gallo les cantase.

 

LEONARDA

 

Entra, Cristinica, y saca mi manto, que quiero acompañar a tu señor

hasta dejarle en el coche.

 

PANCRACIO

 

No, por mi amor; abrazadme y quedaos, por vida mía. Cristinica, ten

cuenta de regalar a tu señora, que yo te mando un calzado cuando

vuelva, como tú le quisieres.

 

CRISTINA

 

Vaya, señor, y no lleve pena de mi señora, porque la pienso

persuadir de manera a que nos holgu[e]mos, que no imagine en la falta

que vuesa merced le ha de hacer.

 

LEONARDA

 

¿Holgar yo? ¡Qué bien estás en la cuenta, niña! Porque, ausente de mi

gusto, no se hicieron los placeres ni las glorias para mí; penas y dolores,

sí.

 

PANCRACIO

 

Ya no lo puedo sufrir. Quedad en paz, lumbre destos ojos, los

cuales no verán cosa que les placer hasta volveros a ver.

 

[Vase] PANCRACIO

 

 

LEONARDA

 

¡Allá darás, rayo, en casa de Ana Díaz. Vayas, y no vuelvas; la

ida del humo. Por Dios, que esta vez no os han de valer vuestras

valentías ni vuestro recatos!

 

CRISTINA

 

Mil veces temí que con tus estremos habías de estorbar su partida

y nuestros contentos.

 

LEONARDA

 

¿Si vendrán esta noche los que esperamos?

 

CRISTINA

 

¿Pues no? Ya los tengo avisados, y ellos están tan en ello, que esta tarde

enviaron con la lavandera, nuestra secretaria, como que eran paños,

una canasta de colar, llena de mil regalos y de cosas de comer, que

no parece sino [u]no de los serones que da el rey el Jueves Santo a

sus pobres; sino que la canasta es de Pascua, porque hay en ella

empanadas, fiambreras, manjar blanco, y dos capones que aún no están

acabados de pelar, y todo género de fruta de la que hay ahora; y,

sobre todo, una bota de hasta una arroba de vino, de lo de una oreja,

que huele que traciende.

 

LEONARDA

 

Es muy cumplido, y lo fue siempre, mi Riponce, sacristán de las

telas de mis entrañas.

 

CRISTINA

 

Pues, ¿qué le falta a mi maese Nicolás, barbero de mis hígados y

navaja de mis pesadumbres, que así me las rapa y quita cuando le veo,

como si nunca las hubiera tenido?

 

LEONARDA

 

¿Pusiste la canasta en cobro?

 

CRISTINA

 

En la cocina la tengo, cubierta con un cernadero, por el disimulo.

 

Llama a la puerta el estudiante CARRAOLANO, y, en

llamando, sin esperar que le respondan, entra

 

 

LEONARDA

 

Cristina, mira quién llamaEstudiante Señoras, yo soy,

un pobre estudiante.

 

CRISTINA

 

Bien se os parece que sois pobre y estudiante, pues lo uno muestra

vuestro vestido, y el ser pobre vuestro atrevimientoCosa estraña

es ésta, que no hay pobre que espere a que le saquen la limosna a

la puerta, sino que se entran en las casas hasta el último rincón,

sin mirar si despiertan a quien duerme, o si no. 

 

ESTUDIANTE

 

Otra más blanda respuesta esperaba yo de la buena gracia de vuesa

merced; cuanto más, que yo no quería ni buscaba otra limosna,

sino alguna caballeriza o pajar donde defenderme esta noche de las

inclemencias del cielo, que, según se me trasluce, parece que con

grandísimo rigor a la tierra amenazan.

 

LEONARDA

 

¿Y de dónde bueno sois, amigo?

 

ESTUDIANTE

 

Salmantino soy, señora mía; quiero decir que soy de SalamancaIba

a Roma con un tío mío, el cual murió en el camino, en el corazón

de Francia. Vime solo; determiné volverme a mi tierra; robáronme

los lacayos o compañeros de Roque Guinarde, en Cataluña, porque

él estaba ausente; que, a estar allí, no consintiera que se me

hiciera agravio, porque es muy cortés y comedido, y además limosnero.

Hame tomado a estas santas puertas la noche, que por tales las juzgo, y

busco mi remedio.

 

LEONARDA

 

En verdad, Cristina, que me ha movido a lástima el estudiante.

 

CRISTINA

 

Ya me tiene a mí rasgadas las entrañas. Tengámosle en casa esta noche,

pues de las sobras del castillo se podrá mantener el real; quiero decir

que en las reliquias de la canasta habrá en quien adore su hambre; y más,

que me ayudará a pelar la volatería que viene en la cesta

 

LEONARDA

 

Pues, ¿cómo, Cristina, quieres que metamos en nuestra casa testigos de

nuestras liviandades?

 

CRISTINA

 

Así tiene él talle de hablar por el colodrillo, como por la boca.

Venga acá, amigo: ¿sabe pelar?

 

ESTUDIANTE

 

¿Cómo si pelar? No entiendo eso de saber pelar, si no es que quiere

vuesa merced motejarme de pelón; que no hay para qué, pues yo me confieso

por el mayor pelón del mundo.

 

CRISTINA

 

No lo digo yo por eso, en mi ánima, sino por saber si sabía pelar

dos o tres pares de capones.

 

ESTUDIANTE

 

Lo que sabré responder es que yo, señoras, por la gracia de Dios,

soy graduado de bachiller por Salamanca, y no digo...

 

LEONARDA

 

Desa manera, ¿quién duda sino que sabrá pelar no sólo capones, sino

gansos y avutardas? Y, en esto del guardar secreto, ¿cómo le va? Y, a

dicha, ¿[es] tentado de decir todo lo que vee, imagina o siente?

 

ESTUDIANTE

 

Así pueden matar delante de mí más hombres que carneros en el Rastro,

que yo desplegue mis labios para decir palabra alguna.

 

CRISTINA

 

Pues atúrese esa boca, y cósase esa lengua con una agujeta de dos

cabos, y amuélese esos dientes, y éntrese con nosotras, y verá

misterios y cenará maravillas, y podrá medir en un pajar los pies

que quisiere para su cama.

 

ESTUDIANTE

 

 

Con siete tendré demasiado: que no soy nada codicioso ni regalado.

 

Entran el SACRISTÁN Reponce y el BARBERO.

 

 

SACRISTÁN

 

¡Oh, que en hora buena estén los automedones y guías de los carros de

nuestros gustos, las luces de nuestras tinieblas, y las dos recíprocas

voluntades que sirven de basas y colunas a la amorosa fábrica de nuestros

deseos!

 

LEONARDA

 

¡Esto sólo me enfada dél! Reponce mío: habla, por tu vida, a lo

moderno, y de modo que te entienda, y no te encarames donde no te

alcance.

 

BARBERO

 

Eso tengo yo bueno, que hablo más llano que una suela de zapato;

pan por vino y vino por pan, o como suele decirse.

 

SACRISTÁN

 

Sí, que diferencia ha de haber de un sacristán gramático a un

barbero romancista.

 

CRISTINA

 

Para lo que yo he menester a mi barbero, tanto latín sabe, y aún más, que

supo Antonio de Nebrija; y no se dispute agora de ciencia ni de modos de

hablar: que cada uno habla, si no como debe, a lo menos, como sabe; y

entrémonos, y manos a labor, que hay mucho que hacer.

 

ESTUDIANTE

 

Y mucho que pelar.

 

SACRISTÁN

 

¿Quién es este buen hombre?

 

LEONARDA

 

Un pobre estudiante salamanqueso, que pide albergo para esta noche.

 

SACRISTÁN

 

Yo le daré un par de reales para cena y para lecho, y váyase con

Dios.

 

ESTUDIANTE

 

Señor sacristán Reponce, recibo y agradezco la merced y la limosna; pero

yo soy mudo, y pelón además, como lo ha menester esta señora doncella,

que me tiene convidado; y voto a... de no irme esta noche desta casa, si

todo el mundo me lo manda. Confíese vuesa merced mucho de enhoramala

de un hombre de mis prendas, que se contenta de dormir en un pajar; y

si lo han por sus capones, péleselos el Turco y cómanselos ellos, y nunca

del cuero les salgan.

 

BARBERO

 

éste más parece rufián que pobre. Talle tiene de alzarse con toda

la casa.

 

CRISTINA

 

No medre yo, si no me contenta el brío. Entrémonos todos, y demos orden

en lo que se ha de hacer; que el pobre pelará y callará como en misa.

 

ESTUDIANTE

 

Y aun como en vísperas.

 

SACRISTÁN

 

Puesto me ha miedo el pobre estudiante; yo apostaré que sabe más

latín que yo.

 

LEONARDA

 

De ahí le deben de nacer los bríos que tiene; pero no te pese,

amigo, de hacer caridad, que vale para todas las cosas.

 

 

 

 

[Vanse] todos, y sale Leoniso, COMPADRE de PANCRACIO, y PANCRACIO

 

 

COMPADRE

 

Luego lo vi yo que nos había de faltar la rueda; no hay cochero que no

sea temático; si él rodeara un poco y salvara aquel barranco, ya

estuviéramos dos leguas de aquí.

 

PANCRACIO

 

A mí no se me da nada; que antes gusto de volverme y pasar esta noche

con mi esposa Leonarda, que en la venta; porque la dejé esta tarde

casi para espirar, del sentimiento de mi partida.

 

COMPADRE

 

¡Gran mujer! ¡De buena os ha dado el cielo, señor compadre! Dadle gracias

por ello.

 

PANCRACIO

 

Yo se las doy como puedo, y no como debo; no hay Lucrecia que se [le]

llegue, ni Porcia que se le iguale; la honestidad y el recogimiento han

hecho en ella su morada.

 

COMPADRE

 

Si la mía no fuera celosa, no tenía yo más que desear. Por esta

calle está más cerca mi casa; tomad, compadre, por éstas,

y estaréis presto en la vuestra; y veámonos mañana, que [no] me faltará

coche para la jornada. Adiós.

 

PANCRACIO

 

Adiós.

 

[Vanse] los dosVuelven a salir el

SACRISTÁN [y] el BARBERO, con sus guitarras; LEONARDA,

CRISTINA y el ESTUDIANTE. Sale el SACRISTÁN con la sotana

alzada y ceñida al cuerpo, danzando al son de su misma

guitarra; y, a cada cabriola, vaya diciendo estas

palabras:

 

 

SACRISTÁN

 

¡Linda noche, lindo rato, linda cena y lindo amor!

 

CRISTINA

 

Señor sacristán Reponce, no es éste tiempo de danzar; dése orden

en cenar y en las demás cosas, y quédense las danzas para mejor coyuntura.

 

SACRISTÁN

 

¡Linda noche, lindo rato, linda cena y lindo amor!

 

LEONARDA

 

Déjale, Cristina; que en estremo gusto de ver su agilidad.

 

Llama PANCRACIO a la puerta, y dice

 

 

PANCRACIO

 

Gente dormida, ¿no oís? ¿Cómo, y tan temprano tenéis atrancada la

puerta? Los recatos de mi Leonarda deben de andar por aquí.

 

LEONARDA

 

¡Ay, desdichada! A la voz y a los golpes, mi marido Pancracio es éste;

algo le debe de haber sucedido, pues él se vuelve. Señores, a

recogerse a la carbonera: digo al desván, donde está el carbón.

Corre, Cristina, y llévalos; que yo entretendré a Pancracio de modo

que tengas lugar para todo.

 

ESTUDIANTE

 

¡Fea noche, amargo rato, mala cena y peor amor!

 

CRISTINA

 

¡Gentil relente, por cierto! ¡Ea, vengan todos!

 

PANCRACIO

 

¿Qué diablos es esto? ¿Cómo no me abrís, lirones?

 

ESTUDIANTE

 

Es el toque, que yo no quiero correr la suerte destos señoresEscóndanse

ellos donde quisieren, y llévenme a mí al pajar, que, si allí me hallan,

antes pareceré pobre que adúltero.

 

CRISTINA

 

Caminen, que se hunde la casa a golpes.

 

SACRISTÁN

 

El alma llevo en los dientes.

 

BARBERO

 

Y yo en los carcañares.

 

[Vanse] todos y asómase LEONARDA a

la ventana

 

 

LEONARDA

 

¿Quién está ahí? ¿Quién llama?

 

PANCRACIO

 

Tu marido soy, Leonarda mía; ábreme, que ha media hora que estoy

rompiendo a golpes estas puertas.

 

LEONARDA

 

En la voz, bien me parece a mí que oigo a mi cepo Pancracio; pero

la voz de un gallo se parece a la de otro gallo, y no me aseguro.

 

PANCRACIO

 

¡Oh recato inaudito de mujer prudente! Que yo soy, vida mía, tu

marido Pancracio: ábreme con toda seguridad.

 

LEONARDA

 

Venga acá, yo lo veré agora. ¿Qué hice yo cuando él se partió

esta tarde?

 

PANCRACIO

 

Suspiraste, lloraste y al cabo te desmayaste.

 

LEONARDA

 

Verdad; pero, con todo esto, dígame: ¿qué señales tengo yo en uno

de mis hombros?

 

PANCRACIO

 

En el izquierdo tienes un lunar del grandor de medio real, con

tres cabellos como tres mil hebras de oro.

 

LEONARDA

 

Verdad; pero, ¿cómo se llama la doncella de casa?

 

PANCRACIO

 

¡Ea, boba, no seas enfadosa, Cristinica se llama! ¿Qué más

quieres?

 

[LEONARDA]

 

¡Cristinica, Cristinica, tu señor es; ábrele,

niña!

 

CRISTINA

 

Ya voy, señora; que él sea muy bien venido.   ¿Qué es esto, señor

de mi alma? ¿Qué acelerada vuelta es ésta?

 

LEONARDA

 

¡Ay, bien mío! Decídnoslo presto, que el temor de algún mal suceso

me tiene ya sin pulsos.

 

PANCRACIO

 

No ha sido otra cosa sino que en un barranco se quebró la rueda

del coche, y mi compadre y yo determinamos volvernos, y no pasar

la noche en el campo; y mañana buscaremos en qué ir, pues hay

tiempo. Pero ¿qué voces hay?

 

Dentro, y como de muy lejos, diga el

ESTUDIANTE:

 

 

ESTUDIANTE

 

¡Ábranme aquí, señores; que me ahogo!

 

PANCRACIO

 

¿Es en casa o en la calle?

 

CRISTINA

 

Que me maten si no es el pobre estudiante que encerré en el pajar,

para que durmiese esta noche.

 

PANCRACIO

 

¿Estudiante encerrado en mi casa, y en mi ausencia? ¡Malo! En verdad,

señora, que si no me tuviera asegurado vuestra mucha bondad, que me

causara algún recelo este encerramiento; pero ve, Cristina, y

ábrele, que se le debe de haber caído toda la paja a cuestas.

 

CRISTINA

 

Ya voy.

 

LEONARDA

 

Señor, que es un pobre salamanqueso, que pidió que le acogiésemos

esta noche, por amor de Dios, aunque fuese en el pajar; y ya sabes mi

condición, que no puedo negar nada de lo que se me pide, y encerrámosle

pero veisle aquí, y mirad cuál sale.

 

Sale el ESTUDIANTE y CRISTINA; él lleno de

paja las barbas, cabeza y vestido

 

 

ESTUDIANTE

 

Si yo no tuviera tanto miedo, y fuera menos escrupuloso, yo

hubiera escusado el peligro de ahogarme en el pajar, y hubiera

cenado mejor, y tenido más blanda y menos peligrosa cama.

 

PANCRACIO

 

¿Y quién os había de dar, amigo, mejor cena y mejor cama?

 

ESTUDIANTE

 

¿Quién? Mi habilidad, sino que el temor de la justicia me tiene

atadas las manos.

 

PANCRACIO

 

¡Peligrosa habilidad debe de ser la vuestra, pues os teméis de la

justicia!

 

ESTUDIANTE

 

La ciencia que aprendí en la Cueva de Salamanca, de donde yo soy

natural, si se dejara usar sin miedo de la Santa Inquisición, yo

que cenara y recenara a costa de mis herederos; y aun quizá no

estoy muy fuera de usalla, siquiera por esta vez, donde la necesidad

me fuerza y me disculpa; pero no yo si estas señoras serán

tan secretas como yo lo he sido.

 

PANCRACIO

 

No se cure dellas, amigo, sino haga lo que quisiere, que yo les

haré que callen; y ya deseo en todo estremo ver alguna

destas cosas que dicen que se aprenden en la Cueva de Salamanca.

 

ESTUDIANTE

 

¿No se contentará vuesa merced con que le saque aquí dos

demonios en figuras humanas, que traigan a cuestas una canasta

llena de cosas fiambres y comederas?

 

LEONARDA

 

¿Demonios en mi casa y en mi presencia? ¡Jesús! Librada sea yo de

lo que librarme no .

 

CRISTINA [Aparte]

 

El mismo diablo tiene el estudiante en el cuerpo: ¡plega a

Dios que vaya a buen viento esta parva! Temblándome

está el corazón en el pecho.

 

PANCRACIO

 

Ahora bien; si ha de ser sin peligro y sin espantos, yo me

holgaré de ver esos señores demonios y a la canasta

de las fiambreras; y torno a advertir que las figuras no sean

espantosas.

 

ESTUDIANTE

 

Digo que saldrán en figura del sacristán de la parroquia, y en

la de un barbero su amigo.

 

CRISTINA

 

¿Mas que lo dice por el sacristán Riponce y por maese Roque, el

barbero de casa? ¡Desdichados dellos, que se han de ver convertidos

en diablos! Y dígame, hermano, ¿y éstos han de ser diablos

bautizados?

 

ESTUDIANTE

 

¡Gentil novedad! ¿Adónde diablos hay diablos bautizados, o para

qué se han de bautizar los diablos? Aunque podrá ser que éstos

lo fuesen, porque no hay regla sin excepción; y apártense, y verán

maravillas.

 

LEONARDA [Aparte]

 

¡Ay, sin ventura! Aquí se descose; aquí salen nuestras maldades a

plaza; aquí soy muerta.

 

CRISTINA [Aparte]

 

¡ánimo, señora, que buen corazón quebranta mala ventura!

 

ESTUDIANTE

 

Vosotros, mezquinos, que en la carbonera hallastes amparo a vuestra

desgracia, salid, y en los hombros, con priesa y con gracia, sacad

la canasta de la fïambrera; no me incitéis a que de otra manera

más dura os conjureSalid: ¿qué esperáisMirad que si a

dicha el salir rehusáis, tendrá mal suceso mi nueva quimeraHora

bien, yo cómo me tengo de haber con estos demonicos humanos;

quiero entrar allá dentro, y a solas hacer un  conjuro tan fuerte,

que los haga salir más que de paso; aunque la calidad destos

demonios más está en sabellos aconsejar, que en conjurallos.

 

[Vase] el ESTUDIANTE

 

 

PANCRACIO

 

Yo digo que si éste sale con lo que ha dicho, que será la cosa

más nueva y más rara que se haya visto en el mundo.

 

LEONARDA

 

saldrá, ¿quién lo duda? Pues, ¿habíanos de engañar?

 

CRISTINA

 

Ruido anda allá dentro; yo apostaré que los saca; pero ve aquí

do vuelve con los demonios y el apatusco de la canasta.

 

LEONARDA

 

¡Jesús! ¡Qué parecidos son los de la carga al sacristán Reponce y

al barbero de la plazuela!

 

CRISTINA

 

Mira, señora, que donde hay demonios no se ha de decir Jesús.

 

SACRISTÁN

 

Digan lo que quisieren; que nosotros somos como los perros del herrero,

que dormimos al son de las martilladas; ninguna cosa nos espanta ni turba.

 

LEONARDA

 

Lléguense a que yo coma de lo que viene de la canasta; no tomen

menos.

 

ESTUDIANTE

 

Yo haré la salva y comenzaré por el vino.

 

Bebe

 

 

Bueno es: ¿es de Esquivias, señor sacridiablo?

 

SACRISTÁN

 

De Esquivias es, juro a...

 

ESTUDIANTE

 

Téngase, por vida suya, y no pase adelante. ¡Amiguito soy yo de

diablos juradores! Demonico, demonico, aquí no venimos a

hacer pecados mortales, sino a pasar una hora de pasatiempo, y

cenar, y irnos con Cristo.

 

CRISTINA

 

¿Y éstos, han de cenar con nosotros?

 

PANCRACIO

 

Sí, que los diablos no comen.

 

BARBERO

 

comen algunos, pero no todos; y nosotros somos de los

que comen.

 

CRISTINA

 

¡Ay, señores! Quédense acá los pobres diablos, pues han traído la

cena; que sería poca cortesía dejarlos ir muertos de hambre, y

parecen diablos muy honrados y muy hombres de bien.

 

LEONARDA

 

Como no nos espanten, y si mi marido gusta, quédense en buen hora.

 

PANCRACIO

 

Queden; que quiero ver lo que nunca he visto.

 

BARBERO

 

Nuestro Señor pague a vuesa[s] mercede[s] la buena obra, señores

míos.

 

CRISTINA

 

¡Ay, qué bien criados, qué corteses! Nunca medre yo, si todos los

diablos son como éstos, si no han de ser mis amigos de aquí adelante.

 

SACRISTÁN

 

Oigan, pues, para que se enamoren de veras.

 

Toca el SACRISTÁN, y canta; y ayúdale

el BARBERO con el último verso no más

 

 

SACRISTÁN

 

                       Oigan los que poco saben

                    lo que con mi lengua franca

                    digo del bien que en sí tiene

 

BARBERO

 

                    La Cueva de Salamanca.

 

SACRISTÁN

 

                    Oigan lo que dejó escrito

                    della el bachiller Tudanca

                    en el cuero de una yegua

                    que dicen que fue potranca,

                    en la parte de la piel

                    que confina con el anca,

                    poniendo sobre las nubes

 

BARBERO

 

                    La Cueva de Salamanca.

 

SACRISTÁN

 

                    En ella estudian los ricos

                    y los que no tienen blanca,

                    y sale entera y rolliza

                    la memoria que está manca.

                    Siéntanse los que allí enseñan

                    de alquitrán en una banca,

                    porque estas bombas encierra

 

BARBERO

 

                    La Cueva de Salamanca.

 

SACRISTÁN

 

                    En ella se hacen discretos

                    los moros de la Palanca;

                    y el estudiante más burdo

                    ciencias de su pecho arranca.

                    A los que estudian en ella,

                    ninguna cosa les manca;

                    viva, pues, siglos eternos

 

BARBERO

 

                    La Cuev[a] de Salamanca.

 

SACRISTÁN

 

                    Y nuestro conjurador,

                    si es, a dicha, de Loranca,

                    tenga en ella cien mil vides

                    de uva tinta y de uva blanca;

                    y al diablo que le acusare,

                    que le den con una tranca,

                    y para el tal jamás sirva

 

BARBERO

 

                    La Cueva de Salamanca.

 

CRISTINA

 

Basta: ¿que también los diablos son poetas?

 

BARBERO

 

Y aun todos los poetas son diablos.

 

PANCRACIO

 

Dígame, señor mío, pues los diablos lo saben todo, ¿dónde se

inventaron todos estos bailes de las zarabandas, zambapalo y

Dello me pesa, con el famoso del nuevo Escarramán?

 

BARBERO

 

¿Adónde? En el infierno; allí tuvieron su origen y principio.

 

PANCRACIO

 

Yo así lo creo.

 

LEONARDA

 

Pues, en verdad, que tengo yo mis puntas y collar escarramanesco;

sino que por mi honestidad, y por guardar el decoro a quien soy,

no me atrevo a bailarle.

 

SACRISTÁN

 

Con cuatro mudanzas que yo le enseñase a vuesa merced cada día, en una

semana saldría única en el baile; que que le falta bien poco.

 

ESTUDIANTE

 

Todo se andará; por agora, entrémonos a cenar, que es lo que importa.

 

PANCRACIO

 

Entremos; que quiero averiguar si los diablos comen o no, con otras cien

mil cosas que dellos cuentan; y, por Dios, que no han de salir de mi

casa hasta que me dejen enseñado en la ciencia y ciencias que se

enseñan en La Cueva de Salamanca.

 

FIN DEL ENTREMÉS

 




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