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Miguel de Cervantes Saavedra
El viejo celoso

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Salen Doña LORENZA y CRISTINA, su criada, y HORTIGOSA, su vecina

 

 

LORENZA

 

Milagro ha sido éste, señora Hortigosa, el no haber dado la vuelta a la

llave mi duelo, mi yugo y mi desesperación. Éste es el primero día,

después que me casé con él, que hablo con persona de fuera de casa; que

fuera le vea yo desta vida a él y a quien con él me casó.

 

HORTIGOSA

 

Ande, mi señora doña Lorenza, no se queje tanto; que con una caldera vieja

se compra otra nueva.

 

LORENZA

 

Y aún con esos y otros semejantes villancicos o refranes me engañaron a mí;

que malditos sean sus dineros, fuera de las cruces; malditas sus joyas,

malditas sus galas, y maldito todo cuanto me da y promete. ¿De qué me sirve

a mí todo aquesto, si en mitad de la riqueza estoy pobre, y en medio de la

abundancia con hambre?

 

CRISTINA

 

En verdad, señora tía, que tienes razón; que más quisiera yo andar con un

trapo atrás y otro adelante, y tener un marido mozo, que verme casada y

enlodada con ese viejo podrido que tomaste por esposo.

 

LORENZA

 

¿Yo le tomé, sobrina? A la fe, diómele quien pudo; y yo, como muchacha, fui

más presta al obedecer que al contradecir; pero, si yo tuviera tanta

experiencia destas cosas, antes me tarazara la lengua con los dientes que

pronunciar aquel sí, que se pronuncia con dos letras y da que llorar dos mil

años; pero yo imagino que no fue otra cosa sino que había de ser ésta, y que,

las que han de suceder forzosamente, no hay prevención ni diligencia humana

que las prevenga.

 

CRISTINA

 

¡Jesús y del mal viejo! Toda la noche: "Daca el orinal, toma el orinal;

levántate, Cristinica, y caliéntame unos paños, que me muero de la ijada;

dame aquellos juncos, que me fatiga la piedra."  Con más ungüentos y

medicinas en el aposento que si fuera una botica; y yo, que apenas

vestirme, tengo de servirle de enfermera. ¡Pux, pux, pux, viejo clueco,

tan potroso como celoso, y el más celoso del mundo!

 

LORENZA

 

Dice la verdad mi sobrina.

 

CRISTINA

 

¡Pluguiera a Dios que nunca yo la dijera en esto!

 

HORTIGOSA

 

Ahora bien, señora doña Lorenza, vuesa merced haga lo que le tengo

aconsejado, y verá cómo se halla muy bien con mi consejo. El mozo es como

un ginjo verde; quiere bien, sabe callar y agradecer lo que por él se

hace; y, pues los celos y el recato del viejo no nos dan lugar a demandas

ni a respuestas, resolución y buen ánimo: que, por la orden que hemos dado,

yo le pondré al galán en su aposento de vuesa merced y le sacaré, si bien

tuviese el viejo más ojos que Argos y viese más que un zahorí, que dicen

que vee siete estados debajo de la tierra.

 

LORENZA

 

Como soy primeriza, estoy temerosa, y no querría, a trueco del gusto,

poner a riesgo la honra.

 

CRISTINA

 

Eso me parece, señora tía, a lo del cantar de Gómez Arias:

 

                         "Señor Gómez Arias,

                       doleos de mí;

                       soy niña y muchacha,

                       nunca en tal me vi."

 

LORENZA

 

Algún espíritu malo debe de hablar en ti, sobrina, según las cosas que

dices.

 

CRISTINA

 

Yo no quién habla; pero yo que haría todo aquello que la señora

Hortigosa ha dicho, sin faltar punto.

 

LORENZA

 

¿Y la honra, sobrina?

 

CRISTINA

 

¿Y el holgarnos, tía?

 

LORENZA

 

¿Y si se sabe?

 

CRISTINA

 

¿Y si no se sabe?

 

LORENZA

 

¿Y quién me asegurará a mí que no se sepa?

 

HORTIGOSA

 

¿Quién? La buena diligencia, la sagacidad, la industria; y, sobre todo,

el buen ánimo y mis trazas.

 

CRISTINA

 

Mire, señora Hortigosa, tráyanosle galán, limpio, desenvuelto, un poco

atrevido, y, sobre todo, mozo.

 

HORTIGOSA

 

Todas esas partes tiene el que he propuesto, y otras dos más: que es rico

y liberal.

 

LORENZA

 

Que no quiero riquezas, señora Hortigosa; que me sobran las joyas, y me

ponen en confusión las diferencias de colores de mis muchos vestidos;

hasta eso no tengo que desear, que Dios le salud a Cañizares: más

vestida me tiene que un palmito, y con más joyas que la vedriera de un

platero rico. No me clavara él las ventanas, cerrara las puertas, visitara

a todas horas la casa, desterrara della los gatos y los perros, solamente

porque tienen nombre de varón; que, a trueco de que no hiciera esto, y

otras cosas no vistas en materia de recato, yo le perdonara sus dádivas y

mercedes.

 

HORTIGOSA

 

¿Que tan celoso es?

 

LORENZA

 

Digo que le vendían el otro día una tapicería a bonísimo precio, y por ser

de figuras no la quiso, y compró otra de verduras por mayor precio, aunque

no era tan buena. Siete puertas hay antes que se llegue a mi aposento,

fuera de la puerta de la calle, y todas se cierran con llave; y las llaves

no me ha sido posible averiguar dónde las esconde de noche.

 

CRISTINA

 

Tía, la llave de loba creo que se la pone entre las faldas de la camisa.

 

LORENZA

 

No lo creas, sobrina; que yo duermo con él, y jamás le he visto ni sentido

que tenga llave alguna.

 

CRISTINA

 

Y más, que toda la noche anda como trasgo por toda la casa; y si acaso dan

alguna música en la calle, les tira de pedradas porque se vayan:  es un

malo, es un brujo; es un viejo, que no tengo más que decir.

 

LORENZA

 

Señora Hortigosa, váyase, no venga el gruñidor y la halle conmigo, que

sería echarlo a perder todo; y lo que ha de hacer, hágalo luego; que estoy

tan aburrida, que no me falta sino echarme una soga al cuello, por salir de

tan mala vida.

 

HORTIGOSA

 

Quizá con esta que ahora se comenzará, se le quitará toda esa mala gana y

le vendrá otra más saludable y que más la contente.

 

CRISTINA

 

Así suceda, aunque me costase a mí un dedo de la mano: que quiero mucho a

mi señora tía, y me muero de verla tan pensativa y angustiada en poder

deste viejo y reviejo, y más que viejo; y no me puedo hartar de decille

viejo.

 

LORENZA

 

Pues en verdad que te quiere bien, Cristina.

 

CRISTINA

 

¿Deja por eso de ser viejo? Cuanto más, que yo he oído decir que siempre

los viejos son amigos de niñas.

 

HORTIGOSA

 

Así es la verdad, Cristina, y adiós, que, en acabando de comer, doy la

vuelta. Vuesa merced esté muy en lo que dejamos concertado, y verá cómo

salimos y entramos bien en ello.

 

CRISTINA

 

Señora Hortigosa, hágame merced de traerme a mí un frailecico pequeñito,

con quien yo me huelgue.

 

HORTIGOSA

 

Yo se le traeré a la niña pintado.

 

CRISTINA

 

¡Que no le quiero pintado, sino vivo, vivo, chiquito como unas perlas!

 

LORENZA

 

¿Y si lo ve tío?

 

CRISTINA

 

Diréle yo que es un duende, y tendrá dél miedo, y

holgaréme yo.

 

HORTIGOSA

 

Digo que yo le trairé, y adiós.

 

Vase HORTIGOSA

 

 

CRISTINA

 

Mire tía si Hortigosa trae al galán y a mi frailecico, y si señor los

viere, no tenemos más que hacer sino cogerle entre todos y ahogarle, y

echarle en el pozo o enterrarle en la caballeriza.

 

LORENZA

 

Tal eres tú, que creo lo harías mejor que lo dices.

 

CRISTINA

 

Pues no sea el viejo celoso, y déjenos vivir en paz, pues no le hacemos

mal alguno, y vivimos como unas santas.

 

[VanseSalen] CAÑIZARES, viejo, y un COMPADRE suyo

 

 

CAÑIZARES

 

Señor compadre, señor compadre: el setentón que se casa con quince, o

carece de entendimiento, o tiene gana de visitar el otro mundo lo más

presto que le sea posible. Apenas me casé con doña Lorencica, pensando

tener en ella compañía y regalo, y persona que se hallase en mi cabecera, y

me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte, cuando me embistieron una

turbamulta de trabajos y desasosiegos; tenía casa, y busqué casar; estaba

posado, y desposéme.

 

COMPADRE

 

Compadre, error fue, pero no muy grande; porque, según el dicho del

Apóstol, mejor es casarse que abrasarse.

 

CAÑIZARES

 

¡Que no había que abrasar en mí, señor compadre, que con la menor

llamarada quedara hecho ceniza! Compañía quise,

compañía busqué, compañía

hallé, pero Dios lo remedie, por quién él es.

 

COMPADRE

 

¿Tiene celos, señor compadre?

 

CAÑIZARES

 

Del sol que mira a Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que la

vapulan.

 

COMPADRE

 

¿Dale ocasión?

CAÑIZARES

 

Ni por pienso, ni tiene por qué, ni cómo, ni cuándo, ni adónde: las

ventanas, amén de estar con llave, las guarnecen rejas y celosías; las

puertas jamás se abren; vecina no atraviesa mis umbrales, ni los atravesará

mientras Dios me diere vida. Mirad, compadre: no les vienen los malos aires

a las mujeres de ir a lo[s] jubileos ni a las procesiones, ni a todos los

actos de regocijos públicos; donde ellas se mancan, donde ellas se

estropean y adonde ellas se dañan, es en casa de las vecinas y de las

amigas; más maldades encubre una mala amiga, que la capa de la noche; más

conciertos se hacen en su casa y más se concluyen, que en una semblea.

 

COMPADRE

 

Yo así lo creo; pero si la señora doña LORENZA no sale de casa, ni nadie

entra en la suya, ¿de qué vive descontento mi compadre?

 

CAÑIZARES

 

De que no pasará mucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta;

que será un mal caso, y tan malo, que en sólo pensallo le temo, y de

temerle me desespero, y de desesperarme vivo con disgusto.

 

COMPADRE

 

Y con razón se puede tener ese temer, porque las mujeres querrían gozar

 

enteros los frutos del matrimonio.

 

CAÑIZARES

 

La mía los goza doblados.

 

COMPADRE

 

Ahí está el daño, señor [com]padre.

 

CAÑIZARES

 

No, no, ni por pienso; porque es más simple Lorencica que una paloma, y

hasta agora no entiende nada desas filaterías; y adiós, señor compadre,

que me quiero entrar en casa.

 

COMPADRE

 

Yo quiero entrar allá, y ver a mi señora doña Lorenza.

 

CAÑIZARES

 

Habéis de saber, compadre, que los antiguos latinos usaban de un refrán,

que decía: Amicus usque ad aras, que quiere decir: "El amigo, hasta el

altar"; infiriendo que el amigo ha de hacer por su amigo todo aquello

que no fuere contra Dios; y yo digo que mi amigo, usque ad portam, hasta la

puerta; que ninguno ha de pasar mis quicios; y adiós, señor compadre, y

perdóneme.

 

[Vase] CAÑIZARES

 

 

COMPADRE

 

En mi vida he visto hombre más recatado, ni más celoso, ni más impertinente;

pero éste es de aquellos que traen la soga arrastrando, y de los que

siempre vienen a morir del mal que temen.

 

[Vase el COMPADRESalen Doña LORENZA y CRISTINA

 

 

CRISTINA

 

Tía, mucho tarda tío, y más tarda Hortigosa.

 

LORENZA

 

Mas, que nunca él acá viniese, ni ella tampoco; porque él me enfada y

ella me tiene confusa.

 

CRISTINA

 

Todo es probar, señora tía; y, cuando no saliere bien, darle del codo.

 

LORENZA

 

¡Ay, sobrina! Que estas cosas, o yo poco o que todo el daño está

en probarlas.

 

CRISTINA

 

A fe, señora tía, que tiene poco ánimo, y que, si yo fuera de su edad,

que no me espantaran hombres armados.

 

LORENZA

 

Otra vez torno a decir, y diré cien mil veces, que Satanás habla en tu

boca; mas ¡ay! ¿Cómo se ha entrado señor?

 

CRISTINA

 

Debe de haber abierto con la llave maestra.

 

LORENZA

 

Encomiendo yo al diablo sus maestrías y sus llaves.

 

[Sale] CAÑIZARES

 

 

CAÑIZARES

 

¿Con quién hablábades, doña Lorenza?

 

LORENZA

 

Con Cristinica hablaba.

 

CAÑIZARES

 

Miradlo bien, doña Lorenza.

 

LORENZA

 

Digo que hablaba con Cristinica: ¿con quién había de hablar?  ¿Tengo yo,

por ventura, con quién?

 

CAÑIZARES

 

No querría que tuviésedes algún soliloquio con vos misma, que redundase

en mi perjuicio.

 

LORENZA

 

Ni entiendo esos circunloquios que decís, ni aun los quiero entender; y

tengamos la fiesta en paz.

 

CAÑIZARES

 

Ni aun las vísperas no querría yo tener en guerra con vos; pero, ¿quién

llama a aquella puerta con tanta priesa? Mira, Cristinica, quien es,

y, si es pobre, dale limosna y despídele.

 

CRISTINA

 

¿Quién está ahí?

 

HORTIGOSA

 

La vecina Hortigosa es, señora Cristina.

 

CAÑIZARES

 

¿Hortigosa y vecina? Dios sea conmigo.  Pregúntale, Cristina, lo que quiere,

y dáselo, con condición que no atraviese esos umbrales.

 

CRISTINA

 

¿Y qué quiere, señora vecina?

 

CAÑIZARES

 

El nombre de vecina me turba y sobresalta; llámala por su proprio nombre,

Cristina.

 

CRISTINA

 

Responda: y ¿qué quiere, señora Hortigosa?

 

HORTIGOSA

 

Al señor Cañizares quiero suplicar un poco, en que me va la honra, la vida

y el alma.

 

CAÑIZARES

 

Decidle, sobrina, a esa señora, que a mí me va todo eso y más en que no

entre acá dentro.

 

LORENZA

 

¡Jesús, y qué condición tan extravagante! ¿Aquí no estoy delante de vos?

¿Hanme de comer de ojo? ¿Hanme de llevar por los aires?

 

CAÑIZARES

 

¡Entre con cien mil Bercebuyes, pues vos lo queréis!

 

CRISTINA

 

Entre, señora vecina.

 

CAÑIZARES

 

¡Nombre fatal para mí es el de vecina!

 

[Sale] HORTIGOSA, y trae un guadamecí y en las pieles de las cuatro

esquinas han de venir pintados Rodamonte, Mandricardo, Rugero y Gradaso;

y Rodamonte venga pintado como arrebozado

 

 

HORTIGOSA

 

Señor mío de mi alma, movida y incitada de la buena fama de vuesa merced,

de su gran caridad y de sus muchas limosnas, me he atrevido de venir a

suplicar a vuesa merced me haga tanta merced, caridad y limosna y buena

obra de comprarme este guadamecí, porque tengo un hijo preso por unas

heridas que dio a un tundidor, y ha mandado la justicia que declare el

cirujano, y no tengo con qué pagalle, y corre peligro no le echen otros

embargos, que podrían ser muchos, a causa que es muy travieso mi hijo; y

querría echarle hoy o mañana, si fuese posible, de la cárcel. La obra es

buena, el guadamecí nuevo, y, con todo eso, le daré por lo que vuesa merced

quisiere darme por él, que en más está la monta, y como esas cosas he

perdido yo en esta vida. Tenga vuesa merced desa punta, señora mía, y

descojámosle, porque no vea el señor Cañizares que hay engaño en mis

palabras; alce más, señora mía, y mire cómo es bueno de caída, y las

pinturas de los cuadros parece que están vivas.

 

 

Al alzar y mostrar el guadamecí, entra por detrás dél un

galán; y, como CAÑIZARES ve los retratos, dice

 

 

CAÑIZARES

 

¡Oh, qué lindo Rodamonte! ¿Y qué quiere el señor rebozadito en mi casa?

Aun si supiese que tan amigo soy yo destas cosas y destos rebocitos,

espantarse ía.

 

CRISTINA

 

Señor tío, yo no nada de rebozados; y si él ha entrado en casa, la

señora Hortigosa tiene la culpa; que a mí, el diablo me lleve si dije ni

hice nada para que él entrase; no, en mi conciencia, aun el diablo sería si

mi señor tío me echase a mí la culpa de su entrada.

 

CAÑIZARES

 

Ya yo lo veo, sobrina, que la señora Hortigosa tiene la culpa; pero no

hay de qué maravillarme, porque ella no sabe mi condición, ni cuán

enemigo soy de aquestas pinturas.

 

LORENZA

 

Por las pinturas lo dice, Cristinica, y no por otra cosa.

 

CRISTINA

 

Pues por esas digo yo. ¡Ay, Dios sea conmigo! Vuelto se me ha el ánima

al cuerpo, que ya andaba por los aires.

 

LORENZA

 

¡Quemado vea yo ese pico de once varas! En fin, quien con muchachos se

acuesta, etc.

 

CRISTINA

 

¡Ay, desgraciada, y en qué peligro pudiera haber puesto toda esta baraja!

 

CAÑIZARES

 

Señora Hortigosa, yo no soy amigo de figuras rebozadas ni por rebozar;

tome este doblón, con el cual podrá remediar su necesidad, y váyase de

mi casa lo más presto que pudiere, y ha de ser luego, y llévese su

guadamecí.

 

HORTIGOSA

 

Viva vuesa merced más años que Matute el de Jerusalén, en vida de mi

señora doña... no cómo se llama, a quien suplico me mande, que la

serviré de noche y de día, con la vida y con el alma, que la debe de tener

ella como la de una tortolica simple.

 

CAÑIZARES

 

Señora Hortigosa, abrevie y váyase, y no se esté agora juzgando almas

ajenas.

 

HORTIGOSA

 

Si vuesa merced hubiere menester algún pegadillo para la madre, téngolos

milagrosos; y, si para mal de muelas, unas palabras que quitan el

dolor como con la mano.

 

CAÑIZARES

 

Abrevie, señora Hortigosa, que doña Lorenza, ni tiene madre, ni dolor de

muelas; que todas las tiene sanas y enteras, que en su vida se ha sacado

muela alguna.

 

HORTIGOSA

 

Ella se las sacará, placiendo al cielo, porque le dará muchos años de

vida; y la vejez es la total destruición de la dentadura.

 

CAÑIZARES

 

¡Aquí de Dios! ¿Que no será posible que me deje esta vecina?  ¡Hortigosa,

o diablo, o vecina, o lo que eres, vete con Dios y déjame en mi casa!

 

HORTIGOSA

 

Justa es la demanda, y vuesa merced no se enoje, que ya me voy.

 

Vase HORTIGOSA

 

 

CAÑIZARES

 

¡Oh vecinas, vecinas! Escaldado quedo aun de las buenas palabras desta

vecina, por haber salido por boca de vecina.

 

LORENZA

 

Digo que tenéis condición de bárbaro y de salvaje; y ¿qué ha dicho esta

vecina para que quedéis con la ojeriza contra ella? Todas vuestras buenas

obras las hacéis en pecado mortal: dístesle dos docenas de reales,

acompañados con otras dos docenas de injurias, ¡boca de lobo, lengua de

escorpión y silo de malicias!

 

CAÑIZARES

 

No, no, a mal viento va esta parva; no me parece bien que volváis tanto

por vuestra vecina.

 

CRISTINA

 

Señora tía, éntrese allí dentro y desenójese, y deje a tío, que parece

que está enojado.

 

LORENZA

 

Así lo haré, sobrina; y aun quizá no me verá la cara en estas dos horas;

y a fe que yo se la a beber, por más que la rehúse.

 

[Vase] Doña LORENZA

 

 

CRISTINA

 

Tío, ¿no ve cómo ha cerrado de golpe? Y creo que va a buscar una tranca

para asegurar la puerta.

 

LORENZA [Por dentro]

 

¿Cristinica? ¿Cristinica?

 

CRISTINA

 

¿Qué quiere, tía?

 

LORENZA

 

¡Si supieses qué galán me ha deparado la buena suerte! Mozo, bien

dispuesto, pelinegro, y que le huele la boca a mil azahares.

 

CRISTINA

 

¡Jesús, y qué locuras y qué niñerías! ¿Está

loca, tía?

 

LORENZA

 

No estoy sino en todo mi juicio; y en verdad que, si le vieses, que se

te alegrase el alma.

 

CRISTINA

 

¡Jesús, y qué locuras y qué niñe[r]ías! Ríñala, tío, porque no se

at[r]eva, ni aun burlando, a decir deshonestidades.

 

CAÑIZARES

 

¿Bobear, Lorenza? Pues a fe que no estoy yo de gracia para sufrir esas

burlas.

 

LORENZA

 

Que no son sino veras, y tan veras, que en este género no pueden ser

mayores.

 

CRISTINA

 

¡Jesús, y qué locuras y qué niñerías! Y

dígame, tía, ¿está ahí también

mi frailecito?

 

LORENZA

 

No, sobrina; pero otra vez vendrá si quiere Hortigosa, la vecina.

 

CAÑIZARES

 

Lorenza, di lo que quisieres, pero no tomes en tu boca el nombre de vecina,

que me tiemblan las carnes en oírle.

 

LORENZA

 

También me tiemblan a mí por amor de la vecina.

 

CRISTINA

 

¡Jesús, y qué locuras y qué niñerías!

 

LORENZA

 

Ahora echo de ver quién eres, viejo maldito; que hasta aquí he vivido

engañada contigo.

 

CRISTINA

 

Ríñala, tío, ríñala, tío; que se

desvergüenza mucho.

 

LORENZA

 

Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía llena de

agua de ángeles, porque su cara es como la de un ángel pintado.

 

CRISTINA

 

¡Jesús, y qué locuras y qué niñerías! Despedácela, tío.

 

CAÑIZARES

 

No la despedazaré yo a ella, sino a la puerta que la encubre.

 

LORENZA

 

No hay para qué: vela aquí abierta; entre, y verá como es verdad cuanto le

he dicho.

 

CAÑIZARES

 

Aunque que te burlas, sí entraré para desenojarte.

 

Al entrar CAÑIZARES, danle con una bacía de agua en los ojos; él

vase a limpiar; acuden sobre él CRISTINA y Doña LORENZA, y en este ínterim

sale el galán y vase

 

 

CAÑIZARES

 

¡Por Dios, que por poco me cegaras, Lorenza! Al diablo se dan las burlas

que se arremeten a los ojos.

 

LORENZA

 

¡Mirad con quién me casó mi suerte, sino con el hombre más malicioso del

mundo! ¡Mirad cómo dio crédito a mis mentiras, por su..., fundadas en

materia de celos, que menoscabada y asendereada sea mi venturaPagad

vosotros, cabellos, las deudas deste viejo; llorad vosotros, ojos, las

culpas deste maldito; mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito, pues

de las sospechas hace certezas, de las mentiras verdades, de las burlas

veras y de los entretenimientos maldiciones. ¡Ay, que se me arranca el

alma!

 

CRISTINA

 

Tía, no tantas voces, que se juntará la vecindad.

 

De dentro

 

 

ALGUACIL

 

¡Abran esas puertas! Abran luego; si no, echarélas en el suelo.

 

LORENZA

 

Abre, Cristinica, y sepa todo el mundo mi inocencia y la maldad deste

viejo.

 

CAÑIZARES

 

¡Vive Dios, que creí que te burlabas! ¡Lorenza, calla!

 

[Salen] el ALGUACIL, los MÚSICOS, el BAILARÍN y

HORTIGOSA

 

 

ALGUACIL

¿Qué es esto? ¿Qué pendencia es ésta?

¿Quién daba aquí voces?

 

CAÑIZARES

 

Señor, no es nada; pendencias son entre marido y mujer, que luego se pasan.

 

MÚSICO

 

¡Por Dios, que estábamos mis compañeros y yo, que somos músicos, aquí pared

y medio, en un desposorio, y a las voces hemos acudido, con no pequeño

sobresalto, pensando que era otra cosa.

 

HORTIGOSA

 

Y yo también, en mi ánima pecadora.

 

CAÑIZARES

 

Pues en verdad, señora Hortigosa, que si no fuera por ella, que no hubiera

sucedido nada de lo sucedido.

 

HORTIGOSA

 

Mis pecados lo habrán hecho; que soy tan desdichada, que, sin saber por

dónde ni por dónde no, se me echan a mí las culpas que otros

cometen.

 

CAÑIZARES

 

Señores, vuesas mercedes todos se vuelvan norabuena, que yo les agradezco

su buen deseo; que ya yo y mi esposa quedamos en paz.

 

LORENZA

 

quedaré, como le pida primero perdón a la vecina, si alguna cosa mala

pensó contra ella.

 

CAÑIZARES

 

Si a todas las vecinas de quien yo pienso mal hubiese de pedir perdón,

sería nunca acabar; pero, con todo eso, yo se le pido a la señora

Hortigosa.

 

HORTIGOSA

 

Y yo le otorgo para aquí y para delante de Pero García.

 

MÚSICO

 

Pues, en verdad, que no habemos de haber venido en balde: toquen mis

compañeros, y baile el bailarín, y regocíjense las paces con esta

canción.

 

CAÑIZARES

 

Señores, no quiero música: yo la doy por recebida.

 

MÚSICO

 

Pues aunque no la quiera.

 

                         "El agua de por San Juan

                       quita vino y no da pan.

                       Las riñas de por San Juan

                       todo el año paz nos dan.

                          Llover el trigo en las eras,

                       las viñas estando en cierne,

                       no hay labrador que gobierne

                       bien sus cubas y paneras;

                       mas las riñas más de veras,

                       si suceden por San Juan

                       todo el año paz nos dan."

 

Baila

 

 

                         "Por la canícula ardiente

                       está la cólera a punto;

                       pero, pasando aquel punto,

                       menos activa se siente.

                       Y así, el que dice no miente,

                       que las riñas por San Juan

                       todo el año paz nos dan."

 

Baila

 

 

                          "Las riñas de los casados

                       como aquesta siempre sean,

                       para que después se vean,

                       sin pensar regocijados.

                       Sol que sale tras nublados,

                       es contento tras afán:

                       las riñas de por San Juan

                       todo el año paz nos dan."

 

CAÑIZARES

 

Porque vean vuesas mercedes las revueltas y vueltas en que me ha puesto

una vecina, y si tengo razón de estar mal con las vecinas.

 

LORENZA

 

Aunque mi esposo está mal con las vecinas, yo beso a vuesas mercedes las

manos, señoras vecinas.

 

CRISTINA

 

Y yo también; mas si mi vecina me hubiera traído mi frailecico, yo la

tuviera por mejor vecina; y adiós, señoras vecinas.

 

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