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ACTO SEGUNDO
Salen el ANTICRISTO, vestido de rey judío, y ELÍAS FALSO,
y acompañamiento de JUDÍOS, con MÚSICA
ELÍAS FALSO: Ya
de Babilonia tienes
el cetro;
ya la corona,
de ese
cielo breve zona,
ciñe tus heroicas sienes.
Manda, ordena, y tus deseos
tengan el colmo debido,
pues
tienen ya conocido
tu gran
poder los hebreos,
y pues te dan los paganos,
dejando sus ritos viles,
la obediencia, y los gentiles
desprecian sus dioses vanos.
El cristiano solamente
te
resiste pertinaz;
mas,
pues no estima la paz,
pruebe
tu brazo valiente.
ANTICRISTO: Con
su injusta sangre, Elías,
vertida
en furiosa guerra,
se
esculpirán en la tierra
las
ciertas verdades mías.
Mi
capitán general
te
nombro. Ejércitos mueve
que al
mundo en término breve
den
terror universal.
Lo
primero que has de hacer
es que se
publique un bando
en que
determimo y mando
que a
cuantos mi caracter
en
la diestra o en la frente
no
trajeren, desde luego
se
prohibe el agua y fuego
y el comercio
de la gente.
Tras
esto a Egipto camina
con
numeroso escuadrón,
y al
rey de aquella región
a
sangre y fuego arruïna.
Al
de Libia y Etiopia
sujeta,
destruye y mata;
que de
gente, de oro y plata
y de
naves tanta copia
te
daré, que al duro encuentro
de tus armas tiemble el mundo;
pues ya del mar el
profundo,
y ya de la tierra el centro,
me
rinden cuanto en sus venas
tesoro
el sol ha engendrado,
y
cuanto han depositado
naufragios en sus arenas.
ELÍAS FALSO: Voy
a obedecerte.
ANTICRISTO: Parte
poderoso en nombre mío.
ELÍAS FALSO: Pues en
tu poder confío,
las
armas llevo de Marte.
Vase
ANTICRISTO:
Agora que mis portentos,
por la
fama dilatados,
aseguran
mis cuidados
y acreditan mis intentos,
comiencen mis apetitos
y acabe mi hipocresía.
Tú
serás, bella Sofía,
la
primera en mis delitos;
que
la beldad peregrina
de tu
rostro soberano
me dice
que soy humano,
pues me vences por divina.
Sale un JUDÍO alborotado
JUDÍO:
Santo y celestial mesías,
¿cómo
tu poder consiente
que en Babilonia...?
ANTICRISTO: Detente.
Ya sé
que de un falso Elías,
que
contra mí se levanta,
las
nuevas a darme vienes.
JUDÍO: Si tan
alta ciencia tienes,
y si tienes fuerza tanta,
que
entiendes los pensamientos,
¿por
qué tu deidad permite
que un
hombre desacredite
libremente tus intentos?
ANTICRISTO:
(Contra éste, que a mi poder, Aparte
como
está profetizado,
hace el
cielo reservado,
engaños me han de valer.)
Amados vasallos mios,
y mis aseclas leales,
no os perturbe esta
tormenta,
que es
permisión de mi padre.
Como
sin virtud no hay premio,
y no
hay virtud sin contrastes,
pues el
lustre a la vitoria
de la
resistencia nace,
la Providencia divina
ordena
que se levante
este
vil pseudoprofeta
a desmentir mis verdades,
porque así los que me crean,
vitorioso premio
alcancen;
que no
merece la fe
donde la duda no cabe.
Contra
el verdadero Elías,
mi
precursor, éste al aire,
falso y
engañoso, tiende
belicosos estandartes;
con
diabólicos prestigios
acredita falsedades,
y a mi
poder soberano
opone mágicas artes.
Armaos, pues, de fortaleza;
y pues con avisos tales
os hago ya prevenidos,
no os perturbe ni os
engañe.
Resista
a sus persuasiones
quien
tenga valor constante;
cierre
a su voz los oídos
quien
se conociere frágil,
que yo
en esta guerra quiero
vencerle, mas no estorbarle;
antes a
mis gentes mando
que ni
le prendan ni maten,
tanto
porque el resistirle
os dé
méritos más grandes,
cuanto
por obedecer
la
voluntad de mi padre.
JUDÍO 1: ¿Qué
persuasiones, qué engaños,
qué
nieblas, qué obscuridades
opondrán horrible noche
al sol
que en tu oriente nace?
JUDÍO 2: Ya el
hipócrita fingido
ante
tus ojos reales
se
presenta.
ANTICRISTO:
Tanto emprenden
ambiciosas falsedades.
JUDÍO 1: Todo el
pueblo le acompaña.
ANTICRISTO: (Mi
crédito en este trance Aparte
corre
gran riesgo. Valedme,
espíritus infernales.)
Salen ELÍAS, con saco y barba larga, y GENTE
ELÍAS: No
vengo a disuadirte, monstruo horrendo,
tu
nefanda intención, tu enorme empresa,
pues
para emporio del mayor delito
desde
tu concepción estás precito;
si bien
al peso igual de tu malicia,
porque
de Dios conozcas la justicia,
te ha
dado entendimiento y ciencia tales,
que en discernir los bienes de los
males
ninguno te aventaja, y
aunque en vano,
un
custodio te inspira soberano.
No
vengo, no, a intimar a tus mentiras
la
guerra que les mueven mis verdades;
pues
fuera de que a ti no son secretas
las voces de sibilas y profetas,
la impura inteligencia te
lo ha dicho,
que al
oído te dicta los ausentes
casos,
como futuros contingentes,
falsa ocasión que contra la infinita
verdad te ensoberbece y acredita.
Mas véngote a probar, en
la presencia
del
pueblo que me escucha, la evidencia
de que
fue Jesucristo, Dios y hombre
el verdadero celestial mesías;
y eres
tú la ceraste, la culebra,
el
Belial, la bestia Decacornu,
en que
los santos padres han previsto
al hijo
del pecado, al Anticristo,
que el contrario de Cristo significa,
según
el griego idioma lo publica;
porque
no excuse la ignorancia al mundo
en
aquel grande y espantoso día,
universal de fuego cataclismo,
cercano ya, en que el hijo de Dios mismo
a dar
eternos premios y escarmientos
descenderá en los hombros de los vientos.
ANTICRISTO:
Hipócrita engañoso, aunque podía
castigar con tu muerte tu osadía,
te
permito que vivas, y permito,
porque
me dé más glorias, tu delito.
ELÍAS: Bien
sabes tú que soy el mismo Elías
que, en
el carro de fuego arrebatado
por
Dios, y al paraíso trasladado
con el profeta Enoch, que en el
oriente
evangeliza ya de gente en gente,
destinado he vivido tantos años
para
propugnador de tus engaños.
Y sabes
tú que exentos de tu furia
hemos de predicar Enoch y Elías
mil y
docientos y setenta dias,
veinte
menos de aquellos que tu mano,
según
Daniel, gozará el cetro humano.
Y así te has prevenido, como
adviertes
la fuerza de tan claras profecías,
haciendo precursor a un falso Elías,
a
quien, siendo un ladrón de Galilea,
un
diabólico espíritu infundiste,
que le
ministra, siendo poco sabio,
ciencias al pecho y sílabas al labio.
Y por
la misma causa has simulado,
viendo
que el ofenderme es imposible
hasta
al plazo por Dios estatuído,
que la
vida me das, y cauteloso
finges
que es permisión lo que es forzoso.
ANTICRISTO:
"Enviaré," dice Dios por Malaquías,
"a
vosotros mi gran profeta Elías
antes
del día grande y espantoso
del
Señor." ¿Negarás que en mi se
cumple
a la letra este oráculo divino,
pues a
Asiría llegó el tesbite Elías
por
precursor de las grandezas mías,
y luego
vine yo a imperar al suelo,
dando
horror mi venida a tierra y cielo?
ELÍAS: El
grande y espantoso día es sólo
el que,
abrasado el uno y otro polo,
dará el
Señor en el postrer jüicio
su
premio a la virtud, su pena al vicio.
Explicado lo ves por Sofonías,
que
apellida de Dios el dia grande
y
horrible, al mismo en que dará a la tierra
en
diluvios de fuego, mortal guerra.
Si de
ti lo interpretas, y el mesías
te nombras,
¿cómo pudo Malaquías
llamar
horrible al día venturoso
cuya
venida la nación hebrea
para su
redención tanto desea?
"Por quien nació la luz," dijo Isaías.
Y el
mismo, "Veis aqui el niño pequeño
que por
persona no será tenido;
no
clamará, de nadie será oído,
y ni
triste será ni turbulento.
Tu
manso rey vendrá sobre un jumento
a ti,
Sïón, y en la presencia suya
te
alegrarás, porque será un cordero
que de
misericordia tendrá el solio.
Por él verán los ciegos, y los mudos
hablarán, limpiaránse los
leprosos,"
y dirá
hablando a los fascinorosos
misericordia sí, no sacrificio
quiero,
conforme lo predijo Hoseas.
Y si
más clara impugnación deseas,
¿por él
no dijo el santo Jererías,
"De mí aprended, que soy
humilde y manso,
y en las almas tendréis paz y
descanso"?
¿Cómo concuerdas, pues, los
atributos
de humilde y manso, de cordero y
niño,
que da salud y libertad y
vida,
con ser
horrible al mundo su venida?
ANTICRISTO: El
día grande y horrible
al de
mi feliz venida
llamó
el profeta; y ser yo
el
deseado mesías
no
implica, pues he de ser
cordero
con quien me siga,
y león
con quien me ofenda,
como
Jacob lo adivina;
y esta
misma distinción
responde a las profecías,
que
niño manso y humilde
y
piadoso me apellidan.
Isaías,
¿no lo prueba,
pues
tras las palabras mismas
que
dicen, "Ni clamará
ni será
su voz oída",
dice
luego, amenazando
las
gentes mis enemigas,
"Saldrá cual fuerte guerrero,
y
clamando en voces vivas,
sus
contrarios vencerá"?
Y
Jacob, ¿no lo confirma,
pues
con la presa y despojo
de la
guerra me convida?
Y para
que te convenzas,
escucha las profecías
que alegar puedes por ti,
en mi favor construídas.
"No faltará en Judá el cetro,"
dice
Jacob, "hasta el día
que venga el que ha de
enviarse";
y ves
que fue poseída
por
trece lustros y un año
la
corona en Palestina
del
efraimita Josué,
y
Moisén, que fue levita;
y estuvo en quince jüeces
después
su aristocracía
tres
siglos, sin que entre tantos
fuesen
de judaica línea
más que
Abesán y Otoniel,
hasta
Saúl benjamita,
antes que viniese al mundo
el que
tú llamas mesías.
Luego
en él no se cumplió
lo que
Jacob profetiza.
Que
será la expectación
de las gentes vaticina
Jacob. Luego mi grandeza
y
majestad significa.
"Nacerá de madre virgen,"
a Acaz
le dijo Isaías,
y Ester
virgen fue mi madre,
por más engaños que finjas.
"Los reyes de Arabia y
Tarsis
y Sabá," dice el
psalmista,
"le ofrecerán dones."
Presto
cumplirán lo que publica,
ofreciéndome sus cetros
Etiopía, Egipto y Libia.
Donde
dice, "Fue mi precio
treinta
argentos," Zacarías,
habla
de Josef, en ellos
vendido
a los madianitas;
que de
Jesús no se puede
entender la profecía,
pues
por ellos su persona
fue
presa, mas no cautiva.
"Mis pies y manos rompieron,
y sobre las ropas mías
echaron suertes." Aquí
bien se
ve que habla el psalmista
de los
tormentos que dio
rabioso
a los israelitas
Faraón,
cuando en tirano
imperio
los oprimía.
Las
hebdómadas setenta
dirás
que fueron cumplidas,
dando a
cada una siete años,
en el que llamas mesías;
mas también verás que han sido
cumplidas en mí, si
aplicas
a cada
una siete tiempos;
pues no
hay razón más precisa,
si
hebdómada dice siete
tiempos, de ser entendída
de
siete años, que de siete
siglos,
lustros, meses, días.
Prometió Dios restaurar
el
templo, y que triunfaría
por siempre
Jerusalén;
y esto
los tuyos lo explican
en el
mistico sentido;
pero si
con mi venida
el
literal se ejecuta,
¿no es
vana la alegoría?
No respondo a las expresas
respuestas de las sibilas,
porque se sabe que son
apócrifas y fingidas.
Pues la
ceraste de Dan
falsamente se me aplica,
si yo
de Judá desciendo,
aunque pese a tus mentiras.
Siendo
así, ¿con qué invenciones
tus
engaños acreditas,
buscando a expresos sentidos
místicas alegorías?
ELÍAS: ¿Con
sofísticas nieblas imaginas
verdades, falso, obscurecer divinas,
cuando
lo vemos todo ejecutado
a la
letra en Jesús crucificado?
"No faltará," dice Jacob, "el cetro
en la
gente judaica, hasta que venga
el que se ha de
enviar." Y él nació el día
que en
Herodes gentil pasado había
el
cetro; y si otras veces, como alegas,
faltó
del tribu de Judá, a lo menos
siempre
lo tuvo la nación judía;
que de
ella habló en común la profecía.
La
sibila Cumea le predijo
dos
letras consonantes, y vocales
cuatro
a su nombre, cuya suma haría
ochocientos y ochenta y ocho, y todo
en
Jesús se cumplió del mismo modo,
pues le
llama "Iesous" el griego idioma;
y
hablando de él la misma expresamente
por las primeras letras de sus
versos,
dice así, "Jesucristo, Dios y
hombre,
Salvador, Cruz," pronóstico sagrado
que
nuestra redención ha epilogado.
"Dones le ofrecerán, dice el Psalmista,
de Arabia y Tarsis y Sabá los
Reyes."
Los tres lo hicieron; y si en ti lo entiendes
por el
de Libia, Egipto y Etïopia,
das a
la letra explicación impropia.
"Sanará los dolientes, los
demonios
expelerá, sosegará los mares,
y en desierto lugar cinco
millares
de
personas tendrán, por obra suya,
con
solos cinco panes y dos peces
manjar
bastante," dijo la
Erictrea.
"En el Jordán recebirá el bautismo,"
escribió la de Cumas; y bien sabes
que mil
antiguos testimonios graves
aprueban las sibilas. "Fue mi precio
treinta
dineros," dijo Zacarías;
esto no
habla en Josef, que fue vendido
en
veinte; y por dejarte concluído,
el
campo de Isaías anunciado,
¿no fue
en los treinta de jesús comprado?
Y si
Cristo no fue vendido en ellos,
el Profeta los llama precio, y fueron
precio,
pues su persona fue entregada,
y fue
su entrega en ellos apreciada.
"No le conocerán." dice Isaías,
"Oiránle, y no le oirán; y aunque le vean,
no le verán los mismos que desean
oírle y
verle; humilde y despreciado
padecerá por el común pecado;
y en
medio de tormentos y de agravios,
cual
mansa oveja, no abrirá los labios,
y al
patíbulo irá como el cordero."
Y la
sibila, "Feliz el madero
en que
Dios mismo se verá pendiente."
Pues en
ti, falso, ¿cómo verificas
este
silencio, cuando notificas
al mundo a voces tu tirano
imperio?
¿Qué es
del suplicio? ¿Dónde está el madero
en que
pendiente estás, manso cordero?
"Mis pies y manos
taladraron," dice
el Psalmista, "y mis ropas
dividieron,
y echaron suertes por mis
vestiduras."
¿Y adulteras tan claras
escrituras?
¿Cuándo en ellas se ve
que al pueblo hebreo
diese
estas penas el egipcio imperio,
si bien
los oprimió su cautiverio?
La
inmolación de Cristo prometida
a
Daniel en la hebdómada setenta,
¿no fue
en la muerte de Jesús cumplida,
pues
dando a cada hebdómada siete años,
son cuatrocientos y setenta y ocho
los que
distó de la promesa el día
de la
pasión del Hijo de María?
Pues,
¿cómo quieres que por siete lustros
o
siglos cada hebdómada se cuente,
si una hebdómada dice siete tiempos,
y es el
tiempo del sol una medida;
y así
es fuerza que hebdómada interprete
siete
cursos del sol; y así, o de siete
años se
ha de entender, o siete días,
que son las dos medidas naturales
que terminan sus giros
celestiales?
¿Por qué, pues, gente adúltera y
malvada,
cumpliéndose en Jesús las
profecías,
contumaces negáis que es el
mesías?
Si porque eternidad
prometió al templo
y que a
Jerusalén triunfante haría
por
largos siglos, y la veis opresa,
y el
templo desde entonces destruído,
no lo
entendéis; que en místico sentido
habló,
no literal, llamando templo
a la
iglesia, y la patria soberana
Jerusalén de la nación cristiana.
Y si de
esto dudáis, bien lo ha probado
su imperio al mundo en siglos dilatado;
bien
claramente lo mostró Isaías
cuando
a Sïón le dijo del mesías,
"A
ti vino la luz, y cuando al mundo
tiniebla cubrirá caliginosa
tú sola
en su esplendor serás hermosa."
No
habló el profeta, pues, con frases tales,
de
luces y tinieblas materiales.
Si
prometió en el Génesis al mundo
Dios el
mesías, que al dragón profundo
hiciese
guerra, y al divino imperio
restituyese a Adán del cautiverio
a que
le sujetó el primer pecado,
¿no
está con esto sin cuestión probado
que
hablando del imperio del mesías,
no
hablan del temporal las profecías?
Pues
siendo así, progenie miserable,
¿por
qué le aborrecéis? ¿Porque es amable?
¡Trocad
la mansedumbre de un cordero
a la
crueldad de un lobo carnicero!
Pues
éste, no os engañe, incestüoso
hijo
fue de Manzer, que apedreado,
en
castigo murió de su pecado.
Éste a
su madre Abá, a quien torpemente
gozó,
vil matricida, en una obscura
sima le
dio en Betzaida sepultura.
Éste,
de Dan estirpe, falsamente,
de Judá
se publica descendiente.
Pero
cuando lo fuera, ¿por ventura
ignoran
vuestros locos desvaríos
cuanto
há que falta rey a los judíos?
¿Por
ventura ignoráis que el patriarcato
que su
mentido abuelo poseía,
por
cumplir de Jacob la profecía,
es
oficio comprado al rey persiano,
y que
estando sujetos a su mano
maquináis trazas de vcrdad ajenas,
y rey fingís al que es
virrey apenas?
¿No
está profetizado que vendría
este
monstruo, en estando el Evangelio
en todo
el universo predicado?
Pues
veislo aquí a la letra ejecutado.
Ciegos,
¿no veis cumplir a Enoch y a Elías,
contra
su falsedad, las profecías?
El imperio romano dividido
en diez
coronas, ¿no lo veis cumplido?
La
torre de Nembroth y su soberbia
contra
el cielo atrevida, ¿no es figura
de que
en esta ciudad su monarquía,
como lo veis cumplido, empezaría?
"Hablará y obrará cosas
terribles
contra el Excelso." ¿Quién habrá que crea
que el
Excelso llamó a quien no lo sea
en la
verdad, Daniel? ¿No dice luego,
"Contra el Dios de los
dioses grandes cosas
hablará
el mismo?" Pues, ¿qué loco engaño
ciegos
os lleva a vuestro proprio daño?
Al que
se opone a Dios -- ¡oh, pueblo hebreo! --
¿queréis tener por sumo corifeo?
Volved, abrid los ojos. Dios
me envía
a ser
de tanta noche claro día.
En
tiempo estáis; mirad que se avecina
del
universo la fatal rüina,
pues después
de la muerte de este fiero
Anticristo, cuarenta y cinco días,
según las soberanas profecías,
justiciero y terrible, no
clemente,
no ya cordero, mas león
rugiente,
dará por
siglo en duración eterno
de Dios
el Hijo el cielo o el infierno.
JUDÍO 1:
Calla.
JUDÍO 2:
Señor, ¿por qué escuchas
argumentos de un sofista?
Permite
que con su muerte
castiguemos
su osadía.
ANTICRISTO:
Dejalde; que ya os he dicho
que es
importante su vida,
porque den a mis verdades
más resplandor sus mentiras.
Vase
JUDÍO 1: Tu
piadoso sufrimiento
en permitirle que viva
te
acredita vencedor.
Vase. Tocan
chirímias
TODOS: ¡Viva
el rey, viva el mesías!
Vanse
ELÍAS: Generación depravada,
rebelde y adulterina,
pues no merecéis piedad,
sentiréis de Dios la ira.
El
austro os niegue sus lluvias,
y en las regiones de Asiría
no fructifiquen los campos;
el sol, con llamas estivas,
os dé abrasados alientos;
el mar y las fuentes frías
sangre os ofrezcan por agua,
y escojáis en las fatigas
de pestilentes contagios
la
muerte por medicina,
hasta
cuando, arrepentidos
de tan
loca apostasía,
la
penitencia merezca
lo que
pierde la malicia.
Vase. Salen BALÁN
y un CAMINANTE
judío, por lo alto de un monte
CAMINANTE: Ya
de Babilonía veo
los muros;
ésta es aquella
ciudad
más grande y más bella,
gloria
del poder caldeo.
BALÁN: El
que a su refugio viene
del
mundo estará seguro.
CAMINANTE: Veinte
leguas tiene el muro
de circunferencia,
y tiene
de
altura cincuenta estados,
y doce
de latitud;
tanto,
que en la planitud
de su
cumbre emparejados
van
seis carros, y de Belo,
que
ésta es mayor maravilla,
la
torre tiene una milla
desde
el chapitel al suelo.
BALÁN: Aquí
reina ya el mesías,
según
publica la fama;
mas del
sol la ardiente llama
en las
regiones más frías
nos
da fuego en vez de aliento,
y ya la
sed y la hambre
rompen
el delgado estambre
de mi
vida. No me siento
con
fuerzas para poder
llegar a
pie a la ciudad.
CAMINANTE: Pues en
esta soledad,
¿qué
remedio puede haber?
Que
yo también desmayado
apenas
muevo los pies.
BALÁN: En esta
señal que ves,
Muéstrale la palma de la mano
el poder tengo cifrado
del
mesías, para hacer
milagros a imitación
de los
suyos. La ocasión
llegó
en que me ha de valer.
Volando iré por el viento;
ven, llevaréte conmigo.
CAMINANTE: Vuela
tú; que ya te sigo.
BALÁN: ¿Tú
tienes por fingimiento
estos milagros que intento?
Presto
verás tu castigo.
................... [ -igo]
...................
[ -ento]
CAMINANTE:
Válgate el cielo.
Arrójase BALÁN de la sierra al teatro
como para volar
BALÁN:
¡Ay de mi!
El mesías no es mesías;
decidlo vos, piernas mias,
pues por creerle os perdí.
CAMINANTE:
¿Estás vivo?
BALÁN: Vivo estoy
desde
la cintura arriba.
CAMINANTE: Si me
da esta sierra esquiva
senda,
a socorrerte voy.
Vase por arriba
BALÁN: ¿Qué
demonio me ha engañado
para
fïarme de ti?
Tener
alas entendí,
y sin piernas he quedado.
Salen SOFÍA, con saco y una cruz y un libro,
y su HERMANO y otro CRISTIANO
HERMANO: ¡Gracias a Dios que este suelo
en su
inculta soledad
nos
libra de la crueldad
de ese
enemigo del cielo!
CRISTIANO:
Ponderando voy confuso
de esta
bestia los portentos;
porque
impedir los acentos,
quitar
de la lengua el uso,
como
veis, a vuestra hermana
solamente con querer,
muestra
divino poder,
fuerza
arguye soberana.
Muéstrale SOFÍA el libro abierto
HERMANO: Ella
la dificultad
ha
entendido, y vuestra duda
disuelve, por estar muda,
con
escrita autoridad.
Lee
CRISTIANO:
"Tratado del juicio final, por el
maestro
fray Nicolás Díaz, de la Orden
de
Predicadores."
Abre otra parte
"Dice San Pablo que la venida del
Anticristo ha de ser según la obra de
Satanás, porque los demonios le
ayudarán,
y mediante su ministerio
hará muchas cosas que parecerán
milagros."
Parecerán, dice. Infiero
de
aquí, que no lo han de ser.
Pues si
ha hecho su poder
milagro tan verdadero
en
vuestra hermana, a quien muda
vemos,
sobrenatural
fuerza,
arguye efeto igual.
HERMANO: Ya
responde a vuestra duda.
Ella abre el libro por otra parte, y lee el CRISTIANO
CRISTIANO:
"Santo Tomás dice que son milagros
los que
se hacen fuera de la orden de
la
naturaleza criada; y cuando vemos
alguna
cosa que no conocemos, lo
tenemos
por milagro, y no lo es; y
así
serán los que hará el Anticristo
con
poder del demonio."
HERMANO: De
modo que puede hacer
cuanto los demonios pueden;
y aunque sus obras exceden
nuestro modo de entender,
no son milagros, pues son
hechos por virtud criada;
y así, puede estar ligada
por oculta aplicación
de algún demonio, la
lengua
de mi
hermana.
CRISTIANO:
¿Es de creer
que le
dé tanto poder
Dios al
demonio en su mengua,
y
más contra los cristianos?
HERMANO: Si,
porque en esta ocasión,
para su
persecución,
le ha desatado las manos.
Ella abre por otra parte el libro, y lee el CRISTIANO
CRISTIANO:
"Dice San Juan, 'Le desatará al fin
del
mundo, y por todo él ha de ir a
engañar.'"
Si
los prodigios son tales
que
engañan nuestros sentidos,
¿en qué
han de ser conocidos
por
efetos naturales?
HERMANO: En
que está profetizado
que han
de serlo; y así, quiso
hacer
Dios con este aviso
que no
tuviese el pecado
de
creerle, justa excusa
en la
ignorancia.
CRISTIANO: Mi pecho
del
todo habéis satisfecho.
Huyó la
noche confusa.
BALÁN: Ya
el cielo se ha lastimado
de mi
mal. ¡Ah, pasajeros!
Si a
piedad puede moveros
un
pobre perniquebrado,
socorred las ansias mías.
HERMANO: ¿Qué
caso te ha sucedido?
BALÁN: De
Galilea he venido
en
demanda del Mesías
y en
su virtud intenté
ser ave
que el viento nada,
y de
tal pajarotada
cual un
corchete ladé.
Hácele señas SOFÍA apuntando
al cielo
HERMANO: Lo
que vais buscando vos,
venimos
los tres huyendo.
Dice SOFÍA por señas que "no," y pone
la cruz en la boca
BALÁN: ¿Que
haga pinos? No te entiendo.
¿Qué eres
alguacil de Dios?
¿Que
calle o que me darás
con la
cruz?
HERMANO:
Su intento ignoras.
Lo que
dice es que si adoras
la
cruz, luego sanarás.
BALÁN: Déme
primero salud,
y luego
la adoraré.
HERMANO: En
faltándote la fe,
no
obrará en ti su virtud.
BALÁN: Yo lo he de hacer, pues porfías.
Por ventura esa señal
me
librará de este mal
que me dio la del mesías.
Yo
la adoro y la venero.
Besa la cruz, y levántase dando saltos
¡Cielo
santo! Bueno y sano
estoy! Vuélvome cristiano,
y
abrenuncio el embustero
por quien me vi en tal trabajo.
Disparan dentro truenos
Mas,
¡qué fiera tempestad!
CRISTIANO: ¡Qué
truenos!
Vase como a ciegas
HERMANO:
¡Qué obscuridad!
Vase como a ciegas
BALÁN: El
cielo se viene abajo.
Anda como a ciegas
De
una en otra peña doy;
todo me
aflige y espanta.
¡Valedme vos, mujer santa,
pues
por vos cristiano soy
y al
Anticristo he negado!
Sale El ANTICRISTO
ANTICRISTO: ¡Ah,
traidor!
BALÁN:
¿Quién es?
ANTICRISTO: Infiel,
quien
castigará crüel
lo que
blásfemo has pecado.
¿No
sabes tú que por mío
mi
caracter te imprimí?
BALÁN: Ya te
conozco. ¡Ay de mi!
ANTICRISTO: Pues,
¿cómo, infame judío,
tan
fácil y desleal
me has
quebrantado la fe?
BALÁN: Porque
con la cruz cobré
lo que no con tu señal.
ANTICRISTO:
Todas fueron trazas mías
por
probar tu pecho impío.
BALÁN: Pues
vuélvome a ser judío,
y
adórote por Mesías.
ANTICRISTO: Y ya
con eso perdona
tu delito mi piedad.
Parte
luego a la ciudad
y lo
que has visto pregona.
BALÁN: Voy;
mas prueba, si te agrada,
los
tuyos más blandamente
que
perniquebrar la gente
es tentación muy pesada.
ANTICRISTO:
(Ésta es, Amor, la ocasión;
Aparte
que a
solas quise intentar
gozarla, por no arriesgar,
si no
venzo, mi opinión.)
Hermosa enemiga mía,
en cuyo claro arrebol
miro al
alba, admiro al sol,
siendo
yo quien le da al día.
Enamorado y atento
a tu
honesta presunción,
por
conservar tu opinión
quité la luz, turbé el viento.
Verte
sola fue el intento
de tan
tenebroso horror;
porque
si a mi ciego ardor
no
fuere tu pecho ingrato,
no me
quite tu recato
lo que me diere tu amor.
Ningún testigo tendrás
del
bien, si llego a alcanzarlo,
sino a
mi, que he de estimarlo
como a
quien vida le das.
Mi
esposa y reina serás
si das premio a fe tan pura.
Goza
pues de la ventura
que te
consagra mi amor,
y no
pierda tu rigor
lo que
gana tu hermosura.
Bien
lo puede el amor mío
por
humilde merecer,
pues
renuncio mi poder
en
manos de tu albedrío.
Encender tu pecho frío,
no
forzarlo, es mi intención;
muerte
me dé tu afición,
y no tu
ofensa trofeo;
que
corre con mi deseo
parejas
tu estimación.
¿Dónde, pues, ibas, señora,
dando a
tan áspero clima
los tiernos pies que lastima,
que tierno mi pecho adora?
No hay
del ocaso a la aurora
de mi
poder donde huyas;
y de
esto quiero que arguyas
cuán en
vano te condenas
a
solicitar mis penas
tan a
costa de las tuyas.
A
glorias trueca tormentos,
tanto
mal a tanto bien,
y serás
reina de quien
es rey
de los elementos.
Rompe
los mudos acentos;
que si,
por mostrarte allí
mi poder, les impedí
a tus
órganos la acción,
por
mostrarte mi afición
se la
restituyo aquí.
¿No
respondes? ¿Tu rigor
sella
tus hermosos labios,
y
castigas los agravios
de mi
poder en mi amor?
Mira,
mi bien, que el favor
pido
que puedo tomar.
Resuélvete, pues, a dar
lo que
no tomo pudiendo,
y
obligarás concediendo
lo que
no puedes negar.
SOFÍA:
Callaba por no ejercer
facultad que tú me das;
hablo
porque pensarás
que
callar es conceder.
Ni tu
amor ni tu poder,
bárbaro, torpe, blasfemo,
me
obligan; que en el supremo
Dios
confïada y constante,
que es
más fuerte y más amante,
ni uno
estimo ni otro temo.
ANTICRISTO: ¡Qué
ciega estás! ¿Defenderte
piensas de mí, cuando ves
que el
mundo tiembla a mis pies,
sirve a
mis manos la muerte?
SOFÍA: Más invencible y más fuerte
que entrambos es mi
albedrío.
ANTICRISTO: ¿No has
visto ya el poder mío?
SOFÍA: Su
fuerza conmigo es vana.
ANTICRISTO: ¿No
eres mujer?
SOFÍA: Soy cristiana.
ANTICRISTO: ¿No
eres flaca?
SOFÍA:
En Dios confío.
ANTICRISTO:
Válgate ese Dios conmigo,
en que tu ignorancia fía.
Quíere abrazarla, y aparece ELÍAS por tramoya, y arrebata
a SOFÍA y llévala
SOFÍA: ¡Valedme, Jesús!
ELÍAS: Sofía,
no temas; Dios es contigo.
Huye este monstruo
enemigo;
parte a
Sión, que ha de ser
campo
donde has de vencer
mayor
guerra.
Vanse
ANTICRISTO:
¡Ardientes furias!
vengad
estas injurias,
o
miente vuestro poder.
FIN DEL SEGUNDO ACTO
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