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JORNADA SEGUNDA
Salen VETURIA y ENIO
ENIO:
Apenas, Veturia bella,
en
Roma puse las plantas
cuando, llamado de ti,
vengo
a saber qué me mandas.
VETURIA: En
cerrando aquesta puerta,
porque ni aun una crïada
pueda
oírnos, sabrás que
hacer
de ti confïanza,
que
de otro ninguno hiciera,
en fe
de estar informada
de
cuán fino amigo eres
de
Coriolano.
ENIO:
Aunque es tanta
de su
persona a la mía
la no
medida distancia,
con
ese nombre me honró
su
benignidad, a causa
de
habernos visto servir
en
aquellas dos pasadas
invasiones de Sabinio;
y en
ésta aun con más instancia,
por ocupar
mayor puesto;
con
que a ninguno le alcanza
mayor parte en las deshechas
fortunas en que hoy le halla
la corta ausencia de
haber
ido
en convoy de una dama,
de orden suya, hasta ponerla
en
salvo en su misma patria.
VETURIA: Según
eso ¿no sabrás
por
extenso lo que pasa?
ENIO: Sé el
decreto del Senado,
sé
que, ofendida y airada,
diste en público la queja,
sé
que tomó la demanda
en
favor de las mujeres.
Desde
aquí, señora, hasta
hallarle preso, no sé
de
cierto las circunstancias,
porque nuevas de camino
siempre se cuentan tan varias,
que
el deseo de saberlas
se
hace razón de dudarlas.
VETURIA: Pues
si hasta aquí sabes, oye
desde
aquí lo que te falta.
Resuelto, pues, Coriolano
en
volver por nuestra fama,
toda
la milicia suya
tomó
la voz, empeñada
en
que igual ley el Senado
había
de revocarla.
Él, empeñado también
en
que, una vez promulgada,
había
de mantener
inviolable su observancia,
dando
nombre de traidor
motín
a la repugnancia,
echó
bando de que, pena
de
serlo, ninguno osara
a
seguir a Coriolano,
dejando desamparada
de
favor a la justicia;
con
que la nota de infamia,
arrastrando tras sí al pueblo,
puso
a toda Roma en arma.
En
vano será decirte
que
no hubo calle ni plaza
que
no fuese lastimoso
teatro de mortales ansias.
Entre
todas la mayor
--que
hay desgracia de desgracias--
fue
que, en el ciego, el confuso
tumulto, una desmandada
punta
--áspid debió de ser
quizá
aborto de mi rabia--
el pecho de Flavio hirió
con
tan venenosa saña
que
no hubo tiempo entre herirle
el
cuerpo y faltarle el alma.
Muerto el senador, el pueblo
con
el pavor y a la instancia
de su
hijo en vengar su muerte,
tanto
el número adelanta
que,
embestido Coriolano
de
tan superior ventaja,
fuera
fuerza que matando
muriera, si no llegara,
intrépidamente osado,
sobre
el furor de las armas
su
padre a arrojarse en medio,
repitiendo en voces altas:
"Muera, que no es hijo mío
quien
es traidor a su patria,
pero
muera," prosiguió,
"de suerte que satisfaga
su
muerte al cielo y al mundo,
siendo ejemplo, y no venganza.
Esta
causa es del Senado;
a mí
me toca esta causa,
como
a primer senador;
que
el ser padre no embaraza
al
ser juez; porque, aunque son
dos
acciones tan contrarias,
mi
sangre y mi obligación
sabrán cumplir con entrambas."
Dijo,
y llegando a su hijo,
que
al verle se echó a sus plantas,
le
arrancó el laurel con una
mano
y con otra la espada.
Con que
el furor suspendido
--ya
al valor de su constancia,
ya al
decoro de su puesto,
ya al
respeto de sus canas--
quedó, mayormente al ver
que,
entregado a dos escuadras
de la nobleza y la plebe,
llevarle a la torre manda
del
alto homenaje, donde,
sin
ver del sol la luz clara,
preso
le tiene, cargado
de
cadenas y de guardas.
¡Oh,
quién aquí hacer pudiera
exclamación de cuán varia
la
fortuna en un instante
tan
de extremo a extremo pasa,
como
del triunfo a la ruina
y del
alborozo al ansia!
La
culpa tuve, y así,
solicitando enmendarla,
oye
lo que ignoras, ya
que
sabes lo que ignorabas.
Temiendo yo que su vida
a
todo trance restada
está,
no tanto porque
su
padre, por la jactancia,
más
que de padre, de juez,
tan
grandes extremos haga,
cuanto porque lo restante
del Senado
es fuerza que haya
de
tomar satisfacción,
y dar
a Lelio venganza,
discurriendo en varios medios,
modos, ardides y trazas
de
ponerle en libertad,
precios ofrecí, fïada
en
que la llave del oro
maestra es de todas guardas.
Un
bandido a mí ha venido
--¿quién duda que ella le traiga?--
diciéndome cómo él sabe
que el cubo de la muralla
de la
torre, entre otras rejas,
conserva una que, limada
a
otro fin, no surtió efecto;
y así
quedó, no sin maña,
desmentido lo limado
con
no sé qué negra pasta;
que
él la abrirá, y él pondrá
de
noche en ella una escala,
y al
pie della una cuadrilla,
que
le guarde las espaldas
hasta
sacarle de Roma;
pero
que es fuerza que haya
quien
de la parte de adentro
de
aquesto le avise, para
cuyo
efecto este papel,
lo
primero, le señala
la reja,
luego hora, noche
y
seña con que le aguarda.
A que
en su mano le pongas
y con
él esta acerada
sorda
lima a sus prisiones
es
para lo que se ampara
de ti
mi amor; y pues tienes,
por
tribuno, puerta franca
a la
prisión, sin sospecha
de
que en ella entres y salgas,
dale
uno y otro, y ¡adiós!,
que
no quiero mi tardanza
despierte alguna malicia,
ni que tú me des las gracias
de lo que en esto me
debes,
puesto que no sé que haya,
para
un espíritu altivo
de
quien se hace confïanza,
ocasión más generosa,
más
airosa, más bizarra,
más
heroica, más ilustre,
más
noble ni más hidalga,
que
dar la vida a un amigo
en
servicio de una dama.
Vase
ENIO:
¡Espera, escucha!--La puerta
cerró, entrándose a otra cuadra,
donde
no puedo seguirla.
Preciso es que desta salga
cuanto antes, para no dar
cuenta
a crïado o crïada,
si
preguntan a quién busco.
Entra por una puerta y sale por otra
Ya
deste empeño me saca
hallarme en la calle. ¡Cielos!
¿Quién se ha visto en más extraña
confusión? Ministro soy,
por
tribuno, en la real sala
de
justicia; por amigo
lo
soy con vida y con alma
de
Coriolano; obligado
de
Veturia me hallo, a causa
de haberse de mí valido.
¿Quién vio fiel de tres balanzas
tan
iguales como cargo,
amistad y confïanza?
Divertido en lo que hacer
debo,
he llegado al alcázar
del
homenaje, en que está
Coriolano. Antes que haga
entero juicio, he de verle;
quizá
alguna circunstancia
me
advertirá lo mejor;
aunque,
a mi ver, mucho carga
la de
dar vida a un amigo
en
servicio de su dama.
Sale PASQUÍN
PASQUÍN:
¿Quién viene allá?
ENIO: ¿Qué es aquesto,
Pasquín?
PASQUÍN: Ser guarda, y no guarda-
infante, ni guardapolvo,
guardapiés, ni guardadamas,
sino
guardadiablo, pues
guardo a Coriolano.
ENIO: Basta
de locura, y dime ¿cuál
es de
su prisión la estancia?
PASQUÍN:
Aqueste obscuro retrete.
ENIO: Abre,
ya que están cerradas,
de
sus troneras alguna.
PASQUÍN: Eso
es decir que me abra
la cabeza; que aquí no hay
más
tronera que mi calva.
Abre una puerta, vese CORIOLANO sentado, con cadena
al pie
ENIO: Salte
allá fuera; que importa
que,
como ministro, haga
con él
una diligencia;
y
avisa si alguno trata
de
entrar o salir.
PASQUÍN: Sí haré.
Vase
CORIOLANO: Gente
he sentido. ¿Quién anda
aquí?
ENIO:
Quien por verte viene
y,
por no verte, trocara
la
amistad con que te busca
al
dolor con que te halla.
CORIOLANO:
¿Enio?
ENIO:
Sí.
CORIOLANO:
Si como juez
vienes a hacer en mi causa
algún
instrumento, di
cuál
es; que nada me espanta.
ENIO:
(Perdone el puesto, que añade
Aparte
mucho
peso a su balanza,
con
la lástima de verle,
amistad y confïanza.)
Tan
otro es a lo que vengo,
que
es de parte de una dama.
CORIOLANO: ¿La
que convoyaste?
ENIO: No;
que
ésa ya quedó en su raya
segura.
CORIOLANO:
¿Qué dama puede
ser
la que a verme te traiga
de
parte suya?
ENIO: Veturia.
CORIOLANO: ¿De
mí se acuerda?
ENIO: Y con tanta
fineza...
CORIOLANO:
Di.
ENIO: ...que es en
orden
a que
desta prisión salgas.
CORIOLANO: ¿Qué
dices? ¡Oh quién pudiera
darte
en albricias mil almas,
más
porque fina se acuerda
que
porque preso me valga!
Vuelve, pues, vuelve a decirme
si es
verdad, que ella, obligada
de lo
que paso por ella,
te envía, y cómo, Enio, traza
mi
libertad.
ENIO: Como hay quien
una
desas rejas abra,
quien
ponga una escala en ella,
y te
guarde las espaldas,
hasta
sacarte de Roma.
CORIOLANO: Si
eso es verdad...
ENIO: Esta carta
y
esta lima te lo digan;
bien
que para leerla falta
la
luz, porque viene en ella
el que estéis conformes, para
saber
la noche, y abrir
la
reja, y poner la escala.
CORIOLANO:
Muestra, que no falta luz;
que
esta cadena se alarga
hasta
aquella puerta que
tiene enfrente una ventana
que,
aunque participa poca,
lo
que es para leerla basta.
Lee
"Señor y dueño mío; quien estima vuestra
vida
más que la suya ha solicitado medios
para que salgáis de esa
prisión. La reja
que
hallaréis abierta y la que tendrá
puesta la escala es la primera del cubo
de la
torre. Avisad en teniendo limadas
las
prisiones, para que esa noche os espere
quien
ha de acompañaros, que quien lleva
éste
traerá la respuesta. Dios os
guarde."
Deja que una y muchas veces,
no a los brazos, a las plantas
te pague el porte de
aquesta
ventura que no esperaba.
ENIO: Pues
sin esperarla viene,
no
hay que esperar a lograrla;
que
yo he de ser el primero
que
acompañándote vaya.
¿Qué
noche vendrán?
CORIOLANO: Acciones
que
tocan en temerarias
no
hay que pensarlas; que sólo
se
arriesgan en lo que tardan.
Y
pues solamente aquí
limar
las prisiones falta,
de
aquí a la noche habrá tiempo.
ENIO: Según
eso, ésta señalas.
CORIOLANO: Sí.
ENIO:
Adiós, pues.
CORIOLANO: Adiós.
Sale PASQUÍN
PASQUÍN: Tu padre
viene
entrando hacia esta sala.
ENIO: No
digas que yo le he visto.--
Tú,
retírate a tu estancia;
que
de hallarme aquí yo tengo
disculpa que dar.
CORIOLANO: Tirana
Fortuna, duélete un día
siquiera de mis desgracias.
Vase CORIOLANO, cerrando la prisión. Sale
AURELIO
AURELIO: Bien
dijo quien dijo que era
en las pasiones humanas
muchos cuidados un hijo.
Dígalo yo, a quien
arrastran,
con
ley de juez que acrimina,
dolor
de padre que ama.
Y así, entre las dos pasiones,
haciendo una sola de
ambas,
le
prendo y le guardo a un tiempo,
porque preso satisfaga
a la
justicia, y también
porque preso asegurada
su
persona esté; que es cierto
que,
a no estarlo, le mataran
Lelio
y sus deudos; de suerte
que,
justiciera la maña,
para
todos le castiga
cuando para mí le guarda.
Y así
a ver vengo... ¿Enio aquí?
ENIO:
Llegando de la campaña
e
informándome, señor,
de
cuanto en mi ausencia pasa,
cumpliendo mi obligación
y
considerando cuánta
de Coriolano
es la culpa,
quise
saber con qué guardas
y
prisiones su persona
está;
que nunca yo entrara
a
verle preso, si no
fuera
para asegurarla.
AURELIO: De ti
lo creo. (¡Al caído, Aparte
oh
amistad, qué presto faltas!)
[Habla CORIOLANO] al paño
CORIOLANO:
Entreabriendo aquesta puerta,
puedo
escuchar lo que hablan.
AURELIO: A lo
mismo venía yo;
y pues que tu vigilancia
debe,
por su obligación,
aliviarme de la carga
de
cuidar que su persona
segura esté, que es el ansia
que
más me aflige, respecto
de que es preciso que caiga,
si él
faltase, sobre mí
la
sospecha, que me valga
de ti
es preciso también,
pues
de nadie con más causa
fiarme puedo, que de quien
le toca lo que le encargan.
Y así, pues que desde aquí
mi desvelo en ti
descansa,
por
el Senado te nombro
guarda mayor de sus guardas.
Tú le
has de dar cuenta dél;
y desde hoy con más instancia,
porque, queriendo con
Lelio
de su
padre la desgracia
en
parte suplir, en él
se ha
proveído la plaza
de
segundo senador,
de
que hoy tomará en la sala
de
justicia posesión.
Mira
si habrá quien te haga,
el
día que te le fío,
el
cargo a ti de su falta.
Vesle
ahí; que no quiero verle
yo. (Lástima es, que no
saña.) Aparte
Entrégate dél, y teme
que
el cuchillo que amenaza
su
garganta no ejecute
los
filos en tu garganta.
Vase. Sale CORIOLANO
ENIO:
¿Haslo oído?
CORIOLANO:
Sí.
ENIO: Pues oye
también que no me acobarda
su
despecho para que
libre
esta noche no salgas.
En ella te espero. Adiós.
CORIOLANO:
Oye. Y ¿será buena paga
que
vengas tú a darme vida
y yo
a darte muerte vaya?
ENIO: Un
medio término puede
medir
esas dos distancias.
CORIOLANO: ¿Qué medio término?
ENIO: Yo,
hasta
salir de la raya,
contigo he de ir. Con quedarme
contigo, y en buena o mala
fortuna seguir la tuya,
resguardado, te resguardas.
CORIOLANO: Eso
es, porque no se pierda
uno,
perderse dos. Basta
que a
mí, como delincuente,
por
forajido la patria
me
dé, sin que por traidor,
yendo contra lo que manda,
te dé
a ti; mira el desdoro
que
hay de una fuga a una infamia.
ENIO: Eso
salva el dar la vida
a un
amigo.
CORIOLANO:
Mas no salva
al amigo que le pone
en
que pierda honor y fama.
ENIO: Yo
cumplo con esperar.
CORIOLANO: Yo
con no salir.
ENIO: Repara.
CORIOLANO: No
hay que reparar.
ENIO:
Advierte.
CORIOLANO: No
hay que advertir.
ENIO: Mira.
CORIOLANO: Nada
he de
mirar. Y porque
tan
desconfïado vayas,
que no
esperes mi salida,
daré
al aire tu esperanza.
Arroja hacia dentro la lima
ENIO: ¿Qué
has hecho?
CORIOLANO: Arrojar la lima;
que
si ella es la llave falsa
de
mis prisiones, sin ella
verás
que en vano me aguardas.
ENIO: Eso
es desesperación.
CORIOLANO: Esto
es honra.
ENIO: Es temeraria
resolución.
CORIOLANO:
Es piadosa.
ENIO: Es cruel despecho.
CORIOLANO: Es constancia.
ENIO: Es
furor.
CORIOLANO:
Es honor.
ENIO: Es
ira.
CORIOLANO:
Es valor.
ENIO: Es ingrata
fe
con Veturia.
CORIOLANO: Veturia
me
querrá --que es noble dama--
más
con alabanza muerto
que
vivo sin alabanza.
ENIO: No
quiero apurar ahora
despeños a tu arrogancia.
Mañana quizá estarás
de
otro parecer, si pasa
noche
por éste.
CORIOLANO: Aunque pasen
siglos, no habrá en mi mudanza.
ENIO: Con
todo, mañana espero
ver
qué valen mis instancias.
CORIOLANO: Pues,
hasta mañana, adiós.
ENIO: Pues
adiós, hasta mañana.
Vanse. Múdase
el teatro en sala de tribunal,
con sitial y dosel, y salen AURELIO y un RELATOR,
viejo
venerable
AURELIO:
¿Está todo prevenido?
RELATOR: Sí,
señor; y acompañado
de la
nobleza ha llegado
Lelio
ya.
AURELIO:
(Pierdo el sentido Aparte
al ver que la posesión
he de
dar contra mi hijo
a
quien tan claro colijo
ser
justa su indignación.
Pero ¿qué puedo yo hacer,
cuando corre tan deshecha
la
suerte que a mi sospecha
es
fácil de convencer?
Con que no hay razón que impida
ser
su juez, cuando advierto
que,
si él es hijo del muerto,
yo padre
del homicida.
Y
es tan grande del Senado
la
autoridad y el honor
que
el que eligió a Senador
no
puede ser recusado;
dando a entender que ha de ser
tan recto en la ejecución
que
interés, sangre o pasión
no ha
de poderle vencer.
Ya llega; forzoso es
que,
a costa del ansia mía,
obre
ahora la cortesía
y la fortuna después.)
Sale LELIO vestido de luto, y gente de
acompañamiento
AURELIO:
Vos seáis muy bien venido,
señor, a suplir la ausencia,
con
vuestra heroica presencia,
del
que hemos todos perdido.
Y
digo todos, porqué
padre
de la patria era,
cuya
desdicha, si fuera
capaz
de tenerse, en fe
de ser vos quien la suplís,
sólo
afianzara el consuelo.
LELIO:
Aurelio, guárdeos el cielo.
AURELIO:
Sentaos, pues a eso venís.
No es ése vuestro lugar,
estotro es el que se os debe;
que
el tribuno de la plebe
el izquierdo ha de ocupar.--
Llamadle.
RELATOR: Ya viene allí.
Sale ENIO por otro lado con gente de
acompañamiento
ENIO:
Perdonadme, si he tardado;
que en
vuestro servicio he estado.
AURELIO:
¿Queda bien seguro?
ENIO: Sí.
(Y tanto que no quisiera Aparte
yo
que lo quedara tanto.)
Siéntanse
los tres en tres sillas, y en un
taburete el RELATOR
AURELIO:
(¡Quién disimulara el llanto!)
Aparte
La
ceremonia primera
es que un pleito sentenciéis,
porque con vuestro decreto
la
posesión y su efeto
consisten.
Al RELATOR
-- ¿Cuáles tenéis
más vistos o más a mano?
RELATOR: El
que más visto, después
de
ser el más grave, es,
señor, el de Coriolano.
AURELIO:
Leed sus cargos. (Fuerza es
esto.) Aparte
RELATOR:
"Habiéndose publicado
un
edicto del Senado,
a
derogarle dispuesto,
dijo que él publicaría
otra en
contra, en que mandase
que
ninguno le observase;
dando
a entender que podía
leyes quitar y poner;
a cuyo efecto movió
la milicia, en que
mostró,
no
sin ambición, querer,
el día que su furor
contra el Senado armas toma,
levantándose con Roma,
coronarse emperador.
Testigo hay que afirma ser
suya,
y de otro alguno no,
la
espada que a Flavio hirió."
AURELIO: ¿Qué
alega en descargo?
RELATOR: "Haber
siempre constante y leal
servido a la patria; que,
siguiendo a Rómulo, fue
el
cabo más principal;
que a los Etruscos venció,
muerto su rey a sus manos;
que a
los labinios y albanos
al
imperio sujetó;
que al sabino fue su brío
el
que resistió valiente
el
paso una vez del puente,
y
otra el esguazo del río,
sin la tercera, en que entró
triunfante en Roma. Esto alega;
y en
cuanto a ser suya, niega,
la
espada, que a Flavio hirió;
concluyendo con que osado
no se
opuso su fortuna
al
Senado, sino a una
no justa
ley del Senado."
AURELIO: Ya, nobleza y plebe, habéis
el cargo y descargo
oído.
Para
votar siempre ha sido
estilo que despejéis,
mientras nuestro sentimiento,
desavenido en nosotros,
no
apele para vosotros
en
general parlamento.
UNOS:
Así es, y nuestra esperanza...
OTROS: Lo
que dijiste te advierte.
AURELIO: ¿Qué
dije yo?
TODOS: Que su muerte
sería
ejemplo, y no venganza.
[RELATOR:
Retiraos.]
Vase el pueblo
AURELIO: (¿Que su muerte
sería
ejemplo, y no venganza?
.....................[-anza]
.....................[-erte]
Yo lo dije. ¿Habrá quien crea
que
una voz, que a darle vida
fue
allá causa, repetida
aquí,
a darle muerte sea?
¿Ni quién creerá en mi quebranto
que,
siendo lo más veloz
una
pluma y una voz,
voz y
pluma pesen tanto
que en vano su gravedad
sustentarla solicito?
Darle
perdón es delito;
darle
castigo es crueldad.
Aquí, a pesar de mi fama,
me
está llamando el amor;
aquí,
a pesar del dolor,
la
justicia es quien me llama.
A
un tiempo sin mí y conmigo
balanzas mis manos son;
en
ésta pongo el perdón,
en
ésta pongo el castigo.
Ya no puede haber malicia
en el
peso que dispuse,
pues
donde la pluma puse
ha
cargado la justicia.
A
mi dolor esta vez
no
habrá consuelo que cuadre,
pues
más que la voz de padre
pesó la pluma de juez.
Escribe
¿Qué mucho, si en el crüel
dolor
de mi sentimiento
centro es de la voz el viento,
y de
la pluma el papel?
La hoja al voto he de volver;
no
haga el ejemplar mi pena;
que,
si un padre le condena,
un
contrario, ¿qué ha de hacer?)
Ahora votad [vos].
LELIO: (Que
añada Aparte
dolor a dolor es suma
fuerza, y que empuñe la pluma,
cuando debiera la espada.
Entre cólera y templanza
yo me
enfreno y yo me irrito;
que
vengarme por escrito
venganza es, mas ruin venganza.
Y
será acción mal distinta,
aunque Roma sea mi madre,
que
vierta sangre mi padre,
y yo
la lave con tinta.
Y
así perdone esta vez,
que
entre juez y caballero
para
conmigo, primero
fui
caballero que juez.)
Escribe
Ya firmé y volví la hoja.
AURELIO: Votad
vos ahora, Enio.
ENIO: (¡Qué poco tendrá mi ingenio Aparte
que
pensar en tal congoja!
Pues si ausentarle consigo
con
mi voto, es cierto que
como
juez conseguiré
lo
que intenté como amigo.)
Escribe
También yo he firmado.
AURELIO: Pues
por
si alguno se mejora,
conferido, leed ahora
los votos de todos tres.
RELATOR:
"Habiendo considerado
de
Coriolano la fiera
culpa, mi voto es que muera.
Aurelio, por el Senado."
"Atento a la gran proeza
de
Coriolano, y su altiva
fama,
mi voto que viva
es. Lelio, por la nobleza."
"Porque pague lo que a él debe
la
patria, y no perdonado
quede, della desterrado
salga. Enio, por la plebe."
Los tres habéis discordado.
LELIO: Mi
voto no hay que confiera
en
que viva.
AURELIO:
Yo en que muera.
ENIO: Yo en
que vaya desterrado.
Levántanse
LELIO:
Que muera es mucho rigor.
AURELIO: Que
viva es mucha piedad.
ENIO: Luego
entre amor y crueldad
no
será crueldad ni amor
el destierro.
LELIO: Sí hará tal;
que
mejor, a cuantos ven,
será
perdonarle bien
que
no castigarle mal.
Un destierro a tal delito
ni es
castigo ni es perdón.
RELATOR: Yo
cumplo mi obligación,
si
los tres votos remito
al general estamento
de la
nobleza y la plebe,
que
es el que, en discordia, debe
dar
al uno el cumplimiento.
Vase
AURELIO:
(Mi esperanza en eso estriba; Aparte
que
al ver tan sin ejemplar
mi
voto, es fuerza ganar
afectos para que viva.)
Vase
LELIO:
(No mal de su juicio espera Aparte
mi
voto lograrse, pues
sabrá la nobleza que es
que
viva para que muera.)
Vase
ENIO:
(El pueblo sabrá, informado Aparte
de
mí, que para cumplir
con
no morir ni vivir,
elegí
el ir desterrado.
Con que después iré a dar
cuenta a Veturia de que,
ya
que lo uno no logré,
lo
otro dispuse.)
Vase. Salen
VETURIA y LIBIA disfrazadas y con
velos en el rostro
VETURIA: El pesar
de un amante corazón,
que
de los hados se queja,
pocas
veces, Libia, deja
quietar la imaginación.
Una grave diligencia
a
Enio encargué; no he sabido
el
efecto que ha tenido;
y
como es de la paciencia
cualquier tardanza enemiga,
me he
atrevido disfrazada,
y
deste velo tapada,
a
buscarle y que me diga,
ya que sus ocupaciones
lugar
quizá no le han dado,
lo
que della ha resultado.
LIBIA: A
poco riesgo te pones
de ser conocida, pues
en
ese traje y tapada,
no
tienes que temer nada.
Y
para hallarle ésta es
la mejor hora, supuesto
que
es la que sale el Senado,
en que
es fuerza que haya estado.
Tocan dentro chirimías y atabalillos
VETURIA:
Espera. ¿Qué será esto
de hacer salva y concurrir
tanta
gente a sus umbrales?
LIBIA: De
gran novedad señales
son.
No me atrevo a inferir
qué será. Pero allí viene
Pasquín, y él me lo dirá.
VETURIA:
Tente; que por ti podrá
conocerme, y no conviene
que sepa quién soy.
LIBIA: Diré
que
eres una amiga mía
que
viene en mi compañía
en
busca suya; con que,
no hablando tú, ¿cómo puede
conocerte?
VETURIA: Dices bien.
Vuelven a tocar, y sale PASQUÍN
PASQUÍN:
Gracias al gran Baco den
mis
ansias, pues me concede
no ser guarda, a cuyo fin
visitarle solicita
mi sed,
en cualquier hermita
que
encuentre suya.
LIBIA: ¡Pasquín!
PASQUÍN:
Libia, por quien cierto hombre
dijo,
en frase no muy vana,
"Libia, que ya de liviana
tienes la mitad del nombre",
¿qué es aquesto?
LIBIA: ¿Qué ha de ser?
Que,
viendo que no me vías
en
tantísimos de días,
de ti
procuré saber.
Y, diciéndome esa amiga
que
te había visto aquí,
que
viniese la pedí
conmigo.
PASQUÍN:
No sé si diga
que mientes; porque es en vano
persuadirme a que ignoraba
nadie
que nombrado estaba
por
guarda de Coriolano.
LIBIA:
¿De Coriolano?
PASQUÍN: Sí.
LIBIA: Pues
¿cómo la guarda has dejado?
PASQUÍN: Como,
habiéndole sacado
de la
prisión, fuerza es
que sobren las guardas.
VETURIA: (¡Cielos! Aparte
¿Qué oigo?
¿Sacado le han
de la
prisión? Que serán
--¿quién lo duda?-- mis desvelos;
pues sacarle a él de prisión
y no
verme Enio, su fiel
amigo, de irse con él
bastantes indicios son
Sin duda él la diligencia
hizo.)
A LIBIA
Pregúntale más.
LIBIA: Ya
que disculpa me das
de
faltar de mi presencia,
dime ¿cómo lo han sacado,
cuándo, quién, cómo, y qué fiesta,
porque a él le saquen, es ésta
que
hoy hace todo el Senado?
PASQUÍN:
¿Qué fiesta, quién, cómo y cuándo
preguntas, sin reparar
que
ése es mucho preguntar?
Y más
para mí, que ando,
con la falta del dormir,
muy frágil hoy de memoria,
y es muy larga aquesa
historia.
LIBIA: Tente; que no te has de ir
sin que a las cuatro razones
cuenta des.
PASQUÍN:
¿Es fuerza?
LIBIA: Sí.
PASQUÍN:
Señores, ¿quién me hizo a mí
contador
de relaciones?
Desde el parlamento alto,
Libia, al bajo parlamento,
como
si fuera bayeta,
bajó
remitido el pleito.
Lo
que allá se confirió
no lo
sé muy por extenso;
mas
sé que fue su resulta
que,
de donde estaba preso,
a
Coriolano sacasen,
y al
son de los instrumentos
le
restituyesen cuantos
honoríficos
aprestos
prevenidos le tenían
para
su recibimiento
el
día que en Roma entró
coronado de trofeos.
¿Quién le sacó? Fue la guarda.
¿Cuándo? En el instante mesmo.
¿Cómo? De laurel ceñido.
¿Dónde? Al trono más excelso.
De
modo que de la misma
suerte que le recibieron
triunfante se vuelve a ver
de la
prisión libre, en medio
del
senador propietario
y el
sustituto del muerto,
haciendo hoy las ceremonias
que
entonces se hubieran hecho,
si
aquella mala mujer
de Veturia con extremos
tan
duelistas no le hubiera
en
tanta desdicha puesto.
Hasta
aquí sé; desde aquí
busca
a otro majadero
que
te diga lo demás,
si no
te basta oír al pueblo.
Vase. Chirimías
y atabalillos [y dicen
dentro]
TODOS: ¡Viva
Senado que sabe
dar a las victorias premio!
VETURIA:
¿Quién creerá que hay caso en que
oír
baldones agradezco?
Libia, dime, si es verdad
lo
que escucho y lo que veo;
porque ser dicha y ser mía,
ser
gozo y no ser ajeno,
implica contradicción.
¿Libre
Coriolano, cielos?
¿Libre y con nuevos honores
restituido a sus puestos?
Desengáñame tú, dime
si es
cierto, Libia.
LIBIA: Y tan cierto
que, sin ser la enamorada
yo,
desde aquí lo estoy viendo;
pues
para que lo vean todos,
el
Capitolio han abierto.
Sosiégate; que no es bien
te
descubran tus afectos.
Y más cuando todo el vulgo,
con
el general contento
de su
perdón, trae en tropas
mujeres y hombres diciendo:
TODOS: ¡Viva
Senado que sabe
dar a las victorias premio!
Con
esta repetición y las chirimías y
atabalillos,
salen todas las mujeres y hombres, abriéndose todo
el foro, y en un trono CORIOLANO, con laurel, manto y
bastón,
y a sus lados AURELIO, LELIO, ENIO, y el RELATOR
CORIOLANO:
(Fortuna, si por asunto Aparte
de
tus variados sucesos
me ha
elegido lo inconstante
de tu
condición, a efecto
de
que se acrisole en mí
ser
verdad aquel proverbio
de que
es un sueño la vida,
pasándome tus extremos
a
preso de victorioso,
y a
victorioso de preso:
suspéndete en este engaño,
siquiera por un momento,
y
conténtate con darme
al
partido de que sueño
la
felicidad, con que
a
verme triunfante vuelvo.
AURELIO:
Publicad, para que conste
a
toda Roma, el decreto
que
en su remisión ha dado
el
general estamento.
VETURIA: Oye,
Libia, por si oírlo
añade
gozos al verlo.
RELATOR: Sepa
Roma, y sepa el orbe
que
plebe y nobleza, atento
a que
no es justo que queden
tantos señalados hechos
como
debe a Coriolano
la
república sin premio,
principalmente en la rota
del
último vencimiento
del
sabino, cuyo triunfo
entonces quedó suspenso;
sepa
Roma, y sepa el orbe
que
plebe y nobleza, habiendo
recusado el primer voto,
le
dan por libre y absuelto
de la
pena capital
de
muerte; y añaden luego
que
prosiga el adquirido
triunfo, con que satisfecho
ya
una vez en lo que toca
a
cuanto es merecimiento,
convienen con el segundo
voto
de que viva; pero
que
no viva despenado
tanto
como en el tercero
el
destierro le permite;
porque ha de ser el destierro
con
circunstancias de que
sirvan a otros de escarmiento,
no
dejando sin castigo
el
osado atrevimiento
de
haber alterado a Roma,
de
haberse al Senado opuesto,
convocado la milicia
y, sobre un senador muerto,
despertado las sospechas
de
quererla hacer imperio.
Y así
determinan que
suceda al triunfo el destierro,
arrojándole de sí,
de los honores depuesto,
pues
si mereció ganarlos,
ya le
ha pagado con ellos,
y
debe cobrarlos, pues
también mereció perderlos;
con que, emancipado hijo
de la
patria, y de sus fueros
hoy
desnaturalizado,
establecen que al momento
que
vea el pueblo que a deberle
nada
le queda a su acuerdo,
degradado del laurel,
bengala y estoque, siendo
el
pregón de sus delitos
los
pavorosos acentos
de
destempladas sordinas
y
roncos parches funestos,
le saquen de los distritos
de
toda Roma; y expuesto
al
arbitrio de los hados,
le
dejen en los desiertos
montes fuera de su raya.
Y
para que en todo tiempo,
por donde quiera que fuere,
lleve las señas de reo,
los hierros de la
prisión
sean
testigos de sus yerros,
diciendo premio y castigo,
sin
venganza y con ejemplo,
pena
de ser sospechoso
el
que no diga con ellos:
RELATOR y TODOS: ¡Viva Senado que sabe
unir
castigos y premios!
VETURIA: (¡Ay,
Libia, bien temí yo Aparte
ser mi
dicha devaneo.)
CORIOLANO: (¡Ay,
fortuna! Bien temí Aparte
que era
mi ventura sueño.)
AURELIO: Yo,
aborrecido hijo... (Mal
dije;
que en deshonor puesto,
no debe
llamarte hijo
ni aun
el aborrecimiento)
yo,
Coriolano, te puse
el
laurel, que en otro riesgo
te
quité, por darte vida,
y ahora
a quitártele vuelvo
porque
me mate el dolor;
Quítasele
que
para mi sentimiento
más que
verte degradado
dél,
verte quisiera muerto.
LELIO: Mi
padre te dio el estoque
que
osado contra su pecho
esgrimiste; y aunque a mí
quitártele toca, quiero
trocarle al bastón, porque
no se
piense que es a afecto
de
dejarte desarmado
para mi
venganza, puesto
que,
dondequiera que fueres,
seguirte y matarte tengo.
Quítasele
ENIO: Yo,
Coriolano, la espada,
por la
obligación del puesto,
te
quito;
Quítasela
pero entendido
ten que
con ella me quedo
para
emplearla en tu favor,
siempre
que se ofrezca hacerlo.
CORIOLANO:
¡Cielos! ¿Qué dolor que iguale
a mi
dolor habrá?
VETURIA: ¡Cielos!
¿Qué
tormento habrá que pueda
medirse
con mi tormento?
RELATOR: Ahora,
escuadras, que nombradas
estáis
para el cumplimiento
de la
justicia, pues yo,
como
fiscal, os le entrego
desposeído del trono
y las
insignias depuesto...
Tocan cajas destempladas y sordinas
... al
son, como antes os dije,
de
fúnebres instrumentos,
llevadle, hasta quedar fuera
de todos los lindes nuestros.
Y para seguridad
de que
no conmueva al pueblo,
sobre
afianzadas prisiones,
llevadle el rostro cubierto;
que,
para saber quién es,
basta
que vais repitiendo:
RELATOR
y TODOS: ¡Viva Senado que sabe
unir
castigos y premios.
Cajas
MUJER 1: ¡Qué
lástima!
Vase
MUJER 2:
¡Qué desdicha!
Vase
MUJER 3: ¡Qué
pena!
Vase
MUJER 4:
¡Qué desconsuelo!
Vase
LELIO:
Retírome; no se entienda
que en
su castigo me vengo.
Vase
ENIO: ¡Quién,
por no oírlo, ensordeciera!
AURELIO: ¡Quién
cegara, por no verlo!
Vanse los senadores
SOLDADO: Ven, y
a lo que ejecutamos
disculpe el que obedecemos.
Vuelven a tocar las sordinas y cajas
CORIOLANO: En fin,
hijo aborrecido,
patria,
¿me arroja tu centro,
como
bruto, a las montañas,
como fiera,
a los desiertos?
Pues
teme que, como fiera
rabiosa, que, como fiero
bruto
irritado, algún día
me
vuelva contra mi dueño.
Cúbrenle el rostro y llévanle
TODOS: ¡Viva
Senado que sabe
unir
castigos y premios!
Vanse
VETURIA: ¡Oíd,
esperad!
LIBIA:
No, señora,
des con
segundo despeño
a toda
Roma segundo
escándalo.
VETURIA:
¿Cómo puedo
dejar
de darle, cumplido
el
número al sufrimiento?
Déjame,
Libia, que vaya
a morir
con él.
LIBIA: Todo eso
es
querer que contra ti
vuelva
el rigor.
VETURIA: ¿Qué más vuelto,
si,
perdido Coriolano,
esposo,
alma y vida pierdo?
¡Oh Júpiter! ¿Para cuándo,
ya que me asustan los truenos
desas cajas y esas trompas,
guardan tus rayos su
incendio?
O ¿para
cuándo, fortuna,
es el
igualar los tiempos?
¿Siempre a más la edad del llanto?
¿Siempre la del gozo a menos?
Dígalo yo, pues apenas
vi
brujuleado el contento,
cuando
vi patente el daño,
uno
instante y otro eterno;
pues
siempre durará en mí
de su
ausencia el desconsuelo,
de su
desdoro el dolor
y de su
patria el desprecio;
si ya
no es que, cuando sepa
dónde
haya tomado puerto
su
derrotada fortuna,
mi amor
en su seguimiento
vaya a
quebrarla los ojos,
porque,
aunque sé que son ciegos,
si no
sintiere su falta,
sentirá
mi sentimiento,
cuando,
a pesar de su ira
y a
oposición de su ceño,
oiga que
sin ella pude
labrarme mi dicha, siendo
mi suma
felicidad
sólo el
ver que a verle vuelvo.
Y hasta
entonces, altos dioses,
sol,
luna, estrellas, luceros,
planetas, signos y nubes,
aire,
agua, tierra y fuego,
aves,
peces, brutos, fieras,
montes,
troncos, golfos, puertos,
con
lástima suya y mía,
repetid
con mis lamentos:
¡Cielos, o dadle venganza,
o dadme
paciencia, cielos!
Vase
LIBIA: Oye,
aguarda, escucha, espera.
Tras
ella iré, por si puedo
excusar
su precipicio.
Vase. Múdase el teatro en bosque, y salen
ASTREA y SABIN[I]O
SABINIO: ¿Dónde,
Astrea, vas?
ASTREA: Siguiendo
tus huellas voy.
SABINIO: Pues aquí
me
espera; que al punto vuelvo.
ASTREA:
Detente, que no has de dar
paso sin mí; que no quiero
que me
suceda otra vez
el
accidente o el riesgo
de
hallarme sin ti en poder
de los
que apenas me vieron
ir
precipitada, cuando
desesperados
volvieron
a que
pasase la voz
de
dejarme en un desierto,
perdida
de vista. Y pues,
a no
permitir el cielo
que
hubiera dado en las manos
del
romano caballero
que te
conté, prisionera,
no
hubiera a tus ojos vuelto,
no será
justo que tanto
de la
fortuna fïemos
que
otra vez nos dividamos,
sino
que en cualquier suceso
corramos una los dos.
Y así,
donde fueres, tengo
de ir
contigo.
SABINIO:
Ese fracaso
que
tantas veces habemos
conferido, y cada vez
se vuelve
a quedar entero,
fue el
desmán que ocasionó
caer
tan pavoroso hielo
en todos los corazones
que, desmayados, volvieron
a abandonar lo ganado,
descaecidos los alientos;
y,
siendo así que, cobrados
hoy,
alojados los tengo
por
todos esos villajes,
hasta
incorporar con ellos
las
nuevas reclutas que
de toda
Sabinia espero,
para acabar de una vez,
o bien
victorioso o muerto,
con
aquese Coriolano
que, de
la estrella heredero
de
Rómulo, sobre mí
tiene
dominante imperio;
¿qué
mucho que, arrebatado,
Astrea,
en este pensamiento,
espía
yo de mí mismo,
mandase
a los que vinieron
conmigo
que me dejasen
solo,
porque entre lo espeso
más disimulado
pueda
reconocer el terreno,
por
donde logre mejor
cobrar
el perdido encuentro?
ASTREA: Sí; mas
haberte avanzado
hasta
tocar los extremos
que
dividen vasallaje
entre el romano y el nuestro
no deja
de ser arrojo
más
temerario que cuerdo.
Yo no
he de dejarte en él;
y así
elige, porque tengo
de
llevarte o ir contigo.
SABINIO: En rara duda me has puesto;
que
irte conmigo es peligro,
e ir yo
contigo es recelo.
Y así
no sé qué te diga,
sino es
que en decir resuelvo...
Dentro
VOZ: Ya que
fuera de la raya,
que es el orden que traemos,
queda,
¡a retirar, soldados!
Que
estamos en mucho riesgo,
si en
su término nos sienten
los
sabinos.
Ruido de cadenas
CORIOLANO:
¡Piedad, cielos!
UNO: Ellos
te amparen, pues ves
que
nosotros no podemos.
SABINIO: ¿Has
oído unas lejanas
voces
que la mía impidieron?
ASTREA: No tan sólo las he oído,
mal pronunciadas del eco,
mas del
ruido acompañadas
como de
arrastrados hierros
de
prisión.
SABINIO:
Vuelve a escuchar,
por si
algo entender podemos.
CORIOLANO: ¡Ay de
quien nace a ser trágico ejemplo
que a
la fortuna representa el tiempo!
SABINIO: Quédate
aquí, por tu vida,
mientras voy a ver qué es esto.
ASTREA: No soy
tan poco curiosa
que
también no quiera verlo.
SABINIO: Un hombre,
mejor dijera
un
horror, hacia allí veo
que,
mal esforzado, ya
tropezando y ya cayendo,
cubierto el rostro, ligadas
las manos y los pies presos,
baja torpe.
Sale CORIOLANO
ASTREA:
¿Qué esperamos,
que no
le reconocemos?
Hombre
infelice, ¿quién eres?
CORIOLANO: Soy el
aborrecimiento,
la ira,
la saña, el rencor,
la
ojeriza, el odio, el ceño
de
aquel réprobo destino
que
hizo verdad el concepto
que
"teatro del hombre" al hombre
llamó,
pues en m[i] supuesto
midió
las distancias que hay
de lo próspero
a lo adverso.
¡Ay de
quien nace a ser trágico ejemplo,
que a
la fortuna representa el tiempo!
ASTREA: ¿Qué
aguardo a quitarle al rostro
la
venda? ¡Cielos, qué veo!
CORIOLANO:
¡Cielos, qué miro!
ASTREA: ¿Si es
ilusión?
CORIOLANO:
¿Si es devaneo?
SABINIO: ¿Quién
eres, hombre, me di,
sin
retóricos rodeos?
CORIOLANO: ¿Cómo
he de decir quién soy,
si aun
de quién fui no me acuerdo?
ASTREA: (O es
él o naturaleza Aparte
dél lo
copió.)
CORIOLANO:
(Sí, ella es.) Aparte
ASTREA: (Pero Aparte
¿cómo
es posible ser él,
de tal fausto en tal desprecio?)
CORIOLANO: (Mas no
haberme conocido, Aparte
según
estoy, será cierto.)
SABINIO: En vano
te excusas. Di,
¿quién
eres?
Salen EMILIO y PASQUÍN
EMILIO:
Llega.
SABINIO: ¿Qué es eso?
PASQUÍN: Estarme
moliendo a coces.
EMILIO: Que
hallado en el monte habemos
desmandado del camino
este
hombre, y te le traemos,
por si
es espía.
PASQUÍN:
Te engañan
en que
desmandado vengo,
porque
antes vengo mandado.
Y es el
caso...
SABINIO:
Di.
PASQUÍN: ...que habiendo
dejado aquí a Coriolano...
SABINIO: (¡Qué
oigo!) Aparte
ASTREA:
(¡Qué escucho!) Aparte
PASQUÍN: ...temiendo,
como
vendado quedó,
que no dé
en algún despeño,
me
mandaron que volviese
yo a
desviarle, hasta que puesto
en real
camino o segura
senda
quede. Si esto es cierto,
dígalo
él; que, al verle ya
entre
gente y descubierto,
sin
riesgo de despeñarse,
paso
entre paso me vuelvo.
EMILIO: Tente;
que no te has de ir.
PASQUÍN: A mí me
estará bien eso,
si,
apóstata de soldado
sin
nota de tornillero,
entre
vustedes, mogrollo
de
Corïolano quedo.
SABINIO: ¿Tú
eres Coriolano?
CORIOLANO: Sí;
que uno
es que calle el silencio
y otro
que mienta la voz.
ASTREA: ¿Qué
dudo? Pierda el recelo
de si
es o no; que bien cabe
en los
humanos sucesos
el
dejarle allá triunfando
y
hallarle aquí padeciendo.
SABINIO: (Aquí
hay traición.) Aparte
¿Quién, si eres
Coriolano, di, te ha puesto
en tal
desdicha?
CORIOLANO: Es tan noble
mi
delito que no quiero
dejar a
la presunción
la sospecha de no serlo.
Una
dama fue mi ruina;
que el
verla con sentimiento
bastó
para que en favor
suyo
hiciese tal empeño
que dio
ocasión a que dél,
unos a
otros sucediendo,
tantos
resultasen como
mirarme
por ella preso,
por
ella desposeído
de mis insignias, depuesto
de mis honores, echado
de mi patria y, como
ajeno
hijo emancipado suyo,
negado
a sus privilegios,
enviándome desterrado,
con
viles señas de reo,
hasta
sacarme de todos
sus
distritos.
ASTREA:
(¿Qué oigo, cielos? Aparte
¿Por
una dama? Sin duda,
que,
quién era yo sabiendo,
no
haberme hecho prisionera
son los cargos que le han hecho.)
SABINIO: Bien pensarás que yo he estado
escuchándote
suspenso,
en
orden a que me habrán
compadecido sucesos
tan extraños. Pues no; que antes
me han ofendido, creyendo
que
todo aquesto es traición.
(Válgome
deste pretexto Aparte
para
acabar con él, pues
no
tiene otro eficaz medio
vencer
una opuesta estrella
que
destruirla el objeto.)
Y así,
antes que la logres,
si introducirte es a intento
de
darme muerte, a mis manos
morirás.
ASTREA:
¡Tente!
SABINIO: ¿Qué es esto?
¿Tú a
mi enemigo defiendes,
Astrea?
ASTREA:
Yo le defiendo,
Sabinio, porque es a quien
libertad y vida debo.
Sea
Coriolano o no,
el
romano caballero
es que
a mi nombre le tuvo
tan
decoroso respeto
que a
mí misma me envió
a mí
misma. Y si por esto
padece,
como lo muestra
claro
su castigo, puesto
que
donde él me envió a mí libre,
es donde
a él me le envían preso,
mira si
en obligación
de
defenderle estoy.
SABINIO: Siendo
tuyo el
respeto, mal puede
ser ya
mío el sentimiento.--
¿Qué esperáis? Llegad, quitadle
las prisiones.
CORIOLANO:
(Ya no debo Aparte
quejarme de ti, fortuna;
pues si
una mujer me ha muerto,
otra me
ha dado la vida.)
A tus pies...
SABINIO:
Alza del suelo,
y
ofrécele a Astrea, pues es
suyo el
agradecimiento.
CORIOLANO: Si al
nombre de la deidad
postrado rendí el obsequio,
¿qué
haré a la deidad, el día
que
obra milagro tan nuevo
como
hacer de un desdichado
un
dichoso, si no puedo
hacer
más que haber traído
las
cadenas a su templo?
ASTREA: Que el
tiempo me diría el tuyo
también
dije yo, añadiendo
que
fíes de mí; y pues ya
cumplió
su palabra el tiempo,
también
sabré yo cumplir
la mía,
restituyendo
los
puestos y los honores
de que ingrata te ha depuesto
tu
patria.
CORIOLANO:
Con sólo uno,
señora,
si le merezco,
no habré menester tener
más honores ni más puestos.
ASTREA: ¿Qué es? Que yo, en fe de su amor,
por
Sabinio te lo ofrezco.
SABINIO: Yo por
ti. ¿Qué es?
CORIOLANO: Que me admitas
por tu
soldado a tu sueldo;
y esto
por pensar que es más
servicio
tuyo que premio
mío;
pues si yo una vez,
a mi
venganza resuelto,
tomo,
Sabinio, las armas
contra
Roma, me prometo
--bien
como ladrón de casa,
que sé
lo que incluye dentro--
ponerla
a tus plantas, sólo
con que
sepas que es intento
vano
querer por aproche
rendir
sus muros soberbios,
pues
sólo pueden rendirla
más,
domado el ardimiento,
que las
iras del asalto
las
paciencias del asedio.
Contra
ti defendí el puente,
que es
llave de su comercio,
el día
que a tus soldados
les fue
undoso monumento
el
ciego esguace del Tíber;
y si
hoy, al contrario, intento
invadirle en tu favor,
cortados los bastimientos,
es
fuerza darse a partidos.
SABINIO: Si es
admitido proverbio
que el
bueno para enemigo
será
para amigo bueno,
no dudo
con tu valor
el
verme de Roma dueño.
CORIOLANO: Pues
¡al arma!
SABINIO: Pues ¡al arma!
CORIOLANO: Vea el mundo...
SABINIO:
Admire el cielo...
CORIOLANO: ...y
llore Roma en sus ruinas
mi
injusto aborrecimiento,
cuando
de un instante a otro,
si
antes dije en mis lamentos:
"¡Ay de quien nace para ser ejemplo
que la
fortuna representa al tiempo..."
SABINIO: Todos
contigo diremos...
TODOS:
"¡Feliz quien vino a ser glorioso empleo
de su
venganza y del aplauso nuestro!"
FIN DE LA
JORNADA SEGUNDA
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