|
ACTO SEGUNDO
Salen don FELIPE y ASTOLFO
ASTOLFO: Y
dice de aquesta suerte
la
instrucción: "Marqués Astolfo,
antes
de pasar el golfo
le dad
al duque la muerte
con secreto, porque importa
a mi
servicio real;
que con
su muerte un gran mal
en
nuestros reinos se acorta.
Y en
ella recibiré,
marqués
primo, gran servicio,
y muerto
el duque Mauricio
su
mismo oficio os daré.
Yo
el rey." Esto se ha de hacer;
esta
noche ha de morir.
[................... -ir]
FELIPE: Siendo
así, no podrá ser
el desafío conmigo.
ASTOLFO: Si es
vengaros vuestro intento,
mejor
ocasión no siento,
para
que vuestro enemigo
con
su muerte os dé venganza,
que es
ésta, y si ésta perdéis,
digo que perder podéis,
don
Felipe, la esperanza.
¿Vos
pretendéis más honor
que
vengaros? Pues el rey
con su
palabra que es ley
se hace
de su muerte autor;
y en este papel os da
para
matarle licencia.
Conde,
grande impertinencia
dejarlo
de hacer será.
FELIPE:
Astolfo, tenéis razón;
mas eso
no me contenta,
que es
venganza con afrenta
darle
muerte con traición,
y no cabe en caballeros.
Y así, cuando él me
matara
en
desafío y mostrara
más
valor y más aceros,
quedara
con más honor
que en
vencerle de esta suerte;
pues
quedo, dándole muerte,
vencido, aunque vencedor.
Pero
si al rey le ha de dar
gusto,
pues él lo mandó,
quiero
aquí matarle yo,
pues
otro le ha de matar.
ASTOLFO: Pues
aquesta noche quiero
que con
vos cuatro soldados
valientes y enmascarados
le deis
muerte al duque fiero.
FELIPE:
Contadle, primo, por muerto.
ASTOLFO: Yo me
voy.
FELIPE:
Yo a traer
los
soldados que han de ser
cómplices en el concierto,
y
conmigo le darán
a este
ingrato muerte esquiva.
ASTOLFO: ¡El rey
en Nápoles viva,
y
alborótese Milán!
Vanse
y salen el DUQUE y CARLOS
MAURICIO:
¿Queda la duquesa buena?
CARLOS: Mucho
ha sentido tu ausencia.
MAURICIO: Presto
veré su presencia
si mi
ausencia le da pena.
Que
sin duda fue fingida
la fama
de aquesta guerra,
porque
está toda la tierra
en
dulce paz divertida.
Sale don FELIPE
FELIPE: Señor, si me das licencia
y estos
crïados lugar,
dos
palabras quiero hablar
con
secreto a vueselencia.
MAURICIO: ¿Son
de importancia?
FELIPE: Sí, son.
MAURICIO: ¡Hola!
Salíos allá fuera.
Ya podéis hablar.
FELIPE: Quisiera,
pues hay tan buena ocasión,
preguntaros si algún
día
me
habéis visto.
MAURICIO:
Juraré
que
jamás es vi ni hablé.
FELIPE: Ésa es
la desdicha mía;
que os he deseado hallar,
y mucha tierra he corrido,
y tan desdichado he sido,
que nunca os pude
encontrar.
Y,
pues, ya con vos estoy,
y
aunque os hablo no lo creo.
Sabed,
señor, que deseo
que con
vuestros ojos hoy
veáis a lo que os envía
el rey a
aquestas riberas
coronadas de galeras;
y para
aquesto quería
que
en mi palabra fïado
conmigo, señor, vengáis
donde
la verdad veáis.
MAURICIO: No
entiendo, señor soldado,
lo
que dice.
FELIPE:
Pues, señor,
digo que me acompañéis,
pues sois príncipe y tenéis
prudencia, esfuerza y
valor,
y la
ocasión de esta guerra
sabréis, y veréis del rey
la
intención.
MAURICIO:
La noble ley
que mi
corazón se encierra
me
obliga a salir con vos,
aunque
el ánimo me engañe.
¿Llamaré
a quien me acompañe?
FELIPE: Importa
ir solos los dos.
MAURICIO:
Vamos, soldado, al momento
que al
rey quiero obedecer
y su
intención quiero ver.
FELIPE: (¡Bien
se ha logrado mi intento!) Aparte
Vanse
y salen ASTOLFO y FRISÓN
FRISÓN:
Suplico a vueseñoría
despache este memorial.
ASTOLFO: ¿Qué pides en él?
FRISÓN:
Querría,
pues
vusía es general,
se me dé
una compañía,
atento que soy soldado
viejo
en años y vestido,
y de
puro acuchillado
no hay
soldado tan rompido,
tan
diestro y ejercitado.
ASTOLFO: ¿Y
sabrás tú gobernar,
dime,
Frisón, los soldados?
FRISÓN: Sí,
porque sabré mandar
a los más fuertes y honrados,
[................. -ar].
ASTOLFO:
Bueno está, por vida mía;
[...................... -ón]
[...................... -ía].
Ve a
dar con este doblón
socorro
a tu compañía.
FRISÓN:
Darle sin doblón pudiera
a mi
ejército valiente,
que
aunque no está por de fuera,
se
aloja toda mi gente
en las
calzas y en la cuera.
[.................... -ino]
[...................... -or]
[...................... -ino]
¿No finjo
muy bien, señor,
un
capitán?
ASTOLFO:
Y sois digno
de
serlo por lo rompido
ya que
no por lo soldado.
Salen con máscaras don FELIPE y el DUQUE
FELIPE: Ya yo
vengo prevenido
y
traigo un hombre a mi lado,
en todo
el campo escogido;
no
hay para aquesta ocasión
hombre
más propio; sin él
no
lograrás tu intención.
ASTOLFO: Pocos
sois.
FELIPE: Basta con él.
ASTOLFO: Ponte a
esta puerta, Frisón,
y
nadie pase de ahí.
FRISÓN: Mi
padre no pasará.
FELIPE: Tu
intención, marqués, le di,
aunque
ya informado está
de todo
el caso de mí.
ASTOLFO:
Soldado, importa al servicio
del rey
que le deis la muerte.
MAURICIO: ¿A
quién?
ASTOLFO: Al
duque Mauricio,
que yo
cumplo de esta suerte
con su
gusto y con mi oficio.
Aqueste papel mirad;
que
aunque al parecer es mudo,
él os
dirá la verdad.
MAURICIO: ¿El
duque Mauricio? Dudo,
señor,
esta variedad.
Léele MAURICIO
ASTOLFO: Importa
para el secreto
que los
dos, enmascarados,
pongáis
su muerte en efeto,
que en
nombre del rey, soldados,
el
galardón os prometo.
MAURICIO:
(¡Válgame Dios! Ya yo he visto Aparte
la
firma y orden del rey;
mal mi
cólera resisto).
FELIPE: Pues su
voluntad es ley,
y su
voluntad conquisto.
¡Muera el duque!
ASTOLFO: Es menester
el modo agora advertir.
Él se
suele recoger,
como
acostumbra, a escribir
a su
adorada mujer.
Y es
en él tan ordinario
el
escribir cada día,
[................. -ario],
que aun
sus secretos no fía
de su
mismo secretario.
Y
hoy un gentilhombre suyo,
de su
mujer despachado,
trajo
un pliego, y de esto arguyo
que escribiendo
retirado
ha de
estar.
FELIPE: El orden tuyo,
marqués se ejecutará,
si escribiendo de esa
suerte
retirado y solo está.
ASTOLFO: Yo sé
muy bien que su muerte
su alteza os la premiará.
MAURICIO: (¿Hay crueldad en las montañas Aparte
de Hircania? ¿Hay monstruo fiero
de tan
bárbaras entrañas?)
FELIPE:
Marqués, con su muerte espero
que el
rey premie mis hazañas.
Dadme la llave.
ASTOLFO:
Tomad.
Luego
en dándole la muerte,
a mi
cuarto os retirad;
y
porque mejor se acierte,
todas
la puertas cerrad.
MAURICIO:
(¿Que esta maldad se concibe Aparte
contra
mi celo? ¡Ah, crüel,
tu
intención el mundo escriba!)
ASTOLFO: ¡Muera,
amigos, este infiel,
y el rey de Nápoles viva!
Vase [el Marqués ASTOLFO]
FELIPE: ¿Qué
dices de este concierto?
MAURICIO: Que
estoy loco, y estoy tal
que a
responderte no acierto,
que
descubriste mi mal,
con
estar aquí encubierto.
Tú, con tu máscara, amparas
mi
vida, y porque me asombre
una
traición me declaras,
y así
eres el primer hombre
que no
es traidor con dos caras.
Cuando por ser mi homicida
enojado
de esta suerte
el rey
quede, si se olvida,
me da
sin máscara muerte.
Tú con
ella me das vida.
Con
las dos caras, amigo,
descubres la noble ley
a quien ya obedezco y sigo,
dándome
a entender que el rey
tiene dos caras conmigo.
Y, pues, en mí también
ves
dos caras que honras y tocas,
tus pies es bien que me des,
que es razón que con dos
bocas
bese, amigo, tus dos pies.
Sirven de lauro a mis
sienes.
FELIPE:
Levanta.
MAURICIO:
¡Oh, señor! ¡Oh, amigo!
FELIPE: ¡Señor!
MAURICIO: Pues
mi bien previenes,
¿quién
eres?
FELIPE:
El enemigo
mayor
que en el mundo tienes.
Sosiega agora tu pecho,
duque,
y nueva vida cobra;
y está de mí satisfecho,
pues te hago esta buen
obra
por mil
malas que me has hecho.
Aunque esta vida me pidas,
otra me
debes que aun hoy
viertan
sangre sus heridas.
Pero yo
aquí te la doy,
porque
me debas dos vidas.
MAURICIO:
¿Quién eres?
FELIPE:
Después sabrás
quién
soy.
MAURICIO:
Si mi ruego es parte,
¿quién
eres no me dirás?
FELIPE: Soy
quien desea matarte,
y no me
preguntes más;
mas
antes que Astolfo vuelva,
mira lo
que se ha de hacer.
MAURICIO: Aunque
el discurso revuelva,
no
halla el alma parecer,
amigo,
en que se resuelva.
No
entiendo, aunque no reposa
mi
corazón, la razón
de esta
muerte rigurosa;
mas
pienso que la ocasión
es
tener mujer hermosa.
FELIPE: Vete
a Sicilia o Milán
donde
vivas encubierto,
y en
Nápoles pensarán
que
eres muerto, y sin ser muerto,
vida
tus penas tendrán.
Y a
Milán te llevaré
tu
esposa, y de hacerlo así
te doy
mi palabra y fe.
MAURICIO:
Ay, amigo, ¿cómo aquí
tanta
merced pagaré?
FELIPE:
Levanta, que tiempo habrá
de
pagarme. Ese crïado
que en
aquesta puerta está,
de su
muerte descuidado,
Astolfo
muerto verá;
con
tus vestidos cubierto,
que su
cabeza cortada
les
hará el caso más cierto,
y de
esta suerte el armada
te tendrá, duque, por muerto.
MAURICIO:
Pues, ¿por qué quieres que muera,
amigo,
aqueste inocente?
FELIPE: Crïado
es mío, y si fuera
o mi
amigo o mi pariente
por ti aquí
lo mismo hiciera.
Frisón.
FRISÓN:
Señor, convidóme
al
sueño el viento ligero
de la
puerta, y derribóme.
FELIPE: ¡Por
Dios, que eres buen portero!
FRISÓN: El
sueño ha sido; vencióme.
FELIPE: El
rey me manda que luego
te
mate.
FRISÓN:
Señor, ¿por qué?
FELIPE: Te
mate.
FRISÓN:
¿Es burla o es juego?
FELIPE: Hoy con
tu muerte pondré
en todo
un reino sosiego.
FRISÓN:
Pues, señor, ¿qué ha cometido
este
mísero gascón?
Yo al
rey, ¿en qué le he ofendido?
¡Ay,
desdichado Frisón,
nunca
te hubieras nacido!
FELIPE: Hoy
el rey duque te ha hecho,
y con
tu muerte se paga
de tu
heroico y noble pecho.
FRISÓN: No
quiero que duque me haga
si me
ha de hacer mal provecho.
Deja
que haga penitencia
siquiera un año, señor;
ruégueselo vueselencia.
MAURICIO: Yo,
amigo, a vuestro rigor
le
quiero hacer resistencia.
Un
esclavo de galera
quiero
que muera por él.
FRISÓN: Señor,
el esclavo muera,
que hartos moros tiene Argel.
MAURICIO: O sea
de esta manera:
póngase aqueste vestido
que
traigo, y por él será
este
hombre desconocido
y vivo
le engañará
por
muerto, siendo fingido.
FRISÓN: No,
señor, de ningún modo.
FELIPE: No te
alteres, ¿qué te alteras?
FRISÓN: Mal a
morir me acomodo;
pensarán que no es de veras,
y
mataránme del todo.
MAURICIO:
Nosotros te guardaremos.
FELIPE: Ven, y
te desnudarás
y el
vestido te pondremos.
FRISÓN: Pobre
Frisón, ¿dónde vas?
MAURICIO: Sosiega
y no hagas extremos;
con
amigo tan leal,
mi
remedio llevo cierto.
FELIPE: Soy
francés.
MAURICIO:
Y principal.
FRISÓN: Ya
sospecho que voy muerto,
porque
voy oliendo mal.
Vanse y salen ASTOLFO, CARLOS, ALBERTO, capitanes,
y LEONARDO
LEONARDO:
Quisiera luego hablar a su excelencia,
y hanme
dicho que escribe retirado
a la
duquesa.
ASTOLFO:
Aflígele la ausencia.
ALBERTO: Yo
vengo de domar el turquesado
Mediterráneo
Mar desde Cocencia
hasta la Notodía, y no he dejado
embarazo aun en lumbres y atalayas
en
cuanto argenta el mar y ve sus playas.
ASTOLFO: Sin
duda no dejó a Constantinopla
la
turca armada, que la mar no muestra.
LEONARDO: Pues,
viendo fresco por Bolina sopla;
zarpe
mañana a Nápoles la nuestra.
CARLOS: El
morrión, el peto y la manopla,
el
arcabuz o raya que le adiestra,
robó Milán de Júpiter Olimp[i]o.
En paz
cobra de orín su rostro limpio.
Dentro
MAURICIO:
¡Prended esos traidores, que me han muerto!
ASTOLFO: La voz
del duque es ésta, caballeros;
acudid,
no suceda un desconcierto.
CARLOS: Dos alas me pondré en los pies ligeros.
[Dentro]
MAURICIO: El
pecho con sus puntas me han abierto
dos
hombres con dos máscaras.
LEONARDO: ¡Ah, agüeros
funerales
y tristes de la guerra!
ASTOLFO: ¡Armese
el campo y tálese la tierra!
Vanse todos y queda ASTOLFO, y sale el duque
MAURICIO con máscara
MAURICIO: Ya
queda el duque muerto.
ASTOLFO: ¡Oh, gran ventura!
Un
caballo te aguarda con secreto.
Que dé
[s]u confusión la noche oscura.
Te
escapa, por agora, de este aprieto;
que por
el rey mi pecho te asegura
el
galardón; pues tuvo el caso efeto.
¿Que ya
el duque murió? ¡Dichosa herida!
MAURICIO: (No,
que Dios quiso conservar mi vida). Aparte
Vase el duque [MAURICIO] y sale CARLOS
CARLOS:
¿Pudiera acontecer entre los Scitas
un caso
semejante? ¡Oh, gente fiera!
¡Qué
con traiciones mi señor me quitas!
¿Engendróte del Tanais la ribera?
Y tú, marqués Astolfo, ¿que permites
que a un príncipe le den
la muerte fiera
traidores en palacio sin buscarlos?
Pues, no los buscas, búscalos
Carlos.
Saca don FELIPE a FRISÓN lleno de sangre con
la ropa del duque [MAURICIO] y [salen] ALBERTO y
LEONARDO
FELIPE:
Detened esa gente.
ASTOLFO: ¡Oh, caso triste!
FELIPE:
Mientras yo el cuerpo en mi aposento encierro
los
traidores buscad.
CARLOS: Ya se reviste
el
infierno en mi pecho, infame hierro,
que muerte a un ángel sin razón le diste.
ASTOLFO: Antes
que el funeral y triste entierro
al
cuerpo se haga, mueran los autores
de esta
maldad.
ALBERTO:
¡Al arma!
LEONARDO: ¡A los traidores!
Vanse
y quedan FRISÓN y don FELIPE
FRISÓN:
¿Puedo resucitar? ¿Puede este
muerto
volver
a la otra vida? ¿Por ventura
otro
embeleco, engaño o desconcierto
tu ingenio
contra mí tratar procura?
FELIPE: Alzate,
cuero.
FRISÓN:
Si eso fuera cierto,
no
fuera para mí poca ventura;
que
aunque he querido aquí mostrarme fuerte,
más la
sed he sentido que la muerte.
FELIPE:
Lávate el rostro y quítate el vestido,
y en Nápoles me aguarda.
FRISÓN: ¡Qué excelencia
me han
llegado a llamar! ¡Que duque he sido!
Pero
tengo de duque preferencia.
FELIPE: Camina,
acaba, que serás sentido,
y
deshará el engaño tu presencia.
FRISÓN: El vino
y el amor son compañeros,
que
vemos que los dos andan en cueros.
Vanse y salen doña JUANA, el VARÓN,
el CONDE, el REY, y doña INÉS
JUANA: ¿En
mi casa vuestra alteza?
¿Tanto
al duque engrandecéis?
REY: Vos,
señora, merecéis
mayor honra y más grandeza.
Sentaos.
JUANA: Bien estoy así.
REY:
Sentaos, o estaré en pie.
JUANA: En
tierra me sentaré.
REY: Sentaos aquí junto a mí.
¿Habéis tenido,
señora,
nuevas
del duque? ¿Está bueno?
JUANA: A lo menos
está ajeno
de que
así le honréis agora.
REY:
¿Tenéis cartas?
JUANA:
No, señor;
que es
el duque descuidado.
Ayer
envïé un crïado
a
verle.
REY: Marte y Amor
juntos no pueden vivir,
y así, como se reparte
agora
en casos de Marte,
no se
acuerda de escribir.
Calor hace.
JUANA:
Está esta pieza
poco
fresca.
REY
Así es verdad,
un poco
de agua me dad.
JUANA: Doña
Inés, agua a su alteza.
¡Presto! Señor, si supiera
que
vuestra alteza venía
a
honrarme, para este día
el
fénix apercibiera,
tanto en serviros me fundo.
REY:
Duquesa, donde estáis vos
no
falta, que quiso Dios
haceros
fénix del mundo.
INES: Señora, el agua está aquí.
JUANA:
Muestra; beba vuestra alteza.
REY: (¡Oh,
soberana belleza!) Aparte
Pues
yo, ¿cuándo agua pedí?
JUANA:
Agora.
REY:
¿Yo?
JUANA:
Sí, señor,
si no
me engaño.
REY:
Duquesa,
agua
pedí, pero es ésa
poca
para mi calor;
levantaos, no estés así.
JUANA: Agua su
alteza pidió,
y así sólo sé dar yo
el agua
que traigo aquí.
Y
del agua que os entrego
la
calidad conoced,
que es
buena para la sed
y no es
buena para el fuego.
Lleva el agua, doña Inés,
que me
ofende y descompone,
y
vuestra alteza perdone
si aquí
he andado descortés.
REY:
Aguardad, señora mía,
que he
venido a visitaros,
y dejarme y disgustaros
parece
descortesía.
A
vuestras manos llegó
de las
mías un papel,
y
visteis mi amor en él,
que mi
lengua os retrató.
Yo os
lo vi con gusto igual
leer, y
la que recibe
un
papel que se [le] escribe,
y
calla, no quiere mal.
JUANA: ¿Yo? ¿Papel?
¿Yo he recibido
de vuestra alteza papel?
¿Y yo
he visto cosa en él
que
ofendiese a mi marido?
A
vuestra alteza engañó
alguno
de sus terceros.
¿Si en
pecho de caballeros
engaño
y traición se vio!
Sólo
mi esposo en mí reina,
y
estáis agora obligado
a un
esposo tan honrado
y a mi
señora, la reina.
Vanse doña [JUANA e INÉS]
REY:
Espera, aguarda.
VARÓN:
No oyó,
y si oyó de alguna suerte,
no ha
querido responderte
y en
resolución se entró.
REY:
¿Fuése?
CONDE:
Bien claro se ve.
REY: ¡Oh, mujer sola invencible!
VARON: Ven y déjala.
REY: ¿Es posible
que me dejó y que se fue?
CONDE:
Fuése, que no era razón
que a
la visita primera
a tu
voluntad rindiera,
gran
señor, la posesión.
VARÓN: Ven,
no des qué sospechar
al
reino.
REY:
Tienes razón.
¡Ay,
sirena de Aragón,
nunca pasaras el mar!
Vanse
[los tres] y salen doña JUANA y
doña
INÉS
INÉS: ¿Agora creerás que es
verdad lo que te he
contado?
JUANA: Tienes
razón, doña Inés;
mas no
ha de quedar manchado
el
honor aragonés.
Irme
con el duque quiero
por librarme de este fiero.
Prevengan coches mañana
cuando
de entre nieve y grana
salga
el sol y huya el lucero.
Sale CARLOS
CARLOS: Déme
los pies, vueselencia,
si por
suerte de [besarlos]
el
dolor me da licencia.
JUANA: ¿Con
llanto y lágrimas, Carlos,
vuelves
hoy a mi presencia?
Dime
qué te ha sucedido.
¿Alguno
te ha desmentido,
o algún traidor agraviado?
¿Hase
tu dama casado
o mi
esposo despedido?
CARLOS: Las lágrimas en los ojos
muchas veces son palabras
que imprimiéndose en el rostro
las desventuras declaran.
Llegué, señora, a la
corte,
ciudad
formada en el agua;
hallé
al duque mi señor
en
tierra, dile tus cartas.
Tomólas, y antes de abrirlas
enternecido me abraza.
Pero estando
respondiendo,
con
llaves propias o falsas
dos
hombres enmascarados
entraron hasta su cámara
y del
descuidado pecho
hicieron
sangrientas vainas,
porque sin ellas venían
sus alevosas espadas.
Dio voces a los traidores,
"¡Qué me matan, qué
me matan!"
Y acudí
de los primeros,
yo que
con Astolfo estaba.
Allegué, señora, a verle,
--¡nunca yo a verle llegara!--
antes
el alma saliera
a
traición por las espaldas.
Hallé a
la entrada, señora,
muerto a
aquel lebrel de Irlanda
que
estimaba el duque, y luego,
sobre las losas heladas
que piadosas recogían
la sangre que derramaba,
al
duque muerto, y quedéme
sin
alma al verle sin alma.
Entró
conmigo a las voces
un
caballero de Francia,
del
duque amigo y de Astolfo
compañero y camarada.
Mientras el [cuerpo sangriento,
alma]
llorando, le enlaza;
yo salí
con voces fieras
incitando a la venganza.
Júntanse los capitanes,
alborótase la armada,
pero
sin duda la tierra
[les] escondió en sus entrañas.
Acudió la soldadesca
a
verle, pero ya estaba
metido
en un aparato
entre
sus funestas hachas.
[Y] al
fin, señora, metido
en una
enlutada caja,
hoy a
Nápoles le traen
con roncas trompas y cajas.
Los traidores se escaparon,
aunque el campo murmuraba
que era
por orden del rey
esta
tragedia y desgracia.
JUANA: ¿No hay
quién mate a [este] aleve?
¡Calla
infame, infame calla,
que son
mortales tus nuevas
y con
tus nuevas me matas!
Deja el
filo de la lengua
y ése
de la espada saca,
¡que dé
venganza la vista
si está
sin venganza blanca!
INÉS: Ten,
señora.
JUANA:
¡Ay, doña Inés,
nunca
yo dejara a España!
INÉS: Repórtate.
JUANA: ¡Ay, compañera,
déjame quejar con
causa!
Plega a
Dios, rey enemigo,
que te
suceda una infamia,
si
puede ella en los reyes,
para
que me [dé] venganza.
Carlos, ¿son las nuevas
ciertas?
CARLOS: Ciertas son, señora.
JUANA: Calla.
¡Ah, Nápoles alevosa!
¡Oh, aleve y traidora patria
de un rey que a Comodo
imita
en el trato y las hazañas.
INÉS:
Salgamos de ella, señora,
que
algún mal nos amenaza.
JUANA: Bien
dices. Prevénme postas,
don
Carlos, para mañana.
CARLOS: En
Milán está su suegro,
a Milán
en postas pasa,
con un
vestido del duque,
mi
señora, disfrazada,
porque
nadie te conozca,
que
ésta es industria gallarda.
JUANA: Pues
así saldré esta noche
antes
que recuerda el alba;
y así
vestida veré
a la
reina, que es Madama
una
virtuosa señora,
y le
diré mis desgracias.
CARLOS: Vamos,
pues, a prevenirnos.
JUANA: ¡Ay,
esposo de mi alma!
Vanse y salen la REINA, el CONDE, y el VARÓN
REINA: Yo os he mandado llamar,
Conde y Varón, porque
quiero
un caso
comunicar
con los
dos, del cual espero
en
secreto remediar.
Hanme dicho que la guerra
a que
fue el duque es fingida,
y que
en paz está la tierra,
y ha de
quitarle la vida
el rey;
que al mar le destierra.
Y he
sabido que lleváis,
los dos
juntos como estáis,
recados
a la duquesa,
y a la
noble aragonesa
afligís
y amenazáis.
Y
siendo de aquesta suerte
quiero,
y es mi voluntad,
pues
así el rey se divierte,
que os
salgáis de la ciudad
o os
mandaré dar la muerte.
CONDE:
Señora, a su majestad
no
dañan nuestros consejos,
porque
un rey con voluntad
atropella los consejos.
[................. -ad].
Y
todos los que le doy
son
saludables, que soy
un
honrado caballero.
REINA: Conde,
disculpas no quiero.
Salíos de Nápoles hoy.
VARÓN: También es mucha pasión
la de vuestra alteza
así.
Desterrarnos no es razón;
el rey
tiene un padre en mí.
REINA: Ya os
conozco, Varón.
Sale un CRIADO
CRIADO:
Sobre un negocio importante
pide
audiencia un capitán.
REINA: Entre.
Sale FRISÓN
FRISÓN:
Señora, delante
de
todos los que aquí están
quiero
hablarte, y no te espante.
Ya
queda el duque Mauricio
muerto,
señora, a estocadas;
yo he
cumplido con mi oficio
y de
hazañas tan honradas
sólo el
galardón codicio.
Que
por más señas, señora,
traigo
su mismo vestido,
y,
pues, tu alteza no ignora,
[................. -ido]
bien
puedes premiarme agora;
que
no me contentaré,
según el
servicio fue,
que
juro a fe de crïado.
REINA:
¡Hola! Prende este soldado.
FRISÓN: ¿A mí,
señora? ¿Por qué?
¿Este pago se me da
de
haber servido a tu alteza?
Muerto
por mi mano está
el
duque, y esta braveza
sólo
don Frisón la hará.
REINA:
Hacedle luego colgar.
FRISÓN: ¿A
mí? No cuelguen, señora;
el rey
me lo hizo matar.
REINA:
Llevadle.
FRISÓN: Yo muero agora
solamente por hablar.
Llévanle
CONDE:
¿Posible es que vuestra alteza
crédito
a un lacayo dé,
sabiendo nuestra nobleza?
REINA: Sí se
le doy, porque sé
vuestro vil trato y torpeza.
Yo
quiero que el mundo entienda
vuestras maldades y errores;
quiero
llamar quien os prenda,
que habéis de morir traidores,
aunque mi esposo os defienda.
¡Ah,
de mi guarda!
CONDE: No hay hombre
que ose
llegar a los dos.
REINA: Yo
haré, viles, que os asombre
mi
castigo.
CONDE:
¡Vive Dios,
que es éste tu trato y nombre!
REINA:
¿Esto se ha de consentir?
¡Hola!
CONDE: A
su alteza diremos
lo
que...
REINA:
¿Qué habéis de decir
traidores?
VARÓN: Lo que sabemos
de tu
adúltera vivir.
REINA: ¡Oh,
lenguas descomulgadas!
¿Adúltera? ¡Yo estoy loca!
VARÓN:
¡Adúltera! ¿Qué te enfadas?
Sale el REY
REY:
"Adúltera" en vuestra boca,
y empuñadas las espadas?
Prended al conde y varón.
REINA: Con las alas que [les] dais
han volado a esta
traición,
y si no
se las cortáis
veréis
mayor perdición.
Su atrevimiento no siento,
pero
sólo siento aquí
que
seáis el instrumento;
que el
menospreciarme a mí
les ha
dado atrevimiento.
Con
sus espadas airadas
buscan mi ofensa y mi mengua,
de
vuestra lengua incitados,
pues
cortan por vuestra lengua
las lenguas de sus espadas.
A la reina han
ofendido
y a
vuestra mujer. Si hay ley
que no
abone su partido,
o
castigad como rey
o
vengad como marido.
Vase la
REINA
REY:
¡Hola! Solos nos dejad.
¡Vive Dios, hombres
traidores!
[.................... -ad]
¡Qué os
he de matar!
VARÓN: ¡Qué ignores,
gran
señor, nuestra lealtad!
REY: Decidme, ¿por qué sacasteis
las espadas, y por qué
"adúltera" la
llamasteis?
CONDE:
¿Adúltera? Yo me erré.
REY: Ya yo
sé que no os errasteis,
porque si por yerro fuera,
no
sacárades la espada
con
vuestra reina, que era
[.................
-ada]
crimen
lese. Hablad.
VARÓN: Espera.
REY:
Decid la verdad que os pido,
que
"adúltera" oí llamar
a la
reina, y he querido
a solas
averiguar
la
verdad como marido.
CONDE:
Señor, su alteza...
REY: Acabad.
VARÓN: Señor,
su alteza, tu esposa...
REY: No me
neguéis la verdad.
CONDE: Es
honesta.
VARÓN: Y virtüosa.
REY: Pues,
siéndolo, aquí hay maldad;
que
llamar a mi mujer
"adúltera", siendo honesta,
maldad
vuestra viene a ser.
CONDE:
(¡Cielos! ¿Qué afición es
ésta?) Aparte
REY: Hoy en fuego habéis de arder.
Los dos habéis de morir
en mis manos de esta
suerte.
Vivos no habéis de salir.
CONDE: Señor, pues me das la muerte,
la verdad quiero decir.
Ella comete, señora,
adulterio con un hombre...
REY:
¡Callad, callad!
[CONDE]:
Y tu honor...
REY: ¿Que
esto escucho y no me asombre?
Tú
mientes, conde traidor.
Di tú la verdad, Varón.
VARÓN: Es
adúltera tu esposa.
REY: Ciertas mis desdichas son.
¡Oh, adúltera virtüosa!
¡Pintado y loco pavón!
Mira en círculos tus pies
y quedarás afligida.
¿Al fin, que adúltera es?
CONDE: Señor,
honra, hacienda y vida
[me
son] de poco interés
para
servirte; mas todo
lo
ofrezco para vengarte.
VARÓN: Imagina,
y busca modo.
REY: ¿Con
qué hombre y en qué parte
me
ofende?
CONDE:
(Mal me acomodo Aparte
a
fingir; mas, ¿qué diré?)
Con un
hombre estaba hablando,
señor, cuando yo llegué.
Yo le
vi, y en llegando
la
espada desenvainé;
y él
en viéndonos huyó.
Yo como
hüir le vi,
y que a
los dos se escapó,
dije
"Adúltera," y allí
luego
su alteza llegó.
REY: ¡Ah, caballeros leales,
yo el galardón os prometo!
(¡Que en las personas
reales Aparte
haya infamia! ¡Qué sujeto
esté un
rey a tantos males!
Castigo del cielo ha sido
que al
duque mandé matar.
Ya
estoy de ello arrepentido.
Quiero
a Astolfo despachar
que
quizá no habrá podido
darle muerte y por ventura
su vida
restauraré.
Dios
castigarme procura.
CONDE: ¿Cómo
saldrá y saldré,
Varón,
de aquesta locura?
VARÓN: Como
por guardar la vida
cualquier
cosa se ha de hacer,
¡muera
esta fiera homicida!
REY:
(¡Jesús! No puedo creer Aparte
de la
reina; que es fingida.
Mas
quiero disimular).
Los tres
esta noche, conde,
los
habemos de aguardar.
CONDE: Muy
bien dices. Yo sé dónde,
señor,
habemos de estar;
mas
también podía ser
que
esta noche no viniese.
REY: Pues,
alguna ha de volver.
VARÓN: (¡Oh,
si el infierno pudiese Aparte
alguien
con esta mujer!)
REY: En
mi cámara estaré,
Varón,
mi muerte aguardando.
(¡Ah,
reina ingrata y sin fe!) Aparte
VARÓN:
Disimula.
REY:
Voy rabiando.
CONDE: (¡Bien las vidas escapé!) Aparte
FIN DEL ACTO SEGUNDO
|