Salen BERNARDA
y TERESA llorando
BERNARDA: ¿De qué
lloras? Di ¿qué tienes?
Dime tus penas, acaba.
TERESA: Es que me ha dado Toribio
una pisa de patadas.
BERNARDA: No faltará
quien le corte
lo mismo con que
te daba,
que yo
sé que antes de un hora
vuelva
las manos cruzadas.
TERESA: Él sin
duda me ha pegado
porque me vio
despegada.
BERNARDA: Al paso que
él es pesado
has dado tú
en ser liviana.
TERESA: Medio ojo
me ha llevado
de un puntapié.
BERNARDA: Ésa
es gala,
que un golpe parece
bien
cuando lleva
una pestaña
Sale TORIBIO
TORIBIO: Acábense
estas pendencias
y cree por tu vida,
hermana,
que estos
disgustos el diablo
de entre los
pies los levanta.
TERESA: ¿Para qué
me vuelve aquí?
¿No me dejará en mi casa?
¿Esto ha de ser
cada día?
TORIBIO: ¿Busca usted
que a gaznatadas
le haga Sandoval
el rostro
si Rojas le hizo
granada?
BERNARDA: A fe que entras dadivoso.
TERESA: ¿Qué dices de esto, Bernarda?
BERNARDA: Lo que yo decirte puedo
cantando y bailando vaya:
Canta
El galán que pega, amiga,
antes obliga
que agravia
y el rato que
abofetea
trae una mujer en palmas.
Cruzados
Sin razón estás quejosa,
porque hay
muy grande distancia
del hombre que nos
da en rostro,
al hombre que
nos da en cara.
Bandas
BERNARDA: ¿Cómo
no paga, soldado,
el amor de esta
cuitada?
TORIBIO: En amores,
ni en comedias,
nunca los
soldados pagan.
Deshechas
En lo que la escucho,
reina,
me parece gradüada
en los términos
y modos
del colegio de las
marcas.
BERNARDA: Sí,
lo estoy, y a buen seguro
que nunca
usted se burlara,
ni me dijera
evangelios
la mano sobre mi cara.
Eses
¡Basta!
Esto ha de ser, Toribio,
dale la mano, y repara
que son riñas venïales
las que
con golpes se acaban.
TERESA: ¡No ha de ser
mientras viviere!
TORIBIO: Pues
¡por vida de...!
TERESA: ¡Ay Bernarda!
BERNARDA: ¿Qué es esto? ¡Tente
Toribio!
TORIBIO: Pues ¿conmigo...?
BERNARDA: ¡Basta, basta!
TORIBIO: ¿Qué ha
de bastar? ¡Qué por Cristo!
que si me atufa
y me cansa,
la haga escupir
los livianos.
UNO: ¿Para qué
es tanta fanfarria
cuando se hallan
de por medio
tantas personas
honradas?
BERNARDA: Pues esto se va encendiendo.
Apáguenlo las guitarras.
¡A la Zalamandrana hermana!
¡ay, ay, ay,
de la Zalamandrana!
Bajar
Por tu vida amiga mía,
que no seas
temeraria.
TERESA: No sabe
usted lo que paso,
ni del modo que
me trata;
no me da ni un alfiler,
ni entra por aquesta
casa
cosa que de comer
sea,
sino coz y bofetada,
ni vestido,
ni calzado
ni salario a una crïada.
BERNARDA: Pues si sólo te da golpes
y te tiene aquesa cara
negra a puros cardenales,
ello es
cosa desdichada
que entre
tanta gente negra
no haya siquiera
una blanca
¡A la Zalamandrana hermana!
¡ay, ay, ay,
de la Zalamandrana!
Cierto que usted
es terrible,
y que tiene a esta cuitada
que es vergüenza.
TORIBIO: Usted no sabe
lo que cada uno pasa.
BERNARDA: En tocando
en interés
no hay disculpa.
TORIBIO: Es ignorancia.
¿Húbela acaso doncella,
que la he
de dejar dotada?
BERNARDA: ¡Y a la Zalamandrana
hermana!
¡Y ay, ay, ay,
de la Zalamandrana!
BERNARDA: Háganse estas amistades.
TORIBIO: Aquesta
es mi mano.
BERNARDA: Daca
¿y la tuya?
TERESA: Aquésta
es.
BERNARDA: Aquí paz y después gracia.
TORIBIO: Aquésa
no tendrá el baile.
BERNARDA: Pues, Toribio, si no agrada,
¡a la Zalamandrana
hermana!
¡y ay, ay, ay,
de la Zalamandrana!
FIN DEL BAILE
|