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JORNADA PRIMERA
Salen cantando los MÚSICOS, detrás de
ellos don JUAN, y don GONZALO, como de ronda
MÚSICOS: "Ser
Reina de las Flores,
la Rosa es la común,
y de
las Reinas, Reina
la Rosa del Perú.
Teniendo a Lima el cielo
envidia de su luz,
trocaron sus Estrellas
el
nácar al azul.
Engrandézcase el Perú,
si
la plata le enriquece,
que la Rosa le ennoblece
con
belleza y con virtud."
JUAN:
Celebrad su nombre, amigos,
y de
esta Rosa el aplauso
nunca cese, pues por ella
en Lima
es perpetuo el Mayo.
Celebrad a Rosa, que hace
Cielos
de Lima los Prados,
pues su
hermosura empobrece
toda la
luz de los Astros.
GONZALO: Otra
vez, don Juan, os doy
la
enhorabuena, y los brazos,
pues
soy quien en esta dicha
por
vuestro amigo más gano.
JUAN: Siempre
de nuestra amistad,
soy yo
el deudor, Don Gonzalo,
pero
hoy os debe mi amor
todo el
fin de mis cuidados:
por vos
de la bella Rosa
espero
lograr la mano,
y por
vos he merecido
ser yo
escogido entre tantos.
GONZALO: No me recibáis, don Juan,
la deuda por
agasajo,
que a
mayor empeño estrecha
de
nuestra amistad el lazo.
Y el
agradecido, yo
debo
ser en este caso,
que
aunque vuestro amor ha hecho
esta
elección, que os alabo,
y es
vuestro el logro y la dicha,
os debo el haber tomado
con
tanta fe los consejos
que os
dieron mis desengaños.
Siempre
yo, Don Juan, os di
por
consejo que al casaros
escogieseis la mujer
que tuviese
estos tres grados,
pobre,
honesta, y bien nacida,
y en la Rosa son tan altos,
que
dudo que haya en las Indias
otra
que pueda igualarlos.
De su
honestidad testigo,
es la
queja de lo avaro
de luz,
en que siempre os tiene
de sus
ojos el recato.
Su
pobreza tan piadosa,
que de
sus padres ancianos,
la
honrada vejez sustenta
con la
labor de sus manos.
Lo bien
nacido, no pasa
de unos
humildes hidalgos,
que son
su padre y su madre,
pero
tan limpios, y honrados,
que en
su pobreza mantienen
tanto
punto, y honor tanto,
que no
viven con más fueros
los caballeros más claros.
Pero siendo vos tan rico
y noble, que habéis juntado
los blasones de Toledo
con las riquezas de
Indiano,
pudiera
el uso del mundo,
con
vanidad inclinaros
a una
mujer rica, y noble,
pues de
esto hay en Lima tanto.
Pero
creedme, Don Juan,
que se
piensa con engaño
que
quien casa con riqueza
va a
vivir con más descanso.
Quien
casa con mujer rica,
piensa
que va acomodado,
y piensa mal, porque muchos
buscan mujer, y hallan amo.
El gran dote en la mujer,
quiere
igualdad en el gasto,
y al
peso de lo que trujo,
pide la
pompa en el fausto.
Por
fuerza han de ser iguales
porte,
galas, y regalos,
que el
dote hace ejecutivo
aqueste
pleito ordinario.
Buscar
gran dote, es lo mismo
que tomar dinero a daño,
que
cuanto más se recibe,
son los réditos más largos.
El que busca mujer rica,
sin
cuidar de otros ornatos
que ha
de tener, suele dar
en vacío el primer paso.
Y
cuando lo reconoce,
no es
posible remediarlo,
pues ve después de caído,
que puso los pies en falso.
Vos halláis una mujer,
que es de la modestia aplauso,
de toda
virtud ejemplo,
y de
hermosura un milagro.
Aunque
era Isabel su nombre,
por
algún feliz presagio,
su
madre la vio en la cuna
toda la
cara hecha un Mayo.
Púsole
el nombre de Rosa,
pero
ella lo siente tanto,
que en
llamarla por su nombre
cualquiera le hace un agravio.
No
sufre el llamarse Rosa,
que ya
le cuesta muy caro,
porque
le sale a la cara
el
nombre que oye a los labios.
Su
padre, Gaspar de Flores,
os dio
el sí, pero ha ocultado
esta noticia a su hija,
queriendo que vos bizarro
y
galán, se lo digáis
con
estilo cortesano,
y de
vuestro galanteo
entienda vuestro cuidado.
Y pues
ya tener no puede
indecencia el publicarlo,
festejadla, y repetid
gozos, músicas, y aplausos,
que de mayores empeños
es digno logro tan alto.
JUAN: Don
Gonzalo, en todo os debo
dicha,
consejo, y amparo,
y en todo he de obedeceros,
repita su nombre el
canto.
Sale BODIGO
BODIGO: Ah, caballeros.
JUAN: ¿Quién va?
BODIGO: ¿Han
visto ustedes acaso
un
novio recién nacido,
que
salió de aquí acabado
de
sacar del horno ahora?
JUAN: ¿Qué
decís?
BODIGO:
Voy avisando,
que
como es novio, y resuelto,
el
atarle es necesario.
GONZALO: Éste es
crïado de Rosa,
y de
humor extraordinario.
JUAN: Bien se
ve. Pues vos al novio,
¿qué
queréis?
BODIGO:
Algo, y muy algo,
que
espero ser su enemigo.
JUAN: ¿Su
enemigo?
BODIGO:
Y no escusado,
porque
si yo sirvo a Rosa,
es
fuerza ser su crïado.
JUAN: ¿Y cómo
os llamáis?
BODIGO: Bodigo.
JUAN: Cierto,
que el nombre es extraño.
BODIGO: Soy
descendiente de un cura,
y nací por Todos Santos.
JUAN: Bien
está, ¿y de qué servís
a Rosa?
BODIGO:
De Boticario.
JUAN:
¿Boticario? Raro oficio.
BODIGO: Por mi
vale ella otro tanto:
yo soy
quien la hago mujer.
JUAN: ¿De qué
modo?
BODIGO:
¿Pues no es claro,
que si
no es por la Botica,
no vale
la Rosa un
cuarto?
JUAN: ¿Pues
qué hacéis vos?
BODIGO: Mil remedios,
agua, y
vinagre rosado,
jarabe,
aceite, conserva,
y lo
mejor, un emplasto.
JUAN: Vos tenéis muy buen humor.
BODIGO: Con la Rosa purgo el malo.
JUAN: Mucho
estimo el conoceros.
BODIGO: Y yo a
vos para avisaros
de
algunos puntos que importan,
porque
seáis bien casados.
JUAN: Eso
estimaré yo mucho.
BODIGO: Pues
señor, si enamorado
os
queréis llevar de Rosa,
todo el
amor y el aplauso,
lo
primero habéis de ser,
en la
esfera de cristiano,
muy
camándulo fruncido,
cabiztuerto, y mojigato.
Gastar
con medida el día,
y tener
siempre rezando,
mucha
atención con las Horas,
y
cuenta con el Rosario.
El
ayuno ha de ser mucho,
y a pan y agua, y cascaros
cien azotes cada
día,
repartidos en dos plazos.
Con
ella no hay que tratar
de
galas, que como al diablo
con el
traje la hace guerra,
todo su
anhelo es un saco.
Su
comida es toda yerbas,
con que
sacándola al campo,
con
dejarla ir a pacer
la
sustentaréis a pasto.
Lo que
bebe son historias
de las
vidas de los Santos,
porque
las tiene bebidas,
y pasa
su muerte a tragos.
Y si
vos con este aviso
sabéis
andar su paso,
en
quince días con Rosa
purgaréis vuestros pecados.
JUAN: Mucho
estimo la advertencia,
pero
agora es mi cuidado
el
celebrarla, y quisiera
que
esta música que traigo,
cantase
donde la oyese.
BODIGO: Pues
eso, yo os daré paso:
esa
puerta es la del huerto,
canten
allí, que es su cuarto,
y no se
perderá gota,
que ha
que no se riega un año.
GONZALO: Vamos,
que yo haré la guía.
JUAN: Cantad, pues.
BODIGO: ¿Y en qué quedamos?
JUAN: Muy
amigos.
BODIGO:
No lo creo.
JUAN: ¿Por
qué?
BODIGO:
Porque este agasajo
estuviera mejor dicho.
JUAN: ¿Cómo?
BODIGO: Hablando
por la mano.
JUAN: Dices bien, en ese bolso
van cien pesos.
BODIGO: ¿Ensayados?
JUAN: Dándotelos yo, ¿qué dudas?
BODIGO: No
quisiera en este caso,
como es
usted Perulero,
que me
diera peso falso.
JUAN: Cantad,
y al nombre de Rosa
tengan envidia los Astros.
Vanse
[don JUAN y don GONZALO,] cantando los
MÚSICOS
MÚSICOS: "Engrandézcase
el Perú,
si
la plata le enriquece,
que la Rosa le ennoblece
con
belleza y con virtud."
BODIGO:
¿Cien pesos yo? ¡O bolso fiel,
o novio
de mi consuelo!
Páguetelos en el cielo
el peso
de San Miguel.
Con
cien pesos, por amigos,
hoy
multiplico mi ser,
que con
ellos puedo hacer
más de
un millón de Bodigos.
Cien pesos, o Rosa hermosa,
por tu
cara me los dio,
ahora
sé que diré yo,
que
tienes cara de Rosa.
Hoy
su antigua posesión
pierde
en mí el hambre fatal,
que era
Bodigo mental,
puesto
siempre en oración.
Mas
divertido me he entrado
en
casa, y según advierto
Suena música
ya
están cantando en el huerto.
A lindo
tiempo ha llegado,
que
a Rosa haciendo labor
la coge
en su cuarto sola,
y da el
tono golpe en bola:
no
prevenirla es mejor.
Y al
viejo daré entre tanto
este
alegrón, que el oír
cantar
ella ha de sentir
como
darla con un canto.
Vase BODIGO.
Descúbrese en medio del Teatro
la
Santa ROSA bordando en un bastidor, y en un altar casero una
imagen de nuestra Señora, y cantan dentro
MÚSICOS: "De
Rosa las Estrellas
aprendan resplandor,
que
el Sol las escurece,
y
ella da luz al Sol."
ROSA: ¡Que
no baste mi humildad,
ni el
estar siempre encerrada,
para
vivir olvidada
de esta
loca vanidad!
¡Qué
modo me librará
de este
aplauso que aborrezco?
pero en
fin se le agradezco,
por la
pena que me da.
MÚSICOS: "Los
ojos de la Rosa
del
Sol Oriente son,
pues
sólo de ellos nace
su
luz, y su calor:
a
la Rosa, a la Rosa zagales,
que
es la Reina de
toda la flor."
ROSA: Ya
pasa de vanidad,
aplauso
tan desatento,
tanto
Sol, y tanto viento
va a
parar en tempestad.
¿Qué
halla en mí la atención vana
de la juventud ociosa?
¿Qué
tengo yo más de Rosa,
que
esta palabra liviana?
¿Qué
luces, ni rosicleres
halla
en mí? ¿Yo acaso estoy
fuera
de mí? ¿Yo no soy
la más
vil de las mujeres?
¿No
lo dan bien a entender
mis maldades y defectos?
Ojalá fueran secretos,
y no los pudieran ver.
¿Pues en qué me halla
el primor
llena
de defectos tales?
MÚSICOS: "A
la Rosa, a la Rosa, zagales,
que
es la Reina de
toda la flor."
ROSA: No
puedo oír tanta Rosa
sin que
el aplauso me asombre,
la
culpa tiene este nombre,
que me
finge más hermosa.
Yo
no quiero aplausos vanos
de este
siglo desigual,
ni
hermosura corporal
para
los ojos humanos.
Mi
deseo sólo va
a
aquella Rosa interior,
que
despide más olor,
cuanto
más oculta está.
Sólo
quisiera beldad,
digna
de aquel Dueño, a quien
de
cinco años, por mi bien
votó mi
virginidad.
A
éste quiero amante, y fiel,
de él
he de ser solamente,
y no
del mundo indecente,
que
busca a quien huye de él.
Señor, ¿cómo he de librarme
de
aplauso tan peligroso?
Líbrame
tú, dulce Esposo,
es es
deuda el ampararme.
María, a cuyo favor
vinculó bien advertida
la dirección de mi vida,
y los
logros de mi amor,
si
lágrimas en los ojos
son
imán de tu piedad,
quítale
tú a mi humildad
de este
nombre los enojos.
Cantan detrás de la Imagen
MÚSICOS: "Rosa
has de ser, Rosa mía,
que
así a mi Hijo has de agradar,
y desde hoy te has de llamar
Rosa de Santa
María."
ROSA: Pues
si de mi Esposo Eterno
es
gusto, ya temo poco
aplausos del mundo loco.
Sale el DEMONIO por un escotillón
DEMONIO: Pues
temerás al infierno,
que
para hacerte guerra
todo se
ha de juntar hoy en la tierra:
espíritus nocivos infernales,
que opuestos a las luces
celestiales,
habitáis las tinieblas
del profundo,
venid
al Nuevo Mundo,
que a
todos os convoco,
y aun
todos al empeño somos poco,
pues
esta tierra, que era siempre mía,
donde
siempre reinó mi idolatrþa,
no sólo
se la quita a mi desvelo,
sino
que quiere Dios hacerla Cielo.
Y es mi
rencor, que cuando me destierra,
sea una
vil mujer quien me hace guerra,
de Dios
tan asistida,
que mi
astucia no halló en toda su vida
un
resquicio por donde hacer entrada,
para
ver esta torre derribada.
Con
ella quiere Dios en esta parte
fijar
de la virtud el Estandarte,
porque
ella es la primera
que
enarbola la cándida Bandera,
y ha de
ser aclamada
donde
mi falsedad se vio adorada,
mas no
le ha de salir de balde al cielo,
pues el
infierno todo y mi desvelo
han de
intentar batir esta muralla,
de
poder a poder es la batalla.
Al
arma, al arma, espíritus valientes,
combatidla con vicios diferentes;
ésta es
de quien mi enojo se alimenta,
que es
cuanto ella más vil, mayor mi afrenta.
ROSA: Yo no
sé de qué orror tengo recelo,
porque
toda me va cubriendo un hielo.
¿Qué
pasmo es éste? ¡Ay Dios, que me desmaya!
DEMONIO: Pues no
ha de hacer el cielo que me vaya
sin que
vengue mi enojo de algún modo,
ya que
no puedo en todo.
Mujercilla, ¿conmigo tan valiente?
Dale el DEMONIO un empellón a ROSA
ROSA:
¡Válgame Dios! ¿Qué es esto?
Baja el ÁNGEL en aparición
rápida a detener al DEMONIO
ÁNGEL:
Monstruo, detente.
DEMONIO: ¡Ah,
pesar de mi furia!
¿Qué
mucho que padezca yo esta injuria,
si Dios me ata las manos?
ÁNGEL: Aquí son todos tus intentos vanos.
ROSA: Válgame
tu favor, Custodio mío.
DEMONIO: No
podrá, que aceptado el desafío
de mi
rabia crüel no ha de dar paso,
en que
el ardor del fuego en que me abraso
no la
ponga centellas de traiciones.
Yo he de vencer sus castas
presunciones,
que ya para este fin
tengo abrasado
el corazón de un hombre enamorado,
que ha
de ser el que logre mi deseo.
ÁNGEL: Con
esto harás más alto su trofeo.
DEMONIO: Tú la
verás rendida a mi malicia.
ÁNGEL: No
podrás, que la ampara la justicia.
DEMONIO: Eso
dirá el suceso.
ÁNGEL: Yo lo fío.
DEMONIO: Yo voy
a hacer todo [este] Imperio mío.
ÁNGEL: Tú
verás cuán en vano es tu desvelo.
DEMONIO: ¡Al
arma, infierno, guerra contra el Cielo!
Vase el DEMONIO
ROSA: ¡O
Divino Señor! ¿Tanto cuidado
tienes
con una humilde criatura?
¿Por un
gusano vil tan despreciado
como
yo, se desvela tu hermosura?
¿Cómo
te ha de pagar quien sólo tiene
lo que
a su mano de tu mano viene?
ÁNGEL: ¡O
bella Rosa! Esa humildad profunda
es la
que tiene a Dios tan obligado,
que
cuando en ella tu virtud se funda,
el edificio
hará más sublimado,
y
porque te adelante mi asistencia,
te
concede visible mi presencia.
Confórtese tu pecho valeroso,
y
aliéntese tu amor a la pelea,
que te
previene este áspid ponzoñoso,
que en
aumentar tu ardor se lisonjea,
que en
un riesgo te ha puesto no pequeño,
mas
Dios ha de sacarte del empeño.
Sabe
que Dios te quiere por Esposa,
y sólo
has de ser suya eternamente,
y María
te da el nombre de Rosa,
porque
no le imagines indecente,
y queda
confïada en mi cuidado,
que en
todas partes estaré a tu lado.
Vase el ÁNGEL en apariencia
ROSA: ¡O
Soberano Señor,
cúmplase tu voluntad,
pues
más en mi cortedad
resplandece tu favor.
¿Pero qué riesgo será
el que
avisa mis temores,
que
indigna de sus favores,
cualquiera asombro me da?
Cantan los MÚSICOS dentro
MÚSICO: "Los
rayos de la Rosa,
amante un girasol
siguiendo va, hasta verse
bañado en su esplendor."
ROSA: Éste
es el riesgo violento
que me
arma aquel enemigo,
porque
el temor es testigo
con que me aflige este acento.
¿Mas
qué riesgo puede haber
en que
el afecto amoroso
de
algún caballero ocioso
este
alarde quiera hacer?
¿A quién puede dar temor
empeño de afectos tales?
MÚSICOS: "A
la Rosa, a la Rosa, zagales,
que
es la Reina de
toda la flor."
ROSA:
¡Válgame el cielo! ¿Qué tiene
este
acento repetido
que me perturba el sentido?
Mas
aquí mi padre viene.
Salen
GASPAR de Flores, viejo, y BODIGO
BODIGO:
Señor, pues aquí le tienes,
quédese
hoy en casa el yerno,
que
según te esté, es conciencia
perder
un día de suegro.
GASPAR:
¿Hija Rosa?
ROSA:
¿Padre mío?
GASPAR: Ya Dios
ha oído tu ruego,
pues de
aliviar mi pobreza
te ha
logrado los deseos:
desde
hoy por ti tendré alivio.
ROSA: ¿Pues
cómo ha de ser?
BODIGO: Comiendo.
GASPAR: Pues
hija, ¿no te lo ha dicho
el
enamorado acento,
con que
galán te festeja
el que
espera ser tu dueño?
ROSA:
¡Válgame el cielo! ¿Qué escucho?
Toda me
ha cubierto un hielo.
GASPAR: Dios
para esposo te ha dado
el más
galán caballero,
más noble y rico de Lima.
BODIGO: Y aquí
hay cien testigos de ello.
GASPAR: ¿Cómo
con tanta tibieza
oyes la
dicha que el Cielo
te
previene, cuando yo
vengo
loco de contento?
BODIGO: ¿No ves
que quien calla otorga?
Dice
que sí: ya está hecho,
entre
el novio, y vamos de ésta.
ROSA: No digo
tal.
BODIGO:
Pues apelo.
GASPAR: ¿Qué
dices, Rosa?
ROSA: Señor,
que
echo en tu cordura menos
el no
haberme prevenido
a cosa
de tanto empeño.
¿Tan
poca parte soy yo,
señor,
en mi casamiento,
que
tratándole sin mí,
me das
la noticia de ello,
cuando
ya hecho me publica
por
suya ese caballero?
¿No
fuera mejor pensado
haber cuidado primero
de
inquerir mi voluntad,
o
avisarla por lo menos?
BODIGO: En eso
tiene razón.
GASPAR: ¿Por
qué, loco?
BODIGO: Porque es yerro
el
querer hacer de Rosa
conserva de casamiento
sin
echarla en infusión.
GASPAR: Yo,
Rosa, vivo tan cierto
de tu
obediencia a mi gusto,
que
ningún resquicio dejo
a la duda, de que siempre
obedezcas mis preceptos.
Demás
desto, sé que alcanzas,
que el
gusto mayor que tengo,
es tu
propia conveniencia,
porque
no tengo otro anhelo,
sino
verte bien lograda,
que es
el fin de mis deseos.
La
suerte nos trae a casa
hoy a Don Juan de Toledo,
que es de lo más noble de
Lima,
y más rico, con que a un tiempo
mi
pobreza y tu hermosura
se ven
con logro y remedio.
Siendo
tan grande esta dicha,
no cupo
en mi pensamiento
duda de
que tú al oírla,
no le agradezcas al Cielo
una
fortuna, que iguala
todos
tus merecimientos.
ROSA: ¿Pues
qué fortuna, señor,
es ésa
de tanto precio?
GASPAR: Un
caballero, el más rico
de
Lima.
ROSA:
¿Y qué privilegio
nos
adquiere su riqueza?
GASPAR: ¿Eso
dudas? El consuelo
de
tener con qué pasar
la
vida, sin el desprecio
en que vive
la pobreza.
ROSA: ¿Y esa
vida cuánto tiempo
ha de
durar?
GASPAR:
Eso sólo
Dios es
quien puede saberlo.
ROSA: ¿Y
quién puede asegurarla?
GASPAR: Dios
sólo, que de ella es dueño.
ROSA: ¿Luego
tú de Dios confías
lo que
has de vivir?
GASPAR: Es cierto.
ROSA: Pues si
la vida es lo más,
y lo
menos el sustento,
si fías
de Dios la vida,
fía
también el remedio.
Procuremos buscar, padre,
el
Reino de Dios primero,
que
estas cosas se vendrán
como
añadidas al premio.
De Él
esperemos socorro,
que es
un pecado muy necio,
que
quien fía de Él lo más,
no fíe
de Dios lo menos.
GASPAR: Fïar de
Dios, es forzoso,
mas Él
nos ofrece medios
proporcionados a todos,
para
que nos sustentemos.
Viendo
estos medios, nos toca
confïar
y obrar con ellos,
que
dejarlos, y fïar
de su
piedad el sustento
es tentar a Dios y dar
en más peligroso extremo.
ROSA: Quien
todos los medios deja
confïado en Dios, es cierto,
mas
aquél que por seguir
un
estado más perfecto,
deja medios que le sacan
del
camino en que se ha puesto,
éste
bien fía de Dios,
y es
justo y santo el desprecio
que
hace del bien temporal
para
buscar el eterno.
Yo en fin dedicar a Dios
mi
castidad he resuelto,
y
riquezas que me saquen
de este
estado no las quiero.
GASPAR: ¿Pues
no es el del matrimonio
digno
estado?
BODIGO: Santo, y bueno.
ROSA: Pero
éste es santo, y mejor.
BODIGO: Si los
casados son buenos,
más
santos en este estado
hay,
que en esotro, y lo pruebo.
ROSA: ¿De qué
suerte?
BODIGO: De esta suerte:
Nunca
es más de uno el soltero,
los casados son dos santos,
y dos son más que uno:
luego
más
santos en este estado
viene a
haber.
ROSA: Buen argumento.
La
castidad conjugal
es
virtud de menos precio
que la
virginal, que es siempre
más
consumada.
BODIGO:
Eso niego,
que
siempre es más consumada
virtud,
la del casamiento.
GASPAR: En fin,
Rosa, ¿no haces caso
de la
dicha que te ofrezco,
ni de
darme una vejez
de
tanto honor y provecho?
¿La incomodidad que paso
no te
duele, ni el anhelo
con que
tú pasas la vida
de tu labor en el remo
día y noche, por
ganar
lo que
en la casa comemos?
¿Siempre habemos de vivir
con el
afán de lo incierto,
que
deja hoy para mañana
el
limitado sustento
ROSA: Si Dios
con su providencia
de esa
suerte lo ha dispuesto,
¿por qué no hemos de aceptar
un trabajo tan ligero?
¿Hay
cosa como vivir
de su
trabajo comiendo,
lo que
porque cuesta más,
es el
sabor de más precio?
Mejor
trata Dios al pobre
que al
rico, que el pobre a ruegos
siempre
está llamando a Dios,
y Dios
siempre a oírle atento.
Y el
rico en sus abundancias
se
olvida de Él, o a lo menos
no pone
en Dios esperanza,
porque
la tiene en los medios.
Teniendo por padre un Dios
tan
benigno, y tan excelso,
que
sobre justos, e injustos
nacer hace el Sol del Cielo.
¿Quién
puede sentir con queja
ser
pobre, sino el soberbio,
a quien
Él tener tuviera
lo
suficiente contento?
Mas
quien con lo necesario
se
ajusta, vive en sosiego,
porque
eso ni aun al indigno
jamás
se lo niega el Cielo.
¿Cómo
puede faltar Dios
a lo
necesario, siendo
tan
piadoso?, que por ver
que a los pollos de los cuervos
al
nacer blancos, los padres
desamparan como ajenos,
los
cría, y da su clemencia
de su
mano el alimento.
Mira las aves del aire,
que
llevando el pico al viento,
ni
aran, ni siembran, ni siegan,
ni encierran en sus graneros.
Y Dios las sustenta a todas
como providente Dueño,
que no hay grano que no tenga
libranza para su efecto.
Mira
los hijos del campo
con la
librea del cielo,
sin hilar, ni trabajar,
de olor y hermosura llenos.
Salomón en triunfos
tantos
por la
gloria de su Imperio,
con su
riqueza no pudo
vestirse como uno de ellos.
¿Quién
podrá de criaturas
contar
el número inmenso?
¿Qué esperan en Dios, que a
todas
da su comida su tiempo?
La
magnífica despensa
tiene
Dios del universo
siempre
abierta, y todos hallan
en ella
su despensero.
Si a
tan pequeñas criaturas
no
niega Dios el sustento,
¿cómo
ha de faltar al hombre,
que a
su semejanza es hecho?
Busquemos a Dios, señor,
y en la
forma que podemos
lleguemos de nuestra parte
a lo
que alcanza el esfuerzo.
Y no
por vivir mejor
dejemos
lo más perfecto,
que si
Dios sustenta al malo,
¿cómo
ha de faltar al bueno?
Yo me
he dedicado a Dios,
en Él
buen esposo tengo;
no
quieras, señor, quitarme
de tan
venturoso empleo.
Que no
es igual el partido
que se
aventura en el trueco,
por
pasar bien cuatro días,
pasar
mal siglos eternos.
BODIGO: (Aquí
paz, y después gloria: Aparte
¡gran
sermón! Mas dirá el viejo,
aquí
guerra, y después boda.)
GASPAR: Rosa,
yo he estado atendiendo
para
poder escucharte.
Aquel
amor que te tengo,
¿te
habrá dado confïanza
de
pensar que mis preceptos
son fáciles de volver
conformes a tus deseos?
Y pensarás bien sin duda,
por lo
mucho que te quiero,
si a
poder mudar dictamen,
diera
lugar el empeño.
Pero ya
no puede ser,
porque
yo a tu bien atento,
y
fundado en tu obediencia,
dirigida a mi consuelo,
te he
ofrecido por esposa
a Don
Juan, y él a sus deudos
y amigos
lo ha publicado.
Yo esta
noche los espero,
a la
primera visita,
ya
sabes el cumplimiento
que
requiere esta función.
Mi
honor está de por medio,
no tengo
más que decirte,
que
bien sabes que primero
que
cualquiera atención, es
tu
obediencia y mi respeto.
Yo voy
luego a recibirlos;
no
pueda, ni el pensamiento,
presumir
tu repugnancia,
que
esto no tiene remedio.
Vase don GASPAR
BODIGO:
Señora, ¿aquí hay que dudar?
ROSA: Mucho,
y mucho que temer,
mas
Dios me ha de defender.
BODIGO: Pues
Don Juan se ha de casar,
que
ya ha elegido compadre,
y yo de
ello soy testigo.
ROSA: No se
casará conmigo.
BODIGO: Pues
casará con tu padre.
ROSA: Dios
mío, de tu favor
espero
el remedio ahora.
BODIGO: ¿Qué es
lo que dices, señora,
que en
esto dude tu amor?
¿Y
que un novio no te encante,
galán,
rico, y caballero,
liberal, y perulero,
que es circunstancia agravante?
ROSA: Yo
tengo Esposo mejor,
a quien
el alma entregué,
y le he
de guardar la fe
que le
ha jurado mi amor.
Ya
es en vano la porfía,
porque
esa acción no está en mí,
pues cuando a Dios me ofrecí,
dejé luego de ser mía.
Ya
no hay para mí otro amor,
que de
Dios he de ser toda.
BODIGO: ¿Pues
qué haremos de esta boda,
que
está ya en el asador?
Ver
tanta gala sacada
en
vano, ¿no te da pena?
¿Y la
comida y la cena,
que la
tengo ya tragada?
¿Y
el novio ha de irse a la calle,
que
según tu amor le trata,
si la
boda se dilata,
es
menester encerralle?
ROSA: Todo
su afecto es en vano.
BODIGO: ¿Pues qué habéis de hacer los dos?
ROSA: Yo sólo estarme con Dios.
BODIGO: ¿Y él
con su boda en la mano,
y yo
qué le he de decir
con
cien pesos recibidos
a
cuenta de los corridos?
ROSA:
Volvérselos.
BODIGO: ¿A pedir?
Volver fuera infame nota:
no haré
tal.
ROSA: ¿Pues qué has de hacer?
BODIGO: Por no
saber yo volver,
nunca
juego a la pelota.
ROSA:
¿Pues también tú quieres ser
causa
de mis desconsuelos?
BODIGO: Eso no,
viven los cielos,
contigo
he de perecer.
Yo
de la boda verdugo
he de
ser siempre contigo,
y ha de ser tuyo Bodigo,
aunque
me vuelva mendrugo.
ROSA: Pues
Dios me ha de defender,
que de
Él espero favor,
que no
es el riesgo mayor
éste en
que me ha de valer.
Suenan instrumentos dentro
BODIGO: Mas,
señora, el enemigo.
ROSA: El
cielo me dé osadía.
BODIGO: Válgate
el Ave María,
que ya
la boda es contigo.
Jesús, y qué bravos flascos
vienen
a ver lo que pasa.
ROSA: ¿Qué
dices?
BODIGO:
Que ya en tu casa
toda
Lima está hecha cascos,
y
música.
ROSA:
Mi cuidado
se ha de lograr como espero.
BODIGO: Como el
novio es caballero,
quiere
venir entonado.
Sale GASPAR de Flores
GASPAR:
Rosa, la hora ha llegado.
Ya ves,
hija, lo que pasa,
todo el Perú está en tu casa,
y yo de
ti confïado,
que
has de [mirar] por mi honor,
y la
palabra que di,
pues
para mirar por ti,
se ha
adelantado mi amor:
ya
ves lo mucho que gana
mi
honor, y de aplausos tú.
BODIGO: La boda
es en el Perú,
pero
parará en La Habana.
ROSA:
(Hasta tener ocasión
Aparte
me
importa disimular.)
Yo
señor siempre he de estar
a lo
que fuere razón.
GASPAR:
Siempre estaba yo esperando
de tu
juicio ese primor.
BODIGO: Señor,
manos a la labor,
que ya
va la boda entrando.
Salen
todos los que pudieren de
acompañamiento,
y detrás don GONZALO y don JUAN, y
cantan los MÚSICOS
MÚSICOS: "Al
arma, al arma, Cupido,
que
del tiempo vencedora,
de
rayos de nieve armada
corre la campaña Rosa."
GASPAR: Llegad
ya, señor don Juan,
que os
espera vuestra esposa.
JUAN: Con el
riesgo del que al Sol
se
acerca, llego, señora,
a
vuestras divinas luces,
pero
valdráme la sombra
que les
hace vuestro nombre,
pues
vuestras luces piadosas
tienen
esplendor de Sol
con
suavidades de Rosa.
BODIGO: No la
olerá él, si ella puede.
GASPAR: ¿No
respondes?
ROSA:
Dudo ahora
lo que
pueda responder,
pues ni
tengo acciones propias,
ni
palabras, porque soy
de
quien es mi Dueño, toda.
JUAN: Al
colmo llegó mi dicha.
GASPAR: Es muy
discreta mi Rosa.
BODIGO: (Tan
discreta, que da espinas, Aparte
y parece que son hojas.)
GONZALO: Yo,
Rosa, en esta aventura
soy el que más parte logra,
por lo
mucho que el aumento
de
vuestra casa me toca,
y de Don Juan, por amigo,
con que por una y por
otra
deuda,
dos veces os doy
la
enhorabuena dichosa.
GASPAR:
Siempre, señor don Gonzalo,
mi casa
os debió estas honras.
GONZALO: Nunca
podrán igualar
las
virtudes de Rosa.
BODIGO: (Luego
lo verá en la purga.) Aparte
GASPAR: Don Juan, porque a las señoras
demos lugar, a esta
sala
nos
retiremos ahora,
mientras Rosa las recibe,
para
que en orden se ponga
la
escritura, porque hoy quede
otorgada en toda forma.
JUAN: Ya como
hijo, solamente
obedeceros me toca.
GONZALO: Vamos pues, guiadnos vos.
BODIGO: (¿En
qué parará esta boda?) Aparte
Vanse todos menos la santa ROSA, don JUAN, y
BODIGO
ROSA: Señor
don Juan, dos palabras
os he menester a solas.
JUAN: A
obedecer vuestra voz
os
espera el alma prompta.
BODIGO: (Rosa,
aquí saca su flor. Aparte
¿Qué
hará este novio, si ahora,
como el
que halla pollo en huevo,
le sale
huera la novia?)
ROSA: Bodigo,
atiende a mi padre.
BODIGO: A nadie
temas, señora,
que a tu lado está un Bodigo
más
valiente que una torta.
Vase BODIGO
ROSA: Señor
don Juan, la fineza
con que
por gusto o lisonja,
o
aprehensión me habéis querido,
os quiero pagar con otra.
La
mayor, que una mujer
hace
por quien la enamora,
es
ahorrar al desengaño
la
dilación y la costa.
Vos lleno de los blasones,
que vuestra sangre
coronan,
tenéis
igual la riqueza
al
crédito que os adorna.
Y con
toda la opulencia,
abatís
vuestra persona,
siendo
yo tan desigual,
a
escogerme por esposa.
Yo soy
una mujer pobre,
y
humilde, y aunque notoria
mi
hidalga limpieza, oscura
por ser
mi fortuna corta.
Con que
no queda motivo
para
elección tan impropia,
sino la
vana opinión,
que me
da el vulgo de hermosa.
No
disputo si lo soy,
que el
serlo, o no, poco importa,
pues la
ley de la hermosura
hay
gustos que la derogan.
Y
aunque la hermosura es prenda
con que
los hierros se doran,
que han hecho en el mundo muchos,
es menester cuando es
sola,
que
haya amor en la hermosura,
que
ella amante corresponda,
porque
si no es mucho el precio,
y nada
lo que se compra.
Esto
supuesto, Don Juan,
siendo
mi suerte tan corta,
era
menester suplirla
con
amor, y que mis joyas
fuesen
cariños y halagos.
Yo me
hallo en este estado ahora
de no
poderos querer,
ni esperarlo,
ni hallo forma
de
imaginarlo, ¿mirad
si me
queréis por esposa?
JUAN: Para
poder responderos,
me dais
licencia, señora,
de
preguntaros la causa
de aversión
tan rigurosa.
ROSA: Como
vos me deis palabra,
con
vuestra fe generosa
de
desistir del empeño,
y hacer
vuestra la victoria,
sin que
en ello de mi padre
la
noticia se interponga,
yo os
la diré llanamente.
JUAN: Si es
causa justa, es forzosa
la
aceptación de tu padre.
ROSA: ¿Me la
dais en esa forma?
JUAN: No la
puedo yo negar.
ROSA: Pues
mirad si causa sobra
a un
corazón, que amante
tiene
dueño a quien adora,
y a
quien ha dado palabra
y mano
de ser su esposa.
Yo soy
de este amor esclava,
considerad
vos agora,
si os
estará bien casaros
con
quien por su misma boca
confiesa en vuestra presencia
el amor
de otra persona.
Sale el DEMONIO embozado
DEMONIO: (Logre
la ocasión mi rabia: Aparte
con el
amor que blasona,
la he
de armar una traición,
sin que
ella aquí lo conozca,
fingiéndome yo el galán,
que
está diciendo que adora.)
JUAN: (¿Qué
es lo que miro? Este empeño, Aparte
ya es
fuerza ser de más costa
pues al
decir Rosa que ama
otro
dueño, un hombre emboza
la cara
y sale a afirmarlo.)
DEMONIO: Ya me
ha visto: ahora importa
irme y
dejarle en la duda.
Vase el DEMONIO
JUAN: Esto ya
otro color toma,
pues
salir a confirmar
lo que
está diciendo Rosa
e irse,
ya es desafïarme.
ROSA: Don
Juan, no se descomponga
tanto
vuestro sentimiento,
que yo
os he dicho.
JUAN: Señora,
no
prosigáis.
ROSA:
¿Pues por qué?
JUAN: Porque
no sois la persona
a quien yo he de responder.
ROSA: ¿Pues
quién?
JUAN:
Quien vuestro amor logra,
pero yo
haré que le olvide.
ROSA: ¿Cómo?
JUAN:
Con matarle agora.
ROSA: ¿Dónde
vais?
JUAN:
A darle muerte.
ROSA: Mirad,
que es empresa loca.
JUAN: ¿Por
qué?
ROSA:
Porque es muy valiente.
JUAN: Eso lo
verán las obras.
ROSA: Mirad
que no le hallaréis.
JUAN: Aunque
en el Cielo se esconda.
ROSA: Mirad,
que es.
JUAN:
Yo lo sabré
cuando
a mis plantas le ponga.
Vase don JUAN
ROSA: Pues yo
lo dejo por Dios,
Dios
mirará por su esposa.
FIN DE LA
PRIMERA JORNADA
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