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ACTO TERCERO
Interlocutores: JUSTICIA, [la ROMERA que es la]
Guerra, PAZ, TIEMPO, MUNDO.
Entra JUSTICIA
JUSTICIA: N[o] os
escondáys. ¿Qué parláys?
ROMERA: Señora,
no digo nada.
JUSTICIA: Sed
presa desta vegada.
ROMERA: ¿Por qué
presa me lleváys?
JUSTICIA: Mi
prissión
será
por la Inquisición.
ROMERA: Yo no
cometo heregías.
JUSTICIA: No
curéys dessas porfías,
que
n[o] os prendo a sinrazón,
¡embaydora!
ROMERA: No lo
soy, por Dios, señora,
ni en
mi trage ay tal manera;
soy una
pobre romera,
que por
sus pecados llora.
JUSTICIA: Satanás
nunca
jamás daña más,
quando
huye de la cruz,
que quando es ángel de luz
o en el
hábito que vas.
ROMERA: Tus razones
sospechan de mí trayciones,
según por ellas me tratas:
pues sabed que las beatas
ansí van las estaciones.
JUSTICIA: Vos
soys tal,
que
Alecto, furia infernal,
más en
dañar no se esmera,
ni
Tesifona y Megera
nunca
atraman tanto mal.
Por
vellaca,
os quiero
atar a un estaca.
ROMERA: ¿A mí,
señora? ¿Por qué?
JUSTICIA:
Llegaos, que y[o] os lo diré.
ROMERA: ¡No me
apretéys, que estó flaca!
JUSTICIA: No
penséys,
que con
esto pagaréys.
ROMERA: ¿Dó
están mis hijos y hermanos?
JUSTICIA: Dad acá
essos pies y manos,
que
después los llamaréys.
Si y[o]
os ato,
y desta
manera os trato,
vos lo
tenéys merecido.
ROMERA: ¿Qué
males he cometido?
JUSTICIA: Y[o] os
lo diré en poco rato.
Antemano,
offendéys al Soberano,
porque
echáys su Paz del mundo,
y, con
esto, lo segundo:
hazéys
lo sacro prophano.
He
notado
que el que va mejor librado
de
vuestra hueste o pendón,
es el que es mayor ladrón,
o más hombres á matado.
Por tres blancas
hazes mil personas mancas,
otros hazes mil pedaços,
otros
sin manos o braços,
otros coxos con sus trancas.
Vos quemáys
las miesses donde llegáys,
con un poder dissoluto,
e los
árboles con fruto,
por los troncos los cortáys.
Las donzellas,
hazéys gran vileza en ellas,
no menos en las casadas;
¿qué diré de las posadas,
como echáys el huesped dellas?
Sus capones,
sus gallinas y ansarones,
sus mantecas y tocinos,
pan y vino, e palominos,
todo lo
gozan ladrones.
Los
sudores
de los tristes labradores,
sus terneras, sus ganados,
todo lo days a soldados,
e aun otras cosas mejores.
Sus officios
dexan por andarse en vicios,
vos los bolvéys haraganes,
vos soys madre de
rufianes
e
fuente de los bullicios.
ROMERA: Pues,
señora,
yo sé
que soy pecadora,
mas
algún bien me dio Dios.
JUSTICIA: Esse
bien dezildo vos.
ROMERA: Pues
dexadme un poco agora.
[JUSTICIA:] Que me
plaze.
ROMERA: Lo que
a mí más satisfaze
es,
mientra digo e prosigo,
que os
ayáys muy bien comigo,
que de
miedo no me enlaze.
JUSTICIA: ¡Sus,
dezid!
ROMERA: ¿Quién
conociera a David
ni los
fuertes filisteos,
ni los
cinco Macabeos,
si
jamás no oviera lid?
Muchos
son
que
siguiendo mi pendón
sus
nombres esclarescieron,
de los
quales sé que fueron
Josué, Moysén y Sansón.
Los romanos,
arrimando a mí sus manos,
adelantaron su imperio,
Camillo
Graco y Tiberio
e
Cipiones affricanos,
un Marcelo,
Sulpicio Bruto, Metelo,
Emilio
Curcio e Fabricio,
Horacio
Cocle e Domicio,
con
otros que no revelo.
Mi intención
no es hablar en Macedón,
ni en Césares, ni Pompeos,
ni en
Héctor, ni en Tolomeos,
mas
vengo a vuestra nación.
JUSTICIA: Dezid
pues.
ROMERA: ¿Quién
esclareció a Cortés,
puesto
quasi en otro mundo?
Vos diréys
lo que yo fundo,
ques a
mi causa marqués.
¿Quién
no atina
que a
mi causa aquél de Urbina
fue
puesto en estimación,
y el de
Leyva y de Alarcón,
hombres
de memoria dina?
Otros
callo,
por el
tiempo en que me hallo,
dignos
de eterna memoria,
que,
por no alargar la hystoria,
es muy mejor abreviallo.
Pues si doy
a bivos fama do estoy,
y a
muertos hago alabarlos,
¿por
qué me destierra Carlos
a los
garamantas oy?
Si es
su fin
cubrir
las armas de orín
que de
no tratallas mana,
poco en esto César gana,
en
romance ni en latín.
Pues, la Paz,
su fin
es de dar solaz,
e
gastar la vida en fiestas:
no son
condiciones éstas
que hazen
gente sagaz.
Yo, a lo menos,
muchos ruynes hago buenos,
y tres mil baxos levanto:
quando la Paz haga tanto
quiebren mis tiros e truenos.
JUSTICIA: ¡O,
malvada!
¿De la Paz, tan alabada
de
Dios, por su misma boca,
osas
hablar como loca?
¡Perdida, más que treguada!
¡Toma,
toma,
no
derrames más carcoma!
ROMERA: ¡Ay,
Justicia, que me has muerto!
JUSTICIA: ¿No
sabes quán sin concierto
diste
sacomano a Roma?
Mal
miraste
los templos que despojaste
en sacrosantos lugares:
custodias, cruces y altares,
y aun los cálices robaste.
Mal miravas
las damas que deshonrravas,
toda Roma dando gritos,
tú,
cevada en tus delictos,
los sacros prestes jugavas.
¡O, maligna
de toda piedad indigna!
¡Puerta
de todos los males!
Yo haré
que no te yguales
con la Paz, santa y venigna.
¿Tú no sabes
aunque tus cosas alaves
quién es la Paz y sus mañas,
sus condiciones y entrañas,
que las cantan ya las aves?
En el cielo
no
tienen mayor consuelo,
después
de Dios, ni solaz,
que
estar los santos en paz.
¿Qué
harán pues los del suelo?
Porfiaría
que el
reyno infernal sería
perdido
todo en tropel
si,
entre los ministros dél,
oviesse
guerra algún día.
Da muy tutos
la
tierra todos sus frutos,
todos
biven en convén,
el mar
se navega bien,
no ay
piratas dissolutos.
Mil
plazeres
gozan hombres y mugeres,
las cosas sacras no cessan,
van seguros, y
atraviessan
a las
ferias mercaderes.
Lo que
ganan
lo que
sudan, lo que affanan,
gózanlo padres y hijos;
en las ventas y cortijos,
sin recelo se rellanan.
El más
alto
no
recela sobresalto,
los baxos biven seguros,
los surcos tienen por muros,
especial si yo no falto.
Destos
bienes
ningunos, Guerra, tú tienes,
salvo
dissipar ciudades
e
tratar civilidades;
nunca
la verdad mantienes.
Pues,
maldita,
sin que
más de ti repita,
gran merced oy Dios te haze,
si lo bueno te desplaze,
con que
la vida te quita.
PAZ: ¡Muera,
muera
tan
cautelosa romera!
ROMERA: ¡Ay,
señora, que estó atada!
PAZ: ¡No se me da desso nada,
doña
cevil, hechizera!
ROMERA: ¡Gran
dolor!
¿No ay
por aquí algún pastor
a quien moviessen mis bozes?
TIEMPO: Anda
[a]llá, Mundo, que gozes,
vamos a
dalle favor.
MUNDO: A mi
ver
la boz
tiene de muger.
ROMERA: ¡Ay, me
que matan de beras!
TIEMPO: ¿Si la
comen bestias fieras?
MUNDO: Asmo
que esso deve ser.
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