|
ACTO SEGUNDO
Interlocutores: MAHOMETO, PELAYO, SILVANO
MAHOMETO: El camino
da fatiga de contino,
mayormente si es muy luengo
pero, si no desatino,
muy cerca de Roma vengo.
¡Ha,
pastores,
questáys en estos altores!
¿Qué
hazéys en estos prados?
PELAYO: Holgamos entrestas flores
mientra pacen los ganados.
MAHOMETO: Sin carcoma,
dezime dónde está Roma
e quán lexos podrá ser.
SILVANO: Dencima aquell otra loma
la podéys muy clara ver
MAHOMETO: Bien está,
muchas
gracias doy [a] Alá.
PELAYO: Di ¿por qué llevas corneta?,
que hartas verás allá.
MAHOMETO: Soy cursor del mahometa.
SILVANO: ¿Quién te emvía?
MAHOMETO: El Turco e voy a porfía,
por estos cerros e llanos.
PELAYO: ¿A dó endereças la vía?
MAHOMETO: All alfaquí de christianos,
al
qual llevo
aquestas cartas de nuevo,
no por más de apercebillo,
para que sepa el mancebo
que el Turco va a destruyllo.
SILVANO: Malos años
con hadas negras e daños
que os vengan a él e a vos.
MAHOMETO: Estoy en reynos estraños:
amigos,
quedaos a Dios.
PELAYO: ¿His huyendo?
¡Juri a mí, que y[o] os entiendo,
don Cara de Escaravajo!
¡Esperá, no vays corriendo,
daros hemos un tassajo!
SILVANO: ¿No has sentido,
el puto negro curtido,
quál llegó corriendo al trote?
PELAYO: ¡Quién le diera tras [e]l oýdo,
con su porra un papirote!
SILVANO: Digo, ¡hao!,
¿qué
sientes de aquel "fao, fao"
del Turco e su presunción?
PELAYO: Questimo más mi çurrón
que todo su barranbao.
Es un
bruto,
puerco cevil, dissoluto.
SILVANO: Es un nuevo Lucifer.
PELAYO: Es un hideputa puto.
SILVANO: De ruyn casta deve ser.
PELAYO: Un vellaco,
muy mayor
ladrón que Caco.
SILVANO: Dios le dé su maldición,
pues hoça como berraco
la sagrada religión.
PELAYO: Tú sabrás
ques
hijo de Sathanás,
según
por obras se ha visto,
porque todo su compás
es perseguir los de Christo.
SILVANO: ¿Por ventura,
no miraste el escriptura
que llevava el vil guineo?
¡Guste
tamaña tristura
que la vida no desseo!
PELAYO: Tengo afán
por ver tanto rabadán
bohordando en sus majadas
e dexar comer su pan
a bestias descomulgadas.
SILVANO: A mi ver
todo se va ya a perder:
sácolo porque,
entre nós,
maldito aquél, que ha plazer
morir por la fe de Dios.
PELAYO: La alcávala
siempre crece enoramala,
ciento a ciento e cuento a cuento,
mas la fe,
si Dios me vala,
descrece con cada viento.
E por tanto
osa poner en espanto
este bestial fanfarrón
con su carta al Padre Sancto
e a Roma en alteración.
SILVANO: Bien lo veo
quessa es su tos e desseo.
PELAYO: Con ella se ahogará;
pero nunca Dios querrá
que se pierda el Coliseo.
SILVANO: Yo presumo
que se tornará en humo
el fuego que agora enciende
e sacará poco çumo
de lo que tentar emprende.
PELAYO: Quien podría
embaraçalle la vía
ocúpase en otras ferias,
por donde, de cada día,
se doblan nuestras miserias.
SILVANO: Claro vemos
quen nuestros propios estremos,
por una negra jatancia,
los ytalianos tenemos
barato con los de Francia,
de manera
questa bestia, aunque no quiera
ha por fuerça de pensar
que su pendón e bandera
al mundo ha de subjetar.
PELAYO: ¿Quies que hable?
La Fortuna es tan mudable
que ¡juro al
non de san Pablo!,
que jamás fue tan estable
que no obrasse algún milagro.
SILVANO: Yo no dubdo,
puesto que soy tosco e rudo,
sabiendo que nunca queda,
sino queste cabeçudo
ha de baquear la rueda.
PELAYO: Yo sé bien,
de más de diez e aun de cien
que por perversos iniquos
les hizo con gran desdén
venir a dar de hocicos.
SILVANO: ¿Quién mayor
que Nabucodonosor
que, por hazerse adorar,
como bestia, e aun peor,
por los montes vino [a] andar?
PELAYO: Si disciernes
poco menos fue Olofernes
en batallar
e vencer
mas una noche de viernes
degollóle una muger.
SILVANO: Dime, hermano,
¿quién
tan grande e tan ufano
como César en sus hadas?;
mas
el senado romano
le dio en fin de puñaladas.
PELAYO: Concrusión:
¿quién
su par, de Faraón?
e quando al Pueblo siguió,
para mayor perdición,
su gente y él se ahogó.
SILVANO: Por sant Pero,
que este llobo carnicero
que por sangre nuestra ravia,
que cuydo e assí lo espero,
que ha de mallograr su Arabia;
porque Pedro
tiene cabaña de cedro,
no querrá perder
tal pieça,
causando que vaya riedro,
las manos en la cabeça.
PELAYO: ¿Quies que diga?
Dende
aquí le do una higa
so mi capa entre las cejas.
SILVANO: Dios le dé mucha fatiga
e guarde nuestras ovejas.
PELAYO: Bien será.
¡Mía
fe, que nos vamos ya,
porque van muy descarriadas!
SILVANO: ¡Anda pues, Pelayo, allá!
¡Vamos
a nuestras majadas!
|