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| Hernando López de Yanguas Farsa del mundo IntraText CT - Texto |
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ACTO SEGUNDO
Interlocutores: PAZ, CORREO, JUSTICIA
PAZ: ¡Válame Nuestra Señora! ¿Qués esto? No lo adevino. ¿Quién passa por el camino tañendo corneta agora? Bien es ver quién viene, para saber si a dicha trae qualque nueva, más, según la prisa lleva, podrá ser no responder. ¡Gentilhombre! Perdonad que n[o] os sé el nombre. CORREO: Noble dama, ¿qué pedís? PAZ: Que me digáys dó venís, mi pregu[n]ta n[o] os asombre. CORREO: Dama, vengo, de Ytalia, camino luengo, en postas, con prissa harta, perdonad que no me tengo, mas de daros [é] esta carta, en la qual, veréys la firma imperial, vuestro nombre en sobreescrito, leelda poco a poquito, y Dios os guarde de mal. PAZ: Entre mí la quiero leer aquí, Dios vaya siempre contigo. César habla aquí comigo. ¡En dichosa hora nací! ¡Grandes cosas, nunca vistas, milagrosas, vienen en este papel! ¡Muchas gracias doy [a] aquel que me quita las esposas! Mi plazer comience ya a florecer; grane, grane mi alegría. ¡O, bendito sea aquel día que César pudo nacer! ¡Quán bien fuera que cien mil lenguas tuviera, cada qual con su garganta, con facundia tal y tanta que a Marco Tulio excediera! Mas la Fama, que siempre lenguas derrama, terná por bien de suplir lo que yo no sé dezir de tam bien hilada trama. Ya mis males, mis destierros desiguales del todo son fenescidos e los brutos animales no verán más mis gemidos; que, en verdad, desque faltó Quaridad para mí, entre las más gentes, entre las fieras serpientes vi mayor conformidad. Los leones de feroces coraçones de sí no me desecharon y los tigres se alegraron, basiliscos y escorpiones. Esto digo, porque me dieron abrigo sierpes de diversos nombre[s] e solos, solos los hombres, mostravan odio comigo. Y la Guerra, tinié tomada la tierra con sus armas y tras tras, pero yo pienso de oy más de tratalla como a perra. Su gran fuego al mundo trayé tan ciego si César no socorriera que mi nombre se perdiera y no hallara sosiego; pero agora, hállome tan gran señora, con esta carta que trayo, quien señor se halla el Mayo qua[n]do al mundo pinta e dora. Ya bien puedo lançar de mi lado el miedo con tan cierta relación pues me sacó de prisión el gran César con su dedo. ¿Quién podría explicar el alegría con que yo torno a este mundo, pues la Guerra va al profundo y la tierra e mar es mía? Tamto bien le dé Dios, amén, amén, pues su mano tanto abarca que sea absoluto monarca sin aver jamás desdén. Si topasse con quien mi bien relatasse mucho más descansaría... Quiérome yr por esta vía, si a dicha alguno encontrasse... Gran codicia tengo que ver a Justicia, que á mucho que no la vi... Parece que viene allí, o mi vista se desquicia. ¿A dó va? No pienso que viene acá, va del camino me á poco. Quiero descansar un poco, si es ella, no tardará. JUSTICIA: ¿Qué es aquesto? Algún gran milagro es esto. ¿Qué corneta es la que suena? ¿Si es alguna nueva buena? Quiero ver quién passa, presto. Por Dios, creo que a mí viene este correo, quiero salille al atajo. CORREO: Quitado me has de trabajo, Justicia, pues que te veo. JUSTICIA: ¿Qué me dizes? CORREO: Nuevas, nuevas muy felices, que la Paz es libertada y la Guerra es desterrada, no preguntes más ni atizes. JUSTICIA: Nuevas buenas, te dé Dios de glorias llenas y te libre de malicia. CORREO: Dios quede con ti, Justicia. JUSTICIA: Él te dé buenas estrenas. La Paz veo, ya se cumple mi desseo. Quiero hablar desde agora. ¡Dios te salve, Paz, señora, por cuya vista rodeo! PAZ: ¡O, bien vengas, para que al mundo sostengas, Justicia, acá, con tu vara! JUSTICIA: Huelgo, Paz, con ver tu cara y oliva, con faldas luengas. PAZ: ¿Cómo estás? JUSTICIA: En mi rostro lo verás, alegre y más que contenta. PAZ: La margarita es inventa. JUSTICIA: Esso por ti lo dirás. Un Correo, que llaman "Espera in Deo", me dixo, en pocas razones, que eras libre de prisiones. [PAZ:] Ya mi libertad posseo. Sea loado quien al mundo me á tornado, que ya me cubre tiricia; y el que a ti, hermana Justicia, la vara te ha confirmado. JUSTICIA: Muy ufana me hallo con tal, hermana, mas escucha un poco agora: ¿quién será aquella que llora por aquella trasmontana? PAZ: Gran mal trae, a cada passo se cae; trage muestra de Romera. JUSTICIA: Oyamos ora, siquiera, qué dize, o dó se retrae. ROMERA: ¡O, cuydado, jamás visto ni pensado! ¿Dónde tan presto has venido? ¿Qués esto? ¿Por dó he subido en tan fragoso collado? Todo es peñas xarales, montes y breñas. ¿Qués de mis ciudades ricas? ¡O, benditas paxaricas, que estáys por aquí estremeñas! Escuchad, siquiera por caridad, mis congoxas y querellas; puesto que n[o] os doláys dellas ni de mi gran soledad. ¡N[o] os me vays! Parece que reboláys, ¡n[o] os espante mi presencia! ¡Tened un poco paciencia, después, ýos a do mandáys! Escarmiente quien presume de prudente; nadie diga "bien me estoy". Sepan, sepan todos oy, que Fortuna a todos miente. Quán pujante, me [é] visto, mil años ante: Guerra, de todos temida; agora, véome caýda, y no veo quién me levante. Ya del cielo no espero ningún consuelo que siempre fue mi enemigo; la tierra está mal comigo, el mar no me tiene duelo. ¡Rocas duras, sierpes de estas espessuras, condoleos ya de mi mal! ¡No aya bestia ni animal que no sienta mis tristuras! ¿Qué harán quantos comían [de] mi pan, quera gran parte de buenos? Sin duda me echarán menos e de hambre morirán. Capitanes, gentiles hombres, galanes, con otros bisoños fieros: andando yo en los oteros ¿quién suplirá sus affanes? Otro mal ay tras este desygual: es que se verá muy tarde quién es valiente o covarde, sin la guerra o su metal. Quando el Papa se solía vestir mi capa, el qual es buelto en paloma, algo mandava yo en Roma, vestida toda de chapa. Si quería, en dos credos rebolvía franceses con ytalianos, alemanes, castellanos, hasta turcos con Ungría. Mas, mi hado, de tal suerte se á mudado en casos rezios, atroces, que temo morir a coces si la Paz lo á varruntado. Por manera que el mal que mi mal espera en el presente comedio no á hallado otro remedio sino tornarme romera. PAZ: ¡Gran traydora! Ésta es la Guerra que llora. ¡Quál viene dissimulada! JUSTICIA: Mi fe, no aprovecha nada, quiérola prender agora. ROMERA: ¡Ay de mí! Desde el punto en que nací nunca me vi tan desierta. ¿Qué haré? Doyme por muerta, la Justicia viene aquí.
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