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Sale MISER PALOMO, lo más ridículo
que pudiera vestirse, y LUQUILLAS, su criado, con una
lista en la mano,
y un MESONERO santiguándose
MISER PALOMO:
No tiene que admirarse, amado huésped,
que
esta comisión, muy verosímil,
y la
ocasión que digo, es urgentísima;
yo
he de exceder mi oficio rectamente,
mi
caro albergador. Ya sabe el pueblo
que ha venido el doctor Miser
Palomo
a
examinar a todo buscavida,
sabandijas del arca de la corte,
donde se acoge tanto vagamundo
como
en diluvio universal del mundo.
MESONERO: Por
cierto, vuesasted, Dios le bendiga,
trae
tan gran comisión.
MISER PALOMO: "Como
barriga",
iba
a decir, el bien barbado huésped.
Ya
le entendí. Prevenga, elija, escoja
un
tribunal, a quien yo soy decente,
que
me autorice; no, ¡que me sustente!
MESONERO:
Dígame, vuesasted y haráse luego,
¿cómo tan gordo está?
MISER PALOMO: Soy veraniego.
MESONERO:
Solemne bellacón parece el dómine.
MISER PALOMO:
Preguntador parece el mesonista.
MESONERO: Aquí
la silla está.
Siéntase [MISER PALOMO]
MISER PALOMO: Comodabúntur
ego mecum sentare.
MESONERO: Poco a poco.
que
si en latín vuesa merced se sienta,
se
nos caerá la casa en buen romance.
MISER PALOMO: No
osará, que también comisión traigo
para
que no se caiga cosa alguna.
MESONERO:
Parece comisión de la fortuna.
MISER PALOMO:
¿Chistecico en mesón? A espacio,
espacio.
¿Nada nos queda ya para palacio?
Vase el MESONERO y sale el TOMAJÓN
TOMAJÓN: Beso a vusted las suyas muchas veces.
MISER PALOMO: No
vi agradecimientos tan tempranos,
¿pues cuándo le he besado las manos?
TOMAJÓN: Soy
astrólogo yo en cortesía.
MISER PALOMO:
¡Bueno, que ya se besa en profecía!
¿Qué
tiene por acá?
TOMAJÓN: Miser clarísimo,
de
tomajón deseo examinarme.
MISER PALOMO: Es
oficio barato y muy sabroso,
aunque en la corte ahora vive ocïoso.
¿Cómo ha nombre?
TOMAJÓN: Durango.
MISER PALOMO: Es muy seguro,
mas
para quien ha de dar, no es bueno el duro.
Diga
ya el tomajón.
TOMAJÓN: Yo soy un
hombre
que
tomo y pido sin cansar a nadie.
Soy
gaceta común de casa en casa,
contando
cuanto pasa, y qué no pasa.
Tengo heridas famosas por el filo.
Si es vano el tal
señor, le digo luego
que
desciende del conde Peranzules;
Si
es tierno, que me dijo cierta ninfa
que
no hay tal caballero en toda Illescas;
Si
es bravo,
MISER PALOMO:
(Cosa vil tener tal nombre). [Aparte]
TOMAJÓN: que
le tiemblan los moros de Getafe.
Si pica
en discreción, que escribe y habla
mejor que Garcilaso y que Demóstenes.
Y,
aunque sea un indiano en la miseria,
le
digo que es más pródigo que el hijo.
Y si
con estas cosas no se ablanda,
le
embisto con dos tonos Juan Blaseños,
y lo
que reservé a su cortesía,
echando con primor por el atajo,
se
lo vengo a pedir por mi trabajo.
MISER PALOMO: ¡Oh,
que sois un legón!, que os ha faltado
el
más sutil primor y más usado:
lo
de "no hay tan gran príncipe en España",
y el
decir mucho mal de uno con otro,
no
lo ignora el tomajón más potro.
Andar, señor, andar, y en quince
días
de "mercedes", de
"vos", de "señorías",
no toméis en cuatrín
sin mi licencia.
TOMAJÓN:
Ellos me ayudarán a la obediencia.
Vase el TOMAJ&óacute;N y sale un
CABALLERO
CABALLERO:
Mantenga Dios al buen Miser Palomo.
MISER PALOMO: Sí,
mantendrá, que es lindo mayordomo.
CABALLERO: De
caballero vengo a examinarme.
MISER PALOMO: Muy
importante le será el no serlo,
si
es que no quiere más de parecerlo.
¿Qué
nombre?
CABALLERO:
Don Juan Bilches.
MISER PALOMO: Poca cosa;
mas
campando, por mi vida, el Bilches,
el
Bilches solo, digo, me hace asco;
conviértele en Hernando de Velasco,
y
prosiga.
CABALLERO:
Estudié caballería,
y
tengo un par de cursos de enfadoso,
y algunas señorías regateo,
y con hijos segundos me
voseo.
Dudo las excelencias, y he
jurado
a fe de caballero
entre dos títulos
sin
que me hiciese mala la cabeza.
He ido en las testeras de tres
coches
con un conde, un
marqués y casi un duque.
Yo
paseo la plaza en fiestas públicas,
y
topando una mula, digo luego:
"Excelente caballo de los toros",
y
afirmo que pespunta la carrera.
Por
solo un arador, llamé dos médicos
y
comí carne toda una cuaresma.
De
una mosca en verano tengo agüero;
y
porque oí que el duque de Sajonia
estaba con catarro, en aquel punto
despaché por bayetas a Sevilla.
Miento con muy buen
aire y desembozo,
que
el mentir recatado de la gente;
eso
es cosa de hidalgo solamente.
MISER PALOMO: ¡Oh,
que os falta un palillo en el sombrero
para
ser empalado caballero!
¿"Don" tenéis?
CABALLERO: ¿Cómo
"don"? Guardarnés tengo.
MISER
PALOMO: En verdad, en verdad, que
estáis muy próximo
a ser caballero
celebérrimo;
¿bebéis agua?
CABALLERO: Señor, mejor el
vino.
MISER PALOMO:
¡Jesús! ¡Pobre de mí! ¡Qué desatino!;
aunque tenéis buen gusto, pero ahora
sépaos mejor el vino, y bebed agua,
sin que nunca os
contente la bebida.
Fresca llamad la fría, y llamad
cálida
a la
fresca, buscando extraños modos,
que,
como un caldo, ya lo dicen todos.
Otro
punto: en gobierno de la gorra,
¿qué
medio habéis tomado?
CABALLERO: Señor mío,
escaseo con todos mi sombrero;
vive
con gran descuido; no trabaja,
porque el ser muy cortés es cosa baja.
MISER PALOMO: En
recién caballeros me contenta
el
ser inexorables de bonete;
pero
advertid, para que vayáis más docto.
Luquillas, el sombrero del examen.
Gorrear de esta suerte a todo el mundo:
al
hidalgo, a los ojos y a la boca;
al
caballero, al título, a la barba;
al
grande, al pecho; al rey, a la rodilla;
al
Papa, hocicadura; y de este modo
acabaréis de ser pesado en todo.
CABALLERO:
¿Puedo ser caballero en todo el reino
con
doctrina tan nueva y tan famosa?
MISER PALOMO:
Serlo y decirlo, que es más fácil cosa.
Vase el CABALLERO y entra el NECIO
NECIO: Yo
vengo a examinarme de ser necio.
MISER PALOMO:
Viviréis muy contento de vos mismo.
¿Sois muy dichoso?
NECIO: En esto
solamente
no
he sido necio.
MISER PALOMO: Vamos al examen.
Nombraos.
NECIO:
Yo, don Domingo.
MISER PALOMO: ¡Don Domingo!
Necio sois de guardar en todas partes;
mas, pues, tan necio sois, llamaos don Martes.
NECIO:
Hablo en todas las cosas que no entiendo,
pensando que las sé mejor que todos.
Metíme a lo arquitecto, y dije un día,
mirando al Escorial: "¡Qué
insigne fábrica
si
tuviera de sitio más un dedo!"
MISER PALOMO: Es
tacha del Alcázar de Toledo.
NECIO: Diré
una pesadumbre al más amigo,
creyendo que le digo una lisonja.
Haré
misterios de que vuela un pájaro.
Detendré a un delincuente que va huyendo,
para
darle no más las "Buenas Pascuas".
Porfiaré con el mismo calendario
sobre si la Cuaresma
empieza en miércoles.
Soy
mal seguro, malicioso y grave,
y en
el entendimiento, ¡Dios nos libre!,
que
a todos los que miro como ajenos
o
los estimo en poco, o tengo en menos.
MISER PALOMO: A fe
de examinante, que no he visto
necio de más cultura en toda Europa.
Sólo
una cosa os falta, eficacísima,
para
necio preciado de discreto,
que es: trocar los frenos a las pláticas;
entre valientes, el
tratar de letras;
entre letrada gente, de montantes;
el
saber de los libros sólo el título;
referir un soneto del Petrarca,
no
entendiendo de Italia el non lo voglio.
Por
lo culto, decir, en viendo un rábano,
que
las hojas no están conforme al arte.
Y
con esto seréis muy necio luego,
blasonando en latín y hablando en griego.
NECIO: Con
esto soy, señor, muy enseñado.
MISER PALOMO: Dios
os haga necio y buen cansado.
Vase [el NECIO]
LUQUILLAS: ¿Otro
más de quejoso?
MISER PALOMO: No le quiero;
¡qué
pesadón viniera el escudero!
LUQUILLAS: Otro
pide el examen de menguado.
MISER PALOMO: Dile
que aprenda a ser desconfïado.
LUQUILLAS: Otro
pide el examen de envidioso.
MISER PALOMO: ¡Qué
descontenta vivirá la bestia!
Dile
que estudie en vil y en hombre bajo,
para
que envidie con menor trabajo.
LUQUILLAS: De
entremetido hay otro que le pide.
MISER PALOMO: A
ese le diera yo cuarenta palos.
¡Qué
aborrecible gente! Lucas, dile
que
sufra seis desprecios cada noche,
esquina en mesa y pesabrón en coche.
LUQUILLAS: Otro también.
MISER PALOMO: ¿De qué?
LUQUILLAS: De confïado.
MISER PALOMO: Dile
que ya está el necio examinado.
LUQUILLAS: Otro
más.
MISER PALOMO:
¿De qué cosa?
LUQUILLAS: Truhanería.
MISER PALOMO:
Moderna la llamad filosofía.
No
traigo comisión para truhanes,
porque está reservada al cartapacio
de
los protobufones de palacio.
LUQUILLAS: De
hombre de bien examen pide un hombre.
MISER PALOMO: De
lo que no se usa no hay examen.
LUQUILLAS: Cuatro piden el examen de fulleros.
MISER PALOMO:
¿Cuatro no más? Estéril
primavera:
los
que hay más de diez mil, los parta un rayo.
Gente de flor, que la examine mayo.
LUQUILLAS: Dos piden el examen de ladrones.
MISER PALOMO: ¿Por
qué no se juntarán con los cuatro?
Ya
estarán esperando una malicia.
¡Qué cosa para mí! Paciencia, hermanos,
porque no he de nombrar los
escribanos.
LUQUILLAS: Dos piden el examen de doncellas,
y pienso...
MISER
PALOMO: No hay pienso,
¡oh, lenguas críticas!
Decir mal de mujeres, ¡baja
cosa!
LUQUILLAS: Las doncellas, señor, no son
mujeres.
MISER PALOMO: Al
revés, que no sabes conocellas:
las mujeres, rapaz, no son
doncellas.
LUQUILLAS: De
amor viene aquí un hombre a examinarse.
MISER PALOMO:
Vendrá muy misterioso el majadero.
Sale el ENAMORADO, lleno de cintas y
favores
ENAMORADO: Esa
gentil presencia y dulce agrado,
vea
yo enhorabuena, que me debe,
no
de mi amor demostraciones pocas.
MISER PALOMO:
Hermano, qué dejáis para unas tocas?
Examinaos, tontón; hablad, barbado.
¡Qué
puede ser un necio enamorado!
¿Cómo os llamáis?
ENAMORADO: Don Carlos.
MISER PALOMO: ¡Mentecato!
El
nombre que tomáis de emperadores.
Don
Marcos os llamaréis, sin replicona;
para el Marco tenéis gentil persona.
ENAMORADO:
Tengo en amar muy bien guisado el gusto:
quiero a las viejas, más que no a las mozas,
porque ha más tiempo al fin que son mujeres;
y porque el remudar es grande aliño,
yo
quiero más dos feas que una hermosa.
MISER PALOMO: Que
el tropo varias, es bella cosa.
ENAMORADO: Yo
escribo cien billetes cada día,
sin
que lleven "merced", ni "vos", ni "túes".
MISER PALOMO: ¿Hay
flechecita?
ENAMORADO: Y bien corazoncito.
MISER PALOMO:
Amante podéis ser de Carajete.
Y en
fin de casamiento, ¿a vuestras damas
no
enviáis luego cédula?
ENAMORADO: Enviaréla.
MISER PALOMO: El
cedulón, preciosa bagatela.
Cédula a cada paso no me agrada,
que
un cedulón anuncia vicariada.
De
suspiros, de lágrimas y quejas,
¿cómo os va, cómo os va?
ENAMORADO: Señor Palomo,
si
suspirara yo, ¿qué me faltaba?
MISER PALOMO: ¿No
suspiráis? Enamorado infausto.
ENAMORADO:
Dicen que es a lo antiguo, y no me atrevo.
MISER PALOMO: No
importa, no tenéis de qué afligiros.
Ya
está acabado el mundo: ¡no hay suspiros!
¿Os
han dado favor secreto o público?
ENAMORADO: En
eso yo me tengo mi capricho;
no me han dado favor, mas helo
dicho.
MISER PALOMO: Ya
todos lo decimos, y aún diremos,
que
en esto del amor, mi buen don Marcos,
lo
que fue un tiempo gusto, es ya fanfarria.
Por
examen llevad este consejo:
no
sólo en el favor no habléis mentiras,
más
también, si podéis, callar verdades.
Vase el ENAMORADO y sale un VALIENTE
VALIENTE: ¿Qué
flor?
MISER PALOMO:
¿Con quién lo habéis?
VALIENTE: ¿Qué
flor, pregunto?
MISER PALOMO: Si
por mí lo decís, tinaja, hermano.
VALIENTE: Dígolo
y lo diré por todo el mundo.
MISER PALOMO: ¿Qué
flor?, que si hay bostezos de valiente,
¿en
qué sois docto, en bota o en garrafa?
VALIENTE:
Quiero que me examine por estafa.
Yo
he tenido quinientos desafíos,
he
hecho sobre el duelo dos comentos,
seiscientos antuviones he pegado
y he
reñido cien veces en ayunas.
MISER PALOMO: ¿Qué
fuera al fenecer las aceitunas? [Aparte]
VALIENTE: Maté
un león con este dedo.
MISER PALOMO: ¿Albano? [Aparte]
VALIENTE: Y un
tigre de una coz.
MISER PALOMO: ¿No sería Hircano? [Aparte]
VALIENTE: En
Asturias de un soplo maté un oso.
MISER PALOMO:
Compadre, examinaos de mentiroso.
VALIENTE: Y
esto es nada; en católica destreza
pasmo a dos Luís Pacheco de Narváez.
Con
una daga quitaré un montante
y con una escobilla un elefante.
MISER PALOMO:
Hombre, ¿qué diablo has hecho en cuanto has dicho,
si
con tu espada y capa no has entrado
en
batalla campal con una dueña,
y no
has hecho abanillo de una peña?
VALIENTE: Eso
déjolo yo para la zurda,
que
con la diestra soy del mundo azote,
y
con sólo pegarle un papirote
el
aire tan veloz, un monte sube,
que
le dejo clavado en una nube.
MISER PALOMO: Con
tal fuerza, examínate de monja,
que esas son hazañuelas
baladíes.¿Ves estos brazos, veslos?
VALIENTE: Ya los veo.
MISER PALOMO: ¿De
Guadarrama has visto el puerto rígido,
por
donde el cielo en altura iguala?
VALIENTE: Ya
lo he visto.
MISER PALOMO: Pues vete enhoramala.
Vase y sale el GRACIOSO
GRACIOSO: De
gracioso de farsa, examen pido.
MISER PALOMO: Bien
seréis menester, porque hay gran mengua.
¿De
qué piezas usáis?
GRACIOSO: Yo me compongo
de
unas calzas que peinan los zancajos,
de cuello de carbón, sombrero sucio,
astrosa capa y vil coleto.
MISER PALOMO: Amigo,
si
el donaire ponéis en lo asqueroso,
también un muladar será gracioso.
¿La
parola pregunto?
GRACIOSO: A lo estudiado
añudo yo mis gestos y mis voces,
mi mudanza de tono y
mi despejo.
MISER PALOMO:
Moderado añadir, corto gracejo.
¡Oh!, si vos no tenéis la gratis data,
es todo machacar en pueblo frío.
No os metáis de
repente a los Tristanes;
tentad primero el vado de estos príncipes.
Soltaos con calabazas, porque hay muchas;
no os canten cuantos
silbos, cuantas voces.
Prosa no la encajéis, que es grande exceso,
hasta que en el donaire estéis profeso.
Así empezaron todos los
antiguos;
que a Alonsillo, a
Basurto, a Lastre, a Osorio
no
les vino la gracia de abolorio.
GRACIOSO:
Gracioso vendré a ser también del número
si
trato, mi señor, de obedeceros.
MISER PALOMO: Como
quisieren estos caballeros.
Vase
el GRACIOSO y salen dos MUJERES
MUJERES: ¿Vueced nos examina de bailantes?
MISER
PALOMO: ¿Baile, y mujeres? Pierdan la esperanza,
que
no ha de ir lo civil de la mudanza.
No
tiro yo conceptos de paleta.
¿Bailan de lo galán o lo travieso?
MUJERES: De
la cintura arriba son bailes nobles.
MISER PALOMO: De
la cintura abajo, ¡Dios nos perdone!
Como murmuraciones son los bailes,
que empiezan
blandamente, y vale luego
toda
bellaquería como en quínolas.
Vaya
un baile con tono de Juan López,
o sea
por mi amor el excelente
metrópoli de bailes, Benavente.
MUJERES: ¿Ha de bailar vueced?
MISER
PALOMO:
Haréme astillas,
pero advierta el
senado que llamaban,
que no se ha dicho mal de los poetas,
que
hablar mal de sí mismos ya fastidia,
y
piensan que es donaire, y es envidia.
Cantan y bailan lo siguiente:
"Volvieron de su destierro
los mal perseguidos bailes,
socarrones de buen gusto
y pícaros de buen aire.
Blandas las castañetas,
los pies ligeros,
mesurados los brazos,
airoso el cuerpo.
Enfadóles el aseo
de
lo compuesto y lo grave,
que hasta en los bailes causa
el cuidado en los
galanes.
Con qué gracia y donaire
la
niña baila;
¡oh,
bien haya su cuerpo,
que todo es alma!
en sus bellas plantas
lleva mis ojos.
Si
vivir quiere alguno,
guárdense todos."
[FIN DEL ENTREMÉS]
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