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Salen dos CORTESANOS
CORTESANO 1:
Digo que ha puesto ahora en San Felipe
un
rótulo en que dice (a fe de ridículo),
que
el licenciado Dieta, insigne médico,
cura
cualquier enfermedad de espíritu,
cosa
que no la vio Platón ni Sócrates,
ni
la osara emprender el mismo Hipócrates.
CORTESANO 2: No
me habléis bernardinas en esdrújulos.
¿Qué
pasiones del ánimo se curen
por
medicina? ¡Desatino extraño!
Gran
victoria dejáis al desengaño.
Ya
lo intentaron todos los filósofos
en sus morales; y Plutarco, y
Séneca,
y en vano fue, que en todas
las edades
han sido desdichadas las
verdades.
CORTESANO 1: Qué,
¿de veras habláis, o es burla acaso?
CORTESANO 2: ¡Qué
incrédulo que sois, mentecatazo!
CORTESANO 1: ¿Y
es español ese hombre?
CORTESANO 2: En eso hay duda:
él dice en el cartel que es italiano,
y
habla tan español, que decir puedo
que
le parió la calle de Toledo;
aunque de cuando en cuando italianiza,
y
dice io, el baturro, andiamo adeso,
y
pienso que ha mandado macarrones.
¡Oh!, ¿qué dijera vuestro insigne
Lope
sobre el ser celebrado un extranjero?
¡Qué
príncipe es Madrid, tan novelero!
¡Miradle cómo el vulgo le acompaña!
CORTESANO 1: ¿El
vulgo? ¡Fuego en quien por él se rige!
¡Qué
mal intencionada y ruda bestia!
¡Lo
bien que sabe a todas voluntades
el platillo civil de novedades!
Entra el MÉDICO, vestido graciosamente, y otros tres o
cuatro que le acompañan
[VOCES]
¡Plaza! ¡Plaza!
CORTESANO 2: ¿Hay aplauso más
mecánico?
Cese
el cortejo, menos rumbo, cese.
MÉDICO: ¡Retiratio
ad profundum! ¡Exi foras!;
que
me aplace curar in solitudine,
que
delante del pueblo io non sacho.
CORTESANO 2: ¿Qué
nos querrá decir este borracho?
CORTESANO 1: Que
le dejemos solo, que no sabe
curar donde le vean.
CORTESANO 2: ¡Qué embeleco!
Cure, ¡pese al bribón!, públicamente.
MÉDICO: Non
voglio.
CORTESANO 2: ¡Voto a Cristo que se ensancha!
CORTESANO 1: Por
Dios, que es italiano de la Mancha.
Ea,
no le enojéis; vámonos todos.
CORTESANO 2:
¡Lindo, echa cuervos!
MÉDICO: Vuelva de aquí a
un rato,
que
le quiero curar de mentecato.
Sale la DESAMORADA y su TÍO
TÍO:
Curarte, tienes, niña, aunque no quieras.
MÉDICO: Qué
cosa, qué volite?
TÍO: Esta
loquilla,
que
salud no quiere...
MÉDICO: ¿De qué está
enferma
el
pedazo de abril?
TÍO: ...está
preñada
de
gusto y afición.
MÉDICO:
¿Está preñada?
TÍO: No,
señor, que es doncella.
MÉDICO: ¡Pobre de
ella!
Ya
querrán pasatiempo de doncella.
¡Cuál es el pueblecito! ¡Ah,
lengua infame!
¡Ah, lengua vil la que a mujer
ofende!
¿Sátiras quiere el pueblo? ¿Hay
tal desgaire,
que
la malicia juzgan que es donaire?
Si
os holgáis que no hay doncellas,
y celebráis malicias tan livianas,
gente del diablo, ¿no
tenéis hermanas?
Infamar las mujeres y maridos
solemnizáis ahora en los
tablados;
gente de Bercebú, ¿no
sois casados?
Mas, volviendo a las cosas de
mi oficio,
¿qué
enfermedad pillamo, niña hermosa?
DESAMORADA:
Estoy de sequedades achacosa:
tengo empedrado de desdén el gusto,
y
más dura que un bronce el alma siento.
MÉDICO:
Dársela a un avariento,
y
atájenos la seca y desganada,
porque os iréis a ética de honrada.
Venga el pulso. ¡Jesús! ¡Qué gran sosiego!
Pues un mozo galán, discreto y
bravo,
no
os altera, merece ni dilata.
¡Qué
enfermedad tenéis de mentecata!
Para
ablandar lo duro de ese pecho,
¿nunca
os han ordenado ningún hombre?
DESAMORADA: No
hay ya la medicina que solía:
es
falsa, es lisonjera, es engañosa;
no
es de provecho, que mi abuela dice
que
se acabó la casta de los hombres;
y
los que ahora se usan son pellejos
de
los que ya pasaron, pues los mira
vestidos de engaño y de mentira.
MÉDICO:
Vuestra abuela mintió cuarenta veces;
que aún hay hombres de bien. ¡Qué
linda escuela!
Por
Dios que es evangelio el de la abuela.
¿No
apetecéis varón?
DESAMORADA: Nada apetezco.
MÉDICO: ¿Hay
hastío de condes?
DESAMORADA: Estos días
me
guisaron un par de señorías;
y no
las puedo ver, porque me han dicho
que,
siendo yo la enferma, a pocos lances
saldrá mi enfermedad (aunque sea poca),
a mi
a los ojos, y a ellos a la boca.
MÉDICO: ¿Es
doctrina también de vuestra abuela?
La
previsora plebe ha dado en eso.
Mi
donosa, perded esos temores;
que
siempre los más buenos son mejores.
TÍO:
Señor, ¿tendrá salud esta muchacha?
MÉDICO: Todo
es señal de muerte cuanto veo,
que
tiene flacos pulsos el deseo.
DESAMORADA: No
puedo atravesar solo un bocado
de
amor, de voluntad, ni de cuidado.
MÉDICO: ¿Hay
amargor de joyas y vestidos?
¿Sábeos bien el dinero?
DESAMORADA: ¡Y cómo!
MÉDICO: Bueno,
de
vida sois, ¡por vida de Galeno!,
sanaréis, sanaréis: buscad un hombre
callado (si le hubiere en las boticas)
y
exprimidle entre dudas y esperanzas,
que
salga este licor provechosísimo,
que
es el amor finezas y regalos;
que
es eficaz remedio y muy notorio,
y al
lado le aplicáis un escritorio,
y un
jarabe tomad de dilaciones,
y
échenos cuatro ayudas de doblones.
DESAMORADA: ¡Ay,
qué necio doctor! De esos remedios
tengo yo desechados infinitos,
y no
me sanará toda la flota;
quédese para necio y para idïota,
que
enferma quiero estar de desamores.
MÉDICO:
Gustosa es la rapaza.
DESAMORADA: Bastan flores.
MÉDICO:
¡Cómo os fiáis, amiga, en la carilla,
y en
que ha de durar siempre! ¡Qué donaire!
Niña, todo se acaba y se apresura,
y
más breve que todo, la hermosura.
DESAMORADA: Que
todos son civiles pensamientos.
MÉDICO: Pues
allá os lo dirán los escarmientos.
DESAMORADA: Que
no hay [en este corazón] codicia.
MÉDICO:
Vengan los años: nos harán justicia.
Vase y entra el VANO, sin quitarse el
sombrero
VANO: Cúreme
el tal doctor.
MÉDICO: ¿De qué dolencia?
VANO: De
vano y descortés.
MÉDICO: ¡Qué atrevimiento!
Vinistes con el mismo crecimiento.
¿Sois
calvo?
VANO:
¿Por qué causa lo pregunta?
MÉDICO: ¿Por
qué causa lo digo, majadero?
Porque hacéis cabellera del sombrero:
cierto que sois persona desmañada,
que
un sombrero, infelices de los vanos,
bien
le podréis quitar con las dos manos.
Quítase el sombrero con las dos
manos
VANO:
Remedio pido y no tanto parola.
MÉDICO: En
fin, ¿sois vano?
VANO:
Sí.
MÉDICO: Pues, al
remedio:
aprender cuanto fuere de fantástico,
y
oír lo que de vos murmuran todos.
VANO: ¿Y
no es menester más?
MÉDICO: Con eso basta.
VANO: A
todo el pueblo las albricias pido.
MÉDICO: Esta
purga tomad por el oído;
y si
ella no os quitase esa modorra,
os
amortajen luego en una zorra.
Vase y sale el MALDICIENTE
MALDICIENTE:
Cúreme vuesasted de maldiciente.
MÉDICO:
¿Maldiciente y vivís?, extraña cosa,
¿De
qué género sois?
MALDICIENTE: ¡Gentil badajo!
Si
maldiciente soy, seré hombre bajo.
MÉDICO: Eso
así habrá de ser, puesto que ha sido
más
alto que los nobles, pero bajo,
que
esta es mejor materia para un púlpito.
¿Y
en qué fundáis el ser maldiciente?
MALDICIENTE: Sólo
en donaire y ser bien escuchado.
MÉDICO:
Mejor diréis en ser desvergonzado.
¿No
veis que a un maldiciente, por mil modos,
si
bien le escuchan, le aborrecen todos?
Y un maldiciente solo, tantos
hace,
que
una verdad castigue lo que él miente,
pues
todos dicen mal del maldiciente.
Si
sois hombre de bien, sanaréis luego
con
advertiros que os harán infame;
que
peligran las honras con tal mengua
en
el escollo vil de vuestra lengua.
Mas, pues, sois hombre bajo; es gran
remedio,
y medicina provechosa
y rara,
sajaros dos ventosas en la cara.
MALDICIENTE: Digo
que sano estoy. Mas decid: ¿cómo
hablaré bien de aquí adelante?
MÉDICO: Hermano,
diciendo mal de vos y del verano.
Vase y sale la AMA del DOCTOR
AMA:
¡Señor, señor, señor!
MÉDICO: ¿Qué queréis,
ama?
AMA:
Señor, un hombre de secreto pide
que
le curéis [si el tiempo no os impide].
MÉDICO:
¿Hombre secreto? ¿Qué decís,
hermana?
Mírale bien si es hombre en carne humana,
y si
lo fuere, darle esta receta
(para desopilarse de ese vicio):
haga en la corte un poco de
ejercicio.
Sale el CRIADO
CRIADO: Oye,
señor.
MÉDICO:
¿No es cosa para pública?
CRIADO: No,
señor, que a curarse de poeta
viene un hombre.
MÉDICO: ¡Picaño! ¿Es sambenito
serlo? ¿Toca a nos ese delito?
¡Oh,
sagrada y divina Poesía,
que
la ignorancia os tenga en tal desprecio!
¡Oh,
qué válida ciencia es la del necio!
Que
este oficio le infame el que le tiene,
y hayan hecho por gala, y de
pensado,
campaña de venganzas
el tablado.
Entra el POETA
POETA:
Guárdate Apolo.
MÉDICO: Hermano, Dios me guarde,
porque es persona de mejor cuidado.
¿Qué sentís de las Ninfas?
POETA: Gran
desgracia
y
poca estimación.
MÉDICO: Estadme atento,
porque gustillos son de entendimiento
usar
bien ese oficio soberano;
ser poeta de bien, pues lo son
muchos:
guardad la boca y abstenéos
de sátiras,
no
sea menester purgar, en suma,
con
jarabe de acero vuestra pluma.
POETA: ¿No
podré apetecer unas coplillas
contra las rubias?
MÉDICO: No, por ningún
caso;
"cabellos de oro", dijo Garcilaso.
Vase, y sale el CRIADO
CRIADO:
Abreviando, Magister, que infinitos
enfermos por consulta van viniendo.
MÉDICO:
Multitud o languentium, ve diciendo.
CRIADO: De
pensar que es dichoso con mujeres,
quiere uno que le cure.
MÉDICO: Yo no puedo,
porque a los que padecen cosas tales
sólo curan las jaulas de hospitales.
CRIADO: Un
otro, que teniendo mujer bella,
quiérela fea, y da la suya hermosa,
y le
hace mil desdenes y desprecios.
MÉDICO: Eso
toca a la cura de los necios.
CRIADO: Otro
quiere curarse de celoso.
MÉDICO: Si
es casado y lo muestra, es desahucio
que
con su enfermedad desconfïada
sanará la mujer de ser honrada.
CRIADO: Otro
más, de cuñado.
MÉDICO: A ese cuñado
que
se cure de mal intencionado.
CRIADO: Otro
de miserable.
MÉDICO: ¡Oh, triste! ¿Es rico?
CRIADO: Es
dueño poseedor de gran tesoro.
MÉDICO:
Llámale al miserable majadero,
alcaide y dueño de su vil dinero;
y
porque no se afane el desdichado,
le
dirás, con palabras muy sucintas,
que
mire a un hijo suyo echando pintas.
CRIADO: Un
farsante con tono viene enfermo.
MÉDICO: ¿[Un
farsante enfermo] de tonecillo?
Que
se vaya a curar a Peralvillo.
CRIADO: Un
hombre grave y de luegos, algo
viene
con calentura.
MÉDICO: ¿Luegos, algo
con
calentura? Tales bien se entienda,
que
no puede curar sin dejar prenda.
CRIADO: Otro
que piensa que lo sabe todo.
MÉDICO: ¡Qué buena vida pasará el bellaco!
Entre esa bestia, pues.
Entra el CORTESANO 2
¡Qué
sabio mozo!
¿Sois vos quien todo lo sabéis?
CORTESANO 2:
Lo mismo.
MÉDICO: Yo
os probaré que no.
CORTESANO 2: ¡Qué gracia tiene!
Eso,
¿cómo es posible?
MÉDICO: En la experiencia,
¿pensáis
que todo lo sabéis?
CORTESANO 2: Sí, pienso.
MÉDICO: ¿Y
sabéis que sois necio?
CORTESANO 2: En ningún modo.
MÉDICO:
¿Pues, veis cómo ya no lo sabéis todo?
De mentecato prometí curaros;
ya
lo he cumplido. Andad con Dios.
CORTESANO 2:
Escuche,
¿cómo sabré yo mucho?
MÉDICO: Ya os escucho:
sabed cuán necio sois, y sabrás mucho.
Vase [el CORTESANO 2]
CRIADO: De
bruja quiere una mujer curarse.
MÉDICO: No
quiero aventurar mi medicina,
que
volverá a enfermar de cada día.
CRIADO: Otra de fea.
MÉDICO:
Dile que se muera;
y
antes será mejor, si no es muy moza,
curar de desdichado al que la goza.
CRIADO: Otra
mujer de firme.
MÉDICO: No la esperes,
que
es nueva enfermedad en las mujeres.
Entra la FIRME
FIRME: ¡Ay!, ¡ay, señor doctor, con qué
ansias vengo,
que traigo de firmeza
una apostema;
que
quiero a un hombre bien sólo por tema!
MÉDICO:
Aunque tenéis un mal tan imposible,
usad
para sanar de firme al punto,
y el
pecho en que sentís desasosiego,
con
cualquiera mujer os unten luego.
FIRME: ¡Ay, mi señor doctor, ay doctor
mío!
¿Para sanar una mujer
de firme,
no
más que una mujer es necesario?
MÉDICO: Todo
se ha de curar con su contrario.
FIRME: ¿Y
si vuelvo a sanar y enfermo luego
de
mudanza y firmeza?
MÉDICO: Con vos misma
os
untad, y si os diere pesadumbre
encomendadlo a Dios y a la costumbre.
FIRME: ¿Hay más insigne médico en el mundo?
¡Milagro! ¡Al gran milagro acudan
todos!
Salen
todos los del entremés y
MÚSICOS
MÚSICOS: ¿Qué
voces éstas son, doña Quiteria?
FIRME: Que
ya de firme me sanó este médico,
a
quien la vida y la salud consagro.
MÉDICO: La
enfermedad, decid, que fue milagro.
MÚSICOS:
Todos salud y vida le debemos.
¿En
qué quiere el doctor que le paguemos?
MÉDICO: En
que bailen un poco,
y
aquí podrá cantar.
FIRME: De buena
gana.
MÉDICO: Vaya
una letra, buena cortesana,
que
sea de lo bueno y excelente,
como
Joannes me fecit Benavente.
Cantan
y bailan [los demás versos del
entremés]:
MÚSICOS:
"Afuera, que va la niña,
linda cara y pocos años,
desatando nieve y rosas,
con su donaire gallardo.
Del
tiempo y amor se ríe,
que
no ven sus ojos claros,
ni
del uno vencimientos,
ni
del otro desengaños.
Date
prisa niña, no tardes tanto,
que
un día y otro se hacen los años."
MÉDICO: "Y
si ella lo duda,
don Fulano del Tiempo,
vengan arrugas."
MÚSICOS:
"Ni en edad, ni en belleza,
ni
en gracia fíes,
que
también los de ochenta
fueron de quince."
MÉDICO:
"Y si ella lo duda,
don Fulano del Tiempo,
vengan arrugas."
"De las damas de hogaño, ¿qué
te parece?
Capadillo, pues,
jueguen con seis y siete.
¿Y
las que se atapan en la comedia?
Al
rentoy, pues te muelen haciendo señas.
A las viejas de hogaño, ¿qué las
diremos?
Setentona con guía, ni
más ni menos.
¿Qué
hace un viejo en casarse con mujer moza?
Dejar leña encendida donde hay estopa."
"Y
si ella lo duda,
don Fulano del Tiempo,
vengan arrugas."
[FIN
DEL ENTREMÉS
EL
MÉDICO DEL ESPÍRITU]
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