IntraText Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
II | «» |
Link to concordances are always highlighted on mouse hover
Robert Mariolle
fue despertado temprano por un rumor de movimiento en el hotel. A través de los
cristales de su ventana que no había cerrado, una
inundación de sol hacia de su habitación de paredes claras y cortinas blancas,
una pequeña cueva de luz tan viva que no pudo permanecer acostado.
Levantándose enseguida, salió y se puso a seguir
el pasillo estrecho en el que las puertas parecían custodiadas por zapatos,
botines o botas que acababan de ser enceradas. Esos trozos de cuero delicados o
groseros, contaban la vida, las costumbres, la elegancia
y la condición social de aquél, aquella o aquellos acostados todavía tras las
paredes.
Mariolle pensaba, sonriendo, lleno de buen humor
matinal, en tratar de entrar cuando viese solitario, el calzado de dos pies
encantadores, o lleno de desdén por las fuertes suelas del turista del que
adivinaba, pasando, el ronquido.
De pronto, percibió, cortando el paso, una
especie de baúl envuelto en unas cortinas, y que dos paisanos portaban
resoplando. En el primer segundo tuvo la impresión de
un accidente, el ligero encogimiento de corazón que produce la camilla cubierta
encontrada en la calle, luego recordó que estaba en una ciudad de aguas
minerales donde a uno lo levantan de su cama, llevando a las duchas a los enfermos
en tratamiento. En la escalera aún dudó en detenerse
dos veces para dejar pasar esas sillas con porteadores y comprendió de donde
procedían.
«» |