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1 3 | blanca sombrilla cuya punta abandonada iba, a veces, a apoyarse 2 5 | simple criado que no quiso abandonar a sus señores; y desde hacía 3 9 | barba blanca abierta en abanico, la apretó, y la hizo deslizar 4 9 | su hermosa barba blanca abierta en abanico, la apretó, y 5 4 | calor». No se le ocurría en absoluto pensar a la pobre dama, 6 4 | rápida, era justamente porque acababa de alcanzar el cobijo de 7 3 | perros dormían sobre las aceras en la línea de sombra junto 8 17 | empezó a empujarla. Cuando se acercaban al pueblo, divisaron en 9 9 | por aquel lugar, Alexandre acostumbraba descansar durante algunos 10 7 | este hombre. Debutó con un acto de valentía que hizo que 11 | además 12 16 | ganas de llorar. Luego, adoptando una expresión algo grave, 13 5 | especie de familiaridad, afectuosa en ella, deferente en él. 14 1 | Alexandre pasó por detrás, agarró la barra doblada que servía 15 1 | derribadas, un ruido de pasos agitados, luego nada, y después de 16 8 | de nada ser duro, hay que agradar a la gente para ser bien 17 5 | mal carácter del capitán, agriado por una larga carrera comenzada 18 4 | paseo una dulce canción de agua y un frescor de aire húmedo.~ 19 10 | que usted también lo haya aguantado, mi buen Alexandre!». Él 20 10 | no tenía más remedio que aguantarlo. Pero con posterioridad ¿ 21 3 | intensamente sobre la calle, ahogando las bajas casas con su luz 22 4 | egoísmo ingenuo, que si ahora deseaba ir menos rápida, 23 4 | justamente porque acababa de alcanzar el cobijo de las ramas. 24 17 | ellos. Tan pronto como los alcanzó preguntó a su esposa, con 25 | algo 26 | allá 27 | allí 28 4 | Vaya más lento, mi pobre amigo, va a matarse con este calor». 29 10 | Oh! yo... señora». Ella añadió: «Sí, en efecto. He pensado 30 19 | estómago es por culpa de este animal. Hace treinta y cinco años 31 | ante 32 1 | furiosa, una voz ronca de antiguo soldado que lanzaba improperios; 33 3 | abandonada iba, a veces, a apoyarse sobre el rostro impasible 34 8 | látigo, sus jefes lo habrían apreciado y protegido más. No sirve 35 3 | Alexandre, resoplando un poco, apresuraba el paso con el fin de llegar 36 9 | blanca abierta en abanico, la apretó, y la hizo deslizar presionando 37 9 | mucho tiempo, porque era un apuesto oficial, condecorado siendo 38 4 | sentir la sombra de los árboles, y dijo con voz benévola: « 39 3 | luz triste a fuerza de ser ardiente y cruda. Los perros dormían 40 10 | como si hubiera querido arrancarla, y movía los ojos asustados 41 11 | qué se quedó con nosotros arruinando así su existencia?~ 42 9 | minutos sentado en aquel asiento. Se sentó en él y cogiendo 43 19 | envenenado con su comida asquerosa.»~ 44 5 | deferente en él. Hablaban de los asuntos de la casa como entre iguales. 45 10 | arrancarla, y movía los ojos asustados como un hombre sumido en 46 19 | tus circunstancias, no me atrevo a ofrecerte». Entonces se 47 16 | una expresión algo grave, aunque no enfadada, dijo: «Volvamos 48 3 | sobre la calle, ahogando las bajas casas con su luz triste 49 | bajo 50 1 | pasó por detrás, agarró la barra doblada que servía para 51 4 | árboles, y dijo con voz benévola: «Vaya más lento, mi pobre 52 15 | entre los largos pelos de su bigote: «¡No es por él, es por 53 4 | tilos podados en forma de bóveda, el Navette corría en un 54 15 | rizados cada día con mimo, brillantes como plumas de cisne, hizo 55 20 | La señora Maramballe, bruscamente, giró la cabeza por completo 56 4 | sobre las piedras, de los bruscos meandros de la corriente, 57 9 | pensaba así cada día en la brutalidad de su marido, con el que 58 16 | cabeza y reflexionó. Era buena, recta, dulce, razonable 59 5 | Hoy no se ha levantado de buenas». Alexandre respondió: «¡ 60 5 | señora Maramballe musitó: «Bueno, ya estoy mejor. Hoy no 61 15 | va a hacer creer que los buenos modos y la dulzura de Maramballe 62 15 | por una línea nevada de cabellos encrespados rizados cada 63 3 | El sol de julio caía intensamente sobre la calle, 64 3 | caía intensamente sobre la calle, ahogando las bajas casas 65 10 | es diferente». Luego se calló; pero tiraba de su barba 66 4 | amigo, va a matarse con este calor». No se le ocurría en absoluto 67 5 | patrona por los estrechos caminos cercanos al pueblo. De ese 68 10 | estuviera tirando de una campana que resonaba en su interior, 69 4 | todo aquel paseo una dulce canción de agua y un frescor de 70 5 | era, por supuesto, el mal carácter del capitán, agriado por 71 5 | capitán, agriado por una larga carrera comenzada con éxito, desarrollada 72 15 | llevé a la Señorita una carta del teniente y que la Señorita 73 9 | marido, con el que se había casado en otros tiempos, hace mucho 74 10 | su ordenanza cuando nos casamos y entonces no tenía más 75 10 | el mundo, establecerse, casarse, tener hijos, crear una 76 3 | calle, ahogando las bajas casas con su luz triste a fuerza 77 10 | Maramballe continuó: «Yo me casé con él; ¡es justo y natural 78 1 | Alexandre hasta la puerta de la casita del matrimonio Maramballe 79 10 | Él repitió: «¡Oh! mi caso, señora, es diferente». 80 17 | Qué tenemos hoy para cenar?»~ 81 5 | por los estrechos caminos cercanos al pueblo. De ese prolongado 82 1 | escuchó un ruido de puertas cerradas con violencia, un ruido 83 | cierto 84 7 | luego, de los veinte a los cincuenta, no pudo subir más allá 85 19 | otras cosas que, en tus circunstancias, no me atrevo a ofrecerte». 86 15 | brillantes como plumas de cisne, hizo un gesto sobre su 87 4 | porque acababa de alcanzar el cobijo de las ramas. Cerca de ese 88 9 | asiento. Se sentó en él y cogiendo entre las manos, con gesto 89 9 | de madera medio podrida, colocado en un recodo de la avenida 90 5 | agriado por una larga carrera comenzada con éxito, desarrollada 91 19 | cabeza para obligarme a comer todos los días lo mismo?». 92 19 | me está envenenado con su comida asquerosa.»~ 93 20 | bruscamente, giró la cabeza por completo para mirar al viejo criado. 94 6 | Alexandre, con un suspiro, completó el pensamiento de su señora: «¡ 95 15 | Ella insistía, pues no comprendía bien: «Vamos, explíquese» . 96 10 | injusticias, pero lo que no comprendo es que usted también lo 97 9 | era un apuesto oficial, condecorado siendo muy joven, y con 98 7 | valentía que hizo que lo condecoraran a los veinte años, y luego, 99 3 | posible a la avenida que conducía al río. La señora Maramballe 100 1 | como todos, a las cuatro, condujo Alexandre hasta la puerta 101 15 | hombres tímidos forzados a confesar secretos vergonzosos. Después, 102 15 | pánico del miserable que confiesa un crimen y se pierde, Alexandre 103 10 | como un hombre sumido en la confusión. La señora Maramballe seguía 104 2 | barba de patriarca, era considerado como un modelo de sirvientes.~ 105 9 | como para fijarla allí y constatar una vez más la largura de 106 10 | La señora Maramballe continuó: «Yo me casé con él; ¡es 107 5 | iguales. Su principal tema de conversación y de inquietud era, por 108 15 | tenía un rostro muy dulce coronado entre la frente y el peinado 109 7 | jubilara sería por lo menos coronel.~ 110 4 | forma de bóveda, el Navette corría en un lecho tortuoso entre 111 4 | los bruscos meandros de la corriente, difundían a lo largo de 112 19 | estómago, te prepararía otras cosas que, en tus circunstancias, 113 5 | servicio leal, de esa relación cotidiana, había nacido entre la anciana 114 10 | establecerse, casarse, tener hijos, crear una familia?». Él repitió: «¡ 115 15 | Vamos!, no me va a hacer creer que los buenos modos y la 116 15 | miserable que confiesa un crimen y se pierde, Alexandre dijo: « 117 3 | fuerza de ser ardiente y cruda. Los perros dormían sobre 118 2 | Cruzaban así todos los días el pueblo 119 1 | Aquel día, como todos, a las cuatro, condujo Alexandre hasta 120 4 | ramas. Cerca de ese camino cubierto por los viejos tilos podados 121 14 | encariño, y lo demás no cuenta.~ 122 3 | bajo su blanca sombrilla cuya punta abandonada iba, a 123 4 | absoluto pensar a la pobre dama, en su egoísmo ingenuo, 124 7 | tenido suerte, este hombre. Debutó con un acto de valentía 125 9 | con mucho futuro, según decían. ¡Cómo se equivoca la gente 126 15 | que me sonreía, así quedó decidido». Ella insistía, pues no 127 15 | obligado a ir al frente, declaró: «Así es. La primera vez 128 9 | deslizar presionando los dedos hasta la punta que mantuvo 129 5 | familiaridad, afectuosa en ella, deferente en él. Hablaban de los asuntos 130 | dejar 131 16 | Ella no contestó, dejó de mirarlo, inclinó la cabeza 132 | demasiado 133 1 | violencia, un ruido de sillas derribadas, un ruido de pasos agitados, 134 5 | carrera comenzada con éxito, desarrollada sin promoción, y terminada 135 9 | Alexandre acostumbraba descansar durante algunos minutos 136 9 | poco, mi buen Alexandre, y descanse un poco en su banco». Era 137 1 | Maramballe extenuada por el descenso de la escalera. Una vez 138 4 | egoísmo ingenuo, que si ahora deseaba ir menos rápida, era justamente 139 17 | a su esposa, con visible deseo de enfadarse: «¿Qué tenemos 140 9 | abanico, la apretó, y la hizo deslizar presionando los dedos hasta 141 4 | avenida de los Tilos, se despertó de pronto al sentir la sombra 142 9 | gente en la vida! Musitó: «Detengámonos un poco, mi buen Alexandre, 143 16 | decir ni una palabra. Y le dieron ganas de llorar. Luego, 144 4 | meandros de la corriente, difundían a lo largo de todo aquel 145 20 | y sólo con la mirada, se dijeron «Gracias» el uno al otro.~ 146 15 | teniente y que la Señorita me dio un franco al tiempo que 147 17 | capitán Maramballe que se dirigía hacia ellos. Tan pronto 148 2 | respetuosos que los vecinos dirigían probablemente tanto al criado 149 1 | empujar el vehículo, y lo dirigió hacia la orilla del río.~ 150 17 | se acercaban al pueblo, divisaron en mitad del camino al capitán 151 1 | detrás, agarró la barra doblada que servía para empujar 152 9 | avenida para los paseantes domingueros. Cada vez que iban por aquel 153 3 | ardiente y cruda. Los perros dormían sobre las aceras en la línea 154 3 | río. La señora Maramballe dormitaba ya bajo su blanca sombrilla 155 4 | un lecho tortuoso entre dos filas de sauces. Los ruidos 156 15 | que los buenos modos y la dulzura de Maramballe lo han unido 157 9 | Alexandre acostumbraba descansar durante algunos minutos sentado 158 8 | más. No sirve de nada ser duro, hay que agradar a la gente 159 | e 160 10 | señora». Ella añadió: «Sí, en efecto. He pensado con frecuencia 161 4 | pensar a la pobre dama, en su egoísmo ingenuo, que si ahora deseaba 162 6 | también antes de dejar el ejército.»~ 163 | ellos 164 17 | de la silla de ruedas y empezó a empujarla. Cuando se acercaban 165 1 | doblada que servía para empujar el vehículo, y lo dirigió 166 17 | silla de ruedas y empezó a empujarla. Cuando se acercaban al 167 15 | pierde, Alexandre dijo: «Me enamoré de la señora ¡Eso es todo!».~ 168 5 | lentitud y saboreado el encanto húmedo de aquel lugar, la 169 20 | criado. Entonces sus ojos se encontraron, y sólo con la mirada, se 170 15 | línea nevada de cabellos encrespados rizados cada día con mimo, 171 16 | expresión algo grave, aunque no enfadada, dijo: «Volvamos a casa».~ 172 17 | esposa, con visible deseo de enfadarse: «¿Qué tenemos hoy para 173 4 | Cuando entraron en la avenida de los Tilos, 174 1 | fácilmente a la gruesa señora, entró en la vivienda y pronto 175 19 | y cinco años que me está envenenado con su comida asquerosa.»~ 176 9 | según decían. ¡Cómo se equivoca la gente en la vida! Musitó: « 177 | esa 178 1 | extenuada por el descenso de la escalera. Una vez que, no sin esfuerzo, 179 1 | ligero vehículo junto al escalón, justo en el lugar en que 180 1 | escalera. Una vez que, no sin esfuerzo, ella estuvo instalada en 181 5 | anciana señora y su criado una especie de familiaridad, afectuosa 182 17 | los alcanzó preguntó a su esposa, con visible deseo de enfadarse: «¿ 183 19 | treinta y cinco años que me está envenenado con su comida 184 5 | hacía treinta y cinco años estaba al servicio de aquella pareja, 185 10 | hecho como todo el mundo, establecerse, casarse, tener hijos, crear 186 | estar 187 | esto 188 5 | tarde a su patrona por los estrechos caminos cercanos al pueblo. 189 10 | interrumpió con orgullo: «Estudié para geómetra-agrimensor, 190 10 | tiraba de su barba como si estuviera tirando de una campana que 191 19 | para tu estómago. Si no estuvieras mal del estómago, te prepararía 192 1 | que, no sin esfuerzo, ella estuvo instalada en la silla de 193 1 | era la voz del señor, un ex capitán de infantería jubilado, 194 19 | Se exaltó: «¡Pollo! Otra vez pollo, 195 19 | se plantó ante Alexandre, exasperado, y gritó: «Si estoy mal 196 11 | nosotros arruinando así su existencia?~ 197 5 | larga carrera comenzada con éxito, desarrollada sin promoción, 198 15 | comprendía bien: «Vamos, explíquese» . Entonces, con el pánico 199 16 | llorar. Luego, adoptando una expresión algo grave, aunque no enfadada, 200 1 | fuerzas a la señora Maramballe extenuada por el descenso de la escalera. 201 1 | en que podía hacer subir fácilmente a la gruesa señora, entró 202 1 | las seis, por prescripción facultativa, a su anciana e inválida 203 10 | tener hijos, crear una familia?». Él repitió: «¡Oh! mi 204 9 | entre las manos, con gesto familiar y satisfecho, su hermosa 205 5 | su criado una especie de familiaridad, afectuosa en ella, deferente 206 9 | hueco del estómago como para fijarla allí y constatar una vez 207 4 | lecho tortuoso entre dos filas de sauces. Los ruidos de 208 4 | viejos tilos podados en forma de bóveda, el Navette corría 209 10 | patán. Usted ha recibido formación...» . Él interrumpió con 210 15 | hacen los hombres tímidos forzados a confesar secretos vergonzosos. 211 15 | que la Señorita me dio un franco al tiempo que me sonreía, 212 10 | en efecto. He pensado con frecuencia en esto. Usted era su ordenanza 213 6 | malas. Le ocurre demasiado frecuentemente desde que se jubiló». Y 214 4 | dulce canción de agua y un frescor de aire húmedo.~ 215 18 | Pollo y fríjoles.~ 216 3 | casas con su luz triste a fuerza de ser ardiente y cruda. 217 1 | sosteniendo con todas sus fuerzas a la señora Maramballe extenuada 218 1 | escuchó en el interior una voz furiosa, una voz ronca de antiguo 219 9 | siendo muy joven, y con mucho futuro, según decían. ¡Cómo se 220 16 | una palabra. Y le dieron ganas de llorar. Luego, adoptando 221 10 | con orgullo: «Estudié para geómetra-agrimensor, señora.»~ 222 20 | Maramballe, bruscamente, giró la cabeza por completo para 223 5 | promoción, y terminada sin gloria.~ 224 20 | con la mirada, se dijeron «Gracias» el uno al otro.~FIN ~ ~ 225 16 | adoptando una expresión algo grave, aunque no enfadada, dijo: « 226 19 | Alexandre, exasperado, y gritó: «Si estoy mal del estómago 227 1 | hacer subir fácilmente a la gruesa señora, entró en la vivienda 228 8 | culpa nuestra puesto que nos gusta estar con él, pero con los 229 5 | en ella, deferente en él. Hablaban de los asuntos de la casa 230 8 | un látigo, sus jefes lo habrían apreciado y protegido más. 231 15 | volviendo la cabeza como hacen los hombres tímidos forzados 232 15 | dulzura de Maramballe lo han unido a él de por vida...» . 233 19 | pollo ¡maldita sea! ¡estoy harto de tu pollo! ¿No tienes 234 | hay 235 | haya 236 10 | añadió: «Sí, en efecto. He pensado con frecuencia en 237 10 | tan mal, si podía haber hecho como todo el mundo, establecerse, 238 9 | familiar y satisfecho, su hermosa barba blanca abierta en 239 10 | establecerse, casarse, tener hijos, crear una familia?». Él 240 15 | la cabeza como hacen los hombres tímidos forzados a confesar 241 10 | hizo un gesto vago con los hombros y dijo: «¡Oh! yo... señora». 242 1 | inválida patrona. Cuando hubo situado el ligero vehículo 243 9 | algunos instantes sobre el hueco del estómago como para fijarla 244 3 | sombrilla cuya punta abandonada iba, a veces, a apoyarse sobre 245 9 | domingueros. Cada vez que iban por aquel lugar, Alexandre 246 19 | No tienes ni una sola idea en la cabeza para obligarme 247 5 | asuntos de la casa como entre iguales. Su principal tema de conversación 248 3 | apoyarse sobre el rostro impasible del hombre.~ 249 1 | antiguo soldado que lanzaba improperios; era la voz del señor, un 250 16 | contestó, dejó de mirarlo, inclinó la cabeza y reflexionó. 251 1 | señor, un ex capitán de infantería jubilado, Joseph Maramballe. 252 4 | pobre dama, en su egoísmo ingenuo, que si ahora deseaba ir 253 10 | natural que soporte sus injusticias, pero lo que no comprendo 254 16 | Pensó, en un segundo, en el inmenso sacrificio de aquel pobre 255 5 | tema de conversación y de inquietud era, por supuesto, el mal 256 15 | así quedó decidido». Ella insistía, pues no comprendía bien: « 257 1 | sin esfuerzo, ella estuvo instalada en la silla de ruedas, Alexandre 258 3 | El sol de julio caía intensamente sobre la calle, ahogando 259 10 | recibido formación...» . Él interrumpió con orgullo: «Estudié para 260 1 | facultativa, a su anciana e inválida patrona. Cuando hubo situado 261 8 | suave como un látigo, sus jefes lo habrían apreciado y protegido 262 1 | de infantería jubilado, Joseph Maramballe. Luego se escuchó 263 9 | condecorado siendo muy joven, y con mucho futuro, según 264 1 | ex capitán de infantería jubilado, Joseph Maramballe. Luego 265 7 | principio pensaba que cuando se jubilara sería por lo menos coronel.~ 266 6 | frecuentemente desde que se jubiló». Y Alexandre, con un suspiro, 267 3 | El sol de julio caía intensamente sobre 268 4 | deseaba ir menos rápida, era justamente porque acababa de alcanzar 269 15 | mirar al aire, luego a un lado, luego a lo lejos, volviendo 270 1 | ronca de antiguo soldado que lanzaba improperios; era la voz 271 5 | capitán, agriado por una larga carrera comenzada con éxito, 272 4 | corriente, difundían a lo largo de todo aquel paseo una 273 15 | perdida y masculló entre los largos pelos de su bigote: «¡No 274 9 | constatar una vez más la largura de aquella vegetación.~ 275 8 | sido siempre suave como un látigo, sus jefes lo habrían apreciado 276 5 | ese prolongado servicio leal, de esa relación cotidiana, 277 4 | el Navette corría en un lecho tortuoso entre dos filas 278 15 | luego a un lado, luego a lo lejos, volviendo la cabeza como 279 5 | Tras haber respirado con lentitud y saboreado el encanto húmedo 280 4 | voz benévola: «Vaya más lento, mi pobre amigo, va a matarse 281 17 | Él se levantó, pasó por detrás de la silla 282 1 | Cuando hubo situado el ligero vehículo junto al escalón, 283 3 | apresuraba el paso con el fin de llegar lo antes posible a la avenida 284 15 | es. La primera vez que le llevé a la Señorita una carta 285 16 | palabra. Y le dieron ganas de llorar. Luego, adoptando una expresión 286 3 | ahogando las bajas casas con su luz triste a fuerza de ser ardiente 287 9 | Era un pequeño banco de madera medio podrida, colocado 288 19 | vez pollo, siempre pollo ¡maldita sea! ¡estoy harto de tu 289 9 | él y cogiendo entre las manos, con gesto familiar y satisfecho, 290 9 | dedos hasta la punta que mantuvo algunos instantes sobre 291 9 | día en la brutalidad de su marido, con el que se había casado 292 15 | cabeza visiblemente perdida y masculló entre los largos pelos de 293 4 | lento, mi pobre amigo, va a matarse con este calor». No se le 294 1 | puerta de la casita del matrimonio Maramballe la silla de minusválido 295 4 | piedras, de los bruscos meandros de la corriente, difundían 296 19 | que te lo ha prescrito el médico. Es lo mejor para tu estómago. 297 | 298 | mientras 299 15 | encrespados rizados cada día con mimo, brillantes como plumas 300 1 | matrimonio Maramballe la silla de minusválido de tres ruedas en la que 301 9 | descansar durante algunos minutos sentado en aquel asiento. 302 20 | encontraron, y sólo con la mirada, se dijeron «Gracias» el 303 16 | Ella no contestó, dejó de mirarlo, inclinó la cabeza y reflexionó. 304 15 | sobre su silla de ruedas y miró al criado con ojos muy sorprendidos. «¿ 305 15 | Entonces, con el pánico del miserable que confiesa un crimen y 306 | mismo 307 17 | al pueblo, divisaron en mitad del camino al capitán Maramballe 308 2 | era considerado como un modelo de sirvientes.~ 309 15 | hacer creer que los buenos modos y la dulzura de Maramballe 310 10 | hubiera querido arrancarla, y movía los ojos asustados como 311 10 | haber hecho como todo el mundo, establecerse, casarse, 312 3 | línea de sombra junto a los muros, y Alexandre, resoplando 313 5 | relación cotidiana, había nacido entre la anciana señora 314 10 | casé con él; ¡es justo y natural que soporte sus injusticias, 315 4 | podados en forma de bóveda, el Navette corría en un lecho tortuoso 316 15 | el peinado por una línea nevada de cabellos encrespados 317 | nuestra 318 15 | la valentía del soldado obligado a ir al frente, declaró: « 319 19 | sola idea en la cabeza para obligarme a comer todos los días lo 320 19 | circunstancias, no me atrevo a ofrecerte». Entonces se plantó ante 321 10 | Él interrumpió con orgullo: «Estudié para geómetra-agrimensor, 322 1 | vehículo, y lo dirigió hacia la orilla del río.~ 323 | Otra 324 | otras 325 | otro 326 | otros 327 10 | permaneció con nosotros que le pagamos tan poco y lo tratamos tan 328 16 | de ella, sin decir ni una palabra. Y le dieron ganas de llorar. 329 15 | explíquese» . Entonces, con el pánico del miserable que confiesa 330 5 | estaba al servicio de aquella pareja, primero como ordenanza 331 8 | que, después de todo, en parte, es por su culpa. Si no 332 9 | recodo de la avenida para los paseantes domingueros. Cada vez que 333 4 | a lo largo de todo aquel paseo una dulce canción de agua 334 3 | resoplando un poco, apresuraba el paso con el fin de llegar lo 335 1 | derribadas, un ruido de pasos agitados, luego nada, y 336 10 | razonamiento: «Usted no es un patán. Usted ha recibido formación...» . 337 2 | de barba blanca, barba de patriarca, era considerado como un 338 15 | coronado entre la frente y el peinado por una línea nevada de 339 15 | masculló entre los largos pelos de su bigote: «¡No es por 340 10 | añadió: «Sí, en efecto. He pensado con frecuencia en esto. 341 6 | un suspiro, completó el pensamiento de su señora: «¡Oh! La señora 342 4 | se le ocurría en absoluto pensar a la pobre dama, en su egoísmo 343 16 | dulce, razonable y sensible. Pensó, en un segundo, en el inmenso 344 9 | poco en su banco». Era un pequeño banco de madera medio podrida, 345 15 | con la cabeza visiblemente perdida y masculló entre los largos 346 10 | con posterioridad ¿por qué permaneció con nosotros que le pagamos 347 3 | ser ardiente y cruda. Los perros dormían sobre las aceras 348 4 | de los saltos sobre las piedras, de los bruscos meandros 349 15 | confiesa un crimen y se pierde, Alexandre dijo: «Me enamoré 350 19 | ofrecerte». Entonces se plantó ante Alexandre, exasperado, 351 15 | con mimo, brillantes como plumas de cisne, hizo un gesto 352 4 | cubierto por los viejos tilos podados en forma de bóveda, el Navette 353 8 | La señora podría decir además que, después 354 9 | pequeño banco de madera medio podrida, colocado en un recodo de 355 3 | el fin de llegar lo antes posible a la avenida que conducía 356 10 | que aguantarlo. Pero con posterioridad ¿por qué permaneció con 357 17 | pronto como los alcanzó preguntó a su esposa, con visible 358 19 | estuvieras mal del estómago, te prepararía otras cosas que, en tus 359 1 | paseaba hasta las seis, por prescripción facultativa, a su anciana 360 19 | sabes bien que te lo ha prescrito el médico. Es lo mejor para 361 9 | apretó, y la hizo deslizar presionando los dedos hasta la punta 362 15 | frente, declaró: «Así es. La primera vez que le llevé a la Señorita 363 5 | servicio de aquella pareja, primero como ordenanza del oficial, 364 5 | casa como entre iguales. Su principal tema de conversación y de 365 7 | capitán, mientras que al principio pensaba que cuando se jubilara 366 2 | que los vecinos dirigían probablemente tanto al criado como a la 367 5 | cercanos al pueblo. De ese prolongado servicio leal, de esa relación 368 5 | éxito, desarrollada sin promoción, y terminada sin gloria.~ 369 6 | La señora Maramballe prosiguió: «De que se ha levantado 370 8 | jefes lo habrían apreciado y protegido más. No sirve de nada ser 371 7 | veinte a los cincuenta, no pudo subir más allá de capitán, 372 6 | señora: «¡Oh! La señora puede decir que le ocurre todos 373 1 | Luego se escuchó un ruido de puertas cerradas con violencia, 374 8 | es también culpa nuestra puesto que nos gusta estar con 375 15 | Alexandre? ¿Cómo es eso?». Él se puso a mirar al aire, luego a 376 2 | señora, pues si ella era querida y respetada por todos, él, 377 5 | como simple criado que no quiso abandonar a sus señores; 378 4 | alcanzar el cobijo de las ramas. Cerca de ese camino cubierto 379 4 | si ahora deseaba ir menos rápida, era justamente porque acababa 380 16 | Era buena, recta, dulce, razonable y sensible. Pensó, en un 381 10 | señora Maramballe seguía su razonamiento: «Usted no es un patán. 382 1 | algunos instantes Alexandre reapareció en el umbral de la puerta, 383 10 | no es un patán. Usted ha recibido formación...» . Él interrumpió 384 9 | podrida, colocado en un recodo de la avenida para los paseantes 385 16 | y reflexionó. Era buena, recta, dulce, razonable y sensible. 386 9 | La señora Maramballe reflexionaba. ¡Oh! desde hacía años y 387 16 | mirarlo, inclinó la cabeza y reflexionó. Era buena, recta, dulce, 388 15 | Ella rompió a reír: «¡Vamos!, no me va a hacer 389 5 | prolongado servicio leal, de esa relación cotidiana, había nacido 390 10 | y entonces no tenía más remedio que aguantarlo. Pero con 391 4 | sauces. Los ruidos de los remolinos, de los saltos sobre las 392 15 | de por vida...» . Él se removía en el banco, con la cabeza 393 16 | aquel pobre ser que había renunciado a todo para vivir cerca 394 10 | crear una familia?». Él repitió: «¡Oh! mi caso, señora, 395 19 | lo mismo?». Ella contestó resignada: «Querido, sabes bien que 396 10 | tirando de una campana que resonaba en su interior, como si 397 3 | los muros, y Alexandre, resoplando un poco, apresuraba el paso 398 2 | pues si ella era querida y respetada por todos, él, aquel viejo 399 2 | en medio de los saludos respetuosos que los vecinos dirigían 400 5 | Tras haber respirado con lentitud y saboreado 401 5 | levantado de buenas». Alexandre respondió: «¡Oh!, no, señora». Desde 402 15 | de cabellos encrespados rizados cada día con mimo, brillantes 403 15 | Ella rompió a reír: «¡Vamos!, no me 404 1 | una voz furiosa, una voz ronca de antiguo soldado que lanzaba 405 4 | dos filas de sauces. Los ruidos de los remolinos, de los 406 19 | contestó resignada: «Querido, sabes bien que te lo ha prescrito 407 5 | respirado con lentitud y saboreado el encanto húmedo de aquel 408 16 | un segundo, en el inmenso sacrificio de aquel pobre ser que había 409 4 | de los remolinos, de los saltos sobre las piedras, de los 410 2 | el pueblo en medio de los saludos respetuosos que los vecinos 411 9 | manos, con gesto familiar y satisfecho, su hermosa barba blanca 412 4 | tortuoso entre dos filas de sauces. Los ruidos de los remolinos, 413 | sea 414 15 | tímidos forzados a confesar secretos vergonzosos. Después, con 415 10 | confusión. La señora Maramballe seguía su razonamiento: «Usted 416 | según 417 16 | y sensible. Pensó, en un segundo, en el inmenso sacrificio 418 1 | improperios; era la voz del señor, un ex capitán de infantería 419 5 | no quiso abandonar a sus señores; y desde hacía seis años, 420 16 | recta, dulce, razonable y sensible. Pensó, en un segundo, en 421 9 | durante algunos minutos sentado en aquel asiento. Se sentó 422 4 | se despertó de pronto al sentir la sombra de los árboles, 423 9 | sentado en aquel asiento. Se sentó en él y cogiendo entre las 424 7 | pensaba que cuando se jubilara sería por lo menos coronel.~ 425 1 | agarró la barra doblada que servía para empujar el vehículo, 426 8 | su culpa. Si no hubiera sido siempre suave como un látigo, 427 9 | apuesto oficial, condecorado siendo muy joven, y con mucho futuro, 428 1 | con violencia, un ruido de sillas derribadas, un ruido de 429 5 | del oficial, luego como simple criado que no quiso abandonar 430 8 | apreciado y protegido más. No sirve de nada ser duro, hay que 431 2 | considerado como un modelo de sirvientes.~ 432 1 | inválida patrona. Cuando hubo situado el ligero vehículo junto 433 3 | El sol de julio caía intensamente 434 19 | pollo! ¿No tienes ni una sola idea en la cabeza para obligarme 435 20 | sus ojos se encontraron, y sólo con la mirada, se dijeron « 436 3 | dormitaba ya bajo su blanca sombrilla cuya punta abandonada iba, 437 15 | franco al tiempo que me sonreía, así quedó decidido». Ella 438 10 | es justo y natural que soporte sus injusticias, pero lo 439 15 | miró al criado con ojos muy sorprendidos. «¿Por mí, mi buen Alexandre? ¿ 440 1 | el umbral de la puerta, sosteniendo con todas sus fuerzas a 441 8 | no hubiera sido siempre suave como un látigo, sus jefes 442 7 | es que tampoco ha tenido suerte, este hombre. Debutó con 443 10 | asustados como un hombre sumido en la confusión. La señora 444 5 | y de inquietud era, por supuesto, el mal carácter del capitán, 445 6 | jubiló». Y Alexandre, con un suspiro, completó el pensamiento 446 | tampoco 447 | tanto 448 5 | seis años, paseaba cada tarde a su patrona por los estrechos 449 5 | entre iguales. Su principal tema de conversación y de inquietud 450 17 | deseo de enfadarse: «¿Qué tenemos hoy para cenar?»~ 451 | tener 452 7 | verdad es que tampoco ha tenido suerte, este hombre. Debutó 453 15 | la Señorita una carta del teniente y que la Señorita me dio 454 5 | desarrollada sin promoción, y terminada sin gloria.~ 455 [Título]| Texto~ ~ 456 9 | se había casado en otros tiempos, hace mucho tiempo, porque 457 19 | estoy harto de tu pollo! ¿No tienes ni una sola idea en la cabeza 458 15 | cabeza como hacen los hombres tímidos forzados a confesar secretos 459 10 | diferente». Luego se calló; pero tiraba de su barba como si estuviera 460 10 | barba como si estuviera tirando de una campana que resonaba 461 | todas 462 4 | Navette corría en un lecho tortuoso entre dos filas de sauces. 463 5 | Tras haber respirado con lentitud 464 10 | le pagamos tan poco y lo tratamos tan mal, si podía haber 465 8 | ser bien visto. Que nos trate mal a nosotros, es también 466 1 | silla de minusválido de tres ruedas en la que paseaba 467 3 | las bajas casas con su luz triste a fuerza de ser ardiente 468 | tus 469 1 | Alexandre reapareció en el umbral de la puerta, sosteniendo 470 15 | dulzura de Maramballe lo han unido a él de por vida...» . Él 471 20 | se dijeron «Gracias» el uno al otro.~FIN ~ ~ 472 10 | Alexandre!». Él hizo un gesto vago con los hombros y dijo: «¡ 473 4 | dijo con voz benévola: «Vaya más lento, mi pobre amigo, 474 3 | punta abandonada iba, a veces, a apoyarse sobre el rostro 475 2 | saludos respetuosos que los vecinos dirigían probablemente tanto 476 9 | más la largura de aquella vegetación.~ 477 7 | Es cierto. Pero la verdad es que tampoco ha tenido 478 15 | forzados a confesar secretos vergonzosos. Después, con la valentía 479 4 | camino cubierto por los viejos tilos podados en forma de 480 1 | de puertas cerradas con violencia, un ruido de sillas derribadas, 481 17 | preguntó a su esposa, con visible deseo de enfadarse: «¿Qué 482 15 | el banco, con la cabeza visiblemente perdida y masculló entre 483 8 | a la gente para ser bien visto. Que nos trate mal a nosotros, 484 1 | gruesa señora, entró en la vivienda y pronto se escuchó en el 485 16 | había renunciado a todo para vivir cerca de ella, sin decir 486 16 | aunque no enfadada, dijo: «Volvamos a casa».~ 487 15 | lado, luego a lo lejos, volviendo la cabeza como hacen los
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