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Guy de Maupassant Campanilla Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 13 | al lado de su silla, boca abajo, con los brazos extendidos, 2 7 | como para desaparecer en un abismo, se hundía en el suelo. 3 47 | mártir, un alma hermosa, ¡una abnegada sublime! Y si yo no la admirase 4 13 | Ahora bien, al abrir la puerta del cuarto de 5 27 | grande, muy vasto, estaba absolutamente negro; y Sigisbert empujaba 6 22 | la hermosa Hortense, que acaba de morir en su casa y a 7 21 | En aquella época acababa de instalarse en la villa 8 8 | sentarme encima para que no me acatarrase en aquella vasta pieza fría, 9 46 | realizan las más nobles acciones históricas. ~ 10 17 | demás. Después se sentó, y aceptó una copa de licor y unas 11 11 | y llanos. Me contaba los acontecimientos del pueblo, la historia 12 14 | lanzando agudos gritos. Acudieron; y me enteré al cabo de 13 22 | a la cual bautizaron más adelante como Campanilla, después 14 | además 15 42 | se limitaba a decir con admirable resignación: ~ 16 47 | abnegada sublime! Y si yo no la admirase totalmente no les habría 17 8 | Yo adoraba a esta tía Campanilla. Tan 18 11 | aventuras de tal forma que adquirían en mi mente proporciones 19 46 | Y eso es todo! Y afirmo que esta mujer fue una heroína, 20 4 | unos cientos de metros, agolpado en torno a la iglesia, una 21 3 | dependen cuatro o cinco granjas agrupadas a su alrededor. ~ 22 14 | Escapé lanzando agudos gritos. Acudieron; y me 23 13 | extendidos, sujetando aún la aguja en una mano y, en la otra, 24 19 | Ah! - decía - ¡pobre mujer! 25 11 | viendo cómo giraban las alas de madera, o la historia 26 11 | potencia de los relatos de la aldeana. ~ 27 6 | Era una mujer alta y flaca, barbuda, o mejor 28 11 | pueblo los calzones de su amo robados por un transeúnte 29 22 | conquistador; el caso es que lo amó, y que él consiguió una 30 47 | Aquel fue su único amor. Ha muerto virgen. Es una 31 11 | no tenían el sabor, la amplitud, la potencia de los relatos 32 7 | normales, sino como un barco anclado. Cuando asentaba sobre la 33 11 | nadie entendiera nunca qué animal había ido a ponerlo allí, 34 15 | hundido en una inmensa y antigua butaca donde me arrodillé 35 3 | castillos y que son simplemente antiguas mansiones de tejado puntiagudo, 36 1 | Son extraños, esos antiguos recuerdos que nos obsesionan 37 4 | pueblo grande, una villa, aparecía a unos cientos de metros, 38 23 | desván se abrió de nuevo y apareció el maestro de escuela, preguntando: ~ 39 2 | figura de la tía Campanilla aparezca ante mis ojos, tal como 40 | aquí 41 24 | Qué hace usted aquí arriba, Sigisbert?~ 42 15 | antigua butaca donde me arrodillé para llorar. Sin duda me 43 7 | un barco anclado. Cuando asentaba sobre la pierna sana el 44 | Así 45 2 | emocionantes o terribles, que me asombra que no pase un día, ni un 46 7 | flotaban a su espalda, parecía atravesar el horizonte, del norte 47 44 | carruaje desbocado que la había atropellado y lisiado ante mi puerta.~ 48 10 | unas gafas con cristales de aumento, pues la edad había debilitado 49 | aún 50 16 | entraron con una lámpara, aunque no me vieron, y oí a mi 51 12 | ido con el criado a coger avellanas en el bosque de Hallets, 52 42 | mi casa y me contaba su aventura. La joven se había quedado 53 11 | Me contaba estas ingenuas aventuras de tal forma que adquirían 54 12 | claramente como las cosas de ayer. ~ 55 44 | Mandé en busca de ayuda y de los padres de la costurera, 56 25 | cogido, el joven maestro, azarado, respondió estúpidamente: ~ 57 13 | sin duda, con una media azul, se estiraba bajo la silla; 58 38 | bruscamente, y luego, con voz baja y resuelta: ~ 59 15 | crispó mi corazón de niño. Bajé a pasitos cortos al salón 60 34 | con doble vuelta de llave, bajó a buscar una vela. ~ 61 7 | tempestad, de tanto como se balanceaba al mismo tiempo; y su cabeza, 62 6 | una mujer alta y flaca, barbuda, o mejor dicho peluda, pues 63 7 | lisiados normales, sino como un barco anclado. Cuando asentaba 64 22 | morir en su casa y a la cual bautizaron más adelante como Campanilla, 65 6 | parecían enteramente un par de bigotes colocados allí por error. ~ 66 7 | tocada con un enorme gorro blanco, cuyas cintas flotaban a 67 13 | suelo, al lado de su silla, boca abajo, con los brazos extendidos, 68 12 | a coger avellanas en el bosque de Hallets, detrás de la 69 13 | silla, boca abajo, con los brazos extendidos, sujetando aún 70 13 | bajo la silla; y las gafas brillaban junto a la pared, habiendo 71 38 | daba a la calle, lo abrió bruscamente, y luego, con voz baja y 72 21 | los días se levantaba de buenas. ~ 73 34 | vuelta de llave, bajó a buscar una vela. ~ 74 42 | caído de dos pisos. Fui a buscarla con él. Llovía a cántaros, 75 17 | Habían ido a buscarlo a toda prisa y él explicaba 76 45 | creyeron y los gendarmes buscaron en vano, durante un mes, 77 14 | Acudieron; y me enteré al cabo de unos minutos de que la 78 | cada 79 42 | levantarse, porque había caído de dos pisos. Fui a buscarla 80 38 | al tragaluz que daba a la calle, lo abrió bruscamente, y 81 11 | diez leguas del pueblo los calzones de su amo robados por un 82 13 | en la otra, una de mis camisas. Una de sus piernas, la 83 11 | gallina descubierto en el campanario de la iglesia sin que nadie 84 3 | en una de esas casas de campo llamadas castillos y que 85 42 | buscarla con él. Llovía a cántaros, y me llevé a mi casa a 86 6 | pues tenía barba en toda la cara, una barba sorprendente, 87 42 | huesos habían desgarrado la carne. No se quejaba, y se limitaba 88 36 | Va usted a destrozar mi carrera.. ¡Escóndase de una vez!~ 89 44 | les conté la fábula de un carruaje desbocado que la había atropellado 90 3 | padres vivían en una de esas casas de campo llamadas castillos 91 18 | incluso puedo reproducir casi exactamente los términos 92 22 | inexpugnable conquistador; el caso es que lo amó, y que él 93 3 | casas de campo llamadas castillos y que son simplemente antiguas 94 17 | prisa y él explicaba las causas del accidente. No entendí 95 15 | allí mucho tiempo, pues cayó la noche. ~ 96 6 | en las mejillas; y sus cejas, de un espesor y de una 97 37 | que giraba de nuevo en la cerradura. ~ 98 34 | prosiguió el viejo; y, cerrando la puerta con doble vuelta 99 20 | diecisiete años y era una chica guapísima, ¡muy guapa, mucho! ¡ 100 22 | maestro se fijó en la guapa chiquilla, quien sin duda se sintió 101 49 | ruido de pasos pesados y de choques en la escalera. ~ 102 4 | una villa, aparecía a unos cientos de metros, agolpado en torno 103 3 | cuales dependen cuatro o cinco granjas agrupadas a su alrededor. ~ 104 7 | enorme gorro blanco, cuyas cintas flotaban a su espalda, parecía 105 9 | Eso te hace circular la sangre -decía. ~ 106 22 | él consiguió una primera cita, en el desván de la escuela, 107 12 | Noirpré. Lo recuerdo todo tan claramente como las cosas de ayer. ~ 108 19 | pobre mujer! Fue mi primera cliente. Se rompió la pierna el 109 35 | Entonces el joven, un cobarde como hay muchos, perdió 110 25 | Viéndose cogido, el joven maestro, azarado, 111 7 | Cojeaba, no como cojean los lisiados 112 7 | Cojeaba, no como cojean los lisiados normales, sino 113 6 | enteramente un par de bigotes colocados allí por error. ~ 114 20 | persona que ya no está en la comarca, la supo nunca. Ahora que 115 6 | una largura extravagantes, completamente grises, tupidas, erizadas, 116 2 | tan viejo, que no puedo comprender cómo ha permanecido tan 117 47 | nadie en vida de ella, ya comprenderán ustedes por qué razón." ~ 118 11 | cosas que me decía y que conmovían mi corazón de niño, un alma 119 2 | ante mis ojos, tal como la conocí, en tiempos, hace mucho, 120 22 | elección del inexpugnable conquistador; el caso es que lo amó, 121 22 | es que lo amó, y que él consiguió una primera cita, en el 122 47 | totalmente no les habría contado su historia, que nunca quise 123 16 | oí a mi padre y mi madre conversar con el médico, cuya voz 124 17 | Después se sentó, y aceptó una copa de licor y unas galletas. ~ 125 21 | suboficial. Todas las muchachas corrían tras él, y se hacía el interesante, 126 38 | Hortense corrió al tragaluz que daba a la 127 15 | de niño. Bajé a pasitos cortos al salón y fui a esconderme 128 8 | la encontraba instalada cosiendo, con un estufilla bajo los 129 6 | sorprendente, inesperada, que crecía en penachos inverosímiles, 130 18 | el alma hasta la muerte. Creo que incluso puedo reproducir 131 45 | Me creyeron y los gendarmes buscaron 132 12 | después de haber ido con el criado a coger avellanas en el 133 15 | punzante, terrible, que crispó mi corazón de niño. Bajé 134 10 | ojos, tras unas gafas con cristales de aumento, pues la edad 135 | cual 136 3 | tejado puntiagudo, de las cuales dependen cuatro o cinco 137 3 | de las cuales dependen cuatro o cinco granjas agrupadas 138 11 | misteriosos; y los ingeniosos cuentos inventados por poetas y 139 36 | no la encuentre. Por su culpa voy a perder mi pan. Va 140 7 | un enorme gorro blanco, cuyas cintas flotaban a su espalda, 141 38 | Hortense corrió al tragaluz que daba a la calle, lo abrió bruscamente, 142 10 | aumento, pues la edad había debilitado su vista, me parecían enormes, 143 42 | quejaba, y se limitaba a decir con admirable resignación: ~ 144 47 | historia, que nunca quise decirle a nadie en vida de ella, 145 10 | zurcía la ropa con sus largos dedos ganchudos, que eran muy 146 | demás 147 3 | puntiagudo, de las cuales dependen cuatro o cinco granjas agrupadas 148 42 | pobre infeliz, cuya pierna derecha se había roto en tres sitios, 149 7 | repente, se lanzaba como para desaparecer en un abismo, se hundía 150 44 | la fábula de un carruaje desbocado que la había atropellado 151 26 | Subí a descansar un rato en las gavillas, 152 27 | empujaba hacia el fondo a la desconcertada joven, repitiendo:~ 153 11 | historia de un huevo de gallina descubierto en el campanario de la iglesia 154 42 | sitios, y los huesos habían desgarrado la carne. No se quejaba, 155 7 | hundía en el suelo. Su marcha despertaba la idea de una tempestad, 156 1 | obsesionan sin que podamos desprendernos de ellos! ~ 157 36 | perder mi pan. Va usted a destrozar mi carrera.. ¡Escóndase 158 7 | el gran cuerpo huesudo y desviado, semejaba tomar impulso 159 12 | en el bosque de Hallets, detrás de la granja de Noirpré. 160 21 | Grabu, que no todos los días se levantaba de buenas. ~ 161 6 | flaca, barbuda, o mejor dicho peluda, pues tenía barba 162 20 | Tenía diecisiete años y era una chica guapísima, ¡ 163 19 | las manos al bajar de la diligencia cuando vinieron en mi busca 164 21 | le tenía mucho miedo al director de la escuela, su superior, 165 20 | guapa, mucho! ¡Quién lo diría! En cuanto a su historia, 166 20 | muerto, puedo ser menos discreto. ~ 167 6 | mechones rizados que parecían diseminados por un loco en aquel gran 168 34 | cerrando la puerta con doble vuelta de llave, bajó a 169 10 | extrañamente profundos, dobles. ~ 170 2 | cuando yo tenía diez o doce años. ~ 171 42 | levantarse, porque había caído de dos pisos. Fui a buscarla con 172 11 | mi mente proporciones de dramas inolvidables, de poemas 173 45 | gendarmes buscaron en vano, durante un mes, al responsable del 174 10 | cristales de aumento, pues la edad había debilitado su vista, 175 22 | se sintió halagada por la elección del inexpugnable conquistador; 176 | ellos 177 15 | No sabría expresar la emoción profunda, punzante, terrible, 178 2 | tantas cosas siniestras, emocionantes o terribles, que me asombra 179 23 | reunió en seguida con ella, y empezaba a galantearla cuando la 180 22 | El señor Grabu empleaba ya entonces como costurera 181 27 | absolutamente negro; y Sigisbert empujaba hacia el fondo a la desconcertada 182 23 | heno, para esperar a su enamorado. Él se reunió en seguida 183 8 | la estufilla y a sentarme encima para que no me acatarrase 184 8 | cuarto de costura, donde la encontraba instalada cosiendo, con 185 11 | establo y a la que habían encontrado, una mañana, ante el molino 186 41 | El señor Grabu no encontró a nadie y volvió a bajar, 187 36 | Escóndase, que no la encuentre. Por su culpa voy a perder 188 35 | perdió la cabeza y repetía, enfurecido de repente: ~ 189 48 | El médico había enmudecido. Mamá lloraba. Papá pronunció 190 4 | iglesia de ladrillos rojos ennegrecidos por el tiempo. ~ 191 7 | cabeza, siempre tocada con un enorme gorro blanco, cuyas cintas 192 10 | debilitado su vista, me parecían enormes, extrañamente profundos, 193 5 | siete de la mañana y subía enseguida al cuarto de costura para 194 11 | la iglesia sin que nadie entendiera nunca qué animal había ido 195 6 | tupidas, erizadas, parecían enteramente un par de bigotes colocados 196 14 | gritos. Acudieron; y me enteré al cabo de unos minutos 197 42 | hora después, Sigisbert entraba en mi casa y me contaba 198 16 | De repente entraron con una lámpara, aunque 199 21 | En aquella época acababa de instalarse en 200 6 | completamente grises, tupidas, erizadas, parecían enteramente un 201 6 | bigotes colocados allí por error. ~ 202 | esas 203 21 | tenía un hermoso rostro y el esbelto talle de un suboficial. 204 11 | de una vaca que se había escapado del establo y a la que habían 205 28 | Voy a perder mi puesto, ¡escape, escóndase!~ 206 14 | Escapé lanzando agudos gritos. 207 15 | cortos al salón y fui a esconderme en un rincón oscuro, hundido 208 12 | había pasado toda la mañana escuchando a la tía Campanilla, quise 209 | esos 210 7 | cuyas cintas flotaban a su espalda, parecía atravesar el horizonte, 211 23 | ocultarse entre el heno, para esperar a su enamorado. Él se reunió 212 6 | mejillas; y sus cejas, de un espesor y de una largura extravagantes, 213 27 | era muy grande, muy vasto, estaba absolutamente negro; y Sigisbert 214 11 | que se había escapado del establo y a la que habían encontrado, 215 | estas 216 | Este 217 13 | con una media azul, se estiraba bajo la silla; y las gafas 218 25 | maestro, azarado, respondió estúpidamente: ~ 219 18 | incluso puedo reproducir casi exactamente los términos que utilizó. ~ 220 17 | buscarlo a toda prisa y él explicaba las causas del accidente. 221 15 | No sabría expresar la emoción profunda, punzante, 222 13 | boca abajo, con los brazos extendidos, sujetando aún la aguja 223 10 | vista, me parecían enormes, extrañamente profundos, dobles. ~ 224 49 | sollozando, mientras oía un extraño ruido de pasos pesados y 225 1 | Son extraños, esos antiguos recuerdos 226 6 | espesor y de una largura extravagantes, completamente grises, tupidas, 227 44 | a quienes les conté la fábula de un carruaje desbocado 228 6 | gran rostro de gendarme con faldas. Los tenía sobre la nariz, 229 2 | un sólo día, sin que la figura de la tía Campanilla aparezca 230 22 | accidente. El maestro se fijó en la guapa chiquilla, quien 231 | FIN 232 22 | desván de la escuela, al final de todo un día de costura, 233 23 | Ella fingió regresar a casa, pero en 234 6 | Era una mujer alta y flaca, barbuda, o mejor dicho 235 7 | gorro blanco, cuyas cintas flotaban a su espalda, parecía atravesar 236 27 | Sigisbert empujaba hacia el fondo a la desconcertada joven, 237 11 | ingenuas aventuras de tal forma que adquirían en mi mente 238 11 | transeúnte mientras se secaban frente a la puerta después de una 239 8 | acatarrase en aquella vasta pieza fría, situada bajo el tejado. ~ 240 23 | seguida con ella, y empezaba a galantearla cuando la puerta del desván 241 17 | una copa de licor y unas galletas. ~ 242 11 | historia de un huevo de gallina descubierto en el campanario 243 10 | ropa con sus largos dedos ganchudos, que eran muy vivos; sus 244 26 | descansar un rato en las gavillas, señor Grabu.~ 245 6 | en aquel gran rostro de gendarme con faldas. Los tenía sobre 246 45 | Me creyeron y los gendarmes buscaron en vano, durante 247 37 | Se oía la llave que giraba de nuevo en la cerradura. ~ 248 11 | Prosper Malet, viendo cómo giraban las alas de madera, o la 249 7 | siempre tocada con un enorme gorro blanco, cuyas cintas flotaban 250 18 | me quedó y se me quedará grabado en el alma hasta la muerte. 251 11 | inolvidables, de poemas grandiosos y misteriosos; y los ingeniosos 252 12 | de Hallets, detrás de la granja de Noirpré. Lo recuerdo 253 3 | dependen cuatro o cinco granjas agrupadas a su alrededor. ~ 254 6 | extravagantes, completamente grises, tupidas, erizadas, parecían 255 14 | Escapé lanzando agudos gritos. Acudieron; y me enteré 256 20 | diecisiete años y era una chica guapísima, ¡muy guapa, mucho! ¡Quién 257 12 | por la tarde, después de haber ido con el criado a coger 258 13 | brillaban junto a la pared, habiendo rodado lejos de ella. ~ 259 47 | admirase totalmente no les habría contado su historia, que 260 | hacia 261 21 | muchachas corrían tras él, y se hacía el interesante, pues además 262 22 | quien sin duda se sintió halagada por la elección del inexpugnable 263 12 | avellanas en el bosque de Hallets, detrás de la granja de 264 | hasta 265 | hay 266 | haya 267 2 | vivo y tenaz en mi mente. He visto después tantas cosas 268 23 | fue a ocultarse entre el heno, para esperar a su enamorado. 269 21 | joven maestro que tenía un hermoso rostro y el esbelto talle 270 46 | afirmo que esta mujer fue una heroína, de la raza de las que realizan 271 10 | Me contaba historias mientras zurcía la ropa 272 46 | las más nobles acciones históricas. ~ 273 42 | Un cuarto de hora después, Sigisbert entraba 274 7 | espalda, parecía atravesar el horizonte, del norte al sur y del 275 42 | roto en tres sitios, y los huesos habían desgarrado la carne. 276 7 | pierna sana el gran cuerpo huesudo y desviado, semejaba tomar 277 11 | madera, o la historia de un huevo de gallina descubierto en 278 7 | desaparecer en un abismo, se hundía en el suelo. Su marcha despertaba 279 15 | esconderme en un rincón oscuro, hundido en una inmensa y antigua 280 7 | Su marcha despertaba la idea de una tempestad, de tanto 281 7 | desviado, semejaba tomar impulso para remontar una ola monstruosa, 282 42 | quedado al pie del muro, incapaz de levantarse, porque había 283 18 | hasta la muerte. Creo que incluso puedo reproducir casi exactamente 284 6 | una barba sorprendente, inesperada, que crecía en penachos 285 22 | halagada por la elección del inexpugnable conquistador; el caso es 286 42 | llevé a mi casa a la pobre infeliz, cuya pierna derecha se 287 11 | grandiosos y misteriosos; y los ingeniosos cuentos inventados por poetas 288 11 | mojadura. Me contaba estas ingenuas aventuras de tal forma que 289 15 | rincón oscuro, hundido en una inmensa y antigua butaca donde me 290 11 | mente proporciones de dramas inolvidables, de poemas grandiosos y 291 8 | costura, donde la encontraba instalada cosiendo, con un estufilla 292 21 | aquella época acababa de instalarse en la villa un joven maestro 293 21 | corrían tras él, y se hacía el interesante, pues además le tenía mucho 294 11 | y los ingeniosos cuentos inventados por poetas y que me narraba 295 6 | que crecía en penachos inverosímiles, en mechones rizados que 296 | jamás 297 11 | la historia del perro de Jean-Jean Pilas, que había ido a recuperar 298 11 | magnánima de pobre mujer. Sus juicios eran lisos y llanos. Me 299 | junto 300 33 | Le juro que sí, señor Grabu.~ 301 4 | iglesia, una iglesia de ladrillos rojos ennegrecidos por el 302 16 | repente entraron con una lámpara, aunque no me vieron, y 303 7 | después, de repente, se lanzaba como para desaparecer en 304 14 | Escapé lanzando agudos gritos. Acudieron; 305 13 | Una de sus piernas, la larga sin duda, con una media 306 10 | mientras zurcía la ropa con sus largos dedos ganchudos, que eran 307 6 | de un espesor y de una largura extravagantes, completamente 308 19 | siquiera había tenido tiempo de lavarme las manos al bajar de la 309 11 | había ido a recuperar a diez leguas del pueblo los calzones 310 13 | la pared, habiendo rodado lejos de ella. ~ 311 42 | pie del muro, incapaz de levantarse, porque había caído de dos 312 17 | sentó, y aceptó una copa de licor y unas galletas. ~ 313 42 | carne. No se quejaba, y se limitaba a decir con admirable resignación: ~ 314 44 | que la había atropellado y lisiado ante mi puerta.~ 315 7 | Cojeaba, no como cojean los lisiados normales, sino como un barco 316 11 | mujer. Sus juicios eran lisos y llanos. Me contaba los 317 3 | una de esas casas de campo llamadas castillos y que son simplemente 318 11 | Sus juicios eran lisos y llanos. Me contaba los acontecimientos 319 19 | rompió la pierna el día de mi llegada y ni siquiera había tenido 320 22 | todo un día de costura, al llegar la noche. ~ 321 50 | Se llevaban el cuerpo de Campanilla.~ 322 42 | Llovía a cántaros, y me llevé a mi casa a la pobre infeliz, 323 48 | médico había enmudecido. Mamá lloraba. Papá pronunció unas palabras 324 15 | donde me arrodillé para llorar. Sin duda me quedé allí 325 42 | Fui a buscarla con él. Llovía a cántaros, y me llevé a 326 6 | parecían diseminados por un loco en aquel gran rostro de 327 38 | lo abrió bruscamente, y luego, con voz baja y resuelta: ~ 328 23 | regresar a casa, pero en lugar de bajar la escalera al 329 11 | cómo giraban las alas de madera, o la historia de un huevo 330 11 | corazón de niño, un alma magnánima de pobre mujer. Sus juicios 331 11 | ante el molino de Prosper Malet, viendo cómo giraban las 332 48 | médico había enmudecido. Mamá lloraba. Papá pronunció 333 44 | Mandé en busca de ayuda y de los 334 13 | sujetando aún la aguja en una mano y, en la otra, una de mis 335 19 | tenido tiempo de lavarme las manos al bajar de la diligencia 336 3 | son simplemente antiguas mansiones de tejado puntiagudo, de 337 7 | se hundía en el suelo. Su marcha despertaba la idea de una 338 39 | recogerme cuando él se haya marchado -dijo. ~ 339 48 | entendí bien; y después se marcharon. ~ 340 47 | Ha muerto virgen. Es una mártir, un alma hermosa, ¡una abnegada 341 6 | penachos inverosímiles, en mechones rizados que parecían diseminados 342 6 | nariz, en el mentón, en las mejillas; y sus cejas, de un espesor 343 6 | alta y flaca, barbuda, o mejor dicho peluda, pues tenía 344 | menos 345 6 | alrededor de la nariz, en el mentón, en las mejillas; y sus 346 45 | buscaron en vano, durante un mes, al responsable del accidente. ~ 347 4 | aparecía a unos cientos de metros, agolpado en torno a la 348 21 | pues además le tenía mucho miedo al director de la escuela, 349 14 | me enteré al cabo de unos minutos de que la tía Campanilla 350 | mismo 351 11 | de poemas grandiosos y misteriosos; y los ingeniosos cuentos 352 11 | la puerta después de una mojadura. Me contaba estas ingenuas 353 11 | encontrado, una mañana, ante el molino de Prosper Malet, viendo 354 7 | impulso para remontar una ola monstruosa, y después, de repente, 355 22 | hermosa Hortense, que acaba de morir en su casa y a la cual bautizaron 356 7 | norte, a cada uno de sus movimientos. ~ 357 21 | un suboficial. Todas las muchachas corrían tras él, y se hacía 358 | muchos 359 18 | grabado en el alma hasta la muerte. Creo que incluso puedo 360 42 | había quedado al pie del muro, incapaz de levantarse, 361 | nada 362 11 | inventados por poetas y que me narraba mi madre, por la noche, 363 27 | vasto, estaba absolutamente negro; y Sigisbert empujaba hacia 364 46 | las que realizan las más nobles acciones históricas. ~ 365 12 | detrás de la granja de Noirpré. Lo recuerdo todo tan claramente 366 7 | como cojean los lisiados normales, sino como un barco anclado. 367 | nos 368 8 | En cuanto yo llegaba, me obligaba a coger la estufilla y a 369 1 | antiguos recuerdos que nos obsesionan sin que podamos desprendernos 370 23 | Grabu, la subió, y fue a ocultarse entre el heno, para esperar 371 16 | aunque no me vieron, y oí a mi padre y mi madre conversar 372 29 | El maestro de escuela, al oír susurros, prosiguió:~ 373 7 | impulso para remontar una ola monstruosa, y después, de 374 15 | esconderme en un rincón oscuro, hundido en una inmensa 375 16 | no me vieron, y oí a mi padre y mi madre conversar con 376 48 | lloraba. Papá pronunció unas palabras que no entendí bien; y después 377 36 | su culpa voy a perder mi pan. Va usted a destrozar mi 378 48 | enmudecido. Mamá lloraba. Papá pronunció unas palabras 379 6 | parecían enteramente un par de bigotes colocados allí 380 7 | cintas flotaban a su espalda, parecía atravesar el horizonte, 381 13 | gafas brillaban junto a la pared, habiendo rodado lejos de 382 12 | un martes en que me había pasado toda la mañana escuchando 383 2 | terribles, que me asombra que no pase un día, ni un sólo día, 384 15 | corazón de niño. Bajé a pasitos cortos al salón y fui a 385 49 | oía un extraño ruido de pasos pesados y de choques en 386 6 | barbuda, o mejor dicho peluda, pues tenía barba en toda 387 6 | inesperada, que crecía en penachos inverosímiles, en mechones 388 35 | cobarde como hay muchos, perdió la cabeza y repetía, enfurecido 389 2 | puedo comprender cómo ha permanecido tan vivo y tenaz en mi mente. 390 | pero 391 11 | allí, o la historia del perro de Jean-Jean Pilas, que 392 20 | y nadie, salvo yo y otra persona que ya no está en la comarca, 393 49 | un extraño ruido de pasos pesados y de choques en la escalera. ~ 394 42 | joven se había quedado al pie del muro, incapaz de levantarse, 395 13 | mis camisas. Una de sus piernas, la larga sin duda, con 396 8 | con un estufilla bajo los pies. En cuanto yo llegaba, me 397 8 | acatarrase en aquella vasta pieza fría, situada bajo el tejado. ~ 398 11 | historia del perro de Jean-Jean Pilas, que había ido a recuperar 399 42 | porque había caído de dos pisos. Fui a buscarla con él. 400 1 | que nos obsesionan sin que podamos desprendernos de ellos! ~ 401 11 | dramas inolvidables, de poemas grandiosos y misteriosos; 402 11 | ingeniosos cuentos inventados por poetas y que me narraba mi madre, 403 11 | nunca qué animal había ido a ponerlo allí, o la historia del 404 5 | al cuarto de costura para ponerse al trabajo. ~ 405 | porque 406 11 | el sabor, la amplitud, la potencia de los relatos de la aldeana. ~ 407 23 | apareció el maestro de escuela, preguntando: ~ 408 15 | sabría expresar la emoción profunda, punzante, terrible, que 409 10 | parecían enormes, extrañamente profundos, dobles. ~ 410 48 | enmudecido. Mamá lloraba. Papá pronunció unas palabras que no entendí 411 11 | que adquirían en mi mente proporciones de dramas inolvidables, 412 11 | mañana, ante el molino de Prosper Malet, viendo cómo giraban 413 3 | antiguas mansiones de tejado puntiagudo, de las cuales dependen 414 15 | expresar la emoción profunda, punzante, terrible, que crispó mi 415 42 | aventura. La joven se había quedado al pie del muro, incapaz 416 18 | entonces se me quedó y se me quedará grabado en el alma hasta 417 18 | que dijo entonces se me quedó y se me quedará grabado 418 42 | desgarrado la carne. No se quejaba, y se limitaba a decir con 419 | quien 420 | Quién 421 | quienes 422 26 | Subí a descansar un rato en las gavillas, señor Grabu.~ 423 46 | mujer fue una heroína, de la raza de las que realizan las 424 47 | comprenderán ustedes por qué razón." ~ 425 46 | heroína, de la raza de las que realizan las más nobles acciones 426 39 | Venga usted a recogerme cuando él se haya marchado - 427 16 | con el médico, cuya voz reconocí. ~ 428 11 | Tenía, por lo que puedo recordar de las cosas que me decía 429 12 | la granja de Noirpré. Lo recuerdo todo tan claramente como 430 1 | extraños, esos antiguos recuerdos que nos obsesionan sin que 431 11 | Jean-Jean Pilas, que había ido a recuperar a diez leguas del pueblo 432 23 | Ella fingió regresar a casa, pero en lugar de 433 11 | amplitud, la potencia de los relatos de la aldeana. ~ 434 7 | semejaba tomar impulso para remontar una ola monstruosa, y después, 435 3 | semana, todos los martes, a repasar la ropa en casa de mis padres. 436 35 | muchos, perdió la cabeza y repetía, enfurecido de repente: ~ 437 27 | la desconcertada joven, repitiendo:~ 438 18 | Creo que incluso puedo reproducir casi exactamente los términos 439 42 | limitaba a decir con admirable resignación: ~ 440 25 | joven maestro, azarado, respondió estúpidamente: ~ 441 45 | vano, durante un mes, al responsable del accidente. ~ 442 38 | y luego, con voz baja y resuelta: ~ 443 23 | esperar a su enamorado. Él se reunió en seguida con ella, y empezaba 444 15 | y fui a esconderme en un rincón oscuro, hundido en una inmensa 445 6 | inverosímiles, en mechones rizados que parecían diseminados 446 11 | pueblo los calzones de su amo robados por un transeúnte mientras 447 13 | junto a la pared, habiendo rodado lejos de ella. ~ 448 49 | Y yo me quedé de rodillas en mi butaca, sollozando, 449 4 | una iglesia de ladrillos rojos ennegrecidos por el tiempo. ~ 450 19 | Fue mi primera cliente. Se rompió la pierna el día de mi llegada 451 42 | pierna derecha se había roto en tres sitios, y los huesos 452 49 | mientras oía un extraño ruido de pasos pesados y de choques 453 34 | Pronto voy a saberlo -prosiguió el viejo; y, 454 11 | por la noche, no tenían el sabor, la amplitud, la potencia 455 15 | No sabría expresar la emoción profunda, 456 23 | de bajar la escalera al salir de casa de los Grabu, la 457 15 | Bajé a pasitos cortos al salón y fui a esconderme en un 458 40 | Y saltó. ~ 459 20 | jamás la conté; y nadie, salvo yo y otra persona que ya 460 7 | asentaba sobre la pierna sana el gran cuerpo huesudo y 461 9 | Eso te hace circular la sangre -decía. ~ 462 11 | un transeúnte mientras se secaban frente a la puerta después 463 18 | Seguía hablando; y lo que dijo 464 23 | enamorado. Él se reunió en seguida con ella, y empezaba a galantearla 465 5 | Campanilla llegaba entre seis y media y siete de la mañana 466 3 | costurera que venía una vez a la semana, todos los martes, a repasar 467 7 | cuerpo huesudo y desviado, semejaba tomar impulso para remontar 468 8 | a coger la estufilla y a sentarme encima para que no me acatarrase 469 17 | por lo demás. Después se sentó, y aceptó una copa de licor 470 | ser 471 | si 472 | siempre 473 5 | llegaba entre seis y media y siete de la mañana y subía enseguida 474 3 | llamadas castillos y que son simplemente antiguas mansiones de tejado 475 2 | visto después tantas cosas siniestras, emocionantes o terribles, 476 | sino 477 22 | chiquilla, quien sin duda se sintió halagada por la elección 478 19 | el día de mi llegada y ni siquiera había tenido tiempo de lavarme 479 42 | derecha se había roto en tres sitios, y los huesos habían desgarrado 480 8 | aquella vasta pieza fría, situada bajo el tejado. ~ 481 49 | de rodillas en mi butaca, sollozando, mientras oía un extraño 482 30 | No está usted solo?~ 483 2 | que no pase un día, ni un sólo día, sin que la figura de 484 6 | toda la cara, una barba sorprendente, inesperada, que crecía 485 41 | nadie y volvió a bajar, muy sorprendido. ~ 486 26 | Subí a descansar un rato en las 487 23 | de casa de los Grabu, la subió, y fue a ocultarse entre 488 12 | Campanilla, quise volver a subir a su lado por la tarde, 489 47 | alma hermosa, ¡una abnegada sublime! Y si yo no la admirase 490 21 | y el esbelto talle de un suboficial. Todas las muchachas corrían 491 13 | con los brazos extendidos, sujetando aún la aguja en una mano 492 21 | director de la escuela, su superior, el señor Grabu, que no 493 20 | no está en la comarca, la supo nunca. Ahora que ha muerto, 494 29 | maestro de escuela, al oír susurros, prosiguió:~ 495 21 | hermoso rostro y el esbelto talle de un suboficial. Todas 496 | tantas 497 | tanto 498 12 | a subir a su lado por la tarde, después de haber ido con 499 | te 500 7 | despertaba la idea de una tempestad, de tanto como se balanceaba