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1 46 | No le ve usted, allá abajo, entre los árboles?~ 2 8 | años antes. Era una niña abandonada. Se la hubiera tomado por 3 29 | entorpecimiento se había abatido sobre todo. ~ 4 10 | taciturno, preocupado, ya no me abrazaba; y aunque casi no entraba 5 6 | cuyas puertas y ventanas se abren. ~ 6 52 | en los ojos, en la boca, abriendo con sus labios los labios 7 13 | bien, una noche, cuando acabábamos de cenar, Hervé, que parecía 8 15 | con singular obstinación, acabé respondiendo:~ 9 32 | inmóvil, ningún soplo la acariciaba; pero por el agua corrían 10 | acaso 11 9 | que mi marido cambiaba de actitud conmigo. ~ 12 8 | guarda, una especie de bruto adicto a mi marido hasta la muerte, 13 18 | Pero mi marido de repente adoptó un aire extrañamente nervioso; 14 51 | Paquita, mi criada, que, aferrada a él como un gato furioso, 15 32 | sensibles. A veces un punto se agitaba en la superficie, y de allí 16 18 | durante toda la velada estuvo agitado, levantándose y volviéndose 17 32 | arrugas luminosas, que se agrandaban sin fin. ~ 18 25 | Después, tras unos segundos, agregó con singular tono: ~ 19 32 | acariciaba; pero por el agua corrían movimientos apenas 20 49 | Lancé agudos clamores, espantada, asaltada 21 13 | Ahora bien, una noche, cuando 22 26 | Puede usted alabarse de su sangre fría!~ 23 51 | Me alcé bruscamente y vi, de rodillas 24 13 | Hervé, que parecía muy alegre, contra su costumbre, con 25 13 | contra su costumbre, con una alegría socarrona, me preguntó: ~ 26 10 | llegaban hasta mi puerta y se alejaban tras unos minutos. ~ 27 | allá 28 | allí 29 2 | era para mí la vida del alma, como el aire es la vida 30 50 | perdida; iba a matarme; y ya alzaba sobre mi frente su tacón, 31 49 | Fui derribada, y después alzada en sus robustos brazos. 32 2 | He sido muy amada, usted lo sabe; y a menudo 33 54 | sospeché de ti y he matado al amante de esta muchacha; mi guarda 34 52 | profunda caricia de los amantes. ~ 35 2 | pretenden con frecuencia no amar sino una sola vez con todo 36 29 | luna llena parecía teñir de amarillo el viejo edificio oscuro 37 2 | usted lo sabe; y a menudo amé yo también. Era muy hermosa; 38 8 | Teníamos, amén de nuestros criados normales, 39 8 | y una doncella, casi una amiga, locamente ligada a mí. 40 45 | Creo que empezaba a amodorrarse cuando mi marido me apretó 41 7 | las blancas barbas de los ancianos. El parque, un verdadero 42 5 | Estaba casada desde hacía un año, con un hombre rico, el 43 | ante 44 6 | las habían recibido de sus antepasados. No vacilaba jamás, daba 45 47 | treinta pasos de nosotros, apareció a plena luz un hombre que 46 8 | entonces dieciséis años, pero aparentaba veinte. ~ 47 32 | agua corrían movimientos apenas sensibles. A veces un punto 48 45 | amodorrarse cuando mi marido me apretó el brazo; y su voz silbante, 49 47 | nada. Y lentamente Hervé apuntó, mientras me miraba fijamente 50 | aquellos 51 33 | dejó pasar delante, después armó lentamente su escopeta y 52 51 | crispada, enloquecida, le arrancaba la barba, el bigote y la 53 52 | otra idea, se levantó y, arrojándose sobre el cadáver, lo estrechó 54 49 | tendido sobre la hierba, y me arrojó sobre él, violentamente, 55 7 | los dos, a orillas de un arroyo que los unía, mi marido 56 32 | leves círculos, semejantes a arrugas luminosas, que se agrandaban 57 30 | los árboles del parque me asaltó su frescura, y un olor a 58 | así 59 49 | furiosa, la de Hervé, me asió por la garganta. Fui derribada, 60 4 | el terrible drama al cual asistí muy a mi pesar. ~ 61 6 | y todo un gran señor de aspecto. Pero carecía de inteligencia. 62 6 | espíritu como el viento que atraviesa una casa cuyas puertas y 63 48 | llama, una detonación me aturdió, y vi al hombre rodar por 64 | aún 65 47 | plena luz un hombre que avanzaba a pasos rápidos, con el 66 3 | contaré hoy la primera de mis aventuras, en la que yo fui muy inocente, 67 | bajo 68 51 | enloquecida, le arrancaba la barba, el bigote y la piel del 69 7 | hacía pensar en las blancas barbas de los ancianos. El parque, 70 9 | me fijé en un joven, el barón de C..., cuyas visitas al 71 34 | Es, acaso, que ya le basta a usted con esta prueba? 72 24 | Oh!, sólo con posta, bastará, puede estar segura.~ 73 5 | sancionado por la ley, bendecido por el sacerdote, ¿es amor? 74 52 | estrechó entre sus brazos, besándolo en los ojos, en la boca, 75 55 | parte, miraba los extraños besos de aquel muerto y aquella 76 13 | Ahora bien, una noche, cuando acabábamos 77 51 | le arrancaba la barba, el bigote y la piel del rostro. ~ 78 7 | musgo hacía pensar en las blancas barbas de los ancianos. 79 31 | Pronto llegamos al borde de los estanques. ~ 80 45 | cuando mi marido me apretó el brazo; y su voz silbante, cambiada, 81 5 | conde Hervé de Ker..., un bretón de vieja cepa al cual, por 82 36 | regresar. ¿Está usted de broma esta noche?~ 83 8 | un guarda, una especie de bruto adicto a mi marido hasta 84 52 | labios los labios muertos, buscando en ellos un hálito, y la 85 9 | en un joven, el barón de C..., cuyas visitas al castillo 86 32 | Su cabellera de juncos permanecía inmóvil, 87 8 | sus ojos oscuros, de sus cabellos profundos como un bosque 88 40 | Al cabo de una media hora, como 89 52 | y, arrojándose sobre el cadáver, lo estrechó entre sus brazos, 90 30 | frescura, y un olor a hojas caídas. Mi marido no decía nada, 91 9 | cuenta de que mi marido cambiaba de actitud conmigo. ~ 92 45 | brazo; y su voz silbante, cambiada, pronunció: ~ 93 7 | grandes estanques llenos de cañas y de hierbas flotantes. 94 6 | gran señor de aspecto. Pero carecía de inteligencia. Hablaba 95 22 | Hay que cargar con bala o con posta?~ 96 52 | un hálito, y la profunda caricia de los amantes. ~ 97 5 | Estaba casada desde hacía un año, con 98 8 | tomado por una gitana a causa de su tez morena, de sus 99 53 | la miraba. Comprendió y, cayendo a mis pies: ~ 100 30 | cabeza por la pasión de la caza. ~ 101 17 | Tengo que decirle que yo cazaba como un hombre lobos y jabalíes. 102 9 | Comenzaba el otoño. Cazábamos mucho, unas veces en las 103 13 | noche, cuando acabábamos de cenar, Hervé, que parecía muy 104 5 | Ker..., un bretón de vieja cepa al cual, por supuesto, no 105 6 | que aquella cabeza estaba cerrada, que por ella no circulaban 106 33 | lentamente su escopeta y el chasquido seco de las piezas me produjo 107 29 | flanqueaban ostentaban en su cima dos placas de luz, y ningún 108 8 | la había traído de España cinco años antes. Era una niña 109 6 | cerrada, que por ella no circulaban ideas, esas ideas que renuevan 110 32 | y de allí partían leves círculos, semejantes a arrugas luminosas, 111 49 | Lancé agudos clamores, espantada, asaltada por 112 16 | Claro que sí, amigo mío.~ 113 2 | sin un pensamiento siempre clavado en mí. Las mujeres pretenden 114 9 | Comenzaba el otoño. Cazábamos mucho, 115 14 | que viene por las noches a comerse mis gallinas?~ 116 6 | el menor embarazo y sin comprender que pudieran existir otros 117 56 | Y en ese momento comprendí que le sería infiel a mi 118 53 | marido, en pie, la miraba. Comprendió y, cayendo a mis pies: ~ 119 5 | con un hombre rico, el conde Hervé de Ker..., un bretón 120 1 | puedo, pues, libremente confesarme con usted. Prométame sólo 121 | conmigo 122 17 | hombre lobos y jabalíes. Conque era muy natural que me propusiera 123 7 | mi marido había mandado construir una pequeña choza para tirar 124 8 | encrespados en torno a la frente. Contaba entonces dieciséis años, 125 3 | Le contaré hoy la primera de mis aventuras, 126 | contra 127 2 | con todo el poder de su corazón; con frecuencia me ocurrió 128 32 | acariciaba; pero por el agua corrían movimientos apenas sensibles. 129 49 | en sus robustos brazos. Corrió, llevándome en vilo, hacia 130 6 | terminante, emitía opiniones cortantes como cuchillos. Se le notaba 131 13 | parecía muy alegre, contra su costumbre, con una alegría socarrona, 132 11 | la planta baja, a menudo creí también oír merodeos en 133 51 | sobre él, a Paquita, mi criada, que, aferrada a él como 134 8 | Teníamos, amén de nuestros criados normales, un guarda, una 135 51 | él como un gato furioso, crispada, enloquecida, le arrancaba 136 6 | opiniones cortantes como cuchillos. Se le notaba una mente 137 9 | pensé más en él; pero me di cuenta de que mi marido cambiaba 138 1 | me ha pedido usted que le cuente los recuerdos más vivos 139 6 | antepasados. No vacilaba jamás, daba sobre todo una opinión inmediata 140 33 | llegamos a la choza donde debíamos emboscarnos, mi marido me 141 30 | hojas caídas. Mi marido no decía nada, pero escuchaba, espiaba, 142 17 | Tengo que decirle que yo cazaba como un hombre 143 2 | Era muy hermosa; puedo decirlo hoy, cuando ya nada queda. 144 33 | mi marido me dejó pasar delante, después armó lentamente 145 49 | asió por la garganta. Fui derribada, y después alzada en sus 146 50 | a su vez fue sujetado y derribado, sin que yo hubiese entendido 147 | desde 148 55 | sus sobresaltos de amor desesperado. ~ 149 7 | encontraba en plena región desierta. Era un gran edificio triste, 150 1 | Prométame sólo que jamás desvelará mi nombre. ~ 151 3 | fui muy inocente, aunque determinó las otras. ~ 152 48 | ojos pasó una llama, una detonación me aturdió, y vi al hombre 153 9 | pensé más en él; pero me di cuenta de que mi marido 154 8 | frente. Contaba entonces dieciséis años, pero aparentaba veinte. ~ 155 19 | Hacía las diez me dijo de pronto: ~ 156 19 | Hacía las diez me dijo de pronto: ~ 157 47 | misma estaba preparada para disparar, cuando de pronto, a treinta 158 47 | mucho que miraba, yo no distinguía nada. Y lentamente Hervé 159 8 | marido hasta la muerte, y una doncella, casi una amiga, locamente 160 29 | del parque. Toda la casa dormía. La luna llena parecía teñir 161 10 | aunque casi no entraba en mi dormitorio, que yo había exigido separado 162 4 | ha recordado el terrible drama al cual asistí muy a mi 163 29 | aquella noche clara y triste, dulce y pesada, que parecía muerta. 164 27 | Me eché a reír:~ 165 33 | piezas me produjo un extraño efecto. Me sintió temblar y me 166 6 | era de elevada estatura, elegante y todo un gran señor de 167 6 | Mi marido era de elevada estatura, elegante y todo 168 | ellos 169 6 | y limitada, sin el menor embarazo y sin comprender que pudieran 170 2 | transportes finalizasen. Y sin embargo se extinguían siempre de 171 33 | la choza donde debíamos emboscarnos, mi marido me dejó pasar 172 6 | Hablaba de un modo terminante, emitía opiniones cortantes como 173 45 | Creo que empezaba a amodorrarse cuando mi 174 7 | castillo donde vivíamos se encontraba en plena región desierta. 175 8 | como un bosque y siempre encrespados en torno a la frente. Contaba 176 54 | muchacha; mi guarda me ha engañado.~ 177 51 | gato furioso, crispada, enloquecida, le arrancaba la barba, 178 7 | un gran edificio triste, enmarcado por árboles enormes cuyo 179 7 | triste, enmarcado por árboles enormes cuyo musgo hacía pensar 180 50 | derribado, sin que yo hubiese entendido aún lo que estaba ocurriendo. ~ 181 29 | gemido de lechuza; un lúgubre entorpecimiento se había abatido sobre todo. ~ 182 10 | abrazaba; y aunque casi no entraba en mi dormitorio, que yo 183 | esas 184 30 | marido no decía nada, pero escuchaba, espiaba, parecía olfatear 185 43 | Estoy seguro, escuche.~ 186 | eso 187 | esos 188 8 | mí. Yo la había traído de España cinco años antes. Era una 189 49 | Lancé agudos clamores, espantada, asaltada por la locura; 190 4 | horrible venganza de ese espantoso farmacéutico de Le Pecq 191 8 | normales, un guarda, una especie de bruto adicto a mi marido 192 30 | decía nada, pero escuchaba, espiaba, parecía olfatear en las 193 6 | que renuevan y sanean un espíritu como el viento que atraviesa 194 | estar 195 6 | Mi marido era de elevada estatura, elegante y todo un gran 196 43 | Estoy seguro, escuche.~ 197 52 | arrojándose sobre el cadáver, lo estrechó entre sus brazos, besándolo 198 48 | Me quedé tan estupefacta que lancé un violento grito; 199 30 | Cuando estuvimos bajo los árboles del parque 200 18 | y durante toda la velada estuvo agitado, levantándose y 201 15 | vacilaba; pero como él me examinaba con singular obstinación, 202 10 | dormitorio, que yo había exigido separado del suyo con el 203 1 | recuerdos más vivos de mi existencia. Soy muy vieja, sin parientes, 204 2 | finalizasen. Y sin embargo se extinguían siempre de una forma natural, 205 18 | de repente adoptó un aire extrañamente nervioso; y durante toda 206 33 | las piezas me produjo un extraño efecto. Me sintió temblar 207 55 | por mi parte, miraba los extraños besos de aquel muerto y 208 2 | forma natural, como un fuego falto de leña. ~ 209 4 | venganza de ese espantoso farmacéutico de Le Pecq me ha recordado 210 18 | levantándose y volviéndose a sentar febrilmente. ~ 211 9 | otras en la nuestra; y yo me fijé en un joven, el barón de 212 7 | llaman salto de lobo; y al final, del lado del páramo, teníamos 213 2 | que aquellos transportes finalizasen. Y sin embargo se extinguían 214 29 | Las dos torrecillas que lo flanqueaban ostentaban en su cima dos 215 7 | llenos de cañas y de hierbas flotantes. Entre los dos, a orillas 216 2 | extinguían siempre de una forma natural, como un fuego falto 217 7 | rodeado por un profundo foso de esos que llaman salto 218 9 | se volvían singularmente frecuentes. Después dejó de venir, 219 30 | del parque me asaltó su frescura, y un olor a hojas caídas. 220 50 | su tacón, cuando a su vez fue sujetado y derribado, sin 221 2 | una forma natural, como un fuego falto de leña. ~ 222 49 | locura; y entonces una mano furiosa, la de Hervé, me asió por 223 51 | aferrada a él como un gato furioso, crispada, enloquecida, 224 10 | oía, de noche, unos pasos furtivos que llegaban hasta mi puerta 225 14 | las noches a comerse mis gallinas?~ 226 49 | de Hervé, me asió por la garganta. Fui derribada, y después 227 51 | que, aferrada a él como un gato furioso, crispada, enloquecida, 228 29 | grito de un sapo, ni un gemido de lechuza; un lúgubre entorpecimiento 229 8 | la hubiera tomado por una gitana a causa de su tez morena, 230 7 | del páramo, teníamos dos grandes estanques llenos de cañas 231 14 | Le gustaría a usted pasar tres horas 232 6 | padres que a su vez las habían recibido de sus antepasados. 233 6 | carecía de inteligencia. Hablaba de un modo terminante, emitía 234 | hacer 235 | hacia 236 52 | muertos, buscando en ellos un hálito, y la profunda caricia de 237 | Hay 238 29 | Y henos aquí en marcha, sin hacer 239 2 | amé yo también. Era muy hermosa; puedo decirlo hoy, cuando 240 49 | cuerpo tendido sobre la hierba, y me arrojó sobre él, violentamente, 241 7 | estanques llenos de cañas y de hierbas flotantes. Entre los dos, 242 1 | vieja, sin parientes, sin hijos; puedo, pues, libremente 243 30 | su frescura, y un olor a hojas caídas. Mi marido no decía 244 40 | Al cabo de una media hora, como nada turbaba la pesada 245 14 | gustaría a usted pasar tres horas al acecho para matar un 246 4 | La horrible venganza de ese espantoso 247 50 | y derribado, sin que yo hubiese entendido aún lo que estaba 248 47 | inclinado, como si viniera huyendo. ~ 249 50 | Me sentí perdida; iba a matarme; y ya alzaba sobre 250 52 | asaltada bruscamente por otra idea, se levantó y, arrojándose 251 2 | violentamente que me parecía imposible que aquellos transportes 252 5 | al mismo tiempo. El amor impuesto, sancionado por la ley, 253 47 | pasos rápidos, con el cuerpo inclinado, como si viniera huyendo. ~ 254 56 | momento comprendí que le sería infiel a mi marido.~FIN~ 255 6 | de ideas preconcebidas, infundidas en él por sus padres que 256 6 | daba sobre todo una opinión inmediata y limitada, sin el menor 257 32 | cabellera de juncos permanecía inmóvil, ningún soplo la acariciaba; 258 39 | Y permanecimos inmóviles. ~ 259 3 | aventuras, en la que yo fui muy inocente, aunque determinó las otras. ~ 260 6 | aspecto. Pero carecía de inteligencia. Hablaba de un modo terminante, 261 28 | Por qué? ¡Sangre fría para ir a matar un zorro! Pero, ¡ 262 17 | cazaba como un hombre lobos y jabalíes. Conque era muy natural 263 9 | nuestra; y yo me fijé en un joven, el barón de C..., cuyas 264 32 | Su cabellera de juncos permanecía inmóvil, ningún 265 5 | rico, el conde Hervé de Ker..., un bretón de vieja cepa 266 7 | de lobo; y al final, del lado del páramo, teníamos dos 267 29 | un sapo, ni un gemido de lechuza; un lúgubre entorpecimiento 268 5 | sacerdote, ¿es amor? Un beso legal nunca vale lo que un beso 269 2 | como un fuego falto de leña. ~ 270 18 | la velada estuvo agitado, levantándose y volviéndose a sentar febrilmente. ~ 271 21 | Me levanté. Y cuando él me trajo mi 272 52 | bruscamente por otra idea, se levantó y, arrojándose sobre el 273 32 | superficie, y de allí partían leves círculos, semejantes a arrugas 274 5 | impuesto, sancionado por la ley, bendecido por el sacerdote, ¿ 275 5 | por lo menos así lo creo, libertad y obstáculos al mismo tiempo. 276 1 | sin hijos; puedo, pues, libremente confesarme con usted. Prométame 277 8 | casi una amiga, locamente ligada a mí. Yo la había traído 278 6 | una opinión inmediata y limitada, sin el menor embarazo y 279 48 | ante mis ojos pasó una llama, una detonación me aturdió, 280 7 | profundo foso de esos que llaman salto de lobo; y al final, 281 10 | unos pasos furtivos que llegaban hasta mi puerta y se alejaban 282 7 | teníamos dos grandes estanques llenos de cañas y de hierbas flotantes. 283 49 | robustos brazos. Corrió, llevándome en vilo, hacia el cuerpo 284 17 | yo cazaba como un hombre lobos y jabalíes. Conque era muy 285 8 | doncella, casi una amiga, locamente ligada a mí. Yo la había 286 49 | espantada, asaltada por la locura; y entonces una mano furiosa, 287 29 | un gemido de lechuza; un lúgubre entorpecimiento se había 288 32 | círculos, semejantes a arrugas luminosas, que se agrandaban sin fin. ~ 289 29 | Toda la casa dormía. La luna llena parecía teñir de amarillo 290 7 | los unía, mi marido había mandado construir una pequeña choza 291 49 | la locura; y entonces una mano furiosa, la de Hervé, me 292 29 | Y henos aquí en marcha, sin hacer ruido, a través 293 34 | usted con esta prueba? Pues márchese.~ 294 54 | mía; sospeché de ti y he matado al amante de esta muchacha; 295 50 | Me sentí perdida; iba a matarme; y ya alzaba sobre mi frente 296 40 | Al cabo de una media hora, como nada turbaba 297 | menos 298 6 | cuchillos. Se le notaba una mente llena de ideas preconcebidas, 299 11 | menudo creí también oír merodeos en la sombra, en torno al 300 | mía 301 | mientras 302 10 | y se alejaban tras unos minutos. ~ 303 11 | dije a mi marido, que me miró fijamente durante unos segundos 304 | misma 305 | mismo 306 6 | inteligencia. Hablaba de un modo terminante, emitía opiniones 307 6 | que pudieran existir otros modos de ver. Se notaba que aquella 308 56 | Y en ese momento comprendí que le sería infiel 309 42 | sacudida, como si lo hubiera mordido, y, con la boca pegada a 310 8 | gitana a causa de su tez morena, de sus ojos oscuros, de 311 2 | cuerpo. Hubiera preferido morir a existir sin ternura, sin 312 32 | pero por el agua corrían movimientos apenas sensibles. A veces 313 54 | matado al amante de esta muchacha; mi guarda me ha engañado.~ 314 29 | dulce y pesada, que parecía muerta. Ni el menor soplo de aire, 315 8 | adicto a mi marido hasta la muerte, y una doncella, casi una 316 55 | extraños besos de aquel muerto y aquella viviente; y los 317 52 | con sus labios los labios muertos, buscando en ellos un hálito, 318 2 | siempre clavado en mí. Las mujeres pretenden con frecuencia 319 37 | Murmuró:~ 320 7 | por árboles enormes cuyo musgo hacía pensar en las blancas 321 5 | El amor, el verdadero, necesita, o por lo menos así lo creo, 322 18 | adoptó un aire extrañamente nervioso; y durante toda la velada 323 8 | cinco años antes. Era una niña abandonada. Se la hubiera 324 14 | zorro que viene por las noches a comerse mis gallinas?~ 325 1 | sólo que jamás desvelará mi nombre. ~ 326 8 | amén de nuestros criados normales, un guarda, una especie 327 | nosotros 328 | nuestra 329 | nuestros 330 | nunca 331 5 | así lo creo, libertad y obstáculos al mismo tiempo. El amor 332 15 | me examinaba con singular obstinación, acabé respondiendo:~ 333 50 | entendido aún lo que estaba ocurriendo. ~ 334 2 | corazón; con frecuencia me ocurrió que amaba tan violentamente 335 10 | vivir un poco sola, a menudo oía, de noche, unos pasos furtivos 336 42 | con la boca pegada a mi oído:~ 337 11 | baja, a menudo creí también oír merodeos en la sombra, en 338 30 | escuchaba, espiaba, parecía olfatear en las sombras, poseído 339 30 | asaltó su frescura, y un olor a hojas caídas. Mi marido 340 6 | jamás, daba sobre todo una opinión inmediata y limitada, sin 341 6 | modo terminante, emitía opiniones cortantes como cuchillos. 342 7 | flotantes. Entre los dos, a orillas de un arroyo que los unía, 343 29 | amarillo el viejo edificio oscuro cuyo tejado de pizarra relucía. 344 8 | tez morena, de sus ojos oscuros, de sus cabellos profundos 345 29 | torrecillas que lo flanqueaban ostentaban en su cima dos placas de 346 | otra 347 | otros 348 6 | infundidas en él por sus padres que a su vez las habían 349 51 | de rodillas sobre él, a Paquita, mi criada, que, aferrada 350 7 | y al final, del lado del páramo, teníamos dos grandes estanques 351 23 | Pareció sorprendido, y después prosiguió:~ 352 1 | existencia. Soy muy vieja, sin parientes, sin hijos; puedo, pues, 353 55 | Yo, por mi parte, miraba los extraños besos 354 32 | la superficie, y de allí partían leves círculos, semejantes 355 41 | Está usted seguro de que pasa por aquí?~ 356 30 | de pies a cabeza por la pasión de la caza. ~ 357 48 | volverme, ante mis ojos pasó una llama, una detonación 358 7 | choza para tirar sobre los patos salvajes. ~ 359 4 | espantoso farmacéutico de Le Pecq me ha recordado el terrible 360 1 | Amigo mío, me ha pedido usted que le cuente los 361 42 | mordido, y, con la boca pegada a mi oído:~ 362 2 | existir sin ternura, sin un pensamiento siempre clavado en mí. Las 363 7 | enormes cuyo musgo hacía pensar en las blancas barbas de 364 9 | Después dejó de venir, y no pensé más en él; pero me di cuenta 365 7 | había mandado construir una pequeña choza para tirar sobre los 366 50 | Me sentí perdida; iba a matarme; y ya alzaba 367 54 | Oh! perdón, querida mía; sospeché de 368 32 | Su cabellera de juncos permanecía inmóvil, ningún soplo la 369 39 | Y permanecimos inmóviles. ~ 370 4 | al cual asistí muy a mi pesar. ~ 371 53 | Mi marido, en pie, la miraba. Comprendió y, 372 51 | la barba, el bigote y la piel del rostro. ~ 373 33 | el chasquido seco de las piezas me produjo un extraño efecto. 374 29 | edificio oscuro cuyo tejado de pizarra relucía. Las dos torrecillas 375 29 | ostentaban en su cima dos placas de luz, y ningún ruido turbaba 376 11 | mi ventana estaba en la planta baja, a menudo creí también 377 | poco 378 2 | una sola vez con todo el poder de su corazón; con frecuencia 379 30 | olfatear en las sombras, poseído de pies a cabeza por la 380 6 | una mente llena de ideas preconcebidas, infundidas en él por sus 381 2 | vida del cuerpo. Hubiera preferido morir a existir sin ternura, 382 21 | él me trajo mi escopeta, pregunté: ~ 383 10 | Parecía taciturno, preocupado, ya no me abrazaba; y aunque 384 2 | clavado en mí. Las mujeres pretenden con frecuencia no amar sino 385 3 | Le contaré hoy la primera de mis aventuras, en la 386 33 | chasquido seco de las piezas me produjo un extraño efecto. Me sintió 387 52 | en ellos un hálito, y la profunda caricia de los amantes. ~ 388 7 | bosque, estaba rodeado por un profundo foso de esos que llaman 389 8 | oscuros, de sus cabellos profundos como un bosque y siempre 390 1 | libremente confesarme con usted. Prométame sólo que jamás desvelará 391 45 | voz silbante, cambiada, pronunció: ~ 392 9 | mucho, unas veces en las propiedades de los vecinos, otras en 393 17 | Conque era muy natural que me propusiera aquel acecho. ~ 394 23 | Pareció sorprendido, y después prosiguió:~ 395 34 | le basta a usted con esta prueba? Pues márchese.~ 396 48 | grito; pero antes de que pudiera volverme, ante mis ojos 397 6 | embarazo y sin comprender que pudieran existir otros modos de ver. 398 10 | furtivos que llegaban hasta mi puerta y se alejaban tras unos 399 6 | atraviesa una casa cuyas puertas y ventanas se abren. ~ 400 32 | apenas sensibles. A veces un punto se agitaba en la superficie, 401 2 | decirlo hoy, cuando ya nada queda. El amor era para mí la 402 54 | Oh! perdón, querida mía; sospeché de ti y he 403 49 | violentamente, como si hubiera querido romperme la cabeza. ~ 404 38 | Como usted quiera.~ 405 47 | hombre que avanzaba a pasos rápidos, con el cuerpo inclinado, 406 48 | el suelo como un lobo que recibe una bala.~ 407 6 | que a su vez las habían recibido de sus antepasados. No vacilaba 408 4 | farmacéutico de Le Pecq me ha recordado el terrible drama al cual 409 1 | usted que le cuente los recuerdos más vivos de mi existencia. 410 7 | vivíamos se encontraba en plena región desierta. Era un gran edificio 411 36 | de eso, no he venido para regresar. ¿Está usted de broma esta 412 44 | Y volvió a reinar el silencio. ~ 413 27 | Me eché a reír:~ 414 29 | oscuro cuyo tejado de pizarra relucía. Las dos torrecillas que 415 6 | circulaban ideas, esas ideas que renuevan y sanean un espíritu como 416 18 | Pero mi marido de repente adoptó un aire extrañamente 417 35 | Respondí, muy sorprendida:~ 418 15 | singular obstinación, acabé respondiendo:~ 419 11 | unos segundos y después respondió: ~ 420 5 | hacía un año, con un hombre rico, el conde Hervé de Ker..., 421 5 | nunca vale lo que un beso robado. ~ 422 49 | y después alzada en sus robustos brazos. Corrió, llevándome 423 48 | aturdió, y vi al hombre rodar por el suelo como un lobo 424 7 | verdadero bosque, estaba rodeado por un profundo foso de 425 51 | alcé bruscamente y vi, de rodillas sobre él, a Paquita, mi 426 49 | como si hubiera querido romperme la cabeza. ~ 427 51 | el bigote y la piel del rostro. ~ 428 2 | sido muy amada, usted lo sabe; y a menudo amé yo también. 429 5 | la ley, bendecido por el sacerdote, ¿es amor? Un beso legal 430 42 | Hervé tuvo una sacudida, como si lo hubiera mordido, 431 7 | foso de esos que llaman salto de lobo; y al final, del 432 7 | para tirar sobre los patos salvajes. ~ 433 5 | tiempo. El amor impuesto, sancionado por la ley, bendecido por 434 6 | esas ideas que renuevan y sanean un espíritu como el viento 435 29 | aire, ni un grito de un sapo, ni un gemido de lechuza; 436 33 | escopeta y el chasquido seco de las piezas me produjo 437 24 | posta, bastará, puede estar segura.~ 438 32 | partían leves círculos, semejantes a arrugas luminosas, que 439 6 | elegante y todo un gran señor de aspecto. Pero carecía 440 32 | corrían movimientos apenas sensibles. A veces un punto se agitaba 441 18 | levantándose y volviéndose a sentar febrilmente. ~ 442 50 | Me sentí perdida; iba a matarme; 443 10 | dormitorio, que yo había exigido separado del suyo con el fin de vivir 444 56 | momento comprendí que le sería infiel a mi marido.~FIN~ 445 | 446 2 | He sido muy amada, usted lo sabe; 447 45 | apretó el brazo; y su voz silbante, cambiada, pronunció: ~ 448 9 | visitas al castillo se volvían singularmente frecuentes. Después dejó 449 | sino 450 33 | produjo un extraño efecto. Me sintió temblar y me preguntó:~ 451 55 | sollozos de ella, y sus sobresaltos de amor desesperado. ~ 452 13 | costumbre, con una alegría socarrona, me preguntó: ~ 453 55 | aquella viviente; y los sollozos de ella, y sus sobresaltos 454 11 | también oír merodeos en la sombra, en torno al castillo. Se 455 30 | parecía olfatear en las sombras, poseído de pies a cabeza 456 23 | Pareció sorprendido, y después prosiguió:~ 457 54 | Oh! perdón, querida mía; sospeché de ti y he matado al amante 458 1 | vivos de mi existencia. Soy muy vieja, sin parientes, 459 48 | vi al hombre rodar por el suelo como un lobo que recibe 460 50 | tacón, cuando a su vez fue sujetado y derribado, sin que yo 461 32 | un punto se agitaba en la superficie, y de allí partían leves 462 5 | vieja cepa al cual, por supuesto, no amaba. El amor, el verdadero, 463 | suyo 464 10 | Parecía taciturno, preocupado, ya no me abrazaba; 465 50 | alzaba sobre mi frente su tacón, cuando a su vez fue sujetado 466 29 | viejo edificio oscuro cuyo tejado de pizarra relucía. Las 467 33 | extraño efecto. Me sintió temblar y me preguntó:~ 468 49 | en vilo, hacia el cuerpo tendido sobre la hierba, y me arrojó 469 17 | Tengo que decirle que yo cazaba 470 29 | dormía. La luna llena parecía teñir de amarillo el viejo edificio 471 6 | inteligencia. Hablaba de un modo terminante, emitía opiniones cortantes 472 2 | preferido morir a existir sin ternura, sin un pensamiento siempre 473 4 | Pecq me ha recordado el terrible drama al cual asistí muy 474 [Título]| Texto~ ~ 475 8 | una gitana a causa de su tez morena, de sus ojos oscuros, 476 | ti 477 5 | libertad y obstáculos al mismo tiempo. El amor impuesto, sancionado 478 28 | zorro! Pero, ¡qué ideas tiene usted, amigo mío! ~ 479 7 | construir una pequeña choza para tirar sobre los patos salvajes. ~ 480 8 | abandonada. Se la hubiera tomado por una gitana a causa de 481 25 | segundos, agregó con singular tono: ~ 482 29 | pizarra relucía. Las dos torrecillas que lo flanqueaban ostentaban 483 8 | ligada a mí. Yo la había traído de España cinco años antes. 484 21 | levanté. Y cuando él me trajo mi escopeta, pregunté: ~ 485 40 | turbaba la pesada y clara tranquilidad de aquella noche de otoño, 486 2 | parecía imposible que aquellos transportes finalizasen. Y sin embargo 487 29 | marcha, sin hacer ruido, a través del parque. Toda la casa 488 47 | disparar, cuando de pronto, a treinta pasos de nosotros, apareció 489 14 | Le gustaría a usted pasar tres horas al acecho para matar 490 42 | Hervé tuvo una sacudida, como si lo 491 | unas 492 7 | orillas de un arroyo que los unía, mi marido había mandado 493 5 | amor? Un beso legal nunca vale lo que un beso robado. ~ 494 46 | No le ve usted, allá abajo, entre 495 9 | en las propiedades de los vecinos, otras en la nuestra; y 496 8 | dieciséis años, pero aparentaba veinte. ~ 497 18 | nervioso; y durante toda la velada estuvo agitado, levantándose 498 4 | La horrible venganza de ese espantoso farmacéutico 499 36 | Nada de eso, no he venido para regresar. ¿Está usted 500 9 | frecuentes. Después dejó de venir, y no pensé más en él; pero 501 11 | Como mi ventana estaba en la planta baja, 502 6 | una casa cuyas puertas y ventanas se abren. ~ 503 6 | pudieran existir otros modos de ver. Se notaba que aquella cabeza 504 29 | parecía teñir de amarillo el viejo edificio oscuro cuyo tejado 505 14 | para matar un zorro que viene por las noches a comerse 506 6 | sanean un espíritu como el viento que atraviesa una casa cuyas 507 49 | brazos. Corrió, llevándome en vilo, hacia el cuerpo tendido 508 47 | cuerpo inclinado, como si viniera huyendo. ~ 509 48 | estupefacta que lancé un violento grito; pero antes de que 510 9 | el barón de C..., cuyas visitas al castillo se volvían singularmente 511 7 | El castillo donde vivíamos se encontraba en plena región 512 55 | de aquel muerto y aquella viviente; y los sollozos de ella, 513 10 | separado del suyo con el fin de vivir un poco sola, a menudo oía, 514 1 | cuente los recuerdos más vivos de mi existencia. Soy muy 515 48 | pero antes de que pudiera volverme, ante mis ojos pasó una 516 9 | cuyas visitas al castillo se volvían singularmente frecuentes. 517 18 | agitado, levantándose y volviéndose a sentar febrilmente. ~ 518 44 | Y volvió a reinar el silencio. ~
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