Pár.

1     3|  mía; y todos los sábados oía, sin perderme detalle, el
2     3| balcón de madera, y yo la oía decir sollozando muy bajito: «¡
3    10|                        Yo oía los pies desnudos de la
4    16|    Al cabo de un rato, yo oía el dinero rodar por el suelo
5    19|   abrían las ventanas. Se oía decir: «¡Es Arthur! ¡Es
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