1873-trist | triun-yerno
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1 28 | pasaje.~FIN~Contes du lundi 1873~ ~ 2 7 | alta sus tristezas con ese abandono tan propio del pueblo que 3 9 | Abre, soy yo...~ 4 23 | tema, Arthur, irritado, abría la puerta, se arrojaba sobre 5 7 | cuando yo creía que había acabado todo, alguien tosía cerca 6 7 | Al final se cansaba de acechar algunos pasos retrasados, 7 7 | creyéndose sola, permanecía acodada allí, concentrada en una 8 8 | de las veces hacía que lo acompañaran, arrastraba a algún compañero 9 3 | vez que los chiquillos se acostaban, que el gallinero se dormía, 10 19 | vivía en la casa de al lado, acudía en ayuda de su hija; pero 11 24 | la víspera, lo miraba con admiración y no era la única.~ 12 24 | clases nocturnas. Al hablar adoptaba una voz blanca, empalagosa, 13 16 | Sin responder, ella lo agarraba con toda su indignación, 14 3 | pasaba, su voz cambiaba, se aguantaba las lágrimas, se ponía nerviosa. 15 | ahí 16 27 | Arthur que sólo esperaban alcanzar la edad de su padre para 17 | algún 18 | algunas 19 | allá 20 7 | vida en la calle. Pagar el alquiler con retraso, los proveedores 21 1 | cortinas de seda clara y sus altos espejos sin azogue, donde 22 24 | charlaban. Arthur se hacía el amable y el inteligente: habríase 23 1 | estremecen los porches, pianos amortiguados, violines de Mabille, un 24 1 | finalmente, dos o tres casas amueblabas de aspecto sórdido, como 25 3 | vivienda de la habitación amueblada que ocupaba con su mujer. 26 3 | la cena; los chiquillos andaban a su alrededor. Ella les 27 8 | contestaban, soltaba una andanada de injurias hasta el momento 28 1 | grandes edificios mudos de ángulos redondeados, con sus cristales 29 18 | cuartucho volaban hechos añicos; los niños, despertados 30 2 | calle no volvían sino al anochecer y ¡tan cansados! Sólo había 31 2 | sus poneys gemelos y sus anuncios, el coche de las cabras, 32 24 | tarascadas, el borracho ya apaciguado y sin dinero para ir a beber, 33 3 | gallinero se dormía, ella se aproximaba al balcón de madera, y yo 34 | aquello 35 1 | partes donde aún quedan árboles - y, finalmente, dos o tres 36 1 | de esas grandes avenidas aristocráticas, tan frías, tan tranquilas 37 1 | vehículos, el tintineo de arneses y de pasos vivarachos, puertas 38 1 | Imagínense un rincón de arrabal perdido, escondido en medio 39 8 | hacía que lo acompañaran, arrastraba a algún compañero hasta 40 26 | manera, volvía hacía allá arriba sus ojos humedecidos.~ 41 23 | irritado, abría la puerta, se arrojaba sobre el suegro, la suegra, 42 16 | por el suelo y a la mujer arrojarse sobre él con risa triunfal.~ 43 1 | pequeños rentistas, algunos artistas -se les encuentra por todas 44 24 | esos obreros modelo que asisten a clases nocturnas. Al hablar 45 1 | tres casas amueblabas de aspecto sórdido, como manchadas 46 7 | los proveedores que la atormentaban, el panadero que le negaba 47 1 | propietario, qué manía de avaro o de viejo dejaba pervivir 48 1 | en medio de esas grandes avenidas aristocráticas, tan frías, 49 19 | casa de al lado, acudía en ayuda de su hija; pero Arthur 50 1 | y sus altos espejos sin azogue, donde se yerguen los dorados 51 26 | pasar un trozo de cielo azul entre las cuerdas y toda 52 3 | oía decir sollozando muy bajito: «¡Oh! ¡qué canalla! ¡qué 53 1 | barrio aquellos terrenos baldíos, aquellos jardincillos mohosos, 54 10 | desnudos de la mujer sobre las baldosas, rascar cerillas y la voz 55 20 | los dos años de cárcel, bandido? -gritaba el viejo.~ 56 2 | títeres, las vendedoras de barquillos y todas las tribus de ciegos 57 1 | el corazón de aquel bello barrio aquellos terrenos baldíos, 58 20 | No has tenido bastante con los dos años de cárcel, 59 2 | farola al final, era como los bastidores del bello decorado circundante. 60 24 | apaciguado y sin dinero para ir a beber, pasaba el día en casa. 61 8 | lo que él buscaba. Cuando bebía le gustaba la camorra, las 62 15 | te he dicho que me lo he bebido todo! -gritaba.~ 63 26 | golondrinas, del señor de Béranger... ¡oh! ¡qué voz de pecho! 64 24 | hablar adoptaba una voz blanca, empalagosa, y repetía ideas 65 1 | mohosos, aquellas casas blancas construidas de través, con 66 18 | Luego una blasfemia, golpes sordos... Era el 67 2 | trajes de payaso, toda la bohemia de palafreneros ingleses, 68 16 | le daba la vuelta a los bolsillos. Al cabo de un rato, yo 69 14 | incluso en el entusiasmo de la borrachera, siempre guardaba algunas 70 8 | maldiciones. Eso era lo que él buscaba. Cuando bebía le gustaba 71 16 | vuelta a los bolsillos. Al cabo de un rato, yo oía el dinero 72 2 | anuncios, el coche de las cabras, los títeres, las vendedoras 73 | cada 74 8 | las disputas. Y así se calentaba, llegaba a su casa irritado, 75 1 | cocheras pesadamente cerradas, calesas que estremecen los porches, 76 3 | el tiempo pasaba, su voz cambiaba, se aguantaba las lágrimas, 77 8 | Cuando bebía le gustaba la camorra, las disputas. Y así se 78 1 | yerguen los dorados de los candelabros y las flores exóticas de 79 7 | sin dinero? Al final se cansaba de acechar algunos pasos 80 2 | sino al anochecer y ¡tan cansados! Sólo había jaleo los sábados, 81 26 | Luego las señoras le hacían cantar... Cantaba Las golondrinas, 82 24 | obrero o la tiranía del capital. Su pobre mujer, enternecida 83 1 | ellas en coche. No sé qué capricho de propietario, qué manía 84 2 | regresaban por la noche, cargados con sus sillas plegables, 85 2 | Uno de aquellos ciegos se casó mientras yo vivía en el 86 3 | forma. La mujer preparaba la cena; los chiquillos andaban 87 3 | refunfuñar. El hombre no llegaba. Cenaban sin él. Luego, una vez que 88 | cerca 89 18 | de tasca se le subía al cerebro y pugnaba por salir. La 90 10 | sobre las baldosas, rascar cerillas y la voz del hombre que, 91 19 | su hija; pero Arthur se cerraba con llave para que nadie 92 7 | en su espera, y cuando se cerraban todas las puertas, cuando 93 1 | puertas cocheras pesadamente cerradas, calesas que estremecen 94 19 | Entonces, a través de la cerradura, se establecía un diálogo 95 24 | todos los inquilinos y charlaban. Arthur se hacía el amable 96 5 | seguían los consejos, los chismorreos.~ 97 26 | dejaban pasar un trozo de cielo azul entre las cuerdas y 98 2 | ingleses, de escuderos del Circo, los dos menudos postillones 99 2 | bastidores del bello decorado circundante. Todo cuanto llevaba lentejuelas 100 1 | matizados por cortinas de seda clara y sus altos espejos sin 101 2 | concierto fantástico de clarinetes, oboes, órganos, acordeones, 102 24 | obreros modelo que asisten a clases nocturnas. Al hablar adoptaba 103 2 | los sábados, cuando Arthur cobraba.~ 104 1 | pasos vivarachos, puertas cocheras pesadamente cerradas, calesas 105 3 | aquel hogar de obreros. Comenzaba siempre de la misma forma. 106 4 | la encontraban allí. La compadecían.~ 107 8 | acompañaran, arrastraba a algún compañero hasta su puerta: «Ven pues... 108 10 | historia, siempre la misma. Los compañeros, el entusiasmo... «Chose, 109 7 | permanecía acodada allí, concentrada en una idea fija, contándose 110 2 | largo de toda la noche, un concierto fantástico de clarinetes, 111 1 | ropa tendida, de jaulas de conejos, de gatos flacos, de cuervos 112 7 | Toda aquella conmiseración le hacía llorar más aún; 113 5 | de paga. -Y seguían los consejos, los chismorreos.~ 114 1 | aquellas casas blancas construidas de través, con escalera 115 7 | concentrada en una idea fija, contándose a sí misma y en voz alta 116 7 | algunos pasos retrasados, de contar las horas. Entraba. Pero 117 28 | vecinos del pasaje.~FIN~Contes du lundi 1873~ ~ 118 21 | borracho con tono soberbio contestaba:~ 119 8 | señora Mathieu.» Y si no le contestaban, soltaba una andanada de 120 1 | Campos Elíseos, el fragor continuo de vehículos, el tintineo 121 | contra 122 1 | dejaba pervivir así en el corazón de aquel bello barrio aquellos 123 1 | cristales matizados por cortinas de seda clara y sus altos 124 23 | La cosa parecía muy sencilla: he 125 19 | nos enterábamos de muchas cosas:~ 126 26 | las cuerdas y toda aquella crápula, hambrienta de ideal a su 127 7 | tiempo después, cuando yo creía que había acabado todo, 128 7 | pasaje quedaba en silencio, creyéndose sola, permanecía acodada 129 1 | ángulos redondeados, con sus cristales matizados por cortinas de 130 | cuanto 131 18 | los últimos muebles del cuartucho volaban hechos añicos; los 132 8 | deteniéndose delante de cada cuchitril: «Buenas noches, señora 133 26 | de cielo azul entre las cuerdas y toda aquella crápula, 134 1 | conejos, de gatos flacos, de cuervos domesticados. Allí había 135 14 | intentaba quitarle. Arthur se debatía:~ 136 12 | Ya no me queda nada -decía la voz de Arthur.~ 137 28 | Ah! ¡qué plaga! Como decían mis vecinos del pasaje.~ 138 8 | se entretenía, no podía decidirse a entrar pues sabía muy 139 2 | los bastidores del bello decorado circundante. Todo cuanto 140 1 | manía de avaro o de viejo dejaba pervivir así en el corazón 141 26 | embreado, los harapos tendidos dejaban pasar un trozo de cielo 142 7 | reconducida por la inquietud, dejándose los ojos en mirar aquella 143 8 | en voz alta deteniéndose delante de cada cuchitril: «Buenas 144 | demás 145 | demasiado 146 8 | bien lo que le esperaba dentro. Al subir la escalera, el 147 24 | por todas partes sobre los derechos del obrero o la tiranía 148 2 | acordeones, donde se veían desfilar todos los puentes de París 149 10 | Yo oía los pies desnudos de la mujer sobre las baldosas, 150 18 | hechos añicos; los niños, despertados en un sobresalto, lloraban 151 | después 152 3 | sábados oía, sin perderme detalle, el horrible drama, tan 153 18 | empezaba a golpear, ya no se detenía. Todo lo malo que hay en 154 8 | Hablaba solo en voz alta deteniéndose delante de cada cuchitril: « 155 22 | Al menos yo he pagado mi deuda con la sociedad... ¡Paga 156 8 | la casa dormida, que le devolvía el eco de sus pasos pesados, 157 19 | cerradura, se establecía un diálogo horroroso entre el suegro 158 6 | haría... ¿Por qué no se lo dice a su patrón?~ 159 2 | puentes de París con sus diferentes soniquetes... Habitualmente, 160 8 | gustaba la camorra, las disputas. Y así se calentaba, llegaba 161 1 | gatos flacos, de cuervos domesticados. Allí había parejas de obreros, 162 24 | Con mucha frecuencia, los domingos, al día siguiente de una 163 1 | azogue, donde se yerguen los dorados de los candelabros y las 164 3 | acostaban, que el gallinero se dormía, ella se aproximaba al balcón 165 8 | el silencio de la casa dormida, que le devolvía el eco 166 5 | Váyase a dormir, señora Arthur. Sabe usted 167 3 | perderme detalle, el horrible drama, tan parisino, que se representaba 168 28 | vecinos del pasaje.~FIN~Contes du lundi 1873~ ~ 169 | e 170 8 | dormida, que le devolvía el eco de sus pasos pesados, le 171 27 | sólo esperaban alcanzar la edad de su padre para gastarse 172 1 | años, viví en un pequeño edificio en los Campos Elíseos, en 173 1 | un horizonte de grandes edificios mudos de ángulos redondeados, 174 14 | Efectivamente, estaba mintiendo. Pues 175 | ellas 176 | Ello 177 24 | Sin embargo no era un mal hombre. Con 178 26 | galería mohosa de papel embreado, los harapos tendidos dejaban 179 24 | adoptaba una voz blanca, empalagosa, y repetía ideas recogidas 180 18 | se vengaba. Una vez que empezaba a golpear, ya no se detenía. 181 3 | tenían hambre, sueño, y empezaban a refunfuñar. El hombre 182 4 | vecinos que regresaban la encontraban allí. La compadecían.~ 183 1 | algunos artistas -se les encuentra por todas partes donde aún 184 3 | pequeño muro prolongado por un enrejado separaba mi vivienda de 185 19 | el yerno, y los demás nos enterábamos de muchas cosas:~ 186 24 | capital. Su pobre mujer, enternecida por los golpes de la víspera, 187 | Entonces 188 7 | retrasados, de contar las horas. Entraba. Pero mucho tiempo después, 189 8 | incluso ya en la puerta, se entretenía, no podía decidirse a entrar 190 8 | ventanas se abrían para enviarle sus maldiciones. Eso era 191 28 | Y es ésa la raza que quería gobernar 192 | esas 193 1 | rincón de arrabal perdido, escondido en medio de esas grandes 194 10 | ferrocarriles...». La mujer no lo escuchaba:~ 195 2 | palafreneros ingleses, de escuderos del Circo, los dos menudos 196 | Eso 197 1 | de seda clara y sus altos espejos sin azogue, donde se yerguen 198 7 | persistía en su esperanza, en su espera, y cuando se cerraban todas 199 8 | sabía muy bien lo que le esperaba dentro. Al subir la escalera, 200 27 | pequeños Arthur que sólo esperaban alcanzar la edad de su padre 201 7 | aún; pero persistía en su esperanza, en su espera, y cuando 202 1 | A su alrededor, todo el esplendor y el ruido de los Campos 203 8 | tarde, alguien cantaba en la esquina del pasaje. Era Arthur que 204 19 | través de la cerradura, se establecía un diálogo horroroso entre 205 22 | Pues sí, he estado dos años en la cárcel... ¿ 206 23 | metido en la cárcel, luego estamos en paz... Pero si el viejo 207 | Este 208 1 | pesadamente cerradas, calesas que estremecen los porches, pianos amortiguados, 209 6 | Si estuviera en su lugar, lo que yo haría... ¿ 210 1 | candelabros y las flores exóticas de las jardineras.~ 211 1 | de través, con escalera exterior y terrazas de madera llenas 212 2 | toda la noche, un concierto fantástico de clarinetes, oboes, órganos, 213 2 | sólo iluminada por una farola al final, era como los bastidores 214 10 | Chose, el que trabaja en los ferrocarriles...». La mujer no lo escuchaba:~ 215 7 | concentrada en una idea fija, contándose a sí misma y 216 | FIN 217 1 | aún quedan árboles - y, finalmente, dos o tres casas amueblabas 218 26 | pecho! llena de lágrimas fingidas, del sentimentalismo imbécil 219 1 | jaulas de conejos, de gatos flacos, de cuervos domesticados. 220 1 | de los candelabros y las flores exóticas de las jardineras.~ 221 3 | Comenzaba siempre de la misma forma. La mujer preparaba la cena; 222 1 | de los Campos Elíseos, el fragor continuo de vehículos, el 223 24 | un mal hombre. Con mucha frecuencia, los domingos, al día siguiente 224 1 | avenidas aristocráticas, tan frías, tan tranquilas que parece 225 3 | chiquillos se acostaban, que el gallinero se dormía, ella se aproximaba 226 2 | venía a refugiarse allí: galones de librea, trajes de payaso, 227 27 | sábado siguiente, Arthur se gastara la paga y le pegara a su 228 27 | la edad de su padre para gastarse la paga y pegarle a sus 229 1 | de jaulas de conejos, de gatos flacos, de cuervos domesticados. 230 2 | Hipódromo con sus poneys gemelos y sus anuncios, el coche 231 1 | sórdido, como manchadas por generaciones de miseria. A su alrededor, 232 28 | es ésa la raza que quería gobernar el mundo...! ¡Ah! ¡qué plaga! 233 26 | hacían cantar... Cantaba Las golondrinas, del señor de Béranger... ¡ 234 18 | Una vez que empezaba a golpear, ya no se detenía. Todo 235 14 | de la borrachera, siempre guardaba algunas monedas pensando 236 8 | buscaba. Cuando bebía le gustaba la camorra, las disputas. 237 3 | separaba mi vivienda de la habitación amueblada que ocupaba con 238 24 | sacaban las sillas de las habitaciones. Se instalaban en el balcón 239 2 | diferentes soniquetes... Habitualmente, no obstante, el pasaje 240 24 | asisten a clases nocturnas. Al hablar adoptaba una voz blanca, 241 24 | amable y el inteligente: habríase dicho que se trataba de 242 1 | Hace unos años, viví en un pequeño 243 | hacer 244 | Hacia 245 26 | Luego las señoras le hacían cantar... Cantaba Las golondrinas, 246 3 | nerviosa. Los niños tenían hambre, sueño, y empezaban a refunfuñar. 247 26 | y toda aquella crápula, hambrienta de ideal a su manera, volvía 248 23 | sencilla: he robado, me han metido en la cárcel, luego 249 26 | mohosa de papel embreado, los harapos tendidos dejaban pasar un 250 6 | estuviera en su lugar, lo que yo haría... ¿Por qué no se lo dice 251 | has 252 | hay 253 18 | muebles del cuartucho volaban hechos añicos; los niños, despertados 254 19 | lado, acudía en ayuda de su hija; pero Arthur se cerraba 255 2 | menudos postillones del Hipódromo con sus poneys gemelos y 256 10 | intentaba tartamudear una historia, siempre la misma. Los compañeros, 257 3 | se representaba en aquel hogar de obreros. Comenzaba siempre 258 7 | retrasados, de contar las horas. Entraba. Pero mucho tiempo 259 1 | violines de Mabille, un horizonte de grandes edificios mudos 260 3 | sin perderme detalle, el horrible drama, tan parisino, que 261 18 | lo malo que hay en esos horribles vinos de tasca se le subía 262 19 | se establecía un diálogo horroroso entre el suegro y el yerno, 263 27 | ni que en aquel tugurio hubiera un montón de pequeños Arthur 264 26 | hacía allá arriba sus ojos humedecidos.~ 265 7 | le negaba el pan... ¿Qué iba a hacer si, una vez más, 266 7 | allí, concentrada en una idea fija, contándose a sí misma 267 26 | aquella crápula, hambrienta de ideal a su manera, volvía hacía 268 24 | blanca, empalagosa, y repetía ideas recogidas un poco por todas 269 2 | de las Doce Casas, sólo iluminada por una farola al final, 270 1 | pasaje de las Doce Casas. Imagínense un rincón de arrabal perdido, 271 26 | fingidas, del sentimentalismo imbécil del obrero. En la galería 272 27 | Todo aquello no impedía que, al sábado siguiente, 273 16 | lo agarraba con toda su indignación, con todos sus nervios, 274 7 | galería. Aún estaba ahí la infortunada, reconducida por la inquietud, 275 2 | bohemia de palafreneros ingleses, de escuderos del Circo, 276 8 | soltaba una andanada de injurias hasta el momento en que 277 7 | infortunada, reconducida por la inquietud, dejándose los ojos en mirar 278 24 | señora Mathieu, todos los inquilinos y charlaban. Arthur se hacía 279 23 | paz... Pero si el viejo insistía demasiado en el tema, Arthur, 280 24 | de las habitaciones. Se instalaban en el balcón la señora Weber, 281 24 | se hacía el amable y el inteligente: habríase dicho que se trataba 282 24 | apaciguado y sin dinero para ir a beber, pasaba el día en 283 2 | tan cansados! Sólo había jaleo los sábados, cuando Arthur 284 1 | terrenos baldíos, aquellos jardincillos mohosos, aquellas casas 285 1 | las flores exóticas de las jardineras.~ 286 1 | llenas de ropa tendida, de jaulas de conejos, de gatos flacos, 287 19 | que vivía en la casa de al lado, acudía en ayuda de su hija; 288 2 | pasaje. Ello supuso a lo largo de toda la noche, un concierto 289 2 | circundante. Todo cuanto llevaba lentejuelas en aquel lujo venía a refugiarse 290 2 | refugiarse allí: galones de librea, trajes de payaso, toda 291 19 | pero Arthur se cerraba con llave para que nadie lo molestara 292 26 | oh! ¡qué voz de pecho! llena de lágrimas fingidas, del 293 1 | exterior y terrazas de madera llenas de ropa tendida, de jaulas 294 2 | circundante. Todo cuanto llevaba lentejuelas en aquel lujo 295 18 | despertados en un sobresalto, lloraban de miedo.~ 296 7 | aquella conmiseración le hacía llorar más aún; pero persistía 297 6 | Si estuviera en su lugar, lo que yo haría... ¿Por 298 2 | llevaba lentejuelas en aquel lujo venía a refugiarse allí: 299 28 | del pasaje.~FIN~Contes du lundi 1873~ ~ 300 14 | monedas pensando en la sed del lunes; y era ese resto de la paga 301 1 | amortiguados, violines de Mabille, un horizonte de grandes 302 24 | Sin embargo no era un mal hombre. Con mucha frecuencia, 303 8 | abrían para enviarle sus maldiciones. Eso era lo que él buscaba. 304 18 | ya no se detenía. Todo lo malo que hay en esos horribles 305 1 | de aspecto sórdido, como manchadas por generaciones de miseria. 306 26 | hambrienta de ideal a su manera, volvía hacía allá arriba 307 1 | capricho de propietario, qué manía de avaro o de viejo dejaba 308 1 | redondeados, con sus cristales matizados por cortinas de seda clara 309 8 | Era Arthur que volvía. La mayoría de las veces hacía que lo 310 3 | las ocho... nadie... A medida que el tiempo pasaba, su 311 1 | arrabal perdido, escondido en medio de esas grandes avenidas 312 2 | escuderos del Circo, los dos menudos postillones del Hipódromo 313 23 | sencilla: he robado, me han metido en la cárcel, luego estamos 314 3 | voluntad, su vida estaba mezclada con la mía; y todos los 315 | 316 | mía 317 | mientras 318 24 | golpes de la víspera, lo miraba con admiración y no era 319 7 | inquietud, dejándose los ojos en mirar aquella calleja oscura donde 320 28 | qué plaga! Como decían mis vecinos del pasaje.~FIN~ 321 1 | manchadas por generaciones de miseria. A su alrededor, todo el 322 7 | pueblo que tiene siempre la mitad de su vida en la calle. 323 24 | trataba de uno de esos obreros modelo que asisten a clases nocturnas. 324 26 | del obrero. En la galería mohosa de papel embreado, los harapos 325 1 | baldíos, aquellos jardincillos mohosos, aquellas casas blancas 326 8 | de sus pasos pesados, le molestaba como un remordimiento. Hablaba 327 19 | llave para que nadie lo molestara en su operación. Entonces, 328 8 | andanada de injurias hasta el momento en que todas las puertas, 329 14 | siempre guardaba algunas monedas pensando en la sed del lunes; 330 27 | aquel tugurio hubiera un montón de pequeños Arthur que sólo 331 | mucha 332 | muchas 333 | mucho 334 1 | horizonte de grandes edificios mudos de ángulos redondeados, 335 18 | mujer gritaba, los últimos muebles del cuartucho volaban hechos 336 27 | la paga y pegarle a sus mujeres...~ 337 25 | Arthur!... ¡si quisiera!... -murmuraba la señora Weber suspirando.~ 338 3 | vecino. Sólo un pequeño muro prolongado por un enrejado 339 7 | atormentaban, el panadero que le negaba el pan... ¿Qué iba a hacer 340 16 | indignación, con todos sus nervios, lo sacudía, lo registraba, 341 3 | aguantaba las lágrimas, se ponía nerviosa. Los niños tenían hambre, 342 | ni 343 24 | modelo que asisten a clases nocturnas. Al hablar adoptaba una 344 | nos 345 2 | fantástico de clarinetes, oboes, órganos, acordeones, donde 346 2 | soniquetes... Habitualmente, no obstante, el pasaje estaba tranquilo. 347 3 | daba prisa. Las siete, las ocho... nadie... A medida que 348 3 | habitación amueblada que ocupaba con su mujer. Por lo que, 349 19 | nadie lo molestara en su operación. Entonces, a través de la 350 2 | fantástico de clarinetes, oboes, órganos, acordeones, donde se veían 351 27 | esperaban alcanzar la edad de su padre para gastarse la paga y 352 22 | Y qué?... Al menos yo he pagado mi deuda con la sociedad... ¡ 353 7 | de su vida en la calle. Pagar el alquiler con retraso, 354 2 | payaso, toda la bohemia de palafreneros ingleses, de escuderos del 355 7 | panadero que le negaba el pan... ¿Qué iba a hacer si, 356 7 | que la atormentaban, el panadero que le negaba el pan... ¿ 357 26 | En la galería mohosa de papel embreado, los harapos tendidos 358 1 | frías, tan tranquilas que parece que sólo se pasa por ellas 359 23 | La cosa parecía muy sencilla: he robado, 360 1 | domesticados. Allí había parejas de obreros, de pequeños 361 2 | desfilar todos los puentes de París con sus diferentes soniquetes... 362 3 | el horrible drama, tan parisino, que se representaba en 363 1 | tranquilas que parece que sólo se pasa por ellas en coche. No sé 364 26 | harapos tendidos dejaban pasar un trozo de cielo azul entre 365 6 | Por qué no se lo dice a su patrón?~ 366 2 | galones de librea, trajes de payaso, toda la bohemia de palafreneros 367 23 | cárcel, luego estamos en paz... Pero si el viejo insistía 368 26 | Béranger... ¡oh! ¡qué voz de pecho! llena de lágrimas fingidas, 369 23 | suegra, los vecinos, y le pegaba a todo el mundo, como Polichinela.~ 370 27 | se gastara la paga y le pegara a su mujer, ni que en aquel 371 27 | para gastarse la paga y pegarle a sus mujeres...~ 372 14 | guardaba algunas monedas pensando en la sed del lunes; y era 373 7 | no veía sino su propia su penuria.~ 374 3 | todos los sábados oía, sin perderme detalle, el horrible drama, 375 1 | Imagínense un rincón de arrabal perdido, escondido en medio de esas 376 7 | silencio, creyéndose sola, permanecía acodada allí, concentrada 377 7 | hacía llorar más aún; pero persistía en su esperanza, en su espera, 378 1 | avaro o de viejo dejaba pervivir así en el corazón de aquel 379 1 | vivarachos, puertas cocheras pesadamente cerradas, calesas que estremecen 380 8 | devolvía el eco de sus pasos pesados, le molestaba como un remordimiento. 381 1 | estremecen los porches, pianos amortiguados, violines de 382 10 | Yo oía los pies desnudos de la mujer sobre 383 28 | gobernar el mundo...! ¡Ah! ¡qué plaga! Como decían mis vecinos 384 2 | plegables, sus acordeones y sus platillos. Uno de aquellos ciegos 385 2 | cargados con sus sillas plegables, sus acordeones y sus platillos. 386 24 | tiranía del capital. Su pobre mujer, enternecida por los 387 | poco 388 8 | puerta, se entretenía, no podía decidirse a entrar pues 389 23 | pegaba a todo el mundo, como Polichinela.~ 390 2 | postillones del Hipódromo con sus poneys gemelos y sus anuncios, 391 3 | aguantaba las lágrimas, se ponía nerviosa. Los niños tenían 392 1 | calesas que estremecen los porches, pianos amortiguados, violines 393 2 | del Circo, los dos menudos postillones del Hipódromo con sus poneys 394 3 | la misma forma. La mujer preparaba la cena; los chiquillos 395 3 | hablaba suavemente y se daba prisa. Las siete, las ocho... 396 8 | irritado, y la entrada le producía menos miedo. La entrada 397 3 | vecino. Sólo un pequeño muro prolongado por un enrejado separaba 398 | propia 399 1 | coche. No sé qué capricho de propietario, qué manía de avaro o de 400 7 | tristezas con ese abandono tan propio del pueblo que tiene siempre 401 7 | alquiler con retraso, los proveedores que la atormentaban, el 402 7 | abandono tan propio del pueblo que tiene siempre la mitad 403 2 | veían desfilar todos los puentes de París con sus diferentes 404 5 | muy bien que no regresará puesto que es día de paga. -Y seguían 405 18 | se le subía al cerebro y pugnaba por salir. La mujer gritaba, 406 12 | Ya no me queda nada -decía la voz de Arthur.~ 407 7 | puertas, cuando el pasaje quedaba en silencio, creyéndose 408 1 | por todas partes donde aún quedan árboles - y, finalmente, 409 28 | Y es ésa la raza que quería gobernar el mundo...! ¡Ah! ¡ 410 25 | Este Arthur!... ¡si quisiera!... -murmuraba la señora 411 14 | paga lo que ella intentaba quitarle. Arthur se debatía:~ 412 10 | mujer sobre las baldosas, rascar cerillas y la voz del hombre 413 16 | bolsillos. Al cabo de un rato, yo oía el dinero rodar 414 28 | Y es ésa la raza que quería gobernar el mundo...! ¡ 415 24 | empalagosa, y repetía ideas recogidas un poco por todas partes 416 7 | estaba ahí la infortunada, reconducida por la inquietud, dejándose 417 1 | edificios mudos de ángulos redondeados, con sus cristales matizados 418 2 | lentejuelas en aquel lujo venía a refugiarse allí: galones de librea, 419 3 | hambre, sueño, y empezaban a refunfuñar. El hombre no llegaba. Cenaban 420 16 | nervios, lo sacudía, lo registraba, le daba la vuelta a los 421 5 | Sabe usted muy bien que no regresará puesto que es día de paga. - 422 8 | pesados, le molestaba como un remordimiento. Hablaba solo en voz alta 423 1 | de obreros, de pequeños rentistas, algunos artistas -se les 424 24 | voz blanca, empalagosa, y repetía ideas recogidas un poco 425 3 | drama, tan parisino, que se representaba en aquel hogar de obreros. 426 16 | Sin responder, ella lo agarraba con toda 427 14 | sed del lunes; y era ese resto de la paga lo que ella intentaba 428 7 | de acechar algunos pasos retrasados, de contar las horas. Entraba. 429 7 | calle. Pagar el alquiler con retraso, los proveedores que la 430 1 | Doce Casas. Imagínense un rincón de arrabal perdido, escondido 431 16 | mujer arrojarse sobre él con risa triunfal.~ 432 23 | parecía muy sencilla: he robado, me han metido en la cárcel, 433 16 | un rato, yo oía el dinero rodar por el suelo y a la mujer 434 1 | terrazas de madera llenas de ropa tendida, de jaulas de conejos, 435 1 | todo el esplendor y el ruido de los Campos Elíseos, el 436 27 | aquello no impedía que, al sábado siguiente, Arthur se gastara 437 5 | a dormir, señora Arthur. Sabe usted muy bien que no regresará 438 10 | entusiasmo... «Chose, ya sabes... Chose, el que trabaja 439 8 | decidirse a entrar pues sabía muy bien lo que le esperaba 440 24 | pasaba el día en casa. Se sacaban las sillas de las habitaciones. 441 16 | con todos sus nervios, lo sacudía, lo registraba, le daba 442 18 | al cerebro y pugnaba por salir. La mujer gritaba, los últimos 443 1 | pasa por ellas en coche. No qué capricho de propietario, 444 14 | algunas monedas pensando en la sed del lunes; y era ese resto 445 1 | matizados por cortinas de seda clara y sus altos espejos 446 5 | puesto que es día de paga. -Y seguían los consejos, los chismorreos.~ 447 23 | La cosa parecía muy sencilla: he robado, me han metido 448 26 | Cantaba Las golondrinas, del señor de Béranger... ¡oh! ¡qué 449 26 | Luego las señoras le hacían cantar... Cantaba 450 26 | de lágrimas fingidas, del sentimentalismo imbécil del obrero. En la 451 3 | prolongado por un enrejado separaba mi vivienda de la habitación 452 3 | suavemente y se daba prisa. Las siete, las ocho... nadie... A 453 21 | Y el borracho con tono soberbio contestaba:~ 454 18 | niños, despertados en un sobresalto, lloraban de miedo.~ 455 22 | he pagado mi deuda con la sociedad... ¡Paga tú la tuya!...~ 456 7 | en silencio, creyéndose sola, permanecía acodada allí, 457 3 | madera, y yo la oía decir sollozando muy bajito: «¡Oh! ¡qué canalla! ¡ 458 8 | un remordimiento. Hablaba solo en voz alta deteniéndose 459 8 | Y si no le contestaban, soltaba una andanada de injurias 460 2 | París con sus diferentes soniquetes... Habitualmente, no obstante, 461 1 | casas amueblabas de aspecto sórdido, como manchadas por generaciones 462 18 | Luego una blasfemia, golpes sordos... Era el borracho que se 463 9 | Abre, soy yo...~ 464 3 | alrededor. Ella les hablaba suavemente y se daba prisa. Las siete, 465 18 | horribles vinos de tasca se le subía al cerebro y pugnaba por 466 8 | que le esperaba dentro. Al subir la escalera, el silencio 467 23 | arrojaba sobre el suegro, la suegra, los vecinos, y le pegaba 468 16 | oía el dinero rodar por el suelo y a la mujer arrojarse sobre 469 3 | Los niños tenían hambre, sueño, y empezaban a refunfuñar. 470 2 | vivía en el pasaje. Ello supuso a lo largo de toda la noche, 471 25 | murmuraba la señora Weber suspirando.~ 472 24 | siguiente de una de aquellas tarascadas, el borracho ya apaciguado 473 8 | o las dos, a veces más tarde, alguien cantaba en la esquina 474 10 | nada más entrar, intentaba tartamudear una historia, siempre la 475 18 | esos horribles vinos de tasca se le subía al cerebro y 476 | te 477 23 | insistía demasiado en el tema, Arthur, irritado, abría 478 1 | de madera llenas de ropa tendida, de jaulas de conejos, de 479 26 | papel embreado, los harapos tendidos dejaban pasar un trozo de 480 3 | ponía nerviosa. Los niños tenían hambre, sueño, y empezaban 481 20 | No has tenido bastante con los dos años 482 1 | con escalera exterior y terrazas de madera llenas de ropa 483 1 | aquel bello barrio aquellos terrenos baldíos, aquellos jardincillos 484 8 | menos miedo. La entrada era terrible...~ 485 [Título]| Texto~ ~ 486 7 | tan propio del pueblo que tiene siempre la mitad de su vida 487 1 | continuo de vehículos, el tintineo de arneses y de pasos vivarachos, 488 24 | derechos del obrero o la tiranía del capital. Su pobre mujer, 489 2 | coche de las cabras, los títeres, las vendedoras de barquillos 490 21 | Y el borracho con tono soberbio contestaba:~ 491 7 | había acabado todo, alguien tosía cerca de mí en la galería. 492 10 | ya sabes... Chose, el que trabaja en los ferrocarriles...». 493 2 | allí: galones de librea, trajes de payaso, toda la bohemia 494 1 | aristocráticas, tan frías, tan tranquilas que parece que sólo se pasa 495 2 | obstante, el pasaje estaba tranquilo. Aquellos vagabundos de 496 19 | veces, el suegro, un viejo trapero que vivía en la casa de 497 24 | inteligente: habríase dicho que se trataba de uno de esos obreros modelo 498 1 | árboles - y, finalmente, dos o tres casas amueblabas de aspecto 499 2 | de barquillos y todas las tribus de ciegos que regresaban 500 7 | misma y en voz alta sus tristezas con ese abandono tan propio


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