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Alphonse Daudet El nuevo maestro Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 11 | empezaba a sentir miedo, se abalanzó sobre su sobrino, le arrancó 2 9 | alrededor, buscando una puerta abierta para escaparse; pero la 3 8 | animales. Cuando el mozo vino a abrirnos, los caballos, las ovejas 4 8 | de un niño feliz, mimado, acariciado.~ 5 4 | años que parecían quince, acostumbrado a correr y jugar al aire 6 2 | interno, pero me costó mucho acostumbrarme.~ 7 13 | oír que las lágrimas me acudieron a los ojos. El señor Klotz, 8 | además 9 3 | todos tontos, todos tontos. Afortunadamente, cuando mi madre viene a 10 6 | al prado comunal, en las afueras del pueblo.~ 11 10 | sobre la mesa; Gaspard lo agarró con un gesto terrible que 12 6 | esa hora, y en la hermosa agua corriente en la que había 13 1 | dedos, sacudir la nieve o el aguanieve pegada a la ropa. Charlábamos 14 2 | alemán y recibir garrotazos. ¡Ah! yo recibí una buena dosis 15 | ahí 16 15 | sonrisa perversa: «Mañana le ajustaremos las cuentas... Basta por 17 8 | hubo grandes revoloteos de alas y gritos de miedo como si 18 7 | se enredaba en blasfemias alemanas. Los contentos éramos nosotros. 19 11 | Majestad el emperador de Alemania. ¡Lo que es tener miedo 20 | algún 21 9 | el desgraciado miró a su alrededor, buscando una puerta abierta 22 4 | recado que hacer por los alrededores, enviaba a Gaspard que se 23 13 | decía en nuestro dialecto de Alsacia: «Losso mi fort gen, herr 24 4 | y sollozar como un perro amarrado; era muy bueno pese a eso, 25 15 | carreta y oía a mi pobre amigo decir con voz suave: «¡Déjeme 26 13 | cantando mientras azotaba al animal.~ 27 7 | camino del molino de Hénin. Anochecía. Había por todas partes 28 | ante 29 4 | el señor Hamel, nuestro antiguo maestro, había conseguido 30 1 | pegada a la ropa. Charlábamos apaciblemente enseñándonos unos a otros 31 7 | siempre, Gaspard permanecía apartado en la linde del bosque, 32 9 | gruesa mano del maestro se apoyó en su hombro y, en un minuto, 33 5 | llores, Gaspard, haz como yo. Aprende a leer en alemán, puesto 34 4 | sospechar siquiera que se aprendía a leer. Por lo que, en los 35 1 | lo que se oyen los zuecos apresurarse en el pequeño patio, y las 36 | Aquellas 37 | aquellos 38 | aquí 39 9 | inventado no sé qué fiesta del archiduque, unas vacaciones prusianas, 40 11 | abalanzó sobre su sobrino, le arrancó el cuchillo de las manos, 41 4 | libre, de mojarse en los arroyos y de atrapar una insolación 42 9 | lengua de saqueadores y de asesinos. Quiero hablar francés como 43 11 | No iré! ¡no iré!» lo ataron fuertemente. El infortunado 44 5 | obstinación y cólera que atención. A cada lección, la escena 45 4 | mojarse en los arroyos y de atrapar una insolación sobre su 46 12 | como estaba; pero no me atreví a decir nada por miedo al 47 14 | mismo tono, suavizado y como automático. ¡Pobre Gaspard! Habríase 48 9 | erguida, sin la expresión avergonzada del escolar cogido en falta. 49 13 | Klotz, por su parte, sonreía aviesamente y seguía cantando mientras 50 2 | No se puede decir. «Le he ayudado a mi madre a llevar la ropa 51 6 | garrotazos, al ver sus ojos azules oscurecerse de ira, yo me 52 | bajo 53 5 | levanta enfurruñado, se balancea por encima del pupitre y 54 11 | preparaban la carreta de bancos, el tío nos invitó a comer. 55 15 | ajustaremos las cuentas... Basta por hoy.» ¡Oh! sí, el desgraciado 56 3 | son muy glotones, estoy bastante bien visto en la casa.~ 57 13 | avanzábamos por la carretera blanca y helada. Estábamos ya lejos 58 7 | su lengua se enredaba en blasfemias alemanas. Los contentos 59 11 | mordía, echaba espuma por la boca, llamaba a su tía que había 60 7 | apartado en la linde del bosque, removiendo las hojas, cortando 61 2 | con los libros bajo el brazo, listos para aprender alemán 62 1 | nuestro nuevo maestro, no bromea. Desde las ocho menos cinco 63 6 | llamaban desde lejos, y la brutalidad del maestro no hacía sino 64 7 | cerradas, caldeadas por un buen fuego y una buena comida 65 4 | perro amarrado; era muy bueno pese a eso, y con unos ojos 66 4 | pequeña habitación de la buhardilla. Hace dos años que es huérfano 67 7 | volver, Gaspard no estaba. Lo buscan, lo llaman. Se había escapado. 68 9 | desgraciado miró a su alrededor, buscando una puerta abierta para 69 10 | Déjelo... Vendremos a buscarlo con los gendarmes...» Y 70 13 | hasta las orejas, azotaba al caballo canturreando. El viento 71 8 | mozo vino a abrirnos, los caballos, las ovejas se removieron 72 14 | Al cabo de unos minutos, la voz 73 | cada 74 8 | cocina, una gran cocina bien caldeada, bien iluminada y reluciente, 75 7 | todas partes casas cerradas, caldeadas por un buen fuego y una 76 8 | pesas del reloj hasta los calderos. Entre el molinero y su 77 10 | Cállate, Gaspard!...» le decía el 78 7 | y a mí, y ahí nos tienen camino del molino de Hénin. Anochecía. 79 13 | sonreía aviesamente y seguía cantando mientras azotaba al animal.~ 80 13 | orejas, azotaba al caballo canturreando. El viento hacía danzar 81 12 | de la carreta sobre una capa de paja, como un cordero 82 6 | también ha inventado la cárcel, y Gaspard ya no sale casi 83 7 | Había por todas partes casas cerradas, caldeadas por 84 15 | suficiente por hoy. Sus dientes castañeteaban, temblaba de fiebre. Hubo 85 5 | misma declinación y, por sus cejas fruncidas, se nota más obstinación 86 8 | estaba parado, la empalizada cerrada, todo el mundo de vuelta, 87 7 | Había por todas partes casas cerradas, caldeadas por un buen fuego 88 1 | lo que llevábamos en la cesta. Eso les daba a los que 89 1 | aguanieve pegada a la ropa. Charlábamos apaciblemente enseñándonos 90 4 | ojos dulces como los de una chica. A fuerza de paciencia, 91 1 | bromea. Desde las ocho menos cinco está de pie en su tarima, 92 1 | llegábamos. Nos colocábamos en círculo en torno a la estufa para 93 9 | avergonzada del escolar cogido en falta. Entonces, él, 94 1 | cuando llegábamos. Nos colocábamos en círculo en torno a la 95 1 | vivían al extremo de la comarca tiempo para llegar a la 96 7 | un buen fuego y una buena comida de domingo, un hilillo de 97 8 | personas del molino estaban comiendo en la cocina, una gran cocina 98 2 | recibí una buena dosis al comienzo. ¡Nuestra serrería está 99 6 | La languidez de los comienzos le había vuelto más fuerte 100 4 | Uno al que compadezco de todo corazón, por ejemplo, 101 6 | su casa y convertirlo por completo en un salvaje. A veces, 102 6 | cama, con los ojos fijos, comprendía que estaba pensando en el 103 6 | llevaron con nosotros al prado comunal, en las afueras del pueblo.~ 104 4 | nuestro antiguo maestro, había conseguido domesticarlo y cuando tenía 105 7 | blasfemias alemanas. Los contentos éramos nosotros. Entonces, 106 6 | más rápido hacia su casa y convertirlo por completo en un salvaje. 107 4 | al que compadezco de todo corazón, por ejemplo, es Gaspard 108 12 | una capa de paja, como un cordero enfermo, Gaspard ya no decía 109 3 | montón de pequeños Klotz, que corren detrás de ellos por las 110 4 | parecían quince, acostumbrado a correr y jugar al aire libre todo 111 7 | tiempo excelente y nosotros corríamos con todas las ganas en grandes 112 6 | hora, y en la hermosa agua corriente en la que había jugado durante 113 7 | bosque, removiendo las hojas, cortando ramas, y jugando solo. En 114 6 | su vida de niño. Aquellas cosas lo llamaban desde lejos, 115 5 | Gaspard, al que tanto le había costado iniciarse en el francés, 116 2 | dejarme interno, pero me costó mucho acostumbrarme.~ 117 12 | ya no decía ni palabra. Creí que se había quedado dormido, 118 15 | Hubo que subirlo a su cama. Creo que aquella noche yo también 119 15 | Mañana le ajustaremos las cuentas... Basta por hoy.» ¡Oh! 120 4 | insolación sobre su rostro curtido. Con el señor Klotz todo 121 1 | llevábamos en la cesta. Eso les daba a los que vivían al extremo 122 13 | canturreando. El viento hacía danzar la luz de las estrellas 123 12 | tantas lágrimas; pensé que debía tener mucho frío, con la 124 7 | pensaba que a aquella hora debían estar muy bien a la mesa 125 13 | esclusa, cuando una voz débil, llorosa, suplicante, se 126 2 | todas partes, mi padre se decidió a dejarme interno, pero 127 5 | horas enteras con la misma declinación y, por sus cejas fruncidas, 128 5 | pega y la señora Klotz lo deja sin comer. Pero eso no le 129 2 | partes, mi padre se decidió a dejarme interno, pero me costó mucho 130 10 | detenerlo. «Está bien... Déjelo... Vendremos a buscarlo 131 5 | no le hace aprender más deprisa. Con frecuencia, por la 132 12 | mucho frío, con la cabeza descubierta y sin abrigo como estaba; 133 1 | en torno a la estufa para desentumecer un poco los dedos, sacudir 134 4 | su tío el molinero, para deshacerse de él, lo metió en la escuela 135 7 | domingo, un hilillo de luz se deslizaba hacia la carretera, y yo 136 8 | mesa, tenía el semblante despejado de un niño feliz, mimado, 137 6 | pensando en el molino que se despertaba a esa hora, y en la hermosa 138 10 | el tío; pero nada podía detenerlo. «Está bien... Déjelo... 139 3 | pequeños Klotz, que corren detrás de ellos por las escaleras 140 15 | Por fin, la carreta se detuvo. Habíamos llegado. La señora 141 11 | el señor Klotz se puso a devorar y mientras tanto, el molinero 142 4 | jugar al aire libre todo el día, sin sospechar siquiera 143 6 | aquella mirada. Pero ese diablo de Klotz no tiene miedo 144 13 | voz que decía en nuestro dialecto de Alsacia: «Losso mi fort 145 4 | lo que, en los primeros días, no hacía sino llorar y 146 15 | prusiano se lo impidió, diciendo con su sonrisa perversa: « 147 15 | suficiente por hoy. Sus dientes castañeteaban, temblaba 148 4 | era un chico robusto de diez años que parecían quince, 149 5 | pequeña habitación, yo le digo: «No llores, Gaspard, haz 150 4 | lo metió en la escuela directamente. Cuando llegó, era un chico 151 2 | quiere escuchar nada. Se diría que para ese miserable extranjero 152 4 | maestro, había conseguido domesticarlo y cuando tenía algún recado 153 3 | madre viene a verme los domingos, me trae siempre provisiones, 154 12 | Creí que se había quedado dormido, fatigado por tanta rabia 155 2 | Ah! yo recibí una buena dosis al comienzo. ¡Nuestra serrería 156 4 | Gaspard Hénin. Éste también duerme en la pequeña habitación 157 4 | pese a eso, y con unos ojos dulces como los de una chica. A 158 6 | corriente en la que había jugado durante toda su vida de niño. Aquellas 159 11 | El infortunado mordía, echaba espuma por la boca, llamaba 160 4 | compadezco de todo corazón, por ejemplo, es Gaspard Hénin. Éste 161 13 | llorosa, suplicante, se elevó de repente del fondo de 162 6 | no sale casi nunca. Sin embargo, el domingo último, como 163 8 | molino estaba parado, la empalizada cerrada, todo el mundo de 164 11 | de él y de Su Majestad el emperador de Alemania. ¡Lo que es 165 11 | Entonces el tío Hénin, que empezaba a sentir miedo, se abalanzó 166 6 | del maestro no hacía sino empujarlo aún más rápido hacia su 167 5 | enfurruñado, se balancea por encima del pupitre y vuelve a sentarse 168 15 | con un farol, y estaba tan enfadada con Gaspard Hénin, que tenía 169 12 | de paja, como un cordero enfermo, Gaspard ya no decía ni 170 5 | levántese!» Hénin se levanta enfurruñado, se balancea por encima 171 7 | estaba púrpura, su lengua se enredaba en blasfemias alemanas. 172 1 | Charlábamos apaciblemente enseñándonos unos a otros lo que llevábamos 173 5 | palabra de alemán. Pasa horas enteras con la misma declinación 174 | Entre 175 4 | hacer por los alrededores, enviaba a Gaspard que se sentía 176 7 | Entonces, después de haber enviado a la mayoría de vuelta al 177 | éramos 178 9 | Gaspard tenía la cabeza erguida, sin la expresión avergonzada 179 | esa 180 3 | detrás de ellos por las escaleras gritando que los franceses 181 9 | tío fue informado de la escapada. Gaspard tenía la cabeza 182 9 | una puerta abierta para escaparse; pero la gruesa mano del 183 5 | atención. A cada lección, la escena se repite: «¡Gaspard Hénin, 184 13 | oía casi el ruido de la esclusa, cuando una voz débil, llorosa, 185 9 | expresión avergonzada del escolar cogido en falta. Entonces, 186 2 | vinimos al mundo siendo ya escolares, con los libros bajo el 187 7 | ganas en grandes partidas de escondite, felices de sentir el viento 188 2 | El señor Klotz no quiere escuchar nada. Se diría que para 189 2 | rojas en los dedos, en la espalda, en todas partes, mi padre 190 15 | llegado. La señora Klotz esperaba ante la escuela con un farol, 191 11 | infortunado mordía, echaba espuma por la boca, llamaba a su 192 13 | carretera blanca y helada. Estábamos ya lejos del molino. Ya 193 | estar 194 | estas 195 | este 196 | Éste 197 3 | ellos son muy glotones, estoy bastante bien visto en la 198 13 | hacía danzar la luz de las estrellas y avanzábamos, avanzábamos 199 1 | en círculo en torno a la estufa para desentumecer un poco 200 6 | ira, yo me decía que si estuviera en el lugar del señor Klotz 201 1 | Hay que llegar a la hora exacta. El prusiano Klotz, nuestro 202 7 | Hacía un tiempo excelente y nosotros corríamos con 203 9 | la cabeza erguida, sin la expresión avergonzada del escolar 204 2 | diría que para ese miserable extranjero no tenemos casa, ni familia; 205 9 | avergonzada del escolar cogido en falta. Entonces, él, que normalmente 206 2 | extranjero no tenemos casa, ni familia; que vinimos al mundo siendo 207 15 | esperaba ante la escuela con un farol, y estaba tan enfadada con 208 12 | se había quedado dormido, fatigado por tanta rabia y tantas 209 7 | grandes partidas de escondite, felices de sentir el viento frío, 210 9 | vacaciones prusianas, y estaban festejando su llegada. Cuando vio al 211 9 | había inventado no sé qué fiesta del archiduque, unas vacaciones 212 5 | volver a mi casa.» Es su idea fija.~ 213 6 | sobre su cama, con los ojos fijos, comprendía que estaba pensando 214 7 | el momento de ponerse en fila para volver, Gaspard no 215 12 | al maestro. La lluvia era fina.~ 216 2 | en amanecer en invierno! Finalmente, como volvía siempre por 217 13 | señor Klotz, con un gorro forrado de piel hasta las orejas, 218 3 | escaleras gritando que los franceses son todos tontos, todos 219 5 | aprender más deprisa. Con frecuencia, por la noche, cuando subimos 220 5 | declinación y, por sus cejas fruncidas, se nota más obstinación 221 9 | y, en un minuto, el tío fue informado de la escapada. 222 7 | cerradas, caldeadas por un buen fuego y una buena comida de domingo, 223 6 | comienzos le había vuelto más fuerte aún y, por la mañana, al 224 11 | iré! ¡no iré!» lo ataron fuertemente. El infortunado mordía, 225 5 | estas gentes son los más fuertes.» Pero él me responde: « 226 4 | como los de una chica. A fuerza de paciencia, el señor Hamel, 227 8 | paja; y sobre los palos del gallinero hubo grandes revoloteos 228 1 | su tarima, con una gruesa garrota junto a él, y ¡pobres de 229 5 | alemán, puesto que estas gentes son los más fuertes.» Pero 230 10 | Gaspard lo agarró con un gesto terrible que hizo retroceder 231 3 | como todos ellos son muy glotones, estoy bastante bien visto 232 6 | miedo de nada. Tras los golpes, el hambre; también ha inventado 233 13 | El señor Klotz, con un gorro forrado de piel hasta las 234 1 | patio, y las voces sofocadas gritar desde la puerta. «¡Presente!»~ 235 8 | grandes revoloteos de alas y gritos de miedo como si todos aquellos 236 7 | cólera del señor Klotz. Su grueso rostro estaba púrpura, su 237 7 | nosotros. Entonces, después de haber enviado a la mayoría de 238 15 | fin, la carreta se detuvo. Habíamos llegado. La señora Klotz 239 9 | Entonces, él, que normalmente hablaba muy poco, recuperó de repente 240 9 | saqueadores y de asesinos. Quiero hablar francés como mi padre y 241 14 | automático. ¡Pobre Gaspard! Habríase dicho que estaba recitando 242 | hacer 243 5 | digo: «No llores, Gaspard, haz como yo. Aprende a leer 244 13 | por la carretera blanca y helada. Estábamos ya lejos del 245 6 | despertaba a esa hora, y en la hermosa agua corriente en la que 246 7 | y en los juegos sobre el hielo. Como siempre, Gaspard permanecía 247 7 | buena comida de domingo, un hilillo de luz se deslizaba hacia 248 10 | con un gesto terrible que hizo retroceder al maestro: «¡ 249 7 | del bosque, removiendo las hojas, cortando ramas, y jugando 250 9 | del maestro se apoyó en su hombro y, en un minuto, el tío 251 5 | palabra de alemán. Pasa horas enteras con la misma declinación 252 11 | las manos, y luego vi algo horroroso. Como Gaspard seguía gritando: «¡ 253 8 | todos aquellos animales hubieran reconocido al señor Klotz. 254 4 | buhardilla. Hace dos años que es huérfano y que su tío el molinero, 255 5 | volver a mi casa.» Es su idea fija.~ 256 8 | cocina bien caldeada, bien iluminada y reluciente, desde las 257 11 | Yo no tenía hambre, ¡ya imaginan!; pero el señor Klotz se 258 15 | Pero el prusiano se lo impidió, diciendo con su sonrisa 259 9 | en un minuto, el tío fue informado de la escapada. Gaspard 260 11 | lo ataron fuertemente. El infortunado mordía, echaba espuma por 261 5 | que tanto le había costado iniciarse en el francés, no ha podido 262 11 | le pedía excusas por las injurias que Gaspard había dicho 263 4 | arroyos y de atrapar una insolación sobre su rostro curtido. 264 2 | padre se decidió a dejarme interno, pero me costó mucho acostumbrarme.~ 265 3 | Y es que los internos, además de al señor Klotz, 266 2 | tarda tanto en amanecer en invierno! Finalmente, como volvía 267 11 | carreta de bancos, el tío nos invitó a comer. Yo no tenía hambre, ¡ 268 6 | ojos azules oscurecerse de ira, yo me decía que si estuviera 269 7 | pensar en la nieve y en los juegos sobre el hielo. Como siempre, 270 6 | corriente en la que había jugado durante toda su vida de 271 7 | hojas, cortando ramas, y jugando solo. En el momento de ponerse 272 4 | acostumbrado a correr y jugar al aire libre todo el día, 273 | junto 274 9 | Para justificar su presencia, había inventado 275 6 | La languidez de los comienzos le había 276 2 | madre a llevar la ropa al lavadero... Mi padre me ha llevado 277 5 | cólera que atención. A cada lección, la escena se repite: «¡ 278 | les 279 5 | Hénin, levántese!» Hénin se levanta enfurruñado, se balancea 280 5 | repite: «¡Gaspard Hénin, levántese!» Hénin se levanta enfurruñado, 281 2 | siendo ya escolares, con los libros bajo el brazo, listos para 282 7 | permanecía apartado en la linde del bosque, removiendo las 283 1 | llegar a la oración y a pasar lista... Hoy ya no es lo mismo. 284 2 | los libros bajo el brazo, listos para aprender alemán y recibir 285 11 | echaba espuma por la boca, llamaba a su tía que había subido 286 6 | niño. Aquellas cosas lo llamaban desde lejos, y la brutalidad 287 7 | no estaba. Lo buscan, lo llaman. Se había escapado. Había 288 1 | margen por la mañana, cuando llegábamos. Nos colocábamos en círculo 289 9 | y estaban festejando su llegada. Cuando vio al señor Klotz, 290 15 | carreta se detuvo. Habíamos llegado. La señora Klotz esperaba 291 4 | escuela directamente. Cuando llegó, era un chico robusto de 292 1 | enseñándonos unos a otros lo que llevábamos en la cesta. Eso les daba 293 2 | lavadero... Mi padre me ha llevado con él al mercado». El señor 294 2 | he ayudado a mi madre a llevar la ropa al lavadero... Mi 295 6 | desde hacía dos meses, lo llevaron con nosotros al prado comunal, 296 11 | subido al piso temblorosa y llorando. Luego, mientras preparaban 297 4 | primeros días, no hacía sino llorar y sollozar como un perro 298 5 | habitación, yo le digo: «No llores, Gaspard, haz como yo. Aprende 299 13 | esclusa, cuando una voz débil, llorosa, suplicante, se elevó de 300 12 | por miedo al maestro. La lluvia era fina.~ 301 6 | decía que si estuviera en el lugar del señor Klotz sentiría 302 11 | había dicho de él y de Su Majestad el emperador de Alemania. ¡ 303 3 | señora Klotz, que es más mala aún que él, y a un montón 304 2 | siempre por la tarde con manchas rojas en los dedos, en la 305 9 | escaparse; pero la gruesa mano del maestro se apoyó en 306 11 | arrancó el cuchillo de las manos, y luego vi algo horroroso. 307 1 | cambiado mucho desde la marcha del señor Hamel. Cuando 308 13 | gen, herr Klotz... Déjeme marcharme, señor Klotz.» Era algo 309 1 | teníamos unos minutos de margen por la mañana, cuando llegábamos. 310 7 | tomó con él a dos de los mayores, a otro y a mí, y ahí nos 311 7 | después de haber enviado a la mayoría de vuelta al pueblo, tomó 312 | menos 313 2 | me ha llevado con él al mercado». El señor Klotz no quiere 314 6 | el aire desde hacía dos meses, lo llevaron con nosotros 315 4 | para deshacerse de él, lo metió en la escuela directamente. 316 | mí 317 8 | despejado de un niño feliz, mimado, acariciado.~ 318 9 | apoyó en su hombro y, en un minuto, el tío fue informado de 319 6 | sentiría miedo de aquella mirada. Pero ese diablo de Klotz 320 9 | señor Klotz, el desgraciado miró a su alrededor, buscando 321 2 | nada. Se diría que para ese miserable extranjero no tenemos casa, 322 | misma 323 4 | verse al aire libre, de mojarse en los arroyos y de atrapar 324 7 | ramas, y jugando solo. En el momento de ponerse en fila para 325 3 | mala aún que él, y a un montón de pequeños Klotz, que corren 326 11 | fuertemente. El infortunado mordía, echaba espuma por la boca, 327 8 | los animales. Cuando el mozo vino a abrirnos, los caballos, 328 8 | Entre el molinero y su mujer, Gaspard, sentado en el 329 9 | falta. Entonces, él, que normalmente hablaba muy poco, recuperó 330 5 | sus cejas fruncidas, se nota más obstinación y cólera 331 1 | prusiano Klotz, nuestro nuevo maestro, no bromea. Desde 332 | nunca 333 | o 334 5 | cejas fruncidas, se nota más obstinación y cólera que atención. A 335 1 | maestro, no bromea. Desde las ocho menos cinco está de pie 336 15 | cuentas... Basta por hoy.» ¡Oh! sí, el desgraciado chico 337 13 | Era algo tan triste de oír que las lágrimas me acudieron 338 13 | forrado de piel hasta las orejas, azotaba al caballo canturreando. 339 6 | al ver sus ojos azules oscurecerse de ira, yo me decía que 340 | otro 341 | otros 342 8 | abrirnos, los caballos, las ovejas se removieron sobre la paja; 343 1 | retrasados! Por lo que se oyen los zuecos apresurarse en 344 4 | de una chica. A fuerza de paciencia, el señor Hamel, nuestro 345 8 | sobre la paja; y sobre los palos del gallinero hubo grandes 346 8 | los Hénin el molino estaba parado, la empalizada cerrada, 347 4 | robusto de diez años que parecían quince, acostumbrado a correr 348 13 | El señor Klotz, por su parte, sonreía aviesamente y seguía 349 7 | todas las ganas en grandes partidas de escondite, felices de 350 5 | sola palabra de alemán. Pasa horas enteras con la misma 351 1 | llegar a la oración y a pasar lista... Hoy ya no es lo 352 1 | apresurarse en el pequeño patio, y las voces sofocadas gritar 353 11 | mientras tanto, el molinero le pedía excusas por las injurias 354 5 | Entonces el maestro le pega y la señora Klotz lo deja 355 1 | la nieve o el aguanieve pegada a la ropa. Charlábamos apaciblemente 356 15 | Hénin, que tenía ganas de pegarle. Pero el prusiano se lo 357 7 | hacia la carretera, y yo pensaba que a aquella hora debían 358 6 | fijos, comprendía que estaba pensando en el molino que se despertaba 359 7 | viento frío, que nos hacía pensar en la nieve y en los juegos 360 12 | rabia y tantas lágrimas; pensé que debía tener mucho frío, 361 1 | zuecos apresurarse en el pequeño patio, y las voces sofocadas 362 3 | que él, y a un montón de pequeños Klotz, que corren detrás 363 7 | hielo. Como siempre, Gaspard permanecía apartado en la linde del 364 4 | llorar y sollozar como un perro amarrado; era muy bueno 365 15 | diciendo con su sonrisa perversa: «Mañana le ajustaremos 366 8 | y reluciente, desde las pesas del reloj hasta los calderos. 367 4 | amarrado; era muy bueno pese a eso, y con unos ojos dulces 368 1 | ocho menos cinco está de pie en su tarima, con una gruesa 369 13 | con un gorro forrado de piel hasta las orejas, azotaba 370 11 | tía que había subido al piso temblorosa y llorando. Luego, 371 1 | gruesa garrota junto a él, y ¡pobres de los retrasados! Por lo 372 10 | decía el tío; pero nada podía detenerlo. «Está bien... 373 5 | iniciarse en el francés, no ha podido aprender ni una sola palabra 374 7 | jugando solo. En el momento de ponerse en fila para volver, Gaspard 375 6 | llevaron con nosotros al prado comunal, en las afueras 376 11 | llorando. Luego, mientras preparaban la carreta de bancos, el 377 9 | Para justificar su presencia, había inventado no sé qué 378 1 | gritar desde la puerta. «¡Presente!»~ 379 4 | leer. Por lo que, en los primeros días, no hacía sino llorar 380 3 | domingos, me trae siempre provisiones, y como todos ellos son 381 9 | archiduque, unas vacaciones prusianas, y estaban festejando su 382 2 | excusas que valgan. No se puede decir. «Le he ayudado a 383 5 | Aprende a leer en alemán, puesto que estas gentes son los 384 5 | balancea por encima del pupitre y vuelve a sentarse sin 385 7 | Su grueso rostro estaba púrpura, su lengua se enredaba en 386 11 | pero el señor Klotz se puso a devorar y mientras tanto, 387 12 | palabra. Creí que se había quedado dormido, fatigado por tanta 388 2 | mercado». El señor Klotz no quiere escuchar nada. Se diría 389 4 | de diez años que parecían quince, acostumbrado a correr y 390 12 | dormido, fatigado por tanta rabia y tantas lágrimas; pensé 391 7 | removiendo las hojas, cortando ramas, y jugando solo. En el momento 392 6 | hacía sino empujarlo aún más rápido hacia su casa y convertirlo 393 4 | domesticarlo y cuando tenía algún recado que hacer por los alrededores, 394 2 | recibir garrotazos. ¡Ah! yo recibí una buena dosis al comienzo. ¡ 395 2 | listos para aprender alemán y recibir garrotazos. ¡Ah! yo recibí 396 14 | Habríase dicho que estaba recitando una oración.~ 397 8 | aquellos animales hubieran reconocido al señor Klotz. Las personas 398 9 | normalmente hablaba muy poco, recuperó de repente la lengua: «¡ 399 12 | Qué regreso más triste! Tendido al fondo 400 10 | gendarmes...» Y el señor Klotz reía tontamente. Había un gran 401 8 | reluciente, desde las pesas del reloj hasta los calderos. Entre 402 8 | caldeada, bien iluminada y reluciente, desde las pesas del reloj 403 7 | en la linde del bosque, removiendo las hojas, cortando ramas, 404 8 | caballos, las ovejas se removieron sobre la paja; y sobre los 405 14 | minutos, la voz volvió a repetir: «Losso mi fort gen, herr 406 5 | cada lección, la escena se repite: «¡Gaspard Hénin, levántese!» 407 5 | más fuertes.» Pero él me responde: «No, no quiero... quiero 408 1 | junto a él, y ¡pobres de los retrasados! Por lo que se oyen los 409 10 | gesto terrible que hizo retroceder al maestro: «¡Muy bien! ¡ 410 8 | del gallinero hubo grandes revoloteos de alas y gritos de miedo 411 4 | Cuando llegó, era un chico robusto de diez años que parecían 412 2 | por la tarde con manchas rojas en los dedos, en la espalda, 413 13 | molino. Ya no se oía casi el ruido de la esclusa, cuando una 414 1 | desentumecer un poco los dedos, sacudir la nieve o el aguanieve 415 6 | cárcel, y Gaspard ya no sale casi nunca. Sin embargo, 416 6 | convertirlo por completo en un salvaje. A veces, después de los 417 9 | aprender alemán, una lengua de saqueadores y de asesinos. Quiero hablar 418 9 | presencia, había inventado no sé qué fiesta del archiduque, 419 8 | extremo de la mesa, tenía el semblante despejado de un niño feliz, 420 5 | encima del pupitre y vuelve a sentarse sin decir palabra. Entonces 421 6 | el lugar del señor Klotz sentiría miedo de aquella mirada. 422 2 | dosis al comienzo. ¡Nuestra serrería está tan lejos de la escuela, 423 2 | familia; que vinimos al mundo siendo ya escolares, con los libros 424 4 | todo el día, sin sospechar siquiera que se aprendía a leer. 425 11 | miedo, se abalanzó sobre su sobrino, le arrancó el cuchillo 426 1 | pequeño patio, y las voces sofocadas gritar desde la puerta. «¡ 427 5 | ha podido aprender ni una sola palabra de alemán. Pasa 428 4 | no hacía sino llorar y sollozar como un perro amarrado; 429 7 | cortando ramas, y jugando solo. En el momento de ponerse 430 13 | señor Klotz, por su parte, sonreía aviesamente y seguía cantando 431 15 | impidió, diciendo con su sonrisa perversa: «Mañana le ajustaremos 432 4 | aire libre todo el día, sin sospechar siquiera que se aprendía 433 15 | pobre amigo decir con voz suave: «¡Déjeme irme, señor Klotz!»~ 434 14 | siempre con el mismo tono, suavizado y como automático. ¡Pobre 435 11 | llamaba a su tía que había subido al piso temblorosa y llorando. 436 5 | frecuencia, por la noche, cuando subimos a la pequeña habitación, 437 15 | temblaba de fiebre. Hubo que subirlo a su cama. Creo que aquella 438 15 | desgraciado chico tenía suficiente por hoy. Sus dientes castañeteaban, 439 13 | una voz débil, llorosa, suplicante, se elevó de repente del 440 | tanta 441 | tantas 442 2 | tan lejos de la escuela, y tarda tanto en amanecer en invierno! 443 2 | como volvía siempre por la tarde con manchas rojas en los 444 1 | cinco está de pie en su tarima, con una gruesa garrota 445 11 | que había subido al piso temblorosa y llorando. Luego, mientras 446 12 | Qué regreso más triste! Tendido al fondo de la carreta sobre 447 2 | miserable extranjero no tenemos casa, ni familia; que vinimos 448 1 | Hamel. Cuando él estaba aquí teníamos unos minutos de margen por 449 [Título]| TEXTO~ 450 11 | por la boca, llamaba a su tía que había subido al piso 451 6 | Pero ese diablo de Klotz no tiene miedo de nada. Tras los 452 | toda 453 6 | domingo último, como no había tomado el aire desde hacía dos 454 7 | mayoría de vuelta al pueblo, tomó con él a dos de los mayores, 455 14 | Klotz» siempre con el mismo tono, suavizado y como automático. ¡ 456 10 | Y el señor Klotz reía tontamente. Había un gran cuchillo 457 1 | colocábamos en círculo en torno a la estufa para desentumecer 458 3 | a verme los domingos, me trae siempre provisiones, y como 459 10 | al maestro: «¡Muy bien! ¡traiga a sus gendarmes!»~ 460 15 | todo el tiempo sentía el traqueteo de la carreta y oía a mi 461 6 | no tiene miedo de nada. Tras los golpes, el hambre; también 462 15 | aquella noche yo también tuve fiebre; todo el tiempo sentía 463 6 | Sin embargo, el domingo último, como no había tomado el 464 | unas 465 4 | Uno al que compadezco de todo 466 9 | fiesta del archiduque, unas vacaciones prusianas, y estaban festejando 467 2 | prusiano no hay excusas que valgan. No se puede decir. «Le 468 6 | completo en un salvaje. A veces, después de los garrotazos, 469 6 | al amanecer, cuando lo veía sentado sobre su cama, con 470 10 | Está bien... Déjelo... Vendremos a buscarlo con los gendarmes...» 471 3 | cuando mi madre viene a verme los domingos, me trae siempre 472 4 | Gaspard que se sentía feliz de verse al aire libre, de mojarse 473 11 | cuchillo de las manos, y luego vi algo horroroso. Como Gaspard 474 6 | había jugado durante toda su vida de niño. Aquellas cosas 475 3 | Afortunadamente, cuando mi madre viene a verme los domingos, me 476 2 | tenemos casa, ni familia; que vinimos al mundo siendo ya escolares, 477 8 | animales. Cuando el mozo vino a abrirnos, los caballos, 478 9 | festejando su llegada. Cuando vio al señor Klotz, el desgraciado 479 3 | glotones, estoy bastante bien visto en la casa.~ 480 1 | Eso les daba a los que vivían al extremo de la comarca 481 1 | el pequeño patio, y las voces sofocadas gritar desde la 482 2 | invierno! Finalmente, como volvía siempre por la tarde con 483 14 | de unos minutos, la voz volvió a repetir: «Losso mi fort 484 6 | de los comienzos le había vuelto más fuerte aún y, por la 485 5 | por encima del pupitre y vuelve a sentarse sin decir palabra. 486 1 | Por lo que se oyen los zuecos apresurarse en el pequeño