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Alphonse Daudet La partida de billar Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 26 | FIN~ ~Contes du lundi, 1873~ ~ ~ ~ 2 2 | esos rostros distendidos, abandonados en el sueño. La lluvia..., 3 6 | marchado, no se percibe el abandono, el gran «¡Sálvese quien 4 2 | Abatidos por la fatiga, por las noches 5 11 | sala con zócalos de roble, abierta sobre parques, sobre patios 6 6 | íntimo de la casa, los viales abren boquetes luminosos, el estanque, 7 16 | billar en el momento de la acción... Entre tanto, los cañonazos 8 4 | hacia el bosque, parecen acechar algo. Las ametralladoras 9 13 | otros, bajo los torrentes de agua que anegan el horizonte, 10 8 | rodadas, aquí no es más que un aguacero elegante, aristocrático, 11 6 | pajarera, lanzando gritos agudos entre el follaje, los pavos 12 26 | Ahora, un gran silencio. Sólo 13 6 | faisanes dorados baten las alas y hacen la rueda. Aunque 14 | algún 15 7 | las cosas, de la correcta alineación de los macizos, de la silenciosa 16 2 | enemigo que se presiente alrededor... ¡Qué lúgubre es todo!~ ~ 17 8 | bandera que ondea en lo alto del tejado, de no ser por 18 8 | La lluvia, que amontona tan desagradable barro en 19 13 | los torrentes de agua que anegan el horizonte, ensuciándose 20 11 | pómulos encendidos en la animación de la comida, del juego 21 25 | Apenas hay tiempo para anotar los puntos. El ruido de 22 | ante 23 8 | cisnes. Todo reluce, todo es apacible. Realmente, de no ser por 24 25 | Apenas hay tiempo para anotar los 25 23 | Batallones enteros son aplastados mientras otros permanecen 26 2 | Algunos duermen de pie, apoyados en el petate del vecino, 27 26 | sordo de un rebaño que se apresura... El ejército ha sido derrotado. 28 2 | uniformes empapados, se aprietan unos contra otros para calentarse 29 25 | El ruido de la batalla se aproxima. Sólo le falta una jugada 30 16 | la pajarera; los caballos árabes, al oler la pólvora, se 31 26 | lluvia que cae sobre los árboles, y un ruido confuso al pie 32 8 | tranquilamente su rastrillo por la arena de los patios.~ ~ 33 8 | que un aguacero elegante, aristocrático, que aviva el rojo de los 34 23 | generosa sangre de Francia... Arriba la sala de billar se caldea; 35 23 | los pobres! El viento les arroja la lluvia y la metralla 36 9 | descoloridos sobre el mantel arrugado, es decir, el final de un 37 13 | habrá usted hecho más por el ascenso que si estuviese usted fuera 38 8 | por allá se ven algunos asistentes y ordenanzas, en ropa de 39 18 | un gallo, el mariscal se asoma a una ventana, con el taco 40 16 | pavos reales, los faisanes, asustados, chillan en la pajarera; 41 4 | ataque. Pero ¿por qué no se ataca? ¿Qué esperan?~ ~ 42 14 | las ventanas. ¿Será que atacan los prusianos?~ ~ 43 4 | Todo parece listo para un ataque. Pero ¿por qué no se ataca? ¿ 44 15 | Pues que ataquen! -dice el general dando 45 13 | Atención, joven! ¡compórtese bien! 46 16 | Entre tanto, los cañonazos aumentan. A las sacudidas del cañón 47 | aún 48 6 | las alas y hacen la rueda. Aunque los dueños se han marchado, 49 7 | silenciosa profundidad de las avenidas.~ ~ 50 8 | elegante, aristocrático, que aviva el rojo de los ladrillos, 51 18 | reventado en el patio. Un ayudante, cubierto de barro, fuerza 52 13 | entrecruzan sus colores. Las bandas devuelven bien; el tapete 53 9 | es decir, el final de un banquete cuando los comensales se 54 21 | Basta... Dentro de un rato... ¡ 55 23 | metralla en pleno rostro. Batallones enteros son aplastados mientras 56 6 | reales, los faisanes dorados baten las alas y hacen la rueda. 57 8 | naranjos y a las plumas blancas de los cisnes. Todo reluce, 58 4 | Los cañones, con la boca dirigida hacia el bosque, 59 13 | horizonte, ensuciándose su bonito uniforme, empañándose el 60 6 | la casa, los viales abren boquetes luminosos, el estanque, 61 11 | reverencias de cortesanos, tantos bordados, tantos uniformes nuevos, 62 6 | escalinata, densos y verdes, bordeados de jarrones floridos. Del 63 16 | humareda rojiza, negra en los bordes, sube hasta lo último de 64 4 | la boca dirigida hacia el bosque, parecen acechar algo. Las 65 9 | una mesa a medio quitar, botellas abiertas, vasos sucios y 66 23 | permanecen con el arma al brazo sin poder comprender la 67 6 | lavados por la lluvia, brillan en la ladera entre los macizos. 68 11 | condecoraciones, con la mirada brillante, los pómulos encendidos 69 18 | Precisamente en este momento un caballo llega a galope tendido y 70 18 | joven! Ahí está, pierde la cabeza y olvida su juego, y hace, 71 | cada 72 23 | castillo silencioso... Y ya caídos, la metralla los destroza 73 23 | Arriba la sala de billar se caldea; el mariscal ha vuelto a 74 2 | aprietan unos contra otros para calentarse y sostenerse. Algunos duermen 75 13 | devuelven bien; el tapete se calienta... De repente, la llama 76 7 | del campo de batalla, esta calma opulenta que procede del 77 1 | carreteras, en el barro de los campos inundados.~ ~ 78 16 | aumentan. A las sacudidas del cañón se mezcla el tableteo de 79 13 | repente, la llama de un cañonazo cruza el cielo... Un ruido 80 4 | Los cañones, con la boca dirigida hacia 81 12 | primera clase en el billar y capaz de vencer a todos los mariscales 82 11 | la visión de los sucios capotes que se pudren allá, a lo 83 6 | piedra que los separan de la carretera, los céspedes suben hasta 84 6 | lado, del lado íntimo de la casa, los viales abren boquetes 85 18 | carambola, dos series que casi le dan la victoria. Esta 86 23 | sin poder comprender la causa de su pasividad. No pueden 87 12 | capitán de Estado Mayor, muy ceñido, rizado, enguantado que 88 19 | ocurre? ¿Dónde están los centinelas?~ ~ 89 7 | menudas florecillas del césped, y resulta algo emocionante 90 1 | arma a los pies, en los charcos de las carreteras, en el 91 11 | ponche. Se oye el roce de charreteras y penachos, el tintineo 92 16 | los faisanes, asustados, chillan en la pajarera; los caballos 93 9 | billar que ruedan, vasos que chocan. El mariscal está jugando 94 23 | órdenes, los hombres caen por cientos detrás de los zarzales, 95 22 | Y la ventana se cierra violentamente. ¡Que esperen 96 25 | El espejo se quiebra; un cisne nada, despavorido, en un 97 12 | enguantado que es de primera clase en el billar y capaz de 98 8 | merodeando cerca de las cocinas, o algún jardinero en pantalón 99 18 | lo reciben! Resoplando de cólera, rojo como un gallo, el 100 26 | ruido confuso al pie de la colina y por los caminos inundados, 101 13 | se rozan, entrecruzan sus colores. Las bandas devuelven bien; 102 1 | Como combaten desde hace dos días y han 103 13 | inclinado sobre el billar, está combinando un magnífico efecto de retroceso. ¡ 104 9 | El comedor, cuyas ventanas dan a la 105 9 | de un banquete cuando los comensales se han marchado. En la habitación 106 11 | encendidos en la animación de la comida, del juego y los ponches. 107 16 | cuadras. El cuartel general comienza a inquietarse. Partes y 108 | cómo 109 11 | la memoria los otoños de Compiègne, y el espíritu olvida la 110 13 | Atención, joven! ¡compórtese bien! El mariscal tiene 111 23 | arma al brazo sin poder comprender la causa de su pasividad. 112 11 | con el pecho cubierto de condecoraciones, con la mirada brillante, 113 26 | los árboles, y un ruido confuso al pie de la colina y por 114 18 | cubierto de barro, fuerza la consigna, sube la escalinata de un 115 26 | ganado su partida.~ ~FIN~ ~Contes du lundi, 1873~ ~ ~ ~ 116 | contra 117 12 | El contrincante del mariscal es un joven 118 7 | orden de las cosas, de la correcta alineación de los macizos, 119 16 | Partes y más partes. Los correos llegan a rienda suelta preguntando 120 11 | sus finas reverencias de cortesanos, tantos bordados, tantos 121 7 | procede del orden de las cosas, de la correcta alineación 122 8 | guardia ante la verja, nadie creería estar en un cuartel general. 123 13 | ruido sordo hace temblar los cristales. Todo el mundo se estremece; 124 11 | penachos, el tintineo de cruces y cordones que se entrechocan. 125 13 | la llama de un cañonazo cruza el cielo... Un ruido sordo 126 16 | Turena, dormido sobre una cureña, no era nada al lado de 127 9 | El comedor, cuyas ventanas dan a la escalinata, 128 6 | castillo de estilo Luis XIII, cuyos rojos ladrillos, lavados 129 8 | verde de los céspedes y da lustre a las hojas de los 130 15 | ataquen! -dice el general dando tiza-. Le toca jugar, capitán.~ ~ 131 10 | El billar! Ésta es la debilidad del gran militar.~ ~ 132 16 | mariscal es inabordable. Ya les decía yo que no dejaría su partida 133 9 | sobre el mantel arrugado, es decir, el final de un banquete 134 23 | pero el joven capitán se defiende como un león.~ ~ 135 16 | Ya les decía yo que no dejaría su partida por nada ni por 136 16 | este mariscal, tan sereno delante del billar en el momento 137 | demasiada 138 6 | suben hasta la escalinata, densos y verdes, bordeados de jarrones 139 21 | Basta... Dentro de un rato... ¡Que esperen 140 26 | apresura... El ejército ha sido derrotado. El mariscal ha ganado su 141 8 | lluvia, que amontona tan desagradable barro en las carreteras 142 8 | cuartel general. Los caballos descansan en las cuadras. Por aquí 143 16 | ametralladoras y el redoble de las descargas de pelotón. Una humareda 144 9 | vasos sucios y vacíos, descoloridos sobre el mantel arrugado, 145 | desde 146 25 | quiebra; un cisne nada, despavorido, en un remolino de plumas 147 | después 148 23 | caídos, la metralla los destroza aún, y por sus abiertas 149 13 | sus colores. Las bandas devuelven bien; el tapete se calienta... 150 1 | combaten desde hace dos días y han pasado la noche con 151 24 | Diecisiete! ¡Dieciocho! ¡Diecinueve!~ ~ 152 24 | Diecisiete! ¡Dieciocho! ¡Diecinueve!~ ~ 153 24 | Diecisiete! ¡Dieciocho! ¡Diecinueve!~ ~ 154 13 | tiene quince puntos; usted, diez. Hay que llevar el juego 155 6 | morada principesca, muy digna de ostentar la enseña de 156 4 | Los cañones, con la boca dirigida hacia el bosque, parecen 157 25 | ensangrentadas. Es el último disparo...~ ~ 158 12 | mantenerse a una respetuosa distancia de su jefe, y se esmera 159 2 | ven mejor en esos rostros distendidos, abandonados en el sueño. 160 18 | Pero el capitán se distrae. ¡Eso pasa por ser joven! 161 | donde 162 | Dónde 163 6 | pavos reales, los faisanes dorados baten las alas y hacen la 164 16 | estremece de admiración. Turena, dormido sobre una cureña, no era 165 26 | partida.~ ~FIN~ ~Contes du lundi, 1873~ ~ ~ ~ 166 6 | hacen la rueda. Aunque los dueños se han marchado, no se percibe 167 2 | calentarse y sostenerse. Algunos duermen de pie, apoyados en el petate 168 13 | combinando un magnífico efecto de retroceso. ¡Los retrocesos 169 8 | no es más que un aguacero elegante, aristocrático, que aviva 170 4 | algo. Las ametralladoras emboscadas miran fijamente al horizonte. 171 7 | del césped, y resulta algo emocionante encontrar, tan cerca del 172 13 | ensuciándose su bonito uniforme, empañándose el oro de sus cordones, 173 2 | pasadas, por los uniformes empapados, se aprietan unos contra 174 9 | órdenes. Cuando el mariscal ha empezado su partida, ya puede hundirse 175 16 | al oler la pólvora, se encabritan en el fondo de las cuadras. 176 16 | el fondo del parque está encendido. Los pavos reales, los faisanes, 177 11 | mirada brillante, los pómulos encendidos en la animación de la comida, 178 7 | resulta algo emocionante encontrar, tan cerca del campo de 179 2 | cielo bajo y oscuro..., el enemigo que se presiente alrededor... ¡ 180 12 | Mayor, muy ceñido, rizado, enguantado que es de primera clase 181 25 | en un remolino de plumas ensangrentadas. Es el último disparo...~ ~ 182 6 | muy digna de ostentar la enseña de un mariscal de Francia. 183 13 | que anegan el horizonte, ensuciándose su bonito uniforme, empañándose 184 23 | pleno rostro. Batallones enteros son aplastados mientras 185 11 | cruces y cordones que se entrechocan. Al ver todas sus graciosas 186 13 | bolas corren, se rozan, entrecruzan sus colores. Las bandas 187 5 | el cuartel general no las envía.~ ~ 188 16 | dormido sobre una cureña, no era nada al lado de este mariscal, 189 | esas 190 | ese 191 12 | distancia de su jefe, y se esmera en no ganar, pero también 192 | esos 193 9 | aquí por qué el ejército espera órdenes. Cuando el mariscal 194 13 | el oro de sus cordones, esperando esas órdenes que no llegan. 195 11 | otoños de Compiègne, y el espíritu olvida la visión de los 196 | Ésta 197 25 | obuses caen en el parque. Uno estalla sobre el estanque. El espejo 198 | estar 199 6 | ese hermoso castillo de estilo Luis XIII, cuyos rojos ladrillos, 200 13 | más por el ascenso que si estuviese usted fuera con los otros, 201 1 | torrencial, los soldados están extenuados. Sin embargo, hace ya tres 202 6 | donde nadan los cisnes se extiende como un espejo; y bajo el 203 12 | no perder con demasiada facilidad. Es lo que se dice un oficial 204 8 | y ordenanzas, en ropa de faena merodeando cerca de las 205 25 | batalla se aproxima. Sólo le falta una jugada al mariscal. 206 2 | Abatidos por la fatiga, por las noches pasadas, 207 4 | ametralladoras emboscadas miran fijamente al horizonte. Todo parece 208 | FIN 209 11 | graciosas sonrisas, sus finas reverencias de cortesanos, 210 7 | preservado hasta las más menudas florecillas del césped, y resulta algo 211 6 | verdes, bordeados de jarrones floridos. Del otro lado, del lado 212 6 | lanzando gritos agudos entre el follaje, los pavos reales, los faisanes 213 6 | espejo; y bajo el tejado en forma de pagoda de una inmensa 214 11 | lo largo de los caminos, formando grupos tan sombríos, bajo 215 23 | zarzales, en las trincheras, frente del gran castillo silencioso... 216 2 | lluvia..., el barro..., sin fuego..., sin sopa..., el cielo 217 13 | ascenso que si estuviese usted fuera con los otros, bajo los 218 13 | Los retrocesos son su fuerte!~ ~ 219 18 | ayudante, cubierto de barro, fuerza la consigna, sube la escalinata 220 18 | el mariscal se ha puesto furioso. La sorpresa y la indignación 221 11 | una batalla, vestido de gala, con el pecho cubierto de 222 18 | de cólera, rojo como un gallo, el mariscal se asoma a 223 18 | momento un caballo llega a galope tendido y cae reventado 224 26 | derrotado. El mariscal ha ganado su partida.~ ~FIN~ ~Contes 225 12 | jefe, y se esmera en no ganar, pero también en no perder 226 23 | heridas mana en silencio la generosa sangre de Francia... Arriba 227 11 | entrechocan. Al ver todas sus graciosas sonrisas, sus finas reverencias 228 6 | inmensa pajarera, lanzando gritos agudos entre el follaje, 229 11 | de los caminos, formando grupos tan sombríos, bajo la lluvia.~ ~ 230 8 | por los dos soldados de guardia ante la verja, nadie creería 231 6 | Sálvese quien pueda!» de la guerra.~ ~ 232 9 | comensales se han marchado. En la habitación de al lado se oyen ruidos 233 13 | mismo modo hasta el final y habrá usted hecho más por el ascenso 234 | hacer 235 13 | hasta el final y habrá usted hecho más por el ascenso que si 236 23 | aún, y por sus abiertas heridas mana en silencio la generosa 237 6 | está lejos. Está en ese hermoso castillo de estilo Luis 238 8 | céspedes y da lustre a las hojas de los naranjos y a las 239 23 | necesidad de órdenes, los hombres caen por cientos detrás 240 1 | la noche con el petate al hombro bajo una lluvia torrencial, 241 11 | parques, sobre patios de honor, vienen a la memoria los 242 1 | embargo, hace ya tres mortales horas que se les tiene aquí pudriéndose, 243 16 | descargas de pelotón. Una humareda rojiza, negra en los bordes, 244 9 | empezado su partida, ya puede hundirse el cielo, nada en el mundo 245 9 | nada en el mundo podrá impedir que la termine.~ ~ 246 16 | mariscal. Pero el mariscal es inabordable. Ya les decía yo que no 247 13 | no ha visto ni oído nada: inclinado sobre el billar, está combinando 248 18 | furioso. La sorpresa y la indignación se reflejan en su masculino 249 6 | en forma de pagoda de una inmensa pajarera, lanzando gritos 250 16 | cuartel general comienza a inquietarse. Partes y más partes. Los 251 13 | estremece; se miran con inquietud. El mariscal es el único 252 13 | una partida verdaderamente interesante. Las bolas corren, se rozan, 253 6 | Del otro lado, del lado íntimo de la casa, los viales abren 254 8 | de las cocinas, o algún jardinero en pantalón rojo pasando 255 6 | densos y verdes, bordeados de jarrones floridos. Del otro lado, 256 17 | Usted juega, capitán.~ ~ 257 25 | aproxima. Sólo le falta una jugada al mariscal. Algunos obuses 258 11 | admiración tras cada una de sus jugadas. Cuando el mariscal hace 259 9 | chocan. El mariscal está jugando su partida y he aquí por 260 15 | general dando tiza-. Le toca jugar, capitán.~ ~ 261 6 | la lluvia, brillan en la ladera entre los macizos. Verdadera 262 6 | de una inmensa pajarera, lanzando gritos agudos entre el follaje, 263 11 | que se pudren allá, a lo largo de los caminos, formando 264 2 | petate del vecino, y la lasitud, las privaciones se ven 265 6 | cuyos rojos ladrillos, lavados por la lluvia, brillan en 266 6 | cuartel general no está lejos. Está en ese hermoso castillo 267 23 | capitán se defiende como un león.~ ~ 268 4 | al horizonte. Todo parece listo para un ataque. Pero ¿por 269 13 | calienta... De repente, la llama de un cañonazo cruza el 270 18 | este momento un caballo llega a galope tendido y cae reventado 271 13 | puntos; usted, diez. Hay que llevar el juego del mismo modo 272 2 | presiente alrededor... ¡Qué lúgubre es todo!~ ~ 273 6 | hermoso castillo de estilo Luis XIII, cuyos rojos ladrillos, 274 11 | uniformes nuevos, en esta lujosa sala con zócalos de roble, 275 6 | los viales abren boquetes luminosos, el estanque, donde nadan 276 26 | partida.~ ~FIN~ ~Contes du lundi, 1873~ ~ ~ ~ 277 8 | verde de los céspedes y da lustre a las hojas de los naranjos 278 13 | billar, está combinando un magnífico efecto de retroceso. ¡Los 279 23 | por sus abiertas heridas mana en silencio la generosa 280 18 | ventana, con el taco en la mano.~ ~ 281 9 | vacíos, descoloridos sobre el mantel arrugado, es decir, el final 282 12 | de la tierra, pero sabe mantenerse a una respetuosa distancia 283 11 | todos se precipitan hacia el marcador; cuando el mariscal tiene 284 12 | capaz de vencer a todos los mariscales de la tierra, pero sabe 285 18 | indignación se reflejan en su masculino semblante. Precisamente 286 9 | permite ver una mesa a medio quitar, botellas abiertas, 287 2 | las privaciones se ven mejor en esos rostros distendidos, 288 11 | patios de honor, vienen a la memoria los otoños de Compiègne, 289 7 | preservado hasta las más menudas florecillas del césped, 290 8 | ordenanzas, en ropa de faena merodeando cerca de las cocinas, o 291 9 | escalinata, permite ver una mesa a medio quitar, botellas 292 16 | las sacudidas del cañón se mezcla el tableteo de las ametralladoras 293 | mientras 294 10 | es la debilidad del gran militar.~ ~ 295 11 | condecoraciones, con la mirada brillante, los pómulos encendidos 296 21 | un rato... ¡Que esperen mis órdenes! ¡Pardiez!~ ~ 297 | mismo 298 13 | llevar el juego del mismo modo hasta el final y habrá usted 299 6 | entre los macizos. Verdadera morada principesca, muy digna de 300 23 | órdenes... Y, como para morir no hay necesidad de órdenes, 301 1 | Sin embargo, hace ya tres mortales horas que se les tiene aquí 302 6 | luminosos, el estanque, donde nadan los cisnes se extiende como 303 8 | lustre a las hojas de los naranjos y a las plumas blancas de 304 23 | como para morir no hay necesidad de órdenes, los hombres 305 16 | pelotón. Una humareda rojiza, negra en los bordes, sube hasta 306 1 | dos días y han pasado la noche con el petate al hombro 307 2 | Abatidos por la fatiga, por las noches pasadas, por los uniformes 308 14 | Pero he ahí un nuevo resplandor y después otro... 309 11 | bordados, tantos uniformes nuevos, en esta lujosa sala con 310 | o 311 25 | jugada al mariscal. Algunos obuses caen en el parque. Uno estalla 312 12 | facilidad. Es lo que se dice un oficial de porvenir...~ ~ 313 13 | único que no ha visto ni oído nada: inclinado sobre el 314 16 | los caballos árabes, al oler la pólvora, se encabritan 315 8 | no ser por la bandera que ondea en lo alto del tejado, de 316 7 | campo de batalla, esta calma opulenta que procede del orden de 317 7 | opulenta que procede del orden de las cosas, de la correcta 318 8 | ven algunos asistentes y ordenanzas, en ropa de faena merodeando 319 13 | uniforme, empañándose el oro de sus cordones, esperando 320 2 | sopa..., el cielo bajo y oscuro..., el enemigo que se presiente 321 6 | principesca, muy digna de ostentar la enseña de un mariscal 322 11 | vienen a la memoria los otoños de Compiègne, y el espíritu 323 9 | habitación de al lado se oyen ruidos de voces, risas, 324 6 | bajo el tejado en forma de pagoda de una inmensa pajarera, 325 8 | cocinas, o algún jardinero en pantalón rojo pasando tranquilamente 326 21 | Que esperen mis órdenes! ¡Pardiez!~ ~ 327 4 | fijamente al horizonte. Todo parece listo para un ataque. Pero ¿ 328 4 | dirigida hacia el bosque, parecen acechar algo. Las ametralladoras 329 11 | de roble, abierta sobre parques, sobre patios de honor, 330 2 | la fatiga, por las noches pasadas, por los uniformes empapados, 331 1 | desde hace dos días y han pasado la noche con el petate al 332 8 | jardinero en pantalón rojo pasando tranquilamente su rastrillo 333 23 | comprender la causa de su pasividad. No pueden hacer nada, esperan 334 11 | solícitos, respetuosos, pasmándose de admiración tras cada 335 18 | tendido y cae reventado en el patio. Un ayudante, cubierto de 336 11 | vestido de gala, con el pecho cubierto de condecoraciones, 337 16 | redoble de las descargas de pelotón. Una humareda rojiza, negra 338 11 | el roce de charreteras y penachos, el tintineo de cruces y 339 6 | dueños se han marchado, no se percibe el abandono, el gran «¡Sálvese 340 12 | ganar, pero también en no perder con demasiada facilidad. 341 23 | aplastados mientras otros permanecen con el arma al brazo sin 342 9 | ventanas dan a la escalinata, permite ver una mesa a medio quitar, 343 6 | zanja y de una rampa de piedra que los separan de la carretera, 344 18 | por ser joven! Ahí está, pierde la cabeza y olvida su juego, 345 1 | pudriéndose, con el arma a los pies, en los charcos de las carreteras, 346 23 | lluvia y la metralla en pleno rostro. Batallones enteros 347 23 | Eso es lo que hacen los pobres! El viento les arroja la 348 23 | con el arma al brazo sin poder comprender la causa de su 349 9 | cielo, nada en el mundo podrá impedir que la termine.~ ~ 350 16 | caballos árabes, al oler la pólvora, se encabritan en el fondo 351 11 | la mirada brillante, los pómulos encendidos en la animación 352 11 | todos quieren prepararle el ponche. Se oye el roce de charreteras 353 11 | comida, del juego y los ponches. Sus ayudantes de campo 354 12 | que se dice un oficial de porvenir...~ ~ 355 18 | su masculino semblante. Precisamente en este momento un caballo 356 16 | correos llegan a rienda suelta preguntando por el mariscal. Pero el 357 11 | tiene sed, todos quieren prepararle el ponche. Se oye el roce 358 7 | del jefe del ejército ha preservado hasta las más menudas florecillas 359 2 | oscuro..., el enemigo que se presiente alrededor... ¡Qué lúgubre 360 12 | rizado, enguantado que es de primera clase en el billar y capaz 361 6 | macizos. Verdadera morada principesca, muy digna de ostentar la 362 2 | vecino, y la lasitud, las privaciones se ven mejor en esos rostros 363 7 | esta calma opulenta que procede del orden de las cosas, 364 8 | barro en las carreteras y produce tan profundas rodadas, aquí 365 8 | carreteras y produce tan profundas rodadas, aquí no es más 366 7 | macizos, de la silenciosa profundidad de las avenidas.~ ~ 367 14 | ventanas. ¿Será que atacan los prusianos?~ ~ 368 11 | los sucios capotes que se pudren allá, a lo largo de los 369 1 | horas que se les tiene aquí pudriéndose, con el arma a los pies, 370 6 | el gran «¡Sálvese quien pueda!» de la guerra.~ ~ 371 9 | empezado su partida, ya puede hundirse el cielo, nada 372 23 | causa de su pasividad. No pueden hacer nada, esperan órdenes... 373 | Pues 374 18 | Esta vez, el mariscal se ha puesto furioso. La sorpresa y la 375 11 | Cuando el mariscal hace un punto, todos se precipitan hacia 376 25 | el estanque. El espejo se quiebra; un cisne nada, despavorido, 377 | quien 378 11 | mariscal tiene sed, todos quieren prepararle el ponche. Se 379 13 | bien! El mariscal tiene quince puntos; usted, diez. Hay 380 9 | permite ver una mesa a medio quitar, botellas abiertas, vasos 381 6 | gran una zanja y de una rampa de piedra que los separan 382 8 | pasando tranquilamente su rastrillo por la arena de los patios.~ ~ 383 21 | Basta... Dentro de un rato... ¡Que esperen mis órdenes! ¡ 384 8 | reluce, todo es apacible. Realmente, de no ser por la bandera 385 26 | como el rumor sordo de un rebaño que se apresura... El ejército 386 18 | Mariscal!» ¡Hay que ver cómo lo reciben! Resoplando de cólera, rojo 387 23 | el mariscal ha vuelto a recobrar ventaja, pero el joven capitán 388 16 | las ametralladoras y el redoble de las descargas de pelotón. 389 18 | sorpresa y la indignación se reflejan en su masculino semblante. 390 8 | blancas de los cisnes. Todo reluce, todo es apacible. Realmente, 391 25 | nada, despavorido, en un remolino de plumas ensangrentadas. 392 13 | tapete se calienta... De repente, la llama de un cañonazo 393 18 | que ver cómo lo reciben! Resoplando de cólera, rojo como un 394 12 | pero sabe mantenerse a una respetuosa distancia de su jefe, y 395 11 | campo lo rodean solícitos, respetuosos, pasmándose de admiración 396 14 | Pero he ahí un nuevo resplandor y después otro... Los cañonazos 397 7 | florecillas del césped, y resulta algo emocionante encontrar, 398 13 | combinando un magnífico efecto de retroceso. ¡Los retrocesos son su 399 13 | efecto de retroceso. ¡Los retrocesos son su fuerte!~ ~ 400 18 | llega a galope tendido y cae reventado en el patio. Un ayudante, 401 11 | graciosas sonrisas, sus finas reverencias de cortesanos, tantos bordados, 402 16 | partes. Los correos llegan a rienda suelta preguntando por el 403 9 | se oyen ruidos de voces, risas, bolas de billar que ruedan, 404 12 | Estado Mayor, muy ceñido, rizado, enguantado que es de primera 405 11 | lujosa sala con zócalos de roble, abierta sobre parques, 406 11 | prepararle el ponche. Se oye el roce de charreteras y penachos, 407 8 | y produce tan profundas rodadas, aquí no es más que un aguacero 408 11 | Sus ayudantes de campo lo rodean solícitos, respetuosos, 409 16 | de pelotón. Una humareda rojiza, negra en los bordes, sube 410 6 | estilo Luis XIII, cuyos rojos ladrillos, lavados por la 411 8 | asistentes y ordenanzas, en ropa de faena merodeando cerca 412 23 | lluvia y la metralla en pleno rostro. Batallones enteros son 413 2 | privaciones se ven mejor en esos rostros distendidos, abandonados 414 13 | interesante. Las bolas corren, se rozan, entrecruzan sus colores. 415 6 | baten las alas y hacen la rueda. Aunque los dueños se han 416 9 | risas, bolas de billar que ruedan, vasos que chocan. El mariscal 417 9 | habitación de al lado se oyen ruidos de voces, risas, bolas de 418 26 | inundados, algo como el rumor sordo de un rebaño que se 419 12 | mariscales de la tierra, pero sabe mantenerse a una respetuosa 420 16 | cañonazos aumentan. A las sacudidas del cañón se mezcla el tableteo 421 18 | sube la escalinata de un salto... «¡Mariscal! ¡Mariscal!» ¡ 422 6 | percibe el abandono, el gran «¡Sálvese quien pueda!» de la guerra.~ ~ 423 23 | en silencio la generosa sangre de Francia... Arriba la 424 11 | cuando el mariscal tiene sed, todos quieren prepararle 425 18 | reflejan en su masculino semblante. Precisamente en este momento 426 6 | rampa de piedra que los separan de la carretera, los céspedes 427 | Será 428 16 | lado de este mariscal, tan sereno delante del billar en el 429 18 | carambola tras carambola, dos series que casi le dan la victoria. 430 11 | Ahí está, serio como en una batalla, vestido 431 | si 432 26 | apresura... El ejército ha sido derrotado. El mariscal ha 433 7 | alineación de los macizos, de la silenciosa profundidad de las avenidas.~ ~ 434 23 | frente del gran castillo silencioso... Y ya caídos, la metralla 435 11 | ayudantes de campo lo rodean solícitos, respetuosos, pasmándose 436 11 | caminos, formando grupos tan sombríos, bajo la lluvia.~ ~ 437 11 | ver todas sus graciosas sonrisas, sus finas reverencias de 438 2 | barro..., sin fuego..., sin sopa..., el cielo bajo y oscuro..., 439 18 | se ha puesto furioso. La sorpresa y la indignación se reflejan 440 2 | otros para calentarse y sostenerse. Algunos duermen de pie, 441 6 | carretera, los céspedes suben hasta la escalinata, densos 442 14 | otro... Los cañonazos se suceden, se precipitan. Los ayudantes 443 16 | correos llegan a rienda suelta preguntando por el mariscal. 444 2 | distendidos, abandonados en el sueño. La lluvia..., el barro..., 445 16 | sacudidas del cañón se mezcla el tableteo de las ametralladoras y 446 18 | asoma a una ventana, con el taco en la mano.~ ~ 447 | también 448 | tanto 449 13 | bandas devuelven bien; el tapete se calienta... De repente, 450 13 | cielo... Un ruido sordo hace temblar los cristales. Todo el mundo 451 18 | un caballo llega a galope tendido y cae reventado en el patio. 452 9 | mundo podrá impedir que la termine.~ ~ 453 [Título]| TEXTO~ ~ 454 25 | Apenas hay tiempo para anotar los puntos. 455 12 | todos los mariscales de la tierra, pero sabe mantenerse a 456 11 | charreteras y penachos, el tintineo de cruces y cordones que 457 15 | dice el general dando tiza-. Le toca jugar, capitán.~ ~ 458 15 | general dando tiza-. Le toca jugar, capitán.~ ~ 459 | todas 460 1 | al hombro bajo una lluvia torrencial, los soldados están extenuados. 461 13 | con los otros, bajo los torrentes de agua que anegan el horizonte, 462 8 | en pantalón rojo pasando tranquilamente su rastrillo por la arena 463 1 | extenuados. Sin embargo, hace ya tres mortales horas que se les 464 23 | de los zarzales, en las trincheras, frente del gran castillo 465 16 | estremece de admiración. Turena, dormido sobre una cureña, 466 13 | inquietud. El mariscal es el único que no ha visto ni oído 467 13 | ensuciándose su bonito uniforme, empañándose el oro de sus 468 25 | obuses caen en el parque. Uno estalla sobre el estanque. 469 | unos 470 9 | abiertas, vasos sucios y vacíos, descoloridos sobre el mantel 471 2 | apoyados en el petate del vecino, y la lasitud, las privaciones 472 12 | en el billar y capaz de vencer a todos los mariscales de 473 23 | mariscal ha vuelto a recobrar ventaja, pero el joven capitán se 474 6 | ladera entre los macizos. Verdadera morada principesca, muy 475 13 | no llegan. Es una partida verdaderamente interesante. Las bolas corren, 476 8 | rojo de los ladrillos, el verde de los céspedes y da lustre 477 6 | la escalinata, densos y verdes, bordeados de jarrones floridos. 478 8 | soldados de guardia ante la verja, nadie creería estar en 479 11 | serio como en una batalla, vestido de gala, con el pecho cubierto 480 18 | le dan la victoria. Esta vez, el mariscal se ha puesto 481 6 | lado íntimo de la casa, los viales abren boquetes luminosos, 482 18 | series que casi le dan la victoria. Esta vez, el mariscal se 483 11 | sobre patios de honor, vienen a la memoria los otoños 484 23 | que hacen los pobres! El viento les arroja la lluvia y la 485 22 | Y la ventana se cierra violentamente. ¡Que esperen sus órdenes!~ ~ 486 11 | y el espíritu olvida la visión de los sucios capotes que 487 13 | mariscal es el único que no ha visto ni oído nada: inclinado 488 9 | al lado se oyen ruidos de voces, risas, bolas de billar 489 23 | se caldea; el mariscal ha vuelto a recobrar ventaja, pero 490 6 | castillo de estilo Luis XIII, cuyos rojos ladrillos, 491 | yo 492 6 | Detrás de una gran una zanja y de una rampa de piedra 493 23 | por cientos detrás de los zarzales, en las trincheras, frente 494 11 | en esta lujosa sala con zócalos de roble, abierta sobre