IntraText Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
Baldomero Lillo Figueroa Cañuela y Petaca Concordancias (Hapax Legomena) |
negrita = Texto principal Pár. gris = Texto de comentario
1 7 | era el momento propicio, y abalanzándose sobre los saquetes de pólvora 2 39 | Inclinó el arma para palpar la abertura con los dedos y se convenció 3 7 | a guarecerse en un hueco abierto con ese propósito en el 4 8 | Cañuela propuso que se abriese un hoyo en un rincón del 5 20 | cuatro pasos de distancia. Abrió, entonces, las alas y fue 6 39 | hasta ahí sin atreverse a abrir la boca, y le habló con 7 31 | reponerse de la fatiga que los abrumaba. Petaca, pasado ya el acceso 8 12 | cobraba más fuerza al ver a su abuela Rosalía inflar los carrillos 9 38 | Se acabó la escopeta!~ ~ 10 34 | temeroso que una respuesta suya acarrease sobre sus costillas razones 11 7 | culebra, fue a ponerse en acecho cerca de la carpa. Muy pronto, 12 10 | siempre detestable, iba aceptar aquella vez cuando la vista 13 39 | rancho, al que se habían ido acercando a medida que avanzaba la 14 39 | minutos y ya Petaca iba a acercarse nuevamente para añadir más 15 7 | martillo en una barrena de acero anunciaron que la mecha 16 8 | que era un jueves, quedó acordado que la cacería fuese el 17 36 | pólvora, terminaron por no acordarse de aquel insignificante 18 39 | Petaca cogió el fusil y lo acostó sobre la hoguera, retirándose 19 39 | entrecejo se frunció. Empezaba a adivinar por qué el armatoste había 20 10 | Petaca lo contempló admirado, y por una rara excepción 21 6 | oculto debajo de la ropa. La adquisición del explosivo era toda una 22 39 | someterse, y ambos se pusieron afanosamente a reunir hojas y ramas secas, 23 24 | La loica agitó las alas y se perdió como 24 22 | su vocecilla de clarín, aguda y penetrante:~ ~ 25 34 | que esperaba, un chasquido agudo y seco, pero que nada tenía 26 10 | cavaron en medio del fogón un agujero de cuarenta centímetros 27 35 | ave, buscándola ambos con ahínco entre la maleza hasta que, 28 13 | Ahora sí que revienta, caramba!~ ~ 29 21 | persecución, se elevó en los aires y, salvando una profunda 30 | ajena 31 37 | encaramado, con todo de alarma:~ ~ 32 39 | abuelo para ponerse a su alcance. Pero su fecunda imaginación 33 20 | recién abierta, lanzaba su alegre canto sobre una cerca de 34 2 | Los alegres rayos del sol filtrándose 35 37 | contrariedad anublaba su alegría. No podían cobrar una sola 36 35 | Cañuela, que viera el chincol alejarse tranquilamente, no se atrevió 37 | algunas 38 | algunos 39 34 | complacencia, en tanto se alisaba las plumas sobre una rama, 40 | allí 41 40 | distancia, se destacaba la alta silueta del abuelo avanzando 42 17 | el contorno inferior a la altura de los bolsillos, los cuales 43 25 | Petaca se alzó de un brinco, y precipitándose 44 34 | la extremidad del fusil amenazaba derribarles de su pedestal 45 39 | reunir hojas y ramas secas, amontonándolas en el suelo. Cuando creyeron 46 16 | Cañuela que llevaba en los amplios bolsillos de sus calzones 47 39 | acercarse nuevamente para añadir más combustible, cuando 48 3 | viejo Pedro y su mujer, la anciana Rosalía, abuelos de Cañuela, 49 34 | intrépido morenillo y echó a andar seguido de su camarada, 50 39 | la boca, y le habló con animación de algo que debía ser muy 51 4 | bajo y rechoncho, es la antítesis de Cañuela a quien maneja 52 34 | ruido del disparo que se le antojaba formidable, idea que también 53 8 | que podían disponer a su antojo; pues los abuelos se ausentarían, 54 37 | Sólo una contrariedad anublaba su alegría. No podían cobrar 55 7 | en una barrena de acero anunciaron que la mecha de un tiro 56 6 | merienda, vio de improviso aparecer en el hueco de la puerta 57 10 | un instante ambos chicos apartaron las brasas y cenizas del 58 22 | había seguido sin que él se apercibiera, le gritó de improviso con 59 7 | los saquetes de pólvora se apoderó de uno, emprendiendo en 60 4 | entre las piernas, teniendo apoyada la culata en el suelo, examina 61 34 | Mientras Petaca, que había apoyado el fusil en un tronco, apuntaba 62 22 | en el instante en que se aprestaba a tirar del gatillo, Cañuela, 63 20 | precauciones Petaca lograba aproximarse lo bastante y empezaba a 64 34 | apoyado el fusil en un tronco, apuntaba arrodillado en la yerba, 65 19 | chispeantes ojos, le señalaba, apuntando con la diestra, un mísero 66 20 | bañados en sudor, llenos de arañazos y con las ropas hechas una 67 22 | que posada en un pequeño arbusto estaba destrozando con su 68 17 | le servían, a la vez, de arca, de arsenal y de despensa.~ ~ 69 8 | señalando el fuego que ardía en mitad de la habitación:~ ~ 70 31 | La armonía entre los chicos se restableció 71 7 | la explosión. Una mañana, arrastrándose como una culebra, fue a 72 17 | cuales quedaron, con este arreglo, eliminados. Cañuela no 73 31 | reflexionaba y casi se arrepentía de su dureza porque, a la 74 34 | encontrarla en el suelo, patas arriba.~ ~ 75 34 | fusil en un tronco, apuntaba arrodillado en la yerba, Cañuela, prudentemente 76 15 | recogidos en el lecho del arroyo.~ ~ 77 17 | servían, a la vez, de arca, de arsenal y de despensa.~ ~ 78 34 | formidable, idea que también asaltó al cazador, recordando los 79 16 | que efectuaron después de asegurar convenientemente la puerta 80 39 | boca del cañón, por la que asomaba parte del último taco. Inclinó 81 6 | puso delante de los ojos asombrados de Cañuela un grueso saquete 82 7 | los trabajos. Todas sus astucias y estratagemas habían fracasado 83 1 | Mientras Petaca atisba desde la puerta, Cañuela, 84 12 | carrillos y soplar con brío, atizando el fuego, bien ajena, por 85 39 | de salir de su labor del atolladero. Demasiado conocía el genio 86 22 | magnífica. Cuando, después de atravesar la quebrada, rendidos de 87 39 | observado hasta ahí sin atreverse a abrir la boca, y le habló 88 35 | alejarse tranquilamente, no se atrevió a desengañarle; y fue tal 89 39 | por qué el armatoste había aumentado tan notablemente de peso. 90 35 | y su belicoso entusiasmo aumentó considerablemente, convirtiéndose 91 3 | circunspección durante su ausencia.~ ~ 92 8 | antojo; pues los abuelos se ausentarían, como de costumbre, para 93 4 | y gobierna con despótica autoridad.~ ~ 94 39 | ido acercando a medida que avanzaba la tarde, y reflexionó acerca 95 40 | alta silueta del abuelo avanzando a grandes zancadas. Parecía 96 8 | costumbre, para llevar sus aves y hortalizas al mercado. 97 34 | su camarada, escudriñando ávidamente el horizonte en busca de 98 31 | llamó a Cañuela para que le ayudase en la grave y delicada operación, 99 6 | sustancia reluciente semejante a azabache pulimentado.~ ~ 100 26 | cuando Cañuela entre sollozos balbuceó:~ ~ 101 7 | pólvora para el día. En balde el chico había puesto en 102 20 | gimnástico ejercicio, estaban bañados en sudor, llenos de arañazos 103 16 | valle, donde encontrarían bandadas de tencas y de zorzales; 104 32 | vertical, espera órdenes baqueta en mano, surgió la primera 105 20 | salvaba un matorral o una barranca de difícil acceso, pero 106 7 | dados con un martillo en una barrena de acero anunciaron que 107 10 | desportillada cazuela de barro.~ ~ 108 34 | reveló esta vez como siempre. Bastaba que el rubillo propusiese 109 35 | habían olido la pólvora y su belicoso entusiasmo aumentó considerablemente, 110 25 | golpes y mojicones. ¡Qué bestia y qué bruto era! Ir a espantar 111 19 | hiciese fuego sobre todo bicho viviente, no perdonando 112 37 | una curva y se desvían del blanco, que la dichosa pólvora 113 40 | con la diestra en alto, blandiendo un tizón humeante que tenía 114 4 | del arma, y sentado en el borde del lecho, con el cañón 115 34 | ocurrencia! Se necesitaba ser más borrico que un buey para pensar 116 21 | quebrada, desapareció en el boscaje de la vertiente opuesta.~ ~ 117 28 | contestó iracundo, con los brazos en jarra, clavando en su 118 25 | Petaca se alzó de un brinco, y precipitándose sobre 119 10 | prende? Pensó. De repente brincó de júbilo. Había encontrado 120 12 | los carrillos y soplar con brío, atizando el fuego, bien 121 22 | planta. Verla y caer ambos de bruces sobre la yerba fue todo 122 25 | mojicones. ¡Qué bestia y qué bruto era! Ir a espantar la caza 123 34 | necesitaba ser más borrico que un buey para pensar tal despropósito. 124 18 | fusil al hombro, sudaba y bufaba bajo el peso del descomunal 125 20 | su grito, que parecía de burla y desafío, un centenar de 126 34 | pensamiento de que su primo podía burlarse de su cobardía, lo hizo 127 34 | despreciativo énfasis se burló de la ocurrencia! Se necesitaba 128 34 | ávidamente el horizonte en busca de una víctima. Los pájaros 129 10 | Había encontrado la solución buscada. En un instante ambos chicos 130 35 | juntillas en la muerte del ave, buscándola ambos con ahínco entre la 131 8 | consiguiente, había que buscar un sitio bien seco. Y mientras 132 17 | tenía chaqueta y cubríase el busto con una camisa; pero, en 133 4 | contrastan notablemente con la cabellera renegrida e hirsuta y los 134 4 | atención y prolijidad. Sus cabellos rubios desteñidos, y sus 135 5 | encontrado para llevarlo a cabo dificultades, inconvenientes 136 7 | carrera, saltando como una cabra por encima de los montones 137 | cada 138 16 | palparla, perfectamente seca y calientita, y examinando prolijamente 139 31 | del primillo, se guardó calladamente sus reflexiones para sí. 140 35 | destrucción que nada podía calmar.~ ~ 141 35 | desengañarle; y fue tal el calor con que su primo le ponderó 142 16 | amplios bolsillos de sus calzones las municiones de guerra. 143 31 | rancho, oculto debajo de la cama, por haber matado la maldita 144 34 | echó a andar seguido de su camarada, escudriñando ávidamente 145 22 | la mirada, y luego, sin cambiar una sola palabra, siguieron 146 17 | con una camisa; pero, en cambio, llevaba enfundadas las 147 22 | las greñas sobre los ojos, caminaban a gatas a lo largo de un 148 16 | momento disputaron acerca del camino que debían seguir. Cañuela 149 17 | cubríase el busto con una camisa; pero, en cambio, llevaba 150 4 | claros de mirar impávido y cándido, contrastan notablemente 151 21 | Por último, el ave, cansada de tan insignificante persecución, 152 35 | entre la maleza hasta que, cansados de la inutilidad de la pesquisa, 153 22 | adelante resueltos a morir de cansancio antes que renunciar a una 154 34 | del arma una respetable cantidad de piedrecillas sobre las 155 20 | abierta, lanzaba su alegre canto sobre una cerca de ramas. 156 31 | tiempo de reparar omisión tan capital, y poniéndose en pie, llamó 157 22 | se echó la escopeta a la cara. Pero en el instante en 158 13 | Ahora sí que revienta, caramba!~ ~ 159 31 | oportunidad de ver cómo se cargaba una escopeta.~ ~ 160 31 | padecer. ¡Si al salir hubieran cargado el arma! Pero aún era tiempo 161 36 | Cargaron rápidamente el fusil y, 162 7 | emprendiendo en seguida una veloz carrera, saltando como una cabra 163 12 | abuela Rosalía inflar los carrillos y soplar con brío, atizando 164 31 | Hubiera dado con gusto el cartucho de dinamita que tenía allá 165 10 | brasas y cenizas del hogar y cavaron en medio del fogón un agujero 166 10 | nuevamente la desportillada cazuela de barro.~ ~ 167 12 | a él y a sus abuelos sin cenar. Y este siniestro pensamiento 168 9 | Enterrémosla en la ceniza!~ ~ 169 10 | chicos apartaron las brasas y cenizas del hogar y cavaron en medio 170 20 | parecía de burla y desafío, un centenar de pasos más allá. Como 171 10 | fogón un agujero de cuarenta centímetros de profundidad, dentro del 172 34 | estruendo que esperaba, un chasquido agudo y seco, pero que nada 173 19 | detenía interrogándole con sus chispeantes ojos, le señalaba, apuntando 174 37 | dichosa pólvora estuviera chueca. Prometióse, entonces, no 175 | cierto 176 20 | posarse sobre la yerba a cincuenta metros de aquel sitio. Desde 177 19 | Cañuela, lleno de ardor cinegético, quería se hiciese fuego 178 3 | recomendar a su nieto la mayor circunspección durante su ausencia.~ ~ 179 5 | tiempo atrás, el objeto de citas y conciliábulos misteriosos; 180 2 | interior de la vivienda una claridad deslumbradora.~ ~ 181 22 | improviso con su vocecilla de clarín, aguda y penetrante:~ ~ 182 31 | descargada no le parecía ya tan claro y evidente, por muy bien 183 4 | rubios desteñidos, y sus ojos claros de mirar impávido y cándido, 184 28 | con los brazos en jarra, clavando en su primo los ojos llameantes 185 34 | primo podía burlarse de su cobardía, lo hizo volver la cabeza, 186 12 | este siniestro pensamiento cobraba más fuerza al ver a su abuela 187 37 | anublaba su alegría. No podían cobrar una sola pieza, a pesar 188 39 | elevaron un poco, Petaca cogió el fusil y lo acostó sobre 189 34 | sirvió de taco, y con la colocación del fulminante, que Petaca 190 34 | Cañuela, prudentemente colocado a su espalda, esperaba, 191 10 | en un puñado de hierbas, colocaron el saquete de pólvora cubriéndole 192 39 | nuevamente para añadir más combustible, cuando un estampido formidable 193 19 | Llamando la atención de sus compañero, y cuando éste se detenía 194 34 | impertérrito chincol tuvo la complacencia, en tanto se alisaba las 195 34 | el fin de tan extrañas y complicadas manipulaciones. Mientras 196 39 | primo lleno de sorpresa, sin comprender lo que aquellas palabras 197 5 | atrás, el objeto de citas y conciliábulos misteriosos; pero, siempre 198 31 | la puntería. Pero, como confesar su torpeza habría sido dar 199 31 | tenían sólo nociones vagas y confusas, pues no habían tenido aún 200 39 | del atolladero. Demasiado conocía el genio del abuelo para 201 7 | jadeante pecho su gloriosa conquista, henchida el alma de júbilo.~ ~ 202 12 | olla de la merienda, única consecuencia grave que se le ocurría, 203 39 | acerca de las probables consecuencias de aquel suceso, decidiendo, 204 7 | movimientos. Desesperado de conseguir su objeto, tentó, por fin, 205 35 | belicoso entusiasmo aumentó considerablemente, convirtiéndose en una sed 206 8 | deshecho con la humedad. Por consiguiente, había que buscar un sitio 207 20 | propusiese poner a prueba la constancia de sus enemigos, ora salvaba 208 7 | surtía de materiales de construcción a los pueblos vecinos. El 209 22 | un surco, se enderezaron consultándose con la mirada, y luego, 210 8 | pero su primo lo disuadió contándole que un muchacho, vecino 211 6 | relatar, embobado en la contemplación de aquella sustancia reluciente 212 39 | en seguida, los dos, para contemplar a distancia los progresos 213 10 | Petaca lo contempló admirado, y por una rara 214 8 | envoltura de papel. Todo el contenido se había deshecho con la 215 28 | A lo cual el morenillo contestó iracundo, con los brazos 216 18 | esforzábase por mantener un continente digno de un cazador, resistiendo 217 17 | recortado las mangas y el contorno inferior a la altura de 218 34 | espíritu de intransigente contradicción de Petaca contra todo lo 219 37 | Sólo una contrariedad anublaba su alegría. No 220 34 | hiciese inmediatamente lo contrario. ¡Y con qué despreciativo 221 4 | mirar impávido y cándido, contrastan notablemente con la cabellera 222 37 | ladeaba el tiro; mas, un contratiempo inesperado le privó de hacer 223 34 | sus costillas razones más contundentes, vació en el cañón del arma 224 39 | abertura con los dedos y se convenció de que no había medio de 225 16 | efectuaron después de asegurar convenientemente la puerta del rancho. Adelante, 226 35 | aumentó considerablemente, convirtiéndose en una sed de exterminio 227 40 | primo, la aparición, echó a correr por el declive de la loma, 228 40 | aire favorito. Mientras corría, examinaba la caja del arma, 229 7 | su padre y los canteros corrían a ocultarse en la excavación. 230 34 | ramaje. Ninguno tenía la cortesía de permanecer quietecito 231 30 | Cómo no se le ocurrió cosa tan sencilla? No, había 232 34 | suya acarrease sobre sus costillas razones más contundentes, 233 39 | amontonándolas en el suelo. Cuando creyeron había bastante, Cañuela 234 20 | con las ropas hechas una criba; mas no se desanimaban y 235 | Cuán 236 | cuanto 237 10 | del fogón un agujero de cuarenta centímetros de profundidad, 238 19 | culata en el suelo, una cuarta por encima de su cabeza.~ ~ 239 7 | que, en una gran extensión cubrían el declive de la montaña. 240 17 | Cañuela no tenía chaqueta y cubríase el busto con una camisa; 241 10 | colocaron el saquete de pólvora cubriéndole con la tierra extraída y 242 15 | los viejos con su carga a cuesta hubieron desaparecido a 243 33 | pólvora, e iba a resolver la cuestión en este sentido, cuando 244 6 | que el héroe de ella no se cuidó de relatar, embobado en 245 7 | arrastrándose como una culebra, fue a ponerse en acecho 246 15 | expedición. Petaca había cumplido su palabra escamoteando 247 37 | flechas torcidas describen una curva y se desvían del blanco, 248 20 | un tiro. Una loica macho, cuya roja pechuga parecía una 249 19 | encorvado bajo el fusil cuyo enmohecido cañón sobresalía, 250 19 | diestra, un mísero chincol que daba saltitos entre la yerba. 251 7 | cuando un tiro estaba listo, dada la señal de peligro, los 252 31 | reflexiones para sí. Hubiera dado con gusto el cartucho de 253 7 | Muy pronto, tres golpes dados con un martillo en una barrena 254 31 | confesar su torpeza habría sido dar la razón al idiota del primillo, 255 39 | con animación de algo que debía ser muy insólito, porque 256 16 | disputaron acerca del camino que debían seguir. Cañuela era de opinión 257 36 | aquella imaginaria matanza. El débil estallido del fulminante 258 4 | Cañuela, a pesar de sus débiles fuerzas -tiene nueve años, 259 39 | consecuencias de aquel suceso, decidiendo, después de un rato, emprender 260 16 | y, como de costumbre, su decisión fue la que prevaleció.~ ~ 261 39 | palpar la abertura con los dedos y se convenció de que no 262 | dejar 263 12 | grave que se le ocurría, dejase a él y a sus abuelos sin 264 4 | su cuerpo es espigado y delgaducho-, ha terminado felizmente 265 31 | le ayudase en la grave y delicada operación, de la cual ambos 266 | Demasiado 267 10 | centímetros de profundidad, dentro del cual, envuelto en un 268 7 | las mañanas extraía del depósito excavado en la peña viva 269 7 | los oídos, rebotando a su derredor una furiosa granizada de 270 34 | extremidad del fusil amenazaba derribarles de su pedestal en el ramaje. 271 20 | que parecía de burla y desafío, un centenar de pasos más 272 35 | pesquisa, la abandonaron, desalentados. Pero, ambos habían olido 273 20 | hechas una criba; mas no se desanimaban y proseguía la caza con 274 15 | carga a cuesta hubieron desaparecido a lo lejos, en el sendero 275 21 | salvando una profunda quebrada, desapareció en el boscaje de la vertiente 276 31 | a la sombra de un árbol descansaron un rato para reponerse de 277 34 | para lanzar su mortífera descarga. Púsoselo al hombro el intrépido 278 31 | pájaro con una escopeta descargada no le parecía ya tan claro 279 16 | Cañuela era de opinión de descender a la quebrada y seguir hasta 280 18 | bufaba bajo el peso del descomunal armatoste. Irguiendo su 281 20 | Por fin, el descontentadizo cazador vio delante de sí 282 37 | cómo las flechas torcidas describen una curva y se desvían del 283 1 | encaramado sobre la mesa, descuelga del muro el pesado y mohoso 284 19 | aquella caza ruin encogíase desdeñosamente de hombros el moreno Nemrod 285 16 | pero su testarudo primo deseaba ir más bien a través de 286 8 | escondites fueron propuestos y desechados. Ninguno les parecía suficientemente 287 39 | pareció tan magnífico que, desechando la huida proyectada, se 288 14 | fue tranquilizándose hasta desechar todo temor.~ ~ 289 17 | Petaca vestía una chaqueta, desecho de su padre, a la cual se 290 35 | tranquilamente, no se atrevió a desengañarle; y fue tal el calor con 291 16 | Desenterrada la pólvora que ambos encontraron, 292 7 | observaban sus movimientos. Desesperado de conseguir su objeto, 293 8 | Todo el contenido se había deshecho con la humedad. Por consiguiente, 294 12 | levantaba en puntillas y se deslizaba hacia la puerta, mirando 295 22 | alma en aquel silencioso deslizamiento. A cuatro metros del árbol 296 2 | la vivienda una claridad deslumbradora.~ ~ 297 35 | caer de las ramas el pájaro despachurrado que, olvidándose de lo que 298 17 | de arca, de arsenal y de despensa.~ ~ 299 37 | visto caer requetemuerta y desplumada, casi, por la metralla de 300 10 | que se puso nuevamente la desportillada cazuela de barro.~ ~ 301 4 | quien maneja y gobierna con despótica autoridad.~ ~ 302 34 | lo contrario. ¡Y con qué despreciativo énfasis se burló de la ocurrencia! 303 34 | un buey para pensar tal despropósito. Si la pólvora iba primero, 304 40 | treinta pasos de distancia, se destacaba la alta silueta del abuelo 305 4 | prolijidad. Sus cabellos rubios desteñidos, y sus ojos claros de mirar 306 22 | un pequeño arbusto estaba destrozando con su recio pico los tallos 307 35 | una sed de exterminio y destrucción que nada podía calmar.~ ~ 308 37 | describen una curva y se desvían del blanco, que la dichosa 309 36 | de aquel insignificante detalle.~ ~ 310 19 | compañero, y cuando éste se detenía interrogándole con sus chispeantes 311 10 | rubillo le parecía siempre detestable, iba aceptar aquella vez 312 37 | desvían del blanco, que la dichosa pólvora estuviera chueca. 313 20 | matorral o una barranca de difícil acceso, pero siempre a la 314 5 | encontrado para llevarlo a cabo dificultades, inconvenientes insuperables. ¿ 315 20 | delante de sí una pieza digna de los honores de un tiro. 316 18 | por mantener un continente digno de un cazador, resistiendo 317 27 | Porque te dije que no estaba cargada…!~ ~ 318 8 | ocurría nada de provecho, dijo, de pronto, señalando el 319 31 | con gusto el cartucho de dinamita que tenía allá en el rancho, 320 20 | movimientos con tranquilidad y no dio señales de inquietud sino 321 3 | salieron muy temprano en dirección al pueblo, después de recomendar 322 7 | pequeña carpa, desde la cual dirigía los trabajos. Todas sus 323 19 | cada instante sonaba su discreto: ¡Psh, psh! Llamando la 324 34 | cerrar lo ojos y oprimir el disparador. Grande fue su sorpresa 325 37 | volver la cabeza al tiempo de disparar para ver de qué parte se 326 39 | ensordeció. La hoguera fue dispersada a los cuatro vientos, y 327 8 | siguiente, día de que podían disponer a su antojo; pues los abuelos 328 16 | guerra. Durante un momento disputaron acerca del camino que debían 329 8 | ocultase allí, pero su primo lo disuadió contándole que un muchacho, 330 22 | las lomas, lo primero que divisaron fue la fugitiva, que posada 331 32 | encaramado en un tronco para dominar la extremidad del fusil 332 | dónde 333 16 | venerable y vetusto como su dueño, no restaba más que emprender 334 31 | casi se arrepentía de su dureza porque, a la verdad, matar 335 34 | había forzosamente que echar encima los guijarros. ¿Y 336 20 | de ramas. Los chicos se echaron a tierra y empezaron a arrastrarse 337 15 | sustituido con gran ventaja y economía por pequeños guijarros recogidos 338 16 | y los rastrojos, lo que efectuaron después de asegurar convenientemente 339 34 | del fulminante, que Petaca efectuó si dificultad, quedó el 340 20 | horas de este gimnástico ejercicio, estaban bañados en sudor, 341 39 | pira. Apenas las llamas se elevaron un poco, Petaca cogió el 342 21 | insignificante persecución, se elevó en los aires y, salvando 343 17 | quedaron, con este arreglo, eliminados. Cañuela no tenía chaqueta 344 | ella 345 | ellos 346 34 | pero que nada tenía de emocionante. Parece mentira, pensó, 347 34 | pájaros abundaban, pero emprendían el vuelo apenas la extremidad 348 7 | pólvora se apoderó de uno, emprendiendo en seguida una veloz carrera, 349 4 | terminado felizmente la empresa de apoderarse del arma, 350 40 | se recobrase bien pronto, encaminándose al sitio de la explosión, 351 22 | uno. Petaca, con los ojos encandilados fijos en el ave, empezó 352 7 | de un tiro acababa de ser encendida y vio cómo su padre y los 353 19 | Ante aquella caza ruin encogíase desdeñosamente de hombros 354 16 | seguir hasta el valle, donde encontrarían bandadas de tencas y de 355 34 | precipitó adelante seguro de encontrarla en el suelo, patas arriba.~ ~ 356 40 | rastrillado. Por más que miró no encontró vestigios del fusil. Cañuela, 357 19 | triunfal a través de las lomas, encorvado bajo el fusil cuyo enmohecido 358 22 | lo largo de un surco, se enderezaron consultándose con la mirada, 359 20 | prueba la constancia de sus enemigos, ora salvaba un matorral 360 40 | primo, pero su naturaleza enérgica hizo que se recobrase bien 361 34 | Y con qué despreciativo énfasis se burló de la ocurrencia! 362 20 | lo bastante y empezaba a enfilar el arma, el pájaro volaba 363 17 | pero, en cambio, llevaba enfundadas las piernas en unos gruesos 364 19 | no perdonando ni a los enjambres de mosquitos que zumbaban 365 30 | sollozar, súbitamente, y enjugándose los ojos con el revés de 366 19 | encorvado bajo el fusil cuyo enmohecido cañón sobresalía, al poyar 367 39 | estampido formidable los ensordeció. La hoguera fue dispersada 368 6 | figura de Petaca, quien, al enterrarse de que los viejos no regresaban 369 9 | Enterrémosla en la ceniza!~ ~ 370 39 | pólvora o de lo que fuese. Su entrecejo se frunció. Empezaba a adivinar 371 36 | perdido el miedo al arma, se entregaron con ardor a aquella imaginaria 372 35 | la pólvora y su belicoso entusiasmo aumentó considerablemente, 373 8 | hallando días después sólo la envoltura de papel. Todo el contenido 374 10 | profundidad, dentro del cual, envuelto en un puñado de hierbas, 375 15 | había cumplido su palabra escamoteando a su padre una carga de 376 7 | canteros abandonaron su escondite, él estaba ya lejos oprimiendo 377 8 | ocultar la pólvora. Muchos escondites fueron propuestos y desechados. 378 34 | Parece mentira, pensó, que un escopetazo suene tan poco. Y su primera 379 34 | seguido de su camarada, escudriñando ávidamente el horizonte 380 18 | Irguiendo su pequeña talla esforzábase por mantener un continente 381 34 | prudentemente colocado a su espalda, esperaba, con las manos 382 25 | bestia y qué bruto era! Ir a espantar la caza en el preciso instante 383 2 | mil rendijas del rancho esparcen en el interior de la vivienda 384 34 | plumas sobre una rama, de esperar el fin de tan extrañas y 385 29 | Por qué no esperaste que saliera el tiro?~ ~ 386 4 | nueve años, y su cuerpo es espigado y delgaducho-, ha terminado 387 34 | El espíritu de intransigente contradicción 388 23 | Espera, que no está cargada, hombre!~ ~ 389 39 | más combustible, cuando un estampido formidable los ensordeció. 390 | están 391 11 | perdigones y los fulminantes estarían antes del domingo en su 392 | éste 393 | esto 394 7 | trabajos. Todas sus astucias y estratagemas habían fracasado lamentablemente 395 34 | sorpresa al oír en vez del estruendo que esperaba, un chasquido 396 37 | que la dichosa pólvora estuviera chueca. Prometióse, entonces, 397 19 | Durante la primera etapa, Cañuela, lleno de ardor 398 30 | había que rendirse a la evidencia. Era un ganso, nada más 399 31 | le parecía ya tan claro y evidente, por muy bien que hiciese 400 4 | apoyada la culata en el suelo, examina el terrible instrumento 401 40 | favorito. Mientras corría, examinaba la caja del arma, él podía 402 16 | perfectamente seca y calientita, y examinando prolijamente el fusil del 403 7 | corrían a ocultarse en la excavación. Aquel era el momento propicio, 404 7 | mañanas extraía del depósito excavado en la peña viva la provisión 405 10 | admirado, y por una rara excepción pues lo que proponía el 406 37 | de guijarros en el cañón, exclamó de repente desde el tronco 407 22 | detuvo y reuniendo todas sus exhaustas fuerzas se echó la escopeta 408 15 | los preparativos para la expedición. Petaca había cumplido su 409 37 | inesperado le privó de hacer esta experiencia. Cañuela, que acababa de 410 6 | ropa. La adquisición del explosivo era toda una historia que 411 34 | recordando los tiros que oyera explotar en la cantera y, por un 412 33 | saliendo de su mutismo, expresó tímidamente la misma idea.~ ~ 413 7 | piedra que, en una gran extensión cubrían el declive de la 414 35 | convirtiéndose en una sed de exterminio y destrucción que nada podía 415 7 | obras. Todas las mañanas extraía del depósito excavado en 416 10 | cubriéndole con la tierra extraída y volviendo a su sitio el 417 34 | de esperar el fin de tan extrañas y complicadas manipulaciones. 418 36 | notaron al principio con extrañeza el poquísimo humo que echaba 419 40 | que tenía una semejanza extraordinaria con una caja de escopeta. 420 40 | siquiera con el cual se fabricaría un trabuco para hacer salvas 421 40 | al mismo tiempo su aire favorito. Mientras corría, examinaba 422 39 | ponerse a su alcance. Pero su fecunda imaginación ideó otro plan 423 4 | delgaducho-, ha terminado felizmente la empresa de apoderarse 424 6 | la furtiva y silenciosa figura de Petaca, quien, al enterrarse 425 22 | con los ojos encandilados fijos en el ave, empezó a arrastrarse 426 2 | Los alegres rayos del sol filtrándose por las mil rendijas del 427 7 | con ese propósito en el flanco de la montaña y no salían 428 24 | alas y se perdió como una flecha en el horizonte.~ ~ 429 37 | seriamente, recordando cómo las flechas torcidas describen una curva 430 10 | hogar y cavaron en medio del fogón un agujero de cuarenta centímetros 431 34 | pólvora iba primero, había forzosamente que echar encima los guijarros. ¿ 432 39 | insondables bolsillos una caja de fósforos e incendió la pira. Apenas 433 7 | astucias y estratagemas habían fracasado lamentablemente ante los 434 39 | que fuese. Su entrecejo se frunció. Empezaba a adivinar por 435 8 | pólvora. Muchos escondites fueron propuestos y desechados. 436 12 | pensamiento cobraba más fuerza al ver a su abuela Rosalía 437 22 | primero que divisaron fue la fugitiva, que posada en un pequeño 438 7 | rebotando a su derredor una furiosa granizada de pedriscos. 439 31 | pasado ya el acceso de furor, reflexionaba y casi se 440 6 | el hueco de la puerta la furtiva y silenciosa figura de Petaca, 441 22 | sobre los ojos, caminaban a gatas a lo largo de un surco, 442 39 | atolladero. Demasiado conocía el genio del abuelo para ponerse 443 40 | de una terrible cólera. Gesticulaba a grandes voces, con la 444 20 | de algunas horas de este gimnástico ejercicio, estaban bañados 445 39 | retirada y dejar a Cañuela la gloria de salir de su labor del 446 7 | contra el jadeante pecho su gloriosa conquista, henchida el alma 447 4 | Cañuela a quien maneja y gobierna con despótica autoridad.~ ~ 448 40 | por el declive de la loma, golpeándose los muslos con las palmas 449 34 | y oprimir el disparador. Grande fue su sorpresa al oír en 450 7 | su derredor una furiosa granizada de pedriscos. Mas, ninguno 451 39 | había medio de meter ahí un grano más de pólvora o de lo que 452 22 | Cañuela y Petaca que, con las greñas sobre los ojos, caminaban 453 22 | que él se apercibiera, le gritó de improviso con su vocecilla 454 31 | idiota del primillo, se guardó calladamente sus reflexiones 455 7 | incluso el capataz, iban a guarecerse en un hueco abierto con 456 16 | calzones las municiones de guerra. Durante un momento disputaron 457 31 | para sí. Hubiera dado con gusto el cartucho de dinamita 458 | ha 459 31 | oculto debajo de la cama, por haber matado la maldita loica 460 37 | Petaca juraba y perjuraba haberla visto caer requetemuerta 461 8 | que ardía en mitad de la habitación:~ ~ 462 39 | atreverse a abrir la boca, y le habló con animación de algo que 463 31 | como confesar su torpeza habría sido dar la razón al idiota 464 34 | quietecito mientras el cazador hacía y rectificaba una y mil 465 8 | un saquete de aquellos, hallando días después sólo la envoltura 466 40 | arma, él podía muy bien hallar, a su vez, el cañón o un 467 20 | arañazos y con las ropas hechas una criba; mas no se desanimaban 468 7 | pecho su gloriosa conquista, henchida el alma de júbilo.~ ~ 469 20 | roja pechuga parecía una herida recién abierta, lanzaba 470 6 | toda una historia que el héroe de ella no se cuidó de relatar, 471 7 | tentó, por fin, un medio heroico. Había observado que cuando 472 10 | envuelto en un puñado de hierbas, colocaron el saquete de 473 4 | la cabellera renegrida e hirsuta y los ojillos obscuros y 474 6 | del explosivo era toda una historia que el héroe de ella no 475 39 | pusieron afanosamente a reunir hojas y ramas secas, amontonándolas 476 23 | Espera, que no está cargada, hombre!~ ~ 477 19 | encogíase desdeñosamente de hombros el moreno Nemrod y proseguía 478 20 | sí una pieza digna de los honores de un tiro. Una loica macho, 479 11 | En media hora escasa todo quedó lindamente 480 20 | quienes, después de algunas horas de este gimnástico ejercicio, 481 8 | para llevar sus aves y hortalizas al mercado. Entre tanto, 482 8 | propuso que se abriese un hoyo en un rincón del huerto 483 31 | sus reflexiones para sí. Hubiera dado con gusto el cartucho 484 31 | hecho padecer. ¡Si al salir hubieran cargado el arma! Pero aún 485 15 | viejos con su carga a cuesta hubieron desaparecido a lo lejos, 486 40 | estaba tan limpio como si le hubiesen rastrillado. Por más que 487 8 | un hoyo en un rincón del huerto y se la ocultase allí, pero 488 39 | magnífico que, desechando la huida proyectada, se plantó delante 489 40 | alto, blandiendo un tizón humeante que tenía una semejanza 490 8 | se había deshecho con la humedad. Por consiguiente, había 491 36 | con extrañeza el poquísimo humo que echaba aquella pólvora, 492 7 | trabajadores, incluso el capataz, iban a guarecerse en un hueco 493 39 | Pero su fecunda imaginación ideó otro plan que le pareció 494 31 | habría sido dar la razón al idiota del primillo, se guardó 495 39 | rancho, al que se habían ido acercando a medida que avanzaba 496 36 | fulminante mantenía aquella ilusión, y aunque ambos notaron 497 39 | alcance. Pero su fecunda imaginación ideó otro plan que le pareció 498 36 | entregaron con ardor a aquella imaginaria matanza. El débil estallido 499 4 | sus ojos claros de mirar impávido y cándido, contrastan notablemente 500 34 | puntería. Por último, un impertérrito chincol tuvo la complacencia, 501 40 | Cuando pasada la impresión del tremendo susto, ambos 502 39 | bolsillos una caja de fósforos e incendió la pira. Apenas las llamas 503 33 | aunque bastante perplejo, se inclinaba a creer que la pólvora, 504 39 | asomaba parte del último taco. Inclinó el arma para palpar la abertura 505 7 | peligro, los trabajadores, incluso el capataz, iban a guarecerse 506 5 | llevarlo a cabo dificultades, inconvenientes insuperables. ¿Cómo proporcionarse 507 12 | narices, listo para hacer su inesperada y fulminante aparición. 508 37 | tiro; mas, un contratiempo inesperado le privó de hacer esta experiencia. 509 25 | instante en que iba a caer infaliblemente muerta. ¡Tan bien había 510 20 | siempre a la vista de sus infatigables perseguidores, quienes, 511 17 | las mangas y el contorno inferior a la altura de los bolsillos, 512 20 | después de grandes rodeos y de infinitas precauciones Petaca lograba 513 12 | ver a su abuela Rosalía inflar los carrillos y soplar con 514 7 | travesura y sutileza de su ingenio para apoderarse de uno de 515 34 | algo para que él hiciese inmediatamente lo contrario. ¡Y con qué 516 20 | tranquilidad y no dio señales de inquietud sino cuando estaban a cuatro 517 39 | de algo que debía ser muy insólito, porque Cañuela, con lágrimas 518 39 | bastante, Cañuela sacó de sus insondables bolsillos una caja de fósforos 519 5 | dificultades, inconvenientes insuperables. ¿Cómo proporcionarse pólvora, 520 19 | y cuando éste se detenía interrogándole con sus chispeantes ojos, 521 34 | El espíritu de intransigente contradicción de Petaca 522 34 | descarga. Púsoselo al hombro el intrépido morenillo y echó a andar 523 35 | hasta que, cansados de la inutilidad de la pesquisa, la abandonaron, 524 8 | seco. Y mientras trataban inútilmente de resolver aquel problema, 525 28 | cual el morenillo contestó iracundo, con los brazos en jarra, 526 18 | del descomunal armatoste. Irguiendo su pequeña talla esforzábase 527 7 | lejos oprimiendo contra el jadeante pecho su gloriosa conquista, 528 28 | iracundo, con los brazos en jarra, clavando en su primo los 529 7 | el chico había puesto en juego la travesura y sutileza 530 8 | Esa tarde, que era un jueves, quedó acordado que la cacería 531 35 | también, por creer a pie juntillas en la muerte del ave, buscándola 532 | junto 533 37 | pieza, a pesar de que Petaca juraba y perjuraba haberla visto 534 39 | la gloria de salir de su labor del atolladero. Demasiado 535 37 | para ver de qué parte se ladeaba el tiro; mas, un contratiempo 536 40 | había seguido llorando a lágrima viva, se detuvo de pronto 537 39 | insólito, porque Cañuela, con lágrimas en los ojos, se resistía 538 40 | salvas y matar pidenes en la laguna~ ~ ~ 539 7 | estratagemas habían fracasado lamentablemente ante los vigilantes ojos 540 20 | una herida recién abierta, lanzaba su alegre canto sobre una 541 34 | no viéndola en la rama, lanzó un grito de júbilo y se 542 22 | caminaban a gatas a lo largo de un surco, se enderezaron 543 7 | A una legua escasa del rancho había 544 12 | esto sucedía, Cañuela se levantaba en puntillas y se deslizaba 545 40 | explosión, el cual estaba tan limpio como si le hubiesen rastrillado. 546 11 | media hora escasa todo quedó lindamente terminado, y Petaca se retiró 547 19 | su discreto: ¡Psh, psh! Llamando la atención de sus compañero, 548 39 | incendió la pira. Apenas las llamas se elevaron un poco, Petaca 549 28 | clavando en su primo los ojos llameantes de cólera:~ ~ 550 31 | capital, y poniéndose en pie, llamó a Cañuela para que le ayudase 551 15 | Y cuando llegó el domingo y los viejos 552 20 | estaban bañados en sudor, llenos de arañazos y con las ropas 553 5 | siempre habían encontrado para llevarlo a cabo dificultades, inconvenientes 554 40 | Cañuela, que lo había seguido llorando a lágrima viva, se detuvo 555 20 | momento empezó una cacería loca a través de los rastrojos. 556 20 | infinitas precauciones Petaca lograba aproximarse lo bastante 557 16 | rastrojos, donde abundaban las loicas y las perdices, caza, según 558 20 | honores de un tiro. Una loica macho, cuya roja pechuga parecía 559 22 | renunciar a una pieza tan magnífica. Cuando, después de atravesar 560 39 | plan que le pareció tan magnífico que, desechando la huida 561 31 | cama, por haber matado la maldita loica que tanto los había 562 7 | aquellas obras. Todas las mañanas extraía del depósito excavado 563 4 | antítesis de Cañuela a quien maneja y gobierna con despótica 564 17 | se le había recortado las mangas y el contorno inferior a 565 34 | tan extrañas y complicadas manipulaciones. Mientras Petaca, que había 566 34 | gruesos puñados de pólvora. Un manojo de pasto seco sirvió de 567 18 | pequeña talla esforzábase por mantener un continente digno de un 568 36 | estallido del fulminante mantenía aquella ilusión, y aunque 569 32 | extremidad del fusil que su primo mantiene en posición vertical, espera 570 7 | tres golpes dados con un martillo en una barrena de acero 571 12 | mirando hacia atrás de reojo y mascullando con aire inquieto:~ ~ 572 31 | debajo de la cama, por haber matado la maldita loica que tanto 573 36 | ardor a aquella imaginaria matanza. El débil estallido del 574 7 | una cantera que surtía de materiales de construcción a los pueblos 575 20 | enemigos, ora salvaba un matorral o una barranca de difícil 576 7 | acero anunciaron que la mecha de un tiro acababa de ser 577 11 | En media hora escasa todo quedó lindamente 578 39 | se habían ido acercando a medida que avanzaba la tarde, y 579 34 | tenía de emocionante. Parece mentira, pensó, que un escopetazo 580 8 | sus aves y hortalizas al mercado. Entre tanto, había que 581 30 | con la boca abierta. ¡Cuán merecidos eran los mojicones! ¿Cómo 582 1 | Cañuela, encaramado sobre la mesa, descuelga del muro el pesado 583 37 | desplumada, casi, por la metralla de los guijarros. Mas, en 584 36 | rápidamente el fusil y, perdido el miedo al arma, se entregaron con 585 6 | saquete de pólvora para minas que tenía oculto debajo 586 39 | Transcurrieron algunos minutos y ya Petaca iba a acercarse 587 12 | deslizaba hacia la puerta, mirando hacia atrás de reojo y mascullando 588 4 | desteñidos, y sus ojos claros de mirar impávido y cándido, contrastan 589 40 | tremendo susto, ambos se miraron, Petaca estaba tan pálido 590 19 | apuntando con la diestra, un mísero chincol que daba saltitos 591 | misma 592 5 | de citas y conciliábulos misteriosos; pero, siempre habían encontrado 593 8 | señalando el fuego que ardía en mitad de la habitación:~ ~ 594 1 | descuelga del muro el pesado y mohoso fusil. ~ ~ 595 25 | precipitándose sobre el rubillo lo molió a golpes y mojicones. ¡Qué 596 7 | cabra por encima de los montones de piedra que, en una gran 597 19 | desdeñosamente de hombros el moreno Nemrod y proseguía su marcha 598 22 | siguieron adelante resueltos a morir de cansancio antes que renunciar 599 34 | fusil listo para lanzar su mortífera descarga. Púsoselo al hombro 600 19 | perdonando ni a los enjambres de mosquitos que zumbaban en el aire. 601 8 | disuadió contándole que un muchacho, vecino suyo, había hecho 602 | Muchos 603 25 | iba a caer infaliblemente muerta. ¡Tan bien había hecho la 604 35 | creer a pie juntillas en la muerte del ave, buscándola ambos 605 3 | mañana. El viejo Pedro y su mujer, la anciana Rosalía, abuelos 606 16 | bolsillos de sus calzones las municiones de guerra. Durante un momento 607 1 | sobre la mesa, descuelga del muro el pesado y mohoso fusil. ~ ~ 608 40 | la loma, golpeándose los muslos con las palmas de las manos, 609 33 | Cañuela, saliendo de su mutismo, expresó tímidamente la 610 12 | estaba ahí delante de sus narices, listo para hacer su inesperada 611 40 | pálido como su primo, pero su naturaleza enérgica hizo que se recobrase 612 34 | burló de la ocurrencia! Se necesitaba ser más borrico que un buey 613 19 | desdeñosamente de hombros el moreno Nemrod y proseguía su marcha triunfal 614 3 | después de recomendar a su nieto la mayor circunspección 615 31 | la cual ambos tenían sólo nociones vagas y confusas, pues no 616 36 | ilusión, y aunque ambos notaron al principio con extrañeza 617 4 | sus débiles fuerzas -tiene nueve años, y su cuerpo es espigado 618 | nunca 619 7 | era el capataz de aquellas obras. Todas las mañanas extraía 620 4 | e hirsuta y los ojillos obscuros y vivaces de Petaca, que 621 20 | reptiles por la maleza: El ave observaba sus movimientos con tranquilidad 622 7 | los vigilantes ojos que observaban sus movimientos. Desesperado 623 18 | cazador, resistiendo con obstinación las súplicas de su primo, 624 8 | Entre tanto, había que ocultar la pólvora. Muchos escondites 625 7 | y los canteros corrían a ocultarse en la excavación. Aquel 626 8 | rincón del huerto y se la ocultase allí, pero su primo lo disuadió 627 34 | despreciativo énfasis se burló de la ocurrencia! Se necesitaba ser más borrico 628 30 | mojicones! ¿Cómo no se le ocurrió cosa tan sencilla? No, había 629 34 | Grande fue su sorpresa al oír en vez del estruendo que 630 4 | renegrida e hirsuta y los ojillos obscuros y vivaces de Petaca, 631 35 | desalentados. Pero, ambos habían olido la pólvora y su belicoso 632 35 | pájaro despachurrado que, olvidándose de lo que había visto, concluyó, 633 31 | aún era tiempo de reparar omisión tan capital, y poniéndose 634 31 | ayudase en la grave y delicada operación, de la cual ambos tenían 635 16 | debían seguir. Cañuela era de opinión de descender a la quebrada 636 31 | pues no habían tenido aún oportunidad de ver cómo se cargaba una 637 7 | escondite, él estaba ya lejos oprimiendo contra el jadeante pecho 638 34 | cabeza, cerrar lo ojos y oprimir el disparador. Grande fue 639 21 | boscaje de la vertiente opuesta.~ ~ 640 20 | constancia de sus enemigos, ora salvaba un matorral o una 641 32 | posición vertical, espera órdenes baqueta en mano, surgió 642 17 | enormes bolsillos que eran su orgullo, y le servían, a la vez, 643 | otro 644 34 | recordando los tiros que oyera explotar en la cantera y, 645 31 | que tanto los había hecho padecer. ¡Si al salir hubieran cargado 646 34 | busca de una víctima. Los pájaros abundaban, pero emprendían 647 39 | comprender lo que aquellas palabras significaban. El rubillo 648 40 | miraron, Petaca estaba tan pálido como su primo, pero su naturaleza 649 40 | golpeándose los muslos con las palmas de las manos, y silbando 650 39 | taco. Inclinó el arma para palpar la abertura con los dedos 651 16 | encontraron, después de palparla, perfectamente seca y calientita, 652 17 | unos gruesos pantalones de paño, con enormes bolsillos que 653 17 | piernas en unos gruesos pantalones de paño, con enormes bolsillos 654 8 | después sólo la envoltura de papel. Todo el contenido se había 655 34 | nada tenía de emocionante. Parece mentira, pensó, que un escopetazo 656 39 | imaginación ideó otro plan que le pareció tan magnífico que, desechando 657 40 | Cuando pasada la impresión del tremendo 658 31 | que los abrumaba. Petaca, pasado ya el acceso de furor, reflexionaba 659 34 | de pólvora. Un manojo de pasto seco sirvió de taco, y con 660 34 | encontrarla en el suelo, patas arriba.~ ~ 661 7 | oprimiendo contra el jadeante pecho su gloriosa conquista, henchida 662 20 | Una loica macho, cuya roja pechuga parecía una herida recién 663 40 | a su vez, el cañón o un pedacito siquiera con el cual se 664 34 | amenazaba derribarles de su pedestal en el ramaje. Ninguno tenía 665 7 | una furiosa granizada de pedriscos. Mas, ninguno le tocó, y 666 3 | solos esa mañana. El viejo Pedro y su mujer, la anciana Rosalía, 667 7 | listo, dada la señal de peligro, los trabajadores, incluso 668 7 | depósito excavado en la peña viva la provisión de pólvora 669 22 | vocecilla de clarín, aguda y penetrante:~ ~ 670 22 | remolcando con la diestra penosamente el fusil. Apenas respiraba, 671 22 | fugitiva, que posada en un pequeño arbusto estaba destrozando 672 15 | gran ventaja y economía por pequeños guijarros recogidos en el 673 16 | abundaban las loicas y las perdices, caza, según él, muy superior 674 36 | rápidamente el fusil y, perdido el miedo al arma, se entregaron 675 24 | loica agitó las alas y se perdió como una flecha en el horizonte.~ ~ 676 19 | todo bicho viviente, no perdonando ni a los enjambres de mosquitos 677 16 | encontraron, después de palparla, perfectamente seca y calientita, y examinando 678 37 | pesar de que Petaca juraba y perjuraba haberla visto caer requetemuerta 679 34 | Ninguno tenía la cortesía de permanecer quietecito mientras el cazador 680 18 | primo, que le rogaba le permitiese llevar, siquiera por un 681 33 | Petaca, aunque bastante perplejo, se inclinaba a creer que 682 21 | cansada de tan insignificante persecución, se elevó en los aires y, 683 20 | vista de sus infatigables perseguidores, quienes, después de algunas 684 1 | mesa, descuelga del muro el pesado y mohoso fusil. ~ ~ 685 35 | cansados de la inutilidad de la pesquisa, la abandonaron, desalentados. 686 40 | viva, se detuvo de pronto petrificado por el terror. En lo alto 687 22 | destrozando con su recio pico los tallos tiernos de la 688 40 | para hacer salvas y matar pidenes en la laguna~ ~ ~ 689 7 | encima de los montones de piedra que, en una gran extensión 690 34 | una respetable cantidad de piedrecillas sobre las cuales echó, en 691 7 | temblar el suelo bajo sus pies, enormes proyectiles le 692 39 | de fósforos e incendió la pira. Apenas las llamas se elevaron 693 39 | fecunda imaginación ideó otro plan que le pareció tan magnífico 694 22 | los tallos tiernos de la planta. Verla y caer ambos de bruces 695 39 | la huida proyectada, se plantó delante de su primo, el 696 11 | antes del domingo en su poder.~ ~ 697 35 | calor con que su primo le ponderó la precisión del disparo, 698 20 | allá. Como si se propusiese poner a prueba la constancia de 699 22 | fusil. Apenas respiraba, poniendo toda su alma en aquel silencioso 700 31 | reparar omisión tan capital, y poniéndose en pie, llamó a Cañuela 701 36 | principio con extrañeza el poquísimo humo que echaba aquella 702 22 | divisaron fue la fugitiva, que posada en un pequeño arbusto estaba 703 20 | entonces, las alas y fue a posarse sobre la yerba a cincuenta 704 40 | grandes zancadas. Parecía poseído de una terrible cólera. 705 12 | no cesó de pensar en la posibilidad de un estallido que, volcando 706 32 | que su primo mantiene en posición vertical, espera órdenes 707 19 | enmohecido cañón sobresalía, al poyar la culata en el suelo, una 708 20 | grandes rodeos y de infinitas precauciones Petaca lograba aproximarse 709 12 | Durante los días que precedieron al señalado, Cañuela no 710 18 | siquiera por un ratito, el precioso instrumento.~ ~ 711 25 | se alzó de un brinco, y precipitándose sobre el rubillo lo molió 712 34 | un grito de júbilo y se precipitó adelante seguro de encontrarla 713 35 | que su primo le ponderó la precisión del disparo, de cómo vio 714 25 | a espantar la caza en el preciso instante en que iba a caer 715 10 | fuego lo detuvo: ¿y si se prende? Pensó. De repente brincó 716 15 | de júbilo, empezaron los preparativos para la expedición. Petaca 717 16 | su decisión fue la que prevaleció.~ ~ 718 31 | dar la razón al idiota del primillo, se guardó calladamente 719 36 | aunque ambos notaron al principio con extrañeza el poquísimo 720 37 | contratiempo inesperado le privó de hacer esta experiencia. 721 39 | reflexionó acerca de las probables consecuencias de aquel suceso, 722 8 | inútilmente de resolver aquel problema, el ganso de Cañuela a quien, 723 34 | Nada, al revés había que proceder. Cañuela, que no resollaba, 724 7 | ahí sino cuando se había producido la explosión. Una mañana, 725 7 | declive de la montaña. Al producirse el estallido que hizo temblar 726 21 | los aires y, salvando una profunda quebrada, desapareció en 727 10 | cuarenta centímetros de profundidad, dentro del cual, envuelto 728 39 | contemplar a distancia los progresos del fuego. Transcurrieron 729 16 | calientita, y examinando prolijamente el fusil del abuelo, tan 730 4 | instrumento con grave atención y prolijidad. Sus cabellos rubios desteñidos, 731 11 | terminado, y Petaca se retiró prometiendo a su primo que los perdigones 732 37 | pólvora estuviera chueca. Prometióse, entonces, no cerrar los 733 7 | excavación. Aquel era el momento propicio, y abalanzándose sobre los 734 10 | rara excepción pues lo que proponía el rubillo le parecía siempre 735 5 | inconvenientes insuperables. ¿Cómo proporcionarse pólvora, perdigones y fulminantes?~ ~ 736 7 | un hueco abierto con ese propósito en el flanco de la montaña 737 8 | Muchos escondites fueron propuestos y desechados. Ninguno les 738 8 | para tal tesoro. Cañuela propuso que se abriese un hoyo en 739 8 | nunca se le ocurría nada de provecho, dijo, de pronto, señalando 740 34 | Petaca contra todo lo que provenía de su primo, se reveló esta 741 7 | excavado en la peña viva la provisión de pólvora para el día. 742 39 | que, desechando la huida proyectada, se plantó delante de su 743 7 | suelo bajo sus pies, enormes proyectiles le zumbaron en los oídos, 744 5 | Aquel proyecto de cacería era entre ellos, 745 34 | arrodillado en la yerba, Cañuela, prudentemente colocado a su espalda, esperaba, 746 20 | si se propusiese poner a prueba la constancia de sus enemigos, 747 7 | materiales de construcción a los pueblos vecinos. El padre de Petaca 748 7 | En balde el chico había puesto en juego la travesura y 749 6 | reluciente semejante a azabache pulimentado.~ ~ 750 34 | en seguida, dos gruesos puñados de pólvora. Un manojo de 751 12 | Cañuela se levantaba en puntillas y se deslizaba hacia la 752 39 | por someterse, y ambos se pusieron afanosamente a reunir hojas 753 34 | lanzar su mortífera descarga. Púsoselo al hombro el intrépido morenillo 754 17 | los bolsillos, los cuales quedaron, con este arreglo, eliminados. 755 19 | lleno de ardor cinegético, quería se hiciese fuego sobre todo 756 | quienes 757 34 | la cortesía de permanecer quietecito mientras el cazador hacía 758 15 | la montaña, los rapaces, radiantes de júbilo, empezaron los 759 34 | derribarles de su pedestal en el ramaje. Ninguno tenía la cortesía 760 15 | sendero de la montaña, los rapaces, radiantes de júbilo, empezaron 761 36 | Cargaron rápidamente el fusil y, perdido el miedo 762 10 | contempló admirado, y por una rara excepción pues lo que proponía 763 40 | limpio como si le hubiesen rastrillado. Por más que miró no encontró 764 18 | llevar, siquiera por un ratito, el precioso instrumento.~ ~ 765 2 | Los alegres rayos del sol filtrándose por 766 31 | torpeza habría sido dar la razón al idiota del primillo, 767 34 | acarrease sobre sus costillas razones más contundentes, vació 768 7 | le zumbaron en los oídos, rebotando a su derredor una furiosa 769 4 | primo, de cuerpo bajo y rechoncho, es la antítesis de Cañuela 770 20 | pechuga parecía una herida recién abierta, lanzaba su alegre 771 22 | estaba destrozando con su recio pico los tallos tiernos 772 40 | naturaleza enérgica hizo que se recobrase bien pronto, encaminándose 773 15 | economía por pequeños guijarros recogidos en el lecho del arroyo.~ ~ 774 3 | dirección al pueblo, después de recomendar a su nieto la mayor circunspección 775 17 | padre, a la cual se le había recortado las mangas y el contorno 776 34 | mientras el cazador hacía y rectificaba una y mil veces la puntería. 777 31 | pasado ya el acceso de furor, reflexionaba y casi se arrepentía de 778 31 | guardó calladamente sus reflexiones para sí. Hubiera dado con 779 39 | que avanzaba la tarde, y reflexionó acerca de las probables 780 6 | enterrarse de que los viejos no regresaban aún del pueblo, puso delante 781 6 | héroe de ella no se cuidó de relatar, embobado en la contemplación 782 6 | contemplación de aquella sustancia reluciente semejante a azabache pulimentado.~ ~ 783 22 | con el vientre en el suelo remolcando con la diestra penosamente 784 22 | de atravesar la quebrada, rendidos de fatiga, se encontraron 785 2 | filtrándose por las mil rendijas del rancho esparcen en el 786 30 | sencilla? No, había que rendirse a la evidencia. Era un ganso, 787 4 | notablemente con la cabellera renegrida e hirsuta y los ojillos 788 22 | morir de cansancio antes que renunciar a una pieza tan magnífica. 789 12 | mirando hacia atrás de reojo y mascullando con aire inquieto:~ ~ 790 31 | Pero aún era tiempo de reparar omisión tan capital, y poniéndose 791 31 | descansaron un rato para reponerse de la fatiga que los abrumaba. 792 20 | empezaron a arrastrarse como reptiles por la maleza: El ave observaba 793 37 | perjuraba haberla visto caer requetemuerta y desplumada, casi, por 794 39 | lágrimas en los ojos, se resistía a secundarle. Pero, como 795 18 | continente digno de un cazador, resistiendo con obstinación las súplicas 796 34 | proceder. Cañuela, que no resollaba, temeroso que una respuesta 797 34 | por un momento, vaciló sin resolverse a tirar del gatillo; pero 798 34 | en el cañón del arma una respetable cantidad de piedrecillas 799 22 | penosamente el fusil. Apenas respiraba, poniendo toda su alma en 800 34 | resollaba, temeroso que una respuesta suya acarrease sobre sus 801 16 | vetusto como su dueño, no restaba más que emprender la marcha 802 31 | armonía entre los chicos se restableció bien pronto. Tendidos a 803 22 | palabra, siguieron adelante resueltos a morir de cansancio antes 804 39 | de un rato, emprender la retirada y dejar a Cañuela la gloria 805 39 | acostó sobre la hoguera, retirándose en seguida, los dos, para 806 11 | lindamente terminado, y Petaca se retiró prometiendo a su primo que 807 22 | metros del árbol se detuvo y reuniendo todas sus exhaustas fuerzas 808 39 | pusieron afanosamente a reunir hojas y ramas secas, amontonándolas 809 34 | provenía de su primo, se reveló esta vez como siempre. Bastaba 810 14 | Pero no reventaba, y el chico fue tranquilizándose 811 13 | Ahora sí que revienta, caramba!~ ~ 812 8 | se abriese un hoyo en un rincón del huerto y se la ocultase 813 20 | Cuando después de grandes rodeos y de infinitas precauciones 814 18 | súplicas de su primo, que le rogaba le permitiese llevar, siquiera 815 20 | tiro. Una loica macho, cuya roja pechuga parecía una herida 816 6 | tenía oculto debajo de la ropa. La adquisición del explosivo 817 20 | llenos de arañazos y con las ropas hechas una criba; mas no 818 4 | prolijidad. Sus cabellos rubios desteñidos, y sus ojos claros 819 34 | las manos en los oídos, el ruido del disparo que se le antojaba 820 19 | yerba. Ante aquella caza ruin encogíase desdeñosamente 821 39 | había bastante, Cañuela sacó de sus insondables bolsillos 822 34 | guijarros. ¿Y por dónde salía entonces el tiro? Nada, 823 7 | flanco de la montaña y no salían de ahí sino cuando se había 824 33 | sentido, cuando Cañuela, saliendo de su mutismo, expresó tímidamente 825 29 | Por qué no esperaste que saliera el tiro?~ ~ 826 3 | Rosalía, abuelos de Cañuela, salieron muy temprano en dirección 827 7 | seguida una veloz carrera, saltando como una cabra por encima 828 19 | mísero chincol que daba saltitos entre la yerba. Ante aquella 829 20 | constancia de sus enemigos, ora salvaba un matorral o una barranca 830 20 | y proseguía la caza con salvaje ardor.~ ~ 831 21 | se elevó en los aires y, salvando una profunda quebrada, desapareció 832 40 | fabricaría un trabuco para hacer salvas y matar pidenes en la laguna~ ~ ~ 833 16 | palparla, perfectamente seca y calientita, y examinando 834 39 | afanosamente a reunir hojas y ramas secas, amontonándolas en el suelo. 835 39 | los ojos, se resistía a secundarle. Pero, como siempre, concluyó 836 35 | considerablemente, convirtiéndose en una sed de exterminio y destrucción 837 6 | aquella sustancia reluciente semejante a azabache pulimentado.~ ~ 838 40 | tizón humeante que tenía una semejanza extraordinaria con una caja 839 7 | tiro estaba listo, dada la señal de peligro, los trabajadores, 840 19 | sus chispeantes ojos, le señalaba, apuntando con la diestra, 841 12 | días que precedieron al señalado, Cañuela no cesó de pensar 842 8 | provecho, dijo, de pronto, señalando el fuego que ardía en mitad 843 20 | con tranquilidad y no dio señales de inquietud sino cuando 844 39 | significaban. El rubillo le señaló entonces la boca del cañón, 845 30 | no se le ocurrió cosa tan sencilla? No, había que rendirse 846 15 | desaparecido a lo lejos, en el sendero de la montaña, los rapaces, 847 4 | de apoderarse del arma, y sentado en el borde del lecho, con 848 33 | resolver la cuestión en este sentido, cuando Cañuela, saliendo 849 37 | interior, empezaba a creer seriamente, recordando cómo las flechas 850 17 | que eran su orgullo, y le servían, a la vez, de arca, de arsenal 851 31 | confesar su torpeza habría sido dar la razón al idiota del 852 39 | lo que aquellas palabras significaban. El rubillo le señaló entonces 853 8 | cacería fuese el domingo siguiente, día de que podían disponer 854 22 | cambiar una sola palabra, siguieron adelante resueltos a morir 855 40 | las palmas de las manos, y silbando al mismo tiempo su aire 856 39 | cuatro vientos, y siniestros silbidos surcaron el aire.~ ~ 857 6 | de la puerta la furtiva y silenciosa figura de Petaca, quien, 858 22 | poniendo toda su alma en aquel silencioso deslizamiento. A cuatro 859 40 | distancia, se destacaba la alta silueta del abuelo avanzando a grandes 860 12 | abuelos sin cenar. Y este siniestro pensamiento cobraba más 861 39 | a los cuatro vientos, y siniestros silbidos surcaron el aire.~ ~ 862 34 | Un manojo de pasto seco sirvió de taco, y con la colocación 863 19 | fusil cuyo enmohecido cañón sobresalía, al poyar la culata en el 864 2 | Los alegres rayos del sol filtrándose por las mil 865 30 | Cañuela cesó de sollozar, súbitamente, y enjugándose 866 26 | Y cuando Cañuela entre sollozos balbuceó:~ ~ 867 3 | Ambos chicos están solos esa mañana. El viejo Pedro 868 10 | júbilo. Había encontrado la solución buscada. En un instante 869 31 | bien pronto. Tendidos a la sombra de un árbol descansaron 870 39 | como siempre, concluyó por someterse, y ambos se pusieron afanosamente 871 19 | el aire. A cada instante sonaba su discreto: ¡Psh, psh! 872 12 | Rosalía inflar los carrillos y soplar con brío, atizando el fuego, 873 30 | Cañuela cesó de sollozar, súbitamente, y enjugándose los ojos 874 12 | fulminante aparición. Cuando esto sucedía, Cañuela se levantaba en 875 39 | probables consecuencias de aquel suceso, decidiendo, después de 876 18 | con el fusil al hombro, sudaba y bufaba bajo el peso del 877 20 | ejercicio, estaban bañados en sudor, llenos de arañazos y con 878 34 | pensó, que un escopetazo suene tan poco. Y su primera mirada 879 8 | desechados. Ninguno les parecía suficientemente seguro para tal tesoro. 880 16 | perdices, caza, según él, muy superior a la otra, y, como de costumbre, 881 18 | resistiendo con obstinación las súplicas de su primo, que le rogaba 882 39 | vientos, y siniestros silbidos surcaron el aire.~ ~ 883 22 | a gatas a lo largo de un surco, se enderezaron consultándose 884 32 | órdenes baqueta en mano, surgió la primera dificultad. ¿ 885 7 | rancho había una cantera que surtía de materiales de construcción 886 6 | contemplación de aquella sustancia reluciente semejante a azabache 887 15 | perdigones, se les había sustituido con gran ventaja y economía 888 40 | la impresión del tremendo susto, ambos se miraron, Petaca 889 7 | en juego la travesura y sutileza de su ingenio para apoderarse 890 | suya 891 | suyo 892 18 | armatoste. Irguiendo su pequeña talla esforzábase por mantener 893 22 | destrozando con su recio pico los tallos tiernos de la planta. Verla 894 | te 895 7 | producirse el estallido que hizo temblar el suelo bajo sus pies, 896 34 | Cañuela, que no resollaba, temeroso que una respuesta suya acarrease 897 14 | tranquilizándose hasta desechar todo temor.~ ~ 898 3 | de Cañuela, salieron muy temprano en dirección al pueblo, 899 16 | encontrarían bandadas de tencas y de zorzales; pero su testarudo 900 31 | restableció bien pronto. Tendidos a la sombra de un árbol 901 31 | operación, de la cual ambos tenían sólo nociones vagas y confusas, 902 31 | confusas, pues no habían tenido aún oportunidad de ver cómo 903 4 | cañón entre las piernas, teniendo apoyada la culata en el 904 7 | de conseguir su objeto, tentó, por fin, un medio heroico. 905 36 | echaba aquella pólvora, terminaron por no acordarse de aquel 906 40 | pronto petrificado por el terror. En lo alto de la loma a 907 8 | suficientemente seguro para tal tesoro. Cañuela propuso que se 908 16 | tencas y de zorzales; pero su testarudo primo deseaba ir más bien 909 [Título]| TEXTO~ ~ 910 4 | de sus débiles fuerzas -tiene nueve años, y su cuerpo 911 22 | su recio pico los tallos tiernos de la planta. Verla y caer 912 33 | saliendo de su mutismo, expresó tímidamente la misma idea.~ ~ 913 34 | cazador, recordando los tiros que oyera explotar en la 914 40 | diestra en alto, blandiendo un tizón humeante que tenía una semejanza 915 7 | pedriscos. Mas, ninguno le tocó, y cuando los canteros abandonaron 916 37 | recordando cómo las flechas torcidas describen una curva y se 917 31 | Pero, como confesar su torpeza habría sido dar la razón 918 7 | la señal de peligro, los trabajadores, incluso el capataz, iban 919 7 | desde la cual dirigía los trabajos. Todas sus astucias y estratagemas 920 40 | el cual se fabricaría un trabuco para hacer salvas y matar 921 35 | viera el chincol alejarse tranquilamente, no se atrevió a desengañarle; 922 20 | observaba sus movimientos con tranquilidad y no dio señales de inquietud 923 14 | reventaba, y el chico fue tranquilizándose hasta desechar todo temor.~ ~ 924 39 | los progresos del fuego. Transcurrieron algunos minutos y ya Petaca 925 8 | sitio bien seco. Y mientras trataban inútilmente de resolver 926 7 | había puesto en juego la travesura y sutileza de su ingenio 927 40 | En lo alto de la loma a treinta pasos de distancia, se destacaba 928 40 | pasada la impresión del tremendo susto, ambos se miraron, 929 7 | de la carpa. Muy pronto, tres golpes dados con un martillo 930 19 | Nemrod y proseguía su marcha triunfal a través de las lomas, encorvado 931 34 | un impertérrito chincol tuvo la complacencia, en tanto 932 12 | la olla de la merienda, única consecuencia grave que se 933 | unos 934 34 | cantera y, por un momento, vaciló sin resolverse a tirar del 935 34 | razones más contundentes, vació en el cañón del arma una 936 31 | ambos tenían sólo nociones vagas y confusas, pues no habían 937 16 | quebrada y seguir hasta el valle, donde encontrarían bandadas 938 34 | y rectificaba una y mil veces la puntería. Por último, 939 8 | contándole que un muchacho, vecino suyo, había hecho lo mismo 940 7 | construcción a los pueblos vecinos. El padre de Petaca era 941 7 | emprendiendo en seguida una veloz carrera, saltando como una 942 16 | el fusil del abuelo, tan venerable y vetusto como su dueño, 943 15 | había sustituido con gran ventaja y economía por pequeños 944 31 | de su dureza porque, a la verdad, matar un pájaro con una 945 22 | tallos tiernos de la planta. Verla y caer ambos de bruces sobre 946 32 | primo mantiene en posición vertical, espera órdenes baqueta 947 21 | desapareció en el boscaje de la vertiente opuesta.~ ~ 948 17 | Petaca vestía una chaqueta, desecho de 949 40 | más que miró no encontró vestigios del fusil. Cañuela, que 950 12 | por cierto, de que todo un Vesubio estaba ahí delante de sus 951 16 | abuelo, tan venerable y vetusto como su dueño, no restaba 952 34 | horizonte en busca de una víctima. Los pájaros abundaban, 953 34 | mirada fue para el ave, y no viéndola en la rama, lanzó un grito 954 39 | dispersada a los cuatro vientos, y siniestros silbidos surcaron 955 22 | empezó a arrastrarse con el vientre en el suelo remolcando con 956 35 | Cañuela, que viera el chincol alejarse tranquilamente, 957 6 | tarde, mientras Cañuela vigilaba sobre las brasas del hogar 958 7 | lamentablemente ante los vigilantes ojos que observaban sus 959 4 | y los ojillos obscuros y vivaces de Petaca, que dos años 960 2 | esparcen en el interior de la vivienda una claridad deslumbradora.~ ~ 961 19 | hiciese fuego sobre todo bicho viviente, no perdonando ni a los 962 22 | gritó de improviso con su vocecilla de clarín, aguda y penetrante:~ ~ 963 40 | cólera. Gesticulaba a grandes voces, con la diestra en alto, 964 20 | enfilar el arma, el pájaro volaba e iba a lanzar su grito, 965 35 | del disparo, de cómo vio volar las plumas por el aire y 966 12 | posibilidad de un estallido que, volcando la olla de la merienda, 967 10 | con la tierra extraída y volviendo a su sitio el fuego encima 968 39 | notablemente de peso. Se volvió hacia el rancho, al que 969 34 | abundaban, pero emprendían el vuelo apenas la extremidad del 970 40 | abuelo avanzando a grandes zancadas. Parecía poseído de una 971 16 | bandadas de tencas y de zorzales; pero su testarudo primo 972 19 | enjambres de mosquitos que zumbaban en el aire. A cada instante 973 7 | enormes proyectiles le zumbaron en los oídos, rebotando