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1 21 | ventana entraron zumbando unos abejorros; nadie paró en ellos, ni 2 12 | sostenía en las rodillas abierto, con las gruesas gafas entre 3 7 | calle: los pupitres, que abríamos y cerrábamos; las lecciones, 4 9 | No hubo más solución que abrir la puerta y entrar en medio 5 16 | libros, que hacía poco me aburrían tanto y tanto me pesaban 6 31 | Se ha acabado... Salgan.~ ~FIN~ ~ 7 | Acaso 8 24 | la vez. ¡Ay! ¡Siempre me acordaré de esta ultima clase!~ ~ 9 3 | me preguntaba para mis adentros: "¿Qué es lo que todavía 10 21 | trazando sus palotes con tanta afición como si fueran francés también.~ ~ 11 | ahí 12 27 | Pero algo lo ahogaba, y no pudo terminar la frase.~ ~ 13 7 | clase, se levantaba un gran alboroto, que se oía hasta en la 14 12 | anciano Hauser, el antiguo alcalde, el cartero viejo y otros 15 6 | hablaba con sorna, y entré sin aliento en el patio de la escuela.~ ~ 16 9 | abierta, veía a mis compañeros alineados en sus sitios, y al señor 17 | Allá 18 23 | fijamente los objetos a su alrededor, como si quisiera llevarse 19 18 | regla del participio, muy alto, muy claro, sin una sola 20 16 | ahora me parecían viejos amigos, de quienes me costaría 21 7 | aprenderlas mejor, y la ancha palmeta del maestro, que 22 12 | silenciosos como nosotros: el anciano Hauser, el antiguo alcalde, 23 25 | las doce; después, sonó el Ángelus. En el mismo momento, los 24 24 | Sin embargo, aún tuvo ánimos para darnos la clase de 25 | antes 26 12 | nosotros: el anciano Hauser, el antiguo alcalde, el cartero viejo 27 1 | el señor Hamel nos había anunciado que preguntaría los participios, 28 3 | parada frente al tablón de anuncios. Por él nos venían desde 29 16 | lección de francés! ¡Y yo que apenas sabía escribir! Entonces, ¡ 30 24 | Se veía que también él se aplicaba; su voz temblaba de emoción 31 21 | pupitres. ¡Era de ver cómo nos aplicábamos todos! ¡Qué silencio! No 32 30 | allí se quedó, la cabeza apoyada contra la pared. Y, sin 33 16 | escribir! Entonces, ¡yo no lo aprendería nunca! ¡No pasaría de ahí! ¡ 34 7 | tapándonos los oídos para aprenderlas mejor, y la ancha palmeta 35 4 | Watcher, que estaba con su aprendiz leyendo el bando, me gritó:~ ~ 36 2 | resistir la tentación y corrí apresuradamente hacia la escuela.~ ~ 37 | aquí 38 22 | escuela, las palomas se arrullaban dulcemente; al oírlas me 39 22 | Las obligarán también a arrullarse en alemán?"~ ~ 40 2 | el prado Rippert, tras el aserradero, a los prusianos que hacían 41 | así 42 25 | señor Hamel se levantó de su asiento completamente demudado; 43 20 | leyó la lección; yo estaba asombrado de ver cómo lo comprendía; 44 2 | ejercicio. Todo esto me atraía mucho más que la regla del 45 4 | Entonces, al verme atravesar la plaza a la carrera, el 46 18 | corazón en un puño y sin atreverme a levantar la cabeza. El 47 | aún 48 9 | No les digo si estaría avergonzado, ni el pánico que tendría!~ ~ 49 24 | pequeños cantaron juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en 50 19 | Todos los días nos decimos ¡Bah!, tengo tiempo, ya estudiaré 51 18 | y allí me quedé, de pie, balanceándome en el banco, con el corazón 52 21 | Francia, Alsacia. Parecían banderitas que ondeaban por toda la 53 3 | las malas noticias, las batallas perdidas, las requisiciones, 54 24 | pequeños cantaron juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en lo 55 14 | doy clase. Ha llegado de Berlín la orden de que no se enseñe 56 24 | cantaron juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en lo último 57 24 | cantaron juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en lo último de 58 12 | chorrera rizada y el gorro bordado de seda negra, que sólo 59 12 | silabario, roído por los bordes, que sostenía en las rodillas 60 2 | mirlos silbar en la linde del bosque, y en el prado Rippert, 61 9 | terrible palmeta bajo el brazo. No hubo más solución que 62 23 | pupitres, se habían lustrado, bruñidos por el uso; los nogales 63 24 | juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en lo último de la 64 1 | escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, 65 17 | Se había puesto su traje bueno de los domingos en honor 66 17 | por sus cuarenta años de buenos servicios, de ofrecer sus 67 24 | para darnos la clase de cabo a rabo. Después de la escritura 68 20(1)| llave que le liberta de sus cadenas". F. Mistral.~ ~ 69 20 | porque cuando un pueblo cae en la esclavitud, si conserva 70 28 | pizarra, cogió la tiza y, calcando con todas sus fuerzas, escribió 71 7 | que se oía hasta en la calle: los pupitres, que abríamos 72 1 | largarme a través de los campos.~ ~ 73 24 | tarde, los más pequeños cantaron juntos el ba, be, bi, bo, 74 19 | muchas cosas que echarnos en cara. A sus padres no les ha 75 4 | atravesar la plaza a la carrera, el herrero Watcher, que 76 12 | el antiguo alcalde, el cartero viejo y otros cuantos. Todos 77 24 | los espejuelos, y, con la cartilla abierta, deletreaba a coro 78 19 | riño, pobrecito; bastante castigado estás... Pero, mira, las 79 16 | más, me hacía olvidar los castigos y los palmetazos.~ ~ 80 19 | para reunir unos cuantos céntimos más. Y yo mismo, ¿no tengo 81 7 | pupitres, que abríamos y cerrábamos; las lecciones, que repetíamos 82 12 | hermosa levita verde, su chorrera rizada y el gorro bordado 83 20 | hermosa del mundo, la más clara, la más sólida; que era 84 10 | señor Hamel me miró sin cólera y me dijo dulcemente:~ ~ 85 21 | ondeaban por toda la clase, colgadas como de un mástil sobre 86 9 | ventana, abierta, veía a mis compañeros alineados en sus sitios, 87 25 | se levantó de su asiento completamente demudado; nunca me había 88 15 | palabras me trastornaron por completo. ¡Miserables! Esto es lo 89 9 | Yo contaba con este jaleo para deslizarme 90 | contra 91 18 | balanceándome en el banco, con el corazón en un puño y sin atreverme 92 24 | cartilla abierta, deletreaba a coro con ellos. Se veía que también 93 2 | resistir la tentación y corrí apresuradamente hacia la 94 16 | viejos amigos, de quienes me costaría mucho trabajo separarme. 95 23 | nogales del patio habían crecido, y la enredadera, plantada 96 15 | Estas cuatro palabras me trastornaron 97 1 | había retrasado más de la cuenta en ir a la escuela, y me 98 19 | ello, tú no tienes mucha culpa; todos nosotros tenemos 99 18 | el turno. ¡Qué no habría dado yo por poder decir de un 100 17 | era también una manera de dar las gracias al maestro por 101 24 | embargo, aún tuvo ánimos para darnos la clase de cabo a rabo. 102 23 | las tejas. ¡Qué tortura debía ser para aquel pobre hombre 103 23 | haciendo las maletas!... Porque debían partir al día siguiente, ¡ 104 20 | comprendía; todo lo que decía me pareció fácil, facilísimo. 105 19 | así. Todos los días nos decimos ¡Bah!, tengo tiempo, ya 106 19 | esa gente tiene derecho a decirnos: Pero ¿cómo? ¿Pretenden 107 3 | Al pasar por delante de la Alcaldía vi una porción 108 24 | con la cartilla abierta, deletreaba a coro con ellos. Se veía 109 25 | su asiento completamente demudado; nunca me había parecido 110 19 | mañana. Ahora esa gente tiene derecho a decirnos: Pero ¿cómo? ¿ 111 19 | Ay! Ésta ha sido la gran desgracia de nuestra Alsacia: dejar 112 12 | bancos que solían quedar desiertos, unos cuantos viejos sentados, 113 9 | contaba con este jaleo para deslizarme en mi banco sin ser visto; 114 9 | inmenso silencio. ¡No les digo si estaría avergonzado, 115 24 | Después de la escritura dimos la lección de historia; 116 25 | el reloj de la iglesia dio las doce; después, sonó 117 20 | en sus explicaciones. Se diría que el pobre quería infundirnos 118 12 | días de inspección o de distribución de premios. Además, la clase 119 25 | reloj de la iglesia dio las doce; después, sonó el Ángelus. 120 9 | tranquilo como la mañana de un domingo. Por la ventana, abierta, 121 17 | puesto su traje bueno de los domingos en honor a la última clase. 122 3 | él nos venían desde hacía dos años todas las malas noticias, 123 14 | es el último día que les doy clase. Ha llegado de Berlín 124 13 | con la misma voz grave y dulce con que me había recibido, 125 19 | tenemos muchas cosas que echarnos en cara. A sus padres no 126 12 | algo recobrado de mi pavor, eché de ver que el maestro se 127 2 | prusianos que hacían el ejercicio. Todo esto me atraía mucho 128 | ello 129 24 | Sin embargo, aún tuvo ánimos para darnos 130 18 | las primeras palabras me embrollé, y allí me quedé, de pie, 131 24 | aplicaba; su voz temblaba de emoción y era tan gracioso oírlo, 132 23 | trajinaba en el piso de encima haciendo las maletas!... 133 23 | mismo sitio, con el patio enfrente y la clase siempre parecida; 134 23 | patio habían crecido, y la enredadera, plantada por su mano, festoneaba 135 14 | Berlín la orden de que no se enseñe más que el alemán en las 136 12 | premios. Además, la clase entera tenía un no sabía qué extraordinario, 137 9 | solución que abrir la puerta y entrar en medio de aquel inmenso 138 21 | el papel. Por la ventana entraron zumbando unos abejorros; 139 6 | me hablaba con sorna, y entré sin aliento en el patio 140 | esa 141 20 | cuando un pueblo cae en la esclavitud, si conserva bien la lengua 142 28 | calcando con todas sus fuerzas, escribió en trazos tan gruesos como 143 16 | Y yo que apenas sabía escribir! Entonces, ¡yo no lo aprendería 144 21 | nuevos, sobre los que había escrito con una hermosa letra redonda: 145 20 | Acaso fuera que nunca había escuchado con tanta atención y que 146 14 | más que el alemán en las escuelas de Alsacia y Lorena... El 147 24 | Hauser se había puesto los espejuelos, y, con la cartilla abierta, 148 | esta 149 | Ésta 150 25 | volvían de la instrucción, estallaron bajo las ventanas. El señor 151 9 | silencio. ¡No les digo si estaría avergonzado, ni el pánico 152 19 | pobrecito; bastante castigado estás... Pero, mira, las cosas 153 | estos 154 19 | regar mi jardín en vez de estudiar? Y cuando quería irme a 155 19 | Bah!, tengo tiempo, ya estudiaré mañana, y luego, aquí tienes 156 20 | puesto tanta paciencia en sus explicaciones. Se diría que el pobre quería 157 13 | Mientras yo hacía estas extrañas observaciones, el señor 158 12 | entera tenía un no sabía qué extraordinario, solemne; pero lo que me 159 20(1)| liberta de sus cadenas". F. Mistral.~ ~ 160 19 | trabajar la tierra o a las fábricas, para reunir unos cuantos 161 20 | lo que decía me pareció fácil, facilísimo. Acaso fuera 162 20 | decía me pareció fácil, facilísimo. Acaso fuera que nunca había 163 18 | muy claro, sin una sola falta! Pero a las primeras palabras 164 1 | sabía ni una jota. No me faltaron ganas de hacer novillos 165 23 | enredadera, plantada por su mano, festoneaba las ventanas y subía hasta 166 23 | mirada toda su escuela. ¡Figúrense! Desde hacía cuarenta años 167 23 | inmóvil en su silla, mirando fijamente los objetos a su alrededor, 168 | FIN 169 12 | sorprendió más fue ver en el fondo de la sala, en los bancos 170 20 | a hablarnos de la lengua francesa, diciendo que era la lengua 171 19 | Pero ¿cómo? ¿Pretenden ser franceses y no saben hablar su lengua? 172 27 | ahogaba, y no pudo terminar la frase.~ ~ 173 3 | porción de gente parada frente al tablón de anuncios. Por 174 20 | fácil, facilísimo. Acaso fuera que nunca había escuchado 175 | fueran 176 28 | calcando con todas sus fuerzas, escribió en trazos tan 177 12 | abierto, con las gruesas gafas entre las páginas.~ ~ 178 20 | que nos lo quería meter de golpe en la cabeza.~ ~ 179 7 | palmeta del maestro, que golpeaba la mesa:~ ~ 180 12 | su chorrera rizada y el gorro bordado de seda negra, que 181 17 | también una manera de dar las gracias al maestro por sus cuarenta 182 24 | temblaba de emoción y era tan gracioso oírlo, que teníamos ganas 183 25 | nunca me había parecido tan grande.~ ~ 184 13 | tribuna, y con la misma voz grave y dulce con que me había 185 4 | aprendiz leyendo el bando, me gritó:~ ~ 186 12 | rodillas abierto, con las gruesas gafas entre las páginas.~ ~ 187 28 | escribió en trazos tan gruesos como pudo:~ ~ 188 20 | sólida; que era preciso guardarla entre nosotros y no olvidarla 189 17 | Parecía que sentían no haber venido más a menudo; era 190 6 | Me pareció que me hablaba con sorna, y entré sin aliento 191 20 | el señor Hamel llegó a hablarnos de la lengua francesa, diciendo 192 18 | llegado el turno. ¡Qué no habría dado yo por poder decir 193 | hacer 194 2 | aserradero, a los prusianos que hacían el ejercicio. Todo esto 195 23 | trajinaba en el piso de encima haciendo las maletas!... Porque debían 196 16 | los novillos que había hecho para ir a nidos o a patinar 197 23 | todas estas cosas y oír a su hermana, que trajinaba en el piso 198 2 | Hacía un tiempo tan hermoso, tan claro! Se oía a los 199 4 | la plaza a la carrera, el herrero Watcher, que estaba con 200 11 | Siéntate pronto, hijo mío; íbamos a comenzar sin 201 17 | bueno de los domingos en honor a la última clase. Ahora 202 14 | maestro nuevo llega mañana. Hoy es nuestra última lección 203 11 | Siéntate pronto, hijo mío; íbamos a comenzar sin ti.~ ~ 204 16 | mismo que el señor Hamel. La idea de que iba a marcharse, 205 25 | En esto, el reloj de la iglesia dio las doce; después, sonó 206 19 | A sus padres no les ha importado gran cosa verlos instruidos; 207 20 | diría que el pobre quería infundirnos todo su saber antes de marcharse, 208 9 | entrar en medio de aquel inmenso silencio. ¡No les digo si 209 23 | plana y veía al señor Hamel, inmóvil en su silla, mirando fijamente 210 12 | sólo sacaba los días de inspección o de distribución de premios. 211 19 | importado gran cosa verlos instruidos; les parecía mejor mandarlos 212 19 | estudiar? Y cuando quería irme a pescar truchas, ¿me violentaba 213 23 | partir al día siguiente, ¡irse de su tierra para siempre!~ ~ 214 9 | Yo contaba con este jaleo para deslizarme en mi banco 215 19 | hacía muchas veces regar mi jardín en vez de estudiar? Y cuando 216 1 | participios, y yo no sabía ni una jota. No me faltaron ganas de 217 | juntos 218 3 | requisiciones, las órdenes de la Kommandature, y, sin pararme, me preguntaba 219 1 | ganas de hacer novillos y largarme a través de los campos.~ ~ 220 | le 221 7 | abríamos y cerrábamos; las lecciones, que repetíamos a voces 222 21 | escrito con una hermosa letra redonda: Francia, Alsacia, 223 21 | los pequeñuelos, que no levantaban cabeza, trazando sus palotes 224 18 | un puño y sin atreverme a levantar la cabeza. El señor Hamel 225 25 | ventanas. El señor Hamel se levantó de su asiento completamente 226 12 | había puesto su hermosa levita verde, su chorrera rizada 227 4 | que estaba con su aprendiz leyendo el bando, me gritó:~ ~ 228 20 | cogió una gramática y nos leyó la lección; yo estaba asombrado 229 20(1)| lengua, tiene la llave que le liberta de sus cadenas". F. Mistral.~ ~ 230 16 | patinar sobre el Saar! Mis libros, que hacía poco me aburrían 231 2 | los mirlos silbar en la linde del bosque, y en el prado 232 18 | cuando oí que el maestro me llamaba. Me había llegado el turno. ¡ 233 14 | Lorena... El maestro nuevo llega mañana. Hoy es nuestra última 234 5 | tanto, muchacho; todavía llegas a la escuela bastante a 235 20 | en otra, el señor Hamel llegó a hablarnos de la lengua 236 12 | tristes, y Hauser había llevado un silabario, roído por 237 23 | alrededor, como si quisiera llevarse en la mirada toda su escuela. ¡ 238 24 | teníamos ganas de reír y llorar a la vez. ¡Ay! ¡Siempre 239 14 | las escuelas de Alsacia y Lorena... El maestro nuevo llega 240 19 | ya estudiaré mañana, y luego, aquí tienes lo que pasa. ¡ 241 23 | los pupitres, se habían lustrado, bruñidos por el uso; los 242 3 | hacía dos años todas las malas noticias, las batallas perdidas, 243 23 | piso de encima haciendo las maletas!... Porque debían partir 244 17 | menudo; era también una manera de dar las gracias al maestro 245 17 | respetos a la patria que se marchaba con él...~ ~ 246 21 | clase, colgadas como de un mástil sobre nuestros pupitres. ¡ 247 9 | abrir la puerta y entrar en medio de aquel inmenso silencio. ¡ 248 17 | sentían no haber venido más a menudo; era también una manera 249 7 | maestro, que golpeaba la mesa:~ ~ 250 20 | marcharse, que nos lo quería meter de golpe en la cabeza.~ ~ 251 | 252 | Mientras 253 | mío 254 19 | castigado estás... Pero, mira, las cosas son así. Todos 255 23 | quisiera llevarse en la mirada toda su escuela. ¡Figúrense! 256 23 | Hamel, inmóvil en su silla, mirando fijamente los objetos a 257 2 | tan claro! Se oía a los mirlos silbar en la linde del bosque, 258 10 | no! El señor Hamel me miró sin cólera y me dijo dulcemente:~ ~ 259 15 | trastornaron por completo. ¡Miserables! Esto es lo que nos preparaban 260 | misma 261 20(1)| liberta de sus cadenas". F. Mistral.~ ~ 262 21 | maestro nos había preparado modelos nuevos, sobre los que había 263 5 | No te molestes tanto, muchacho; todavía 264 25 | el Ángelus. En el mismo momento, los sonidos de las trompetas 265 12 | Me monté sobre el banco, y en seguida 266 | mucha 267 5 | No te molestes tanto, muchacho; todavía llegas a la escuela 268 20 | la lengua más hermosa del mundo, la más clara, la más sólida; 269 21 | zumbando unos abejorros; nadie paró en ellos, ni siquiera 270 12 | el gorro bordado de seda negra, que sólo sacaba los días 271 16 | que había hecho para ir a nidos o a patinar sobre el Saar! 272 23 | bruñidos por el uso; los nogales del patio habían crecido, 273 3 | dos años todas las malas noticias, las batallas perdidas, 274 | nuestros 275 14 | Alsacia y Lorena... El maestro nuevo llega mañana. Hoy es nuestra 276 21 | había preparado modelos nuevos, sobre los que había escrito 277 23 | silla, mirando fijamente los objetos a su alrededor, como si 278 22 | oírlas me preguntaba: "¿Las obligarán también a arrullarse en 279 13 | yo hacía estas extrañas observaciones, el señor Hamel se había 280 3 | es lo que todavía puede ocurrir?"~ ~ 281 17 | de buenos servicios, de ofrecer sus respetos a la patria 282 18 | mis reflexiones, cuando que el maestro me llamaba. 283 7 | un tiempo, tapándonos los oídos para aprenderlas mejor, 284 23 | dejar todas estas cosas y oír a su hermana, que trajinaba 285 22 | arrullaban dulcemente; al oírlas me preguntaba: "¿Las obligarán 286 24 | emoción y era tan gracioso oírlo, que teníamos ganas de reír 287 23 | en cuando levantaba los ojos de mi plana y veía al señor 288 16 | no lo vería más, me hacía olvidar los castigos y los palmetazos.~ ~ 289 20 | guardarla entre nosotros y no olvidarla nunca, porque cuando un 290 21 | Parecían banderitas que ondeaban por toda la clase, colgadas 291 14 | Ha llegado de Berlín la orden de que no se enseñe más 292 3 | las requisiciones, las órdenes de la Kommandature, y, sin 293 7 | De ordinario, al comenzar la clase, se 294 | otra 295 | otros 296 20 | tampoco él había puesto tanta paciencia en sus explicaciones. Se 297 19 | echarnos en cara. A sus padres no les ha importado gran 298 12 | gruesas gafas entre las páginas.~ ~ 299 16 | olvidar los castigos y los palmetazos.~ ~ 300 22 | tejado de la escuela, las palomas se arrullaban dulcemente; 301 21 | levantaban cabeza, trazando sus palotes con tanta afición como si 302 9 | estaría avergonzado, ni el pánico que tendría!~ ~ 303 21 | rasguear de las plumas sobre el papel. Por la ventana entraron 304 3 | vi una porción de gente parada frente al tablón de anuncios. 305 3 | la Kommandature, y, sin pararme, me preguntaba para mis 306 23 | enfrente y la clase siempre parecida; sólo los bancos, los pupitres, 307 25 | demudado; nunca me había parecido tan grande.~ ~ 308 30 | cabeza apoyada contra la pared. Y, sin hablar, nos hacía 309 21 | zumbando unos abejorros; nadie paró en ellos, ni siquiera los 310 1 | anunciado que preguntaría los participios, y yo no sabía ni una jota. 311 23 | maletas!... Porque debían partir al día siguiente, ¡irse 312 19 | luego, aquí tienes lo que pasa. ¡Ay! Ésta ha sido la gran 313 9 | sitios, y al señor Hamel, que pasaba y repasaba, con su terrible 314 21 | hubo terminado la lección pasamos a la escritura. El maestro 315 3 | Al pasar por delante de la Alcaldía 316 16 | lo aprendería nunca! ¡No pasaría de ahí! ¡Cómo me reprochaba 317 19 | violentaba algo para mandarlos a paseo?~ ~ 318 16 | hecho para ir a nidos o a patinar sobre el Saar! Mis libros, 319 17 | ofrecer sus respetos a la patria que se marchaba con él...~ ~ 320 12 | cuando, algo recobrado de mi pavor, eché de ver que el maestro 321 24 | historia; más tarde, los más pequeños cantaron juntos el ba, be, 322 21 | en ellos, ni siquiera los pequeñuelos, que no levantaban cabeza, 323 3 | malas noticias, las batallas perdidas, las requisiciones, las 324 16 | reprochaba a mí mismo el tiempo perdido, los novillos que había 325 16 | aburrían tanto y tanto me pesaban en la mano, mi Gramática, 326 19 | Y cuando quería irme a pescar truchas, ¿me violentaba 327 18 | embrollé, y allí me quedé, de pie, balanceándome en el banco, 328 23 | hermana, que trajinaba en el piso de encima haciendo las maletas!... 329 28 | Entonces se volvió hacia la pizarra, cogió la tiza y, calcando 330 23 | levantaba los ojos de mi plana y veía al señor Hamel, inmóvil 331 23 | crecido, y la enredadera, plantada por su mano, festoneaba 332 4 | Entonces, al verme atravesar la plaza a la carrera, el herrero 333 21 | más que el rasguear de las plumas sobre el papel. Por la ventana 334 19 | No te riño, pobrecito; bastante castigado estás... 335 18 | Qué no habría dado yo por poder decir de un tirón aquella 336 14 | francés; les suplico que pongan toda su atención.~ ~ 337 3 | delante de la Alcaldía vi una porción de gente parada frente al 338 2 | linde del bosque, y en el prado Rippert, tras el aserradero, 339 9 | banco sin ser visto; pero precisamente aquel día todo estaba tranquilo 340 20 | la más sólida; que era preciso guardarla entre nosotros 341 1 | nos había anunciado que preguntaría los participios, y yo no 342 12 | inspección o de distribución de premios. Además, la clase entera 343 15 | Miserables! Esto es lo que nos preparaban con el bando de la Alcaldía.~ ~ 344 21 | escritura. El maestro nos había preparado modelos nuevos, sobre los 345 19 | a decirnos: Pero ¿cómo? ¿Pretenden ser franceses y no saben 346 18 | una sola falta! Pero a las primeras palabras me embrollé, y 347 20 | si tuviera la llave de la prisión1. Después cogió una gramática 348 11 | Siéntate pronto, hijo mío; íbamos a comenzar 349 | propia 350 3 | Qué es lo que todavía puede ocurrir?"~ ~ 351 9 | más solución que abrir la puerta y entrar en medio de aquel 352 | Pues 353 18 | banco, con el corazón en un puño y sin atreverme a levantar 354 18 | Estaba en este punto de mis reflexiones, cuando 355 12 | y en seguida me senté al pupitre. Fue entonces cuando, algo 356 12 | en los bancos que solían quedar desiertos, unos cuantos 357 18 | palabras me embrollé, y allí me quedé, de pie, balanceándome en 358 30 | Y allí se quedó, la cabeza apoyada contra 359 30 | hacía con la mano señas que querían decir:~ ~ 360 | quienes 361 23 | a su alrededor, como si quisiera llevarse en la mirada toda 362 24 | darnos la clase de cabo a rabo. Después de la escritura 363 21 | silencio! No se oía más que el rasguear de las plumas sobre el papel. 364 13 | y dulce con que me había recibido, nos dijo:~ ~ 365 12 | Fue entonces cuando, algo recobrado de mi pavor, eché de ver 366 21 | escrito con una hermosa letra redonda: Francia, Alsacia, Francia, 367 18 | Estaba en este punto de mis reflexiones, cuando oí que el maestro 368 19 | No les hacía muchas veces regar mi jardín en vez de estudiar? 369 24 | oírlo, que teníamos ganas de reír y llorar a la vez. ¡Ay! ¡ 370 25 | En esto, el reloj de la iglesia dio las doce; 371 9 | señor Hamel, que pasaba y repasaba, con su terrible palmeta 372 7 | cerrábamos; las lecciones, que repetíamos a voces todos a un tiempo, 373 1 | escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, el señor 374 16 | pasaría de ahí! ¡Cómo me reprochaba a mí mismo el tiempo perdido, 375 19 | mismo, ¿no tengo algo que reprocharme también? ¿No les hacía muchas 376 3 | las batallas perdidas, las requisiciones, las órdenes de la Kommandature, 377 2 | del participio; pero supe resistir la tentación y corrí apresuradamente 378 17 | servicios, de ofrecer sus respetos a la patria que se marchaba 379 1 | Aquella mañana me había retrasado más de la cuenta en ir a 380 19 | tierra o a las fábricas, para reunir unos cuantos céntimos más. 381 19 | No te riño, pobrecito; bastante castigado 382 2 | del bosque, y en el prado Rippert, tras el aserradero, a los 383 12 | levita verde, su chorrera rizada y el gorro bordado de seda 384 12 | bordes, que sostenía en las rodillas abierto, con las gruesas 385 12 | había llevado un silabario, roído por los bordes, que sostenía 386 16 | nidos o a patinar sobre el Saar! Mis libros, que hacía poco 387 19 | Pretenden ser franceses y no saben hablar su lengua? De todo 388 20 | quería infundirnos todo su saber antes de marcharse, que 389 12 | de seda negra, que sólo sacaba los días de inspección o 390 16 | mi Gramática, mi Historia Sagrada, ahora me parecían viejos 391 31 | Se ha acabado... Salgan.~ ~FIN~ ~ 392 12 | rizada y el gorro bordado de seda negra, que sólo sacaba los 393 12 | monté sobre el banco, y en seguida me senté al pupitre. Fue 394 30 | hablar, nos hacía con la mano señas que querían decir:~ ~ 395 12 | desiertos, unos cuantos viejos sentados, silenciosos como nosotros: 396 17 | del pueblo habían venido a sentarse en lo último de la sala. 397 12 | el banco, y en seguida me senté al pupitre. Fue entonces 398 17 | de la sala. Parecía que sentían no haber venido más a menudo; 399 16 | me costaría mucho trabajo separarme. Lo mismo que el señor Hamel. 400 17 | cuarenta años de buenos servicios, de ofrecer sus respetos 401 19 | lo que pasa. ¡Ay! Ésta ha sido la gran desgracia de nuestra 402 11 | Siéntate pronto, hijo mío; íbamos 403 23 | Porque debían partir al día siguiente, ¡irse de su tierra para 404 12 | Hauser había llevado un silabario, roído por los bordes, que 405 2 | claro! Se oía a los mirlos silbar en la linde del bosque, 406 12 | cuantos viejos sentados, silenciosos como nosotros: el anciano 407 23 | señor Hamel, inmóvil en su silla, mirando fijamente los objetos 408 21 | nadie paró en ellos, ni siquiera los pequeñuelos, que no 409 23 | estaba allí; en el mismo sitio, con el patio enfrente y 410 9 | compañeros alineados en sus sitios, y al señor Hamel, que pasaba 411 18 | alto, muy claro, sin una sola falta! Pero a las primeras 412 12 | sabía qué extraordinario, solemne; pero lo que me sorprendió 413 12 | sala, en los bancos que solían quedar desiertos, unos cuantos 414 20 | mundo, la más clara, la más sólida; que era preciso guardarla 415 9 | bajo el brazo. No hubo más solución que abrir la puerta y entrar 416 19 | Pero, mira, las cosas son así. Todos los días nos 417 25 | En el mismo momento, los sonidos de las trompetas de los 418 25 | iglesia dio las doce; después, sonó el Ángelus. En el mismo 419 6 | pareció que me hablaba con sorna, y entré sin aliento en 420 12 | solemne; pero lo que me sorprendió más fue ver en el fondo 421 12 | roído por los bordes, que sostenía en las rodillas abierto, 422 23 | festoneaba las ventanas y subía hasta las tejas. ¡Qué tortura 423 13 | el señor Hamel se había subido a su tribuna, y con la misma 424 2 | regla del participio; pero supe resistir la tentación y 425 14 | lección de francés; les suplico que pongan toda su atención.~ ~ 426 3 | de gente parada frente al tablón de anuncios. Por él nos 427 | tampoco 428 7 | voces todos a un tiempo, tapándonos los oídos para aprenderlas 429 24 | lección de historia; más tarde, los más pequeños cantaron 430 22 | Sobre el tejado de la escuela, las palomas 431 23 | ventanas y subía hasta las tejas. ¡Qué tortura debía ser 432 24 | también él se aplicaba; su voz temblaba de emoción y era tan gracioso 433 1 | en ir a la escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, 434 9 | avergonzado, ni el pánico que tendría!~ ~ 435 19 | mucha culpa; todos nosotros tenemos muchas cosas que echarnos 436 12 | Además, la clase entera tenía un no sabía qué extraordinario, 437 24 | tan gracioso oírlo, que teníamos ganas de reír y llorar a 438 2 | participio; pero supe resistir la tentación y corrí apresuradamente 439 21 | Cuando hubo terminado la lección pasamos a la 440 27 | algo lo ahogaba, y no pudo terminar la frase.~ ~ 441 [Título]| TEXTO~ ~ 442 | ti 443 18 | yo por poder decir de un tirón aquella terrible regla del 444 28 | hacia la pizarra, cogió la tiza y, calcando con todas sus 445 23 | subía hasta las tejas. ¡Qué tortura debía ser para aquel pobre 446 19 | parecía mejor mandarlos a trabajar la tierra o a las fábricas, 447 16 | quienes me costaría mucho trabajo separarme. Lo mismo que 448 17 | hombre! Se había puesto su traje bueno de los domingos en 449 23 | y oír a su hermana, que trajinaba en el piso de encima haciendo 450 9 | precisamente aquel día todo estaba tranquilo como la mañana de un domingo. 451 2 | y en el prado Rippert, tras el aserradero, a los prusianos 452 15 | Estas cuatro palabras me trastornaron por completo. ¡Miserables! 453 1 | hacer novillos y largarme a través de los campos.~ ~ 454 21 | que no levantaban cabeza, trazando sus palotes con tanta afición 455 28 | sus fuerzas, escribió en trazos tan gruesos como pudo:~ ~ 456 13 | Hamel se había subido a su tribuna, y con la misma voz grave 457 12 | cuantos. Todos ellos parecían tristes, y Hauser había llevado 458 25 | momento, los sonidos de las trompetas de los prusianos, que volvían 459 19 | cuando quería irme a pescar truchas, ¿me violentaba algo para 460 | 461 18 | llamaba. Me había llegado el turno. ¡Qué no habría dado yo 462 20 | lengua propia, es como si tuviera la llave de la prisión1. 463 24 | Sin embargo, aún tuvo ánimos para darnos la clase 464 24 | Siempre me acordaré de esta ultima clase!~ ~ 465 23 | lustrado, bruñidos por el uso; los nogales del patio habían 466 19 | también? ¿No les hacía muchas veces regar mi jardín en vez de 467 3 | de anuncios. Por él nos venían desde hacía dos años todas 468 12 | puesto su hermosa levita verde, su chorrera rizada y el 469 16 | marcharse, de que ya no lo vería más, me hacía olvidar los 470 19 | les ha importado gran cosa verlos instruidos; les parecía 471 4 | Entonces, al verme atravesar la plaza a la 472 3 | por delante de la Alcaldía vi una porción de gente parada 473 19 | irme a pescar truchas, ¿me violentaba algo para mandarlos a paseo?~ ~ 474 9 | deslizarme en mi banco sin ser visto; pero precisamente aquel 475 29 | VIVA FRANCIA!"~ ~ 476 7 | lecciones, que repetíamos a voces todos a un tiempo, tapándonos 477 25 | trompetas de los prusianos, que volvían de la instrucción, estallaron 478 28 | Entonces se volvió hacia la pizarra, cogió 479 4 | a la carrera, el herrero Watcher, que estaba con su aprendiz 480 21 | Por la ventana entraron zumbando unos abejorros; nadie paró
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