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Alphonse Daudet Las hadas de Francia Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 14 | solitarios de los parques abandonados, las piedras de las fuentes, 2 21 | quémenlo todo, enciéndanlo, abrásenlo!».~ ~ 3 18 | burlones y bien comidos abrir sus arcas del pan a los 4 21 | gruesos libros de los que el aburrimiento se desprende como un polvillo 5 18 | rían cuanto quieran. Ya acaban de comprobar qué es un pueblo 6 16 | partir de entonces, todo acabó para nosotras. Como vivíamos 7 2 | informe, titubeante, se acercó y se apoyó en la barandilla. 8 1 | Levántese la acusada! -dijo el presidente.~ ~ 9 | Además 10 15 | ingenuas imaginaciones temor y admiración. Por eso nuestras fuentes 11 18 | campo de batalla, el soldado agonizante habría visto al hada de 12 | Ahí 13 13 | elevaba y mantenía en el aire como una voz de ensueño:~ ~ 14 2 | asomaba un pobre rostro ajado, curtido, arrugado, de entre 15 21 | farsas, y en nuestros carros alados han desfilado tantas fealdades 16 21 | las manos la ciencia al alcance de los niños: gruesos libros 17 18 | habría visto al hada de su aldea inclinarse sobre sus ojos 18 18 | nuestro sitio, ninguno de los alemanes que han entrado en Francia 19 | Algo 20 | algún 21 21 | quien envió a los sabios que analizaron nuestras hermosas fuentes 22 21 | París, señor - contestó la anciana con tranquilidad - . Prendía 23 14 | lugares por donde solíamos andar, los rincones solitarios 24 2 | barandilla. Era un manojo de andrajos, rotos, remiendos, cintas, 25 2 | titubeante, se acercó y se apoyó en la barandilla. Era un 26 14 | hierba. Los aldeanos nos apreciaban, nos veneraban.~ ~ 27 21 | dorados y estampas en los que aprendían nuestra historia, París 28 15 | permanecían cristalinas, y los arados se detenían en los caminos 29 16 | se ha hecho tal tala de árboles, que al poco tiempo nos 30 18 | y bien comidos abrir sus arcas del pan a los prusianos 31 21 | feliz me sentía al ver cómo ardía Paris! Yo era quien dirigía 32 18 | fuegos fatuos los habrían arrastrado hacia las ciénagas; en todas 33 16 | nos convertimos en viejas arrugadas y malévolas, como las hadas 34 2 | pobre rostro ajado, curtido, arrugado, de entre cuyas arrugas 35 2 | arrugado, de entre cuyas arrugas surgía la malicia de dos 36 2 | viejas, en medio del cual asomaba un pobre rostro ajado, curtido, 37 17 | perseguían, y los coches nos atropellaban. Además, enfermedades, privaciones, 38 21 | nuestros nombres, nos querían aunque nos temieran un poco; pero 39 16 | Pero el siglo ha avanzado mucho. Se han inventado 40 21 | hierro que contenían y la de azufre. París se ha burlado de 41 | bajo 42 18 | estanques habríamos elaborado bálsamos para los heridos; con los " 43 2 | se movió en el horrible banquillo de las petroleras, y una 44 2 | acercó y se apoyó en la barandilla. Era un manojo de andrajos, 45 17 | ver cómo nos temblaba la barbilla; los guardias nos perseguían, 46 18 | hilas; y en el campo de batalla, el soldado agonizante habría 47 16 | de leña seca, o cogiendo bellotas por las orillas de los caminos. 48 21 | de una luna simulada por bengalas, que nadie piensa ya en 49 8 | presidente sonrió bajo su bigote de coronel de dragones, 50 21 | poco; pero en lugar de los bonitos libros repletos de dorados 51 21 | como un polvillo gris que borra de los ojos infantiles nuestros 52 18 | para mostrarle un trozo de bosque, un recodo del sendero, 53 18 | nombres, habríamos vertido brebajes encantados que los habrían 54 18 | tienen! Robin no creía en la brujería, pero tampoco creía en la 55 14 | los viejos castillos, las brumas de los estanques, las grandes 56 21 | porque lo odio, porque se burla de todo, porque él ha sido 57 21 | la de azufre. París se ha burlado de nosotras en los escenarios 58 18 | visto a todos esos aldeanos burlones y bien comidos abrir sus 59 16 | nos fuimos a las ciudades buscando trabajo.~ ~ 60 18 | podido reconocerlos. Los campesinos habrían luchado. Con las 61 18 | habríamos tejido hilas; y en el campo de batalla, el soldado agonizante 62 14 | poesía de nuestro pueblo, su candor, su juventud. Los lugares 63 17 | sábana del hospital sobre la cara inerte... Así es como Francia 64 13 | mundo, estalló en una gran carcajada; pero las risas no la turbaron, 65 18 | comprobar qué es un pueblo que carece de hadas. Ya han visto a 66 17 | Nosotras empujábamos carritos cargados con naranjas; ofrecíamos 67 17 | iglesias. Nosotras empujábamos carritos cargados con naranjas; ofrecíamos 68 21 | en farsas, y en nuestros carros alados han desfilado tantas 69 17 | eso ha sufrido tan duro castigo!~ ~ 70 14 | torreones de los viejos castillos, las brumas de los estanques, 71 16 | Se han perforado túneles, cegado estanques, y se ha hecho 72 17 | ramitos de flores a cinco céntimos, que nadie quería; los chiquillos 73 18 | inclinarse sobre sus ojos a medio cerrar para mostrarle un trozo 74 18 | habrían arrastrado hacia las ciénagas; en todas las claras fuentes 75 21 | ha puesto en las manos la ciencia al alcance de los niños: 76 17 | transeúntes ramitos de flores a cinco céntimos, que nadie quería; 77 2 | andrajos, rotos, remiendos, cintas, flores marchitas y plumas 78 16 | nacieron, nos fuimos a las ciudades buscando trabajo.~ ~ 79 13 | hablando con una vocecita clara y trémula, que se elevaba 80 18 | las ciénagas; en todas las claras fuentes que llevan nuestros 81 17 | guardias nos perseguían, y los coches nos atropellaban. Además, 82 16 | arrastrando haces de leña seca, o cogiendo bellotas por las orillas 83 16 | dormir. Las mujeres hacían la colada en nuestros estanques. A 84 14 | sitio, arrastrando nuestras colas en un rayo de luna o corriendo 85 18 | aldeanos burlones y bien comidos abrir sus arcas del pan 86 18 | cuanto quieran. Ya acaban de comprobar qué es un pueblo que carece 87 21 | las petroleras, quien las conducía de la mano a los mejores 88 18 | palabra mágica habríamos confundido de tal modo los caminos 89 21 | Había chiquillos que nos conocían por nuestros nombres, nos 90 13 | esta frase, el público, el Consejo y hasta el mismo fiscal, 91 21 | exactitud la dosis de hierro que contenían y la de azufre. París se 92 21 | Prendía fuego a París, señor - contestó la anciana con tranquilidad - . 93 8 | coronel de dragones, pero continuó sin pestañear.~ ~ 94 21 | Nuestros encantamientos se han convertido en meros trucos; nuestros 95 16 | de poderosas reinas nos convertimos en viejas arrugadas y malévolas, 96 15 | Nuestras frentes, coronadas de perlas; nuestras varitas 97 8 | sonrió bajo su bigote de coronel de dragones, pero continuó 98 14 | colas en un rayo de luna o corriendo por los prados sin pisar 99 15 | otro de Francia se dejaban crecer los bosques y las piedras 100 18 | en los países que ya no creen, en los países que ya no 101 16 | Como vivíamos sólo de la creencia popular, al faltar ella, 102 16 | han dejado poco a poco de creer en nosotras. Por la noche, 103 15 | nuestras fuentes permanecían cristalinas, y los arados se detenían 104 | cual 105 | cuanto 106 2 | asomaba un pobre rostro ajado, curtido, arrugado, de entre cuyas 107 2 | curtido, arrugado, de entre cuyas arrugas surgía la malicia 108 16 | golpeábamos en los postigos, Robin decía: «Es el viento», y se volvía 109 13 | hasta el mismo fiscal, es decir, todo el mundo, estalló 110 15 | extremo a otro de Francia se dejaban crecer los bosques y las 111 15 | los bosques y las piedras derrumbarse por sí mismas.~ ~ 112 21 | nuestros carros alados han desfilado tantas fealdades envueltas 113 21 | los que el aburrimiento se desprende como un polvillo gris que 114 15 | cristalinas, y los arados se detenían en los caminos que protegíamos, 115 20 | encima cuando los soldados la detuvieron.~ ~ 116 5 | Cómo dice?~ ~ 117 20 | Bien; pero no nos ha dicho usted aún qué es lo que 118 21 | hermosas fuentes milagrosas y dijeron con toda exactitud la dosis 119 21 | ardía Paris! Yo era quien dirigía las latas de las petroleras, 120 21 | bonitos libros repletos de dorados y estampas en los que aprendían 121 16 | el viento», y se volvía a dormir. Las mujeres hacían la colada 122 2 | arrugas surgía la malicia de dos ojillos negros, como una 123 21 | dijeron con toda exactitud la dosis de hierro que contenían 124 8 | su bigote de coronel de dragones, pero continuó sin pestañear.~ ~ 125 18 | habría salido vivo. Nuestros draks, nuestros fuegos fatuos 126 22 | No hay duda: esta mujer está loca de 127 17 | por eso ha sufrido tan duro castigo!~ ~ 128 | e 129 21 | piensa ya en nosotras sin echarse a reír... Había chiquillos 130 9 | Qué edad tiene?~ ~ 131 | él 132 18 | nuestros estanques habríamos elaborado bálsamos para los heridos; 133 13 | clara y trémula, que se elevaba y mantenía en el aire como 134 17 | de las iglesias. Nosotras empujábamos carritos cargados con naranjas; 135 15 | mágicas, nuestras ruecas encantadas, suscitaban en las ingenuas 136 21 | de sus teatros. Nuestros encantamientos se han convertido en meros 137 21 | hijas mías, quémenlo todo, enciéndanlo, abrásenlo!».~ ~ 138 20 | petróleo que se le encontró encima cuando los soldados la detuvieron.~ ~ 139 16 | que al poco tiempo nos encontramos sin saber dónde guarecernos. 140 20 | con el petróleo que se le encontró encima cuando los soldados 141 17 | nos atropellaban. Además, enfermedades, privaciones, y finalmente, 142 18 | los caminos y los ríos, enmarañado de tal forma con zarzas 143 13 | el aire como una voz de ensueño:~ ~ 144 18 | de los alemanes que han entrado en Francia habría salido 145 17 | Unas entraron en las fábricas de hilados; 146 | entre 147 21 | matado. París fue quien envió a los sabios que analizaron 148 21 | desfilado tantas fealdades envueltas en nuestras gasas rosadas 149 | éramos 150 21 | burlado de nosotras en los escenarios de sus teatros. Nuestros 151 18 | de los bosques donde se escondían, que los ojos de gato de 152 16 | magia de nuestras varitas se esfumó, y de poderosas reinas nos 153 | esos 154 21 | encantados y nuestros mágicos espejos. ¡Sí! ¡No saben qué feliz 155 18 | zarzas y matorrales las espesuras de los bosques donde se 156 17 | durante el invierno en las esquinas de los puentes, o rosarios 157 22 | No hay duda: esta mujer está loca de remate - dijo el 158 18 | Si nosotras hubiéramos estado en nuestro sitio, ninguno 159 13 | es decir, todo el mundo, estalló en una gran carcajada; pero 160 21 | libros repletos de dorados y estampas en los que aprendían nuestra 161 | están 162 | este 163 21 | milagrosas y dijeron con toda exactitud la dosis de hierro que contenían 164 15 | hacia lo que es viejo, de un extremo a otro de Francia se dejaban 165 17 | Unas entraron en las fábricas de hilados; otras vendieron 166 16 | la creencia popular, al faltar ella, nos faltó todo. La 167 16 | popular, al faltar ella, nos faltó todo. La magia de nuestras 168 14 | mágico y solemne. A la luz fantástica de las leyendas se nos veía 169 21 | trucos; nuestros milagros en farsas, y en nuestros carros alados 170 18 | Nuestros draks, nuestros fuegos fatuos los habrían arrastrado hacia 171 21 | alados han desfilado tantas fealdades envueltas en nuestras gasas 172 21 | espejos. ¡Sí! ¡No saben qué feliz me sentía al ver cómo ardía 173 16 | mucho. Se han inventado los ferrocarriles. Se han perforado túneles, 174 | FIN 175 17 | enfermedades, privaciones, y finalmente, la sábana del hospital 176 13 | Consejo y hasta el mismo fiscal, es decir, todo el mundo, 177 18 | ríos, enmarañado de tal forma con zarzas y matorrales 178 13 | Al oír esta frase, el público, el Consejo 179 15 | Nuestras frentes, coronadas de perlas; nuestras 180 21 | quien nos ha matado. París fue quien envió a los sabios 181 18 | Nuestros draks, nuestros fuegos fatuos los habrían arrastrado 182 16 | lugar donde nacieron, nos fuimos a las ciudades buscando 183 16 | olvidadas, e incluso tuvimos que ganarnos el pan con nuestras manos, 184 16 | los pobres que no pueden ganarse la vida en el lugar donde 185 21 | fealdades envueltas en nuestras gasas rosadas a la luz de una 186 18 | escondían, que los ojos de gato de Moltke no habrían podido 187 16 | nosotras. Por la noche, cuando golpeábamos en los postigos, Robin decía: « 188 14 | brumas de los estanques, las grandes landas pantanosas, recibían 189 6 | Ella repitió gravemente:~ ~ 190 21 | desprende como un polvillo gris que borra de los ojos infantiles 191 21 | al alcance de los niños: gruesos libros de los que el aburrimiento 192 16 | de los caminos. Pero los guardabosques nos perseguían y los aldeanos 193 17 | temblaba la barbilla; los guardias nos perseguían, y los coches 194 16 | encontramos sin saber dónde guarecernos. Y los aldeanos han dejado 195 18 | del pan a los prusianos y guiarlos por los caminos. ¡Ahí lo 196 | Había 197 13 | no la turbaron, y siguió hablando con una vocecita clara y 198 18 | su tierra. Así es como se hace la guerra nacional, la guerra 199 | hacer 200 | haces 201 20 | usted aún qué es lo que hacía con el petróleo que se le 202 16 | volvía a dormir. Las mujeres hacían la colada en nuestros estanques. 203 | hasta 204 | hay 205 16 | cegado estanques, y se ha hecho tal tala de árboles, que 206 2 | como una lagartija en la hendidura de una vieja pared.~ ~ 207 18 | elaborado bálsamos para los heridos; con los "hilos de la Virgen", 208 14 | porque Francia era mucho más hermosa cuando aún vivían sus hadas. 209 14 | los prados sin pisar la hierba. Los aldeanos nos apreciaban, 210 21 | toda exactitud la dosis de hierro que contenían y la de azufre. 211 21 | mejores lugares: «¡Vamos, hijas mías, quémenlo todo, enciéndanlo, 212 17 | entraron en las fábricas de hilados; otras vendieron manzanas 213 18 | Virgen", habríamos tejido hilas; y en el campo de batalla, 214 18 | para los heridos; con los "hilos de la Virgen", habríamos 215 21 | los que aprendían nuestra historia, París les ha puesto en 216 2 | Algo se movió en el horrible banquillo de las petroleras, 217 17 | finalmente, la sábana del hospital sobre la cara inerte... 218 18 | la patria... Si nosotras hubiéramos estado en nuestro sitio, 219 17 | rosarios a la puerta de las iglesias. Nosotras empujábamos carritos 220 15 | suscitaban en las ingenuas imaginaciones temor y admiración. Por 221 18 | hadas, una guerra así es imposible."~ ~ 222 18 | visto al hada de su aldea inclinarse sobre sus ojos a medio cerrar 223 16 | como las hadas olvidadas, e incluso tuvimos que ganarnos el 224 17 | del hospital sobre la cara inerte... Así es como Francia ha 225 21 | gris que borra de los ojos infantiles nuestros palacios encantados 226 2 | las petroleras, y una cosa informe, titubeante, se acercó y 227 15 | ser más viejas que nadie- infundíamos respeto hacia lo que es 228 15 | encantadas, suscitaban en las ingenuas imaginaciones temor y admiración. 229 16 | ha avanzado mucho. Se han inventado los ferrocarriles. Se han 230 17 | vendieron manzanas durante el invierno en las esquinas de los puentes, 231 14 | nuestro pueblo, su candor, su juventud. Los lugares por donde solíamos 232 2 | ojillos negros, como una lagartija en la hendidura de una vieja 233 14 | los estanques, las grandes landas pantanosas, recibían de 234 16 | perseguían y los aldeanos nos lanzaban piedras. Y entonces, como 235 14 | yo... Y de verdad es una lástima, porque Francia era mucho 236 21 | Yo era quien dirigía las latas de las petroleras, quien 237 16 | bosques arrastrando haces de leña seca, o cogiendo bellotas 238 | les 239 1 | Levántese la acusada! -dijo el presidente.~ ~ 240 14 | la luz fantástica de las leyendas se nos veía pasar por cualquier 241 3 | Cómo se llama usted? -le preguntaron.~ ~ 242 18 | todas las claras fuentes que llevan nuestros nombres, habríamos 243 22 | presidente - . ¡Que se la lleven!~ ~FIN~ ~ ~ ~ 244 22 | hay duda: esta mujer está loca de remate - dijo el presidente - . ¡ 245 18 | encantados que los habrían vuelto locos; y en nuestras reuniones 246 18 | Los campesinos habrían luchado. Con las hermosas flores 247 16 | ella, nos faltó todo. La magia de nuestras varitas se esfumó, 248 18 | la luna, con una palabra mágica habríamos confundido de 249 15 | perlas; nuestras varitas mágicas, nuestras ruecas encantadas, 250 14 | nuestra presencia un poder mágico y solemne. A la luz fantástica 251 21 | palacios encantados y nuestros mágicos espejos. ¡Sí! ¡No saben 252 16 | convertimos en viejas arrugadas y malévolas, como las hadas olvidadas, 253 2 | cuyas arrugas surgía la malicia de dos ojillos negros, como 254 21 | quien las conducía de la mano a los mejores lugares: «¡ 255 2 | en la barandilla. Era un manojo de andrajos, rotos, remiendos, 256 13 | trémula, que se elevaba y mantenía en el aire como una voz 257 17 | hilados; otras vendieron manzanas durante el invierno en las 258 2 | remiendos, cintas, flores marchitas y plumas viejas, en medio 259 21 | él ha sido quien nos ha matado. París fue quien envió a 260 18 | de tal forma con zarzas y matorrales las espesuras de los bosques 261 | me 262 21 | conducía de la mano a los mejores lugares: «¡Vamos, hijas 263 21 | encantamientos se han convertido en meros trucos; nuestros milagros 264 21 | lugares: «¡Vamos, hijas mías, quémenlo todo, enciéndanlo, 265 21 | en meros trucos; nuestros milagros en farsas, y en nuestros 266 21 | nuestras hermosas fuentes milagrosas y dijeron con toda exactitud 267 | mismas 268 | mismo 269 18 | habríamos confundido de tal modo los caminos y los ríos, 270 18 | que los ojos de gato de Moltke no habrían podido reconocerlos. 271 19 | vocecita sutil se quebró un momento, y el presidente tomó la 272 17 | es como Francia ha dejado morir a todas sus hadas. Y ¡por 273 18 | ojos a medio cerrar para mostrarle un trozo de bosque, un recodo 274 2 | Algo se movió en el horrible banquillo 275 14 | hadas de Francia? Todas han muerto, señores. Yo soy la última; 276 22 | No hay duda: esta mujer está loca de remate - dijo 277 16 | se volvía a dormir. Las mujeres hacían la colada en nuestros 278 13 | fiscal, es decir, todo el mundo, estalló en una gran carcajada; 279 16 | la vida en el lugar donde nacieron, nos fuimos a las ciudades 280 18 | es como se hace la guerra nacional, la guerra santa. Pero ¡ 281 15 | como -al ser más viejas que nadie- infundíamos respeto hacia 282 17 | empujábamos carritos cargados con naranjas; ofrecíamos a los transeúntes 283 2 | la malicia de dos ojillos negros, como una lagartija en la 284 | ninguna 285 | ninguno 286 21 | ciencia al alcance de los niños: gruesos libros de los que 287 16 | creer en nosotras. Por la noche, cuando golpeábamos en los 288 21 | fuego a París porque lo odio, porque se burla de todo, 289 17 | carritos cargados con naranjas; ofrecíamos a los transeúntes ramitos 290 13 | Al oír esta frase, el público, 291 2 | surgía la malicia de dos ojillos negros, como una lagartija 292 16 | malévolas, como las hadas olvidadas, e incluso tuvimos que ganarnos 293 16 | cogiendo bellotas por las orillas de los caminos. Pero los 294 | otras 295 | otro 296 21 | ojos infantiles nuestros palacios encantados y nuestros mágicos 297 14 | estanques, las grandes landas pantanosas, recibían de nuestra presencia 298 2 | la hendidura de una vieja pared.~ ~ 299 21 | sentía al ver cómo ardía Paris! Yo era quien dirigía las 300 14 | rincones solitarios de los parques abandonados, las piedras 301 16 | en nuestros estanques. A partir de entonces, todo acabó 302 14 | las leyendas se nos veía pasar por cualquier sitio, arrastrando 303 18 | pero tampoco creía en la patria... Si nosotras hubiéramos 304 16 | los ferrocarriles. Se han perforado túneles, cegado estanques, 305 15 | Nuestras frentes, coronadas de perlas; nuestras varitas mágicas, 306 15 | Por eso nuestras fuentes permanecían cristalinas, y los arados 307 8 | dragones, pero continuó sin pestañear.~ ~ 308 20 | qué es lo que hacía con el petróleo que se le encontró encima 309 21 | por bengalas, que nadie piensa ya en nosotras sin echarse 310 14 | corriendo por los prados sin pisar la hierba. Los aldeanos 311 2 | cintas, flores marchitas y plumas viejas, en medio del cual 312 2 | medio del cual asomaba un pobre rostro ajado, curtido, arrugado, 313 16 | entonces, como todos los pobres que no pueden ganarse la 314 14 | de nuestra presencia un poder mágico y solemne. A la luz 315 16 | varitas se esfumó, y de poderosas reinas nos convertimos en 316 18 | gato de Moltke no habrían podido reconocerlos. Los campesinos 317 14 | hadas. Nosotras éramos la poesía de nuestro pueblo, su candor, 318 21 | aburrimiento se desprende como un polvillo gris que borra de los ojos 319 16 | vivíamos sólo de la creencia popular, al faltar ella, nos faltó 320 16 | cuando golpeábamos en los postigos, Robin decía: «Es el viento», 321 14 | luna o corriendo por los prados sin pisar la hierba. Los 322 3 | Cómo se llama usted? -le preguntaron.~ ~ 323 14 | pantanosas, recibían de nuestra presencia un poder mágico y solemne. 324 17 | atropellaban. Además, enfermedades, privaciones, y finalmente, la sábana 325 11 | Profesión?~ ~ 326 15 | detenían en los caminos que protegíamos, y como -al ser más viejas 327 18 | sus arcas del pan a los prusianos y guiarlos por los caminos. ¡ 328 13 | Al oír esta frase, el público, el Consejo y hasta el mismo 329 16 | cosa. Durante algún tiempo pudieron vernos en los bosques arrastrando 330 16 | todos los pobres que no pueden ganarse la vida en el lugar 331 17 | invierno en las esquinas de los puentes, o rosarios a la puerta 332 17 | puentes, o rosarios a la puerta de las iglesias. Nosotras 333 21 | nuestra historia, París les ha puesto en las manos la ciencia 334 19 | En este punto, la vocecita sutil se quebró 335 19 | punto, la vocecita sutil se quebró un momento, y el presidente 336 14 | señores. Yo soy la última; no queda ninguna más que yo... Y 337 21 | lugares: «¡Vamos, hijas mías, quémenlo todo, enciéndanlo, abrásenlo!».~ ~ 338 17 | cinco céntimos, que nadie quería; los chiquillos se reían 339 21 | por nuestros nombres, nos querían aunque nos temieran un poco; 340 18 | Sí, sí; rían cuanto quieran. Ya acaban de comprobar 341 17 | ofrecíamos a los transeúntes ramitos de flores a cinco céntimos, 342 14 | arrastrando nuestras colas en un rayo de luna o corriendo por 343 14 | grandes landas pantanosas, recibían de nuestra presencia un 344 18 | mostrarle un trozo de bosque, un recodo del sendero, cualquier cosa 345 18 | Moltke no habrían podido reconocerlos. Los campesinos habrían 346 18 | sendero, cualquier cosa que le recordase su tierra. Así es como se 347 17 | quería; los chiquillos se reían al ver cómo nos temblaba 348 16 | se esfumó, y de poderosas reinas nos convertimos en viejas 349 21 | en nosotras sin echarse a reír... Había chiquillos que 350 22 | esta mujer está loca de remate - dijo el presidente - . ¡ 351 2 | manojo de andrajos, rotos, remiendos, cintas, flores marchitas 352 6 | Ella repitió gravemente:~ ~ 353 21 | lugar de los bonitos libros repletos de dorados y estampas en 354 15 | viejas que nadie- infundíamos respeto hacia lo que es viejo, de 355 18 | vuelto locos; y en nuestras reuniones a la luz de la luna, con 356 18 | Sí, sí; rían cuanto quieran. Ya acaban 357 14 | donde solíamos andar, los rincones solitarios de los parques 358 18 | tal modo los caminos y los ríos, enmarañado de tal forma 359 13 | gran carcajada; pero las risas no la turbaron, y siguió 360 21 | envueltas en nuestras gasas rosadas a la luz de una luna simulada 361 17 | esquinas de los puentes, o rosarios a la puerta de las iglesias. 362 2 | del cual asomaba un pobre rostro ajado, curtido, arrugado, 363 2 | Era un manojo de andrajos, rotos, remiendos, cintas, flores 364 15 | varitas mágicas, nuestras ruecas encantadas, suscitaban en 365 17 | privaciones, y finalmente, la sábana del hospital sobre la cara 366 21 | mágicos espejos. ¡Sí! ¡No saben qué feliz me sentía al ver 367 16 | tiempo nos encontramos sin saber dónde guarecernos. Y los 368 16 | con nuestras manos, que no sabían hacer gran cosa. Durante 369 21 | París fue quien envió a los sabios que analizaron nuestras 370 18 | entrado en Francia habría salido vivo. Nuestros draks, nuestros 371 18 | guerra nacional, la guerra santa. Pero ¡ay!, en los países 372 10 | No sé.~ ~ 373 16 | arrastrando haces de leña seca, o cogiendo bellotas por 374 18 | de bosque, un recodo del sendero, cualquier cosa que le recordase 375 21 | Prendía fuego a París, señor - contestó la anciana con 376 14 | Francia? Todas han muerto, señores. Yo soy la última; no queda 377 21 | No saben qué feliz me sentía al ver cómo ardía Paris! 378 | ser 379 | Si 380 21 | burla de todo, porque él ha sido quien nos ha matado. París 381 16 | Pero el siglo ha avanzado mucho. Se han 382 13 | risas no la turbaron, y siguió hablando con una vocecita 383 21 | rosadas a la luz de una luna simulada por bengalas, que nadie 384 18 | el campo de batalla, el soldado agonizante habría visto 385 20 | encontró encima cuando los soldados la detuvieron.~ ~ 386 14 | presencia un poder mágico y solemne. A la luz fantástica de 387 14 | juventud. Los lugares por donde solíamos andar, los rincones solitarios 388 14 | solíamos andar, los rincones solitarios de los parques abandonados, 389 16 | nosotras. Como vivíamos sólo de la creencia popular, 390 8 | El presidente sonrió bajo su bigote de coronel 391 17 | sus hadas. Y ¡por eso ha sufrido tan duro castigo!~ ~ 392 2 | de entre cuyas arrugas surgía la malicia de dos ojillos 393 15 | nuestras ruecas encantadas, suscitaban en las ingenuas imaginaciones 394 19 | este punto, la vocecita sutil se quebró un momento, y 395 16 | estanques, y se ha hecho tal tala de árboles, que al poco 396 | tampoco 397 | tan 398 | tantas 399 21 | en los escenarios de sus teatros. Nuestros encantamientos 400 18 | de la Virgen", habríamos tejido hilas; y en el campo de 401 17 | se reían al ver cómo nos temblaba la barbilla; los guardias 402 21 | nos querían aunque nos temieran un poco; pero en lugar de 403 15 | las ingenuas imaginaciones temor y admiración. Por eso nuestras 404 [Título]| TEXTO~ ~ 405 9 | Qué edad tiene?~ ~ 406 18 | cosa que le recordase su tierra. Así es como se hace la 407 2 | petroleras, y una cosa informe, titubeante, se acercó y se apoyó en 408 | toda 409 19 | momento, y el presidente tomó la palabra:~ ~ 410 14 | piedras de las fuentes, los torreones de los viejos castillos, 411 16 | a las ciudades buscando trabajo.~ ~ 412 21 | contestó la anciana con tranquilidad - . Prendía fuego a París 413 17 | naranjas; ofrecíamos a los transeúntes ramitos de flores a cinco 414 13 | con una vocecita clara y trémula, que se elevaba y mantenía 415 18 | cerrar para mostrarle un trozo de bosque, un recodo del 416 21 | han convertido en meros trucos; nuestros milagros en farsas, 417 16 | ferrocarriles. Se han perforado túneles, cegado estanques, y se 418 13 | carcajada; pero las risas no la turbaron, y siguió hablando con una 419 16 | hadas olvidadas, e incluso tuvimos que ganarnos el pan con 420 14 | muerto, señores. Yo soy la última; no queda ninguna más que 421 | Unas 422 21 | a los mejores lugares: «¡Vamos, hijas mías, quémenlo todo, 423 14 | fantástica de las leyendas se nos veía pasar por cualquier sitio, 424 17 | fábricas de hilados; otras vendieron manzanas durante el invierno 425 14 | aldeanos nos apreciaban, nos veneraban.~ ~ 426 14 | ninguna más que yo... Y de verdad es una lástima, porque Francia 427 16 | Durante algún tiempo pudieron vernos en los bosques arrastrando 428 18 | nuestros nombres, habríamos vertido brebajes encantados que 429 16 | que no pueden ganarse la vida en el lugar donde nacieron, 430 2 | lagartija en la hendidura de una vieja pared.~ ~ 431 15 | respeto hacia lo que es viejo, de un extremo a otro de 432 14 | fuentes, los torreones de los viejos castillos, las brumas de 433 16 | postigos, Robin decía: «Es el viento», y se volvía a dormir. 434 18 | heridos; con los "hilos de la Virgen", habríamos tejido hilas; 435 16 | acabó para nosotras. Como vivíamos sólo de la creencia popular, 436 14 | mucho más hermosa cuando aún vivían sus hadas. Nosotras éramos 437 18 | en Francia habría salido vivo. Nuestros draks, nuestros 438 16 | decía: «Es el viento», y se volvía a dormir. Las mujeres hacían 439 13 | mantenía en el aire como una voz de ensueño:~ ~ 440 18 | encantados que los habrían vuelto locos; y en nuestras reuniones 441 18 | enmarañado de tal forma con zarzas y matorrales las espesuras