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1 I| Estamos en el año de gracia de 1870, y el nacimiento de Cristo 2 I| ramas de acebo verde o abetos enteros cargados de adornos 3 I| noche. Su pequeña barba aborrascada no se ha movido nunca tan 4 III| bien erguida. El herido abre los ojos, ojerosos por la 5 II| tronco de Navidad) que el abuelo pasea alrededor de la casa 6 II| empieza a anochecer, está ahí acechando, con la frente pegada a 7 I| y en los de campaña. Se acerca a la cama de los heridos 8 I| carreteras. Demasiado viejo para acompañar a sus hijos, el señor Cahn 9 III| los pastores que habían acudido a visitar a Jesús al establo, 10 II| aquel momento, Salvette ha adoptado una expresión de misterio. 11 II| del Gallo, con la iglesia adornada e iluminada; en las calles 12 I| abetos enteros cargados de adornos pasan llevados en brazos, 13 I| de la landwehr, vendiendo aguardiente, comprando relojes y, las 14 II| riega con vino cocido.~ ~ -¡Ah! mi pobre Salvette, ¡qué 15 II| solo mirando a Bernadou. Y ahora que empieza a anochecer, 16 III| silencio del dormitorio el alegre estribillo provenzal: «Retírense, 17 I| no se ha movido nunca tan alegremente. Sobre su manga, desgastada 18 I| judíos del arrabal están alegres. Ahí tienen al anciano Augustus 19 I| para brindar por la patria alemana?... No. Todo el mundo sabe 20 II| blandones tradicionales, el alioli, los caracoles y la bonita 21 | allí 22 III| cae pesadamente sobre la almohada. Su compañero, creyendo 23 III| hay sueños que hablan en alto, pesadillas que gimen, mientras 24 III| al despedirlos con aire amable, José les dice: «¡Váyanse! 25 II| curarse. Entre las cortinas amarillentas de su lecho de hospital, 26 II| trozo de papel, rígido y amarillento, que olía a pólvora y estaba 27 III| mesilla próxima al lecho de su amigo, Salvette ha colocado una 28 I| están alegres. Ahí tienen al anciano Augustus Cahn que da la 29 III| Poco a poco, Bernadou se anima, se enternece. El vino blanco... 30 II| Hoy, no obstante, se ha animado un poco pensando en esa 31 II| Bernadou. Y ahora que empieza a anochecer, está ahí acechando, con 32 | ante 33 | antes 34 III| sueño y pone en la ciudad apagada el resplandor sordo de las 35 I| las campanas, la gente se apretuja feliz, ante los asadores 36 II| juntos, ¿no sería preferible aprovecharlo? Entonces, sin decirle nada 37 | Aquellos 38 | aquí 39 I| cristales parece colgar de un árbol de Navidad. Y es que hoy 40 III| sordo de las farolas y el ardor suavizado de las vidrieras 41 I| Navidad! Hasta los judíos del arrabal están alegres. Ahí tienen 42 I| recuerdo natural entre la vida artificial del invierno. Cae la tarde. 43 I| apretuja feliz, ante los asadores al aire libre, las barracas, 44 I| Sus hijos, o más bien sus asociados, se marcharon hace tres 45 III| una fiesta religiosa que atraviesa la hora del sueño y pone 46 III| sonora y fría como bajo el atrio de una catedral. Se percibe 47 III| ha comprendido. Entonces, aunque llorando, y algo ebrio por 48 I| a la esquina del «Racimo azul». Sus ojos de hurón no han 49 III| los muros desnudos, con un balanceo constante que parece la 50 I| como esta noche. Su pequeña barba aborrascada no se ha movido 51 I| relojes y, las noches de batalla, yendo a revolver los bolsillos 52 II| pueblo, enrolados en el mismo batallón y heridos por el mismo obús. 53 I| triunfo de los soldados bávaros. ¡Navidad! ¡Navidad! Hasta 54 I| sino un pretexto más para beber en honor del ilustre Von 55 III| lúgubremente sobre la noche blanca de los enfermos. La sala 56 II| de la mesa con los tres blandones tradicionales, el alioli, 57 I| Baviera. Por las calles blanqueadas por la nieve, en la confusión 58 I| muertos, o a reventar las bolsas caídas en las cunetas de 59 I| batalla, yendo a revolver los bolsillos de los muertos, o a reventar 60 II| alioli, los caracoles y la bonita ceremonia del cacho fio ( 61 III| Lunel, un pan redondo, un bonito pan de Navidad en el que 62 I| herretes, las medallas, los bonos de Correos. Se le ve entrar 63 I| pequeña cesta llena hasta el borde, cubierta con una servilleta 64 I| como una sombra de los bosques de Turingia, como un recuerdo 65 I| adornos pasan llevados en brazos, por encima de todas las 66 I| Sus ojos de hurón no han brillado nunca como esta noche. Su 67 II| clarete, los ojos del enfermo brillan. Pero, ¿qué pueden hacer? 68 III| los vasos, parte el pan; brindan y hablan de Provenza. Poco 69 I| amigos, a su familia para brindar por la patria alemana?... 70 I| ocaso rojo a través de la bruma, y hay por la ciudad tal 71 III| Regresen a casa y tengan buen viaje. Retírense, pastores.», 72 III| Pastores! A media voz, con la cabeza entre las cortinas, Salvette 73 I| por encima de todas las cabezas, como una sombra de los 74 I| o a reventar las bolsas caídas en las cunetas de las carreteras. 75 I| patria. Su Vaterland es su caja de caudales. Tampoco tiene 76 III| gimen, mientras que desde la calle suben un ruido vago, pasos, 77 I| en este instante lo ven caminar tan rápido con su cesta 78 II| sabe si podrá ponerse en camino para regresar? Y, puesto 79 I| merodeando alrededor de los campamentos de barracas, él es el que 80 I| hospitales fijos y en los de campaña. Se acerca a la cama de 81 III| que suena en todos los campanarios de la ciudad, cae lúgubremente 82 I| ruido de los coches y de las campanas, la gente se apretuja feliz, 83 III| los Pastores. Es el que cantábamos siempre en casa...~ ~ ¡Va 84 III| le pide a Salvette que le cante un villancico provenzal. 85 II| tradicionales, el alioli, los caracoles y la bonita ceremonia del 86 I| acebo verde o abetos enteros cargados de adornos pasan llevados 87 I| caídas en las cunetas de las carreteras. Demasiado viejo para acompañar 88 III| como bajo el atrio de una catedral. Se percibe la prisa recoleta, 89 I| Vaterland es su caja de caudales. Tampoco tiene familia, 90 II| Salvette y Bernadou. Son dos cazadores de a pie, dos provenzales 91 II| los caracoles y la bonita ceremonia del cacho fio (el tronco 92 I| porque el hospital militar cierra a las cinco, y hay dos franceses 93 I| hospital militar cierra a las cinco, y hay dos franceses que 94 I| niebla, el ruido de los coches y de las campanas, la gente 95 II| la casa y riega con vino cocido.~ ~ -¡Ah! mi pobre Salvette, ¡ 96 I| tras los cristales parece colgar de un árbol de Navidad. 97 III| parece la palma verde que se coloca a la cabecera de los muertos. 98 III| la rama de acebo ha sido colocada bien erguida. El herido 99 III| de su amigo, Salvette ha colocado una botella de vino de Lunel, 100 I| vendiendo aguardiente, comprando relojes y, las noches de 101 III| los muertos. Salvette ha comprendido. Entonces, aunque llorando, 102 III| ruido vago, pasos, voces, confundidos en la noche sonora y fría 103 I| blanqueadas por la nieve, en la confusión de la niebla, el ruido de 104 III| desnudos, con un balanceo constante que parece la respiración 105 | contigo 106 I| rescata los relojes, los cordones con herretes, las medallas, 107 III| almohada. Su compañero, creyendo que se ha dormido, lo llama, 108 I| 1870, y el nacimiento de Cristo no es sino un pretexto más 109 III| rogar:~ ~ -Vamos a ver ¿cuál quieres? ¿el del Posadero?, ¿ 110 | cualquiera 111 II| chaqueta un bono de Correos de cuarenta francos. Pero es para el 112 I| cesta llena hasta el borde, cubierta con una servilleta oscura, 113 III| por las lamparillas que cuelgan del techo. Grandes sombras 114 I| de la que sobresalen el cuello de una botella y una rama 115 I| manga, desgastada por las cuerdas de las talegas, lleva una 116 III| Y Salvette lo incorpora cuidadosamente como una madre. Llena los 117 I| las bolsas caídas en las cunetas de las carreteras. Demasiado 118 II| ventana. Bernadou no quiere curarse. Entre las cortinas amarillentas 119 I| anciano Augustus Cahn que da la vuelta a la esquina del « 120 II| empieza a levantarse, a dar unos pasos desde su cama 121 II| salas, después de un largo debate y de discusiones en voz 122 III| enfermos hallan al fondo de su debilidad, le pide a Salvette que 123 II| aprovecharlo? Entonces, sin decirle nada a su paisano, Salvette 124 III| que dos provenzales han dejado pasar el réveillon sin regarlo 125 II| rostro parece cada vez más demacrado, más lánguido cada día; 126 | Demasiado 127 I| una rama de acebo. ¿Qué demonios piensa hacer el viejo usurero 128 III| Jesús al establo, habían depositado su ofrenda de huevos frescos 129 I| en honor del ilustre Von der Than y celebrar el triunfo 130 II| su paisano, Salvette ha descosido su chaqueta para sacar el 131 I| alegremente. Sobre su manga, desgastada por las cuerdas de las talegas, 132 II| Ya no tienen nada, los desgraciados, ni dinero, ni reloj. Salvette 133 II| de la niebla de la plaza desierta, ve al viejo Augustus Cahn, 134 II| discusiones en voz baja, él le ha deslizado en la mano aquel trozo de 135 III| tejados en los que la luna se deslumbra con la nieve, aquella Navidad 136 III| sobre los lechos y los muros desnudos, con un balanceo constante 137 III| frescos y requesón y que, al despedirlos con aire amable, José les 138 III| parece fantástica.~ ~ -Vamos, despierta, paisano... Que no se diga 139 | después 140 I| familia, ni amigos; sólo tiene deudores. Sus hijos, o más bien sus 141 III| con aire amable, José les dice: «¡Váyanse! Sean buenos. 142 III| o ¿el de san José me ha dicho?~ ~ -No, prefiero el de 143 III| despierta, paisano... Que no se diga que dos provenzales han 144 II| de un largo debate y de discusiones en voz baja, él le ha deslizado 145 III| ebrio por la fiesta y por el dolor, se pone a cantar a plena 146 III| compañero, creyendo que se ha dormido, lo llama, lo sacude. Pero 147 III| plena voz en el silencio del dormitorio el alegre estribillo provenzal: « 148 II| Salvette tiene la vida más dura y ya empieza a levantarse, 149 III| vidrieras de iglesia.~ ~ -¿Estás durmiendo, Bernadou?~ ~ Suavemente, 150 III| aunque llorando, y algo ebrio por la fiesta y por el dolor, 151 I| esperan allá en aquel enorme edificio de ventanas enrejadas y 152 I| marcharon hace tres meses con el ejército. Trafican allá tras los 153 II| se le puede tocar... Sin embargo, este pobre Bernadou ¡está 154 II| un gran fuego de alegría encendido en mitad del invierno; pensando 155 I| fiesta, que cada luz que se enciende tras los cristales parece 156 I| llevados en brazos, por encima de todas las cabezas, como 157 II| vino clarete, los ojos del enfermo brillan. Pero, ¿qué pueden 158 I| toque ligero las tiendas engalanadas y floridas, ramas de acebo 159 I| lo esperan allá en aquel enorme edificio de ventanas enrejadas 160 I| enorme edificio de ventanas enrejadas y estrechas donde la Navidad 161 II| provenzales del mismo pueblo, enrolados en el mismo batallón y heridos 162 III| poco, Bernadou se anima, se enternece. El vino blanco... los recuerdos... 163 I| de acebo verde o abetos enteros cargados de adornos pasan 164 I| bonos de Correos. Se le ve entrar en los hospitales fijos 165 III| acebo ha sido colocada bien erguida. El herido abre los ojos, 166 III| del techo. Grandes sombras errantes flotan sobre los lechos 167 | esa 168 | Ese 169 | eso 170 I| hay dos franceses que lo esperan allá en aquel enorme edificio 171 II| hay más resignación que esperanza. Hoy, no obstante, se ha 172 I| Cahn que da la vuelta a la esquina del «Racimo azul». Sus ojos 173 | esta 174 | ésta 175 II| amarillento, que olía a pólvora y estaba manchado de sangre. A partir 176 III| acudido a visitar a Jesús al establo, habían depositado su ofrenda 177 I| una Navidad cualquiera. Estamos en el año de gracia de 1870, 178 | están 179 III| vidrieras de iglesia.~ ~ -¿Estás durmiendo, Bernadou?~ ~ 180 I| de ventanas enrejadas y estrechas donde la Navidad no tiene 181 III| del dormitorio el alegre estribillo provenzal: «Retírense, pastores»~ ~ ~ ~ 182 III| empieza a cantar. En la última estrofa, cuando los pastores que 183 II| Salvette ha adoptado una expresión de misterio. Se frota las 184 III| Navidad improvisada le parece fantástica.~ ~ -Vamos, despierta, paisano... 185 III| resplandor sordo de las farolas y el ardor suavizado de 186 III| que parece la respiración fatigada de todas las personas allí 187 I| campanas, la gente se apretuja feliz, ante los asadores al aire 188 II| hermosa Navidad que aún pueden festejar juntos, ¿no sería preferible 189 III| los ojos, ojerosos por la fiebre. A la luz indecisa de las 190 I| entrar en los hospitales fijos y en los de campaña. Se 191 | FIN 192 I| las tiendas engalanadas y floridas, ramas de acebo verde o 193 III| Grandes sombras errantes flotan sobre los lechos y los muros 194 III| que los enfermos hallan al fondo de su debilidad, le pide 195 II| Salvette guarda aún en el forro de su chaqueta un bono de 196 II| primera parada en una posada francesa. Ese dinero es sagrado. 197 II| bono de Correos de cuarenta francos. Pero es para el día en 198 II| está ahí acechando, con la frente pegada a los cristales, 199 III| depositado su ofrenda de huevos frescos y requesón y que, al despedirlos 200 III| confundidos en la noche sonora y fría como bajo el atrio de una 201 II| expresión de misterio. Se frota las manos y ríe solo mirando 202 II| Provenza, se parece a un gran fuego de alegría encendido en 203 I| Trafican allá tras los furgones de la landwehr, vendiendo 204 II| la salida de la Misa del Gallo, con la iglesia adornada 205 III| en alto, pesadillas que gimen, mientras que desde la calle 206 I| cualquiera. Estamos en el año de gracia de 1870, y el nacimiento 207 II| pobre Bernadou ¡está tan grave! ¿Quién sabe si podrá ponerse 208 II| dinero, ni reloj. Salvette guarda aún en el forro de su chaqueta 209 I| pálidas lamparillas que guardan la cabecera de los moribundos...~ ~ 210 II| vino clarete... me habría gustado mucho, antes de morir, regar 211 I| piensa celebrar la Navidad? ¿Habrá reunido a sus amigos, a 212 II| botella de vino clarete... me habría gustado mucho, antes de 213 II| que queden en libertad y hagan su primera parada en una 214 III| infantil que los enfermos hallan al fondo de su debilidad, 215 III| Retírense, pastores.», he aquí que el pobre Bernadou 216 I| relojes, los cordones con herretes, las medallas, los bonos 217 I| pretexto más para beber en honor del ilustre Von der Than 218 III| religiosa que atraviesa la hora del sueño y pone en la ciudad 219 I| pregunta en voz baja en su horrible jerga: «¿Tiene usted algo 220 I| Se le ve entrar en los hospitales fijos y en los de campaña. 221 II| año!... Si por lo menos hubiéramos tenido algo con que pagar 222 III| depositado su ofrenda de huevos frescos y requesón y que, 223 I| Racimo azul». Sus ojos de hurón no han brillado nunca como 224 I| I~ ~Es víspera de Navidad 225 II| II~ ~Aquellos dos franceses 226 III| III~ ~Aquella medianoche solemne, 227 I| la Navidad no tiene para iluminar su velada nada más que las 228 I| para beber en honor del ilustre Von der Than y celebrar 229 III| la nieve, aquella Navidad improvisada le parece fantástica.~ ~ - 230 III| clarete...~ ~ Y Salvette lo incorpora cuidadosamente como una 231 III| por la fiebre. A la luz indecisa de las lamparillas y bajo 232 III| recuerdos... Con el tono infantil que los enfermos hallan 233 III| Pero el herido permanece inmóvil y la pequeña rama de acebo 234 I| que vender?» Y, si en este instante lo ven caminar tan rápido 235 II| al viejo Augustus Cahn, jadeante, que llega con su cesta 236 I| tarde. Allá lejos, tras los jardines de la Residencia, se ve 237 I| voz baja en su horrible jerga: «¿Tiene usted algo que 238 III| habían acudido a visitar a Jesús al establo, habían depositado 239 I| Navidad! ¡Navidad! Hasta los judíos del arrabal están alegres. 240 | juntos 241 I| tras los furgones de la landwehr, vendiendo aguardiente, 242 II| cada vez más demacrado, más lánguido cada día; y cuando habla 243 II| llenas de gente; luego en la larga velada alrededor de la mesa 244 II| las salas, después de un largo debate y de discusiones 245 III| errantes flotan sobre los lechos y los muros desnudos, con 246 I| invierno. Cae la tarde. Allá lejos, tras los jardines de la 247 II| más dura y ya empieza a levantarse, a dar unos pasos desde 248 II| el día en que queden en libertad y hagan su primera parada 249 I| ante los asadores al aire libre, las barracas, los tenderetes. 250 I| tenderetes. Rozando con un toque ligero las tiendas engalanadas 251 III| creyendo que se ha dormido, lo llama, lo sacude. Pero el herido 252 II| Aquellos dos franceses se llaman Salvette y Bernadou. Son 253 II| Augustus Cahn, jadeante, que llega con su cesta al brazo.~ ~ 254 II| cuando el viejo Cahn ha llegado como todas las mañanas a 255 II| en las calles del pueblo llenas de gente; luego en la larga 256 I| cuerdas de las talegas, lleva una pequeña cesta llena 257 I| cargados de adornos pasan llevados en brazos, por encima de 258 III| comprendido. Entonces, aunque llorando, y algo ebrio por la fiesta 259 II| pueblo llenas de gente; luego en la larga velada alrededor 260 III| campanarios de la ciudad, cae lúgubremente sobre la noche blanca de 261 III| grandes tejados en los que la luna se deslumbra con la nieve, 262 III| colocado una botella de vino de Lunel, un pan redondo, un bonito 263 III| cuidadosamente como una madre. Llena los vasos, parte 264 II| ha llegado como todas las mañanas a hacer su tournée por las 265 II| olía a pólvora y estaba manchado de sangre. A partir de aquel 266 I| tan alegremente. Sobre su manga, desgastada por las cuerdas 267 II| él le ha deslizado en la mano aquel trozo de papel, rígido 268 II| de misterio. Se frota las manos y ríe solo mirando a Bernadou. 269 I| más bien sus asociados, se marcharon hace tres meses con el ejército. 270 I| cordones con herretes, las medallas, los bonos de Correos. Se 271 III| Va por los Pastores! A media voz, con la cabeza entre 272 III| III~ ~Aquella medianoche solemne, que suena en todos 273 | menos 274 I| prisioneros franceses. Siempre merodeando alrededor de los campamentos 275 II| larga velada alrededor de la mesa con los tres blandones tradicionales, 276 I| se marcharon hace tres meses con el ejército. Trafican 277 III| Suavemente, sobre la mesilla próxima al lecho de su amigo, 278 | mi 279 | mientras 280 I| brazo, es porque el hospital militar cierra a las cinco, y hay 281 II| frota las manos y ríe solo mirando a Bernadou. Y ahora que 282 II| pensando en la salida de la Misa del Gallo, con la iglesia 283 II| de alegría encendido en mitad del invierno; pensando en 284 II| sangre. A partir de aquel momento, Salvette ha adoptado una 285 III| personas allí tendidas. Por momentos, hay sueños que hablan en 286 I| guardan la cabecera de los moribundos...~ ~ 287 II| gustado mucho, antes de morir, regar una vez más contigo 288 I| barba aborrascada no se ha movido nunca tan alegremente. Sobre 289 | mucho 290 I| alemana?... No. Todo el mundo sabe que el viejo Cahn no 291 III| flotan sobre los lechos y los muros desnudos, con un balanceo 292 I| de gracia de 1870, y el nacimiento de Cristo no es sino un 293 I| Turingia, como un recuerdo natural entre la vida artificial 294 I| Baviera donde realiza buenos negocios con los prisioneros franceses. 295 I| comprando relojes y, las noches de batalla, yendo a revolver 296 II| resignación que esperanza. Hoy, no obstante, se ha animado un poco pensando 297 II| batallón y heridos por el mismo obús. Sólo que Salvette tiene 298 I| ve aún el resplandor del ocaso rojo a través de la bruma, 299 III| establo, habían depositado su ofrenda de huevos frescos y requesón 300 III| El herido abre los ojos, ojerosos por la fiebre. A la luz 301 II| rígido y amarillento, que olía a pólvora y estaba manchado 302 I| cubierta con una servilleta oscura, de la que sobresalen el 303 II| hubiéramos tenido algo con que pagar un pequeño pan blanco y 304 II| día; y cuando habla de su país, del regreso, no es sino 305 I| velada nada más que las pálidas lamparillas que guardan 306 III| sábana rígida parece la palma verde que se coloca a la 307 II| en la mano aquel trozo de papel, rígido y amarillento, que 308 II| libertad y hagan su primera parada en una posada francesa. 309 III| madre. Llena los vasos, parte el pan; brindan y hablan 310 II| estaba manchado de sangre. A partir de aquel momento, Salvette 311 I| enteros cargados de adornos pasan llevados en brazos, por 312 III| dos provenzales han dejado pasar el réveillon sin regarlo 313 II| de Navidad) que el abuelo pasea alrededor de la casa y riega 314 II| acechando, con la frente pegada a los cristales, hasta que, 315 II| tenido algo con que pagar un pequeño pan blanco y una botella 316 III| atrio de una catedral. Se percibe la prisa recoleta, el misterio 317 III| lo sacude. Pero el herido permanece inmóvil y la pequeña rama 318 III| respiración fatigada de todas las personas allí tendidas. Por momentos, 319 III| pobre Bernadou resbala y cae pesadamente sobre la almohada. Su compañero, 320 III| sueños que hablan en alto, pesadillas que gimen, mientras que 321 III| fondo de su debilidad, le pide a Salvette que le cante 322 II| Son dos cazadores de a pie, dos provenzales del mismo 323 II| medio de la niebla de la plaza desierta, ve al viejo Augustus 324 III| dolor, se pone a cantar a plena voz en el silencio del dormitorio 325 II| tan grave! ¿Quién sabe si podrá ponerse en camino para regresar? 326 II| amarillento, que olía a pólvora y estaba manchado de sangre. 327 II| grave! ¿Quién sabe si podrá ponerse en camino para regresar? 328 | porque 329 II| su primera parada en una posada francesa. Ese dinero es 330 III| ver ¿cuál quieres? ¿el del Posadero?, ¿el de los Tres Reyes? 331 II| festejar juntos, ¿no sería preferible aprovecharlo? Entonces, 332 III| José me ha dicho?~ ~ -No, prefiero el de los Pastores. Es el 333 I| cama de los heridos y les pregunta en voz baja en su horrible 334 I| ciudad tal alegría, tantos preparativos de fiesta, que cada luz 335 I| de Cristo no es sino un pretexto más para beber en honor 336 II| queden en libertad y hagan su primera parada en una posada francesa. 337 III| catedral. Se percibe la prisa recoleta, el misterio de 338 I| buenos negocios con los prisioneros franceses. Siempre merodeando 339 III| Suavemente, sobre la mesilla próxima al lecho de su amigo, Salvette 340 II| dinero es sagrado. No se le puede tocar... Sin embargo, este 341 II| camino para regresar? Y, puesto que ésta es una hermosa 342 I| hijos, el señor Cahn se ha quedado en Baviera donde realiza 343 II| Pero es para el día en que queden en libertad y hagan su primera 344 | Quién 345 II| la ventana. Bernadou no quiere curarse. Entre las cortinas 346 III| rogar:~ ~ -Vamos a ver ¿cuál quieres? ¿el del Posadero?, ¿el 347 I| vuelta a la esquina del «Racimo azul». Sus ojos de hurón 348 I| engalanadas y floridas, ramas de acebo verde o abetos 349 I| instante lo ven caminar tan rápido con su cesta al brazo, es 350 I| quedado en Baviera donde realiza buenos negocios con los 351 III| catedral. Se percibe la prisa recoleta, el misterio de una fiesta 352 I| bosques de Turingia, como un recuerdo natural entre la vida artificial 353 III| enternece. El vino blanco... los recuerdos... Con el tono infantil 354 III| de vino de Lunel, un pan redondo, un bonito pan de Navidad 355 III| las lamparillas y bajo el reflejo blanco de los grandes tejados 356 II| gustado mucho, antes de morir, regar una vez más contigo el cacho 357 III| dejado pasar el réveillon sin regarlo con un trago de clarete...~ ~ 358 II| podrá ponerse en camino para regresar? Y, puesto que ésta es una 359 III| Váyanse! Sean buenos. Regresen a casa y tengan buen viaje. 360 II| cuando habla de su país, del regreso, no es sino con la triste 361 III| el misterio de una fiesta religiosa que atraviesa la hora del 362 II| desgraciados, ni dinero, ni reloj. Salvette guarda aún en 363 III| ofrenda de huevos frescos y requesón y que, al despedirlos con 364 III| aquí que el pobre Bernadou resbala y cae pesadamente sobre 365 I| de barracas, él es el que rescata los relojes, los cordones 366 I| tras los jardines de la Residencia, se ve aún el resplandor 367 II| enfermos, en la que hay más resignación que esperanza. Hoy, no obstante, 368 III| constante que parece la respiración fatigada de todas las personas 369 I| celebrar la Navidad? ¿Habrá reunido a sus amigos, a su familia 370 III| provenzales han dejado pasar el réveillon sin regarlo con un trago 371 I| bolsillos de los muertos, o a reventar las bolsas caídas en las 372 I| noches de batalla, yendo a revolver los bolsillos de los muertos, 373 III| Posadero?, ¿el de los Tres Reyes? o ¿el de san José me ha 374 II| misterio. Se frota las manos y ríe solo mirando a Bernadou. 375 II| pasea alrededor de la casa y riega con vino cocido.~ ~ -¡Ah! 376 III| de acebo sobre la sábana rígida parece la palma verde que 377 II| mano aquel trozo de papel, rígido y amarillento, que olía 378 III| compañero no se hace de rogar:~ ~ -Vamos a ver ¿cuál quieres? ¿ 379 I| el resplandor del ocaso rojo a través de la bruma, y 380 II| su lecho de hospital, su rostro parece cada vez más demacrado, 381 I| barracas, los tenderetes. Rozando con un toque ligero las 382 II| Navidad que, en el medio rural de Provenza, se parece a 383 III| pequeña rama de acebo sobre la sábana rígida parece la palma verde 384 II| descosido su chaqueta para sacar el bono y cuando el viejo 385 III| ha dormido, lo llama, lo sacude. Pero el herido permanece 386 II| francesa. Ese dinero es sagrado. No se le puede tocar... 387 III| blanca de los enfermos. La sala de hospital está silenciosa 388 II| hacer su tournée por las salas, después de un largo debate 389 II| invierno; pensando en la salida de la Misa del Gallo, con 390 III| los Tres Reyes? o ¿el de san José me ha dicho?~ ~ -No, 391 II| pólvora y estaba manchado de sangre. A partir de aquel momento, 392 III| José les dice: «¡Váyanse! Sean buenos. Regresen a casa 393 I| acompañar a sus hijos, el señor Cahn se ha quedado en Baviera 394 II| pueden festejar juntos, ¿no sería preferible aprovecharlo? 395 I| borde, cubierta con una servilleta oscura, de la que sobresalen 396 III| que la rama de acebo ha sido colocada bien erguida. El 397 III| cantar a plena voz en el silencio del dormitorio el alegre 398 III| La sala de hospital está silenciosa e iluminada sólo por las 399 I| servilleta oscura, de la que sobresalen el cuello de una botella 400 I| celebrar el triunfo de los soldados bávaros. ¡Navidad! ¡Navidad! 401 III| III~ ~Aquella medianoche solemne, que suena en todos los 402 II| Se frota las manos y ríe solo mirando a Bernadou. Y ahora 403 I| todas las cabezas, como una sombra de los bosques de Turingia, 404 III| cuelgan del techo. Grandes sombras errantes flotan sobre los 405 II| llaman Salvette y Bernadou. Son dos cazadores de a pie, 406 III| confundidos en la noche sonora y fría como bajo el atrio 407 II| no es sino con la triste sonrisa de los enfermos, en la que 408 III| ciudad apagada el resplandor sordo de las farolas y el ardor 409 III| durmiendo, Bernadou?~ ~ Suavemente, sobre la mesilla próxima 410 III| de las farolas y el ardor suavizado de las vidrieras de iglesia.~ ~ -¿ 411 III| mientras que desde la calle suben un ruido vago, pasos, voces, 412 III| medianoche solemne, que suena en todos los campanarios 413 III| que atraviesa la hora del sueño y pone en la ciudad apagada 414 III| tendidas. Por momentos, hay sueños que hablan en alto, pesadillas 415 | tal 416 I| desgastada por las cuerdas de las talegas, lleva una pequeña cesta 417 | también 418 | Tampoco 419 | tantos 420 I| artificial del invierno. Cae la tarde. Allá lejos, tras los jardines 421 III| lamparillas que cuelgan del techo. Grandes sombras errantes 422 III| reflejo blanco de los grandes tejados en los que la luna se deslumbra 423 I| libre, las barracas, los tenderetes. Rozando con un toque ligero 424 III| todas las personas allí tendidas. Por momentos, hay sueños 425 | tener 426 III| buenos. Regresen a casa y tengan buen viaje. Retírense, pastores.», 427 II| por lo menos hubiéramos tenido algo con que pagar un pequeño 428 I| honor del ilustre Von der Than y celebrar el triunfo de 429 I| con un toque ligero las tiendas engalanadas y floridas, 430 II| sagrado. No se le puede tocar... Sin embargo, este pobre 431 | todos 432 III| los recuerdos... Con el tono infantil que los enfermos 433 I| tenderetes. Rozando con un toque ligero las tiendas engalanadas 434 II| todas las mañanas a hacer su tournée por las salas, después de 435 II| mesa con los tres blandones tradicionales, el alioli, los caracoles 436 I| tres meses con el ejército. Trafican allá tras los furgones de 437 III| réveillon sin regarlo con un trago de clarete...~ ~ Y Salvette 438 I| resplandor del ocaso rojo a través de la bruma, y hay por la 439 I| Von der Than y celebrar el triunfo de los soldados bávaros. ¡ 440 II| ceremonia del cacho fio (el tronco de Navidad) que el abuelo 441 II| deslizado en la mano aquel trozo de papel, rígido y amarillento, 442 I| sombra de los bosques de Turingia, como un recuerdo natural 443 III| empieza a cantar. En la última estrofa, cuando los pastores 444 | unos 445 | usted 446 I| demonios piensa hacer el viejo usurero con todo eso? ¿Es que también 447 III| cantábamos siempre en casa...~ ~ ¡Va por los Pastores! A media 448 III| la calle suben un ruido vago, pasos, voces, confundidos 449 III| como una madre. Llena los vasos, parte el pan; brindan y 450 I| Cahn no tiene patria. Su Vaterland es su caja de caudales. 451 III| amable, José les dice: «¡Váyanse! Sean buenos. Regresen a 452 I| si en este instante lo ven caminar tan rápido con su 453 I| Tiene usted algo que vender?» Y, si en este instante 454 I| furgones de la landwehr, vendiendo aguardiente, comprando relojes 455 II| pasos desde su cama a la ventana. Bernadou no quiere curarse. 456 I| aquel enorme edificio de ventanas enrejadas y estrechas donde 457 III| hace de rogar:~ ~ -Vamos a ver ¿cuál quieres? ¿el del Posadero?, ¿ 458 III| Regresen a casa y tengan buen viaje. Retírense, pastores.», 459 III| el ardor suavizado de las vidrieras de iglesia.~ ~ -¿Estás durmiendo, 460 III| Salvette que le cante un villancico provenzal. El compañero 461 III| pastores que habían acudido a visitar a Jesús al establo, habían 462 I| I~ ~Es víspera de Navidad en una gran ciudad 463 III| suben un ruido vago, pasos, voces, confundidos en la noche 464 I| beber en honor del ilustre Von der Than y celebrar el triunfo 465 I| Augustus Cahn que da la vuelta a la esquina del «Racimo 466 I| las noches de batalla, yendo a revolver los bolsillos
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