Pár.

  1     1|           un pueblo de provincias, era objeto de burlas continuas
  2     1|  acontecimientos de esta historia, era precisamente uno de estos
  3     2|     disminuían ya insensiblemente, era, en 1789, un maestro tonelero
  4     2|            siendo así que a lo que era, en realidad, dado, era
  5     2|            era, en realidad, dado, era a las buenas viñas), y fue
  6     2|    avaricia de estos tres ancianos era tan grande, que hacía ya
  7     2|           decía que colocar dinero era una prodigalidad, juzgando
  8     2|         prodigalidad, juzgando que era mayor el interés que se
  9     2|   Finalmente, la casa en que vivía era también suya, y de este
 10     2|   vagamente su importancia, la una era un tal señor Cruchot, notario
 11     2|          el señor de Grassins, que era el banquero más rico de
 12     2|    obsequiosa consideración de que era objeto. No había nadie en
 13     2|            astrónomo el año en que era preciso fabricar mil toneles
 14     3|         fortuna del anciano viñero era objeto de orgullo patriótico;
 15     5|        anuales de sus propiedades, era de suponer. que poseyese
 16    11|           un completo aislamiento, era en sus negocios su escudo
 17    11|       parte. En lo físico, Grandet era hombre de cinco pies, rechoncho,
 18    11|           anchas espaldas; su cara era redonda, curtida y marcada
 19    11|           por la viruela; su barba era recta, sus labios no ofrecían
 20    11|            aunque el señor Grandet era, en apariencia, hombre de
 21    11|         vela hoy, le veía tal cual era en 1791. Llevaba en todo
 22    11|           ala de su sombrero. Esto era lo único que los de Saumur
 23    12|  considerado de los tres primeros, era el sobrino del señor Cruchot.
 24    12|          joven de veintitrés años, era asidua concurrente a casa
 25    12|          los Cruchot, el cura, que era el Talleyrand de la familia,
 26    12|          los Grassins, cuyo premio era la mano de Eugenia Grandet,
 27    12|    poderosamente ricos; que Adolfo era un hermoso hidalgo y que,
 28    12|         mientras que su rival sólo era recibido los domingos. Unos
 29    12|    replicaban que el abate Cruchot era el hombre más insinuante
 30    16|     importe de los lotes, y de que era preferible venderlo todo
 31    18|          la pieza más considerable era una sala cuya entrada se
 32    18|       estropeadas las figuras, que era preciso saberlo para reconocerlas.
 33    18|     silenciosamente, que el dorado era ya un problema. En la pared
 34    19|                      La gran Nanón era, sin duda, la única criatura
 35    19|   ciertamente que este sentimiento era bien injusto: su cara hubiera
 36    19|            rigurosa, como rigurosa era su intacta virtud. Ni las
 37    21|       sospechosa del padre Grandet era un verdadero rayo de sol.
 38    24|      estaba siempre limpia y fría, era una verdadera cocina de
 39    26|        sido hermosísimo. Aquel día era un día muy conocido para
 40    26|          el mundo se acordó de que era el día del aniversario del
 41    26|            en verle amontonar. ¿No era esto trasladar el dinero
 42    33|                  La señora Grandet era una mujer seca y delgada,
 43    33|           suele llamarse de vieja. Era una excelente mujer, una
 44    85|              La señora de Grassins era una de esas mujercitas vivarachas,
 45   109|       enormes beneficios de ellas, era el rasgo característico
 46   109|           personas cuya existencia era puramente material. ¡Espantosa
 47   109|           de ochenta céntimos, que era el más considerable que
 48   147|               Estaba segura de que era el primo, pensaba la señora
 49   150|       grises. Finalmente, su gorra era de exquisito gusto. Sólo
 50   150|       Cruchot. El horror a la moda era el único punto en que los
 51   150|           su hijo, para quienes no era desconocida la figura de
 52   171|     destinaba a su sobrino, Carlos era objeto de las atenciones
 53   173|          de la venta de vinos, que era el asunto que ocupaba a
 54   183|      Carlos sorprendido al ver que era objeto de las atenciones
 55   193|                   El señor Grandet era un bribón! « y yo, probo,
 56   193|           ignoraba que aquel adiós era el último de su padre. ¿
 57   193|          me quería mucho porque yo era bueno para él y no le contradecía
 58   265|     bastante hermosa para él». Tal era el pensamiento de Eugenia,
 59   265|            lozanía de la piel, que era, sin embargo, bastante fina
 60   265|        ligera marca roja. Su nariz era poco fina, pero estaba en
 61   265|      agrada a la generalidad; pero era hermosa con esa belleza
 62   265|        espejo sin saber aún lo que era amor: «Soy demasiado fea,
 63   330|            fortuna? ¿De qué crimen era culpable Carlos? ¡Cuestiones
 64   336|              El señor Grandet, que era uno de los negociantes más
 65   421|          es que Carlos, al ver que era objeto de las atenciones
 66   445|       oyeron un aldabonazo que les era muy conocido. ~
 67   475|           cruel verdad. Para él no era nada el decirle: «¡Ha perdido
 68   483|        momento el pobre joven, que era un niño aún y que estaba
 69   502|       profundo dolor. Eugenia, que era tan honrada como delicada
 70   534|            Eugenia estaba sublime, era toda una mujer. Madre e
 71   536|        pronunciadas estas palabras era imposible dejar de ver las
 72   548|         horriblemente interesante. Era el suyo un dolor púdico
 73   551|          de aquella adorable joven era participar del duelo de
 74   558|                    Este diminutivo era la expresión superlativa,
 75   567|               Grandet, que también era un poco padre, miró a su
 76   604|       Carlos sin saber la hora que era ni en el lugar en que se
 77   608|            Creerá que le amo? Esto era precisamente lo que más
 78   616|            En efecto, Grandet, que era poco dormilón, empleaba
 79   623| conversación a través de la puerta era para Eugenia todo un episodio
 80   627|     vetustez y que le hablaba, que era joven como ella, joven como
 81   632|            misma idea: el porvenir era de ellos. Aquella grata
 82   632|           inmensa pena, cuanto que era completamente inesperada.
 83   648|  aproximarlo más a ella. Carlos no era ya el joven rico y guapo
 84   648|    inaccesible para ella, sino que era un pariente sumido en una
 85   658|                       En tres años era la segunda vez que Grandet
 86   663| considerable y considerado como lo era, por ejemplo, su difunto
 87   747|         para ella, aquel moribundo era Carlos: ¡lo había dejado
 88   762|         discreción del buen hombre era completa. Nadie vela nunca
 89   784|           Ella lo justificaba! ¿No era casi imposible que aquella
 90   784|       tanto seduce a las jóvenes. ¿Era ella capaz de adivinar que
 91   785|                Sin embargo, Carlos era un hijo de París, habituado
 92   785|           Anita a calcularlo todo. Era un vicio con apariencias
 93   787|                             Carlos era un hombre de demasiado mundo,
 94   790|            cuyo valor convencional era de ciento ochenta francos,
 95   840|        dulzura que adquirió su voz era fácil ver una conformidad
 96   922|            de su padre. El notario era el único que sonreía, admirando
 97   922|        astucia de Grandet, pues él era el único que conocía a fondo
 98   930|       conservaban en cartera. Este era el primer resultado que
 99   939|         serían ya acaso solventes, era preciso demandarlos, a fin
100   941|        diputado, y después, aunque era padre de familia, como estaba
101   941|            enamoró de Florina, que era una de las actrices más
102   948|           había acostumbrado a él. Era un señorito muy cariñoso,
103   955|        Aquella vida doméstica, que era antes tan monótona, estaba
104   988|          viejo zorro! yo creía que era sordo, pensó el mozo; al,
105  1047|                                    Era yo libre o no de hacer de
106  1047|          lo que me diese la gana? ¿Era mío o no? ~
107  1111|                            El todo era él. ~
108  1119|          despotismo. Aquella mujer era todo alma, y la oración
109  1139|         concierne, y he creído que era un deber mío hacerle a usted
110  1217|             El señor Bergerín, que era el médico más célebre de
111  1222|            el notario Cruchot, que era el único que conocía el
112  1252|          de la señorita Grandet no era un secreto para nadie; pero
113  1252|           mujeres amantes, el amor era para ella el mundo entero,
114  1262|           consolase. La gran Nanón era una providencia para Eugenia,
115  1273|          el único amor de Eugenia, era para ella causa de melancolía.
116  1273|           Para ella, la fortuna no era un poder ni un consuelo:
117  1274|            luto. Su sincera piedad era conocida; así es que la
118  1274|     familia Cruchot, cuya política era sabiamente dirigida por
119  1274|     proporcionado. Eugenia no sólo era una reina, sino que era
120  1274|            era una reina, sino que era la más adulada de todas
121  1274|           señor presidente Bonfons era el héroe de esta reunión,
122  1279|            sus millones, pero como era más numerosa, ladraba más
123  1280|          muchas veces. ¡Qué pícaro era aquel hombre! ~
124  1282|          tropicales que en Europa, era comprando hombres, y, en
125  1282|           crimen en un país lo que era virtud en otro. En contacto
126  1282|     renegaba de su familia: su tío era un perro viejo que le había
127  1282|             La señorita de Aubrión era una joven alta, delgada
128  1282|          otro. En una palabra, que era tal como podía desearla
129  1355|        Saumur, que se quedase, ¿no era anunciar que quería hacerle
130  1390|         Dar la vida a un hijo, ¿no era matar las esperanzas del
131  1390|       sentimientos a una mujer que era todo sentimiento. ~
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