Pár.

 1   106| sumo la mitad, y tienen dos hijos. Así, pues, ya pueden ofrecer
 2   189|     después de haber tenido hijos que están próximos a licenciarse
 3   193|    la maldición de nuestros hijos es espantosa: ellos pueden
 4   220|   dicha y la fortuna de sus hijos; pero aquí estamos en provincias,
 5   475| padres mueren antes que los hijos; pero en cambio, todas las
 6   784| París la mayor parte de los hijos cuando, en presencia de
 7   786|    decía la señora Campán? «Hijos míos, mientras un hombre
 8  1051|    a ti, a tu primo y a tus hijos! Nunca tendrás suerte, nunca, ¿
 9  1112|                             Hijos míos, decía la señora Grandet,
10  1158|  Para qué sirven, pues, los hijos? ¡Ah! yo amo a mi mujer,
11  1270|           Es capaz de tener hijos aún, le contestó un tratante
12  1280| verdad que es viudo y tiene hijos, no hay que olvidar que
13  1308|     con ella, aseguro a mis hijos una posición social cuyas
14  1308|   hombres nos debemos a los hijos. Ya ve usted, prima mía,
15  1388|     caso de que no tuviesen hijos, la universalidad de sus
16  1392|     madre, no tiene marido, hijos, ni familia. Hace algunos
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