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Marcel Schwob Empédocles: Supuesto dios Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 7 | pelo, muertas, con la boca abierta hacia el cielo y las costillas 2 10 | que circunda el ardiente abismo, una sandalia de bronce 3 1 | tradición cuenta sólo que su abuelo se llamaba Empédocles: nadie 4 2 | versos, al modo homérico, con acentos pomposos, subido en un carro 5 6 | eran sagrados. Cuando se acercaba a los hombres era para bendecirlos 6 5 | la espada en el aire, sin acordarse de nada, como si hubiera 7 1 | riberas doradas del río Acragas, en la bella ciudad de Agrigento, 8 4 | le elevaron un templo, y acuñaron medallas en las que su imagen 9 5 | Otros pretenden que fue adivino, instruido por los magos 10 9 | la noche envolvió a los adoradores. Hubo una voz fuerte que 11 9 | padre de Panthea, quiso adorar al nuevo dios. Se dispusieron 12 4 | habitantes de Selinonte lo adoraron y le elevaron un templo, 13 5 | clavado, con la espada en el aire, sin acordarse de nada, 14 10 | montaña a la luz sombría del alba. El cráter del volcán vomitaba 15 7 | cadáveres de los animales alfombraban el borde de los prados y 16 | allá 17 1 | desparramaban sus largos cabellos; alrededor de la cabeza traía una banda 18 5 | la sala con la espada en alto. Empédocles se levantó, 19 2 | en un carro y la cabeza alzada hacia el cielo. Un gran 20 7 | asegurar que Empédocles la amase, pero se compadeció de ella. 21 9 | ofrecerle libaciones. A ambos lados de Empédocles, unos 22 7 | Hasta los cadáveres de los animales alfombraban el borde de 23 8 | sombras, y su cuerpo se animó y se irguió sobre sus pies, 24 5 | en que cenaba en casa de Anquitos, un hombre furioso irrumpió 25 3 | confundirnos, como éramos antaño, en el seno del dios globular 26 | ante 27 | antes 28 9 | vigilia, las antorchas se apagaron y la noche envolvió a los 29 1 | ni cómo vino a la tierra. Apareció junto a las riberas doradas 30 5 | la fuerza del nepentes se apoderó del furibundo, que se quedó 31 4 | por frente de la imagen de Apolo. ~ 32 | aquí 33 9 | dispusieron mesas bajo los árboles de su quinta, a fin de ofrecerle 34 10 | de lava que circunda el ardiente abismo, una sandalia de 35 7 | bañaron con vino y plantas aromáticas. Soltaron el estrobo rojo 36 4 | mientras los pitagóricos se arrastraban en sus delgadas túnicas 37 6 | Debía ser consagrada a Ártemis, pero escapó lejos de la 38 1 | Dios. Pero sus discípulos aseguran que, antes de recorrer en 39 7 | deseable. Era imposible asegurar que Empédocles la amase, 40 | Así 41 7 | ella. En efecto, el viento asiático engendró la peste en los 42 8 | caminar. La muchedumbre estaba aterrorizada. A la tercera llamada, Panthea 43 6 | y en dialecto de Jonia, aunque el pueblo y sus fieles sólo 44 1 | después de que Jerjes ordenara azotar el mar con cadenas. La tradición 45 7 | por los dedos negros del azote. Hasta los cadáveres de 46 7 | sus miembros rígidos y los bañaron con vino y plantas aromáticas. 47 5 | de nada, como si hubiera bebido el dulce veneno mezclado 48 1 | doradas del río Acragas, en la bella ciudad de Agrigento, poco 49 6 | acercaba a los hombres era para bendecirlos o curarlos. La mayor parte 50 6 | séquito se sumaron mujeres. Besaban los faldones de su precioso 51 2 | de ofrendas. Los dejaba boquiabiertos al cantarles la bóveda divina, 52 7 | animales alfombraban el borde de los prados y aquí y allá 53 2 | boquiabiertos al cantarles la bóveda divina, hecha de cristal, 54 5 | Empédocles se levantó, tendió el brazo, y cantó los versos de Homero 55 2 | hacia Empédocles, con los brazos cargados de ofrendas. Los 56 10 | llamas. Encontraron, en el brocal poroso de lava que circunda 57 7 | negros del azote. Hasta los cadáveres de los animales alfombraban 58 1 | ordenara azotar el mar con cadenas. La tradición cuenta sólo 59 8 | veces le ordenó levantarse y caminar. La muchedumbre estaba aterrorizada. 60 1 | recorrer en plena gloria las campiñas sicilianas, ya había pasado 61 3 | será la obra del amor. Así cantaba por los pueblos y los campos; 62 2 | dejaba boquiabiertos al cantarles la bóveda divina, hecha 63 2 | Empédocles, con los brazos cargados de ofrendas. Los dejaba 64 2 | acentos pomposos, subido en un carro y la cabeza alzada hacia 65 5 | Un día en que cenaba en casa de Anquitos, un hombre furioso 66 7 | languidecer de esa enfermedad. Cayó a los pies de Empédocles 67 5 | la locura. Un día en que cenaba en casa de Anquitos, un 68 8 | quitó la banda de oro que le ceñía la frente, y se la impuso. 69 4 | iba envuelto en púrpura y ceñido de oro, mientras los pitagóricos 70 4 | le suplicaban que hiciera cesar las lluvias y huracanes; 71 5 | poseía la nigromancia y la ciencia de las hierbas que dan la 72 3 | y delante de él sonaban címbalos. Sin embargo, de las fauces 73 4 | conjuró las tempestades en un circo de colinas; en Selinonte 74 10 | brocal poroso de lava que circunda el ardiente abismo, una 75 1 | río Acragas, en la bella ciudad de Agrigento, poco tiempo 76 6 | acudían a él fuera de las ciudades y él estaba rodeado por 77 5 | furibundo, que se quedó clavado, con la espada en el aire, 78 4 | tempestades en un circo de colinas; en Selinonte expulsó la 79 8 | impuso. Sobre sus senos colocó la guirnalda de laurel profético, 80 7 | y larga de cuerpo, y de color muy deseable. Era imposible 81 3 | fauces del Etna surgía una columna de humo negro que lanzaba 82 | cómo 83 7 | Empédocles la amase, pero se compadeció de ella. En efecto, el viento 84 8 | se irguió sobre sus pies, completamente envuelta en las vendas funerarias. 85 3 | de unirnos y fundirnos y confundirnos, como éramos antaño, en 86 4 | las lluvias y huracanes; conjuró las tempestades en un circo 87 3 | almas. Porque el mundo que conocemos es la obra del odio, y su 88 1 | llamaba Empédocles: nadie lo conoció. Indudablemente hay que 89 6 | de Agrigento. Debía ser consagrada a Ártemis, pero escapó lejos 90 2 | llamamos sol, y el amor, que contiene todo, semejante a una vasta 91 10 | Un esclavo espantado contó que había visto un rayo 92 1 | hijo de sí mismo, cual la conviene a un Dios. Pero sus discípulos 93 7 | abierta hacia el cielo y las costillas salientes. Y Panthea empezó 94 10 | luz sombría del alba. El cráter del volcán vomitaba un haz 95 5 | el vino espumoso de una cratera. ~ 96 2 | bóveda divina, hecha de cristal, la masa de fuego que llamamos 97 | cual 98 1 | Nadie sabe cuál fue su nacimiento, ni cómo 99 1 | sicilianas, ya había pasado cuatro existencias en nuestro mundo, 100 1 | con cadenas. La tradición cuenta sólo que su abuelo se llamaba 101 10 | las tinieblas hacia las cumbres del Etna. Los fieles subieron 102 2 | imposición de sus manos curaba a los enfermos y recitaba 103 6 | hombres era para bendecirlos o curarlos. La mayor parte del tiempo 104 5 | ciencia de las hierbas que dan la locura. Un día en que 105 6 | de un noble de Agrigento. Debía ser consagrada a Ártemis, 106 6 | fría estatua de la diosa y dedicó su virginidad a Empédocles. 107 7 | hombres fueron tocados por los dedos negros del azote. Hasta 108 2 | cargados de ofrendas. Los dejaba boquiabiertos al cantarles 109 3 | tintineaban en sus pies, y delante de él sonaban címbalos. 110 4 | pitagóricos se arrastraban en sus delgadas túnicas de lino, con zapatillas 111 | demás 112 4 | Se decía que sabía hacer desaparecer la legaña, disolver los 113 9 | se hizo, Empédocles había desaparecido. Los hombres no volvieron 114 8 | profético, cantó versos desconocidos sobre la migración de las 115 | desde 116 7 | de cuerpo, y de color muy deseable. Era imposible asegurar 117 3 | que llamamos amor es el deseo de unirnos y fundirnos y 118 3 | decía, no son más que trozos desjuntados de esa esfera de amor donde 119 1 | púrpura sobre el que se desparramaban sus largos cabellos; alrededor 120 6 | en el metro épico, y en dialecto de Jonia, aunque el pueblo 121 6 | de la fría estatua de la diosa y dedicó su virginidad a 122 1 | conviene a un Dios. Pero sus discípulos aseguran que, antes de recorrer 123 3 | del dios globular que la discordia rompió. Invocaba el día 124 3 | es la obra del odio, y su disolución será la obra del amor. Así 125 4 | hacer desaparecer la legaña, disolver los tumores y sacar los 126 9 | adorar al nuevo dios. Se dispusieron mesas bajo los árboles de 127 4 | los tumores y sacar los dolores de los miembros; le suplicaban 128 1 | Apareció junto a las riberas doradas del río Acragas, en la bella 129 6 | fieles sólo utilizasen el dorio. Todos sus gestos eran sagrados. 130 4 | expulsó la fiebre haciendo que dos ríos vertieran en el lecho 131 5 | como si hubiera bebido el dulce veneno mezclado en el vino 132 6 | pudo sorprenderlo nunca durante el sueño. Nunca se le vio 133 7 | se compadeció de ella. En efecto, el viento asiático engendró 134 4 | Selinonte lo adoraron y le elevaron un templo, y acuñaron medallas 135 | ella 136 | ello 137 3 | él sonaban címbalos. Sin embargo, de las fauces del Etna 138 7 | costillas salientes. Y Panthea empezó a languidecer de esa enfermedad. 139 10 | vomitaba un haz de llamas. Encontraron, en el brocal poroso de 140 7 | empezó a languidecer de esa enfermedad. Cayó a los pies de Empédocles 141 7 | efecto, el viento asiático engendró la peste en los campos sicilianos. 142 1 | Indudablemente hay que entender de ello que era hijo de 143 7 | envolvieron en vendas. Y su boca entreabierta quedó sujeta por un lazo 144 7 | sostenía sus jóvenes senos y la envolvieron en vendas. Y su boca entreabierta 145 9 | antorchas se apagaron y la noche envolvió a los adoradores. Hubo una 146 8 | sus pies, completamente envuelta en las vendas funerarias. 147 4 | del cielo, Empédocles iba envuelto en púrpura y ceñido de oro, 148 6 | palabras sino en el metro épico, y en dialecto de Jonia, 149 | éramos 150 | eran 151 6 | consagrada a Ártemis, pero escapó lejos de la fría estatua 152 10 | Un esclavo espantado contó que había 153 9 | lados de Empédocles, unos esclavos sostenían grandes antorchas. 154 2 | prosternaba ante él para escuchar sus poemas. Bajo el cielo 155 10 | Un esclavo espantado contó que había visto un 156 5 | veneno mezclado en el vino espumoso de una cratera. ~ 157 7 | lana y de oro. Sus cabellos estaban peinados según la rica moda 158 6 | escapó lejos de la fría estatua de la diosa y dedicó su 159 10 | fieles subieron las faldas estériles de la montaña a la luz sombría 160 8 | pueblo vio que Empédocles era evocador de muertos. ~ 161 1 | ya había pasado cuatro existencias en nuestro mundo, y que 162 4 | de colinas; en Selinonte expulsó la fiebre haciendo que dos 163 10 | Los fieles subieron las faldas estériles de la montaña 164 6 | sumaron mujeres. Besaban los faldones de su precioso manto. Una 165 3 | címbalos. Sin embargo, de las fauces del Etna surgía una columna 166 4 | en Selinonte expulsó la fiebre haciendo que dos ríos vertieran 167 7 | Panthea iba vestida de fina lana y de oro. Sus cabellos 168 7 | Agrigento, donde la vida fluía suavemente. Llevaba los 169 6 | pero escapó lejos de la fría estatua de la diosa y dedicó 170 6 | Los enfermos acudían a él fuera de las ciudades y él estaba 171 7 | sicilianos. Muchos hombres fueron tocados por los dedos negros 172 9 | adoradores. Hubo una voz fuerte que llamó: “¡Empédocles!” 173 5 | insensibilidad. Y al punto la fuerza del nepentes se apoderó 174 3 | es el deseo de unirnos y fundirnos y confundirnos, como éramos 175 8 | completamente envuelta en las vendas funerarias. Y el pueblo vio que Empédocles 176 5 | nepentes se apoderó del furibundo, que se quedó clavado, con 177 5 | casa de Anquitos, un hombre furioso irrumpió en la sala con 178 2 | hacia el cielo. Un gran gentío le seguía y se prosternaba 179 6 | utilizasen el dorio. Todos sus gestos eran sagrados. Cuando se 180 3 | antaño, en el seno del dios globular que la discordia rompió. 181 1 | antes de recorrer en plena gloria las campiñas sicilianas, 182 2 | alzada hacia el cielo. Un gran gentío le seguía y se prosternaba 183 9 | unos esclavos sostenían grandes antorchas. Los heraldos 184 8 | Sobre sus senos colocó la guirnalda de laurel profético, cantó 185 1 | sandalias de bronce, y llevaba guirnaldas trenzadas de lana y de laureles.~ 186 4 | lecho de un tercero; y los habitantes de Selinonte lo adoraron 187 | hacer 188 4 | Selinonte expulsó la fiebre haciendo que dos ríos vertieran en 189 | Hasta 190 | hay 191 10 | cráter del volcán vomitaba un haz de llamas. Encontraron, 192 2 | cantarles la bóveda divina, hecha de cristal, la masa de fuego 193 4 | de lino, con zapatillas hechas de papiros. Se decía que 194 9 | sostenían grandes antorchas. Los heraldos proclamaron, como en los 195 7 | sandalias. Por lo demás, era hermosa y larga de cuerpo, y de 196 4 | miembros; le suplicaban que hiciera cesar las lluvias y huracanes; 197 5 | nigromancia y la ciencia de las hierbas que dan la locura. Un día 198 6 | Una se llamaba Panthea, hija de un noble de Agrigento. 199 1 | entender de ello que era hijo de sí mismo, cual la conviene 200 3 | la esfera divina había de hincharse, después de todas las transformaciones 201 9 | Empédocles!” Cuando la luz se hizo, Empédocles había desaparecido. 202 5 | en casa de Anquitos, un hombre furioso irrumpió en la sala 203 2 | recitaba versos, al modo homérico, con acentos pomposos, subido 204 5 | brazo, y cantó los versos de Homero sobre el nepentes que proporciona 205 5 | acordarse de nada, como si hubiera bebido el dulce veneno mezclado 206 9 | envolvió a los adoradores. Hubo una voz fuerte que llamó: “¡ 207 7 | sujeta por un lazo y sus ojos huecos ya no veían la luz. ~ 208 3 | Etna surgía una columna de humo negro que lanzaba su sombra 209 4 | hiciera cesar las lluvias y huracanes; conjuró las tempestades 210 2 | Bajo el cielo puro que ilumina los trigos, los hombres 211 7 | color muy deseable. Era imposible asegurar que Empédocles 212 2 | Por imposición de sus manos curaba a los 213 8 | ceñía la frente, y se la impuso. Sobre sus senos colocó 214 1 | Empédocles: nadie lo conoció. Indudablemente hay que entender de ello 215 3 | esfera de amor donde se insinuó el odio. Y lo que llamamos 216 5 | pretenden que fue adivino, instruido por los magos de Persia, 217 3 | que la discordia rompió. Invocaba el día en que la esfera 218 8 | su cuerpo se animó y se irguió sobre sus pies, completamente 219 5 | Anquitos, un hombre furioso irrumpió en la sala con la espada 220 1 | poco tiempo después de que Jerjes ordenara azotar el mar con 221 6 | épico, y en dialecto de Jonia, aunque el pueblo y sus 222 7 | estrobo rojo que sostenía sus jóvenes senos y la envolvieron en 223 | junto 224 3 | de bronce venidas desde Laconia tintineaban en sus pies, 225 9 | ofrecerle libaciones. A ambos lados de Empédocles, unos esclavos 226 7 | salientes. Y Panthea empezó a languidecer de esa enfermedad. Cayó 227 3 | columna de humo negro que lanzaba su sombra sobre Sicilia. ~ 228 7 | lo demás, era hermosa y larga de cuerpo, y de color muy 229 1 | que se desparramaban sus largos cabellos; alrededor de la 230 8 | senos colocó la guirnalda de laurel profético, cantó versos 231 1 | guirnaldas trenzadas de lana y de laureles.~ 232 10 | en el brocal poroso de lava que circunda el ardiente 233 7 | entreabierta quedó sujeta por un lazo y sus ojos huecos ya no 234 4 | dos ríos vertieran en el lecho de un tercero; y los habitantes 235 4 | sabía hacer desaparecer la legaña, disolver los tumores y 236 6 | consagrada a Ártemis, pero escapó lejos de la fría estatua de la 237 7 | respiraba. Los que la rodeaban levantaron sus miembros rígidos y los 238 8 | por tres veces le ordenó levantarse y caminar. La muchedumbre 239 5 | espada en alto. Empédocles se levantó, tendió el brazo, y cantó 240 9 | quinta, a fin de ofrecerle libaciones. A ambos lados de Empédocles, 241 4 | sus delgadas túnicas de lino, con zapatillas hechas de 242 8 | aterrorizada. A la tercera llamada, Panthea salió del reino 243 10 | volcán vomitaba un haz de llamas. Encontraron, en el brocal 244 9 | Hubo una voz fuerte que llamó: “¡Empédocles!” Cuando la 245 4 | suplicaban que hiciera cesar las lluvias y huracanes; conjuró las 246 5 | de las hierbas que dan la locura. Un día en que cenaba en 247 5 | adivino, instruido por los magos de Persia, que poseía la 248 6 | sueño. Nunca se le vio sino majestuoso. ~ 249 2 | Por imposición de sus manos curaba a los enfermos y 250 1 | Jerjes ordenara azotar el mar con cadenas. La tradición 251 | más 252 2 | divina, hecha de cristal, la masa de fuego que llamamos sol, 253 6 | bendecirlos o curarlos. La mayor parte del tiempo permanecía 254 4 | elevaron un templo, y acuñaron medallas en las que su imagen estaba 255 9 | nuevo dios. Se dispusieron mesas bajo los árboles de su quinta, 256 6 | profería palabras sino en el metro épico, y en dialecto de 257 5 | hubiera bebido el dulce veneno mezclado en el vino espumoso de una 258 | mientras 259 8 | versos desconocidos sobre la migración de las almas, y por tres 260 8 | Empédocles la miró, se quitó la banda de oro 261 6 | rodeado por una muchedumbre de miserables. A su séquito se sumaron 262 | mismo 263 9 | proclamaron, como en los misterios, el silencio solemne. De 264 7 | estaban peinados según la rica moda de Agrigento, donde la vida 265 2 | enfermos y recitaba versos, al modo homérico, con acentos pomposos, 266 10 | las faldas estériles de la montaña a la luz sombría del alba. 267 1 | sido planta, pez, pájaro y muchacha. Llevaba un manto de púrpura 268 | Muchos 269 7 | se veían ovejas sin pelo, muertas, con la boca abierta hacia 270 8 | Empédocles era evocador de muertos. ~ 271 6 | A su séquito se sumaron mujeres. Besaban los faldones de 272 | muy 273 1 | Nadie sabe cuál fue su nacimiento, ni cómo vino a la tierra. 274 | nada 275 3 | surgía una columna de humo negro que lanzaba su sombra sobre 276 7 | fueron tocados por los dedos negros del azote. Hasta los cadáveres 277 | ni 278 5 | de Persia, que poseía la nigromancia y la ciencia de las hierbas 279 | Ninguno 280 6 | llamaba Panthea, hija de un noble de Agrigento. Debía ser 281 9 | antorchas se apagaron y la noche envolvió a los adoradores. 282 | nuestro 283 9 | Panthea, quiso adorar al nuevo dios. Se dispusieron mesas 284 | o 285 9 | árboles de su quinta, a fin de ofrecerle libaciones. A ambos lados 286 2 | con los brazos cargados de ofrendas. Los dejaba boquiabiertos 287 7 | sujeta por un lazo y sus ojos huecos ya no veían la luz. ~ 288 1 | tiempo después de que Jerjes ordenara azotar el mar con cadenas. 289 8 | almas, y por tres veces le ordenó levantarse y caminar. La 290 | Otros 291 7 | prados y aquí y allá se veían ovejas sin pelo, muertas, con la 292 9 | Pisianacte, padre de Panthea, quiso adorar 293 1 | había sido planta, pez, pájaro y muchacha. Llevaba un manto 294 6 | insensibilidad divina. No profería palabras sino en el metro épico, 295 4 | con zapatillas hechas de papiros. Se decía que sabía hacer 296 6 | bendecirlos o curarlos. La mayor parte del tiempo permanecía en 297 2 | hombres acudían de todas partes hacia Empédocles, con los 298 1 | campiñas sicilianas, ya había pasado cuatro existencias en nuestro 299 7 | oro. Sus cabellos estaban peinados según la rica moda de Agrigento, 300 7 | allá se veían ovejas sin pelo, muertas, con la boca abierta 301 7 | por un estrobo rojo, y era perfumada la suela de sus sandalias. 302 6 | La mayor parte del tiempo permanecía en silencio. Ninguno de 303 5 | instruido por los magos de Persia, que poseía la nigromancia 304 7 | viento asiático engendró la peste en los campos sicilianos. 305 1 | y que había sido planta, pez, pájaro y muchacha. Llevaba 306 9 | Pisianacte, padre de Panthea, quiso 307 4 | ceñido de oro, mientras los pitagóricos se arrastraban en sus delgadas 308 1 | mundo, y que había sido planta, pez, pájaro y muchacha. 309 7 | y los bañaron con vino y plantas aromáticas. Soltaron el 310 1 | que, antes de recorrer en plena gloria las campiñas sicilianas, 311 | poco 312 2 | ante él para escuchar sus poemas. Bajo el cielo puro que 313 2 | modo homérico, con acentos pomposos, subido en un carro y la 314 10 | Encontraron, en el brocal poroso de lava que circunda el 315 5 | los magos de Persia, que poseía la nigromancia y la ciencia 316 7 | alfombraban el borde de los prados y aquí y allá se veían ovejas 317 6 | Besaban los faldones de su precioso manto. Una se llamaba Panthea, 318 6 | amor, porque Empédocles preservaba una insensibilidad divina. 319 5 | Otros pretenden que fue adivino, instruido 320 9 | antorchas. Los heraldos proclamaron, como en los misterios, 321 6 | insensibilidad divina. No profería palabras sino en el metro 322 8 | colocó la guirnalda de laurel profético, cantó versos desconocidos 323 9 | el silencio solemne. De pronto, en la tercera vigilia, 324 5 | Homero sobre el nepentes que proporciona la insensibilidad. Y al 325 2 | gran gentío le seguía y se prosternaba ante él para escuchar sus 326 6 | Ninguno de los que lo seguían pudo sorprenderlo nunca durante 327 3 | amor. Así cantaba por los pueblos y los campos; y sus sandalias 328 5 | la insensibilidad. Y al punto la fuerza del nepentes se 329 2 | sus poemas. Bajo el cielo puro que ilumina los trigos, 330 9 | mesas bajo los árboles de su quinta, a fin de ofrecerle libaciones. 331 9 | Pisianacte, padre de Panthea, quiso adorar al nuevo dios. Se 332 8 | Empédocles la miró, se quitó la banda de oro que le ceñía 333 10 | contó que había visto un rayo rojo que surcaba las tinieblas 334 2 | curaba a los enfermos y recitaba versos, al modo homérico, 335 1 | discípulos aseguran que, antes de recorrer en plena gloria las campiñas 336 8 | llamada, Panthea salió del reino de las sombras, y su cuerpo 337 7 | pies de Empédocles y ya no respiraba. Los que la rodeaban levantaron 338 10 | una sandalia de bronce retorcida por el fuego.~FIN~ 339 4 | Semejante a un rey del cielo, Empédocles iba 340 1 | tierra. Apareció junto a las riberas doradas del río Acragas, 341 7 | estaban peinados según la rica moda de Agrigento, donde 342 7 | levantaron sus miembros rígidos y los bañaron con vino y 343 1 | las riberas doradas del río Acragas, en la bella ciudad 344 4 | fiebre haciendo que dos ríos vertieran en el lecho de 345 7 | no respiraba. Los que la rodeaban levantaron sus miembros 346 6 | las ciudades y él estaba rodeado por una muchedumbre de miserables. 347 3 | globular que la discordia rompió. Invocaba el día en que 348 1 | Nadie sabe cuál fue su nacimiento, 349 4 | de papiros. Se decía que sabía hacer desaparecer la legaña, 350 4 | disolver los tumores y sacar los dolores de los miembros; 351 6 | dorio. Todos sus gestos eran sagrados. Cuando se acercaba a los 352 5 | hombre furioso irrumpió en la sala con la espada en alto. Empédocles 353 7 | el cielo y las costillas salientes. Y Panthea empezó a languidecer 354 8 | tercera llamada, Panthea salió del reino de las sombras, 355 10 | el ardiente abismo, una sandalia de bronce retorcida por 356 2 | cielo. Un gran gentío le seguía y se prosternaba ante él 357 6 | silencio. Ninguno de los que lo seguían pudo sorprenderlo nunca 358 | según 359 3 | como éramos antaño, en el seno del dios globular que la 360 6 | muchedumbre de miserables. A su séquito se sumaron mujeres. Besaban 361 | ser 362 | será 363 3 | Todos los seres, decía, no son más que trozos 364 | si 365 | sí 366 3 | lanzaba su sombra sobre Sicilia. ~ 367 1 | plena gloria las campiñas sicilianas, ya había pasado cuatro 368 7 | engendró la peste en los campos sicilianos. Muchos hombres fueron tocados 369 1 | nuestro mundo, y que había sido planta, pez, pájaro y muchacha. 370 6 | Empédocles. No se vieron su signos de amor, porque Empédocles 371 2 | masa de fuego que llamamos sol, y el amor, que contiene 372 9 | los misterios, el silencio solemne. De pronto, en la tercera 373 7 | vino y plantas aromáticas. Soltaron el estrobo rojo que sostenía 374 3 | humo negro que lanzaba su sombra sobre Sicilia. ~ 375 8 | Panthea salió del reino de las sombras, y su cuerpo se animó y 376 10 | estériles de la montaña a la luz sombría del alba. El cráter del 377 3 | Todos los seres, decía, no son más que trozos desjuntados 378 3 | sus pies, y delante de él sonaban címbalos. Sin embargo, de 379 6 | los que lo seguían pudo sorprenderlo nunca durante el sueño. 380 7 | Soltaron el estrobo rojo que sostenía sus jóvenes senos y la envolvieron 381 9 | Empédocles, unos esclavos sostenían grandes antorchas. Los heraldos 382 7 | suavemente. Llevaba los senos sostenidos por un estrobo rojo, y era 383 7 | Agrigento, donde la vida fluía suavemente. Llevaba los senos sostenidos 384 2 | homérico, con acentos pomposos, subido en un carro y la cabeza 385 10 | cumbres del Etna. Los fieles subieron las faldas estériles de 386 7 | rojo, y era perfumada la suela de sus sandalias. Por lo 387 6 | sorprenderlo nunca durante el sueño. Nunca se le vio sino majestuoso. ~ 388 7 | boca entreabierta quedó sujeta por un lazo y sus ojos huecos 389 6 | miserables. A su séquito se sumaron mujeres. Besaban los faldones 390 4 | dolores de los miembros; le suplicaban que hiciera cesar las lluvias 391 10 | había visto un rayo rojo que surcaba las tinieblas hacia las 392 3 | de las fauces del Etna surgía una columna de humo negro 393 4 | y huracanes; conjuró las tempestades en un circo de colinas; 394 4 | adoraron y le elevaron un templo, y acuñaron medallas en 395 5 | Empédocles se levantó, tendió el brazo, y cantó los versos 396 4 | vertieran en el lecho de un tercero; y los habitantes de Selinonte 397 [Título]| Texto~ 398 1 | nacimiento, ni cómo vino a la tierra. Apareció junto a las riberas 399 10 | rayo rojo que surcaba las tinieblas hacia las cumbres del Etna. 400 3 | bronce venidas desde Laconia tintineaban en sus pies, y delante de 401 7 | sicilianos. Muchos hombres fueron tocados por los dedos negros del 402 | todo 403 1 | azotar el mar con cadenas. La tradición cuenta sólo que su abuelo 404 1 | alrededor de la cabeza traía una banda de oro, en los 405 3 | hincharse, después de todas las transformaciones de las almas. Porque el 406 1 | bronce, y llevaba guirnaldas trenzadas de lana y de laureles.~ 407 8 | migración de las almas, y por tres veces le ordenó levantarse 408 2 | cielo puro que ilumina los trigos, los hombres acudían de 409 3 | seres, decía, no son más que trozos desjuntados de esa esfera 410 4 | la legaña, disolver los tumores y sacar los dolores de los 411 4 | arrastraban en sus delgadas túnicas de lino, con zapatillas 412 3 | llamamos amor es el deseo de unirnos y fundirnos y confundirnos, 413 | unos 414 6 | pueblo y sus fieles sólo utilizasen el dorio. Todos sus gestos 415 2 | contiene todo, semejante a una vasta esfera. ~ 416 8 | de las almas, y por tres veces le ordenó levantarse y caminar. 417 5 | hubiera bebido el dulce veneno mezclado en el vino espumoso 418 3 | sus sandalias de bronce venidas desde Laconia tintineaban 419 9 | Los hombres no volvieron a verlo. ~ ~ 420 4 | fiebre haciendo que dos ríos vertieran en el lecho de un tercero; 421 7 | Panthea iba vestida de fina lana y de oro. Sus 422 7 | moda de Agrigento, donde la vida fluía suavemente. Llevaba 423 7 | compadeció de ella. En efecto, el viento asiático engendró la peste 424 6 | virginidad a Empédocles. No se vieron su signos de amor, porque 425 9 | De pronto, en la tercera vigilia, las antorchas se apagaron 426 6 | de la diosa y dedicó su virginidad a Empédocles. No se vieron 427 10 | espantado contó que había visto un rayo rojo que surcaba 428 10 | del alba. El cráter del volcán vomitaba un haz de llamas. 429 9 | desaparecido. Los hombres no volvieron a verlo. ~ ~ 430 10 | alba. El cráter del volcán vomitaba un haz de llamas. Encontraron, 431 9 | los adoradores. Hubo una voz fuerte que llamó: “¡Empédocles!” 432 4 | delgadas túnicas de lino, con zapatillas hechas de papiros. Se decía