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1 16 | verde cuando la hallaron abandonada ante la caverna de la Becerra. 2 12 | hasta que Búchette le hubo abierto una vaina. Entonces royó 3 1 | sabía a qué hora había que abrir la cesta de juncos para 4 15 | sentía que una mano tierna le acariciaba los cabellos y unos labios 5 16 | Se acercaba la fecha en que Búchette 6 4 | principio tuvo miedo de acercarse; ni siquiera se atrevió 7 10 | al ver la luz. No podía acostumbrarse a las llamas y lanzaba un 8 11 | persignó. «Dios me ayude – afirmó - si se trata de un demonio; 9 9 | lo arrojó al suelo; luego agitó el cántaro para escuchar 10 1 | bosque al despuntar del alba, y la niña permanecía sentada 11 15 | Las gentes de la aldea sintieron gran curiosidad 12 | algún 13 | algunas 14 | alguno 15 | allí 16 2 | de Santa María Becerra. Alzándose de puntillas, Búchette solía 17 16 | acarició los cabellos de su amiga y la tomó de la mano. Luego 18 15 | al ver en ese estado a su amiguita. Por la mañana miraba largamente 19 16 | se habían hecho casi tan angustiosos como los de la criatura 20 | antes 21 14 | signo alguno de inquietud, aparte de gemir cuando la humedecieron 22 14 | de las espinas, pareció apenada.~ ~ 23 15 | Búchette no lograba hacerle aprender en qué lugar había que buscar 24 4 | nerviosas manitas verdes que se apretaban contra la garganta de la 25 15 | fuego, o tan siquiera a aproximarse al hogar. Entretanto, Búchette 26 1 | gritaba el padre cuando el árbol se inclinaba produciendo 27 5 | destiñen -se dijo Búchette. Armándose de valor atravesó helechos 28 6 | imaginó que sus pies estaban arraigados en la tierra. A pesar de 29 1 | los musgos grises venían a arrastrarse sobre su rostro. «¡Cuidado!», 30 9 | al pan en sus manos y lo arrojó al suelo; luego agitó el 31 13 | pronunciar un solo sonido articulado. Lloraba, reía, o emitía 32 | así 33 4 | provocase algún siniestro ataque. Al inclinar la cabeza oyó 34 5 | Búchette. Armándose de valor atravesó helechos erizados de ganchos 35 4 | acercarse; ni siquiera se atrevió a llamar a su padre. Pensó 36 3 | estaban aun encendidas por la aurora, Búchette vio que delante 37 8 | Ay! ¡Dios mío! ¡Una diablesa 38 11 | Búchette se persignó. «Dios me ayude – afirmó - si se trata de 39 | bajo 40 15 | transportar madera y agua, barrer, secar y hasta coser, aun 41 11 | que no podía haber sido bautizada ni presentada a la comunión. 42 14 | la humedecieron con agua bendita. Pero no retrocedió lo más 43 5 | la singular figura. Dos bracitos verdeantes se tendieron 44 16 | la puerta y extendió el brazo hacia la noche. Y así como 45 3 | estremecía un objeto verde: Tenía brazos y piernas, y la cabeza parecía 46 10 | crepúsculo las pilas de carbón brillaron una por una y la muchacha 47 15 | aprender en qué lugar había que buscar los granos de trigo o las 48 5 | Tal vez se haya caído sobre malas hojas que destiñen - 49 15 | Por imitación, pronto fue capaz de transportar madera y 50 11 | al cura, quien llegó a la casa en el preciso momento en 51 16 | la había conducido a las casas de los hombres, ella la 52 10 | fuegos. Cuando entró en la casita, retrocedió al ver la luz. 53 15 | ponerla a trabajar. Esto le causó tanta pena que todas las 54 | cerca 55 4 | la cabeza oyó un sollozo cercano: la extraordinaria criatura 56 15 | los granos de trigo o las cerezas, y su decepción era siempre 57 4 | alguien hablaba fuerte. Cerró los ojos, temiendo que cualquier 58 1 | hora había que abrir la cesta de juncos para ofrecer a 59 3 | otoño en que las marchitas cimas del bosque estaban aun encendidas 60 1 | heridas. Por la noche, un círculo rojizo de pilas de carbón 61 11 | vino, de lo cual resultaba claramente que no podía haber sido 62 1 | monstruo extendido en el claro del bosque, con sus ramas 63 6 | pero tiene un extraño color. La sollozante criatura 64 12 | Mas luego, decepcionada, comenzó a llorar hasta que Búchette 65 | cómo 66 13 | no fue posible hacerle comprender una sola palabra humana 67 11 | bautizada ni presentada a la comunión. Fueron a visitar al cura, 68 15 | suavemente. La otra niña se condolía al ver en ese estado a su 69 16 | antes Búchette la había conducido a las casas de los hombres, 70 7 | tomó la mano. Ella se dejó conducir siempre llorosa. Parecía 71 14 | Al domingo siguiente la condujeron a la iglesia y allí no manifestó 72 15 | hasta temor. A pesar del consejo del párroco, seguían hablando 73 12 | Muy contenta al parecer, se puso de inmediato 74 | contra 75 1 | Búchette sorbía su sopa. Corría en torno a los árboles marcados 76 1 | volar delgados trozos de corteza; a menudo, los musgos grises 77 15 | agua, barrer, secar y hasta coser, aun cuando manejaba la 78 6 | de túnica hecha de hojas cosidas. Era en realidad una niñita 79 15 | hogar. Entretanto, Búchette crecía y sus padres quisieron ponerla 80 10 | la noche. A la hora del crepúsculo las pilas de carbón brillaron 81 11 | no es ni remotamente una cristiana». La niña verde no quiso 82 1 | inclinaba produciendo un crujido que parecía subterráneo. 83 14 | mínimo ante la imagen de la cruz y, cuando pasó sus manos 84 | cual 85 | cualquier 86 14 | minuciosamente, sin descubrir en su cuerpo ninguna señal del demonio. 87 1 | arrastrarse sobre su rostro. «¡Cuidado!», gritaba el padre cuando 88 15 | la aldea sintieron gran curiosidad y algunas hasta temor. A 89 2 | ecos sonoros, a la que se daba el nombre de Santa María 90 16 | la fecha en que Búchette debía entrar a trabajar. Sus sollozos 91 15 | trigo o las cerezas, y su decepción era siempre la misma. Por 92 12 | el interior. Mas luego, decepcionada, comenzó a llorar hasta 93 10 | Búchette rogó a su padre que no dejara a esa pobre criatura en 94 7 | le tomó la mano. Ella se dejó conducir siempre llorosa. 95 3 | aurora, Búchette vio que delante de la Becerra se estremecía 96 1 | el hacha haciendo volar delgados trozos de corteza; a menudo, 97 14 | examinó minuciosamente, sin descubrir en su cuerpo ninguna señal 98 | desde 99 14 | las sagradas llagas y las desgarraduras de las espinas, pareció 100 15 | o la madera y lloraba de desilusión. Búchette no lograba hacerle 101 1 | tendía entre las ramitas despedidas y masticaba con lentitud. 102 | Después 103 1 | solía llevarla al bosque al despuntar del alba, y la niña permanecía 104 5 | caído sobre malas hojas que destiñen -se dijo Búchette. Armándose 105 9 | y el cántaro. Pero ella dio vueltas al pan en sus manos 106 14 | ninguna señal del demonio. Al domingo siguiente la condujeron 107 | dónde 108 4 | Pues veía el rostro verde, dulce y triste, humedecido por 109 2 | oscura, llena de zarzas y de ecos sonoros, a la que se daba 110 3 | a una niñita de la misma edad de Búchette.~ ~ 111 13 | articulado. Lloraba, reía, o emitía gritos.~ ~ 112 15 | Mas nunca se resignó a encender el fuego, o tan siquiera 113 3 | cimas del bosque estaban aun encendidas por la aurora, Búchette 114 12 | tallo con las uñas, pensando encontrar las habas en el interior. 115 9 | saber si la niña verde había entendido. «Tal vez tenga hambre», 116 16 | fecha en que Búchette debía entrar a trabajar. Sus sollozos 117 | entre 118 16 | madre de Búchette estaban entregados al sueño, la niña verde 119 15 | a aproximarse al hogar. Entretanto, Búchette crecía y sus padres 120 10 | temblorosa, los fuegos. Cuando entró en la casita, retrocedió 121 8 | vienes, pequeña? ¿Por qué eres verde? ¿No sabes responder?~ ~ 122 5 | valor atravesó helechos erizados de ganchos y de zarcillos, 123 | es 124 | esa 125 1 | su padre no la miraba, se escondía para gritar: «¡Uuu!».~ ~ 126 9 | luego agitó el cántaro para escuchar el ruido del vino.~ ~ 127 13 | presencia al maestro de escuela, no fue posible hacerle 128 | ese 129 6 | estaba semicubierta por una especie de túnica hecha de hojas 130 15 | cada vez que le ofrecían espigas o ramitas, partía el tallo 131 14 | las desgarraduras de las espinas, pareció apenada.~ ~ 132 6 | sollozante criatura verde estaba semicubierta por una especie 133 15 | se condolía al ver en ese estado a su amiguita. Por la mañana 134 3 | delante de la Becerra se estremecía un objeto verde: Tenía brazos 135 14 | El cura la examinó minuciosamente, sin descubrir 136 8 | mío! ¡Una diablesa verde! -exclamó el padre de Búchette cuando 137 1 | tristeza por el monstruo extendido en el claro del bosque, 138 16 | Luego abrió la puerta y extendió el brazo hacia la noche. 139 6 | Búchette - pero tiene un extraño color. La sollozante criatura 140 16 | Se acercaba la fecha en que Búchette debía entrar 141 5 | casi junto a la singular figura. Dos bracitos verdeantes 142 15 | los cabellos y unos labios frescos se posaban en su mejilla.~ ~ 143 15 | sólo se nutría de granos y frutas; cada vez que le ofrecían 144 15 | se resignó a encender el fuego, o tan siquiera a aproximarse 145 10 | observó, temblorosa, los fuegos. Cuando entró en la casita, 146 11 | presentada a la comunión. Fueron a visitar al cura, quien 147 4 | Becerra cuando alguien hablaba fuerte. Cerró los ojos, temiendo 148 5 | atravesó helechos erizados de ganchos y de zarcillos, hasta llegar 149 4 | que se apretaban contra la garganta de la niñita extraordinaria.~ ~ 150 14 | de inquietud, aparte de gemir cuando la humedecieron con 151 15 | Las gentes de la aldea sintieron gran 152 15 | gentes de la aldea sintieron gran curiosidad y algunas hasta 153 1 | a su padre el cántaro de gres y el trozo de pan moreno. 154 1 | corteza; a menudo, los musgos grises venían a arrastrarse sobre 155 1 | su rostro. «¡Cuidado!», gritaba el padre cuando el árbol 156 1 | miraba, se escondía para gritar: «¡Uuu!».~ ~ 157 10 | las llamas y lanzaba un grito cada vez que alguien encendía 158 13 | Lloraba, reía, o emitía gritos.~ ~ 159 11 | claramente que no podía haber sido bautizada ni presentada 160 16 | trabajar. Sus sollozos se habían hecho casi tan angustiosos 161 4 | la Becerra cuando alguien hablaba fuerte. Cerró los ojos, 162 15 | consejo del párroco, seguían hablando de la «diablesa verde». 163 7 | Parecía que no supiese hablar.~ ~ 164 1 | Búchette veía cómo se hundía el hacha haciendo volar delgados 165 1 | cómo se hundía el hacha haciendo volar delgados trozos de 166 16 | criatura verde cuando la hallaron abandonada ante la caverna 167 9 | entendido. «Tal vez tenga hambre», dijo él. Y le ofreció 168 | haya 169 6 | por una especie de túnica hecha de hojas cosidas. Era en 170 16 | Sus sollozos se habían hecho casi tan angustiosos como 171 5 | Armándose de valor atravesó helechos erizados de ganchos y de 172 1 | magulladas y sus ramitas heridas. Por la noche, un círculo 173 15 | siquiera a aproximarse al hogar. Entretanto, Búchette crecía 174 16 | conducido a las casas de los hombres, ella la llevó de la mano 175 12 | llorar hasta que Búchette le hubo abierto una vaina. Entonces 176 13 | comprender una sola palabra humana ni pronunciar un solo sonido 177 4 | rostro verde, dulce y triste, humedecido por las lágrimas, y dos 178 14 | aparte de gemir cuando la humedecieron con agua bendita. Pero no 179 1 | árboles. Búchette veía cómo se hundía el hacha haciendo volar 180 14 | siguiente la condujeron a la iglesia y allí no manifestó signo 181 16 | la mano hacia la libertad ignorada.~ ~ ~ 182 14 | retrocedió lo más mínimo ante la imagen de la cruz y, cuando pasó 183 6 | planta silvestre. Búchette imaginó que sus pies estaban arraigados 184 15 | era siempre la misma. Por imitación, pronto fue capaz de transportar 185 9 | Era imposible saber si la niña verde había 186 1 | padre cuando el árbol se inclinaba produciendo un crujido que 187 4 | algún siniestro ataque. Al inclinar la cabeza oyó un sollozo 188 12 | contenta al parecer, se puso de inmediato a partir el tallo con las 189 14 | manifestó signo alguno de inquietud, aparte de gemir cuando 190 12 | encontrar las habas en el interior. Mas luego, decepcionada, 191 1 | había que abrir la cesta de juncos para ofrecer a su padre 192 | junto 193 15 | acariciaba los cabellos y unos labios frescos se posaban en su 194 10 | acostumbrarse a las llamas y lanzaba un grito cada vez que alguien 195 15 | amiguita. Por la mañana miraba largamente a Búchette y los ojos se 196 2 | Búchette solía observarla desde lejos.~ ~ 197 1 | despedidas y masticaba con lentitud. Después, Búchette sorbía 198 16 | llevó de la mano hacia la libertad ignorada.~ ~ ~ 199 6 | esto, los movía con mucha ligereza.~ ~ 200 14 | manos por sobre las sagradas llagas y las desgarraduras de las 201 4 | ni siquiera se atrevió a llamar a su padre. Pensó que era 202 10 | podía acostumbrarse a las llamas y lanzaba un grito cada 203 15 | por la noche, durante su llanto, Búchette sentía que una 204 11 | a visitar al cura, quien llegó a la casa en el preciso 205 2 | Había una caverna oscura, llena de zarzas y de ecos sonoros, 206 15 | Búchette y los ojos se le llenaban de lágrimas. Y por la noche, 207 1 | padre de Búchette solía llevarla al bosque al despuntar del 208 13 | Por más que llevaron a su presencia al maestro 209 16 | de los hombres, ella la llevó de la mano hacia la libertad 210 12 | decepcionada, comenzó a llorar hasta que Búchette le hubo 211 7 | se dejó conducir siempre llorosa. Parecía que no supiese 212 15 | desilusión. Búchette no lograba hacerle aprender en qué 213 15 | hacerle aprender en qué lugar había que buscar los granos 214 10 | casita, retrocedió al ver la luz. No podía acostumbrarse 215 13 | llevaron a su presencia al maestro de escuela, no fue posible 216 1 | del bosque, con sus ramas magulladas y sus ramitas heridas. Por 217 5 | vez se haya caído sobre malas hojas que destiñen -se dijo 218 15 | hasta coser, aun cuando manejaba la tela con cierta repulsión. 219 14 | condujeron a la iglesia y allí no manifestó signo alguno de inquietud, 220 4 | lágrimas, y dos nerviosas manitas verdes que se apretaban 221 1 | Corría en torno a los árboles marcados y, si su padre no la miraba, 222 3 | mañana de otoño en que las marchitas cimas del bosque estaban 223 2 | daba el nombre de Santa María Becerra. Alzándose de puntillas, 224 1 | las ramitas despedidas y masticaba con lentitud. Después, Búchette 225 | me 226 15 | frescos se posaban en su mejilla.~ ~ 227 1 | delgados trozos de corteza; a menudo, los musgos grises venían 228 | 229 4 | Al principio tuvo miedo de acercarse; ni siquiera 230 14 | Pero no retrocedió lo más mínimo ante la imagen de la cruz 231 14 | El cura la examinó minuciosamente, sin descubrir en su cuerpo 232 | mío 233 11 | a la casa en el preciso momento en que Búchette ofrecía 234 1 | sentía cierta tristeza por el monstruo extendido en el claro del 235 1 | de gres y el trozo de pan moreno. El se tendía entre las 236 6 | tierra. A pesar de esto, los movía con mucha ligereza.~ ~ 237 4 | temiendo que cualquier movimiento suyo provocase algún siniestro 238 | mucha 239 10 | brillaron una por una y la muchacha verde observó, temblorosa, 240 1 | de corteza; a menudo, los musgos grises venían a arrastrarse 241 5 | Búchette, en medio de las mustias zarzas.~ ~ 242 4 | por las lágrimas, y dos nerviosas manitas verdes que se apretaban 243 | ninguna 244 15 | tanta pena que todas las noches, oculta bajo las sábanas, 245 2 | sonoros, a la que se daba el nombre de Santa María Becerra. 246 | nunca 247 15 | verde». La criatura sólo se nutría de granos y frutas; cada 248 3 | Becerra se estremecía un objeto verde: Tenía brazos y piernas, 249 12 | royó las habas mientras observaba al cura.~ ~ 250 2 | puntillas, Búchette solía observarla desde lejos.~ ~ 251 10 | una y la muchacha verde observó, temblorosa, los fuegos. 252 15 | pena que todas las noches, oculta bajo las sábanas, sollozaba 253 1 | la cesta de juncos para ofrecer a su padre el cántaro de 254 11 | momento en que Búchette ofrecía a la criatura habas en su 255 15 | frutas; cada vez que le ofrecían espigas o ramitas, partía 256 9 | tenga hambre», dijo él. Y le ofreció el pan y el cántaro. Pero 257 2 | Había una caverna oscura, llena de zarzas y de ecos 258 3 | Cierta mañana de otoño en que las marchitas cimas 259 | otra 260 4 | ataque. Al inclinar la cabeza oyó un sollozo cercano: la extraordinaria 261 15 | Entretanto, Búchette crecía y sus padres quisieron ponerla a trabajar. 262 13 | hacerle comprender una sola palabra humana ni pronunciar un 263 6 | Se parece a mí - pensó Búchette - 264 | parecer 265 14 | desgarraduras de las espinas, pareció apenada.~ ~ 266 15 | A pesar del consejo del párroco, seguían hablando de la « 267 15 | ofrecían espigas o ramitas, partía el tallo o la madera y lloraba 268 12 | se puso de inmediato a partir el tallo con las uñas, pensando 269 14 | imagen de la cruz y, cuando pasó sus manos por sobre las 270 12 | partir el tallo con las uñas, pensando encontrar las habas en el 271 8 | llegar -. ¿De dónde vienes, pequeña? ¿Por qué eres verde? ¿No 272 1 | despuntar del alba, y la niña permanecía sentada muy cerca mientras 273 11 | la madre de Búchette se persignó. «Dios me ayude – afirmó - 274 4 | Pensó que era una de las personas que respondían en la caverna 275 3 | piernas, y la cabeza parecía pertenecer a una niñita de la misma 276 3 | objeto verde: Tenía brazos y piernas, y la cabeza parecía pertenecer 277 6 | Búchette imaginó que sus pies estaban arraigados en la 278 6 | que tenía el tinte de una planta silvestre. Búchette imaginó 279 10 | padre que no dejara a esa pobre criatura en el bosque durante 280 15 | crecía y sus padres quisieron ponerla a trabajar. Esto le causó 281 15 | y unos labios frescos se posaban en su mejilla.~ ~ 282 13 | maestro de escuela, no fue posible hacerle comprender una sola 283 11 | quien llegó a la casa en el preciso momento en que Búchette 284 13 | Por más que llevaron a su presencia al maestro de escuela, no 285 11 | haber sido bautizada ni presentada a la comunión. Fueron a 286 4 | Al principio tuvo miedo de acercarse; 287 1 | cuando el árbol se inclinaba produciendo un crujido que parecía subterráneo. 288 15 | la misma. Por imitación, pronto fue capaz de transportar 289 13 | una sola palabra humana ni pronunciar un solo sonido articulado. 290 4 | cualquier movimiento suyo provocase algún siniestro ataque. 291 16 | la mano. Luego abrió la puerta y extendió el brazo hacia 292 | Pues 293 2 | María Becerra. Alzándose de puntillas, Búchette solía observarla 294 12 | contenta al parecer, se puso de inmediato a partir el 295 | quien 296 15 | Búchette crecía y sus padres quisieron ponerla a trabajar. Esto 297 11 | cristiana». La niña verde no quiso tocar ni el pan, ni la sal, 298 1 | claro del bosque, con sus ramas magulladas y sus ramitas 299 6 | de hojas cosidas. Era en realidad una niñita que tenía el 300 13 | sonido articulado. Lloraba, reía, o emitía gritos.~ ~ 301 11 | un demonio; pero no es ni remotamente una cristiana». La niña 302 15 | manejaba la tela con cierta repulsión. Mas nunca se resignó a 303 15 | repulsión. Mas nunca se resignó a encender el fuego, o tan 304 8 | qué eres verde? ¿No sabes responder?~ ~ 305 4 | una de las personas que respondían en la caverna de la Becerra 306 11 | ni el vino, de lo cual resultaba claramente que no podía 307 10 | Búchette rogó a su padre que no dejara 308 1 | Por la noche, un círculo rojizo de pilas de carbón se encendía 309 12 | abierto una vaina. Entonces royó las habas mientras observaba 310 9 | cántaro para escuchar el ruido del vino.~ ~ 311 15 | noches, oculta bajo las sábanas, sollozaba suavemente. La 312 9 | Era imposible saber si la niña verde había entendido. « 313 8 | Por qué eres verde? ¿No sabes responder?~ ~ 314 1 | medio de la sombra. Búchette sabía a qué hora había que abrir 315 14 | sus manos por sobre las sagradas llagas y las desgarraduras 316 11 | quiso tocar ni el pan, ni la sal, ni el vino, de lo cual 317 2 | que se daba el nombre de Santa María Becerra. Alzándose 318 15 | transportar madera y agua, barrer, secar y hasta coser, aun cuando 319 15 | del consejo del párroco, seguían hablando de la «diablesa 320 6 | sollozante criatura verde estaba semicubierta por una especie de túnica 321 14 | descubrir en su cuerpo ninguna señal del demonio. Al domingo 322 1 | alba, y la niña permanecía sentada muy cerca mientras él talaba 323 11 | claramente que no podía haber sido bautizada ni presentada 324 14 | iglesia y allí no manifestó signo alguno de inquietud, aparte 325 14 | del demonio. Al domingo siguiente la condujeron a la iglesia 326 6 | tenía el tinte de una planta silvestre. Búchette imaginó que sus 327 | sin 328 5 | hasta llegar casi junto a la singular figura. Dos bracitos verdeantes 329 4 | movimiento suyo provocase algún siniestro ataque. Al inclinar la cabeza 330 15 | Las gentes de la aldea sintieron gran curiosidad y algunas 331 4 | Búchette abrió los ojos y sintió pena. Pues veía el rostro 332 13 | posible hacerle comprender una sola palabra humana ni pronunciar 333 15 | oculta bajo las sábanas, sollozaba suavemente. La otra niña 334 6 | tiene un extraño color. La sollozante criatura verde estaba semicubierta 335 4 | inclinar la cabeza oyó un sollozo cercano: la extraordinaria 336 16 | debía entrar a trabajar. Sus sollozos se habían hecho casi tan 337 13 | humana ni pronunciar un solo sonido articulado. Lloraba, 338 15 | diablesa verde». La criatura sólo se nutría de granos y frutas; 339 1 | encendía en medio de la sombra. Búchette sabía a qué hora 340 13 | humana ni pronunciar un solo sonido articulado. Lloraba, reía, 341 2 | llena de zarzas y de ecos sonoros, a la que se daba el nombre 342 1 | Después, Búchette sorbía su sopa. Corría en torno a los árboles 343 1 | lentitud. Después, Búchette sorbía su sopa. Corría en torno 344 15 | bajo las sábanas, sollozaba suavemente. La otra niña se condolía 345 1 | produciendo un crujido que parecía subterráneo. Ella sentía cierta tristeza 346 9 | sus manos y lo arrojó al suelo; luego agitó el cántaro 347 16 | Búchette estaban entregados al sueño, la niña verde acarició 348 7 | llorosa. Parecía que no supiese hablar.~ ~ 349 | suyo 350 1 | sentada muy cerca mientras él talaba los árboles. Búchette veía 351 | tanta 352 15 | aun cuando manejaba la tela con cierta repulsión. Mas 353 10 | muchacha verde observó, temblorosa, los fuegos. Cuando entró 354 4 | fuerte. Cerró los ojos, temiendo que cualquier movimiento 355 15 | curiosidad y algunas hasta temor. A pesar del consejo del 356 1 | trozo de pan moreno. El se tendía entre las ramitas despedidas 357 5 | Dos bracitos verdeantes se tendieron hacia Búchette, en medio 358 9 | había entendido. «Tal vez tenga hambre», dijo él. Y le ofreció 359 [Título]| Texto~ ~ 360 6 | pensó Búchette - pero tiene un extraño color. La sollozante 361 15 | Búchette sentía que una mano tierna le acariciaba los cabellos 362 6 | estaban arraigados en la tierra. A pesar de esto, los movía 363 6 | una niñita que tenía el tinte de una planta silvestre. 364 11 | La niña verde no quiso tocar ni el pan, ni la sal, ni 365 | todas 366 1 | sorbía su sopa. Corría en torno a los árboles marcados y, 367 15 | imitación, pronto fue capaz de transportar madera y agua, barrer, secar 368 11 | me ayude – afirmó - si se trata de un demonio; pero no es 369 15 | que buscar los granos de trigo o las cerezas, y su decepción 370 4 | el rostro verde, dulce y triste, humedecido por las lágrimas, 371 1 | subterráneo. Ella sentía cierta tristeza por el monstruo extendido 372 1 | el cántaro de gres y el trozo de pan moreno. El se tendía 373 1 | haciendo volar delgados trozos de corteza; a menudo, los 374 6 | semicubierta por una especie de túnica hecha de hojas cosidas. 375 4 | Al principio tuvo miedo de acercarse; ni siquiera 376 16 | caverna de la Becerra. La última noche, cuando el padre y 377 12 | partir el tallo con las uñas, pensando encontrar las 378 | unos 379 1 | escondía para gritar: «¡Uuu!».~ ~ 380 5 | dijo Búchette. Armándose de valor atravesó helechos erizados 381 10 | que alguien encendía la vela.~ ~ 382 1 | menudo, los musgos grises venían a arrastrarse sobre su rostro. «¡ 383 5 | singular figura. Dos bracitos verdeantes se tendieron hacia Búchette, 384 4 | y dos nerviosas manitas verdes que se apretaban contra 385 11 | Al verla, la madre de Búchette se 386 8 | vio llegar -. ¿De dónde vienes, pequeña? ¿Por qué eres 387 11 | a la comunión. Fueron a visitar al cura, quien llegó a la 388 1 | hundía el hacha haciendo volar delgados trozos de corteza; 389 9 | el cántaro. Pero ella dio vueltas al pan en sus manos y lo 390 5 | erizados de ganchos y de zarcillos, hasta llegar casi junto
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