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| Alfabética [« »] regia 1 registró 1 rehusóle 1 reina 67 reinaba 4 reinando 1 reinar 2 | Frecuencia [« »] 75 tan 67 él 67 ni 67 reina 65 babilonia 64 todos 63 fue | François-Marie Arouet de Voltaire Zadig o el destino Concordancias reina |
Cap.
1 Int| hubieras sido Talestris, o la reina de Sabea en tiempo de Solimán, 2 III| corriendo un eunuco de la reina, acompañado de varios empleados 3 III| visteis al perro de la reina? Respondióle Zadig con modestia: 4 III| he visto, ni sabia que la reina tuviese perra ninguna.~ ~ 5 III| del rey y la perra de la reina; condujeronle pues a la 6 III| la respetable perra de la reina, ni el sagrado caballo del 7 III| perra de nuestra augusta reina.~ ~En cuanto al caballo 8 III| llegó la noticia al rey y la reina. En antesalas, salas, y 9 III| rey, o la perrita de la reina! ¡Qué de peligros corre 10 IV| Acordándose entonces la reina de lo que había en el trozo 11 IV| las plantas del rey y la reina; pidióles rendidamente perdón 12 IV| asuntos. Desde entonces la reina empezó a mirarle con una 13 VI| las gracias al rey y a la reina, y fue luego a dárselas 14 VII| mucho al rey, y más a la reina. Decía el rey: ¡Qué gran 15 VII| Qué gran ministro! y la reina: ¡Qué amable ministro! y 16 VII| protección, una camarista de la reina Astarte. Por consolarse 17 VII| que era más hermosa que la reina Astarte. Salió del serrallo 18 VII| mismas ligas lleváis que la reina: ¿las tomáis en la misma 19 VIII| figuraba que le hablaba como reina, satisfecha se expresaba 20 VIII| atrevía a conversar con la reina con aquella serena libertad 21 VIII| De la conversación de la reina salía Zadig fuera de sí, 22 VIII| involuntario delito. En tanto la reina repetía con tal frecuencia 23 VIII| que se parecía a la de la reina; y para mayor desgracia, 24 VIII| resolvió a dar un veneno a la reina, y a enviar un lazo a Zadig 25 VIII| tal mudo muy afecto a la reina y a Zadig, y escuchó con 26 VIII| que quería que supiera la reina: representaba su dibujo, 27 VIII| y en medio del cuadro la reina moribunda en brazos de sus 28 VIII| instante aquel cuadro a la reina.~ ~Hete pues que a media 29 VIII| entregan una esquela de la reina: dudando Zadig si es sueño, 30 VIII| aventuráis a ir a ver a la reina, le dijo, aceleráis su muerte; 31 VIII| ojos en el palacio de la reina se cayó desmayado. Cuando 32 VIII| las mujeres, y la primera reina del mundo, reflexionando 33 X| horca, porque gastaba la reina cintas amarillas; y ahora 34 X| que en el destino de la reina de Babilonia.~ ~Dos días 35 XVI| Zadig: ¿y que se ha hecho la reina Astarte? Yo no lo sé, replicó 36 XVI| algunos ballantes. Pero la reina, dijo Zadig, ¿por vida vuestra 37 XVI| sabéis de la suerte de la reina? De un príncipe de Hircania 38 XVI| la dignidad, y para una reina fea no se encuentra despacho. 39 XVI| que haya yo vendido a la reina Astarte, y posible es que 40 XVII| que gustaban infinito a la reina Astarte y al célebre ministro 41 XVII| desaparecido Zadig y la reina. Fui corriendo a casa del 42 XVII| volandas en la cocina de la reina; algunos de los gentiles? 43 XVII| sabéis de la suerte de la reina? No, señor, respondía el 44 XVII| lo que sé, es que ni la reina ni Zadig me han pagado mis 45 XVII| empezando por la perra de la reina hasta su arribo a casa del 46 XVIII| brazos. Era Astarte, era la reina de Babilonia, la misma que 47 XVIII| polvo de sus pies. Alzale la reina de Babilonia, y le sienta 48 XVIII| Pero como os hallo, o reina respetable y desdichada, 49 XVIII| no dudaron de que era la reina de Babilonia, y la condujeron 50 XVIII| acatamiento. Hablé como reina, pero fui tratada como una 51 XVIII| situación para la primera reina del universo, y más para 52 XVIII| separamos. Quería Zadig a la reina tanto como se lo juraba, 53 XVIII| como se lo juraba, y la reina quería a Zadig mas de lo 54 XVIII| recibió un parte de la hermosa reina, y se levantó de la mesa, 55 XIX| justas.~ ~Fue recibida la reina en Babilonia con aquel júbilo 56 XIX| tiempo no se permitía a la reina comunicar con nadie: solo 57 XIX| completa que le enviaba la reina, y también con ella el caballo 58 XIX| día siguiente, sentada la reina bajo un dosel guarnecido 59 XIX| caballero azul y el blanco: a la reina le palpitaba el corazón, 60 XIX| estribos, que todos, menos la reina, deseaban que hubiese dos 61 XIX| Babilonia. No cabía en sí la reina de alborozo. Llevaron al 62 XIX| presumir si seria el mudo de la reina el que sirvió a Zadig. Dejáronlos 63 XIX| no pudiendo ni ver a la reina, ni reclamar las armas blancas 64 XX| Pareció adicto de corazón a la reina, y hubiera deseado que Zadig 65 XXI| sitio de la asamblea. La reina, a quien informaron de su 66 XXI| hacer una cortesía a la reina, que agitada de temor y 67 XXI| convertido en diamante: y él y la reina adoraron la Providencia.