Cap.

  1     I|        libertador. ¡O Zadig! le dijo, os quería como a mi esposo,
  2     I|        desmán. Si hubiera sido, dijo, el ojo derecho, yo le curaría;
  3     I|  agravio. Pues he sido víctima, dijo, de tan cruel antojo de
  4    II|         Qué tienes, querida? le dijo Zadig; ¿qué es lo que tan
  5    II|        su corriente. Bien está, dijo Zadig; eso es señal de que
  6    II|        este dolor tan cruel? le dijo compasiva. A dos dedos de
  7    II|       día antes. ¡Raro remedio! dijo Azora. No es mas raro, respondió
  8    II|      cabo a la Señora. Por fin, dijo, si las narices de mi marido
  9   III|        han perdido. Mancebo, le dijo el principal eunuco, ¿visteis
 10   III|        Con que la habéis visto? dijo el primer eunuco fuera de
 11   III|         rey. Ese es un caballo, dijo Zadig, que tiene el mejor
 12   III|      del gran Desterliam, donde dijo así:~ ~Astros de justicia,
 13    IV|         ponerlos conformes, les dijo: Pues no comamos grifo,
 14    IV|        al viejo Drastanés, y le dijo así: Gloria al Sol y a los
 15    IV|        los conejos? Bien, bien, dijo Drastanés, meneando la temblona
 16    IV|        a Zadig a cenar, y no le dijo nada a Arimazo. En tan flacos
 17    IV|      donde había de pasar, y le dijo que no valían nada sus versos.
 18     V|         rey tomando la palabra, dijo: acción es noble la suya,
 19    VI|       loro. Precioso pájaro, le dijo, tú has sido quien me has
 20    VI|   sucesivamente a los dos, y le dijo al mayor: No ha muerto vuestro
 21    VI|    costado harto caro. Lo mismo dijo luego Zadig al menor. Loado
 22    VI|     dado. No restituiréis nada, dijo Zadig, y se os darán las
 23    VI|   casarse con ella. La doncella dijo que seria su marido el que
 24    VI|        los llamó a entrambos, y dijo al primero: ¿Qué has de
 25    VI|        preestablecida. Pues yo, dijo el segundo, procuraré hacerle
 26   VII|      izquierdo que del derecho. Dijo el envidioso y su mujer
 27   VII|       vuelva a servir, ¡Ha, ha! dijo la afortunada a la envidiosa,
 28  VIII|      Astarte, la despertó, y le dijo por señas que era menester
 29  VIII|         ir a ver a la reina, le dijo, aceleráis su muerte; y
 30  VIII|   instante en su propia suerte, dijo: ¡Válgame Dios; y lo que
 31    IX|         la lengua egipcia, y le dijo en este idioma: Si tenéis
 32    IX|        sus lágrimas? Ha, ha, le dijo el hombre colérico: ¿con
 33    IX|      dama, y con voz rendida le dijo: Me ha forzado a que le
 34    IX|      nunca en toda, su vida, le dijo: Bien merecierais, puesto
 35    IX|         carrera tendida venían. Dijo uno de ellos al ver a la
 36     X|        tiene vuestro deudor? le dijo Zadig. La condición de un
 37     X|        malos pagadores conozco, dijo Setoc, es el más vivo. Está
 38     X|        pagar. ¿Tenéis testigos? dijo el juez. No, porque se han
 39     X|         mi amo Setoc. Me place, dijo el juez; y pasó a despachar
 40     X|          Al fin de la audiencia dijo a Zadig: ¿Con que no ha
 41    XI|      reserva. Un día por fin le dijo que eran unos cuerpos como
 42    XI|        a Setoc. ¿Qué hacéis? le dijo este admirado. Lo que vos,
 43    XI|   queríais a vuestro marido? le dijo. ¿Quererle? no por cierto,
 44    XI|         a su hoguera. Sin duda, dijo Zadig, que debe ser un gusto
 45    XI|        naturaleza se estremece, dijo la dama, pero no tiene remedio.
 46    XI|    razonaba, ¿Qué hicierais, le dijo en fin, si no estuvierais
 47    XI|        vanidad de quemaros? Ha, dijo la dama, creo que os brindaría
 48   XII|  preciosa del mundo. ¿Cómo así? dijo Setoc; ¿sobre qué alhaja?
 49   XII|         el Indio de la mano, le dijo en tono compungido: Ha ¿
 50   XII|      buey adoráis! ¿Es posible? dijo el hombre del Ganges. ¿Y
 51   XII|     ciento treinta y cinco mil, dijo el Indio, hay su poco de
 52   XII|       Brama comparado con Apis, dijo el Egipcio; ¿qué cosas tan
 53   XII|     ajedrez. Estáis equivocado, dijo un Caldeo que a su lado
 54   XII|   palabra el hombre de Cambalu, dijo: Mucho respeto a los Egipcios,
 55   XII|        mas instruido que todos, dijo echando por vidas, que solo
 56   XII|      que era el más furioso, le dijo que tenía mucha razón, y
 57   XII|      los ánimos irritados. Poco dijo al del Catay, que había
 58   XII|         oír tal. ¿No es verdad, dijo al Celta, que no adoráis
 59   XII|        dado los bueyes. Eso es, dijo el Egipcio. El pez Oanes,
 60   XII|       peces. Estamos conformes, dijo el Caldeo. El Indio y el
 61   XII|   Griego, que se vía celebrado, dijo que Zadig había comprendido
 62  XIII|        puro alabastro. Ya veis, dijo, cuan poco vale todo esto.
 63  XIII|       tan hermosos brazos. ¡Ay! dijo la viuda, acaso los brazos
 64  XIII|         Firmad vos una por una, dijo Almona, Con mucho gusto,
 65  XIII|       segundo pontífice, que le dijo que comparados con sus ojos
 66   XIV|         a mis bienhechores. Así dijo, lloró, y se partió.~ ~A
 67   XIV|         tantas cosas sabéis, le dijo, ¿no sabríais modo para
 68   XIV|       bien. Os estáis burlando, dijo el rey: ¡donoso modo por
 69   XIV|        de cosas sobrenaturales, dijo Zadig, ni he podido nunca
 70   XIV|        milagroso. Está bien, le dijo, haced lo que os parezca.
 71   XIV|       bien, qué honrado sujeto! dijo Zadig. Dio el rey un abrazo
 72   XIV|    nombre de amor. Si, el amor, dijo el rey; de eso justamente
 73    XV|         Mi cuerpo y mi corazón, dijo el rey a Zadig... Oyendo
 74    XV|         mas lindos pajes, y les dijo que le parecía el rey mas
 75    XV|         se cifra en el corazón, dijo: yo no he de ceder ni al
 76    XV|         este horrible apuro? le dijo en lastimoso tono Nabuzan.
 77   XVI|        mis tierras pasa es mío, dijo, no menos que lo que en
 78   XVI|         Árabe viejo, el cual me dijo: Hijo mío, no te desesperes;
 79   XVI|         Moabdar ha sido muerto! dijo Zadig: ¿y que se ha hecho
 80   XVI|       ballantes. Pero la reina, dijo Zadig, ¿por vida vuestra
 81  XVII|         vida en el río.~ ~¡Así, dijo Zadig para sí, hay otros
 82  XVII|     rendís a vuestra desgracia? dijo Zadig al pescador. Porque
 83  XVII|         desesperado. Yo espero, dijo Zadig, que no habéis de
 84  XVII|   robado Orcan a vuestra mujer? dijo el pescador. Esta pregunta
 85  XVII|      del bandolero Arbogad. Ha, dijo al pescador, Orcan es digno
 86 XVIII|    pueden tocarlo. Raro es eso, dijo Zadig: ¿me haréis el favor
 87 XVIII|   silencio, con voz mal segura, dijo: Generosa dama, perdonad
 88 XVIII|        el alboroto de su pecho, dijo en breves palabras Zadig
 89 XVIII|    basilisco, voy a informaros, dijo la hermosa Astarte, de todo
 90 XVIII|     siquiera de responderme, le dijo a su eunuco negro que yo
 91 XVIII|         floridos años. Zadig le dijo: habéis jugado a la pelota,
 92    XX|     leía. El libro del destino, dijo el ermitaño: ¿queréis leer
 93    XX|         Muy triste parecéis, le dijo el buen padre. ¡Tanto motivo
 94    XX|            El amo de esta casa, dijo Zadig en el camino, me parece
 95    XX|    caminantes. Magnífico señor, dijo el ermitaño, no puedo menos
 96    XX|  compañero joven. Padre mío, le dijo Zadig, ¿qué quiere decir
 97    XX|    pasiones. ¡Cuan fatales son! dijo Zadig. Son, replicó el ermitaño,
 98    XX|    divinidad; porque el hombre, dijo, por sí propio no puede
 99    XX|      rehusóle el ermitaño, y le dijo que se despedía de él, porque
100    XX|        su camarada. Vámonos, le dijo; quiero empero, mientras
101    XX|        sosiego. Loado sea Dios, dijo, ya está la casa de mi buen
102    XX| hubieron, llegado al puente, le dijo el ermitaño: Ven acá, hijo
103    XX|  eternos decretos! Los humanos, dijo el ángel Jesrad, sin saber
104    XX|      licencia para hablar, y le dijo: No me fío de mi entendimiento;
105    XX|       Con que es indispensable, dijo Zadig, que haya atrocidades
106    XX|        resulte un bien. Empero, dijo Zadig, ¿si solo hubiese
107    XX|       que debes adorar. Empero, dijo Zadig... Mientras él decía
108   XXI|          Yo también he peleado, dijo, pero otro ha usurpado mis
109   XXI|    Tocaba a Itobad responder, y dijo que él no entendía de adivinanzas,
110   XXI|         otros que la luz. Zadig dijo que era el tiempo. No hay
111   XXI|        echarlo de ver? Cada uno dijo su cosa; solo Zadig adivinó
112   XXI|     jinete.~ ~Ilustres señores, dijo en fin Zadig, yo he tenido
113   XXI|   espaldar: dejaos desarmar, le dijo, si no queréis perder la
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