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Jean Lorrain Historia de la criada Gudule Concordancias (Hapax Legomena) |
Par.
1 16 | Histoire des masques, 1900~ ~ ~ ~ 2 14 | pánico, iba intrépidamente a abrir la puerta y miraba.~ ~ 3 6 | apagó como una lámpara sin aceite, en su pequeña y fría buhardilla, 4 8 | todo; daba informes diarios acerca del recibidor o la cocina, 5 5 | mano, seria, silenciosa, activa, no cesaba de frotar, cepillar, 6 7 | le hicieron un entierro adecuado. El señor de Lautréamont 7 | además 8 1 | emblemas y conchas, eran la admiración de todo el que pasaba por 9 9 | minucias de solterona que adoraba la casa de sus patrones, 10 2 | del más encantador efecto, adornados con espejos, y los parquets 11 8 | de busto prominente que, afanada, gesticulante, discurría 12 15 | de la criada difunta se agitaba como una marioneta fúnebre, 13 15 | frotando, presa de una febril agitación; habríase dicho que realizaba 14 12 | aseguro que no hay nada; el aire está tan tranquilo que no 15 8 | un delantal de muaré y aires de señorita Rodomont. Su 16 1 | bella disposición estilo XV, albergaba en sus bosquecillos estatuas 17 7 | La criada Gudule tuvo la alegría de morir teniendo a su amada 18 12 | escoba? Espere, ahora se aleja, barre al fondo del vestíbulo. 19 12 | esposa. «Le aseguro que hay alguien ahí -decía - en el rellano 20 | algunos 21 6 | Lautréamont su criada. Algunas almas poco delicadas no tuvieron 22 2 | edificio principal, había alquilado los pabellos de los laterales 23 9 | algo similar a un aroma de altar.~ ~ 24 1 | XV (¡casi nada!), y cuyas altas ventanas, decoradas de emblemas 25 14 | La noche siguiente, la alucinación de la señora de Lautréamont 26 7 | alegría de morir teniendo a su amada patrona a su cabecera. Los 27 8 | mujer que ocupara su puesto. Amas de llaves se encuentran, 28 12 | soñando despierta, querida amiga, le aseguro que no hay nada; 29 13 | ofrecer misas por su alma, amigo mío!» El señor de Lautréamont 30 1 | diabluras de las Risas y el Amor.~ ~ 31 3 | deseable a los cuarenta y cinco años y, para atender esta mansión 32 9 | aquel fervor doméstico que antaño difundía por la casa de 33 6 | extenuada de trabajar, se apagó como una lámpara sin aceite, 34 14 | Temblando, con los dientes apretados por el terror, oía esta 35 6 | incluso se habían hecho apuestas para ver quién lograba quitarle 36 | aquello 37 9 | Lautréamont algo similar a un aroma de altar.~ ~ 38 3 | y el hijo ya capitán de artillería o a punto de serlo; la casa 39 14 | y pese a que su mujer se asía fuertemente a su brazo por 40 5 | demás, y de ninguna forma asidua a la misa de las seis, pretexto 41 16 | misas rezadas a las que asistieron el señor y la señora de 42 5 | salía nada más que para asistir a los oficios religiosos 43 12 | por despertarse y prestar atención a las divagaciones de su 44 15 | cerrar la puerta bruscamente, aterrorizado y convencido. «Tiene razón - 45 5 | declarada del más mínimo átomo de polvo. Los demás empleados 46 1 | licenciosas, todas más o menos atormentadas por las diabluras de las 47 12 | señora de Lautréamont no se atrevía siquiera a pronunciar el 48 15 | y, en el rayo luminoso y azul, la muerta pasaba y volvía 49 5 | frescas, de ojillos ingenuos y azulados y que, de la mañana a la 50 5 | nada a sus pequeños ojos azules; siempre presente además 51 2 | parquets de toda la planta baja, curiosamente incrustados 52 15 | iluminaba la escalera, la bañaba con un resplandor de luna 53 12 | Espere, ahora se aleja, barre al fondo del vestíbulo. 54 13 | viendo a usted; estaba ahí, barriendo y frotando el parquet del 55 1 | honor con el jardín más bello del mundo se hallaba detrás 56 1 | terraza en terraza, hasta los bordes de las murallas, dominaba 57 1 | estilo XV, albergaba en sus bosquecillos estatuas licenciosas, todas 58 14 | se asía fuertemente a su brazo por el pánico, iba intrépidamente 59 5 | quitar el polvo, hacer brillar y relucir, enemiga declarada 60 2 | inquilinos y obtenía de ellos buenas rentas; no había nadie que 61 6 | aceite, en su pequeña y fría buhardilla, justo por debajo del tejado, 62 8 | persona algo corpulenta, de busto prominente que, afanada, 63 7 | a su amada patrona a su cabecera. Los Lautréamont le hicieron 64 12 | sigue dándole vueltas en la cabeza! Está soñando despierta, 65 13 | sofá en el que se dejaba caer y permanecía durante unos 66 13 | El señor de Lautréamont calmaba a su mujer como podía pero 67 11 | Lautréamont y con una voz algo cambiada, sin encender siquiera la 68 1 | dominaba treinta leguas de campiña y, con la más bella disposición 69 4 | su inmensa mansión por la cantidad de sesenta mil libras. Era, 70 3 | procurador del rey, y el hijo ya capitán de artillería o a punto 71 3 | dispuesto a concederle todos los caprichos y que le permitía vestirse 72 13 | pálida, tan lívida! ¡Ah! ¡qué cara de cementerio! Habrá que 73 3 | había colocado bien: la hija casada con un procurador del rey, 74 16 | Se celebraron diez misas por la difunta, 75 12 | que no puede digerir la cena. ¿Quiere que le prepare 76 15 | pasaba y volvía a pasar, cepillando, frotando, presa de una 77 5 | activa, no cesaba de frotar, cepillar, quitar el polvo, hacer 78 14 | rápidamente sus pies provistos de cepillos. ¿El miedo será contagioso? 79 5 | silenciosa, activa, no cesaba de frotar, cepillar, quitar 80 6 | En la ciudad no cesaban los elogios hacia aquel 81 12 | dijo: «¡De verdad que esa chica sigue dándole vueltas en 82 3 | deseable a los cuarenta y cinco años y, para atender esta 83 8 | un manojo de llaves a la cintura, un delantal de muaré y 84 4 | General de Impuestos fuera citado como la primera casa de 85 10 | leyenda que aún se seguía citando la antigua Dirección General 86 15 | pasaba por delante de él, vio claramente gotas de sudor sobre su 87 16 | señorita Agathe durante las claras noches de noviembre.~ ~FIN~ ~ 88 4 | antiguos espejos ahora más claros que el agua de los manantiales, 89 8 | acerca del recibidor o la cocina, o discutía con la cocinera; 90 3 | modisto; dos hijos que había colocado bien: la hija casada con 91 5 | terrible. Consagrada por completo a los intereses de sus patrones, 92 13 | encontraba junto a ella, y sin comprender aquella especie de locura, 93 12 | el señor de Lautréamont, comprendiéndola, dijo: «¡De verdad que esa 94 3 | un hércules, dispuesto a concederle todos los caprichos y que 95 7 | el duelo; Gudule tuvo su concesión en el cementerio, flores 96 1 | decoradas de emblemas y conchas, eran la admiración de todo 97 15 | un trabajo impuesto a una condenada, y el señor de Lautréamont, 98 8 | encontrado una mujer de confianza y de gran honradez. La señorita 99 13 | vestido de estameña que le conocimos, con un gorro como cuando 100 12 | es su forma de barrer: la conozco bien.» La señora de Lautréamont 101 9 | que se ocultaba; aquella constante vigilancia; aquellas minucias 102 3 | tenido suerte: un marido constituido como un hércules, dispuesto 103 1 | Dirección General de Impuestos, construido en tiempos de Luis XV (¡ 104 14 | cepillos. ¿El miedo será contagioso? En el silencio de la gran 105 15 | bruscamente, aterrorizado y convencido. «Tiene razón -decía simplemente 106 2 | el sempiterno tema de las conversaciones de la ciudad.~ ~ 107 8 | Impuestos. Era una persona algo corpulenta, de busto prominente que, 108 13 | temblando, se había levantado y, corriendo descalza por el dormitorio, 109 13 | pensativo: se han visto cosas aún más misteriosas.~ ~ 110 10 | ya como espejos; pero la costumbre tiene tal fuerza y Gudule 111 15 | gotas de sudor sobre su cráneo ya pulido. Volvía a cerrar 112 10 | tal fuerza y Gudule había creado tal leyenda que aún se seguía 113 8 | la señora de Lautréamont creyó al fin poder felicitarse 114 3 | desde luego, deseable a los cuarenta y cinco años y, para atender 115 1 | de mercado. Era un gran cuerpo de edificio, flanqueado 116 9 | sus patrones, especie de culto de devota por su parroquia, 117 2 | de toda la planta baja, curiosamente incrustados de maderas de 118 1 | Luis XV (¡casi nada!), y cuyas altas ventanas, decoradas 119 8 | respetar, eso era todo; daba informes diarios acerca 120 12 | verdad que esa chica sigue dándole vueltas en la cabeza! Está 121 6 | fría buhardilla, justo por debajo del tejado, donde la señora 122 6 | de Lautréamont -hay que decirlo en su honor -, permaneció 123 5 | brillar y relucir, enemiga declarada del más mínimo átomo de 124 1 | y cuyas altas ventanas, decoradas de emblemas y conchas, eran 125 13 | inanimada a un sofá en el que se dejaba caer y permanecía durante 126 8 | Lautréamont terminó por dejarse engañar por aquellas manifestaciones 127 8 | llaves a la cintura, un delantal de muaré y aires de señorita 128 16 | noviembre.~ ~FIN~ ~Histoire des masques, 1900~ ~ ~ ~ 129 8 | después de algunos intentos desafortunados, la señora de Lautréamont 130 15 | piel sudorosa: la silueta desbaratada de la criada difunta se 131 13 | había levantado y, corriendo descalza por el dormitorio, iba a 132 1 | del edificio principal. Descendía de terraza en terraza, hasta 133 | desde 134 3 | aún fresca y, desde luego, deseable a los cuarenta y cinco años 135 2 | rentas; no había nadie que no deseara vivir en el edificio de 136 15 | en mitad del vestíbulo desierto, la ventana que iluminaba 137 12 | modelo de maridos terminó por despertarse y prestar atención a las 138 11 | la señora de Lautréamont despertó bruscamente al señor de 139 12 | la cabeza! Está soñando despierta, querida amiga, le aseguro 140 | después 141 1 | bello del mundo se hallaba detrás del edificio principal. 142 6 | Lautréamont se prolongó hasta el día en que la vieja criada, 143 1 | menos atormentadas por las diabluras de las Risas y el Amor.~ ~ 144 5 | misa de las seis, pretexto diario para poder salir empleado 145 8 | era todo; daba informes diarios acerca del recibidor o la 146 12 | medio dormido, refunfuñó diciendo que estaba loca; pero una 147 14 | repetía. Temblando, con los dientes apretados por el terror, 148 9 | fervor doméstico que antaño difundía por la casa de los Lautréamont 149 12 | removerse. Es que no puede digerir la cena. ¿Quiere que le 150 4 | vivienda muy cuidada: «Se diría que estamos en casa de los 151 8 | afanada, gesticulante, discurría por todos los rincones, 152 8 | recibidor o la cocina, o discutía con la cocinera; y la señora 153 1 | campiña y, con la más bella disposición estilo XV, albergaba en 154 3 | constituido como un hércules, dispuesto a concederle todos los caprichos 155 12 | y prestar atención a las divagaciones de su esposa. «Le aseguro 156 9 | parroquia, y todo aquel fervor doméstico que antaño difundía por 157 4 | tenía suficiente con tres domésticos, un jardinero, un lacayo 158 5 | los días festivos y los domingos, bastante poco devota, por 159 | donde 160 14 | silencio de la gran mansión dormida el señor de Lautréamont 161 12 | humor, y como hombre medio dormido, refunfuñó diciendo que 162 4 | sesenta mil libras. Era, sin duda, la casa más limpia de la 163 7 | Lautréamont presidió el duelo; Gudule tuvo su concesión 164 2 | esculpidos del más encantador efecto, adornados con espejos, 165 9 | silencioso que habríase dicho ejecutado por una sombra; aquellas 166 | él 167 | ellos 168 6 | la ciudad no cesaban los elogios hacia aquel modelo de sirvientas 169 1 | altas ventanas, decoradas de emblemas y conchas, eran la admiración 170 12 | estaba loca; pero una gran emoción dominaba a la señora de 171 5 | diario para poder salir empleado por todas las viejas criadas.~ ~ 172 2 | paneles esculpidos del más encantador efecto, adornados con espejos, 173 15 | a su esposa -: habrá que encargar algunas misas por esta mujer.»~ ~ 174 3 | atenciones, toda la lealtad encarnadas en la criada Gudule.~ ~ 175 11 | una voz algo cambiada, sin encender siquiera la lámpara: «Héctor - 176 4 | parquets peligrosos a fuerza de encerados, antiguos espejos ahora 177 14 | vez a la criada fallecida encerar, frotar el rellano moviendo 178 13 | señor de Lautréamont se encontraba junto a ella, y sin comprender 179 8 | poder felicitarse por haber encontrado una mujer de confianza y 180 8 | puesto. Amas de llaves se encuentran, y después de algunos intentos 181 5 | hacer brillar y relucir, enemiga declarada del más mínimo 182 8 | Lautréamont terminó por dejarse engañar por aquellas manifestaciones 183 8 | tiempos de Gudule, era ahora ensordecedora. Pero es que la señorita 184 7 | Lautréamont le hicieron un entierro adecuado. El señor de Lautréamont 185 13 | por el dormitorio, iba a entreabrir la puerta. La volvió a cerrar 186 6 | de sirvientas y todos le envidiaban a la señora de Lautréamont 187 15 | Todo el vello se le erizó sobre la piel sudorosa: 188 | esa 189 15 | ventana que iluminaba la escalera, la bañaba con un resplandor 190 5 | intereses de sus patrones, no escapaba nada a sus pequeños ojos 191 6 | poco delicadas no tuvieron escrúpulo incluso en intentar quitársela. 192 11 | le dijo - ¡qué extraño! ¡escuche! parece la forma de barrer 193 2 | estaban revestidos de paneles esculpidos del más encantador efecto, 194 | ese 195 12 | qué ese ruido de escoba? Espere, ahora se aleja, barre al 196 2 | respecta a los apartamentos, estaban revestidos de paneles esculpidos 197 13 | vestíbulo, con el vestido de estameña que le conocimos, con un 198 4 | muy cuidada: «Se diría que estamos en casa de los Lautréamont.»~ ~ 199 1 | albergaba en sus bosquecillos estatuas licenciosas, todas más o 200 1 | la más bella disposición estilo XV, albergaba en sus bosquecillos 201 13 | ella! la he visto como lo estoy viendo a usted; estaba ahí, 202 6 | la vieja criada, gastada, extenuada de trabajar, se apagó como 203 11 | Héctor -le dijo - ¡qué extraño! ¡escuche! parece la forma 204 14 | oía esta vez a la criada fallecida encerar, frotar el rellano 205 11 | noviembre y Gudule había fallecido en marzo), una noche, la 206 15 | frotando, presa de una febril agitación; habríase dicho 207 8 | reinó a partir de aquella fecha en la antigua Dirección 208 6 | las proposiciones, y la felicidad insolente de la señora de 209 8 | Lautréamont creyó al fin poder felicitarse por haber encontrado una 210 3 | de las que ya no hay, el fénix, la perla de las criadas, 211 9 | parroquia, y todo aquel fervor doméstico que antaño difundía 212 5 | oficios religiosos los días festivos y los domingos, bastante 213 6 | en vano. Gudule, de una fidelidad propia de otros tiempos, 214 1 | gran cuerpo de edificio, flanqueado por dos pabellones laterales 215 7 | concesión en el cementerio, flores frescas sobre su tumba al 216 12 | ahora se aleja, barre al fondo del vestíbulo. Le aseguro 217 4 | de la provincia, con la frase ya consagrada para referirse 218 3 | salud que la mantenía aún fresca y, desde luego, deseable 219 6 | aceite, en su pequeña y fría buhardilla, justo por debajo 220 6 | aquella pobre mujer; pero todo fue en vano. Gudule, de una 221 4 | Dirección General de Impuestos fuera citado como la primera casa 222 14 | pese a que su mujer se asía fuertemente a su brazo por el pánico, 223 15 | agitaba como una marioneta fúnebre, en mitad del vestíbulo 224 6 | en que la vieja criada, gastada, extenuada de trabajar, 225 8 | prominente que, afanada, gesticulante, discurría por todos los 226 13 | que le conocimos, con un gorro como cuando vivía, pero 227 15 | delante de él, vio claramente gotas de sudor sobre su cráneo 228 4 | Gracias a esta mujer maravillosa, 229 4 | limpia de la ciudad: ni un grano de polvo sobre el mármol 230 8 | mañana a la noche se pasaba gritándole a los demás empleados; y 231 13 | La volvió a cerrar con un grito horroroso. De un salto el 232 8 | fin poder felicitarse por haber encontrado una mujer de 233 10 | General de Impuestos con las habituales reflexiones sobre la casa 234 13 | durante unos minutos sin poder hablar; recuperaba por fin la voz 235 | hacer 236 8 | la señorita Agathe sabía hacerse respetar, eso era todo; 237 | hacia 238 4 | orden, una simetría que hacía que el antiguo edificio 239 1 | jardín más bello del mundo se hallaba detrás del edificio principal. 240 13 | inquieto y pensativo: se han visto cosas aún más misteriosas.~ ~ 241 13 | iluminado decía: «¡Es ella! la he visto como lo estoy viendo 242 6 | sociedad incluso se habían hecho apuestas para ver quién 243 11 | encender siquiera la lámpara: «Héctor -le dijo - ¡qué extraño! ¡ 244 3 | marido constituido como un hércules, dispuesto a concederle 245 7 | cabecera. Los Lautréamont le hicieron un entierro adecuado. El 246 3 | había colocado bien: la hija casada con un procurador 247 3 | procurador del rey, y el hijo ya capitán de artillería 248 3 | de un gran modisto; dos hijos que había colocado bien: 249 16 | noches de noviembre.~ ~FIN~ ~Histoire des masques, 1900~ ~ ~ ~ 250 6 | propia de otros tiempos, hizo oídos sordos a todas las 251 12 | que no se oye siquiera una hoja removerse. Es que no puede 252 12 | bastante mal humor, y como hombre medio dormido, refunfuñó 253 8 | mujer de confianza y de gran honradez. La señorita Agathe reinó 254 13 | volvió a cerrar con un grito horroroso. De un salto el señor de 255 7 | durante ocho días, y luego no hubo más remedio que reemplazarla.~ ~ 256 12 | Lautréamont, de bastante mal humor, y como hombre medio dormido, 257 15 | desierto, la ventana que iluminaba la escalera, la bañaba con 258 13 | en el dormitorio ahora ya iluminado decía: «¡Es ella! la he 259 8 | no, porque eso era algo imposible, pero al menos introducir 260 15 | que realizaba un trabajo impuesto a una condenada, y el señor 261 13 | locura, la trasladaba casi inanimada a un sofá en el que se dejaba 262 2 | planta baja, curiosamente incrustados de maderas de las Islas, 263 3 | principesca y esta salud casi indecente, una criada de las que ya 264 8 | respetar, eso era todo; daba informes diarios acerca del recibidor 265 5 | aún frescas, de ojillos ingenuos y azulados y que, de la 266 4 | cocinera para atender su inmensa mansión por la cantidad 267 13 | pero no permanecía menos inquieto y pensativo: se han visto 268 2 | los laterales a sólidos inquilinos y obtenía de ellos buenas 269 6 | proposiciones, y la felicidad insolente de la señora de Lautréamont 270 6 | en su honor -, permaneció instalada durante tres días.~ ~ 271 6 | tuvieron escrúpulo incluso en intentar quitársela. Le habían ofrecido 272 8 | encuentran, y después de algunos intentos desafortunados, la señora 273 5 | Consagrada por completo a los intereses de sus patrones, no escapaba 274 6 | Gudule, pues la vanidad había intervenido y en la sociedad incluso 275 14 | brazo por el pánico, iba intrépidamente a abrir la puerta y miraba.~ ~ 276 8 | imposible, pero al menos introducir en la mansión a una mujer 277 9 | de Gudule, aquel servicio invisible y silencioso que habríase 278 2 | incrustados de maderas de las Islas, relucían como espejos. 279 1 | el patio de honor con el jardín más bello del mundo se hallaba 280 4 | con tres domésticos, un jardinero, un lacayo y una cocinera 281 6 | pequeña y fría buhardilla, justo por debajo del tejado, donde 282 4 | domésticos, un jardinero, un lacayo y una cocinera para atender 283 16 | el señor y la señora de Lautremont con todos sus empleados, 284 3 | las atenciones, toda la lealtad encarnadas en la criada 285 1 | murallas, dominaba treinta leguas de campiña y, con la más 286 13 | Lautréamont, temblando, se había levantado y, corriendo descalza por 287 10 | Gudule había creado tal leyenda que aún se seguía citando 288 4 | cantidad de sesenta mil libras. Era, sin duda, la casa 289 1 | sus bosquecillos estatuas licenciosas, todas más o menos atormentadas 290 4 | Era, sin duda, la casa más limpia de la ciudad: ni un grano 291 13 | vivía, pero tan pálida, tan lívida! ¡Ah! ¡qué cara de cementerio! 292 3 | Había nacido con las manos llenas y siempre había tenido suerte: 293 12 | refunfuñó diciendo que estaba loca; pero una gran emoción dominaba 294 13 | comprender aquella especie de locura, la trasladaba casi inanimada 295 6 | apuestas para ver quién lograba quitarle a la patrona a 296 1 | construido en tiempos de Luis XV (¡casi nada!), y cuyas 297 15 | resplandor de luna y, en el rayo luminoso y azul, la muerta pasaba 298 15 | bañaba con un resplandor de luna y, en el rayo luminoso y 299 2 | curiosamente incrustados de maderas de las Islas, relucían como 300 12 | Lautréamont, de bastante mal humor, y como hombre medio 301 8 | dejarse engañar por aquellas manifestaciones de ruidosa abnegación.~ ~ 302 5 | plumero o la escoba en la mano, seria, silenciosa, activa, 303 8 | todos los rincones, con un manojo de llaves a la cintura, 304 3 | Lautréamont! Había nacido con las manos llenas y siempre había tenido 305 3 | departamento, una salud que la mantenía aún fresca y, desde luego, 306 4 | Gracias a esta mujer maravillosa, la señora de Lautréamont 307 3 | había tenido suerte: un marido constituido como un hércules, 308 12 | temblor, que aquel modelo de maridos terminó por despertarse 309 15 | difunta se agitaba como una marioneta fúnebre, en mitad del vestíbulo 310 11 | Gudule había fallecido en marzo), una noche, la señora de 311 16 | noviembre.~ ~FIN~ ~Histoire des masques, 1900~ ~ ~ ~ 312 1 | que pasaba por la plaza mayor los días de mercado. Era 313 11 | seis meses de aquello (era mediados de noviembre y Gudule había 314 12 | mal humor, y como hombre medio dormido, refunfuñó diciendo 315 5 | una criada solterona de mejillas aún frescas, de ojillos 316 1 | plaza mayor los días de mercado. Era un gran cuerpo de edificio, 317 11 | ocurrió que a unos seis meses de aquello (era mediados 318 14 | provistos de cepillos. ¿El miedo será contagioso? En el silencio 319 4 | por la cantidad de sesenta mil libras. Era, sin duda, la 320 5 | enemiga declarada del más mínimo átomo de polvo. Los demás 321 9 | constante vigilancia; aquellas minucias de solterona que adoraba 322 13 | permanecía durante unos minutos sin poder hablar; recuperaba 323 | mío 324 14 | intrépidamente a abrir la puerta y miraba.~ ~ 325 5 | ninguna forma asidua a la misa de las seis, pretexto diario 326 13 | han visto cosas aún más misteriosas.~ ~ 327 15 | una marioneta fúnebre, en mitad del vestíbulo desierto, 328 3 | París, en casa de un gran modisto; dos hijos que había colocado 329 7 | Gudule tuvo la alegría de morir teniendo a su amada patrona 330 10 | Ahora había motas de polvo sobre el mármol 331 13 | Pero, movida como por un resorte, la 332 14 | encerar, frotar el rellano moviendo rápidamente sus pies provistos 333 8 | cintura, un delantal de muaré y aires de señorita Rodomont. 334 8 | mansión, tan tranquila y muda en tiempos de Gudule, era 335 15 | rayo luminoso y azul, la muerta pasaba y volvía a pasar, 336 1 | el jardín más bello del mundo se hallaba detrás del edificio 337 1 | hasta los bordes de las murallas, dominaba treinta leguas 338 | muy 339 3 | señora de Lautréamont! Había nacido con las manos llenas y siempre 340 2 | buenas rentas; no había nadie que no deseara vivir en 341 | ninguna 342 16 | Agathe durante las claras noches de noviembre.~ ~FIN~ ~Histoire 343 12 | siquiera a pronunciar el nombre de la antigua criada, y 344 | nuestro 345 2 | laterales a sólidos inquilinos y obtenía de ellos buenas rentas; 346 7 | su tumba al menos durante ocho días, y luego no hubo más 347 9 | de una abnegación que se ocultaba; aquella constante vigilancia; 348 8 | mansión a una mujer que ocupara su puesto. Amas de llaves 349 11 | Y ocurrió que a unos seis meses de 350 5 | más que para asistir a los oficios religiosos los días festivos 351 13 | de cementerio! Habrá que ofrecer misas por su alma, amigo 352 6 | intentar quitársela. Le habían ofrecido puentes de oro a Gudule, 353 6 | propia de otros tiempos, hizo oídos sordos a todas las proposiciones, 354 12 | puerta de nuestro dormitorio. Oigo pasos, pero ¿por qué ese 355 5 | mejillas aún frescas, de ojillos ingenuos y azulados y que, 356 5 | escapaba nada a sus pequeños ojos azules; siempre presente 357 4 | todos los apartamentos, un orden, una simetría que hacía 358 6 | habían ofrecido puentes de oro a Gudule, pues la vanidad 359 | otros 360 12 | tan tranquilo que no se oye siquiera una hoja removerse. 361 1 | edificio, flanqueado por dos pabellones laterales unidos por una 362 2 | principal, había alquilado los pabellos de los laterales a sólidos 363 13 | como cuando vivía, pero tan pálida, tan lívida! ¡Ah! ¡qué cara 364 2 | apartamentos, estaban revestidos de paneles esculpidos del más encantador 365 14 | fuertemente a su brazo por el pánico, iba intrépidamente a abrir 366 11 | qué extraño! ¡escuche! parece la forma de barrer de Gudule.»~ ~ 367 3 | le permitía vestirse en París, en casa de un gran modisto; 368 13 | barriendo y frotando el parquet del vestíbulo, con el vestido 369 9 | de culto de devota por su parroquia, y todo aquel fervor doméstico 370 4 | los manantiales, en todas partes, en todos los apartamentos, 371 8 | señorita Agathe reinó a partir de aquella fecha en la antigua 372 15 | muerta pasaba y volvía a pasar, cepillando, frotando, presa 373 12 | nuestro dormitorio. Oigo pasos, pero ¿por qué ese ruido 374 1 | unidos por una gran verja: el patio de honor con el jardín más 375 4 | de las consolas, parquets peligrosos a fuerza de encerados, antiguos 376 13 | permanecía menos inquieto y pensativo: se han visto cosas aún 377 6 | lámpara sin aceite, en su pequeña y fría buhardilla, justo 378 5 | no escapaba nada a sus pequeños ojos azules; siempre presente 379 3 | ya no hay, el fénix, la perla de las criadas, toda la 380 6 | que decirlo en su honor -, permaneció instalada durante tres días.~ ~ 381 3 | todos los caprichos y que le permitía vestirse en París, en casa 382 8 | General de Impuestos. Era una persona algo corpulenta, de busto 383 14 | oía esta vez el ruido y pese a que su mujer se asía fuertemente 384 15 | vello se le erizó sobre la piel sudorosa: la silueta desbaratada 385 14 | moviendo rápidamente sus pies provistos de cepillos. ¿ 386 12 | en el rellano del primer piso, delante de la puerta de 387 2 | los parquets de toda la planta baja, curiosamente incrustados 388 1 | todo el que pasaba por la plaza mayor los días de mercado. 389 5 | mañana a la noche, con el plumero o la escoba en la mano, 390 6 | quitarle a la patrona a aquella pobre mujer; pero todo fue en 391 13 | calmaba a su mujer como podía pero no permanecía menos 392 | porque 393 8 | Rodomont. Su trabajo no era precisamente silencioso, y de la mañana 394 12 | la cena. ¿Quiere que le prepare una taza de te?»~ ~ 395 15 | pasar, cepillando, frotando, presa de una febril agitación; 396 5 | pequeños ojos azules; siempre presente además en la casa, pues 397 7 | El señor de Lautréamont presidió el duelo; Gudule tuvo su 398 12 | terminó por despertarse y prestar atención a las divagaciones 399 5 | asidua a la misa de las seis, pretexto diario para poder salir 400 12 | decía - en el rellano del primer piso, delante de la puerta 401 4 | Impuestos fuera citado como la primera casa de la provincia, con 402 3 | para atender esta mansión principesca y esta salud casi indecente, 403 3 | bien: la hija casada con un procurador del rey, y el hijo ya capitán 404 6 | señora de Lautréamont se prolongó hasta el día en que la vieja 405 8 | algo corpulenta, de busto prominente que, afanada, gesticulante, 406 12 | no se atrevía siquiera a pronunciar el nombre de la antigua 407 | propia 408 6 | oídos sordos a todas las proposiciones, y la felicidad insolente 409 4 | como la primera casa de la provincia, con la frase ya consagrada 410 14 | moviendo rápidamente sus pies provistos de cepillos. ¿El miedo será 411 12 | hoja removerse. Es que no puede digerir la cena. ¿Quiere 412 6 | quitársela. Le habían ofrecido puentes de oro a Gudule, pues la 413 8 | una mujer que ocupara su puesto. Amas de llaves se encuentran, 414 15 | sudor sobre su cráneo ya pulido. Volvía a cerrar la puerta 415 3 | capitán de artillería o a punto de serlo; la casa más bella 416 12 | Está soñando despierta, querida amiga, le aseguro que no 417 | quién 418 12 | puede digerir la cena. ¿Quiere que le prepare una taza 419 5 | cesaba de frotar, cepillar, quitar el polvo, hacer brillar 420 6 | apuestas para ver quién lograba quitarle a la patrona a aquella pobre 421 6 | escrúpulo incluso en intentar quitársela. Le habían ofrecido puentes 422 14 | frotar el rellano moviendo rápidamente sus pies provistos de cepillos. ¿ 423 15 | resplandor de luna y, en el rayo luminoso y azul, la muerta 424 15 | aterrorizado y convencido. «Tiene razón -decía simplemente al volver 425 15 | agitación; habríase dicho que realizaba un trabajo impuesto a una 426 16 | empleados, y Gudule no volvió a realizar el trabajo de la señorita 427 9 | atenciones delicadas y algo recelosas de una abnegación que se 428 8 | informes diarios acerca del recibidor o la cocina, o discutía 429 13 | minutos sin poder hablar; recuperaba por fin la voz y en el dormitorio 430 4 | frase ya consagrada para referirse a una vivienda muy cuidada: « 431 10 | Impuestos con las habituales reflexiones sobre la casa más cuidada 432 12 | como hombre medio dormido, refunfuñó diciendo que estaba loca; 433 8 | honradez. La señorita Agathe reinó a partir de aquella fecha 434 5 | para asistir a los oficios religiosos los días festivos y los 435 2 | de maderas de las Islas, relucían como espejos. La señora 436 5 | el polvo, hacer brillar y relucir, enemiga declarada del más 437 7 | días, y luego no hubo más remedio que reemplazarla.~ ~ 438 12 | se oye siquiera una hoja removerse. Es que no puede digerir 439 2 | obtenía de ellos buenas rentas; no había nadie que no deseara 440 14 | señora de Lautréamont se repetía. Temblando, con los dientes 441 13 | Pero, movida como por un resorte, la señora de Lautréamont, 442 2 | Por lo que respecta a los apartamentos, estaban 443 8 | señorita Agathe sabía hacerse respetar, eso era todo; daba informes 444 15 | escalera, la bañaba con un resplandor de luna y, en el rayo luminoso 445 2 | los apartamentos, estaban revestidos de paneles esculpidos del 446 3 | casada con un procurador del rey, y el hijo ya capitán de 447 16 | por la difunta, diez misas rezadas a las que asistieron el 448 8 | discurría por todos los rincones, con un manojo de llaves 449 1 | por las diabluras de las Risas y el Amor.~ ~ 450 8 | muaré y aires de señorita Rodomont. Su trabajo no era precisamente 451 8 | aquellas manifestaciones de ruidosa abnegación.~ ~ 452 8 | es que la señorita Agathe sabía hacerse respetar, eso era 453 12 | señora de Lautréamont y la sacudía con tal temblor, que aquel 454 5 | casa, pues la solterona no salía nada más que para asistir 455 5 | pretexto diario para poder salir empleado por todas las viejas 456 10 | antiguos espejos de los salones ya no eran como el agua 457 13 | un grito horroroso. De un salto el señor de Lautréamont 458 10 | creado tal leyenda que aún se seguía citando la antigua Dirección 459 2 | de Lautréamont, y era el sempiterno tema de las conversaciones 460 | será 461 5 | o la escoba en la mano, seria, silenciosa, activa, no 462 3 | artillería o a punto de serlo; la casa más bella del departamento, 463 4 | mansión por la cantidad de sesenta mil libras. Era, sin duda, 464 12 | De verdad que esa chica sigue dándole vueltas en la cabeza! 465 14 | La noche siguiente, la alucinación de la señora 466 14 | miedo será contagioso? En el silencio de la gran mansión dormida 467 5 | escoba en la mano, seria, silenciosa, activa, no cesaba de frotar, 468 15 | sobre la piel sudorosa: la silueta desbaratada de la criada 469 4 | apartamentos, un orden, una simetría que hacía que el antiguo 470 9 | de los Lautréamont algo similar a un aroma de altar.~ ~ 471 15 | convencido. «Tiene razón -decía simplemente al volver junto a su esposa -: 472 6 | elogios hacia aquel modelo de sirvientas y todos le envidiaban a 473 6 | había intervenido y en la sociedad incluso se habían hecho 474 13 | trasladaba casi inanimada a un sofá en el que se dejaba caer 475 2 | pabellos de los laterales a sólidos inquilinos y obtenía de 476 2 | señora de Lautréamont, que sólo ocupaba el edificio principal, 477 9 | dicho ejecutado por una sombra; aquellas atenciones delicadas 478 12 | vueltas en la cabeza! Está soñando despierta, querida amiga, 479 6 | otros tiempos, hizo oídos sordos a todas las proposiciones, 480 5 | El alma de aquella sorprendente mansión era una criada solterona 481 15 | vio claramente gotas de sudor sobre su cráneo ya pulido. 482 15 | se le erizó sobre la piel sudorosa: la silueta desbaratada 483 3 | llenas y siempre había tenido suerte: un marido constituido como 484 4 | señora de Lautréamont tenía suficiente con tres domésticos, un 485 12 | Quiere que le prepare una taza de te?»~ ~ 486 | te 487 6 | buhardilla, justo por debajo del tejado, donde la señora de Lautréamont - 488 2 | Lautréamont, y era el sempiterno tema de las conversaciones de 489 12 | Lautréamont y la sacudía con tal temblor, que aquel modelo de maridos 490 5 | Los demás empleados la temían un poco: la de Gudule era 491 4 | la señora de Lautréamont tenía suficiente con tres domésticos, 492 3 | manos llenas y siempre había tenido suerte: un marido constituido 493 7 | tuvo la alegría de morir teniendo a su amada patrona a su 494 5 | Gudule era una vigilancia terrible. Consagrada por completo 495 14 | dientes apretados por el terror, oía esta vez a la criada 496 [Título]| Texto~ ~ 497 6 | criada, gastada, extenuada de trabajar, se apagó como una lámpara 498 8 | y la vieja mansión, tan tranquila y muda en tiempos de Gudule, 499 12 | hay nada; el aire está tan tranquilo que no se oye siquiera una 500 10 | ya no eran como el agua transparente de los manantiales, ni los 501 13 | aquella especie de locura, la trasladaba casi inanimada a un sofá 502 1 | de las murallas, dominaba treinta leguas de campiña y, con 503 7 | flores frescas sobre su tumba al menos durante ocho días, 504 6 | almas poco delicadas no tuvieron escrúpulo incluso en intentar 505 1 | dos pabellones laterales unidos por una gran verja: el patio 506 | usted 507 6 | de oro a Gudule, pues la vanidad había intervenido y en la 508 6 | mujer; pero todo fue en vano. Gudule, de una fidelidad 509 15 | Todo el vello se le erizó sobre la piel 510 15 | del vestíbulo desierto, la ventana que iluminaba la escalera, 511 1 | casi nada!), y cuyas altas ventanas, decoradas de emblemas y 512 6 | habían hecho apuestas para ver quién lograba quitarle a 513 12 | comprendiéndola, dijo: «¡De verdad que esa chica sigue dándole 514 1 | laterales unidos por una gran verja: el patio de honor con el 515 13 | parquet del vestíbulo, con el vestido de estameña que le conocimos, 516 3 | caprichos y que le permitía vestirse en París, en casa de un 517 5 | salir empleado por todas las viejas criadas.~ ~ 518 13 | la he visto como lo estoy viendo a usted; estaba ahí, barriendo 519 15 | pasaba por delante de él, vio claramente gotas de sudor 520 13 | con un gorro como cuando vivía, pero tan pálida, tan lívida! ¡ 521 4 | consagrada para referirse a una vivienda muy cuidada: «Se diría que 522 2 | había nadie que no deseara vivir en el edificio de Lautréamont, 523 15 | razón -decía simplemente al volver junto a su esposa -: habrá 524 12 | esa chica sigue dándole vueltas en la cabeza! Está soñando